Madonna (arte)

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"Virgen de Vladimir" de Andrey Rublev, 1410(?).

Madonna (o Madona, como anota el Diccionario de la Real Academia Española) es un término italiano medieval para una mujer de la nobleza o destacada por alguna razón. En la tradición cristiana del arte occidental esta palabra se utiliza para los trabajos que representan a la Virgen María, la madre de Jesús. La palabra también ha sido adoptada por el inglés y otros idiomas europeos.

Madonna (desde el latín mea domina), es el término italiano usado comúnmente en referencia a las imágenes de María, traduciéndose como “Mi señora”. En la tradición católica es un término equivalente al “Notre Dame” francés y al "Nuestra Señora" castellano. Estos nombres señalan la importancia creciente del culto a la Virgen y la prominencia de las representaciones de la misma en el arte medieval.

Durante el siglo XIII, por la influencia del código de caballería y de la cultura aristocrática en la poesía, canción y artes plásticas, la Madonna se representa como la reina del cielo, a menudo coronada.

En sentido estricto, el término Madonna se debe utilizar exclusivamente para los trabajos italianos del arte sagrado. Se representa a menudo acompañada por el niño Jesús.

Introducción[editar]

Virgen con niño bizantina, s. XIII.

Aunque muy pocas de las primeras imágenes de la Virgen María se conservan, es posible rastrear las raíces de la Madonna en el arte de las comunidades cristianas más antiguas de Europa, el norte de África y Oriente Medio. Muy importantes para la tradición italiana son los iconos bizantinos, especialmente los de Constantinopla, ciudad capital del más largo y duradero imperio de la civilización del medioevo, estos Iconos tuvieron gran importancia en la vida civil y fueron celebrados como milagrosos. Bizancio se veía a sí misma como la verdadera Roma, aunque de lengua griega. Bizancio era un estado cristiano con colonias de italianos viviendo entre sus ciudadanos, participando en cruzadas en las fronteras de su territorio y además, saqueando las iglesias, palacios y monasterios de muchos de sus tesoros.

Posiblemente, esa fue una de las maneras en que los iconos Bizantinos llegaron a ser conocidos en la península itálica, sin embargo, la relación entre los iconos Bizantinos y las Madonnas italianas es mucho más rica y complicada. El arte Bizantino jugó un amplio e importante papel en la Europa occidental, especialmente cuando los territorios Bizantinos incluían parte de Europa oriental, Grecia y la mayor parte de la misma Península Itálica. Los manuscritos Bizantinos, lujosos pergaminos aderezados con incrustaciones de oro y plata fueron distribuyéndose hacia el oeste. En Bizancio, la Virgen María era reconocida como la Madre de Dios y se creía que la salvación era debida al sí de la "Llena de Gracia" al momento de la Encarnación. Este concepto teológico, en boga aún entre los católicos, se plasma pictóricamente mediante la representación de la Virgen María con el niño Jesús en sus brazos.

La herencia de los iconos Bizantinos en las representaciones italianas de la Virgen María es doble:

Madonna en Santa María in Trastevere, Roma.
  • Primero. En cuanto a la técnica y materiales: fueron pintadas originalmente en témpera (yema de huevo y los pigmentos de la tierra) en paneles de madera. A este respecto, comparten la herencia romana antigua de los iconos Bizantinos. Las imágenes más tempranas de la Virgen María se encuentran en Roma, el centro del cristianismo en el oeste medieval. Una es una representación valorada de Santa María en Trastevere, una de las muchas iglesias romanas dedicadas a la Virgen María. Otra, una imagen soprepintada sobre otra versión más antigua, es venerada en el Pantheon, que era la gran maravilla arquitectónica del antiguo Imperio romano, que fue rededicado a María como expresión del triunfo de la iglesia frente a las persecuciones de la Roma pagana.
  • Segundo. En cuanto al estilo y contenido, es decir la iconografía: Cada imagen destaca el papel maternal que María desempeña, representándola en relación a su hijo infante. Es difícil calibrar las fechas del racimo de estas imágenes anteriores, sin embargo, parecen ser en su totalidad trabajos de los siglos VII y VIII.

Representaciones[editar]

No fue hasta el reavivamiento de la pintura monumental en panel en Italia durante los siglos XII y XIII que la imagen de la Madonna ganó prominencia fuera de la Ciudad Eterna, especialmente en la Toscana.

Cuando miembros de las órdenes de frailes medicantes, como los Franciscanos y Dominicos, fueron los primeros en encargar la pintura de paneles con la representación de la Virgen María como Madre de Dios, este tipo de pinturas se volvió rápidamente popular en monasterios, iglesias parroquiales y casas. Algunas imágenes de la Madonna fueron pintadas por organizaciones laicas conocidas como cofraternidades, cuyos miembros solían cantar alabanzas a la Virgen en capillas pertenecientes a espaciosas Iglesias nuevas o reconstruidas, a veces dedicadas a María.

Pagar por pinturas como las anteriormente mencionadas también pudo haber sido una forma de devoción. Hay un amplio registro del uso de delgadas láminas de oro puro en todas las partes de los paneles que no estaban cubiertas con pintura, un efecto visual análogo a las costosas orfebrerías que decoraban los altares de las Iglesias medievales, pero estos paneles estaban iluminados por velas y lámparas de aceite. Aún más preciosa era la capa de brillo azul confeccionada con Iapis lazuli, una piedra importada de Afganistán.

Maestá de Duccio.

Éste es el caso de uno de los más famosos, inovadores y monumentales trabajos que Duccio ejecutó para la Iglesia de Santa María Novella en Florencia. Frecuentemente, el tamaño de la pintura indica con gran exactitud su función original. Duccio relizó una de las más grandes imágenes de la Madonna entronizada sobre el altar mayor de la Catedral de Siena, su ciudad natal. Conocida como la Maestá (1308-1311). Muchas Madonnas eran trabajos encargados por personas adineradas a artistas renombrados, para su uso en sus oratorios privados.

Duccio y sus contemporáneos heredaron convenciones pictóricas antiguas que fueron mantenidas, en parte, para enlazar sus propias obras con la autoridad de la tradición. A pesar de todas las innovaciones de pintores de la Madonna durante los siglos XIII y XIV, María puede ser todavía reconocida por la forma de representar sus vestiduras.

Ordinariamente, es representada como una mujer joven con su hijo recién nacido que siempre viste un manto azul sobre una túnica roja. El manto cubre típicamente su cabeza, la que a veces se muestra cubierta de un velo de lino o seda casi transparentes. Ella carga al niño Jesús, el cual, al igual que su madre, es representado con una aureola y posiblemente diversos signos de realeza: corona, cetro, entre otros. Frecuentemente, sus miradas fijas son dirigidas al espectador, para dar la idea de intercesión o de escuchar las oraciones que los cristianos frecuentemente le dirigen a ella y a su hijo.

De cualquier modo, los artistas de la alta edad media también respetaron las tendencias pictóricas de los iconos Bizantinos, pero desarrollando sus propios métodos para representar a la Madonna. Algunas veces, la complexión del rostro de la Madonna contrastado con su pequeño niño forman un plano de intimidad, dulzura y dolor, donde los ojos de la Virgen están fijos en su hijo.

Mientras que la Madonna ocupa generalmente el foco de la pintura del panel, también es posible notar su imagen dentro de la decoración mural, en mosaicos o frescos en los interiores y exteriores de monasterios, iglesias y otras construcciones sagradas. Ella puede ser representada en lo alto del ábside. También puede representarse su figura en forma de una escultura, desde pequñas esculturas para oratorios y capillas privadas, hasta grandes esculturas para el culto público o el ornato. Como participando en un drama sagrado, su imagen inspira uno de los más importantes Frescos Circulares de toda la pintura italiana: El círculo narrativo de Giotto en la Capilla de la Arena, junto al Palacio de la familia Scrovegni en Padua. Esta obra data de la primera década del siglo XIV.

Los artistas italianos del siglo XV fueron más allá de las tradiciones pictóricas establecidas en los dos siglos anteriores para la representación de la Madonna en sus propias obras relativas a la Virgen María.

Renacimiento[editar]

"Rostro de la Madonna" de Leonardo da Vinci.

Durante los siglos XV y XVI hubo un tiempo en que los pintores Italianos expandieron su repertorio para incluir eventos históricos, retratos independientes y relatos mitológicos, pero el Cristianismo mantuvo una fuerte influencia en su arte.

La mayoría de los trabajos artísticos de esta era fueron religiosos. El rango de tópicos religiosos incluidos en la obras podían abarcar desde el antiguo testamento hasta representaciones de los santos, pero la Madonna se mantuvo como un motivo importante de la iconografía del Renacimiento.

Algunos de los artistas más famosos en tratar este tópico fueron Leonardo, Miguel Ángel y Rafael, ellos, por ser los artistas más importantes de su época, tuvieron una gran influencia sobre los gustos del arte británico del siglo XIX. Sus contemporáneos venecianos fueron igualmente imoportantes: Giorgione, Giovanni Bellini y Titian no podrían ser sobrevalorados en su aportación al arte del siglo XVI por sus representaciones de la Madonna.

Más impotantes todavía, son las fundaciones del siglo XV que incluían imágenes Marianas, como las de Fra Angelico, Fra Filippo Lippi, Mantegna y Piero della Francesca, entre otros.

La representación del aspecto maternal de la Virgen siguió siendo el tópico más importante del arte Mariano, sin embargo, la doctrina de la Asunción propició las representaciones de la misma sin su hijo. Como una imagen conmemorativa, la Pietà se convirtió en un tópico importante, siendo representada más allá de su lugar tradicional en los círculos narrativos, en parte, por un desarrollo popular del uso de Estatuas en la devoción en el Norte de Europa.

Tradicionalmente, la Madonna se representa de tal modo que infunda compasión, arrepentimiento y amor; usualmente es emocionalmente muy expresiva. Los trabajos con estas características fueron los más famosos. Los trabajos tempranos de Miguel Ángel asoman señales de luto. La dulzura de una madre ordinaria puede sentirse cuando su hijo amado es capturado, evocando el momento en que ella tuvo por vez primera en sus brazos a su hijo infante. El espectador se vé conminado a simpatizar, a sentir que comparte el dolor de la madre que tienen en sus brazos el cuerpo sin vida de su hijo crucificado.

Otras obras[editar]

El término Madonna también se utiliza para representaciones de la virgen que no corresponden al arte italiano. Se destacan:

Madonna dorada de Essen.
  • Madonna dorada de Essen (la más temprana escultura a gran escala de Europa occidental; hecha para una abadía Ottoniana y antecedente de las esculturas procesionales de madera policromadas del Romanesque Francés, un estilo conocido como Trono de la Sabiduría.)
  • Madonna y el niño (Duccio), una pintura de Duccio di Buoninsegna, alrededor del año 1300.
  • Madonna de Częstochowa (Czarna Madonna o Matka Boska Częstochowska en Polaco) icono, el cual, según una tradición, fue pintado por el evangelista San Lucas sobre una tabla de ciprés tomada de la casa de la Sagrada Familia.
  • Madonna y niño con flores, también conocida como Madonna de Benois, probablemente uno de los dos trabajos comenzados por el artista, como está documenado en octubre de 1478.
  • Madonna de los pasos, un relieve de Miguel Ángel.
  • Madonna, una pintura de Edvard Munch, confeccionada en cinco versiones entre 1894 y 1895.
  • La Madonna de Port Lligat, el nombre de dos pinturas de Salvador Dalí hechas entre 1949 y 1950.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

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