Música en la Prehistoria

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Historia de la música

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La música prehistórica es la música que se creaba y se tocaba en la Prehistoria, es decir, en culturas anteriores a la invención de la escritura. En ocasiones se la denomina música primitiva, con un término que puede incluir la expresión musical de las culturas primitivas actuales.

El estudio de la música en la Prehistoria está limitado por los escasos restos arqueológicos relevantes encontrados en yacimientos arqueológicos y tiene en la Etnología musical o Musicología comparada (la comparación de la música de pueblos primitivos actuales con la que pudieron realizar en las culturas prehistóricas) una de sus principales técnicas de estudio, junto con análisis cognitivos y de comportamiento, estudios anatómicos y del registro arqueológico.

El origen de la música[editar]

El origen de la música es desconocido, ya que en su origen no se utilizaban instrumentos musicales para interpretarla, sino la voz humana, o la percusión corporal, que no dejan huella en el registro arqueológico. Se puede inferir que la música se descubrió en un momento similar a la aparición del lenguaje. El cambio de altura musical en el lenguaje produce un canto, de manera que es probable que en los orígenes apareciera de esta manera. Además, la distinta emotividad a la hora de expresarse, o una expresión rítmica constituye otra forma de, si no música, sí elementos musicales, como son la interpretación o el ritmo. Es decir, la música nació al prolongar y elevar los sonidos del lenguaje. Esta teoría científica lleva siendo sostenida desde hace mucho tiempo, y filósofos y sociólogos como Jean Jacques Rousseau,[1] Johann Gottfried Herder o Herbert Spencer fueron algunos de sus mayores defensores.

En casi todas las culturas se considera a la música como un regalo de los dioses. En la Antigua Grecia se consideraba a Hermes como el transmisor de la música a los humanos, y primer creador de un instrumento musical, el arpa, al tender cuerdas sobre el caparazón de una tortuga. Hace unos cinco mil años, un emperador en China, Hoang-Ti, ordenó crear la música a sus súbditos, y les dijo que para ello debían basarse en los sonidos de la naturaleza. Entre la mitología germánica se cree que Heimdall, tenía un cuerno gigantesco que debía tocar cuando comenzara el crepúsculo de los dioses. Las leyendas son similares para el resto de culturas primitivas, tanto perdidas como modernas. Al provenir la música, en general, de entidades superiores, habría que comunicarse con estas entidades también mediante esta música. Muchos pueblos primitivos actuales utilizan la música para defenderse de los espíritus, para alejar a la enfermedad, para conseguir lluvia, o para cualquier otro aspecto de la vida religiosa y espiritual. De esta manera, la magia que concebían que tenía la música hizo que solamente pudieran exteriorizarla chamanes, sacerdotes u otros líderes espirituales.

Además, en la propia naturaleza o en las actividades cotidianas se podía encontrar la música. Al golpear dos piedras, o al cortar un árbol, se producía un sonido rítmico, y que el mantenimiento de algo rítmico ayudaba a la realización de esa actividad, facilitándola. Pudo haber un primer grito o palabra que servía como ánimo, apoyo, y para elaborar más eficazmente una determinada actividad. Irían evolucionando a pequeñas frases, versos, hasta terminar ligándolos en una canción. El economista y sociólogo Karl Bücher fue su máximo defensor.[2]

Charles Darwin desarrolló una teoría en la que explicaba el origen de la música como una solicitación amorosa, como hacen los pájaros u otros animales.[3] La relación entre amor y música es conocida, en todos los periodos históricos (tanto en la Historia Antigua como en la Edad Media, o incluso en la música popular moderna).

La antropología ha demostrado la íntima relación entre la especie humana y la música, y mientras que algunas interpretaciones tradicionales vinculaban su surgimiento a actividades intelectuales vinculadas al concepto de lo sobrenatural (haciéndole cumplir una función de finalidad supersticiosa, mágica o religiosa), actualmente se la relaciona con los rituales de apareamiento y con el trabajo colectivo.[4]

Primeros instrumentos musicales[editar]

Flauta Auriñaciana elaborada sobre hueso de animal, yacimiento de Geissenklösterle (Suabia, Alemania).

En un yacimiento de Mezin, en Ucrania, se hallaron seis huesos de mamut con señales de haber sido perforados.[5] Estaban dentro de un conjunto con piezas de marfil que habían sido decoradas con ocre, mazos y otros elementos similares. La discusión sobre su uso aún sigue abierta. También se han hallado sonajeros realizados con hueso o con semillas, así como caracolas y cuernos que se piensa que se utilizaban para producir sonido. En yacimientos europeos se han encontrado, sobre todo, flautas, silbatos y posibles bramaderas, estas últimas realizadas en hueso o en madera. Hay piezas encontradas en contextos que les dan 30.000 años de antigüedad. Estaban realizados en huesos cortos, como falanges, y producían sonido al soplar por ellos.

La flauta más antigua aceptada como tal por la comunidad científica hasta mayo de 2012, es una pieza realizada a partir de un cúbito de cisne, datada en 36.000 años BP en el yacimiento de Geissenklösterle, en Alemania. Aunque se le estima una longitud de 17 centímetros, solo se conservan 12. Presenta tres orificios que han sido realizados con algún tipo de instrumento. En este mismo yacimiento, en 2009, se halló una flauta realizada sobre el radio de un buitre y otra en marfil de mamut. Una datación sobre estas dos piezas ha revelado una edad de 43.000 años, con lo que han pasado a ser consideradas como el vestigio más antiguo de instrumento musical. Este yacimiento está asociado a Homo Sapiens.

En 1995 se encontró en el yacimiento en cueva de Divje Babe, en Eslovenia, una flauta con una antigüedad de unos 45.000 años, aunque recientemente se ha propuesto una datación de 43.100 años. Está realizada en un fémur de oso de las cavernas. Por el contexto en el que fue localizado, este instrumento ha sido asociado a Homo Neanderthalensis, pero esta interpretación es polémica porque muchos investigadores sólo atribuyen capacidades simbólicas y artísticas a Homo Sapiens.

Muchos arqueólogos identifican el cuerno que sostiene la Venus de Laussel en la mano derecha como un instrumento idiófono.

En 2008, los arqueólogos descubrieron una flauta de hueso en la cueva Hohle Fels, cerca de Ulm, Alemania. La flauta tiene una boquilla en forma de V y cinco agujeros. Está realizada con un hueso de ala de buitre. En la misma zona se han hallado varios instrumentos más, con una datación de 35.000 años. La flauta de Hohle Fels fue encontrado al lado de las Venus de Hohle Fels.

La Venus de Laussel, por ejemplo, sujeta un cuerno en una de sus manos. Son este tipo de representaciones artísticas las que señalan la evidencia del uso de instrumentos musicales y su importancia dentro de la vida cotidiana de estas poblaciones.

Referencias[editar]

  1. Jean Jacques Rousseau. Ensayo sobre el origen de las lenguas. Ed. Akal. ISBN 84-7339-478-X.
  2. Karl Bücher. Trabajo y ritmo. Biblioteca Científico-Filosófica, Madrid.
  3. Charles Darwin. El origen del hombre. Edimat Libros, S. A. ISBN 84-8403-034-2.
  4. Marvin Harris Nuestra Especie; Juan Luis Arsuaga. El collar del Neanderthal, El enigma de la esfinge. La cuestión de estos principios ha ocupado hace mucho tiempo a la ciencia, especialmente la ciencia de la Música Contrastada, llamada hoy en día Etiología Musical. Existen una hipótesis que son: La de Charles R. Darwin el gran naturalista; cree que en los gritos de los seres humanos tiene que haber gritos de amor, quizás un canto primitivo era el instrumento masculino de declarar el amor. Si esto fuera real, en las canciones de los nativos dominarían las canciones de amor, pero no es así .
  5. [Artículo en Amazings de Verónica Mardones http://amazings.es/2012/06/20/la-musica-en-la-prehistoria/]

Otra Bibliografía[editar]

  • Steven Mithen, The Singing Neanderthals: the Origins of Music, Language, Mind and Body (2006).
  • Hagen, EH and; Hammerstein P (2009). ”Did Neanderthals and other early humans sing? Seeking the biological roots of music in the loud calls of primates, lions, hyenas, and wolves”. Musicae Scientiae.
  • Wallin, Nils, Bjorn Merker, and Steven Brown, eds., The Origins of Music, (MIT Press, Cambridge, MA., 2000).ISBN 0-262-23206-5. Compilation of essays.
  • d’Errico, Francesco, Paola Villa, Ana C. Pinto Llona, and Rosa Ruiz Idarraga (1998). ”A Middle Palaeolithic origin of music? Using cave-bear bone accumulations to assess the Divje Babe I bone ‘flute’” (Abstract). Antiquity. 72 (March): 65–79.
  • Wilford, John N. (June 24, 2009). ”Flutes Offer Clues to Stone-Age Music”. The New York Times 459 (7244): 248–52. Retrieved June 29, 2009.