Música de Chile

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Violeta Parra, artista, folclorista, investigadora y recopiladora de los cantos populares chilenos, siendo además una de las más destacadas compositoras del folclore latinoamericano.

La música de Chile forma parte de la cultura tradicional de dicho país. La historia de la música chilena está íntimamente relacionada con la historia de Chile y se ha plasmado en diversos estilos, como la música aborigen y folclórica, la música clásica europea, y la música popular como el jazz, el heavy metal, el rock y las baladas o la cumbia colombiana. No obstante, la música que generalmente se asocia a la chilenidad es su baile nacional: la cueca.[1]

Inicios[editar]

Antes del descubrimiento y conquista de Chile, la música chilena era en realidad la música de los pueblos indígenas, de la cual se conservan solamente algunos fragmentos y nociones. Se sabe que el británico Charleon Furlong grabó canciones y zonas y yaganes hacia el año 1907-1908. Eran canciones simples, que imitaban el sonido de los animales y el canto de las aves. Como instrumentos, utilizaban bastones de madera con los que golpeaban el suelo. Se utilizaban principalmente para ceremonias rituales.

Música mapuche[editar]

La música mapuche es la principal música aborigen en la actualidad, al ser la etnia indígena mayoritaria en Chile. La música tradicional mapuche es principalmente religiosa, aunque también existen composiciones amorosas y canciones acerca de la tierra natal, y sus melodías de temple monótono y triste. Entre los instrumentos mapuches, se cuentan los de percusión como el cultrún, de uso exclusivamente ritual, y las cascahuillas (cascabeles). Dos instrumentos característicos son la trutruca, una caña hueca de coligüe con un cuerno en su extremo, y el trompe, que u nos aben nada

También es muy importante la improvisación, que se hace sobre esquemas melódicos y rítmicos que se han transmitido oralmente de generación en generación. Los mapuche cantan y bailan para honrar a Ngenechén (deidad absoluta), siendo la música la expresión de su fe.

Esta música incluye canciones para voces solas, otras acompañadas de instrumentos y música exclusivamente instrumental. Los mapuche tenían canciones especiales para las diferentes actividades de la vida diaria, como por ejemplo, para el trabajo, para hacer dormir a un niño, para enterrar a los muertos, para jugar palin, etc. También tenían ceremonias especiales, donde se unía la danza con la música, como eran el lepún, ceremonia agraria, el machitún y el nguillatún. Actualmente han surgido intentos, tanto de mapuches como de no mapuches, de fusionar esta música, o de desarrollar ésta utilizando técnicas composicionales occidentales y el uso de la tecnología con el empleo de sintetizadores y samplers. Dentro de esta línea destaca la compositora argentina-mapuche Beatriz Pichimalén.

Música folclórica[editar]

Un huaso chileno canta una canción típica para Fiestas Patrias.

Desde noviembre de 1979, la danza nacional de Chile ha sido la cueca[1] y sus canciones conforman la mayor parte de la música folclórica nacional. Sin embargo, la música folclórica de Chile va variando de acuerdo a la latitud. Es así como existe música característica del Norte, del Centro, del Sur y de isla de Pascua (ver Enlaces externos).

Zona norte[editar]

En el norte folclór está fuertemente influenciado por la música andina, como también por las bandas militares que en tiempos de la colonia fueron traídas por los españoles. Es generalmente instrumental, y utiliza instrumentos como la caja, el bombo, la trompeta y la tuba, en las bandas, y la zampoña, la quena, el charango y la guitarra, en la andina. De esta zona, es especialmente famosa la Fiesta de La Tirana, con sus típicos bailes religiosos.

Zona central[editar]

En la zona central, la cueca y la tonada son los estilos más característicos de la zona.[cita requerida] Generalmente se ultilizan instrumentos como el acordeón, el arpa, la guitarra, el guitarrón chileno, el pandereta y el tormento. Además de la cueca, son muy comunes la "sajuriana" (originaria de Argentina) y la "refalosa" (originaria de Perú).[cita requerida] También es característico el baile del "sombrerito", en que el pañuelo se sustituye por el sombrero. El folclore de esta zona está estrechamente ligado a la cultura rural del país y a la herencia española, así como a su personaje emblemático: el huaso.

Zona sur[editar]

En el sur, particularmente en el archipiélago de Chiloé, el folclore también tiene características particulares, pues se mantuvieron con pocos cambios muchas tradiciones españolas y otras se mezclaron con las huilliches, dando lugar a formas de expresión nuevas, denominada como música chilota. Durante la guerra de Independencia de Chile, en que Chiloé se mantuvo fiel a la Corona, los soldados realistas introdujeron a las islas bailes como el chocolate o el pericón, que luego se transformó en pericona. Aparte de los bailes festivos, se tocan pasacalles durante las fiestas religiosas, acompañados siempre por guitarras, bombos y acordeones. Dentro de las danzas más importantes están la trastrasera, la pericona y el chocolate, como también el llamado vals chilote. El resto de la zona sur ha ido asimilando gradualmente el folclore de la zona central, en detrimento de la tradiciones indígenas.

Los alemanes que inmigraron a las provincias de Valdivia, Osorno y Llanquihue trajeron consigo el acordeón, que luego se extendió a todo el sur del país y se integró a la música ya existente.

Zona insular[editar]

En la isla de Pascua, las tradiciones culturales se transmiten de generación en generación y son muy características. Su música y danzas tienen más influencia polinésica que del Chile continental. Sus principales danzas son el opa-opa, el sau-sau, el tamuré y el ula-ula. Además de usar instrumentos universalizados como la guitarra, se utilizan otros como el palo de agua o el ukelele.

Música de raíz folclórica[editar]

Alrededor de los años 30 a 60 se produjo en Chile un renacimiento en la popularidad y en la búsqueda de la música folclórica chilena, gestada por la aparición de nuevos grupos musicales entre los que se destacó en sus inicios el conjunto de Los Cuatro Huasos (este grupo nació en 1927 y permaneció aunque con cambios en sus integrantes hasta 1956) seguidos posteriormente por numerosos otros como Los de Ramón, Los Huasos Quincheros, El Dúo Rey Silva, Los Perlas y Violeta Parra (quien es tal vez la más destacada artista chilena en el mundo). Junto a ellos nacieron también muchos compositores chilenos e investigadores del folclore del país entre los que cabe destacar a Raúl de Ramón, Margot Loyola, Luis Aguirre Pinto, Gabriela Pizarro entre muchos otros que aportaron canciones, bailes y recuperación de la música autóctona del país.

Nueva canción chilena[editar]

Se desarrolló desde la década de 1960, consolidándose a fines de esos años y proyectándose hacia los primeros años de la década siguiente.

Basada en la recuperación de la música folclórica, sus cultores agregaron factores propios de la música continental, incorporando instrumentos y ritmos de toda el área hispanoamericana. Sin embargo, sus principales antecedentes lo constituyeron importantes folcloristas, compositores e investigadores nacionales, entre los que destacaron: Violeta Parra y Víctor Jara quienes inspiraron y orientaron este movimiento y otros intérpretes y autores como Margot Loyola, Gabriela Pizarro, Héctor Pavez, Quilapayún e Inti-Illimani, entre otros. Se puede mencionar también la influencia de poetas y artistas como Pablo Neruda, Nicanor Parra y Roberto Matta, además de la fuerte injerencia de compositores latinoamericanos Atahualpa Yupanqui y Carlos Puebla. En este sentido, fue parte de un gran fenómeno conocido como Nueva canción latinoamericana. A ese aire folclórico latinoamericano, la Nueva Canción incorporó un fuerte compromiso con el proceso de cambios sociales que vivía Chile en los años sesenta y setenta. De hecho, muchos de sus exponentes asumieron un compromiso efectivo con el gobierno de la Unidad Popular, transformándose en un movimiento musical con una clara militancia política.[2]

En sus inicios, la Nueva Canción constituyó un todo con un gran movimiento de renovación folclórica, donde la tradición se nutrió de innovaciones musicales. Este movimiento de carácter eminentemente masivo, conocido como Neofolclor, paulatinamente fue decantando hasta distinguirse la Nueva Canción como una manifestación particular. Desde esta línea provenían intérpretes como Patricio Manns y Rolando Alarcón.

Habiendo tenido ya aquella música un desarrollo importante en distintas peñas, en julio de 1969 la Vicerrectoría de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile organizó el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena. Fue el momento en que la tendencia fue bautizada como tal, y por ende, desde ese instante el nombre Nueva Canción Chilena empezó a formar parte de la identidad musical del país.

Su dinamismo y fuerza creativa permitió, con el paso del tiempo, la incorporación de variables de la música docta a su propuesta. Se generó así el concepto de cantata, la de las cuales la más importante fue la Cantata Santa María de Iquique, escrita por Luis Advis e interpretada por el grupo Quilapayún. Este conjunto que fue uno de los grupos musicales paradigmáticos del proceso, junto a otros como Inti Illimani e Illapu.

El movimiento se vio violentamente truncado con el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973. Desde ese momento, y producto del exilio y la represión de muchos de sus integrantes, el movimiento siguió desarrollándose en el extranjero. Desde esa fecha en Chile, y principalmente en Santiago, se desarrolló un nuevo estilo heredero conocido como Canto nuevo, entre cuyos exponentes se cuentan a Raúl Acevedo, Cristina González, Manuel Huerta, Hugo Moraga, Eduardo Peralta, Jorge Venegas, Francisco Villa, Rudy Wiedmayer y los grupos FLOPY, Santiago del Nuevo Extremo, Schwenke y Nilo, y Sol y Lluvia.

Fusión latinoamericana[editar]

Los Jaivas, grupo que fusiona el rock y el folclore andino.

A partir de este movimiento estilístico y social, muchos otros grupos y compositores tomaron estas influencias para producir su propia fusión musical. Elementos de la música clásica europea tuvieron resonancia con este movimiento, cuyos principales desarrolladores fueron Luis Advis, Patricio Manns, Guillermo Rifo e incluso el mismo Horacio Salinas de Inti Illimani. Grupos como Congreso utilizaron estos elementos para fusionarlos con el jazz y con la música contemporánea. El grupo Barroco Andino es mundialmente famoso por sus arreglos de repertorio barroco con instrumentos del altiplano andino. Incluso el popular grupo Los Jaivas hizo lo suyo con su visión roquera del folclore chileno. O Illapu que ha venido redefiniendo las mezclas de la música andina y la música moderna tales como el pop. En definitiva esta categoría intenta abarcar a todos aquellos compositores que adquirieron conocimientos del folclor, y las adoptaron para su propio estilo, realizando mezclas con otras estructuras musicales como las del jazz, del rock y la música docta, incorporando todas las fusiones y subgéneros populares en el país.

Neofolclore[editar]

Paralelamente a la nueva ola surgió el Neofolklore, estilo que alcanzó grados de popularidad similares a los de los cantantes nuevaoleros de moda, pero al mismo tiempo compartió con la Nueva Canción la raíz folclórica y el afán de renovar esas fuentes. Caracterizado por sus arreglos vocales cercanos a la música docta y por el uso de la instrumentación al estilo de la música de cámara, generalmente de varias guitarras, este movimiento fue una estilización del folclor que destacaba su pulcritud sonora y su alejamiento de las temáticas de la izquierda política, sino que enfocada en la naturaleza y la vida del campo chileno. Algunos de sus exponentes más importantes fueron Los Cuatro Cuartos, Las Cuatro Brujas, Los de Las Condes, Los Huasos Quincheros entre varios más.

Música popular[editar]

Aunque generalmente se incluye el folclore en esta categoría, en este caso se refiere a tres amplias y diversas categorías:

La chingana y la música[editar]

Según José Zapiola Cortés, durante la primera mitad del siglo XIX llegó de Perú el baile de la zamacueca,[3] la cual se instaló en las chinganas,[4] lugar que, en palabras del francés Alcide D'Orbigny:[5] «son casas públicas, una especie de espectáculo, donde se beben refrescos mientras se ve danzar la cachucha, el zapateo, etc., al son de la guitarra y de la voz; es un lugar de cita para todas las clases sociales, [...], pero donde el europeo se encuentra más frecuentemente fuera de lugar». Estos lugares se determinan como centros de la fiesta popular, y en numerosas ciudades chilenas alcanzaron a replicarse de manera sustancial, llegando a haber en Santiago más de cuarenta de estas, abriendo los días domingo y lunes de cada semana.[6]

En un principio, a apenas unos seis años de la llegada de este baile, varios miembros de las clases sociales altas se declararon abiertamente en contra de las chinganas,[7] lo que ilustra una creciente inserción de estas en el orden político conservador de la época.[8] De la zamacueca, que fue el baile más popular de estos años, tenemos la información que nos ha dejado el inglés Fred Walpole durante su estadía entre los años 1844 y 1848,[9] quien nos describe algunas de sus características; acompañamiento de arpa o guitarra, marca de tiempo con un golpeteo de palmas o tambora de la guitarra, canto en el registro más agudo posible y una particular forma de tañer la guitarra que consiste en «deslizar la mano derecha a través de todas las cuerdas de la guitarra, volviéndola cada vez con un golpe en la caja», por nombrar algunas muy particulares.

A través de la zamacueca tanto en su carácter de baile cómo de música mestiza, se va a asociar a: «la construcción de símbolos nacionales; la consolidación y expansión de un sistema artístico moderno, urbano e intermedial, cuyo eje principal es el espectáculo teatral, asociado a la creación de un público masivo y el desarrollo moderno de músicas y bailes populares locales, articulado con una incipiente industria cultural».[10]

Música latinoamericana[editar]

Boleros y baladas[editar]

Lucho Gatica considerado uno de los artistas de música popular de su país de mayor éxito a nivel internacional, logrando popularidad en Latinoamérica, España, Asia y Estados Unidos.

En Chile destaca la difusión mediática que la televisión y la radio han hecho de este tipo de música, por sobre cualquier otro estilo, el más popular y conocido. Esto ha provocado que numerosos cantantes y compositores se hayan dedicado a cultivar esta tendencia. Algunos de los más importante son:

Luis Alberto Gatica o Lucho Gatica, el cantante de mayor trascendencia para Chile, ya que es considerado como uno de los máximos exponentes del bolero a nivel internacional, logrando popularidad en Latinoamérica, España, Asia y Estados Unidos. Interpretó canciones como El reloj, Por amor. Contigo en la distancia, No me platiques, La gloria eres tú. Hoy en día, es un importante productor musical radicado en Estados Unidos. Ricardo Roberto Toro Lavín, más conocido como Buddy Richard, destaca en los años 1960 y 1970 como compositor de éxitos internacionales que hasta hoy se mantiene vigentes en la cultura popular gracias, entre otras cosas, por los covers que Los Tres han hecho. Destacan temas como Mentira, Tu cariño se me va y Si me vas a abandonar, entre otros. Myriam Hernández destaca en los años 1980 y 1990 con una carrera cuya difusión desde México la hizo conocida a nivel latinoamericano y norteamericano, con temas como El hombre que yo amo, Huele a peligro, Mío, Peligroso amor, Mañana, Tonto, Herida, Ay, amor, Se me fue, No te he robado nada, Dónde estará mi primavera, entre muchos otros. Es reconocida como la baladista de América y una de las mujeres más influyentes en la música chilena.

Alberto Plaza ha destacado desde los 1990 hasta la actualidad, como compositor y cantante, ha realizado más de mil conciertos en América Latina. Es cantautor de éxitos como Aventurera, Quédate y Vuela una lágrima interpretada por los argentinos Los Nocheros. Otros autores importantes son Luis Jara, Pablo Herrera, Álvaro Scaramelli, Gloria Simonetti, Andrea Tessa, Óscar Andrade, Fernando Ubiergo, Zalo Reyes, Palmenia Pizarro y Cecilia Echeñique, entre muchos otros.

Cumbia chilena[editar]

Tommy Rey, vocalista de La Sonora de Tommy Rey, una de los principales exponentes del género en el país.

La cumbia, a diferencia de otras especies de música tropical, ha sido tremendamente exitosa desde su inserción en la cultura chilena. Actualmente es el género musical más bailado del país, usado en todo tipo de fiestas, desde cumpleaños hasta años nuevos, e incluso en fiestas patrias. Luego del boom de la música tropical en los años 1950 -1960, la cumbia, originaria de chile encontró su camino propio y fue evolucionando y encontrando diversas expresiones en Chile, entre los que se encuentran los subgéneros como la cumbia tradicional chilena, la cumbia andina, la cumbia sound, la cumbia rock y la cumbia romántica.

Agrupaciones orquestales llamadas comúnmente "combos" o "sonoras" tales como la Orquesta Huambaly, La Sonora Palacios, Giolito y su Combo, Pachuco y la Cubanacán, Los Vikings 5 y especialmente La Sonora de Tommy Rey, han hecho de la cumbia un sonido propiamente chileno llamado comúnmente la cumbia tradicional chilena. Temas como Daniela, Un año más, El galeón español, Candombe para José, La Piragua entre muchísimas otras, forman ya parte del inconsciente colectivo del pueblo chileno.

Desde mediados de los años 1980 en la zona norte del país, se desarrolló el subgénero llamado cumbia andina, la cual fusionaba elementos del huayno como también de la cumbia peruana. Desde los años 1990 han tenido gran influencia la cumbia villera y la tecnocumbia desde Argentina dando lugar a lo que se conoció como la cumbia sound. Desde los años 2000 ha resurgido una nueva oleada de fusiones y subgéneros dando lugar a dos nuevas ramas; la nueva cumbia chilena, que incorpora elementos del rock y de varios géneros populares en Latinoamérica destacándose principalmente Chico Trujillo y Juana Fe, como también la cumbia romántica destacando el grupo La Noche y Américo, focalizado en letras de contenido romántico.

Antiguamente asociada a las clases bajas, la cumbia es actualmente la música más popular del país y transversal a toda la sociedad, tanto como baile o como canción, destacándose su multiplicidad de subgéneros que conviven simultáneamente en distintas regiones o segmentos del país.

Rock and roll[editar]

Se identifican dos periodos importantes en la formación y producción del rock chileno: La nueva ola chilena y el rock chileno propiamente tal. Aunque también cabe mencionar la influencia de la cultura hippie y el rock psicodélico en la agrupaciones como Los Jaivas, incluidas generalmente como parte de la fusión latinoamericana.

Nueva ola chilena[editar]

Durante las décadas de 1960 y de 1970, tomó fuerza la Nueva ola chilena, movimiento musical de alto impacto masivo, que se inició a partir de la poderosa influencia de Elvis Presley y el twist en Latinoamérica, y particularmente en Chile.

El gran precursor fue Peter Rock, quien en 1958, a la edad de 14 años, se presentó en las radios Minería, del Pacífico y Agricultura para promocionarse con este estilo musical. En 1959, grabó «Nena, no me importa» («Baby, I don't care»), un cover de Presley, que es considerado el punto de partida de este movimiento en Chile.

La banda The Ramblers, con «El rock del mundial», canción difundida durante el mundial de fútbol de 1962 realizado en Chile, fue la consagración de este movimiento a nivel nacional.

A partir de esto, numerosos artistas continuaron con el desarrollo de este movimiento durante varias décadas. Alguno de los artistas más importantes fueron: Cecilia Pantoja, Antonio Prieto, Antonio Zabaleta, Germán Casas, Ginette Acevedo, Gloria Benavides, José Alfredo Fuentes, Jorge Pedreros, Luis Dimas, Maitén Montenegro, Marcelo Hernández, Mirella Gilbert, Osvaldo Díaz, Paolo Salvatore, Pat Henry, Peter Rock, Roberto Vicking Valdés y The Ramblers, entre muchos otros.

El rock chileno moderno[editar]

Los Tres, uno de los principales grupos de rock de los años 1990 en adelante.

Pero la música popular más moderna, especialmente de los 1980 en adelante, ha surgido a través de la posibilidad de difusión internacional y el avance tecnológico de las grabaciones. De este modo, Los Prisioneros son probablemente el grupo chileno más exitoso de la historia, con sus letras cargadas de críticas sociales y de corte latinoamericanista, y su música que combinaba elementos del punk, el ska y el rock and roll en sus comienzos, y de la música electrónica y el pop más adelante. Los Prisioneros se convirtieron en puntos de referencia indiscutidos de la música chilena y latinoamericana de los años 1980 y principios de los años 1990.

Otros grupos importantes de tendencia roquera han sido Aparato Raro, Upa! y Electrodomésticos en los años 1980. Y en un plano más under también Fiskales Ad-Hok en el punk y Criminal en el metal.

En los años 1990 y 2000, el rock chileno continuó desarrollándose, incorporando diversas influencias de estilos como el hip hop, el funk, el reggae y principalmente el pop. Variados formatos y disímiles exponentes hicieron ampliar la categoría, a la vez que enriquecer la diversidad cultural. Algunos de los principales artistas fueron y son Joe Vasconcellos, Los Tetas, Tiro de Gracia, Chancho en Piedra, La Ley, Gondwana, Lucybell, Nicole, Glup!, Saiko, Los Bunkers, Sinergia, De Saloon y especialmente Los Tres, quienes son considerados los principales herederos de las temáticas de Los Prisioneros, pero situados en el nuevo contexto nacional post dictadura de los años 1990, en la llamada Transición Democrática.

Además, a Los Tres se les adjudica la responsabilidad de reencantar a la juventud de la época respecto a estilos chilenos tradicionales, tales como la cueca, el jazz guachaca o las baladas roqueras de los años 1960.

Jazz en Chile[editar]

Ángel Parra, guitarrista de jazz.

La práctica del jazz es una de las manifestaciones de música popular de más larga data en Chile. Los indicios más regulares aparecen hacia los años 1920 en torno a la figura del compositor, violinista e investigador Pablo Garrido, gestor de los primeros conjuntos y orquestas de jazz locales. A partir de 1940, una nueva generación de músicos jóvenes se alineó con la improvisación jazzística más allá del jazz predecesor, al que consideraban comercial, bautizándolo hot jazz. Esto traería como consecuencia la fundación del Club de Jazz de Santiago en 1943 y la formación de la primera all-stars nacional, Los Ases Chilenos del Jazz, en 1944 y 1945.

El jazz moderno irrumpió en los años 1960 por iniciativa del pianista Omar Nahuel, a la cabeza del Nahuel Jazz Quartet. La banda no solo fue pionera en la puesta a punto de nuevas formas jazzísticas, como el bebop o el cool, sino que además reunió a músicos entusiastas de la figura de Charlie Parker y sus descendientes.

En los años 1970, como en todo el mundo, el jazz eléctrico instauró una novedosa forma expresiva y dio origen a nuevos solistas en Chile.

Desde los años 1980, el jazz ha contado en Chile con la posibilidad de formar músicos profesionales gracias a la creación de la Pro Jazz, la Escuela Moderna de Música y la Escuela de Música de la SCD, lo que ha permitido el desarrollo del lenguaje jazzístico durante las siguientes décadas. Con la creación del Festival Internacional Providencia Jazz en el año 2002, junto a otros festivales comunales, el jazz ha logrado mayor difusión para el público no experto.

Actualmente, la escena nacional destaca por la multiplicidad de estilos, entre los que se destacan: el grupo La Marraqueta en la vanguardia del llamado «jazz criollo», una amplia variedad de grupos en la fusión latinoamericana, y las big bands, como la Conchalí Big Band o Los Andes Big Band, en el jazz tradicional como el bebop o el swing.

Entre las figuras del jazz contemporáneo chileno destacan: Ricardo Arancibia, Jorge Campos, Mariano Casanova, Cristián Cuturrufo, Federico Dannemann, Alejandro Espinosa, Mario Feito, Christian Gálvez, Pedro Greene, Martin Joseph, Ronnie Knoller, la Familia Lecaros, Mario Lecaros, Pablo Lecaros, Roberto Lecaros, Agustín Moya, Gonzalo Palma, Ángel Parra, Andrés Pérez, Lautaro Quevedo, Felipe Riveros, Carla Romero, Moncho Romero, Melisa Aldana, Miguel Sacaan y Nicolás Vera, y los grupos Contracuarteto y Ensamble Quintessence, entre muchos otros.

Música docta en Chile[editar]

José Zapiola Cortés.
Claudio Arrau fue uno de los más grandes pianistas del siglo XX.

Chile cuenta con una considerable historia en la música clásica, también llamada docta, para no ser confundida la Música del Clasicismo. Ha contado con importantes compositores, intérpretes y directores durante distintos períodos: En cuanto a los compositores, algunos de los más destacados son José Zapiola, Enrique Soro, Domingo Santa Cruz, Pedro Humberto Allende quien buscó una identidad chilena, cercana al nacionalismo, con obras como La Voz de las Calles (Poema Sinfónico), sus Doce Tonadas para Piano (de clara intención hacia lo folclórico de Chile) y su destacado Concierto Sinfónico para Violoncello y Orquesta (Obra Principal del compositor y cuya riqueza rítimica destacó el mismísmo Debussy, en una carta).Otros compositores cuyo nacionalismo es similar al movimiento artísticoa de Europa, Vicente Bianchi conocido por la musicalización de los poemas de Pablo Neruda, como también de misas (Misa a la Chilena) y eventos litúrgicos, Alfonso Leng quien fue heredero del postromanticismo Wagneriano, con sus internacionalmente aclamadas Doloras. También destacan Cirilo Vila (Discípulo de Olivier Messiaen), Luis Advis (Quien consolida la Cantana Popular, con Obras como la Cantata de Santa María de Iquique), Gustavo Becerra-Schmidt, Santiago Vera-Rivera, Carlos Riesco, Roberto Falabella, Nina Frick, Carlos Isamitt, Raposo Acevedo, Andrés Alcalde, Leni Alexander, René Amengual, Próspero Bisquertt, Gabriel Brncic, Salvador Candiani, Acario Cotapos, Roberto Falabella, Fernando García Arancibia, Celso Garrido Lecca, Alejandro Guarello, Hans Helfritz, María Elena Hurtado, Carlos Isamitt, Tomás Lefever, Alfonso Letelier, Eduardo Maturana, Alfonso Montecinos, Juan Orrego Salas, Roberto Puelma, Carlos Riesco, Claudio Spies, Jorge Urrutia Blondel y Darwin Vargas, entre otros.

Entre los directores más destacados, además de los compositores previamente mencionados, está el recientemente fallecido Fernando Rosas Pfingsthorn y los aclamados Armando Carvajal y Juan Pablo Izquierdo.

Difusión en la vida republicana[editar]

Tal como ocurrió en el resto de Latinoamérica en el siglo XIX circularon en Chile ediciones musicales que ayudaron a la difusión de un repertorio, en su mayor parte compuesto de piezas breves, que complacía al público, el cual a su vez era el encargado de organizar o asistir a las tertulias familiares y bailes. También era este público quien asistía ya sea en calidad de auditor o cómo intérprete a los conciertos de las sociedades o presentaciones de ópera, entre otras manifestaciones de la vida republicana.[11] Si se suma esto a la música que va llegando en manos de los inmigrantes o viajeros extranjeros, se determina una creciente actividad de las editoriales a lo largo del siglo.

En un decreto de 1820, publicado durante el gobierno de Bernardo O'Higgins, constan los incentivos que se proponen para la importación y liberación tributaria tanto para instrumentos como para partituras.[12] Lo que seguramente era para beneficio de las bandas de regimiento, ayudó a el establecimiento comercial de artículos vinculados a la práctica musical.[13] La litografía llega en la década de 1830, y veinte años después comienzan a instalarse diversas casas editoriales, al principio extranjeras,[14] para luego en 1858 incorporarse la empresa nacional,[15] que alcanza a proyectarse hasta bien entrado el siglo XX.[16]

Luego del fin de la colonia, y con los ideales de ilustración y progreso como norte, el sector más pudiente, dígase la burguesía acomodada, va a tener a Europa como modelo a seguir en el ámbito musical. La vida musical va a mantener lazos con el pasado colonial, por ejemplo la organización catedralicia y la tertulia, aunque matizadas de acuerdo a los nuevos tiempos, especialmente por medio de la introducción del repertorio más moderno, que a la vez va a ayudar en la diversificación y renovación de las prácticas musicales cotidianas.[17]

Ópera en Chile[editar]

Ya desde 1830 la influencia de la ópera italiana se había dejado sentir de manera especialmente fuerte en Chile, es en ese año en que la compañía Pizzoni-Caravaglia, procedente de la ciudad de Montevideo, interpreta por primera vez en Chile escenas seleccionadas de Óperas italianas, entre cuyos autores contaban Rossini, Mercadante, Paini y Paer. Luego de este gran éxito es que se propone acelerar el proceso de introducción del género y es en 1844 que son llamadas desde la ciudad de Lima tanto Teresa Rossi cómo Clorinda Pantanelli.[18]

Según se sabe, es de hecho un compositor de origen bávaro, pero radicado en Chile, quien aborda por primera vez el género en tierras chilenas. Nos referimos a Aquinas Ried, quien entrega en 1846 el manuscrito de la Telésfora, Opera heroica en tres actos, editado en la ciudad de Valparaíso, que además estaba escrita en castellano, lo que no era usual en la época. Además el texto estaba inspirado en las luchas por la independencia, lo que es otro factor que llamó mucho la atención. Por desgracia, a causa de diversos inconvenientes no se pudo llevar a cabo la representación de este drama lírico, pero, uno de sus coros, titulado Ea, campesinos, venid, fue arreglado por Guillermo Frick en 1855 y ejecutado con cierta regularidad.[19]

El mismo Aquinas Reid va a seguir cultivando el género el resto de su vida, entre 1860 y 1869 (año de su muerte), compone Il Grenatiere, Walhala y Diana, dejando fragmentos de otras cuatro obras en diferentes estadios de elaboración.[20]

Intérpretes destacados[editar]

Entre los intérpretes más destacados esta sin dudas en primer lugar, el mundialmente admirado Claudio Arrau quien fue famoso en todo el mundo por sus interpretaciones profundas de un repertorio extenso que atravesaba de la música del Barroco hasta los compositores del siglo XX, pero que destaco principalmente por las interpretaciones románticas de autores como Franz Liszt, Robert Schumann y especialmente Beethoven. Otros pianistas importantes han sido Rosita Renard, Óscar Gacitúa Weston, Roberto Bravo, y actualmente Alfredo Perl.

En la actualidad la música docta chilena ha tenido un fuerte impulso gracias a la difusión y ejecución de la Guitarra, destacando con grandes intérpretes como Luis Orlandini, Eulogio Dávalos Llanos, Nicolás Emilfork, Romilio Orellana, Carlos Pérez y Juan Antonio Escobar, influyendo notablemente en la obra de compositores que han fusionado estilos latinoamericanos más allá de lo docto destacándose: Juan Antonio Sánchez, Antonio Restucci, y Horacio Salinas.

Música pop contemporánea[editar]

En Chile lo que se conoce actualmente como música pop, a saber, música ligera en contenido y orientada a las masas, en contraparte con la música más docta, comienza su aparición en la década de 1950 con la masificación de la radio. En esta década, gran cantidad de músicos locales inspirados en grandes íconos pop anglosajones como The Beatles o Elvis Presley, comienzan sus carreras en lo que se conocería como la Nueva ola. Los artistas chilenos de esta época destacan por sus grandes influencias de parte de la música rock and roll, twist y la balada francesa, y destacan nombres como Peter Rock, Los Ramblers, Cecilia, Buddy Richard o Gloria Venavides. Los baladistas nacionales acaparan las listas de éxitos de los siguientes años, y cantantes como José Alfredo Fuentes, Luis Dimas o Zalo Reyes se convierten en íconos juveniles de esta época.

En la década de 1970 comienza la masificación de la televisión en el país, y programas como Música libre ayudan a masificar la música pop. En el periodo de dictadura, por sus características apolíticas, el pop no se ve tan afectado como otros sectores de música popular chilena, y artistas de la Nueva Ola y baladistas siguen contando con gran éxito.

La década de 1990 ve la abertura del país con la vuelta a la democracia, y con esto nuevas bandas de pop comienzan a emerger. Siguiendo la línea del pop más tradicional, principalmente en torno a las baladas y orientado al público adulto, lo encabezan artistas como Myriam Hernández o Alberto Plaza; y por otra parte con ritmos más orientados a un público más joven lo encabezan actos como La Ley, Nicole o Javiera y Los Imposibles. A finales de la década y principios del año 2000, influencias extranjeras de grupos de pop adolescente prefabricados, hacen que aparezca una nueva gama de artistas nacionales, entre los que destacan grupos creados a partir de castings como Supernova o Stereo 3.

La década del 2000 ve el nacimiento de varios artistas de música pop principalmente orientada a un público pre-adolescente y adolescente, con bandas como Kudai o proyectos musicales nacidos de programas de televisión como Amango o Karkú, que logran gran éxito y popularidad en este rango etario.

Sociedad Chilena del Derecho de Autor[editar]

Luego de más de 50 años de administración estatal, en 1987 nació la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD) como una organización privada de autores con el fin de contar con herramientas eficaces para recaudar los derechos de sus obras, iniciando actividades bajo el alero de la Universidad de Chile.

De esta manera, la SCD ha trabajado permanentemente con el propósito fundamental de administrar los derechos de ejecución pública y de reproducción de las obras musicales de sus asociados, lo cual implica:

  1. El otorgamiento de una licencia a los usuarios, toda vez que la música es comunicada al público o grabada en soportes sonoros o audiovisuales.
  2. La recaudación de los derechos generados por dicho concepto.
  3. La distribución de estos derechos a sus respectivos titulares.

Actualmente, la SCD reúne a cerca de 4500 socios, entre autores, compositores, artistas y ejecutantes nacionales, además de editores y productores de fonogramas. Esto, sin considerar a los miembros de las sociedades de gestión extranjeras que representa.

La SCD realiza además una importante labor en el ámbito del desarrollo de la cultura musical chilena, mediante acciones de promoción y difusión del repertorio, capacitación y formación de nuevas generaciones de músicos, como también en materias sociales y de salud de sus socios, mediante las prestaciones asistenciales.

Figura fundamental de la música chilena[editar]

Como un reconocimiento a la trayectoria, la influencia y el legado de los artistas chilenos en la historia musical del país, la SCD distingue anualmente a uno de ellos como «figura fundamental de la música chilena». La elección la lleva a cabo el Consejo directivo de la SCD y la ceremonia de entrega de la distinción ocurre a fines de año. Los galardonados han sido los siguientes artistas chilenos:[21]

Instituciones educacionales de música[editar]

Eventos musicales[editar]

Festival de Viña del Mar, principal evento musical de Chile.

Véase también[editar]

Por décadas[editar]

Música chilena por décadas

1950's |1960's |1970's |1980's |1990's |2000's |2010's

Referencias[editar]

  1. a b Ministerio Secretaría General de Gobierno (6 de noviembre de 1979). «Decreto 23 de 1979 del Ministerio Secretaría General del Gobierno» (HTML). Consultado el 1 de marzo de 2011.
  2. http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0716-27902009000200003&script=sci_arttext
  3. Vicuña Mackenna, Benjamín. "La Zamacueca y la Zanguaraña: Juicio crítico sobre esta cuestión internacional", cita a José Zapiola de la siguiente forma: "Al salir yo... en mi segundo viaje a la República Argentina [marzo de 1824], no se conocía ese baile (la zamacueca). A mi vuelta [mayo de 1825], ya me encontré con esa novedad". en El Mercurio [Valparaíso]. LV/16.630 (1 agosto, 1882). p.2, c.6.
  4. Pereira Salas, 1941: 272 - 273.
  5. D'Orbigny, II, 1839 - 1843: 336. Cf. Merino. 1982: 206. Hace referencia a las chinganas que se hallaban en el barrio de El Almendral en Valparaíso, durante 1830.
  6. El Ferrocarril, II/548 (28 septiembre, 1857).
  7. Pereira Salas, Ibídem.: Rafael Valdés escribe de forma muy vehemente en las Memorias publicadas por su biógrafo, Miguel Luis Amunátegui Reyes, donde habla acerca de las chinganas de Renca (escrito en 1831).
  8. Torres Alvarado, Rodrigo, 2008, pp. 5 - 17.
  9. Walpole, I. 1850:105-106. Cf. Merino 1982:207.
  10. Torres Alvarado, Rodrigo, 2008, p. 6.
  11. Peña, 2006, pp. 185 - 186.
  12. Claro Valdés, 1979, p. 6.
  13. Pereira Salas, 1978, pp. 11/8.
  14. Notablemente las firmas de E. Niemeyer e Inghirami y la de Karl Kirsinger, cuyos talleres se encontraban en Alemania.
  15. Pereira Salas, Ibídem, p. 10.
  16. González & Rolle, 2005.
  17. Peña, Ibídem, p. 186.
  18. Pereira, 1947, p. 53
  19. Pereira, Ibídem
  20. Pereira, 1947, p. 54
  21. Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD) (17 de junio de 2013). «Figura fundamental de la música chilena» (PHP). www.scd.cl. Consultado el 17 de junio de 2013.

Bibliografía[editar]

  • Claro Valdés, Samuel, "La vida musical en Chile durante el gobierno de don Bernardo O'Higgins", Revista Musical Chilena, XXXIII/145, 1979, pp. 5-24.
  • Claro Valdés, S. et al., Iconografía Musical Chilena, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 1989.
  • D'Orbigny, Alcide (1839 - 1843). Voyage dans l'Amérique mériodionale. Volumen II.. 2. París: P. Bertrand. 
  • González, J. Pablo & Rolle, C. Historia social de la música popular en Chile, 1890 - 1950, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 2005.
  • Merino, Luis. Música y Sociedad en el Valparaíso decimonónico en [Robert Gunther (ed.)] Die Musikkulturen Lateinamerikas im 19. Jahrhundert [Studien zur Musikgeschichte des 19 Jahrhunderts, Band 57] pp. 199-235. Regensburg: Gustav Bosse Verlag. 1982.
  • Merino, L. "Andrés Bello y la Música", Revista Musical Chilena, XXXV/153-155 (enero septiembre), 1981, pp. 5-51.
  • Peña Fuenzalida, Carmen. "Las portadas de partituras musicales que circularon en Chile en el siglo XIX como fuentes historiográficas" en Arte Americano: contextos y formas de ver, pp. 185-192. Santiago de Chile: RIL Editores.
  • Pereira Salas, E., Los orígenes de arte musical en Chile, Santiago, Imprenta Universitaria, 1941.
  • Pereira Salas, E., Historia de la Música en Chile desde los orígenes a 1886, Santiago, Publicaciones de la Universidad de Chile, 1957.
  • Salinas, Maximiliano. "Comida, música, humor. La desbordada vida popular" en, Rafael Sagredo y Cristián Gazmuri (editores), Historia de la vida privada en Chile. Tomo II. El Chile moderno, de 1840 a 1925 pp. 85-117. Santiago: Taurus. 2005.
  • Torres Alvarado, Rodrigo. Zamacueca a toda orquesta - Música popular; espectáculo público y orden republicano en Chile (1820 - 1860) en Revista Musical Chilena. LXII/209. Santiago de Chile: Universidad de Chile, pp. 5-27. 2008.
  • Zapiola, José. Recuerdos de treinta años (1810 - 1840). Santiago: Imprenta Victoria. 1881.

Enlaces externos[editar]