Más allá del muro del sueño

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Más allá del muro del sueño
de H. P. Lovecraft
Género Cuento
Subgénero Terror
Edición original en inglés
Título original Beyond the Wall of Sleep
País Bandera de los Estados Unidos Estados Unidos
Fecha de publicación 1919
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Más allá del muro del sueño (Beyond the Wall of Sleep en inglés) es un relato de terror del escritor norteamericano H. P. Lovecraft, publicado en octubre de 1919 en la revista amateur Pine Cones.

Argumento[editar]

Tras una cita de Shakespeare (“Entonces, el sueño se desplegó ante mí”), el narrador comienza reflexionando sobre los sueños, sobre su importancia y el oscuro mundo al que pertenecen, por más que algunos de ellos sean débiles reflejos de la vigilia

a pesar de Freud y su pueril simbolismo

Otros sueños, sin embargo, remiten a una esfera de existencia mental no menos importante que la vida física. Llega a creer que ésta es un fenómeno secundario y virtual en comparación con esa otra vida incorpórea.

Trabaja en una institución psiquiátrica, donde un día del invierno de 1900-1901 ingresa Joe Slater (o Slaader), un típico habitante de la zona de las montañas de Catskill, caracterizada por el extremo primitivismo de su población. Joe es un tipo peligroso, alto y fornido, de repelente aspecto, aunque de apariencia bovina. Vagabundo, cazador y trampero, daba miedo incluso a la chusma de sus paisanos, sobre todo cuando se ponía a hablar estando dormido, no tanto por cómo hablaba sino por lo que decía.

Una mañana despierta dando terribles y ultraterrenos aullidos. La gente se congrega frente a la pocilga que tiene por cabaña. Sale al exterior nevado y empieza a vociferar:

gran, gran cabaña con resplandores en techo y muros y suelos, y la sonora y extraña música de allá a lo lejos

Así como su deseo de encontrar y matar a cierto «ser que brilla, se estremece y ríe». Dos tipos fornidos intentan contenerlo. Fuera de sí, Joe noquea a uno y convierte en «pulpa irreconocible» al otro; huye, pero poco después es detenido. En una cárcel de Albany, delira ante los «alienistas» sobre

grandes edificios de luz, océanos de espacio, extrañas músicas y montañas sombrías y valles.

Y sobre un ser misterioso y brillante que se estremecía, reía y burlaba de él, al cual debía matar. Es enjuiciado por homicidio, absuelto por locura y recluido en el psiquiátrico donde trabaja el narrador. Éste se reconoce como «un incansable especulador sobre la vida onírica», por lo que se siente subyugado por el caso de Joe Slater.

En secreto, y utilizando un instrumento de transmisión y recepción fabricado por él mismo, intenta acceder a los sueños de Joe cuando éste sueña y habla al mismo tiempo sobre lo que sueña. El 21 de febrero de 1901, cuando todo indica que Joe está pronto a morir, el narrador vuelve a colocar en la cabeza del moribundo y en la suya propia los terminales de su “radio telepática”. Tras varias horas, cuando ha empezado a cabecear, empieza a oír una melodía lírica y extraña, y su mirada hechizada se abre a un formidable espectáculo: se desplaza flotando por una ciudad de espléndida magnificencia. Mantiene un coloquio en silencio y perfecta comunión de pensamientos con el aura resplandeciente de Joe, quien le dice:

Soy tu hermano de luz y he flotado contigo por valles resplandecientes. No me está permitido hablarle a tu ser terrestre despierto acerca de tu ser real, pero somos vagabundos de los amplios espacios y viajeros por multitud de eras. El año próximo quizás esté morando en el oscuro Egipto que tú llamas antiguo, o en el cruel imperio de Tsan-Chan que se alzará dentro de tres mil años. Tú y yo hemos ido a la deriva entre los mundos que danzan en torno al rojo Arturo y habitado los cuerpos de los filósofos insectoides que se arrastran altaneros sobre la cuarta luna de Júpiter.

Aún debe hallar y vencer al opresor que habita en Algol, la estrella del demonio.

Esta noche partiré como una Némesis, llevando justa y ardiente venganza cataclísmica.

Las ondas mentales cesan y el narrador advierte que Joe Slater está muerto.

Termina su relato reseñando el informe sobre la estrella Nova Persei 1901 del profesor de Astronomía Garrett P. Serviss:

«El día 22 de febrero de 1901, una nueva y maravillosa estrella fue descubierta por el doctor Anderson, de Edimburgo, no lejos de Algol. Ningún astro era antes visible en ese lugar. En veinticuatro horas, la desconocida había alcanzado brillo suficiente como para opacar Capella. En una semana o dos había aminorado visiblemente, y con el paso de unos pocos meses apenas era visible a simple vista».

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]