Luna de Mercurio

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Un satélite natural en órbita a Mercurio, por un corto tiempo, se llegó a creer que existía. El 27 de marzo de 1974, dos días antes de que la Mariner 10 hiciera su sobrevuelo a Mercurio, los instrumentos comenzaron a registrar grandes cantidades de radiación ultravioleta en las proximidades de Mercurio que, de acuerdo con un astrónomo, "no tenía sentido que estuvieran allí".[1] Al día siguiente, la radiación había desaparecido, reapareció tres días después, lo que parece proceder de un objeto que estaba, al parecer, separado de Mercurio.[1] Algunos astrónomos especulan que habían detectado una estrella, pero otros argumentaron que el objeto debía ser una luna, citando las dos direcciones diferentes de la radiación emanada y la creencia de que esa alta energía de radiación no podía penetrar muy lejos a través de la medio interestelar.[1] De acuerdo a sus argumentos, la velocidad del objeto se calculó en 4 kilómetros por segundo (2,4 millas por segundo), lo que coincidía con la velocidad esperada de una supuesta luna.[1]

Una estrella en realidad[editar]

31 Crateris podría haber sido un eclipse estelar.

Sin embargo, enseguida, la "luna" se detectó alejándose de Mercurio, y fue, finalmente, identificada como una estrella, de la constelación del Cráter, 31 Crateris. El origen de la radiación detectada el 27 de marzo es todavía desconocida.[1] 31 Crateris viene a ser una binaria espectroscópica con un período de 2,9 días, y eso pudo ser la fuente de la radiación ultravioleta.[2]

La Luna de Mercurio, aunque no existe, supuso un importante descubrimiento en el astronomía: se comprobó que la radiación ultravioleta no estaba tan completamente difuminada por el medio interestelar como se pensaba anteriormente.

Postulaciones modernas[editar]

La NASA propuso el nombre de Caduceo, el personal que lleva el dios romano Mercurio, en caso de que un satélite fuese descubierto por la MESSENGER en órbita Mercurial.[3] La observación de la luna de Mercurio desde la Tierra sería difícil debido a que Mercurio está demasiado cerca del Sol, desde la Tierra no se puede ver hasta que atardece, y la densa capa de atmósfera dificulta su observación de forma nítida, y es muy arriesgada dirigir los telescopios espaciales, como el Hubble, hacia el Sol ya que la intensidad podría estropear el objetivo de la cámara.[4] Por ejemplo, Mercurio no fue observado en el espectro infrarrojo hasta 1995.[4]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d e Mercury's Moon
  2. Stratford, R.L. (1980). «31 Crateris reexamined». The Observatory 100:  p. 168. Bibcode1980Obs...100..168S.  (HD 104337 near 11 58 17.515 -19 22 50.18)
  3. NASA - Featured Image (Note inset seems to show 243 Ida)
  4. a b Malcolm W. Browne - An Airborne Telescope Risks a Look At Mercury (1995) - The New York Times