Lucio Gutiérrez

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Lucio Gutiérrez
Lucio Gutiérrez

15 de enero de 2003-20 de abril de 2005
Vicepresidente   Alfredo Palacio (2003-2005)
Predecesor Gustavo Noboa
Sucesor Alfredo Palacio

Datos personales
Nacimiento 23 de marzo de 1957 (57 años)
Quito, Bandera de Ecuador Ecuador
Partido Sociedad Patriótica 21 de Enero.JPGPartido Sociedad Patriótica
Cónyuge Ximena Bohórquez
Profesión ingeniero civil, político, ex militar
Alma máter Escuela Politécnica del Ejército
Religión Católico

Lucio Edwin Gutiérrez Borbúa es un ingeniero civil y exmilitar ecuatoriano, nacido en la ciudad de Quito, (Ecuador), el 23 de marzo de 1957.[1] Fue Presidente de Ecuador del 15 de enero de 2003 al 20 de abril de 2005. Actualmente es líder de la agrupación política Sociedad Patriótica.

Biografía[editar]

Militar nacido en la ciudad de Quito el 23 de marzo de 1957, hijo del Sr. Lucio Gutiérrez Rueda -comerciante asentado en la entonces pequeña población de Tena, en la provincia de Napo, donde en una lancha de su propiedad se dedicaba al transporte de comestibles entre los poblados situados a lo largo del río Napo- y de la Sra. Mery Borbúa Bohórquez.

Pocos días después de su nacimiento fue llevado por sus padres a Tena, donde estudió la primaria en la Escuela Santo Domingo Savio, que regentaban los padres Josefinos y la secundaria en el Colegio San José.[1] [2] A los 15 años ingresó en el Colegio Militar Eloy Alfaro de Quito. Llegó al grado de Coronel de Estado Mayor en el Ejército ecuatoriano. Estudió en la Escuela Politécnica del Ejército (Espe) en Quito, en la que obtuvo el título de ingeniero civil, y es también licenciado en educación física y en administración y ciencia militares, además que tiene varios diplomados y en la actualidad se encuentra cursando una maestría en paz, seguridad y defensa.

“...La vida militar realmente le gustaba. En una ocasión que sus padres lo visitaron, paseaban los tres por el Centro Histórico de Quito, cuando una caravana de carros bulliciosos les llamó la atención. Era el general “Bombita” Guillermo Rodríguez Lara que se dirigía a Carondelet. Entonces Lucio hizo un comentario: ¿Se habrá imaginado el general Rodríguez cuando ingresó a la escuela de cadetes que algún día terminaría como dictador? ¿Y si él lo hizo, por qué no puedo hacerlo yo?” (Marlon Puertas.- Vistazo No. 847 de Nov. 28 de 02, p. 25).

Terminados sus estudios en el Colegio Militar, de acuerdo a lo establecido por los reglamentos castrenses fue enviado a diferentes destinos, hasta que en 1996 fue designado edecán del Presidente Abdalá Bucaram. No estaba de acuerdo con la política impuesta por el gobernante y mucho menos con su forma de actuar en representación del país, fue por eso que el 5 de febrero de 1997, cuando el pueblo quiteño se levantó para derrocar al gobernante, decidió desconocer las órdenes de Bucaram de defender el Palacio de Carondelet.

“Reuní a los oficiales de la escolta presidencial y decidimos no disparar porque el pueblo quiteño, en representación de los ecuatorianos, exigía la salida de Bucaram” (El Universo, Junio del 2000).

A pesar de ello, a los pocos días también fue designado edecán del presidente constitucional interino Fabián Alarcón. Así, gracias a su cercanía con esos dos gobernantes, pudo conocer de cerca los placeres del poder, las frustraciones políticas y las intrigas palaciegas.

Lucía ya el grado de Coronel cuando en marzo de 1999 la situación económica del país hizo crisis obligando a que el presidente Jamil Mahuad decretara la congelación de los depósitos bancarios y la elevación del precio de la gasolina en casi un 150%, Gutiérrez creyó que había llegado su momento, y al mando de un grupo de oficiales menores, algunos miembros de tropa y ocultos intereses políticos, propició un levantamiento indígena que se tomó Quito, y el 21 de enero del 2000 se convirtió en el brazo ejecutor de los acontecimientos pusieron fin a dicho gobierno.[3]

Rebelión del 21 de enero[editar]

Gutierrez, Vargas y Solórzano en Marcha Indígena contra Mahuad
Junta de Salvación Nacionall

El 21 de enero del 2000, Lucio Gutiérrez participó en una rebelión indígena y de militares de bajo rango que derrocó al presidente constitucional Jamil Mahuad, junto a Antonio Vargas, el entonces presidente de la Conaie dirigente indígena posiblemente bien intencionado pero con muy poca preparación y el Dr. Carlos Solórzano Constantine, expresidente de la Corte Suprema de Justicia, formaron un triunvirato que no fue aceptado internacionalmente ni tuvo apoyo local. Al momento de posesionarse ese triunvirato, el general Carlos Mendoza comandante general del Ejército, tomó el lugar de Gutiérrez, quien al momento tenía rango de coronel. El orden constitucional fue reestablecido por las Fuerzas Armadas y el vicepresidente Gustavo Noboa Bejarano fue juramentado como presidente de la República del Ecuador.

Fue entonces arrestado por golpista y confinado en el Fuerte Militar Atahualpa, donde permaneció durante 120 días hasta que el Congreso -de manera absurda e irónica- le otorgó la amnistía, perdonando a quien había atentado contra la Constitución y el Régimen de Derecho. Una vez libre empezó a trabajar en la conformación de un movimiento político al que bautizó precisamente con el nombre de 21 de Enero y dos años más tarde presentó su candidatura presidencial que lo llevaría a triunfar en las dos vueltas electorales realizadas el 20 de octubre y el 24 de noviembre del 2002, venciendo a candidatos que -como el Dr. Rodrigo Borja Cevallos, el Dr. Osvaldo Hurtado Larrea y el Ab. León Roldós Aguilera- habían desempeñado con anterioridad la Presidencia y la Vicepresidencia de la República. Este resultado reflejó que el pueblo ecuatoriano estaba cansado de los políticos tradicionales y que buscaba, desesperadamente, un cambio.[4]

Presidente de Ecuador[editar]

Fotografía Oficial del Presidente Lucio Gutiérrez

Gustavo Noboa convocó a elecciones presidenciales para el 2002, para lo cual se habían presentado varias figuras políticas como candidatos. Entre los aspirantes se encontraba Álvaro Noboa y Gutiérrez, quien había formado parte de la "Junta de Salvación Nacional" pero ahora como candidato presidencial por el Partido Sociedad Patriótica-21 de enero, en alianza con el movimiento Pachakutik y el MPD, siendo elegido Presidente de la República en la segunda vuelta electoral, que se desarrolló el 24 de noviembre de 2002.

En su discurso de posesión y tratando de explicar cual sería su lineamiento político-ideológico, dijo: “O cambiamos al Ecuador o morimos en el intento... No gobernaré ni para las derechas ni para las izquierdas sino para todos los ecuatorianos... Si compartir y ser solidario con los pobres, si combatir la corrupción, la injusticia social y la impunidad es ser de izquierda, pues soy de izquierda; pero si generar riqueza e impulsar la producción es ser de derecha, pues soy de derecha”.

Apenas electo, anunció un gobierno pluralista y de concertación nacional, con inclusión de representantes de los movimientos sociales. Dijo que enviaría al Congreso, proyectos de ley para despolitizar los tribunales de justicia, crear la cuarta función del Estado para control y rendición de cuentas, además de modernizar el aparato burocrático. Gutiérrez estructuró un gabinete diverso pero contradictorio: el frente económico y el frente político se encontraban en manos de los sectores tradicionales de la derecha. Por otro lado, entregó 4 ministerios a Pachakutik, entre los que destacaban los de Relaciones Exteriores y Agricultura, cuyos ministros eran personalidades de la intelectualidad indígena. Este gabinete tan diverso, no tuvo una mano conductora que le diera coherencia, cada ministro trabajaba casi en aislamiento, las reuniones de Gabinete eran escasas, poco productivas, sin embargo, jamás se plantearon rectificaciones.

Comenzó su mandato estableciendo alianzas políticas con los partidos ecuatorianos de izquierda, el movimiento Pachakutik y el Movimiento Popular Democrático MPD. Pero a los pocos meses de gobierno, sus aliados de izquierda observaron un cambio inesperado: el Presidente visita los Estados Unidos y declara públicamente ser su mejor amigo. Además altera las funciones y poderes del Estado para evitar todo viso de oposición y hace un pacto con la derecha ecuatoriana representada por el Partido Social Cristiano (PSC), ante la falta de apoyo en el Congreso Nacional. Luego de firmar una de las Cartas de Intención con el Fondo Monetario Internacional, a manos de su ministro de Economía, Mauricio Pozo, dicha carta pasó a convertirse en el programa de gobierno, ante lo cual el país fue de la esperanza a la decepción. A pesar de que las Leyes Trole I y Trole II habían afectado notablemente los intereses de los trabajadores, el presidente pretendía plantear la Ley Trole III. Esa ley incluiría reformas a los sectores petrolero, eléctrico y a la seguridad social, para facilitar la participación de capital privado y ampliar las posibilidades de colocar bonos en el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).

Ya para entonces, olvidando sus ofrecimientos de campaña, había ordenado un aumento en el precio de los combustibles, provocando el alza inmediata del costo de la canasta familiar y el rechazo de la ciudadanía a la política económica impuesta. El desencanto era total, los estudiantes de varios colegios de Quito salieron en manifestación a las calles para reclamar al gobierno por medidas económicas a las que consideraban antipopulares y, a pesar de que este había afirmado que no se reprimiera a nadie, aparecieron las primeras bombas lacrimógenas y en seis colegios se suspendieron las clases.

Ante esta situación y buscando asegurarse el respaldo de las fuerzas armadas, el presidente levantó a su alrededor un cerco de allegados militares, nombrándolos Ministros de Estado, subsecretarios y presidentes de empresas estatales como Petroecuador, Pacifictel, Andinatel, Aduanas, etc.

En el campo político, seis militares retirados fueron también nombrados para el cargo de Gobernador, en diferentes provincias. Pero no solo fueron militares: también sus familiares cercanos, lejanos y relacionados pasaron de inmediato a convertirse en empleados públicos, al tiempo que -a las puertas del Palacio de Carondelet- cientos de personas acudían diariamente para solicitar “un puestito”.

Las críticas no se hicieron esperar: “No se puede gobernar con amigos irresponsables y con la parentela (...) Cuando se asume un cargo se tiene que estar libre de toda sospecha, y hay que estar consciente de las propias limitaciones” (Alexandra Cantos, Vicepresidente de la Comisión de Control Cívico Contra la Corrupción.- El Universo, abril 6 de 2003).

Pero no fue solo eso, la propia esposa del gobernante, Sra. Ximena Bohórquez de Gutiérrez, fustigó también las designaciones de los funcionarios cuando expresó: “Creo que no hay mejor cosa que entrar en un sano proceso de depuración; estamos siendo parte de un gobierno y el país merece respeto...” (El Universo, abril 7 de 2003). Pronto las discrepancias políticas con quienes lo habían ayudado a acceder al poder también se hicieron latentes y los movimientos indígenas, empezaron a presionar al mandatario hasta que el acuerdo se rompió. Miguel Lluco, líder del Movimiento Indígena Pachakutik, no tardó en declarar que se había “…cometido una serie de equivocaciones, y como no queremos ser cómplices y encubridores de esos errores, nos vamos del gobierno”; por su parte, Leonidas Iza, Presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), declaró también: “Queda terminado el apoyo al gobierno de Gutiérrez”.

Atemorizado y en un inútil intento de mantener el control del Estado, en un momento de absurdo desatino el mandatario declaró: “Todo aquel que pretenda mancillar la Constitución tendrá que salir despavorido frente a la contundencia de las armas…” (?), demostrando con sus declaraciones presidir un “gobierno autoritario con ciertos rasgos fascistas (…) que necesita hacer uso de la violencia para reprimir cualquier tipo de manifestación contraria al gobierno” (Pablo Iturralde, miembro del comité ejecutivo de la Coordinadora de Movimientos Sociales.- El Universo, Ag.10/03).

A principios de octubre Gutiérrez debió soportar un nuevo escándalo que sacudió las estructuras de las Fuerzas Armadas Ecuatorianas: El descubrimiento que -desde hacía varios años- de los cuarteles militares había desaparecido gran cantidad de armamento, y que este podría haber sido “negociado” con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).

Ante la presión pública, varios sospechosos fueron detenidos para ser sometidos a la “Justicia Militar”, pero las autoridades respectivas se negaron a dar sus nombres. Esta situación se vio agravada cuando un prestigioso hacendado colombiano sufrió un atentado criminal por parte de guerrilleros de ese país, que utilizaron para el efecto un lanzacohetes que había pertenecido al ejército ecuatoriano. A los pocos días el Presidente de Colombia, Alvaro Uribe, en declaraciones formuladas por televisión ante la prensa estremeció la opinión internacional declarando que “De manera corrupta algunos miembros del Ejército Ecuatoriano, contra su gobierno, contra su país, contra la democracia, contra el gran pueblo ecuatoriano, contra su constitución, le han vendido eso a los terroristas colombianos” (El Comercio, Oct. 17/2003).

Gutiérrez consideró que se había ofendido a las Fuerzas Armadas, y demostrando muy poco o ningún criterio diplomático “llamó” al Embajador del Ecuador en Bogotá, declarando además que este no regresaría hasta que el presidente colombiano se retracte de sus declaraciones; por su parte, el gobierno colombiano también “llamó” a su embajador, por lo que las relaciones diplomáticas entre los dos países quedaron simplemente a nivel de Encargados de Negocios. Pocos días después, el Palacio de Nariño (Sede del Gobierno de Colombia) envió un comunicado expresando que “...el Gobierno de Colombia no ha pretendido maltratar a las FF.AA. del Ecuador y si así se entendieron las palabras del señor presidente, corrige su declaración que generó este mal entendido”. Ni se trató de una disculpa ni el presidente Uribe se retractó de lo dicho; el comunicado simplemente señaló que ni el presidente, ni los ministros, ni el alto mando militar ecuatoriano había entendido las palabras del presidente colombiano. Aún así, todos quienes se sintieron afectados expresaron su satisfacción: “El presidente Uribe, indicó Gutiérrez, pidió disculpas a las Fuerzas Armadas, al Gobierno y al pueblo ecuatoriano” (El Universo, Nov. 10/03).

Las denuncias de “irregularidades comprobadas” no cesaban: En los primeros días de octubre, el Ministro de Desarrollo Humano, Patricio Ortiz -a solicitud del Mandatario que había prometido combatir la corrupción- debió renunciar a su cargo envuelto en acusaciones que lo involucraban en un oscuro asunto relacionado con un sobreprecio o negociado, perpetrado en la adquisición de ciertos insumos destinados a socorrer a pobladores indígenas afectados por las erupciones del volcán Tungurahua. La corrupción brotaba por todas partes y el gobernante -atorado en un callejón sin salida- debía enfrentar no solo a la oposición sino, además, a los miembros de su propio gobierno y partidos simpatizantes. Tal era la presión que sufría, que en menos de nueve meses había cambiado a once de sus 18 ministros.

Poco tiempo después, un nuevo escándalo puso a temblar al gobierno cuando se denunció que su campaña presidencial había sido financiada con dinero del narcotráfico. La prensa y los partidos políticos desataron contra el Presidente una serie de acusaciones que -lamentablemente y debido a la incapacidad intelectual de sus asesores- no fueron aclaradas de manera precisa. Esta situación fue aprovechada por los diputados de la Izquierda Democrática para plantear su destitución.

Al iniciarse el 2004 la situación social y política no había cambiado, y los indígenas, frustrados por haber sido “alejados” del poder, clamaban y proponía por todos los medios propiciar un nuevo levantamiento para “repetir el 21 de enero del 2000”; pero afortunadamente para el gobierno, si bien la situación económica de los ecuatorianos no había mejorado, al menos -gracias a la dolarización dispuesta por el presidente Mahuad, al que él había derrocado- tampoco se había deteriorado, y esto mantenía al pueblo relativamente tranquilo.

El presidente Gutiérrez sabía que su situación política era muy débil y que en cualquier momento podía desestabilizarse. Sabía que los acuerdos logrados con los partidos políticos no tenían sustento ideológico y que quienes lo respaldaban hoy serían sus opositores mañana. Por eso acudió a una nueva estrategia: para asegurar el respaldo del PRIAN, liderado por Alvaro Noboa, intentó una especie de chantaje contra el industrial guayaquileño, que quedó demostrado el martes 20 de enero del 2004, cuando Carlos Pólit, Secretario del Presidente, anunció que se “…iniciaría una investigación en contra de Noboa por supuestas denuncias en contra de él relacionadas con el precio de la harina, uno de los negocios de Alvaro Noboa”. Para respaldar dicha afirmación, al día siguiente, en Guayaquil, el Presidente advirtió que “encarcelaría al monopolista de la harina”. Finalmente, estas amenazas o presiones se confirmaron el viernes 23, cuando diario El Comercio de Quito denunció que el Presidente “…ha anunciado una investigación sobre el negocio de la harina”.

La situación petrolera del país sufrió también un grave revés a mediados del 2004 cuando el Estado ecuatoriano decidió la nulidad o rescisión del contrato con la multinacional petrolera norteamericana OXY. Tres años más tarde “el gobierno ecuatoriano decidió dar por perdido el pleito y alistarse a pagar el rubro sentenciado en julio del 2004 más los intereses… Las proyecciones iniciales dan cuenta de más de $ 153 millones…” (El Universo, Jul. 26/07). Pero eso no era todo, al estado de cosas que vivía el país había que sumar otra que se había convertido también en insostenible: la corrupción que se había apoderado de las empresas del Estado, puestas bajo administración militar en el convencimiento de que estos eran correctos, honorables e incorruptibles. Lo cierto es que para entonces ya éstos habían fracasado e inclusive había dos de sus miembros activos que se encontraban prófugos de la justicia, al extremo que el propio Presidente debió disponer el retiro de todos los militares activos que desempañaban cargos públicos en las oficinas civiles del Estado

En ese ambiente de incertidumbre y amenazado por varios partidos políticos que le exigían su renuncia, en un momento de “lucidez” visitó los cuarteles militares y policiales para ofrecer a sus miembros un considerable aumento económico, sin considerar que la deuda social era impagable y que el presupuesto para la salud y la educación no podía cubrir ni siquiera sus necesidades más elementales. Buscando también el respaldo de sus simpatizantes, empresas como Pacifictel despidieron intempestivamente a más de un centenar de trabajadores, que posteriormente serían sustituidos por miembros del partido político del Gobierno.

“Debilitado por sus mentiras, amenazado por quien lo sostiene, buscando respaldos inadecuados, el coronel Gutiérrez sobrevive en jaque. Varios sectores piden su renuncia. Ese sentir se resume en lo que dijo el ex Subsecretario de Defensa, General de División (r), José Villamil: “…esperar tres años más de demagogia, para que abuse de los bienes del Estado, para proselitismo político y que siga el descrédito de las FF.AA., lo único que permitiría es que la oligarquía otra vez se adueñe del país y él pase a ser una marioneta, es una desvergüenza. Por eso pienso que debe renunciar, antes de que lo destituyan” (Raúl Vallejo.- Jaque al Coronel, El Comercio, mayo 1/05).

Llegó un momento en que periodistas de televisión como Carlos Vera calificaban a cada actuación del gobierno como una nueva “estupidez”, mientras el ex presidente Febres-Cordero, en una intervención política decía que había que “aguantar a este cojudo” hasta que termine su gobierno. A principios de noviembre del 2004 y convertido en líder de la oposición, Febres-Cordero intentó iniciar un Juicio Político para destituirlo del cargo. Tuvo entonces Gutiérrez un “brillante momento de lucidez” y nombró como nuevo Ministro de Gobierno al destacado jurista guayaquileño Dr. Jaime Damerval Martínez, uno de los más furibundos detractores de Febres-Cordero. Pocos días más tarde, una hábil maniobra política -en la que se advirtió la presencia del “hombre del maletín”- logró que varios diputados comprometidos con el juicio político cambiaran su decisión. Las nuevas propuestas políticas implementadas por Damerval no tardaron en producir fuerte conmoción dentro de los partidos de oposición, y antes de cumplir el primer mes en el Ministerio ya había logrado consolidar una mayoría gobiernista que en sesión del 25 de noviembre -de manera ilegal- removió de sus funciones a todos los miembros del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo Electoral.

Esta mayoría se logró básicamente gracias al apoyo incondicional del PRIAN y del PRE. Durante la primera semana de diciembre el gobierno con la mayoría parlamentaria gobiernista -contraviniendo explícitas disposiciones constitucionales- en sesión del día 8 arrasó con la Función Judicial destituyendo a los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, para imponer, en su lugar, a nuevos jueces identificados con los partidos políticos miembros de esa mayoría parlamentaria, incluyendo a dos recomendados directamente desde Panamá por el exiliado ex presidente Abdalá Bucaram.

El nuevo titular de la Corte Suprema de Justicia, Dr. Ramón Rodríguez Novoa, demostrando que existía una clarísima intromisión del Presidente en la Función Judicial declaró: “El señor Presidente de la República (fue) quien me llamó telefónicamente (…) Acudí donde él (...) y me dijo: Le propongo a usted la presidencia de la Corte Suprema de Justicia…” (El Universo, Dic. 14 del 2004).

Un mes más tarde Rodríguez renunciaría al cargo que sería asumido inmediatamente por el subrogante Dr. Guillermo Castro Dager, quien tendría actuar en los dos juicios penales entablados en contra de su coideario y amigo, el ex presidente Abdala Bucaram, acusado en ambos casos de abuso de fondos públicos durante su gobierno. Como consecuencia, la nueva corte anuló los juicios en contra de los ex presidentes Abdalá Bucaram, Gustavo Noboa y el ex vicepresidente Alberto Dahik, quienes incluso regresaron del exilio, lo que provocó fuertes protestas y movilizaciones por parte de la población. El proceso de sustitución colocó a Guillermo Castro Dager como presidente de la Corte, abogado de amistad comprobada con el ex mandatario Bucaram, cristalizando el denominado "Pacto de las Guayaberas" alcanzado en una visita de Gutierrez al hotel de residencia del primero de estos en Panamá. Ante ésta situación de incertidumbre social, política y jurídica, los municipios de las principales ciudades, junto con los representantes de las Cámaras de la Producción, anunciaron que convocarían a manifestaciones públicas para rechazar las pretensiones dictatoriales del Presidente Gutiérrez.

El sub Secretario de Bienestar Social -Bolívar González- anunció por televisión que si salían a las calles mil “pelucones” él sacaría 10.000 indígenas para contrarrestarlas; y si salían 2.000 “pelucones” el sacaría 20.000 indígenas… Estas incitaciones a la violencia y al enfrentamiento las repetiría posteriormente varias veces. A pesar de todo, al finalizar el 2004 el Presidente había logrado consolidarse en el Poder, sostenido por dos líderes cuestionados que habían exigido un altísimo precio por su respaldo, situación que fue confirmada por el diputado Mario Touma, quien en declaraciones hechas en la televisión -el 5 de enero del 2005- dijo que su partido, el PRE, respaldaría al presidente Gutiérrez siempre y cuando este cumpla con su ofrecimiento de permitir el retorno del ex presidente Bucaram, expatriado voluntariamente en Panamá -desde su derrocamiento en 1997- para evadir la acción de la justicia ecuatoriana. Ese mismo día el diputado Omar Quintana Baquerizo, también del PRE, fue elegido Presidente del Congreso Nacional.

Así, de la noche a la mañana, Gutiérrez tuvo en sus manos todos los poderes del Estado; pero no podía controlar la opinión pública que continuaba sosteniendo que quien gobernaba era Bucaram, desde Panamá.

Por esos días, una nueva mancha cubriría de vergüenza a la imagen del país, cuando -sin que cumpliera los mínimos e indispensables requisitos- se procedió a nombrar al cuñado del Presidente, coronel de policía Napoleón Villa, para el cargo de Magistrado del Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina. La reacción internacional fue de estupor: “El caso Villa rebasó el vaso. Tuvo que renunciar pese a que el Canciller defendió su nombramiento. Los cuestionamientos fueron a su ilegalidad e ilegitimidad. El tribunal Andino exige los mismos requisitos para ser Magistrado de la Corte Suprema, como establece la Constitución, ser doctor en Jurisprudencia y haber ejercido con probidad notoria la profesión o la cátedra mínimo 15 años” (Miguel Rivadeneira Vallejo: Entre el Honor y la Vergüenza.- El Comercio, En.31/2005).

Gutiérrez insultaba a los periodistas, amenazaba a sus opositores y permitía actos vandálicos, tal cual lo denunció a la prensa el Crnel. Patricio Acosta, ex Ministro de Bienestar Social, ex Secretario de la Administración, quien además señaló que Gutiérrez, cuando era candidato a la Presidencia de la República, se había reunido y mantenido conversaciones con un representante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

El 26 de enero del 2005, una multitudinaria marcha organizada por el Alcalde de Guayaquil, Ab. Jaime Nebot, expresó su rechazo al “dictócrata”. A principios de febrero y como un eco a lo que había sucedido en Guayaquil, el Alcalde de Quito, Gral. Paco Moncayo, convocó a también una marcha cívica política y popular con el propósito de exigir al gobernante rectificaciones. Cundió entonces el pánico en las altas esferas del gobierno, y para contrarrestarla, el gobierno inició una intensa campaña publicitaria incitando al enfrentamiento entre ecuatorianos, al tiempo que organizaba, para el mismo día 16 de febrero, la respectiva contramarcha. Alrededor de 1.000 buses, que transportaron “como sardinas en lata” a cerca de 60.000 “manifestantes”, caotizaron las vías de acceso y gran número de calles y avenidas de la ciudad de Quito.

“Lucio se graduó de antidemócrata. Quedará registrada la movilización de 1.000 buses interprovinciales con esclavos, la reedición del concertaje de indios, la manipulación burda de la expresión de ecuatorianos y ecuatorianas considerados por este gobierno como carne de cañón, como masa crítica, como acémilas al portador. El dictócrata (…) se apostó en el segundo piso, lejos de los indios abusados, y no sería raro que construyera un tercer piso en Carondelet para estar más cerca de los helicópteros de rescate y más lejos de las balas presumibles” (Juan Fernando Salazar: Dictocracia y Cirugía Plástica.- El Comercio, Feb. 20/2005)

Temeroso de que el pueblo repitiera la “trastada” de la que él había sido protagonista el 21 de enero del 2000, cuando propició el golpe de estado que derrocó al presidente Mahuad, Gutiérrez dispuso que la ciudad de Quito sea “sitiada” por las FF.AA. La calle Guayaquil -por donde debía pasar la marcha- y todas las cercanas al palacio de gobierno fueron cerradas con barricadas y alambres de púas, tras los que se parapetaron policías fuertemente armados dispuestos a proteger a quien días antes se había declarado “dictócrata”.

“A Lucio Gutiérrez se le quedaron palabras en la punta de la lengua. Cuando hablaba de la oligarquía, los llamó “sepulcros blanqueados, miserables, sinvergüenzas (…) por no decirles otros términos por respeto al pueblo”. Luego dijo que a los oligarcas “hay que darles lo que sabemos” (…) y que a ellos “les arde donde ya sabemos” (El Comercio, Feb. 17/2005).

Pocos días después Cuenca se sumaría a Guayaquil y Quito, y el 16 de marzo organizaría su propia marcha popular para expresar también su rechazo al Presidente y su gobierno.

Pero si por un lado la corrupción desconcertaba día a día a los ecuatorianos, por otro, la inseguridad ciudadana se hacía presente ente una serie de atentados contra la vida de políticos, periodistas, opositores, líderes sociales “indios y blancos”, rectores y ex rectores de universidades, y contra todo aquel que -de una u otra manera- expresara su rechazo al régimen que “desgobernaba” al Ecuador. Tal era el deseo de acallar a la oposición que, para poder controlar los medios de comunicación, el gobierno intentó implementar una ley por medio de la cual podría ejercer control absoluto sobre los medios de radiofónicos y de telecomunicación. Esta, llamada por el presidente Ley Orgánica de Telecomunicaciones, fue llamada por sus detractores “Ley Mordaza”.[5]

Rebelión de los Forajidos[editar]

Las incoherencias, los ofrecimientos incumplidos, las contradicciones y el retorno de Abdalá Bucaram -que confirmaba el compromiso adquirido por el gobernante con el político expatriado- colmaron la paciencia de los ciudadanos, especialmente de Quito que, a partir de entonces y convertidos en “forajidos” -que era como los había llamado el presidente-, empezaron a realizar una serie de manifestaciones espontáneas, sin la conducción de ningún líder político. La primera se dio antes y después de la misa que se ofició en la Catedral de Quito por la muerte de Juan Pablo II, cuando una gran multitud de ciudadanos sin filiación política, prorrumpió en manifestaciones de rechazo al mandatario, y la voz de “Lucio fuera” hizo que actuara la fuerza pública mientras este buscaba como escapar hacia el Palacio de Carondelet. Se empezó entonces a escuchar, por calles y plazas, una sola consigna: “Lucio fuera”.

Desesperado e impotente, pero contando con el respaldo de las Fuerzas Armadas, en la noche del 15 de abril -por medio de Decreto Ejecutivo No. 2752- Gutiérrez declaró el Estado de Emergencia Nacional, dispuso la cesación de todos los miembros de la Corte Suprema de Justicia, estableció como Zona de Seguridad a la ciudad de Quito, suspendió varios de los Derechos Civiles de los ecuatorianos, entre ellos la libertad de opinión y de expresión del pensamiento en todas sus formas, la inviolabilidad del domicilio, el derecho a transitar libremente por el territorio ecuatoriano y la libertad de reunión y asociación con fines pacíficos.

El 17 de abril, luego de anular la resolución del 8 de diciembre del 2004 por medio del cual se había designado a los Miembros de la Corte de Justicia, los diputados presentes -obedeciendo al mandato del pueblo que se encontraba en las calles- repitieron Lucio fuera. Durante los días siguientes, las protestas, marchas y caravanas se repitieron en todo el país, y a pesar de los esfuerzos represivos del gobierno se continuaba escuchando la misma consigna: Lucio fuera. La caída del presidente era inminente, no podía demorar; fue por eso que en las primeras horas del día 20, Renán Borbúa, Bolívar González, Napoleón Villa y Carlos Arboleda -considerados los hombres fuertes del gobierno- intentaron hacer llegar a Quito a gran número de simpatizantes para que se tomen la ciudad.. Afortunadamente sus protervas intenciones fueron descubiertas oportunamente, y la rápida acción del pueblo, cívicamente conducido por el Alcalde de Quito, Gral. Paco Moncayo; y el Prefecto de Pichincha, Sr. Ramiro González, y impidió que los asalariados entraran en la ciudad. A pesar de ello, algunos contratados llegaron hasta el Ministerio de Bienestar Social, desde donde dispararon contra la ciudadanía que exigía la salida del Presidente.

Gutiérrez debió huir por los techos a bordo de un helicóptero del Ejército. Un militar arrió la bandera del Palacio de Carondelet anunciando que ya no había gobierno. El 20 de abril de 2005, como consecuencia de la llamada "rebelión de los forajidos" de Quito, el Congreso Nacional, reunido en el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), decidió la destitución de Lucio Gutiérrez como presidente del Ecuador, basados en una cláusula de la Constitución que permitía al Congreso remover al presidente del país por “abandono del cargo”. En su lugar, el Vicepresidente Alfredo Palacio asume la presidencia, fue el octavo presidente del país en menos de diez años.

Gutiérrez fue directamente al aeropuerto, donde lo esperaba un pequeño avión -también del Ejército- con los motores encendidos para facilitar su huida; pero el pueblo invadió la pista de aterrizaje e impidió que el avión pudiera despegar, por lo que debió abordar nuevamente el helicóptero para escapar una vez más de la ira popular. Momentos más tarde y gracias al asilo otorgado por el gobierno del Brasil, pudo refugiarse en dicha Embajada donde esperó del respectivo salvoconducto para poder abandonar el país. Finalmente y habiendo recibido el tan ansiado salvoconducto, a las 4 de la mañana del domingo 24 -oculto el rostro por un pasamontañas y disfrazado de policía- Gutiérrez abandonó la Embajada del Brasil a bordo de un vehículo policial que lo condujo al aeropuerto. Allí se embarcó en un helicóptero del ejército que lo trasladó a la ciudad de Latacunga, donde abordó un avión de la Fuerza Aérea Brasileña en el que abandonó el país.

A mediados de mayo renunció al asilo que había obtenido del Brasil y se trasladó a los EE.UU. donde una vez más representó el triste papel de “perseguido político”; fue entonces que el 7 de junio “prometió volver al país para retomar el mando”. Estas declaraciones -que indudablemente presentaban la irresponsable posibilidad de desestabilizar la seguridad interna del país- propiciaron una denuncia por parte del Gobierno ante la Fiscalía General del Estado, que concluyó 15 días más tarde cuando la Corte Superior de Justicia de Quito expidió la correspondiente orden de prisión en su contra.

Posteriormente se trasladó a Colombia donde solicitó un nuevo asilo político, pero el 13 de octubre -nueve días después de que le fuera concedido- al presentar en Bogotá su libro titulado “El Golpe” renunció al asilo generosamente concedido y amenazó que “al día siguiente” regresaría al Ecuador para recuperar el poder. Y así fue… esta vez cumplió su palabra, y tal como la había dicho, en un avión fletado en 7.900 dólares aterrizó en la ciudad de Manta donde fue detenido por miembros de la Policía Nacional para -de inmediato- ser trasladado a Quito y conducido al penal García Moreno donde “fue recluido en un área de máxima seguridad donde purgan condenas narcotraficantes y ex banqueros” (El Universo, Oct. 15/2005). Posteriormente fue trasladado a la Cárcel 4 de Quito, donde permaneció recluido hasta el 3 de marzo del 2006, en que fue “absuelto” por el Presidente de la Corte Superior de Quito. Ese mismo día -al quedar en libertad- anunció que presentaría su candidatura presidencial para las elecciones que se celebrarían antes de finalizar dicho año.[6]

Ministros de Estado[editar]

Ministerio Ministro
Ministerio de Defensa Nelson Herrera
Ministerio de Bienestar Social Patricio Ortiz / Carlos Pólit / Patricio Acosta / Antonio Vargas
Ministerio de Salud Pública Francisco Andino / Ernesto Gutiérrez / Teófilo Lama
Ministerio de Obras Públicas Estuardo Peñaherrera / Carlos Pólit / Jorge Pinos / Saúl Velasco
Ministerio de Agricultura y Ganadería Luis Macas / Rodrigo Lasso / Sergio Seminario / Salomón Larrea
Ministerio de Educación Rosa María Torres / Ottón Morán / Roberto Passailaigue
Ministerio de Ambiente Édgar Isch / César Narváez / / Fabían Valdivieso / Juan Carlos Camacho
Ministerio de Turismo Doris Solíz / Hernán Plaza / Gladys Eljuri
Ministerio de Gobierno Mario Canessa / Felipe Mantilla / Raúl Baca Carbo /Jaime Damervál / Xavier Ledezma / Oscar Ayerve
Ministerio de Economía Mauricio Pozo / Mauricio Yépez
Ministerio de Energía y Minas Carlos Arboleda / Eduardo López
Ministerio de Relaciones Exteriores Nina Pacari / Patricio Zuquilanda
Ministerio de Industrias y Comercio Exterior Ivonne Baki
Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda Nelson Álvarez / Hermel Fiallos / Jorge Repetto / Carlos Polit / Bruno Poggi
Ministerio de Trabajo Felipe Mantilla / Martha Vallejo / Raúl Izurieta
Ministerio de Deporte Luis Tapia
Secretaría de Comunicación Antonio Tramontana / Marcelo Cevallos / Yolanda Torres / Iván Oña
Secretaría de la Administración Pública Patricio Acosta / Xavier Ledesma / Fausto Cobo
Secretaría General de la Presidencia Carlos Pólit

Vida postpresidencial[editar]

Está encargado de la reorganización de todas las estructuras de la política que lidera, el Partido Sociedad Patriótica. Proclamó su candidatura para las elecciones de octubre de 2006, realizando su campaña política en todo el país, pero no pudo presentarse a la contienda electoral debido a que el Congreso Nacional le suspendió los derechos políticos por dos años, mediante una ley con efecto retroactivo. Gutiérrez luego participó en las elecciones presidenciales de 2009, donde quedó en segundo lugar.

Lucio nuevamente fue candidato en las elecciones del 2013.

Condecoraciones y méritos[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b Lucio Gutiérrez busca otra oportunidad para llegar al poder La Hora, 7 de febrero de 2013. Consultado el 14 de marzo de 2013.
  2. , donde en poco tiempo se convirtió en uno de los estudiantes más destacados. Ya para entonces había empezado a manifestar su vocación militar, que lo llevaría -en 1972- a ingresar en el Colegio Militar Eloy Alfaro, donde con excelentes calificaciones se empezó a preparar para su vida profesional. En TenaLucio Gutiérrez Borbúa, Centro de Estudios y Documentación Internacionales de Barcelona. Consultado el 14 de marzo de 2013.
  3. Enciclopedia del Ecuador. Efrén Avilés
  4. Enciclopedia del Ecuador. Efrén Avilés
  5. Enciclopedia del Ecuador. Efrén Avilés
  6. Enciclopedia del Ecuador. Efrén Avilés

Enlaces externos[editar]


Predecesor:
Gustavo Noboa Bejarano
Coat of arms of Ecuador.svg

Presidente de Ecuador

Enero 2003 a Abril 2005
Sucesor:
Alfredo Palacio González