Los cazadores de mamuts

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Los cazadores de mamuts
de Jean M. Auel
Género Novela
Subgénero Novela histórica
Editorial
ISBN 0-553-38164-4
OCLC 12371377
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Los cazadores de mamuts es la tercera novela de la saga Los hijos de la tierra, de Jean M. Auel.

Argumento[editar]

El libro comienza cuando los personajes principales, una joven mujer llamada Ayla y un hombre llamado Jondalar, se encuentran con un grupo conocido como los Mamutoi o cazadores de mamuts, con quienes deciden vivir durante varias estaciones.

Los Mamutoi no sólo cazan mamuts para alimentarse, sino también para obtener pieles, marfil y materiales para construcción entre otras cosas. Además, lo que es más importante aún, lo honran y adoran espiritualmente.

Ayla y Jondalar se quedan a vivir en el Campamento del León de los Mamutoi, donde vive un buen número de respetados miembros de ese pueblo. El sabio más grande entre los Mamutoi es Mamut, el chamán más anciano y el líder de todos los Mamuts, quien se convierte en el mentor de Ayla, además de colega en los campos del esoterismo y el pensamiento. Al observar la afinidad de Ayla con los caballos y los lobos (Ayla decide criar a un lobezno al que llama Lobo), Mamut comienza a prepararla para que se convierta en una Mamut.

El libro se centra en la tensión creada por las relaciones entre los personajes para crear una historia, en la cual la incapacidad de Ayla para mentir causada por haber sido criada entre personas esencialmente honestas, lleva a Jondalar, alguien más complicado, obstinado, pasional y con muchos prejuicios contra el Clan, a cometer múltiples errores.

El conflicto fundamental es un triángulo amoroso entre Jondalar, Ayla y Ranec, un miembro único del Campamento del León, ya que su padre realizó un largo viaje hacia el Sur donde conoció a una mujer “tan negra como la noche”, con quien tuvo un hijo mulato.

Jondalar, movido por los celos, decide hacerse a un lado y Ayla piensa que él no la ama. Tanto es así que a punto estuvo de casarse con Ranec, hasta que, en el último momento, varias revelaciones vuelven a reunirla con su verdadero amor, Jondalar, que la recibe con los brazos abiertos.

Al final, Ayla y Jondalar deciden emprender juntos el viaje de regreso hacia la tierra de los Zelandonii, el pueblo de Jondalar.

Como en todos sus libros, la autora, Auel, realiza una exhaustiva y detallada investigación arqueológica. Por ejemplo, las tiendas hechas con huesos de mamut que describe, así como algunas vestimentas, están basadas en hallazgos reales realizados en Ucrania.

pero mientras en la vida real: A lo largo de la historia, los animales han sido esenciales para la supervivencia y el desarrollo del ser humano. En la prehistoria, la carne y las pieles animales sirvieron como alimento y vestido Además, con los huesos se elaboraron lanzas, figuras, agujas y se emplearon también en la construcción de viviendas. El mamut era un animal de gran tamaño al que se cazaba de distintas maneras. A veces se le perseguía hasta conducirlo a algún pantano para que quedara atrapado en el lodo; una vez ahí, los cazadores le arrojaban lanzas y flechas hasta hacerlo caer muerto. Parecidos a los elefantes, pero de mayor tamaño, los mamut migraron de África hace 3.5 millones de años y llegaron a Europa, Asia y América, donde se adaptaron a regiones naturales como la estepa, la sabana y el bosque. Tenían pelaje que llegaba a medir hasta 90 centímetros de largo, lo que les permitía soportar climas fríos. Sus enormes colmillos les servían para protegerse y para desenterrar de la nieve algunas hierbas. Se extinguieron hace 10 mil años, debido a los cambios climáticos que alteraron sus hábitats y a la caza de los seres humanos. Sabemos que el actual territorio mexicano fue habitado por el mamut, pues en 24 estados de la República se han encontrado rastros de su presencia. Este animal no se distribuyó de manera igual en toda la región. Durante la prehistoria, la cuenca de México presentaba condiciones similares a las de una sábana y tenía varios lagos conectados entre sí. El agua y la abundancia de alimento hicieron de este medio el ideal para el mamut; por ello, en el Distrito Federal y parte del Estado de México se ha encontrado un mayor número de restos. El mamut no fue el único animal cazado por los seres humanos prehistóricos. Sin embargo, la imagen de individuos armados sólo con instrumentos rudimentarios y enfrentándose a los enormes animales permite tener una idea de las dificultades que enfrentaron para sobrevivir.