Los Prisioneros

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Los Prisioneros
Los Prisioneros Museo abierto al Cielo en San Miguel.jpg
Grabado mural de Los Prisioneros hecho para el Museo a Cielo Abierto en San Miguel.
Datos generales
Origen Bandera de Chile San Miguel, Santiago, Chile
Información artística
Otros nombres Los Vinchukas
Los Apestosos
Gus Gusano y sus Necrofílicos Hemofílicos
Género(s) Rock
New Wave
Punk
Rockabilly
Período de actividad 1983 – 1992
2001 – 2006
Discográfica(s) Fusión
EMI Music
Capitol Records
Warner Music Group
Artistas relacionados Narea y Tapia
Jardín Secreto
Los Updates
Profetas y Frenéticos
Travesía
Emociones Clandestinas
Miembros
Jorge González
Claudio Narea
Miguel Tapia
Antiguos miembros
Gonzalo Yáñez
Sergio Coty Badilla
Álvaro Henríquez
Cecilia Aguayo
Robert Rodríguez
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Los Prisioneros fue una banda de rock chilena considerada como una de las agrupaciones más influyentes e importantes de su país.[1] [2] Además es referida frecuentemente por diversos medios a nivel mundial y por la sociedad en general como una de las agrupaciones de rock más importantes e influyentes de Hispanoamérica.[3] [4] Formada en la comuna de San Miguel, en la ciudad de Santiago de Chile en 1979, por Jorge González (voz y bajo), Claudio Narea (guitarra y coros) y Miguel Tapia (batería y coros).

Desarrollaron un simple sonido punk con matices de reggae, new wave, y más tarde con el synth pop, haciéndose conocidos en la década de los ochenta por canciones en que criticaban diversos aspectos de la contingencia en Chile y el resto de Iberoamérica, y que fueron utilizadas por la gente (especialmente jóvenes) como herramientas de protesta contra la dictadura militar de Augusto Pinochet. Por ello fueron vetados en los principales medios de su país hasta el retorno de la democracia. Claudio Narea abandonó la agrupación a principios de los noventa, y en su reemplazo se incorporó Cecilia Aguayo (teclados y coros) y Robert Rodríguez (bajo, guitarra y coros) hasta fines de 1991, fecha en que el grupo se disolvió.

En su primera fase (desde 1983 hasta 1991) Los Prisioneros publicaron cuatro álbumes, tres de ellos incluidos dentro de los 50 mejores discos chilenos según la revista Rolling Stone: La voz de los '80 (n.º 3), Corazones (n.º 9) y Pateando piedras (n.º 15).[5] [4] Con su formación original se volvieron a reunir en el año 2001, dieron dos exitosos conciertos en el Estadio Nacional, realizaron giras por Hispanoamérica, Norteamérica y España, y grabaron un nuevo álbum. Sin embargo, Narea volvió a dejar la banda, esta vez de forma definitiva, en el año 2003. Los Prisioneros continuaron con una nueva formación hasta su separación tres años más tarde.

Las canciones de Los Prisioneros son consideradas hasta el día de hoy verdaderos clásicos de la música popular chilena, en especial su tema insigne, «El baile de los que sobran». «Tren al sur» fue elegida por los lectores de la revista digital Satélite Natural como la séptima mejor canción del rock "latino" de todos los tiempos,[6] y su videoclip nominado como «Mejor video latino» de la cadena norteamericana de MTV.[7] Además, «We are sudamerican rockers» fue el primer vídeo emitido para la filial de MTV Latinoamérica en 1993.[3]

Historia[editar]

Formación y primeros años (1979-1985)[editar]

Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia se conocieron en marzo de 1979 en el Liceo 6 de San Miguel (actual Liceo Andrés Bello), Santiago de Chile. Tenían entre 13 y 14 años cuando entraron a primero medio, en donde fueron compañeros de sala. Jorge inició una amistad con Claudio, pues a ambos les gustaba el grupo Kiss.[8] Más tarde, en 1980, junto con los hermanos Álvaro y Rodrigo Beltrán (vecinos de Claudio), crearon Los Pseudopillos, un cuarteto vocal con el que grabaron más de un centenar de canciones humorísticas (escritas principalmente por Jorge y Claudio), empleando únicamente objetos caseros como percusión.[9] El nombre surgió en clase de biología, cuando su profesora mencionó la palabra «pseudópodo». En 2014 Claudio publicaría en internet algunas canciones inéditas de Los Pseudopillos, como parte de la campaña publicitaria de su libro Los Prisioneros: Biografía de una amistad.[10]

Paralelamente, Jorge se juntaba a componer con Miguel. Los dos tenían planificado un proyecto musical más en serio y querían ser famosos como The Beatles. Un día le mostraron a Claudio una grabación que ellos supuestamente hicieron con canciones precisamente del cuarteto de Liverpool en las primeras épocas; Miguel tocaba el bajo como Paul McCartney y Jorge la guitarra y las armonías vocales como John Lennon, y el resto de la banda eran un hermano y un amigo de Miguel (pero en realidad simplemente habían grabado sus voces encima de las de Los Fab Four en sus discos en full stereo). Aunque Narea sabía la verdad, le gustó el resultado, y viendo que Miguel se refería a los Beatles como «Los Escarabajos», los bautizó como Los Vinchukas (haciendo referencia a la vinchuca, un insecto del norte de Chile mencionado nuevamente en clase de biología).[11] Posteriormente, invitaron a Claudio a unirse a la banda[12] y poco después se unió Álvaro Beltrán, a quien le habían obsequiado una guitarra eléctrica con amplificador. Además, la banda consiguió su primera batería, obsequiada a Miguel por su hermana.[13]

El cuarteto hizo su debut en vivo el 14 de mayo de 1982 en su colegio, y tuvo un éxito discreto. Dos meses después se volvieron a presentar en el Liceo 1 de Niñas, también de la comuna de San Miguel,[14] pero a fines de ese año el grupo se disolvió por diferencias entre los integrantes; Jorge y Miguel querían comprar un pedal de bombo, pero Claudio y Álvaro no estaban de acuerdo; el hermano de éste último, Rodrigo, se metió en la discusión porque a su vez estaba peleado con González por una chica que les gustaba a ambos llamada Évelyn (a quien Jorge dedicaría una canción en el primer disco), por lo que tanto Los Vinchukas como Los Pseudopillos dejaron de existir a pocos días de egresar de cuarto medio.[15] Narea estuvo alrededor de tres meses sin hablar con sus amigos, mientras trabajaba en el lavado de autos en el estudio de Chilefilms —donde se grababan las telenovelas de Televisión Nacional de Chile y el popular Festival de la una— para reunir dinero para la universidad.

Un día Rodrigo fue a ver a Claudio a su trabajo y lo convenció para que regresara a la banda. Sin embargo, Álvaro no se reincorporó para que su hermano no interviniera más en la banda.[16] Conformado el ahora trío, estaban decididos a dedicarse a la música de lleno, por lo que optaron por usar un nuevo nombre para esta nueva etapa. Primero escogieron «Los Criminales», pero Miguel Tapia sugirió que se llamaran «Los Prisioneros» y a los demás les gustó.[17] Según Narea, pudo haber influido en la elección del nuevo nombre el hecho de que «The Prisoner», un tema de The Clash que aparecía en Black Market Clash, era uno de los favoritos de Miguel.[18] El 19 de diciembre de 1986, el mismo Miguel registraría el nombre con el giro de «grupo musical» en el Ministerio de Economía, quedando como marca de su propiedad.[19]

La primera vez que tocaron como Los Prisioneros fue el 1 de julio de 1983 en el Festival de la Canción del Colegio Miguel León Prado. Jorge señaló: «Salimos terceros de tres e incluso nos querían cobrar la entrada para poder ver el resto del espectáculo. En todo caso cuando llegamos a ensayar nos creíamos la muerte, porque éramos de verdad, con canciones desconocidas pero propias. El resto sólo hacia versiones de tipos famosos. Recuerdo que actuamos abriendo espectáculo».[20]

En 1983 Claudio empezó a estudiar ingeniería en la Universidad de Santiago de Chile. Por su parte, Jorge ingresó en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile para estudiar licenciatura en música. Allí conoció a Igor Rodríguez (futuro miembro de Aparato Raro), Robert Rodríguez (futuro miembro de Banda 69) y a Carlos Fonseca. Con este último hicieron amistad rápidamente y poco después le planteó a Jorge ser el mánager de su banda.[20] Narea y González no se sintieron a gusto con sus respectivas carreras y pronto las abandonaron, al igual que Fonseca. Éste tenía un programa en Radio Beethoven llamado Fusión contemporánea y tenía pensado hacer un especial para fin de año con artistas nacionales nuevos. Jorge llevó una canción grabada en una radio-casete de su casa y la presentación en vivo de la banda en su colegio. Asombrado por la calidad de las canciones que recibió, convenció a su padre, Mario Fonseca (dueño de la disquería Fusión), de que la banda tenía proyección a futuro, y éste decidió invertir dinero en el proyecto.[20] Posteriormente Jorge le presentó a Carlos a sus dos compañeros de banda. Fonseca recordó: «Creo que a ellos los conozco una vez que (Jorge) los pasó a buscar para ir al Anfiteatro de San Miguel, donde ya quería organizarles un concierto junto al programa de radio. [...] Ellos llegaron a Fusión, un fin de semana que grabamos los primeros 14 temas más o menos en la oficina.[21] Él le sugirió a Jorge y Miguel que había que cambiar a Claudio, ya que consideraba que no era un buen guitarrista. Sin embargo, ellos dos se negaron a sustituirlo, ya que ellos tres formaban Los Prisioneros.[22] [23] A finales de 1983 Fonseca presentó los temas «La voz de los '80» y «Brigada de negro» en su programa radial. También escribió un artículo favorable sobre la banda en la revista Mundo Diners Club, bajo el nombre de Alberto Velazco.[24]

La voz de los '80[editar]

Representación de Los Prisioneros en las posiciones que tomaron para la segunda portada de La voz de los '80. De izquierda a derecha: Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia.

El 13 de diciembre de 1984 lanzaron su primer casete La voz de los '80 bajo el sello Fusión, propiedad de la familia de Fonseca, producido por el propio González.[25] El disco se grabó inicialmente y en su mayor parte en el estudio de Francisco Straub, pero se terminó y mezcló en el Estudio A de Caco Lyon, donde igualmente se grabarían los dos discos siguientes.[26] «Ese fue un casete que grabamos sin tener ninguna experiencia, tanto nosotros como los técnicos», señaló Miguel Tapia: «Nadie entendía bien la idea de sonido que envolvía el pop y por eso pienso que muchas canciones que están ahí podrían haber rendido más; pero para ser un verdadero experimento, pensamos que estuvo bien, aunque ahora lo veamos todo desde otra perspectiva».[20]

Se editaron mil copias de esta primera edición de La voz de los '80, que únicamente se podían encontrar en la disquería Fusión donde Jorge trabajó un tiempo como vendedor, y es posible que haya atendido a varios de los que compraron una copia de su disco debut.[27] El álbum se agotó en apenas seis meses después de salir a la venta.[7] En esa época, las radios, la prensa y la televisión acogían principalmente a artistas argentinos,[7] por lo que el disco tuvo muy poca difusión en los medios, pasando apenas y escasamente por la radio Galaxia, Sábados Gigantes, Canal 11 y la sexta Teletón.[1] Fue en este último evento donde la banda sufrió su primer episodio de censura: mientras interpretaban el primer sencillo del álbum, «La voz de los '80», Televisión Nacional de Chile, en ese entonces controlado por la dictadura militar, sacó la señal del aire y emitió publicidad. Según Narea, los militares habían considerado que podían ser peligrosos para la estabilidad del régimen de Pinochet.[28]

En agosto de 1985 el grupo firmó por el sello EMI y en octubre de ese año el álbum se reeditó en todo Chile, vendiendo alrededor de 100 a 105 mil copias y ubicándose entre los álbumes más populares y vendidos de Chile.[29] [7] «Sexo» fue la canción que tuvo mejor acogida en las radios, según la revista Vea, que tenía las listas musicales del país en la época.[30] EMI se encargaría de editar el resto de los álbumes de la banda hasta 2001.

La consolidación (1986-1987)[editar]

Pateando piedras[editar]

El 15 de septiembre de 1986 lanzaron su segunda producción, titulada Pateando piedras. El grupo pasó del sonido simple de guitarra, bajo y batería de su disco predecesor al tecno. Este trabajo se destacó por un sonido mucho más sintético y elaborado, con la abundante utilización de teclados, sintetizadores, secuenciadores, samplers y baterías programadas.[31] Claudio en su autobiografía indicó: «Siete de los temas no tienen bajo, sino bajo teclado. Todas las baterías son programadas y tres de los temas no tienen guitarra.»[32] Narea no se sintió a gusto con la incorporación de estos instrumentos en la banda, por lo que se limitó a grabar las partes de las guitarras únicamente; después se escapaba del estudio para visitar a quien sería su futura esposa, Claudia Carvajal, mientras que Jorge y Miguel seguían en la grabación.[33] [34] De este trabajo salieron temas como «Muevan las industrias» (sobre la cesantía), «¿Por qué no se van?» (dedicado a los artistas snob) y «El baile de los que sobran» (sobre la desigualdad en la educación),[35] Esta última es considerada una de las canciones más emblemáticas de la música popular chilena de los años 1980,[36] y tuvo resonancia en gran parte de Hispanoamérica.[37]

El álbum vendió cinco mil copias en los primeros diez días de su distribución —un récord jamás alcanzado por un grupo musical juvenil de Chile—, y a dos meses y dos días de su lanzamiento, lograron un segundo disco de platino con veinte mil copias vendidas, algo que no se había logrado con ningún artista desde la llamada Nueva Ola.[38]

En noviembre de 1986 lanzaron el disco de forma oficial en dos presentaciones en el Estadio Chile, con la asistencia de más de 11 mil personas. El grupo rompió otro récord al llenar dos veces consecutivas el recinto.[38] En ese momento de éxito fueron invitados, junto con la banda chilena Valija Diplomática, para actuar al Festival Internacional de Montevideo Rock de Uruguay, donde compartieron escenario con Soda Stereo, Fito Páez, GIT y Sumo, entre otros. Publicaron sus discos en ese país, pero pasaron casi desapercibidos, por lo que no regresaron.[39]

En marzo de 1987 se presentaron en el Festival Chateau Rock de Córdoba y posteriormente en el Estadio Obras de Buenos Aires, Argentina. La banda apenas gustó a una parte del público, mientras que la prensa de ese país sólo les preguntaba por Pinochet.[40] Diferente fue el escenario en Perú, donde tres de sus canciones estuvieron dentro de los diez primeros lugares. «El baile de los que sobran» ocupó el primer lugar por más de seis semanas. Un éxito similar tuvieron en Ecuador.[41]

La cultura de la basura[editar]

Portada de La cultura de la basura. El diseño fue hecho por Jacqueline Fresard, primera esposa de Jorge González.[42]

En octubre de 1987 empezaron a grabar su tercer disco, La cultura de la basura. Este trabajo contó, por primera vez desde La voz de los '80, con los otros integrantes en la parte creativa. Jorge les prometió que iban a componer entre los tres, pero finalmente él lo hizo por su lado, mientras que Narea y Tapia se pusieron a trabajar codo a codo. De esta dupla salieron cuatro canciones: «Somos sólo ruido», «Algo tan moderno», «El vals» y «Lo estamos pasando muy bien»,[43] todas incluidas en el álbum. Mientras, Jorge compuso un total de diecisiete canciones, pero por diversas razones debió descartar varias, entre ellas «Lo estamos pasando muy mal», un siniestro spoken word que trataba sobre un agente de la CNI que narraba en primera persona la misión que tenía de asesinar a un dirigente opositor a la dictadura. Cuando Max Quiroz, ejecutivo de EMI, escuchó la canción, le dijo a Caco Lyon: «Viejo, si esto lo sacamos, nos vamos todos a la cárcel».[44] Además, Claudio incursionó por primera vez como cantante en «Lo estamos pasando muy bien» y «El vals». Mientras grababa esta última canción, Caco le insistía que tenía que afinar más la voz, pero el guitarrista no podía.[45] Lyon recuerda la grabación como un verdadero «parto».[46]

Durante las sesiones la banda tuvo sus primeras diferencias. Claudio y Miguel quisieron imponerse más en el estudio, mientras que Caco Lyon no soportó la apatía de Jorge,[7] por lo que decidió retirarse y dejar a cargo a su ayudante, Antonio Gildemeister, apenas un novato. Esto dio como resultado un sonido bastante «sucio».[47] El líder y el mánager de la banda también tuvieron problemas para la elección del primer sencillo. Jorge quería que fuera la oscura «Que no destrocen tu vida», mientras que Carlos —quien decidía qué canción era la más adecuada para la radio—, prefería el punk-ska de «Maldito sudaca».[48] Al final se escogió la primera.

El álbum salió el 3 de diciembre del mismo año. Vendió 10 mil copias en su venta anticipada,[38] pero no pudo superar el éxito de Pateando piedras al llegar a vender sólo 70 mil copias,[7] por lo que fue considerado por la prensa como el primer fracaso artístico y comercial de la banda, a pesar de haber sido certificado con doble disco de platino.[49] Para González, el disco no fue ningún fracaso ni artístico ni comercial, pero sí el punto bajo de la banda,[50] mientras que Carlos Fonseca culpó a Claudio y a Miguel, ya que, según él, Jorge se relajó cuando ellos se pusieron a componer.[51]

A Fonseca le encantaba «Lo estamos pasando muy bien», pero las otras tres composiciones de Narea y Tapia eran como «mostrar la hilacha», señaló.[52] Por lo tanto, esta canción fue la única de ellos que se incluyó para la edición latinoamericana del disco, editada al año siguiente. De las canciones de Jorge se eliminaron «Otro día» y «Poder elegir». Volvieron a grabar algunas canciones de nuevo con un sonido más limpio, destacándose «Lo estamos pasando muy bien», donde el tema es cantado por Jorge González y no por Narea.[45] Además, se agregó una nueva canción para abrir el disco en reemplazo de «Somos sólo ruido»: «We are sudamerican rockers». En total, la versión latinoamericana tenía sólo diez temas, cuatro menos que la edición original.[53] [54] Este álbum no se llegó a editar en Chile.[55]

Plebiscito, gira latinoamericana y primera ruptura (1988-1992)[editar]

Afiche promocional de la gira latinoamericana de 1988.

En 28 de marzo de 1988 Los Prisioneros convocaron una conferencia de prensa para anunciar la gira promocional de La cultura de la basura: cuarenta fechas de Arica a Punta Arenas, y que más tarde traería consigo Sudamérica y México. Cuando llegó el final de la conferencia, Cristián Rodríguez, ex dependiente de la disquería Fusión, invitado por Miguel Tapia, hizo la última pregunta enfocada en el plebiscito que definiría la continuidad en el poder del dictador Pinochet, convocado para octubre de ese año. González respondió de inmediato y sin pensarlo: «En el plebiscito votaremos que no».[48] Estas declaraciones repercutieron en que de los cuarenta conciertos programados solo pudieron hacer siete.[48] Después de realizado el plebiscito, volvieron a Argentina para participar en la conmemoración de los 40 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en un concierto global de Amnistía Internacional, organización que había pretendido presentarse en Chile, pero la dictadura de Pinochet lo impidió. El 14 de octubre de 1988, en el Estadio Mundialista de Mendoza, Los Prisioneros compartieron escenario con Sting, Peter Gabriel, Tracy Chapman, Bruce Springsteen, Youssou N'Dour, el grupo mendocino Markama y los chilenos Inti Illimani. Todos juntos interpretaron el tema «Get Up, Stand Up», de Bob Marley,[56] ante 10 mil chilenos y 18 mil argentinos. Jorge González recordó: «Los chilenos estaban felices de estar fuera del país. Se sentían liberados. Pero la experiencia fue rara porque no estuvimos demasiado cómodos. Siempre existió esa tensión entre argentinos y chilenos. No nos quedó un recuerdo agradable.»[57]

Mayor impacto consiguieron en su paso por Colombia, país donde ya tenían una amplia fanaticada, con tres giras consecutivas (septiembre-noviembre de 1988 y abril de 1989).[2] La canción «Pa pa pa» fue la más vendida en Bogotá. Mario Ruiz, entonces gerente de márketing de EMI para el mercado hispanoamericano, aseguró que Los Prisioneros lograron abrir el mercado colombiano para el rock en español.[38] Después planeaban continuar por Venezuela, pero se cancelaron todas sus presentaciones en ese país, y más tarde pasaron por México, donde eran un grupo prácticamente desconocido, y sus canciones «¿Quién mató a Marilyn?», «La voz de los '80» y «Muevan las industrias» se difundían sólo en emisoras no comerciales.[38] Cuando estaban haciendo sus primeras presentaciones en el país azteca, Claudio empezó a sentirse mal a causa de una hepatitis. Por órdenes del médico tuvo que regresar a Chile para tomar reposo y la banda debió cancelar el resto de su gira.[58]

Corazones y separación[editar]

Jorge González y Miguel Tapia firmando autógrafos para los fans en la promoción del disco Corazones en Calama en 1990.

En junio de 1989 Jorge y Carlos viajaron a Los Ángeles (Estados Unidos) para grabar el cuarto álbum de la banda bajo la producción del argentino Gustavo Santaolalla. Este sería el primero que no produciría Jorge, ya que los trabajos anteriores los produjo él casi en su totalidad.[59]

Ni Narea ni Tapia participaron en este disco, ya que el primero no estaba de acuerdo con la nueva línea del mismo, mientras que el segundo no pudo acompañar a González por problemas con la visa.[2] Los dos habían planeado repetir la experiencia de La cultura de la basura y compusieron tres canciones: «Danza porque sí», editada dos años más tarde como «(En este día aburrido) ¡Danza!» por Profetas y Frenéticos, la posterior banda de Narea; «Fotos y autógrafos»; y un tema que después se convertiría en «Historia ociosa» de Jardín Secreto, la banda formada por Tapia en 1993.[60] Pero esta vez todos esos temas quedaron fuera. Según Fonseca, esto fue porque ambos tenían problemas con sus visas y no pudieron participar en las grabaciones en Estados Unidos.[61] Sin embargo, en realidad fue porque estos temas no encajaban con el estilo que Jorge quería imprimirle al nuevo trabajo. «La ley decía que Jorge González era el compositor del grupo», comentó el guitarrista.[62] Otra canción que no se incluyó en el disco por esta misma razón fue «We are sudamerican rockers».[63]

Desde febrero de 1989 las relaciones entre González y Narea cada día se iban poniendo más tensas, luego de que el segundo descubriese que su esposa, Claudia Carvajal, mantenía una relación amorosa con el primero.[64] En diciembre de ese año, González le propuso a su amigo un trío con Carvajal para resolver sus diferencias, a lo que Narea se negó.[65] Esa misma noche, Jorge intentó suicidarse ingiriendo 16 valiums y cortándose las venas.[66] [67]

Unas semanas después, Jorge logró convencer a Claudio de permanecer en el grupo, asegurándole que el nuevo disco, a pesar de ser un trabajo solista, estaría firmado por Los Prisioneros por motivos contractuales, y que sería un disco «de muy bajo perfil» editado sólo para «permanecer vigentes» mientras preparaban un próximo álbum, en el que volverían a trabajar los tres como equipo. En enero de 1990 se produjo el único ensayo en el que participaría el guitarrista. Según Claudio, Jorge, en lugar de enseñarle a tocar los nuevos temas, le obligó a escuchar las grabaciones una y otra vez, conocedor de que Claudio sabía que estas canciones habían sido escritas pensando en su mujer.[68] Un mes más tarde, Claudio le comunicó a Miguel que dejaría la banda.[69]

Ese año se ratificó el triunfo de la oposición a la dictadura y el retorno de la democracia en Chile. Por esos días se venían gestando los rumores del nuevo disco de Los Prisioneros y la partida de Claudio Narea. En mayo de ese año se hizo pública la salida del guitarrista. Aunque al principio se especuló que fue por diferencias en la orientación musical de la banda, las razones de su partida las revelaría públicamente con detalles y sin pudor en su autobiografía Mi vida como prisionero, publicada dos décadas después de lo sucedido.

El ahora dúo lanzó el cuarto álbum, titulado Corazones.[7] En una entrevista con Katherine Salosny en el programa Extra jóvenes, Jorge dijo simplemente «qué mala onda que se haya ido el Claudio», mientras presentaba el primer single de la nueva placa del grupo, «Tren al sur».[1] El videoclip del tema —dirigido por Cristián Galaz, quien también dirigió los vídeos de «Sexo», «Maldito sudaca», «We are sudamerican rockers» y los posteriores del grupo hasta su separación—, estrenado en el mismo programa, tuvo una excelente rotación,[38] llegando a ser nominado como el «mejor vídeo latino» en MTV ese año.[7] En menos de un mes de su lanzamiento, la banda consiguió un contrato con Capitol Records para lanzar el disco en Estados Unidos.[38]

Corazones sorprendió a todos por su cambio radical, que hizo que se distinguiera claramente de sus predecesores en cuanto a producción, música y temática. La utilización de teclados y sintetizadores —que había seducido a González en Pateando piedras— impregnó por completo el disco con un sonido synth pop.[70] En sus letras, llenas de romanticismo y melancolía, Jorge destapó su lado introvertido y emocional, aunque la crítica social que hizo famosos a Los Prisioneros durante la década de los ochenta seguía presente en los temas «Corazones rojos», «Cuéntame una historia original» y «Noche en la ciudad (Fiesta!)». De acuerdo con las palabras de Javier Sanfeliu en la revista Rolling Stone Chile: «La búsqueda de González esta vez fue por los surcos de nuestra intimidad, esa donde residen por ejemplo lugares tan oscuros y pantanosos como el machismo y el clasismo[70] Fue el disco más vendido del año en Chile, con 180 mil copias, y obtuvo triple disco de platino. A su vez, Jorge González fue elegido como el compositor del año por la Sociedad Chilena del Derecho de Autor.[7]

Este fue el trabajo más alabado por la crítica en toda la historia de Los Prisioneros. Se llegó a asegurar que si hubiesen partido así desde un comienzo, habrían obtenido muchas ventas y diversos premios, aunque hubieran perdido su trascendencia final.[37] En 2005 los auditores de Radio Concierto eligieron a Corazones como el mejor disco chileno de la década de los noventa.[71] Incluso años más tarde, en Argentina, país donde Los Prisioneros nunca obtuvieron mucha popularidad, Jorge González recibiría regalías por concepto de derechos de autor mientras se encontraba promocionando su primer disco solista, ya que en lugares como Córdoba o Rosario, Corazones fue un éxito rotundo.[72]

Luego de la partida de Narea, se unió a la banda Cecilia Aguayo, ex integrante del grupo de performance Las Cleopatras, al que también pertenecieron la primera esposa de González, Jacqueline Fresard, y la actriz Patricia Rivadeneira. Jorge le comunicó que era la nueva integrante de Los Prisioneros y, aunque no sabía tocar ningún instrumento, abandonó la carrera de medicina para dedicarse a aprender teclado. Ensayaba todos los días en su casa. Cuando sus amigos la visitaban y le preguntaban por qué tocaba temas de Los Prisioneros —Jorge le había indicado que no comentara la noticia a nadie hasta que fuera presentada oficialmente como miembro del grupo—, ella respondía «porque me gustan».

Ocho meses tardó el álbum Corazones en convertirse en éxito. Luego de haber sido vetados por años durante la dictadura militar, en febrero de 1991 la nueva formación debutó en el Festival de Viña del Mar, presentándose por dos exitosas noches. Sin embargo, Fonseca dejó de representar al grupo el día siguiente de su presentación en el Festival.[7]

El 24 de octubre de ese año, Jorge y Miguel anunciaron la separación del grupo[37] y lanzaron un vídeo y disco titulado Grandes éxitos, que vendió más de 120 mil copias en Chile y 54 mil en el exterior.[7] Iniciaron la gira de despedida que terminó en el Estadio Chile, donde el público empezó a gritar «Narea, Narea, Narea».[73] Ante esto, Jorge González respondió mofándose de la nueva banda de su ex compañero, Profetas y Frenéticos, al referirse a ésta como «Proxenetas y Flemáticos», pero el público fue cada vez más insistente. Jorge no lo pudo soportar, tiró la guitarra al suelo y se retiró al camarín para poder llorar.[74] El último concierto de Los Prisioneros fue en Valparaíso, en 1992.[1]

Receso (1993-2000)[editar]

En 1996 los tres miembros originales de Los Prisioneros fueron contactados por el ex mánager de la banda y en ese entonces gerente de márketing de EMI Odeon, Carlos Fonseca. Éste, incentivado por proyectos como The Beatles Anthology, les propuso la idea de hacer un álbum recopilatorio que además de incluir los éxitos de la banda, incluyera canciones inéditas. Es así como se volvieron a reunir por primera vez después de varios años sin verse. Alrededor de 43 temas fueron seleccionados en un CD doble que llevó por nombre Ni por la razón, ni por la fuerza, haciendo referencia irónica en contradicción al lema patrio «Por la razón o la fuerza». En la portada aparecen los tres integrantes vestidos como los héroes de la independencia y rebautizados como «Bernardo González» (aludiendo a Bernardo O'Higgins), «José Miguel Narea» (por José Miguel Carrera) y «Manuel Tapia» (por Manuel Rodríguez). El compilado vendió cien mil discos dobles.[75] También incluyó temas de la época de Los Pseudopillos, Los Vinchukas, el «lado B» de la banda («Los Apestosos» y «Gus Gusano y sus Necrofílicos Hemofílicos», que fueron nombres que adoptaron Los Prisioneros entre 1987-1988 para hacer temas que no fueron pensados para ser publicados sino por diversión), y la «banda sonora» de Lucho, un hombre violento (una película de humor absurdo realizada en 1988 de forma amateur por Jorge y Claudio, con la colaboración sus amigos Sergio Gómez, Roque Villagra, Michel Grez y el hermano de Jorge, Marco González, y que nunca fue finalizada).[76] [77] A principios de 1997, los tres se reunieron a tocar en privado en una sala de ensayo de Claudio ubicada en Balmaceda 1215, sin que se enteraran los medios de prensa. Una semana después de ese evento, Claudio le sugirió a Jorge la posibilidad de reunir a la banda en un concierto en el Estadio Nacional, pero éste descartó la propuesta.[78]

En 1998 Jorge y Miguel se volvieron a unir, junto con el venezolano Argenis Brito (ex miembro de Los Chamos), para formar el trío Los Dioses. Realizaron giras por Chile y Perú, interpretando clásicos de Los Prisioneros, y algunas tocatas no muy afortunadas, bajo una gira subtitulada "Lo mejor de Los Prisioneros". La agresividad de González y su falta de cuidado sobre el escenario alejaron al gran público.[79] Jorge colapsó debido a su adicción a las drogas y dejó el grupo en marzo de 1999,[80] sin ningún álbum editado.

Miguel y Argenis Brito continuaron juntos, bajo el nombre de Razón Humanitaria.[38] [80] En 2000 Jorge interrumpió sorpresivamente la promoción de su último álbum como solista (Mi destino, 1999) y viajó a Cuba[80] para superar su adicción a las drogas en el Centro de Desintoxicación de Villa Quinqué de ese país.[38]

En octubre de 2000 Carlos Fonseca editó, bajo el sello Warner Music, el álbum Tributo a Los Prisioneros, disco tributo realizado por 18 grupos chilenos (entre ellos La Ley, Lucybell, Los Miserables, Javiera y Los Imposibles, Los Tetas y Gondwana), aunque el propio Jorge González participó haciendo los coros en la versión de Carlos Cabezas de «Estar solo». Un mes después, bajo la producción de González lanzaron El caset pirata, una recopilación de éxitos de la banda registrados en directo entre 1986 y 1991.[81] [82] El 30 de octubre de 2000 lanzaron un sencillo como adelanto previo a la publicación del álbum, «No necesitamos banderas», grabado durante una presentación de 1992 en la gira de despedida de la banda.[83] El disco vendió veinte mil copias.[84]

Reunión, gira de reencuentro, controversias y nuevo quiebre (2001-2003)[editar]

De izquierda a derecha: Carlos Fonseca, Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia en conferencia el 9 de octubre de 2001.

El 5 de septiembre de 2001 la formación original de Los Prisioneros anunció su regreso después de doce años y lanzó un nuevo sencillo de una antigua canción regrabada especialmente para la ocasión, «Las sierras eléctricas», originalmente registrada antes de la salida de Claudio Narea en 1989 para Corazones, publicada póstumamente en Ni por la razón, ni por la fuerza.[85] El tema se presentó en las radios sin mucha difusión.[86]

Ese mismo año EMI editó el álbum doble recopilatario Antología, su historia y sus éxitos, un disco más completo que el mezquino Grandes éxitos de sólo 55 minutos de duración, por lo que decidieron retirar este último de los catálogos.[87] El sello tuvo problemas contractuales, ya que por contrato no podían editar un disco sin el consentimiento de la banda, por lo que tuvieron que adecuarse a las exigencias de ellos. Además, el disco incluía «Las sierras eléctricas» en su versión grabada en 1989, que no era propiedad de la casa disquera.[87]

A finales de ese año González, Tapia y Narea realizaron dos históricos conciertos en el Estadio Nacional de Santiago, el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, con gran convocatoria de público y acaparando varías portadas de prensa ante la multitudinaria congregación y emotivo reencuentro. Los Prisioneros se convirtieron en la primera y, hasta ahora, única agrupación chilena o internacional en llenar dos veces el aforo del Estadio Nacional con aproximadamente 150.000 personas para ambas presentaciones.

El 18 de febrero de 2002 luego de recibir ofertas por parte de Universal y Warner Music, el grupo finalmente optó por firmar un contrato con el último para editar un álbum doble que registraba las dos noches que tocaron en el Estadio Nacional, con un total de veintisiete canciones, que sería lanzado en marzo, y un DVD durante ese año. De esta manera se desprendieron de la que fue por varios años su casa discográfica, EMI.[88] El álbum en directo, titulado Estadio Nacional, vendió 30 mil copias en tan sólo una semana luego de salir al mercado.[89] El 4 de septiembre Los Prisioneros publicaron el material audiovisual puesto en venta al día siguiente, Los Prisioneros: Lo estamos estamos pasando muy bien, en formato DVD, que incluyó además un documental realizado por la periodista Carmen Luz Parot, con entrevistas a cada uno de los integrantes, los ensayos mientras se estaba preparando el proyecto, imágenes de los entre telones y recitales dados en Concepción y Viña del Mar en 2002, etc.[90] El DVD vendió cerca de veinte mil copias y fue certificado en disco de platino.[91] [92] Más tarde Fonseca comentó que «Sacamos ese DVD y a partir de ahí en adelante lo empezamos a pasar mal».[93]

Mientras que la banda hacía una exitosa gira por todo Chile y por diversos países de Hispanoamérica, fue en esta época en que comenzaron a crear pequeñas polémicas por sus dichos en las presentaciones, como cuando en Perú González declaró que se avergonzaba de ser chileno debido a las actitudes antiperuanas de sus compatriotas; o como en el caso de la Teletón 2002, en que González acusó a las empresas asociadas al evento de utilizar la campaña televisiva para su propio beneficio, haciendo un negocio de ella, para después tocar «Quieren dinero». Hasta el día de hoy este episodio es muy recordado.

En febrero de 2003 tuvieron un exitoso paso por el Festival de Viña del Mar, llevándose todos los premios. En junio de ese año lanzaron al mercado un nuevo álbum de estudio (el quinto de su carrera), titulado simplemente Los Prisioneros. Aunque éste se alejó mucho del sonido original que hizo famosa a la banda, la crítica social, política y antineoliberal no estuvo ausente. El disco logró disco de oro y platino, y «Ultraderecha» y «San Miguel» fueron los temas que se desprendieron como singles.

Salida de Narea[editar]

Entrada concierto de Los Prisioneros en Chuquicamata.

El 16 de septiembre, apenas dos meses después de la publicación del nuevo álbum, Warner Music confirmó la partida, una vez más, del guitarrista Claudio Narea.[94] El último concierto con la formación original se realizó el 21 de septiembre en La Pampilla, ante más ochenta mil personas, donde se pudo apreciar la lejanía y frialdad de González y Tapia con el guitarrista. Al día siguiente Claudio publicó una carta en la página web del grupo explicando los motivos de su nuevo alejamiento: «Este despido me fue comunicado el día 18 de agosto, en el marco de una reunión a la que fui convocado por Jorge y Miguel. Sin mediar diálogos ni discusiones, Jorge González me comunico, simplemente, que "no queremos tocar más contigo". Me acuso de querer sobresalir y de comentar con amigos mis problemas al interior del grupo. Estaba especialmente molesto por una entrevista que concedí en junio al diario Las Últimas Noticias, a pesar de que se trató de una conversación sobre asuntos personales en la que no revelé ningún tipo de infidencia sobre la banda».[95]

Tres días más tarde, Jorge González y Miguel Tapia convocaron una conferencia de prensa para anunciar sus proyectos a futuro. Aunque desde un principio advirtieron que no se iban a referir sobre el tema, los periodistas insistían por saber la versión de ellos sobre la salida de Narea. Sin poder controlar la situación, Los Prisioneros intentaron presentar como su nuevo miembro al líder de Los Tres (y por ese entonces de Los Pettinellis), Álvaro Henríquez. Con respecto a si era el reemplazante de Claudio Narea, Henríquez aclaró: «Soy sólo un músico invitado y acepté debido a la amistad que tenemos con Jorge hace harto tiempo. Respeto mucho lo que hace Claudio y también las decisiones de Jorge y Miguel».[96] La conferencia estaba en su punto más crítico cuando una periodista le comentó a Álvaro sobre la carta de Claudio Narea. En ese momento, Jorge perdió la compostura y arrojó al suelo todos los micrófonos, las grabadoras y los vasos de la mesa, declarando finalizada la conferencia y abandonando el lugar sumamente molesto.[97]

En octubre González y Tapia tocaron con Henríquez en México. Luego grabaron Los Prisioneros en las raras tocatas nuevas de la Rock & Pop, un disco de covers de artistas tan variados como The Beatles, Virus, Bee Gees, Los Gatos o el programa infantil 31 minutos, y que también incluía reversiones de «En el cementerio» y «Concepción», temas del álbum Los Prisioneros. El disco, registrado en los estudios de la estación radial Rock & Pop, no superó las mil copias vendidas.[19]

El 23 de octubre Los Prisioneros fueron nominados en la categoría «Mejor artista central» por la cadena MTV Latinoamérica,[98] que por motivo de sus diez años de existencia y su segunda entrega de premios, creó el supergrupo Los Black Stripes, integrado por exponentes del rock latino de la talla de Ricky Martin, Juanes, Charly Alberti y Jorge González. La ceremonia abrió con Alex Lora (de El Tri) interpretando «We are sudamerican rockers», a quien luego se le unió Jonaz y Rosso (integrantes de Plastilina Mosh), para luego dar paso a Jorge González, quien interpretó «Bolero falaz» del grupo colombiano Aterciopelados y, antes de retirarse para dar paso al otro artista, gritó «¡Viva Cuba!», en su habitual discurso contestario. Más tarde criticó la nueva línea de MTV, señalando que en un principio ésta estaba orientada al verdadero rock, pero que con el tiempo la estación televisiva se había convertido en un canal igual que todos los demás, con reality shows, Ricky Martin y Alejandro Sanz.[99]

Años finales (2004-2006)[editar]

Manzana y disolución definitiva[editar]

Miguel Tapia (en el medio) con un fanático a bordo de un avión con destino a Iquique, en 2004.

Durante el año 2004 se integraron a la banda como integrantes fijos Sergio Coty Badilla y Gonzalo Yáñez. Esta nueva formación sacó, ese mismo año, un nuevo disco con el nombre de Manzana.

A finales de enero de 2005, Jorge y Miguel firmaron un contrato para una gira en Perú sin su mánager Carlos Fonseca, lo que significó su retirada como representante de la banda, aunque en buenos términos. Esto debido a que la banda decidió radicarse en México en abril de ese año, y Fonseca quiso priorizar su vida familiar. Le reemplazó el productor Víctor Varela, amigo de la infancia de Miguel Tapia y de la adolescencia de Jorge, y que, además, trabajó con Lucybell y con Los Prisioneros en la época La voz de los '80.[100] Durante febrero y marzo se presentaron en Colombia y Perú, antes de partir definitivamente a México. Esto también motivó la salida de Gonzalo Yañez, quien se quiso enfocar en la promoción de su primer disco solista homónimo.[101]

A finales de año, Jorge González conversó extensamente sobre su historia y obra con el periodista y escritor chileno Emiliano Aguayo. Esta sesión de entrevistas, la más larga que haya ofrecido el músico alguna vez, se convirtió en el libro Maldito sudaca: Conversaciones con Jorge González, publicado en 2005 por Ril Editores.

El 18 de febrero de 2006, luego de haberse presentado exitosamente en Canadá, Estados Unidos, México, Ecuador, Perú, Bolivia, Colombia y Chile durante los dos años anteriores, Los Prisioneros ofrecieron en Caracas (Venezuela) su último concierto. La disolución estuvo pactada desde mucho antes, e incluso sus fans más cercanos ya estaban avisados, pero no la prensa, y se produjo debido a diferencias de ciudades en que vivían cada uno de los integrantes. Mientras que González había fijado residencia en México, Miguel Tapia y Sergio Badilla seguían en Santiago.

Intentos de reunión[editar]

Jorge González y Claudio Narea actuando por separado en la Cumbre del Rock Chileno II, en enero de 2009.

Tras la disolución definitiva en 2006, han habido múltiples ofertas para reunir a la banda, desde tentativas de privados hasta algunas de mayor perfil, como la del Maquinaria Festival 2012. Sin embargo, Miguel Tapia ha sido el único miembro del trío sanmiguelino que se ha manifestado dispuesto a volver a tocar con sus ex compañeros. Jorge González ha dado por superada su etapa con Los Prisioneros y en septiembre de 2014 rechazó una propuesta, formulada por personeros del canal Chilevisión, que pretendía juntarlo con Tapia en un show en el Estadio Nacional.

La ausencia de Claudio Narea en esta propuesta se debe en gran parte a que la relación entre éste y Jorge González se deterioró progresivamente a partir de 2003 y dejaron de ser amigos. En su polémico libro autobiográfico Mi vida como prisionero (2009), el guitarrista acusó a González de estar obsesionado con él, y de acosarlo durante años a él y a su familia (tanto en persona como por internet, e incluso a través de canciones), lo que atribuyó a una posible atracción homosexual no asumida. Narea reafirmó sus acusaciones en 2014, luego del lanzamiento de Los Prisioneros: Biografía de una amistad, versión revisada y aumentada del libro anterior.

Desde 2009 Claudio Narea y Miguel Tapia, después de retomar el contacto tras cinco años de separación, conforman un dúo llamado precisamente Narea y Tapia, con el que han ofrecido numerosos conciertos interpretando temas de Los Prisioneros, en compañía de la banda Los Indicados. En 2010 grabaron tres composiciones propias: «No me ves», «Legitimar» y «Fiesta nuclear». Esta última es una canción que fue desechada del disco Los Prisioneros.

Legado[editar]

Claudio Narea, en Mi vida como prisionero, dijo que si bien Los Prisioneros no era una banda política, simpatizaban con ideas de izquierda:

«Recuerdo cuando Jorge comenzó a hablar de socialismo un día mientras caminábamos por San Miguel. [...] Me decía que era lo más justo, que nadie se moriría de hambre y que la vida sería mejor para todos cuando se implantara ese sistema, y que de seguro se iba a implantar. [...] Pero en realidad no era tan común que al interior de la banda habláramos sobre política, pues la música era lo que nos llenaba. [...] No tuvimos presos políticos en nuestras familias, ni salíamos a protestar, [...] aunque igual llegamos a detestar a Pinochet observando las cosas que pasaban por esos días, como el caso de los profesionales degollados, por ejemplo.
Jorge González ha dicho muchas veces que la letra era un relleno en las canciones de Los Prisioneros. Él fue quien inventó aquellas canciones. [...] Nuestra banda será recordada siempre por los que vivieron la dictadura, precisamente por eso, porque había dictadura y no se podía hacer casi nada, salvo cantar canciones de Los Prisioneros. No tengo ni idea si la fama y la popularidad de la banda hubiesen sido igual sin los milicos, pero me da la impresión de que no. Creo que pertenecemos a esa época nos guste o no.»[102]

Las canciones del grupo fueron convertidas en himnos sociales por la gente y fueron utilizados para protestar contra la dictadura de Augusto Pinochet. Pero para Jorge González Los Prisioneros no pertenecían a ningún partido político y sus canciones no estaban sustentadas en una base ideológica ni contestataria, sino que, una vez hechas, aparece el trasfondo: «Sólo contamos lo que cualquiera siente. Hay gente que reclama contra la sociedad capitalista no porque se haya leído a Marx sino porque simplemente no le alcanza la plata para comprar todo lo que la televisión le enseña que debiera tener para ser feliz. [...] Decir que somos contestatarios suena muy publicitario. Nosotros no reclamamos contra una persona sino contra el sistema como tal.»[41] [103] Carlos Fonseca dijo que la visión del trío sanmiguelino era simplemente ser un grupo exitoso. «Por eso no circunscribían las letras a Chile. Ahora, con el tiempo, uno se da cuenta de que pese a eso la gente convirtió esas canciones en una herramienta de lucha contra la dictadura. Por eso Jorge se incomoda cuando le preguntan sobre esto, porque él nunca sintió haciendo canciones de protesta».[103]

Al día siguiente del plebiscito de 1988, Jorge González interpretó el sentimiento de alrededor de 500.000 jóvenes que votaron por la opción «no», al declararse «más aliviado que alegre», sabiendo que, pese el fin de la dictadura, esto traería secuelas —aunque no tan graves— en lugar de mejorar. «Esto nos lo hicieron los viejos y miren, allí están Jarpa y Aylwin, ellos ya estaban haciendo chuchoca en 1973 y siguen ahí. ¿Crees de verdad que es muy esperanzador mirar a los políticos? Sí, parece que ahora al menos puede haber, si no es esperanza, al menos respiro, tal vez puedas pensar que hay algo que valga la pena en el futuro, al menos que no sientas ese camino bloqueado que sólo te daba ganas de irte y buscarte la vida en otra parte, en cualquiera, en Australia o en Europa».[104]

El legado de Los Prisioneros se ha traducido en homenajes que han ido desde álbumes tributo, libros biográficos, murales, covers a nivel nacional e internacional, una serie de televisión (Sudamerican Rockers),[105] obras de teatro y una película (Miguel San Miguel), a la generación de numerosas bandas tributo.

Influencias y estilo musical[editar]

Los Prisioneros en sus comienzos definieron su música como new wave.[106] Cuando entraron al Liceo N.º 6 escuchaban The Beatles, Kiss, Queen y Bee Gees, pero fue The Clash, después de haber escuchado un especial de Radio Concierto, en 1981, dedicado al álbum Sandinista!, el que inspiró la música de la carrera del trío sanmiguelino en sus inicios. Quedaron sorprendidos por la diversidad de sonidos con el que experimentaban los británicos, desde el rock, reggae, jazz hasta el vals, y con un toque humorístico, algo nuevo para ellos que estaban acostumbrados a un rock más tradicional.[107] [108] Jorge González lo señaló como su disco favorito.[109] La influencia de The Clash se hizo evidente en los discos La voz de los '80 y La cultura de la basura, así como en la lírica y estética del videoclip «We are sudamerican rockers». [110] Incluso en algunas de sus presentaciones llegaron a imitar a sus ídolos, vistiendo indumentaria guerrillera. El asombro por esta banda los llevó a escuchar otros artistas que también cultivaban estos géneros, como The Specials, The Stranglers, Bob Marley,[111] The Cars, Adam and the Ants, Devo, entre otros.[71] [112] Varios medios han señalado que también tienen influencias de The Police, pero en una entrevista lo negaron.[111]

Tras editar su primer álbum, diferentes medios han señalado La voz de los '80 como un disco punk a lo que la agrupación a negado en diversas ocasiones haber cultivado este género en el primer disco.[113] La banda mostró su faceta más punk bajo el nombre de «Los Apestosos». Sus canciones son más aceleradas y Jorge cantaba imitando los grupos punk que ellos escuchaban, muy distinto al trabajo que venían haciendo para Los Prisioneros hasta ese momento. Estos temas fueron registrados en 1987, en el estudio de Caco Lyon, quién quedó encantado cuando escuchó al trío sanmiguelinos tocar esas canciones en su estudio, que decidió regalarle varias horas para que las grabaran. De aquí, salieron temas como: «Generación de mierda» (canción compuesta por Jorge el 27 de diciembre de 1984 y que interpretaron en vivo en el Estadio Nacional en 2001), «Invitado de honor» (compuesta tras la visita que hizo en esos días el predicador estadounidense Jimmy Swaggart a Pinochet), temas compuestos de la época de Los Pseudopillos y Los Vinchukas como: «Policías y ladrones», «Kin Kong el mono» y «Dejen respirar».[114] Como «Gus Gusano y sus Necrofílicos Hemofílicos», los acercó al rock and roll luego de leer la biografía de The Beatles. Así conocieron a los artistas que influenciaron al cuarteto de Liverpool, como Elvis Presley, Bo Diddley, Gene Vincent, Buddy Holly, Chuck Berry, entre otros.[115] Yogui Alvarado (líder y vocalista de Emociones Clandestinas), les sugirió que escucharan The Cramps, mientras que González leía los Cuentos de terror de H. P. Lovecraft. Con estas influencias, Jorge y Claudio crearon canciones de tres acordes con letras dementes y las grabaron en la sala de ensayo con una grabadora de cuatro pistas solo por diversión. De este grupo salieron temas como «Mal de parkinson» (que tocaron en el Estadio Nacional), «Aceite humano», «Rock on the rocks», «Yo no soy Buddy Holly», «Elvis fue un vampiro» y «En la cripta». De todo este material, emergió «We are sudamerican rockers» para el trabajo de Los Prisioneros.[116]

Hacia 1985 Jorge y Miguel recibieron influencias tecno de artistas como Depeche Mode,[117] [109] Ultravox, Thomas Dolby,[118] Heaven 17, y también de grupos de new wave como The Cure, o de indie rock como The Smiths[109] y Aztec Camera,[119] lo cual se vio reflejado en la utilización masiva de teclados, sintetizadores, y batería eléctrica en Pateando piedras[119] y que explotó más adelante en Corazones. González declaró que Los Prisioneros fueron más un grupo de tecno-pop que de rock.[120] Patricio Urzua en Rolling Stone Chile señaló sobre Pateando piedras que : «Lo más llamativo del disco era el sonido electrónico que insinuaba "Estar solo" o los ladridos sampleados de "El baile de los que sobran". En ciertos círculos, esto acarreó comparaciones inmediatas con Depeche Mode. Más allá de esta novedad que para entonces era cegadora, las guitarras seguían mandando en el sonido del trío: el riff de "Quieren dinero" no desentonaría en la banda sonora de un spaghetti western, lo que de nuevo habla de la inteligencia de la banda.»[121] La revista Indy Rock también señaló que «Quieren dinero» tiene matices de western, además de poseer tintes bailables a lo New Order.[122] Lalo Ibeas, líder del grupo Chancho en Piedra, opinó que fue muy arriesgado para Los Prisioneros «haber hecho su segundo disco cambiando radicalmente el sonido de la banda, pasar de guitarras al estilo The Clash, al sonido de los sintetizadores, y así y todo seguían sonando como Los Prisioneros».[123]

La cultura de la basura ha sido señalado como el álbum más rockero de la agrupación.[124] Mientras que el álbum Los Prisioneros fue considerado un mero ejercicio de nostalgia influenciado por los trabajos anteriores de la banda,[109] para su último trabajo discográfico, Manzana, la periodista Marisol Castro aseguró que recuperaron la fuerza rockera descuidada en el homónimo. «La guitarra eléctrica se utiliza aquí sin timidez».[125]

Según la agrupación chilena pop Bambú «No necesitamos banderas» fue la primera canción reggae grabada en Chile.[126] . Jorge González declaró que «Muevan las industrias» les dio identidad en Latinoamérica, en países como Colombia,[127] Venezuela, Perú y otros lugares, porque sonaba diferente a las grandes potencias del rock en español y argentino.[119] Cristián Heyne, productor musical de artistas como Supernova y Javiera Mena, señaló como una de las canciones mejor logradas del trío, «Muevan las industrias», es «una canción única. Hay una oscuridad allí, una solidez sonora que no se puede encontrar en ningún otro grupo chileno».[123] El musicólogo Juan Pablo González dijo que «marcó un puente sonoro en los años 80, desde una sonoridad artesanal, donde prevalecían la lana de los chalecos chilotes y las guitarras arpegiadas, hacia este mundo new wave, de sonidos tecnológicos y textos clarísimos, donde no había cabida a las metáforas y a la agenda política de la época.»[123]

En vivo[editar]

En sus primeros conciertos Los Prisioneros se caracterizaron por su poca prolijidad al tocar sus instrumentos y un pésimo sonido técnico y vocal. Ellos mismos se refirieron sobre esto en la canción «Somos sólo ruido»: «Nuestros dedos se congelan/ Los tambores equivocan/ Las voces desafinan/ La música es muy simple/ Los teclados distorsionan/ Una voz que grita algo/ Apenas si se entiende.»[37] Sin embargo en sus últimos tiempos juntos lograban un sonido completamente de primer nivel. En una «autoentrevista» realizada en 2014, Jorge González alabó especialmente el sonido que conseguía la guitarra de Narea en la época de la gira de reencuentro.[128]

Premios y reconocimientos[editar]

Con el éxito de Pateando piedras los medios empezaron a tomar en serio a Los Prisioneros. La revista Super Rock[nota 1] los señaló como el mejor grupo de Chile. Además, premió Pateando piedras como mejor álbum, a Jorge González como el mejor compositor y eligió el tema «El baile de los que sobran» como la mejor canción del año. Posteriormente, fueron premiados en Perú por «El baile de los que sobran», y en Ecuador por el tema «Sexo».[7] En 1998 el videoclip de «Sexo» fue premiado con el Coral Negro en el Festival de Cine de La Habana.[129] El videoclip de «Tren al sur» fue nominado al «mejor video latino» de la cadena norteamericana de MTV en 1990.[7] El 1 de octubre de 1993, el primer videoclip emitido por MTV Latinoamérica al iniciar sus transmisiones fue «We are sudamerican rockers»[130] . En la inauguración de la filial latinoamericana de la cadena estadounidense estuvo presente Jorge González.[131]

Miembros originales[editar]

Cronología[editar]

Sergio Badilla Álvaro Henríquez Miguel Tapia Claudio Narea Jorge González (cantante)

Discografía[editar]

Álbumes de estudio

Notas[editar]

  1. Super Rock era el nombre de una sección de Revista VEA, que consistía en una o dos páginas dedicadas a comentar música juvenil en inglés y que se convirtió en un medio separado de ésta cuando su director, el periodista Darío Rojas Morales, se dio cuenta de que el pop chileno y el rock latino estaban surgiendo y teniendo cada vez más éxito. La primera edición fue un experimento que circuló en octubre de 1986, junto a la revista, y que luego se publicó semanalmente hasta febrero de 1988. [1].

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]