Los Prisioneros

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Los Prisioneros
Los Prisioneros Museo abierto al Cielo en San Miguel.jpg
Grabado mural de Los Prisioneros hecho para el Museo a Cielo Abierto en San Miguel.
Datos generales
Origen Bandera de Chile San Miguel, Santiago, Chile
Información artística
Otros nombres «Los Apestosos»
«Gus Gusano y sus Necrofílicos Hemofílicos»
Género(s) Rock
New Wave
Punk
Rockabilly
Período de actividad 1983 – 1991
2001 – 2006
Discográfica(s) Fusión
EMI Music
Capitol Records
Warner Music Group
Artistas relacionados Narea y Tapia
Jardín Secreto
Los Updates
Profetas y Frenéticos
Soda Stereo
Travesía
Miembros
Jorge González
Claudio Narea
Miguel Tapia
Gonzalo Yáñez
Sergio Coty Badilla
Álvaro Henríquez
Cecilia Aguayo
Robert Rodríguez

Los Prisioneros fue una banda de rock chilena considerada como una de las agrupaciones más influyentes e importantes de su país.[1] [2] Además es referida frecuentemente por diversos medios a nivel mundial y por la sociedad en general como una de las agrupaciones de rock más importantes e influyentes de Hispanoamérica.[3] [4] Formada en la comuna de San Miguel, en la ciudad de Santiago de Chile en 1979, por Jorge González (voz y bajo), Claudio Narea (guitarra y coros) y Miguel Tapia (batería y coros).

Desarrollaron un simple sonido punk con matices de reggae, new wave, y más tarde con el synth pop, haciéndose conocidos en la década de los ochenta por canciones en que criticaban diversos aspectos de la contingencia en Chile y el resto de Iberoamérica, y que fueron utilizadas por la gente (especialmente jóvenes) como herramientas de protesta contra la dictadura militar de Augusto Pinochet. Por ello fueron vetados en los principales medios de su país hasta el retorno de la democracia. Claudio Narea abandonó la agrupación a principios de los noventa, y en su reemplazo se incorporó Cecilia Aguayo (teclados y coros) y Robert Rodríguez (bajo, guitarra y coros) hasta fines de 1991, fecha en que el grupo se disolvió.

En su primera fase (desde 1983 hasta 1991) Los Prisioneros publicaron cuatro álbumes, tres de ellos incluidos dentro de los 50 mejores discos chilenos según la revista Rolling Stone: La voz de los '80 (n.º 3), Corazones (n.º 9) y Pateando Piedras (n.º 15).[5] [4] Con su formación original se volvieron a reunir en el año 2001, dieron dos exitosos conciertos en el Estadio Nacional, realizaron giras por Hispanoamérica, Norteamérica y España, y grabaron un nuevo álbum. Sin embargo, Narea volvió a dejar la banda, esta vez de forma definitiva, en el año 2003. Los Prisioneros continuaron con una nueva formación hasta su separación tres años más tarde.

Las canciones de Los Prisioneros son consideradas hasta el día de hoy verdaderos clásicos de la música popular chilena, en especial su tema insigne: El baile de los que sobran. Además entre otros reconocimientos la canción «Tren al sur» fue elegida por los lectores de la revista digital Satélite Natural como la séptima mejor canción del rock "latino" de todos los tiempos,[6] y su videoclip nominado como «Mejor video latino» de la cadena norteamericana de MTV.[7] Además «We are sudamerican rockers» fue el primer vídeo emitido para la filial de MTV Latinoamérica en 1993.[3]

Historia[editar]

Formación y primeros años[editar]

Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia se conocieron en marzo de 1979 en el Liceo 6 de San Miguel (actual Liceo Andrés Bello), Santiago de Chile. Tenían entre 13 y 14 años cuando entraron a primero medio en donde fueron compañeros de sala. Jorge inició una amistad con Claudio, pues a ambos les gustaba el grupo Kiss.[8] Más tarde, en 1980 ellos junto con los hermanos Álvaro y Rodrigo Beltrán (vecinos de Claudio), crearon Los Pseudopillos, un cuarteto vocal con el que grabaron más de un centenar de canciones humorísticas[9] (escritas principalmente por Jorge y Claudio), empleando únicamente objetos caseros como percusión.[10] El nombre surgió en clase de biología, cuando su profesora mencionó la palabra «pseudópodo».

Por otra parte, Jorge se juntaba con Miguel, en sí, tenían planificado un proyecto musical más en serio y querían ser famosos como The Beatles. Un día le mostraron a Claudio una grabación que ellos supuestamente hicieron con canciones precisamente del cuarteto de Liverpool en las primeras épocas; Miguel tocaba el bajo como Paul McCartney y Jorge la guitarra y en las armonías vocales como John Lennon, y el resto de la banda eran un hermano y un amigo de Miguel (pero en realidad habían puesto sus voces encima de las de Los Fab Four en sus discos en full stereo). A Narea le gustó y viendo que Miguel se refería a los Beatles como Los Escarabajos, los bautizó como Los Vinchukas (haciendo referencia a un pequeño insecto del norte de Chile mencionado nuevamente en clase de biología).[11] Posteriormente, invitaron a Claudio a unirse a la banda[12] y poco después se unió Álvaro Beltrán, a quien le habían obsequiado una guitarra eléctrica con amplificador, además la banda consiguió una batería obsequiada por la hermana de Miguel a su hermano.[13]

El cuarteto hizo su debut en vivo el 14 de mayo de 1982 en su colegio, y tuvo un éxito discreto. Dos meses después se volvieron a presentar en el Liceo 1 de niñas de la misma comuna de San Miguel[14] pero a fines de ese año el grupo se disolvió por diferencias entre los integrantes; Jorge y Miguel querían comprar un pedal de bombo, pero Claudio y Álvaro no estaban de acuerdo, entonces, el hermano del último, Rodrigo, se metió en la discusión, —quien estaba peleado con González por una chica que les gustaba a ambos llamada Évelyn (a quien Jorge le dedicó una canción en el primer disco)— por lo que tanto Los Vinchukas como Los Pseudopillos dejaron de existir a pocos días de egresar de cuarto medio.[15] Narea estuvo alrededor de tres meses sin hablarles mientras trabajaba en el lavado de autos en el estudio de Chile Films —donde se grababan las telenovelas de Televisión Nacional de Chile y el Festival de la una— para juntar dinero para la universidad.

Un día Rodrigo fue a ver a Claudio a su trabajo y lo convenció para que regresara a la banda, sin embargo, Álvaro no se iba a reincorporar para que su hermano no interviniera más en la banda.[16] Conformado el ahora trío, estaban decididos a dedicarse a la música de lleno, por lo que optaron por usar un nuevo nombre para esta nueva etapa, primero como «Los Criminales» pero Miguel Tapia sugirió que se llamaran «Los Prisioneros» y a los demás les gustó.[17] El 19 de diciembre de 1986 el mismo Miguel registró el nombre con el giro de grupo musical en el Ministerio de Economía chileno quedando como marca de su propiedad.[18]

La primera vez que tocaron con el nombre de «Los Prisioneros» fue el 1 de julio de 1983 en el Festival de la Canción del Colegio Miguel León Prado. Jorge señaló: «Salimos terceros de tres e incluso nos querían cobrar la entrada para poder ver el resto del espectáculo. En todo caso cuando llegamos a ensayar nos creíamos la muerte, porque éramos de verdad, con canciones desconocidas pero propias. El resto sólo hacia versiones de tipos famosos. Recuerdo que actuamos abriendo espectáculo.»[19]

En 1983 Claudio empezó a estudiar Ingeniería en la Universidad de Santiago de Chile, y Jorge Licenciatura en música en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Allí conoció a Igor Rodríguez (futuro miembro de Aparato Raro), Robert Rodríguez (futuro miembro Banda 69) y a Carlos Fonseca. Con este último hicieron amistad rápidamente, poco después le planteó a Jorge ser el mánager de su banda.[19] Narea y González no se sintieron a gusto con sus respectivas carreras y pronto las abandonaron, por su parte, Fonseca también lo hizo, él tenía un programa en Radio Beethoven llamado Fusión contemporánea y tenía pensado hacer un especial para fin de año con artistas nacionales nuevos. Jorge llevó una canción grabada en una radio-casete de su casa y la presentación en vivo de la banda en su colegio. Asombrado por las grabaciones que recibió, convenció a su padre, Mario Fonseca, de que la banda tenía proyección a futuro, y el último decidió invertir en el proyecto.[19] Posteriormente Jorge le presentó a Carlos, a sus dos compañeros de banda. Fonseca recordó: «Creo que a ellos los conozco una vez que (Jorge) los pasó a buscar para ir al Anfiteatro de San Miguel, donde ya quería organizarles un concierto junto al programa de radio. (...) Ellos llegaron a Fusión, un fin de semana que grabamos los primeros 14 temas más o menos en la oficina.[20] Él le dijo a Jorge y Miguel que había que cambiar a Claudio ya que encontraba que no era un buen guitarrista. Sin embargo, ellos dos se negaron a sustituirlo, ya que ellos tres formaban Los Prisioneros.[21] [22] Más tarde presentó «La voz de los '80» y «Brigada de negro» en su programa Fusión contemporánea en Radio Beethoven, a finales de 1983. También escribió un artículo sobre la banda en la revista Mundo Dinners Club bajo el nombre de Alberto Velazco.[23]

La voz de los '80 (1984-1985)[editar]

Representación de Los Prisioneros en las posiciones que tomaron para la segunda portada de La voz de los '80. De izquierda a derecha: Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia.

El 13 de diciembre de 1984 lanzaron su primer casete La voz de los '80 bajo el sello Fusión, propiedad de la familia de Fonseca, producido por el propio González.[24] El disco se grabó inicialmente y en su mayor parte en el estudio de Francisco Straub, pero se terminó y mezcló en el Estudio A de Caco Lyon, en este último donde se grabaron los dos discos siguientes.[25] «Ese fue un casete que grabamos sin tener ninguna experiencia, tanto nosotros como los técnicos.» —señaló Miguel Tapia— «Nadie entendía bien la idea de sonido que envolvía el pop y por eso pienso que muchas canciones que están ahí podrían haber rendido más; pero para ser un verdadero experimento, pensamos que estuvo bien, aunque ahora lo veamos todo desde otra perspectiva».[19]

Se editaron mil copias que únicamente se podían encontrar en la disquería Fusión donde Jorge trabajó un tiempo como vendedor, y es posible que haya atendido a varios de los que compraron una copia de La voz de los '80.[26] El álbum se agotó en apenas seis meses después de salir a la venta.[7] En esa época, las radios, la prensa y la televisión acogían principalmente a artistas argentinos,[7] por lo que el disco tuvo muy poca difusión en los medios, pasando apenas y escasamente por la radio Galaxia, Sábados Gigantes, Canal 11 y la Sexta Teletón,[1] siendo en este último evento donde la banda sufrió su primera censura mientras interpretaban el primer sencillo del álbum, «La voz de los '80». Televisión Nacional de Chile, en ese entonces controlada por el gobierno militar, sacó la señal de esa Teletón y emitió publicidad. Según Narea, habían considerado que podían ser algo peligrosos para la estabilidad del gobierno de Augusto Pinochet.[27]

En agosto de 1985 el grupo firmó por el sello EMI y en octubre de ese año el álbum se reeditó en todo Chile, vendiendo alrededor de 100 a 105 mil copias, ubicándose entre los álbumes más populares y vendidos de Chile,[28] [7] «Sexo» fue la canción que tuvo mejor acogida en las radios, según la revista Vea, que tenía las listas musicales del país en la época.[29] EMI se encargó de editar el resto de los álbumes de la banda hasta 2001.

Pateando Piedras (1986-1989)[editar]

El 15 de septiembre de 1986, lanzaron su segunda producción titulada Pateando Piedras. El grupo pasó del sonido simple de guitarra, bajo y batería —de su disco predecesor—, al tecno. Este trabajo se destacó por un sonido mucho más sintético y elaborado, con la abundante utilización de teclados, sintetizadores, secuenciadores, samplers y baterías programadas.[30] Claudio en su autobiografía indicó: «Siete de los temas no tienen bajo sino bajo teclado. Todas las baterías son programadas y tres de los temas no tienen guitarra.»[31] Narea no se sintió a gusto con la incorporación de estos instrumentos en la banda, por lo que solo se limitó a grabar las partes de las guitarras únicamente; después se salía para ir ver a quién sería su futura esposa, Claudia Carvajal, mientras que Jorge y Miguel seguían en la grabación.[32] [33] De este trabajo se destacaron los temas «Muevan las industrias» (sobre la cesantía), «¿Por qué no se van?» (dedicado a los artistas snob) y «El Baile de los que sobran» (sobre la desigualdad en la educación),[34] esta última, es considerada una de las canciones más emblemáticas de la música popular chilena de los años ochenta,[35] y que tuvo resonancia en gran parte de Hispanoamérica.[36]

El álbum vendió cinco mil copias en los primeros diez días de su distribución —un récord jamás alcanzado por un grupo musical juvenil de Chile— y dos meses y dos días de su lanzamiento, lograron un segundo disco de platino con veinte mil copias vendidas, algo que no se había logrado con ningún artista desde la Nueva Ola.[37] En noviembre de 1986 hacen el lanzamiento oficial del disco en dos presentaciones en el Estadio Chile con la asistencia de más de 11 mil personas. El grupo rompió otro récord al llenar dos veces consecutivas el recinto.[37] En ese momento de éxito fueron invitados junto con la banda chilena Valija Diplomática, para actuar al Festival Internacional de Montevideo Rock de Uruguay. Escenario donde compartieron escenario con Soda Stereo, Fito Paéz, GIT y Sumo, entre otros. Publicaron sus discos en ese país, pasando casi desapercibidos por lo que no regresaron.[38]

En marzo de 1987 se presentaron en el Festival Chateau Rock de Córdoba y posteriormente en el Estadio Obras de Buenos Aires, Argentina. La banda apenas gustó a una parte del público mientras que la prensa de ese país, sólo les preguntaban por Pinochet.[39] Diferente fue el escenario en Perú, donde tres de sus canciones estuvieron dentro de los diez primeros lugares, «El baile de los que sobran» ocupó el primer lugar por más de seis semanas. Un éxito similar tuvieron en Ecuador.[40]

La cultura de la basura (1987-1988)[editar]

Portada de La cultura de la basura. El diseño fue hecho por Jacqueline Fressard, primera esposa de Jorge González.[41]

En octubre de 1987 empezaron a grabar el tercer disco La cultura de la basura. En este trabajo contó por primera vez desde La voz de los '80 con los otros integrantes en la parte creativa. Jorge les prometió que iban a componer entre los tres, pero finalmente él lo hizo por su lado, mientras que Narea y Tapia se pusieron a trabajar codo a codo. De esta dupla salieron cuatro canciones: «Somos solo ruido», «Algo tan moderno», «El vals» y «Lo estamos pasando muy bien»,[42] quedando todas en el álbum. Mientras que Jorge compuso diecisiete canciones, teniéndose que descartar varias, entre ellas, «Lo estamos pasando muy mal» que trataba sobre un agente de la CNI que iba narrando en primera persona la misión que tenía de asesinar a un izquierdista. Además, Claudio incursionó por primera vez como cantante en «Lo estamos pasando muy bien» y «El vals». En la última canción, mientras la grababa, el ingeniero de sonido Caco Lyon, le insistía que tenía que afinar más pero el guitarrista no podía.[43] El ingeniero recuerda la grabación como un verdadero «parto».[44]

Durante las sesiones la banda tuvo sus primeras diferencias. Claudio y Miguel quisieron imponerse más en el estudio, mientras que Caco Lyon no soportó la apatía de Jorge.[7] Por lo que decidió retirarse dejando en su cargo a su ayudante, Antonio Gildemeister, apenas un novato. Dando como resultado un sonido bastante sucio.[45] También el líder y el mánager de la banda tuvieron problemas para la elección del primer sencillo. Jorge quería que fuera «Que no destrocen tu vida, mientras que Carlos —quién decidía que canción era la más adecuada para la radio—, prefería «Maldito sudaca».[46] Siendo la primera, la que se escogió.

El álbum salió el 3 de diciembre del mismo año. Vendió 10 mil copias en su venta anticipada,[37] pero no llegó a superar el éxito de Pateando piedras, logrando solo vender 70 mil copias,[7] siendo considerado por la prensa como el primer fracaso artístico y comercial, a pesar de haber sido certificado con doble disco de platino.[47] Para González, el disco no fue ningún fracaso ni artístico ni comercial pero si el punto bajo de la banda[48] mientras que Carlos culpó a Claudio y a Miguel, de que Jorge se relajó cuando ellos se pusieron a componer.[49]

A Fonseca le encantaba «Lo estamos pasando muy bien», pero las otras tres composiciones de Narea y Tapia, eran como «mostrar la hilacha», señaló.[50] Por lo que la canción mencionada fue la única de ellos que se incluyó para la edición latinoamericana al año siguiente. De esta edición, de los canciones de Jorge se eliminaron: «Otro día» y «Poder elegir». Volvieron a grabar algunas canciones de nuevo, se re-estructuraron, con un sonido más limpio, destacándose «Lo estamos pasando muy bien», donde el tema es interpretado por Jorge González y no por Claudio Narea.[43] Además, se agregó una nueva canción para abrir el disco, «We are sudamerican rockers». Quedando diez temas de los catorce.[51] [52] Este álbum no se llegó a editar en Chile.[53]

Plebiscito y gira hispanoamericana (1988-1989)[editar]

Afiche promocional de la gira latinoamericana de 1988.

En 28 de marzo de 1988 Los Prisioneros convocaron una conferencia de prensa para explicar la gira promocional de La cultura de la basura: cuarenta fechas de Arica a Punta Arenas, y que más tarde traería consigo Sudamérica y México. Cuando llegó el final Cristián Rodríguez, ex dependiente de la disquería Fusión, invitado por Miguel Tapia, hizo la última pregunta enfocada en el plebiscito para octubre de ese año. Y González respondió de inmediato y sin pensarlo: «En el plebiscito votaremos que No».[46] Estas declaraciones repercutieron en que de los cuarenta conciertos programados solo pudieron hacer siete.[46] Después de realizado el plebiscito volvieron a Argentina para participar en la conmemoración de los 40 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el concierto de Amnistía Internacional, organización que había pretendido presentarse en Chile, pero el gobierno de Pinochet lo impidió. El 14 de octubre de 1988 en el Estadio Mundialista en Mendoza Los Prisioneros compartieron escenario con Sting, Peter Gabriel, Tracy Chapman, Bruce Springsteen, Youssou N'Dour, el grupo mendozino Markama y el grupo chileno Inti Illimani. Interpretando juntos el tema «Get Up, Stand Up», de Bob Marley,[54] ante 10 mil chilenos y 18 mil argentinos. Jorge González recordó: «Los chilenos estaban felices de estar fuera del país. Se sentían liberados. Pero la experiencia fue rara porque no estuvimos demasiado cómodos. Siempre existió esa tensión entre argentinos y chilenos. No nos quedó un recuerdo agradable.»[55]

Siguieron su gira por Colombia donde mayor impacto consiguieron. Tres giras consecutivas en septiembre y noviembre de 1988, y abril de 1989.[2] La canción «Pa pa pa» fue la más vendida en Bogotá, según Mario Ruiz —gerente de marketing de EMI para el mercado hispanoamericano de ese entonces—, aseguró que el grupo chileno logró abrir el mercado colombiano para el rock en español.[37] Después continuarían por Venezuela —sin embargo se cancelaron todas sus presentaciones en ese país— y México donde eran un grupo prácticamente desconocido y sus canciones: «¿Quién mató a Marilyn?», «La voz de los '80» y «Muevan las industrias» se difundieron sólo en emisoras no comerciales.[37] Cuando estaban haciendo sus primeras presentaciones en el país azteca, Claudio empezó a sentirse mal a causa de una Hepatitis, por órdenes del médico tuvo que regresar a Chile para tomar reposo y la banda tuvo que cancelar el resto de su gira.[56]

Corazones y separación (1989-1991)[editar]

Jorge González y Miguel Tapia firmando autógrafos para los fans en la promoción del disco Corazones en Calama en 1990.

En junio de 1989 Jorge y Carlos viajaron a Los Ángeles, Estados Unidos para grabar el cuarto álbum de la banda bajo la producción del argentino Gustavo Santaolalla, este sería el primero que no produciría Jorge, ya que los trabajos anteriores los produjo él casi en su totalidad.[57] Ni Narea ni Tapia participaron en este disco, éste último no pudo viajar por problemas con la visa.[2] Los dos planearon repetir la experiencia en La cultura de la basura y compusieron tres canciones pero esta vez se dejaron fuera, según Fonseca, al no poder ninguno viajar por problemas con sus visas.[58] «La ley decía que Jorge González era el compositor del grupo», comentó el guitarrista.[59]

Desde febrero de 1989 las relaciones entre González y Narea cada día se iban poniendo más tensas cuando el segundo descubrió que el primero se había involucrado con su esposa.[60] Ese mismo mes del año siguiente, Claudio le comunicó a Miguel que dejaba la banda;[61] las razones de su partida las revelaría públicamente con detalles y sin pudor en su autobiografía Mi Vida Como Prisionero veinte años después de lo sucedido.

En 1990 se ratificó el triunfo de la campaña del NO así terminando el régimen militar y regresando un sistema de partidos a Chile. Por esos días se venía gestando los rumores del nuevo disco de Los Prisioneros y la partida de Claudio Narea. En mayo de ese año se hizo pública la salida del guitarrista y el convertido dúo lanzó el cuarto álbum titulado Corazones,[7] en una entrevista con Katherine Salosny en el programa Extra jóvenes, Jorge dijo: «que mala onda que se haya ido el Claudio», presentando a su vez, el primer corte de la nueva placa del grupo, «Tren al sur».[1] El videoclip del tema —dirigido por Cristián Galaz, quién también dirigió los vídeos del grupo: «Sexo», «Maldito sudaca», «We are sudamerican rockers» y los posteriores hasta su separación—, estrenado en el mismo programa, tuvo una excelente rotación[37] llegando a ser nominado como el «mejor vídeo latino» en MTV ese año.[7] En menos de un mes de su lanzamiento, la banda consiguió un contrato con Capitol Records para lanzar el disco en Estados Unidos.[37]

Corazones sorprendió a todos por su cambio radical que hizo que se distinguiera de sus predecesores tanto por su sonido como la lírica. La utilización de teclados y sintetizadores —que había seducido a González en Pateando Piedras— lideró por completo el disco con un sonido synth pop.[62] Las letras estaban llenas de romanticismo y melancolía, Jorge destapó su lado introvertido y emocional, perdiendo la crítica social que hizo famosos a Los Prisioneros durante la década de los ochenta. De acuerdo con las palabras de Javier Sanfeliu en la revista Rolling Stone Chile: «La búsqueda de González esta vez fue por los surcos de nuestra intimidad, esa donde residen por ejemplo lugares tan oscuros y pantanosos como el machismo y el clasismo[62] Fue el disco más vendido del año, logrando ciento ochenta mil copias obteniendo triple disco de platino, a su vez, Jorge fue elegido como el compositor del año por la Sociedad Chilena del Derecho de Autor.[7]

Este fue el trabajo más alabado por la crítica en toda la historia de Los Prisioneros, asegurando que si hubieran partido así desde un comienzo, habrían obtenido muchas ventas y diversos premios, aunque hubieran perdido su trascendencia final.[36] En 2005 los auditores de Radio Concierto eligieron a Corazones como el mejor disco chileno de la década de los noventa.[63]

En Argentina, país donde Los Prisioneros nunca tuvieron mucha popularidad, sobre todo en Buenos Aires, durante la promoción del primer disco solista de Jorge González, le pagaron derechos de autor ya que en lugares como Córdoba o Rosario, Corazones fue un éxito.[64]

Más tarde se integró Cecilia Aguayo (ex Las Cleopatras). Jorge le comunicó que era la nueva integrante de Los Prisioneros; y aunque no sabía tocar ningún instrumento, dejó la carrera de medicina para dedicarse a aprender teclado. Ensayaba todos los días en su casa, cuando sus amigos la visitaban y le preguntaban por qué tocaba temas de Los Prisioneros —Jorge le había indicado que no comentara a nadie hasta que fuera presentada oficialmente como miembro del grupo—, ella respondía "porque me gustan".

Ocho meses tardó el álbum Corazones en convertirse en éxito. Cuando la nueva formación debutó en el Festival de Viña del Mar. Sin embargo, Fonseca deja de representar el grupo el día siguiente del Festival.[7]

El 24 de octubre de ese año, Jorge y Miguel anuncian la separación del grupo,[36] lanzan un vídeo y disco titulado Grandes éxitos de Los Prisioneros, que vendió más de 120 mil copias en Chile y 54 mil en el exterior.[7] Iniciaron la gira de despedida que terminó en el Estadio Chile, donde la gente empezó a gritar —«Narea, Narea, Narea»—,[65] ante esto Jorge González respondió mofándose de la nueva banda de su ex compañero, al referirse como «Proxenetas y Flemáticos», pero el público fue cada vez más insistente, Jorge no lo pudo soportar, tiró la guitarra al suelo y se retiró al camarín para poder llorar.[66] El último concierto de Los Prisioneros fue en Valparaíso en 1991.[1]

Ni por la razón, Ni por la fuerza, Los Dioses y el Caset pirata (1992-2000)[editar]

En 1996 Los Prisioneros se volvieron a ver luego de varios años, y empezaron a recopilar los éxitos de la banda, más rarezas desde los tiempos de Los Pseudopillos, Los Vinchukas, Gus Gusano y Los Apestosos. El compilado vendió 100 mil discos dobles.[67] Alrededor de 40 temas fueron seleccionados en un CD doble titulado Ni por la razón, ni por la fuerza. Tocaron en una instancia, de manera privada, en Balmaceda 1215, sin embargo, no se concretó ningún acuerdo de volver a juntarse, ni los medios dieron la noticia.[68]

En 1998 Jorge y Miguel se volvieron a unir, junto con el venezolano Argenis Brito, para formar el trío Los Dioses, realizaron giras por Chile y Perú, interpretando clásicos de Los Prisioneros, con el que realizaron algunas tocatas no muy afortunadas, bajo una gira subtitulada "Lo mejor de Los Prisioneros". La agresividad de González y su falta de cuidado sobre el escenario alejaron al público.[69] Jorge colapso debido a su adicción a las drogas y dejó el grupo en marzo de 1999,[70] sin ningún álbum editado. Miguel y Argenis Brito continuaron juntos, bajo el nombre de Razón Humanitaria.[37] [70] En 2000 Jorge interrumpe sorpresivamente la promoción de su último álbum como solista, viajó a Cuba,[70] para superar su adicción a las drogas en el Centro de Desintoxicación de Villa Quinqué de ese país.[37]

En octubre de 2000 Carlos Fonseca editó, bajo el sello Warner Music, el álbum Tributo a Los Prisioneros, realizado por 18 grupos chilenos, con Jorge González en los coros. Un mes después, bajo la producción de Jorge González lanzaron El caset pirata, siendo este una recopilación de los éxitos de la banda registrado en directo entre 1986-1991.[71] [72] Lanzaron un sencillo como adelanto previo a la publicación del álbum el 30 de octubre, «No necesitamos banderas», de una presentación de 1992 en la gira de despedida de la banda.[73] El disco vendió 20 mil copias.[74]

Reencuentro, controversias y nuevo álbum (2001-2003)[editar]

De izquierda a derecha: Carlos Fonseca, Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia en conferencia el 9 de octubre de 2001.

El 5 de septiembre de 2001 la formación original de Los Prisioneros anunció su regreso después de doce años, lanzó un nuevo sencillo de una antigua canción regrabada para la ocasión, «Las sierras eléctricas», originalmente registrada antes de la salida de Claudio Narea en 1989 para Corazones, publicada póstumamente en Ni por la razón, ni por la fuerza.[75]

Ese mismo año EMI editó el álbum doble recopilatario Antología, su historia y sus éxitos, un álbum más completo que el Grandes éxitos que sólo duraba cincuenta y cinco minutos, por lo que decidieron retirar el último de los catálogos.[76] El sello tuvo problemas contractuales ya que por contrato no podían editar un disco sin el consentimiento de la banda por lo que tuvieron que adecuarse a las exigencias de ellos. Además incluía «Las sierras eléctricas» en su versión grabada en 1989, que no era propiedad de la casa disquera.[76] A finales de ese año, los integrantes originales de la banda, González, Tapia y Narea, se reúnen nuevamente y realizan dos conciertos en el Estadio Nacional de Santiago, el 30 de noviembre y el 1° de diciembre, con gran convocatoria, acaparando varías portadas de prensa ante la multitudinaria congregación y emotivo reencuentro. Los Prisioneros se convirtieron en la primera, y hasta ahora, única agrupación chilena e internacional en llenar dos veces el aforo del Estadio Nacional con aproximadamente 150.000 personas para ambas presentaciones.

En 2002 se registró esta memorable actuación en un álbum en vivo y en formato DVD, mientras que la banda hacía una exitosa gira por todo Chile y por diversos países de Hispanoamérica. Es en este tiempo en que la banda comienza a crear pequeñas polémicas por sus dichos en las presentaciones, como cuando en Perú, González dice que se avergonzaba de las actitudes antiperuanas de sus compatriotas, o como en el caso de la Teletón 2002, donde González pronuncia dichos irónicos sobre las empresas asociadas al evento, acusando que utilizan la campaña televisiva para su propio beneficio, haciendo un negocio de ella. Hasta el día de hoy este episodio es muy recordado.

En febrero de 2003, tuvieron un fuerte y exitoso paso por el Festival de Viña del Mar llevándose todos los premios y en junio de 2003, Los Prisioneros lanzan al mercado un nuevo álbum (el quinto de su carrera) titulado simplemente Los Prisioneros. Aunque éste se alejó mucho del sonido original que hizo famosa a la banda, la crítica social, política y anti-neoliberal no estuvo ausente. El disco logró Disco de Oro y Platino, y Ultraderecha y San Miguel son los temas que se desprendieron como singles.

Entrada concierto de Los Prisioneros en Chuquicamata.

Dos meses después de la publicación del nuevo álbum, el 16 de septiembre, Warner Music confirmó la partida del guitarrista Claudio Narea una vez más de Los Prisioneros.[77] El último concierto con la formación original se realizó el 21 de septiembre en La Pampilla, ante más ochenta mil personas donde se apreció la lejanía y frialdad entre la banda con el guitarrista. Al día siguiente Claudio publicó una carta en la página web del grupo explicando los motivos de su salida: «Este despido me fue comunicado el día 18 de agosto, en el marco de una reunión a la que fui convocado por Jorge y Miguel. Sin mediar diálogos ni discusiones, Jorge González me comunico, simplemente, que "no queremos tocar más contigo". Me acuso de querer sobresalir y de comentar con amigos mis problemas al interior del grupo. Estaba especialmente molesto por una entrevista que concedí en junio al diario Las Últimas Noticias, a pesar de que se trató de una conversación sobre asuntos personales en la que no revelé ningún tipo de infidencia sobre la banda».[78]

Tres días más tarde, Jorge González y Miguel Tapia convocaron una conferencia de prensa para anunciar sus proyectos a futuro aunque desde un principio dijeron que no se iban a referir sobre el tema los periodistas insistían por saber la versión de ellos sobre la salida de su ex compañero, sin poder controlar la situación, presentaron al músico chileno por ese entonces líder de Los Pettinellis, Álvaro Henríquez, como su nuevo miembro. El actual líder de Los Tres con respecto a si era el reemplazante de Claudio Narea, aclaró: «Soy sólo un músico invitado y acepté debido a la amistad que tenemos con Jorge hace harto tiempo. Respeto mucho lo que hace Claudio y también las decisiones de Jorge y Miguel»,[79] la conferencia estaba en su punto más crítico cuando una periodista le comenta a Álvaro sobre la carta de Claudio Narea, Jorge pierde la compostura y bota todos los micrófonos, las grabadoras y vasos, abandonando el lugar molesto.[80]

En octubre González y Tapia tocaron con el vocalista de los Los Tres en México, con el que grabaron el disco de cóvers y re-versiones, Los Prisioneros en las Raras Tocatas Nuevas de la Rock & Pop, grabado en la misma estación radial. El álbum no superó las mil copias.[18]

El 23 de octubre Los Prisioneros fueron nominados como «Mejor artista central» por la cadena MTV Latinoamérica,[81] quien por motivo de sus diez años de existencia y su segunda entrega de premios crearon el supergrupo, «Los Black Stripes», con diferentes exponentes del rock latino, con Jorge González como parte de esta agrupación de «Alls Stars», de la talla de Ricky Martin, Juanes, Charly Alberti, entre otros. La ceremonia abrió con Alex Lora (de El Tri) interpretando «We are sudamerican rockers», a quién luego se le unió Jonaz y Rosso (integrantes de Plastilina Mosh), para luego dar paso a Jorge González quién interpretó «Bolero falaz» del grupo colombiano Aterciopelados y antes de retirarse para dar paso al otro artista, gritó: «¡Viva Cuba!» en su habitual discurso contestario. Más tarde criticó la nueva línea de MTV, señalando que en un principio ésta estaba orientada al verdadero rock y que hoy, la estación televisiva se había convertido en un canal igual que todos, con reality show, Ricky Martin y Alejandro Sanz.[82]

Henríquez, Manzana y disolución (2003-2006)[editar]

Miguel Tapia (en el medio) con un fanático a bordo de un avión con destino a Iquique en 2004.

Durante el año 2004 se integran a la banda como integrantes fijos Sergio Coty Badilla y Gonzalo Yáñez. Esta nueva formación sacó un disco el año 2004, con el nombre de Manzana. A partir de entonces, la banda decide radicarse en México. Por estos motivos Yáñez deja el grupo.

A finales del año 2004, Jorge González conversa extensamente sobre su historia y obra con el periodista y escritor chileno Emiliano Aguayo, lo que se convierte en el libro Maldito Sudaca: Conversaciones con Jorge González, (Ril Editores, 2005, Chile). Esta es considerada la entrevista más larga que haya dado el músico alguna vez.

El 18 de febrero de 2006, realizan, luego de haberse presentado exitosamente en Canadá, Estados Unidos, México, Ecuador, Perú, Bolivia, Colombia y Chile, durante los dos años anteriores, su último concierto en Caracas, Venezuela. La disolución estuvo pactada desde mucho antes, incluso sus fans más cercanos ya estaban avisados, pero no la prensa, por diferencias de ciudades en que vivían cada uno. Mientras Jorge González había fijado residencia en México, Miguel Tapia y Sergio Badilla, seguían en Santiago de Chile.

Legado[editar]

Claudio Narea en su autobiografía Mi Vida Como Prisionero dijo que si bien Los Prisioneros no era una banda política simpatizaban con ideas de izquierda:

«Recuerdo cuando Jorge comenzó a hablar de socialismo un día mientras caminábamos por San Miguel. [...] Me decía que era lo más justo, que nadie se moriría de hambre y que la vida sería mejor para todos cuando se implantara ese sistema, y que de seguro se iba a implantar. [...] Pero en realidad no era tan común que al interior de la banda habláramos sobre política, pues la música era lo que nos llenaba. [...] No tuvimos presos políticos en nuestras familias, ni salíamos a protestar, [...] aunque igual llegamos a detestar a Pinochet observando las cosas que pasaban por esos días, como el caso de los profesionales degollados, por ejemplo.
Jorge González ha dicho muchas veces que la letra era un relleno en las canciones de Los Prisioneros. Él fue quien inventó aquellas canciones. [...] Nuestra banda será recordada siempre por los que vivieron la dictadura, precisamente por eso, porque había dictadura y no se podía hacer casi nada, salvo cantar canciones de Los Prisioneros. No tengo ni idea si la fama y la popularidad de la banda hubiesen sido igual sin los milicos, pero me da la impresión de que no. Creo que pertenecemos a esa época nos guste o no.»[83]

Las canciones del grupos se convirtieron en himnos sociales para la gente y que fueron utilizados para sus temas para protestar contra la dictadura de Augusto Pinochet. Pero para Jorge González (líder y compositor de los principales temas del grupo), Los Prisioneros no pertenecían a ningún partido político y sus canciones no estaban sustentadas en una base ideológica ni contestatarias sino que una vez hecha aparecen el trasfondo, «Sólo contamos lo que cualquiera siente. Hay gente que reclama contra la sociedad capitalista no porque se haya leído a Marx sino porque simplemente no le alcanza la plata para comprar todo lo que la televisión le enseña que debiera tener para ser feliz. [...] Decir que somos contestatarios suena muy publicitario. Nosotros no reclamamos contra una persona sino contra el sistema como tal.»[40] [84] Carlos Fonseca dijo que la visión del trío san miguelino ser UN grupo exitoso. «Por eso no circunscribían las letras a Chile. Ahora, con el tiempo, uno se da cuenta de que pese a eso la gente convirtió esas canciones en una herramienta de lucha contra la dictadura. Por eso Jorge se incomoda cuando le preguntan sobre esto, porque él nunca sintió haciendo canciones de protesta».[84]

Al otro día del plebiscito, Jorge González interpretó el sentimiento de alrededor de 500.000 jóvenes que votaron NO, al declararse «más aliviado que alegre», sabiendo que pese el fin de la dictadura, esto traería secuelas —aunque no tan graves— en lugar de mejorar. «Esto nos lo hicieron los viejos y miren, allí están Jarpa y Aylwin, ellos ya estaban haciendo chuchoca en 1973 y siguen ahí. ¿Crees de verdad que es muy esperanzador mirar a los políticos? Sí, parece que ahora al menos puede haber, si no es esperanza, al menos respiro, tal vez puedas pensar que hay algo que valga la pena en el futuro, al menos que no sientas ese camino bloqueado que sólo te daba ganas de irte y buscarte la vida en otra parte, en cualquiera, en Australia o en Europa».[85]

El legado de Los Prisioneros se ha traducido en homenajes que han ido desde álbumes tributo, libros biográficos, murales, covers a nivel nacional e internacional, una serie de televisión (Sudamerican Rockers),[86] obras de teatro, una película (Miguel San Miguel), hasta la generación de múltiples bandas tributo.

Influencias y estilo musical[editar]

Los Prisioneros en sus comienzos definieron su música como new wave.[87] Cuando entraron al Liceo N. º 6 escuchaban The Beatles, Kiss, Queen y Bee Gees. Pero fue The Clash, —de acuerdo a las palabras de Claudio Narea— después de haber escuchado un especial de Radio Concierto en 1981, dedicado al último trabajo del grupo británico punk, Sandinista!, que inspiró la música de la carrera del trío san miguelino en su inicio. Quedaron sorprendidos por la diversidad de sonidos pasando desde el rock, reggae, jazz hasta vals con un toque humorístico, algo nuevo para ellos.[88] [89] Jorge González lo señaló como su disco favorito.[90] La influencia de The Clash se hizo evidente en los discos de La voz de los '80 y en La cultura de la basura; en la lírica y estética del videoclip «We are sudamerican rockers».[91] El asombro por esta banda los llevó a escuchar otros artistas que también cultivaban estos géneros como The Specials, The Stranglers, Bob Marley,[92] The Cars, Adam and the Ants, Devo, entre otros.[63] [93] Varios medios han señalado que también tienen influencias de The Police pero en una entrevista lo negaron.[92] Según la agrupación chilena pop Bambú «No necesitamos banderas» fue la primera canción reggae grabada en Chile.[94]

La banda mostró su faceta punk bajo el nombre de «Los Apestosos». Este grupo tenía canciones que no fueron hechas para Los Prisioneros sino por diversión; los temas eran más acelerados y Jorge cantaba imitando los grupos punk que ellos escuchaban. En 1987, mientras estaban en el estudio de Caco Lyon, se pusieron a tocar esos temas, Caco se interesó y les cedió su tiempo para que grabaran esos temas en su estudio. Entre esas canciones estaban «Generación de mierda» (canción compuesta por Jorge a fines de 1984 y que interpretaron en el Estadio Nacional en 2001) e «Invitado de honor» (compuesta para la ocasión tras la visita que hizo en esos días el predicador Jimmy Swaggart al general Augusto Pinochet) y otros temas compuestos en la época de Los Pseudopillos y de Los Vinchukas.[95]

Paralelamente, aparte Los Apestosos, existía el grupo «Gus Gusano y sus Necrofílicos Hemofílicos» que nació cuando el trío de San Miguel leía las historias de Los Beatles. Así conocieron los artistas que el cuarteto de Liverpool admiraban como Elvis Presley, Bo Diddley, Gene Vincent, Buddy Holly, Chuck Berry, entre otros. Esto los llevó al rock and roll.[96] También escucharon al grupo The Cramps, por sugerencia de Yogui Alvarado (líder y vocalista de Emociones Clandestinas), mientras que González leía las historias del escritor estadounidense Howard Philips Lovecraft. Con esas influencias, Jorge y Claudio empezaron a hacer canciones de tres acordes con letras completamente dementes y las registraban en la sala de ensayo que ellos tenían, con una grabadora de cuatro pistas, nuevamente por diversión y humor. De todo este material salió «We are sudamerican rockers».[97]

Gran parte del material de Los Apestosos y de Gus Gusano, más algunas canciones que González y Narea lograron componer para la banda sonora de una película de humorada sin sentido, que ellos mismos realizaron —sin Miguel Tapia— con algunos amigos y el hermano de Jorge, Marco; y que nunca se concluyó, Lucho, un hombre violento, serían publicados póstumamente en la década siguiente en el doble álbum recopilatorio Ni por la razón, ni por la fuerza, mientras que otros permanecen todavía inéditos.[98]

En 1985 Jorge y Miguel recibieron influencias tecno, de artistas como Depeche Mode,[99] [90] Ultravox, Thomas Dolby,[100] Heaven 17, y también de grupos de new wave como The Cure, o de Indie rock como The Smiths[90] y Aztec Camera,[101] donde se vio reflejado en la utilización de teclados, sintetizadores, y batería eléctrica en Pateando Piedras[101] y que explotó más adelante en Corazones. González declaró que Los Prisioneros fueron más un grupo tecno pop que de rock.[102] Mientras que La cultura de la basura, lo señaló como el álbum más rockero de la agrupación[103] y el álbum homónimo estaba influenciado en los trabajos anteriores de la banda[90] y para su último trabajo discográfico, Manzana, según la periodista Marisol Castro, recuperan la fuerza rockera descuidada en su anterior álbum. «La guitarra eléctrica se utiliza aquí sin timidez».[104]

Según Jorge González, «Muevan las industrias» les dio identidad en Hispanoamérica en países como Colombia,[105] Venezuela, Perú y otros lugares, porque sonaba diferente a las grandes potencias del rock en español y argentino.[101] Cristián Heyne, productor musical de artistas como Supernova y Javiera Mena, señaló como una de sus canciones mejor logradas del trío, «"Muevan las industrias" es una canción única. Hay una oscuridad allí, una solidez sonora que no se puede encontrar en ningún otro grupo chileno.»[106] Patricio Urzua en Rolling Stone Chile señaló sobre Pateando Piedras: «Lo más llamativo del disco era el sonido electrónico que insinuaba “Estar solo” o los ladridos sampleados de “El baile de los que sobran”. En ciertos círculos, esto acarreó comparaciones inmediatas con Depeche Mode. Más allá de esta novedad que para entonces era cegadora, las guitarras seguían mandando en el sonido del trío: el riff de “Quieren dinero” no desentonaría en la banda sonora de un spaghetti western, lo que de nuevo habla de la inteligencia de la banda.»[107] La revista Indy Rock también señaló que «Quieren dinero» tiene matices de western, además de poseer tintes bailables a lo New Order.[108] Lalo Ibeas, líder del grupo Chancho en Piedra, opinó que fue muy arriesgado para Los Prisioneros «haber hecho su segundo disco cambiando radicalmente el sonido de la banda, pasar de guitarras al estilo The Clash, al sonido de los sintetizadores, y así y todo seguían sonando como Los Prisioneros».[106] El musicólogo Juan Pablo González dijo que «Marcó un puente sonoro en los años 80, desde una sonoridad artesanal, donde prevalecían la lana de los chalecos chilotes y las guitarras arpegiadas, hacia este mundo new wave, de sonidos tecnológicos y textos clarísimos, donde no había cabida a las metáforas y a la agenda política de la época.»[106]

En vivo[editar]

En sus primeros tiempos Los Prisioneros se caracterizaron por su poca prolijidad al tocar sus instrumentos y un pésimo sonido técnico y vocal. Ellos mismos se refirieron sobre esto en la canción «Somos sólo ruido» haciéndose una autocrítica: «Nuestros dedos se congelan/ Los tambores equivocan/ Las voces desafinan/ La música es muy simple/ Los teclados distorsionan/ Una voz que grita algo/ Apenas si se entiende.»[36] Sin embargo en sus últimos tiempos juntos lograban un sonido completamente de primer nivel.

Premios y reconocimientos[editar]

Con el éxito de Pateando Piedras los medios empezaron a tomar en serio a Los Prisioneros, la revista Super Rock[nota 1] los señaló como el mejor grupo de Chile. Además, premió Pateando Piedras como mejor álbum, a Jorge González como el mejor compositor y eligió el tema «El baile de los que sobran» como la mejor canción del año, posteriormente, fueron premiados en Perú por la canción «El baile de los que sobran», y en Ecuador por el tema «Sexo».[7] En 1998 el videoclip de «Sexo» fue premiado con el Coral Negro en el Festival de Cine de La Habana, Cuba.[109] El videoclip de «Tren al sur» fue nominado al «mejor video latino» de la cadena norteamericana de MTV en 1990.[7] Tres años más tarde, el 1 de octubre se abrieron por primera vez las señales de la filial de MTV Latinoamérica y el primer videoclip emitido fue «We are sudamerican rockers».[110] En la velada estuvo presente Jorge González.[111]

Miembros[editar]

Jorge GonzálezVoz y bajo
Jorge González
Voz y bajo
Claudio NareaGuitarra
Claudio Narea
Guitarra
Miguel TapiaBatería
Miguel Tapia
Batería

Fuente: MusicaPopular.cl[112]

Discografía[editar]

Álbumes de estudio

Notas[editar]

  1. Super Rock era el nombre de una sección de Revista VEA, que consistía en una o dos páginas dedicadas a comentar música juvenil en inglés y que se convirtió en un medio separado de ésta cuando su director, el periodista Darío Rojas Morales, se dio cuenta de que el pop chileno y el rock latino estaban surgiendo y teniendo cada vez más éxito. La primera edición fue un experimento que circuló en octubre de 1986, junto a la revista, y que luego se publicó semanalmente hasta febrero de 1988. [1].

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]