Literatura del Perú

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

Literatura peruana es un término que se refiere a las manifestaciones literarias producidas en el territorio del Perú desde las tradiciones prehispánicas hasta la actualidad, en diversas lenguas y soportes.

Aunque existen distintas periodizaciones, la más aceptada es la del profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos Carlos García-Bedoya Maguiña,[1] que establece dos grandes etapas, una de autonomía andina (hasta 1530), y otra de dependencia externa (desde 1530 hasta la actualidad). En esta segunda etapa, el corpus más abundante y difundido se encuentra en español y ha sido escrito, generalmente, por miembros de las élites.

Tradición andina prehispánica[editar]

La producción literaria del período prehispánico en el territorio centro-andino (que abarca territorios de las actuales repúblicas de Perú, Ecuador, Bolivia y Chile), está especialmente vinculada al Imperio de los Incas, siendo su principal vehículo de transmisión el idioma quechua o runa simi, que los incas impusieron como lengua oficial. Los cronistas de la conquista y de la colonia han dado fe de la existencia de una literatura quechua, que se transmitió de manera oral y que se suele dividir en cortesana y popular.

  • La literatura cortesana, llamada así por haberse realizado en la corte de los incas, era la literatura oficial, cuya ejecución estaba encargada a los amautas o profesores y a los quipucamayos o bibliotecarios, que usaban el sistema mnemotécnico de los quipus o cordones anudados. Tres fueron los géneros principales que cultivaron: el épico, el didáctico y el dramático.
    • El género épico está representada por los poemas que expresaban la cosmología del mundo andino (mitos de la creación, el diluvio, etc.), así como las que relataban el origen de los incas (leyendas de los hermanos Ayar, de Manco Cápac y Mama Ocllo, etc.).
    • El género didáctico abarcaba fábulas, apólogos, proverbios y cuentos, ejemplares de los cuales han sido recogidos modernamente por diversos estudiosos.
    • El género dramático, que a decir del Inca Garcilaso, abarcaba comedias y tragedias (obviamente, buscando sus equivalentes en la cultura occidental). En realidad eran representaciones teatrales en donde se mezclaban danza, canto y liturgia. Se afirma que el famoso drama Ollantay, cuya versión escrita data de la época colonial, tendría un núcleo fundamental de origen incaico y una serie de interpolaciones posteriores enderezadas a amoldarla al teatro hispano.
  • La literatura popular es la que surgió espontáneamente en el pueblo y en el campo. Abarca masivamente el género lírico, es decir, composiciones poéticas que estaban unidas a la música y la danza, y que por lo general eran entonadas en grandes masas corales, alternándose hombres y mujeres. Estas manifestaciones formaban parte del quehacer cotidiano. Funerales, fiestas, nupcias, peleas, guerras, etc. estaban enmarcados en una ritualización expresada a través del arte. Son dos sus manifestaciones principales:
    • El harawi, canción de diversos tipos (de amor, de arrepentimiento, de alegría, etc.). Tenía un carácter intimista y estaba a cargo de un aeda, denominado harawec o haravicu. En la época colonial derivó en el huayno y en el yaraví.
    • El haylli, himno de alegría, se entonaba en las fiestas religiosas o en celebraciones de triunfos.

Muchas de estas creaciones han llegado a nuestros días de forma diferida, plasmadas en los trabajos de los primeros cronistas (el Inca Garcilaso de la Vega recupera poesía quechua, mientras que Felipe Guaman Poma de Ayala relata el mito de las cinco edades del mundo).

Adolfo Vienrich, autor de Azucenas quechuas.

La literatura indígena fue desconocida o relegada hasta el siglo XX. Su inclusión en el canon oficial fue lenta. Ya en su tesis El carácter de la literatura del Perú Independiente (1905), José de la Riva Agüero y Osma consideró "insuficiente" la tradición quechua como para considerarla un factor predominante en la formación de la nueva tradición literaria nacional. Posteriormente Luis Alberto Sánchez reconoció ciertos elementos de tradición y su influencia en la tradición posterior (en autores como Melgar) para dar base a su idea de literatura mestiza o criolla (hija de dos fuentes, una indígena y otra española), para lo que consulta fuentes en las crónicas coloniales (Pedro Cieza de León, Juan de Betanzos y Garcilaso).

La apertura real a la tradición prehispánica surge en las primeras décadas del siglo XX gracias al trabajo de estudiosos literarios y antropólogos que recopilaron y rescataron mitos y leyendas orales. Entre ellos se destacan Adolfo Vienrich con Tarmap pacha huaray (Azucenas quechuas, 1905) y Tarmapap pachahuarainin (Fábulas quechuas, 1906); Jorge Basadre en La literatura inca (1938) y En torno a la literatura quechua (1939); y los estudios antropológicos y folclóricos de José María Arguedas (en particular ,su traducción de Dioses y hombres de Huarochirí). Los trabajos más contemporáneos incluyen a Martin Lienhard (La voz y su huella. Escritura y conflicto étnico-cultural en América Latina. 1492-1988, 1992), Antonio Cornejo Polar (Escribir en el aire. Escribir en el aire: ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural en las literaturas andinas. 1994), Edmundo Bendezú (Literatura Quechua, 1980 y La otra literatura, 1986) y Gerard Taylor (Ritos y tradiciones de Huarochirí. Manuscrito quechua del siglo XVII, 1987; Relatos quechuas de la Jalca, 2003).

Bendezú afirma que la literatura quechua se constituye, desde la conquista, en un sistema marginal opuesto al dominante (de vena hispánica) y postula la existencia permanente y cubierta de una tradición de cuatro siglos. Habla de una gran tradición ("enorme masa textual") marginada y dejada de lado por el sistema escritural occidental, ya que esta "otra" literatura es, como el quechua, plenamente oral.

Colonia[editar]

Primera página de la Chrónica del Perú de Pedro Cieza de León.

El término literatura colonial (o literatura de la Colonia) hace referencia al estado del territorio del Perú del siglo XVI al siglo XIX, dependiente de la corona española y políticamente organizado como un Virreinato, cuya extensión cubría toda Sudamérica, con la excepción de Venezuela o Caracas (bajo la jurisdicción del Virreinato de México y luego del de Nueva Granada) y la mitad del Brasil actual (dominio de Portugal).

Es indispensable señalar que el virreinato de Nueva Granada (que abarcaba los actuales países de Colombia, Venezuela, Ecuador) se instaló en 1740, y el virreinato del Río de la Plata (Argentina, Paraguay, Uruguay y parte de Bolivia) lo fue en 1776. En suma, se podría decir que el virreinato de Nueva Granada duró 70 años, el del Río de la Plata, 33 años y el del Perú, 300 años. El virreinato del Perú finaliza oficialmente en 1824, aunque la independencia del Perú se proclama en 1821, año que es considerado como el punto de partida de una nueva etapa histórica, la República.

Literatura de la Conquista[editar]

Con la conquista española llegó al Perú el idioma castellano (mal llamado español) y las tendencias literarias europeas. Se inicia un proceso que con el tiempo dará origen a una literatura mestiza o peruana, aunque inicialmente acuse de una preeminencia hispánica.

Francisco Carrillo Espejo ha acuñado el término de literatura del descubrimiento y conquista, con el que se designa al período que abarca todas las obras escritas durante el proceso de descubrimiento y conquista del Perú, que se inicia en 1532 en Cajamarca con la captura del último Inca, Atahualpa, y finaliza con la desarticulación del Imperio Incaico. La literatura de este período, aunque no necesariamente escrita durante este marco temporal, sí se vincula a los eventos desarrollados antes o durante este.

Las primeras manifestaciones literarias fueron las coplas recitadas por los conquistadores; un ejemplo es la célebre copla escrita por un soldado durante el segundo viaje de Pizarro, quejándose ante el gobernador de Panamá de las penalidades que padecían:

Pues, señor Gobernador,

mírelo bien por entero,
que allá va el recogedor

y aquí queda el carnicero.

Luego aparecieron las crónicas, cartas de descubrimiento y relaciones. Particularmente, las crónicas constituyen un interesante género literario que mezcla la historia, el ensayo literario y la novela. Las primeras crónicas, escritas por los soldados y secretarios de las expediciones militares, tienen un estilo rudo y seco. Luego aparecieron otras obras mejor trabajadas, como la de Pedro Cieza de León (1518-1554), autor de la Crónica del Perú, dividida en cuatro partes, que constituye el primer gran proyecto de una historia andina global. Debido a ello, algunos consideran a Cieza como el primer historiador del Perú. Finalmente, el Inca Garcilaso de la Vega, mestizo, hijo de un español y una noble inca, publicó a principios del siglo XVII sus Comentarios reales de los incas, obra que supera las exigencias de una simple crónica para convertirse en una obra maestra de la literatura, la primera escrita por un mestizo hispanoamericano.

El crítico Augusto Tamayo Vargas ha dividido a los cronistas en españoles, indígenas, mestizos y criollos.

Cronistas españoles[editar]

Estos se dividen en dos grupos: cronistas de la conquista y cronistas de la colonización. Este último se subdivide a su vez en pre-toledanos, toledanos y post-toledanos.

a) Cronistas de la Conquista

b) Cronistas de la colonización

Pretoledanos
Toledanos
Postoledanos

Cronistas indígenas[editar]

Tres nombres se mencionan especialmente entre los cronistas indígenas, nativos o indios:

  • Titu Cusi Yupanqui, uno de los incas de Vilcabamba que en 1570 escribió una Relación de cómo los españoles entraron en Perú y el subceso que tuvo Mango Inca en el tiempo que entre ellos vivió.
  • Felipe Guaman Poma de Ayala, autor de una original obra ilustrada: El primer nueva crónica y buen gobierno (sic), escrito entre 1585 y 1615, y publicada recién en 1936. En ella presenta el proceso de destrucción del mundo andino (debido a soberbia de los incas o falla en la comunicación con los españoles), tratando de explicar y presentar una alternativa a la realidad caótica de su tiempo.
  • Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua, perteneciente al linaje de lo collaguas, es autor de una Relación de antigüedades de este reino del Piru, escrita hacia 1620 ó 1630, y publicada en 1879. Usa para expresarse un rudimentario español, fuertemente quechuizado.Daylaa.....

Cronistas mestizos[editar]

Entre estos se menciona al padre jesuita Blas Valera (1545-1597), natural de Chachapoyas, cuya Historia de los incas la usaron muchos cronistas españoles e incluso el mismo Inca Garcilaso y que aparentemente se perdió en un incendio en Cádiz, durante una guerra entre españoles e ingleses.

Durante mucho tiempo se creyó que el clérigo y cronista Cristóbal de Molina “el cuzqueño” (1529-1585) era mestizo, pero en realidad fue un español natural de Andalucía,[3] Sin embargo, se compenetró tanto con la cultura andina que se le puede considerar como un mestizo cultural. Su obra principal es una Relación de las fábulas y ritos de los Incas.

Monumento al Inca Garcilaso de la Vega en Roma.

Pero indudablemente el más importante cronista mestizo es el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), considerado como el "primer mestizo biológico y espiritual de América", o en otras palabras, el primer mestizo racial y cultural de América, pues supo asumir y conciliar sus dos herencias culturales: la indígena americana (inca o quechua) y la europea (española-italiana), alcanzando al mismo tiempo gran renombre intelectual.[4] Se le conoce también como el "príncipe de los escritores del Nuevo Mundo", pues su obra literaria se destaca por un gran dominio y manejo del idioma castellano. El escritor Mario Vargas Llosa le reconoce también dotes de consumado narrador, destacando su prosa bella y elegante.[5] En su obra cumbre, los Comentarios reales de los incas, publicada en Lisboa, en 1609, Garcilaso expuso la historia, cultura y costumbres de los Incas y otros pueblos del antiguo Perú. Para muchos críticos se trata del cantar de gesta de la nacionalidad peruana, que se forja precisamente con la fusión de dos herencias, la nativa y la española. Garcilaso es autor también de La Florida del Inca (Lisboa, 1605), que es un relato de la conquista española de Florida; y de la Segunda parte de los Comentarios reales, más conocida como Historia General del Perú (Córdoba, 1617), publicada póstumamente, donde el autor trata sobre la conquista y el inicio de la colonia. Con justicia se considera al Inca Garcilaso como el primer literato del Perú.

Cronistas criollos[editar]

Entre los cronistas criollos o americanos (nacidos en América de padres españoles) que escribieron sobre el Perú se debe destacar a Pedro Gutiérrez de Santa Clara, natural de México, autor de una Historia de las guerras más que civiles que hubo en el Reino del Perú. También merece mención el padre agustino Antonio de la Calancha (1584-1654), natural de La Plata y autor de la Corónica moralizada del orden de San Agustín en el Perú, que contiene valiosas información del pasado prehispánico.

Otros cronistas[editar]

Se debe mencionar también al padre jesuita italiano Giovanni Anello Oliva (¿1572?-1642), que vivió más de 40 años en el Perú, y fue autor de una Historia del reino y provincias del Perú y vidas de varones ilustres en la Compañía de Jesús de la provincia del Perú, cuya primera parte es una introducción histórica titulada: Historia del reino y provincias del Perú, de sus incas, reyes, descubrimiento y conquista por los españoles de la corona de Castilla.

Literatura de los inicios del Virreinato[editar]

Hitos culturales importantes fueron la fundación de la Real y Pontificia Universidad de San Marcos de Lima el 12 de mayo de 1551 por Real Provisión de Carlos I de España y V de Alemania, la primera en América, y la instalación en Lima de la primera imprenta de Sudamérica, la del turinés Antonio Ricardo en 1583, instituciones que impulsaron el temprano desarrollo intelectual de los peruanos.

El primer libro publicado en la ciudad de Lima es la Doctrina Christiana y Cathecismo para la Instrucción de los Indios (1584) del impresor Antonio Ricardo, con lo que se inaugura propiamente la idea de literatura peruana. Este primer catecismo es publicado en castellano, quechua y aymara. Durante las décadas anteriores, ya se había establecido el sistema de reducciones producto de las reformas del virrey Francisco de Toledo (1569-1581) que separaron la sociedad colonial en dos repúblicas, república de Indios y república de Españoles (es el período en el que se realizaron la mayor cantidad de extirpación de idolatrías). También se promulgaron las Leyes de Indias que establecían lo siguiente:

“[q]ue no se imprima, ni vse Arte, ni Vocabulario de la lengua de los Indios, sin estar aprobado conforma á esta ley”; “[q]ue no se consientan en las Indias libros profanos y fabulosos. Porque de llevarse á las Indias libros de Romance, que traten de materias profanas, y fabulosas y historias fingidas se siguen muchos inconvenientes (…) que ningun Español, ni Indio los lea”; “[q]ue se recojan los libros de Hereges, y impida su comunicación. Porqve los Hereges Piratas con ocasion de las presas y rescates han tenido alguna comunicacion en los Puertos de Indias, y esta es muy dañosa á la pureza con que nuestros vasallos creen y tienen a la Santa Fé Catolica por los libros hereticos y proposiciones falsas, que esparcen y comunican á gente ignorante.”

Leyes de Indias, Libro I, título XXIVcolor
Primera página de la Historia natural y moral de las Indias del padre jesuita José de Acosta.

Estos dos factores determinan que la inicial producción literaria en la Colonia se limite a círculos de influencia principalmente hispánica, producida en las grandes ciudades por hijos de españoles (españoles americanos). La literatura se cultiva en círculos ilustrados, estrechamente vinculados con la Iglesia (que imparte la educación entre las élites sociales, ya que todos los colegios y convictorios estaban dirigidos por órdenes religiosas). De la Iglesia es precisamente el padre José de Acosta, quien presta mayor atención al mundo americano ya que, junto a sus reflexiones religiosas y teológicas, encontramos una clara preocupación por la geografía y fisiología de los pueblos naturales del Perú. Acosta representa un momento en el que los estándares estéticos renacentistas están aún presentes en la escena literaria. En 1586 publica Peregrinación de Bartolomé Lorenzo, en 1588 De Natura Novi Orbis et De Promulgation Evangelii apud barbaros, sive de Procuranda indorum salute (De la naturaleza del nuevo mundo...) y en 1590 su obra más conocida: Historia natural y moral de las Indias.

Siglo XVII[editar]

Entre los escritores más relevantes que desarrollan su actividad en este siglo, figuran los siguientes:

  • Diego de Hojeda (¿1571?-1615), poeta sevillano, ordenado sacerdote en el Perú en 1591, es autor de la Cristiada (1611), primer poema épico-místico escrito en América, en octavas.
  • Clarinda, seudónimo de la autora o autor del Discurso en loor de poesía, poema en tercetos, que apareció en el Parnaso Antártico (1608) de Diego Mexía de Fernangil.
  • Amarilis, seudónimo de la autora o autor de la Epístola a Belardo, escrita en silva, dirigida a Lope de Vega y que éste reprodujo en La Filomena (1621).
  • Juan del Valle y Caviedes (1652 o 1654-después de 1696), poeta satírico y costumbrista, autor del Diente del Parnaso (1689).
  • Juan de Espinoza Medrano llamado "El Lunarejo" (hacia 1629-1688), estudioso y dramaturgo mestizo, autor de piezas dramáticas religiosas, sermones y del Apologético en favor de D. Luis de Góngora, príncipe de los poetas líricos de España (1662) y La novena maravilla... (1695).
  • Diego Mexía de Fernangil (¿1565?-1634), es autor de la primera parte del Parnaso Antártico (1608). La segunda parte no llegó a publicarse y permaneció inédita hasta el siglo XX.
  • El padre Bernabé Cobo S.J. (1580-1657), escribió la crónica Historia del nuevo mundo, en 4 volúmenes (1890-1893), y la Historia de la fundación de Lima (1882).
  • Luis Antonio de Oviedo y Herrera, conde de la Granja (1636-1717), poeta y autor teatral, miembro de la Academia Literaria fundada por el virrey Castell dos Rius, autor de los libros poemáticos: La vida de Santa Rosa... (1711) y Poema sacro de la pasión... (1717).

Podemos mencionar también a Lorenzo de las Llamosas (c.1665-c.1705), quien después de unos pocos años de permanencia en el Virreinato del Perú, viaja a España donde desarrolla actividades en la Corte del Rey, como militar y al mismo tiempo como autor de obras de teatro y didácticas.

Siglo XVIII[editar]

Entre la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII desarrolla su actividad el limeño José Bermúdez de la Torre y Solier (1661-1746) poeta, autor del poema Telémaco en la isla de Calipso; fue además jurisconsulto, así como rector de la Universidad de San Marcos de Lima.

En el siglo XVIII destaca el humanista limeño Pedro Peralta y Barnuevo (1664-1743), con una obra que abarcó diversos campos del saber y siendo autor de tragedias y sainetes que pueden considerarse precursores del costumbrismo, entre ellas Lima fundada (1732), Lima triunfante (1728), El cielo en el Parnaso.

Fray Francisco del Castillo O. M. (1716-1770), conocido como "El ciego de La Merced", fraile, dramaturgo y poeta, sin duda el mejor autor teatral de la colonia y entre cuyas obras destacan La conquista del Perú, una de las primeras en ofrecer una perspectiva crítica de la conquista del Perú; Todo el ingenio lo allana; Mitridates, rey del Ponto; el entremés Del justicia y litigantes. Este fraile pertenecía a la Orden de la Merced y no debe ser confundido con el sacerdote jesuita Francisco del Castillo S.J. (1615-1673), quien vivió y trabajó también en Lima, pero un siglo antes.

Sobresale también Alonso Carrió de la Vandera (1714 o 1716-1783), que bajo el seudónimo de Concolorcorvo, escribió el Lazarillo de ciegos caminantes, libro que durante bastante tiempo fue erróneamente atribuido a Calixto Bustamante Carlos Inca y que trata de un viaje realizado entre Lima y Buenos Aires.

A fines del siglo XVIII y coincidiendo con el fin del mandato del virrey Manuel Amat y Juniet, se representó en las gradas de la catedral de Lima un drama, el Drama de los palanganas: veterano y bisoño, que es una crítica despiadada contra el gobierno y la persona de este virrey, en particular sus amoríos con La Perricholi. El texto ha sido rescatado por el crítico literario Luis Alberto Sánchez.

Esteban Terralla y Landa, un poeta satírico, usó el seudónimo de Simón Ayanque para publicar su libro Lima por dentro y fuera (1797).

La época colonial concluye con la obra poética del arequipeño Mariano Melgar (1791-1815), en cuyos versos se prefigura el romanticismo y muestra un mestizaje entre la poesía culta y las canciones populares indígenas. Aunque su obra se enmarca más dentro de la época republicana, y consta de Carta a Silvia (1827) y Poesías (1878).

República[editar]

Siglo XIX[editar]

Ricardo Palma, creador de un género

Las primeras corrientes literarias del Perú independiente fueron el costumbrismo y el romanticismo. Al primer período pertenecen los dramaturgos cómicos y poetas satíricos Felipe Pardo y Aliaga (1806-1868), autor de Un viaje, Frutos de la educación; y Manuel Ascencio Segura (1805-1871), considerado el mayor dramaturgo nacional de este siglo, es quien retrata mejor los tipos populares de Lima; autor de La Pepa, El sargento Canuto, La saya y el manto, Lances de Amancaes, Ña Catita, etc. Narciso Aréstegui (1818 o 1820-1869), autor de la novela El padre Horán. De la pluma de Flora Tristán (1803-1844) salieron Peregrinaciones de una paria y la novela Mephis. Manuel Atanasio Fuentes, conocido como El murciélago (1820-1889), escribió Aletazos del murciélago (3 vols., 1866) y Lima: apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres (1867, en ediciones española, francesa e inglesa).

Cercana al costumbrismo está la obra de Ricardo Palma (1833-1912), autor de las Tradiciones peruanas, la obra más conocida del siglo, en la que a través de una serie de tradiciones —género inventado por él, que combina elementos de historia con fabulaciones propias—, narra la historia de Lima y del Perú durante las épocas incaica, colonial y republicana; además de La bohemia de mi tiempo, Papeletas lexicográficas y Tradiciones en salsa verde.

Al romanticismo pertenecen los poetas y dramaturgos Carlos Augusto Salaverry, José Arnaldo Márquez, Luis Benjamín Cisneros, Clemente Althaus, Acisclo Villarán y Pedro Paz Soldán y Unanue, conocido por su seudónimo Juan de Arona. Sus textos, por lo general, fueron artificiales y abusaron del sentimentalismo. Las obras de teatro, frecuentemente cultivaron el mismo sentimiento y exageraron los enredos de modo inverosímil; ejemplo de ello es el drama El poeta cruzado del poeta Manuel Nicolás Corpancho, alabado en su tiempo y olvidado actualmente.

Tras la guerra del Pacífico hay una reacción contra el romanticismo, liderada por el intelectual Manuel González Prada, quien cultivó una poesía que por su temática estetizante y la introducción de nuevas formas métricas fue un claro precursor del modernismo. Se desarrolló también, de un modo bastante tenue, el realismo en la novela, que toma vuelo a partir de entonces en el Perú.

Una característica resaltante en este período es el surgimiento de un grupo de escritoras. Muchas de ellas —habiendo perdido a sus cónyuges e hijos mayores en la guerra con Chile— tuvieron que ganarse la vida por sí mismas, y cultivaron su vocación literaria a través de tertulias. La principal fue la de la argentina Juana Manuela Gorriti, en las que se discutía sobre los problemas sociales y sobre la influencia de las formas europeas. Escribieron novelas que en cierto modo pueden calificarse como realistas. Tal es el caso de Mercedes Cabello de Carbonera, con El conspirador y Clorinda Matto de Turner, con Aves sin nido. Otra novelista que destacó fue María Nieves y Bustamante con Jorge, el hijo del pueblo.

Siglo XX[editar]

El modernismo y las vanguardias[editar]

El modernismo se desarrolla en el Perú a partir del poema «Al amor» de Manuel González Prada, publicado en el diario El Comercio en 1867, donde el autor fusiona un conjunto de géneros poéticos provenientes de Europa, dando como resultado el triolet. Esta tendencia, resultado del cosmopolitismo que vivía el Perú, pronto se desarrolló en otras partes de América Latina: en Cuba con José Martí; en Nicaragua con Rubén Darío; en Argentina con Leopoldo Lugones; en Uruguay con Julio Herrera y Reissig; en México con Manuel Gutiérrez Nájera. A pesar de sus tempranos antecedentes con González Prada, el modernismo alcanzará en el Perú un pleno desarrollo tardíamente, a inicios del siglo XX. Descolló José Santos Chocano, cuya obra grandilocuente que gusta de la retórica y de la descripción de paisajes está en realidad más próxima a Walt Whitman y al romanticismo; Alberto Ureta, cuyos poemas, de tono reflexivo y melancólico poseen mayor calidad, y Enrique Bustamante y Ballivián.

Vallejo, modernista en Los Heraldos Negros y vanguardista en Trilce

José María Eguren abrió el camino de la innovación en la poesía peruana con sus libros La canción de las figuras (1916) y Simbólicas (1911), próximos al simbolismo y que reflejaban su mundo interior mediante imágenes oníricas, con las que reacciona contra la retórica y el formalismo modernistas.

Hasta 1920 el modernismo era la tendencia dominante en el cuento y la poesía, pero desde 1915 la vanguardia literaria hizo tímidamente su entrada en la musa nacional. César Vallejo, con sus obras fuertemente innovadoras en el lenguaje centradas en la angustia y en la condición humana, pertenece a este período, en el que también aparecieron los poetas Alberto Hidalgo, Alberto Guillén, Xavier Abril, Carlos Oquendo de Amat, Luis Valle Goicochea, Magda Portal y los surrealistas César Moro y Emilio Adolfo Westphalen.

El escritor más importante del momento es Abraham Valdelomar, quien en su breve vida cultivó el cuento, la novela, el teatro, la poesía, el periodismo y el ensayo. Sobresalen sobre todo sus relatos, que narran con bastante ternura historias de las ciudades provincianas y, en menor medida, de Lima o cosmopolitas. En 1916 fundó la revista Colónida que agrupó a varios jóvenes escritores y que, a pesar de su breve existencia (se publicaron solo cuatro números), abrió el camino para la entrada de nuevos movimientos como la vanguardia en la literatura peruana.

Otros autores, que junto con Valdelomar inauguran el cuento en el Perú fueron Clemente Palma, que escribió relatos decadentes, psicológicos y de terror, influido por el realismo ruso y por Edgar Allan Poe; y Ventura García Calderón, quien mayormente escribió cuentos exóticos sobre el Perú. También se encuentran Manuel Beingolea, Manuel Moncloa y Covarrubias, Cloamón, y Fausto Gastañeta.

En el teatro, con escasas obras de valor en este período, figuran las comedias del poeta festivo Leonidas Yerovi y, posteriormente, las obras de denuncia social y cariz político de César Vallejo, que pasaron mucho tiempo antes de ser publicadas o representadas. Ya en los años 1940 la influencia tardía del modernismo y del teatro poético se reflejará en las obras de Juan Ríos, a las que se les ha criticado su excesiva retórica poética, generalmente ambientadas en tiempos remotos o en leyendas y que buscan ser un referente general del hombre.

Indigenismo[editar]

En el Perú el tema principal de la literatura indigenista era el indio, cuyo predominio en la literatura se había iniciado en los años 1920 y 1930, primero con los cuentos de Enrique López Albújar y más tarde con las novelas de Ciro Alegría: La serpiente de oro (1935), Los perros hambrientos (1939) y El mundo es ancho y ajeno (1941). Así empezó la interesante controversia sobre indigenismo e indianismo, vale decir, sobre la cuestión de que no sean los mismos indios quienes escriban sobre su problemática. Esta corriente literaria alcanzó su máxima expresión en la obra de José María Arguedas, autor de Agua, Yawar Fiesta, Diamantes y pedernales, Los ríos profundos, El Sexto, La agonía de Rasu Ñiti, Todas las sangres y El zorro de arriba y el zorro de abajo, y quien debido a su contacto con los indígenas en la infancia, pudo asimilar como propias su concepción del mundo y experiencias.

Generación del cincuenta[editar]

La modernización de la narrativa peruana comienza con la Generación de 1950, enmarcada políticamente con el golpe del general Manuel A. Odría en 1948 y las elecciones de 1950 en las que se autoelige presidente. Durante la década anterior había comenzado un movimiento migratorio del campo a la ciudad (preferentemente a la capital), que durante los años cincuenta se potencializa al máximo y resulta en la formación de barriadas y pueblos jóvenes, la aparición de sujetos marginales y desplazados socialmente. La literatura producida en este período estuvo influida notablemente por las vanguardias europeas; en particular, el llamado modernismo anglosajón de Joyce y en el ambiente norteamericano la obra novelística de Faulkner y la Generación Perdida. También influyó notablemente la literatura fantástica de Borges y Kafka. A esta generación pertenecen Julio Ramón Ribeyro, Carlos Eduardo Zavaleta, Eleodoro Vargas Vicuña, Mario Vargas Llosa, entre otros.

La generación del cincuenta es un momento en el que la narrativa se vincula de forma muy fuerte con el tema del desarrollo urbano, la experiencia de la migración andina hacia Lima (un incremento drástico de la población a partir de finales de la década del 40). Muy relacionada con el cine neorrealista italiano, retrata la urbe cambiante, la aparición de personajes marginales y problemáticos. Entre los narradores más representativos resaltan Ribeyro con Los gallinazos sin plumas (1955); Enrique Congrains con las novelas Lima, hora cero (1954) y No una, sino muchas muertes (1957); Luis Loayza, cuya obra es obra es breve y poco conocida; y Vargas Llosa, quien a fines de la década del 50 empezó a publicar sus cuentos, aunque sus magistrales novelas aparecerán a partir de la década de 1960.

Junto a los narradores, surge un grupo de poetas entre los que se destacan Alejandro Romualdo, Washington Delgado, Carlos Germán Belli, Francisco Bendezú, Juan Gonzalo Rose, Pablo Guevara. Estos poetas comenzaron a publicar su obra a partir de fines del 40, tal es el caso de Romualdo, luego lo harían Rose, Delgado, Bendezú, Belli. Guevara. Además, a este grupo lo unían no solo las relaciones personales, sino también la ideología, el marxismo y el existencialismo. Los poemas que escribieron adoptaron, desde una visión general, un tono protestatario y de compromiso social. Por ello, se reconoce al poema A otra cosa de Romualdo en el arte poética de la generación del cincuenta.

Esta generación reinvindicó a César Vallejo como paradigma estético y asumió el pensamiento de José Carlos Mariátegui en calidad de guía intelectual. Los poetas Javier Sologuren, Sebastián Salazar Bondy, Jorge Eduardo Eielson, Antenor Samaniego, Blanca Varela, fueron conocidos como el grupo neovanguardista, que comenzó a publicar a fines de los años treinta (tal es el caso de Sologuren, luego vendrían los poemas de Salazar Bondy, Samaniego, Eielson, Varela). Mantuvieron relaciones personales en la revista Mar del Sur, dirigida por Aurelio Miró Quesada, de clara tendencia conservadora; y designaron a Emilio Adolfo Westphalen como guía poético. A esta situación histórico - literaria, habría que añadir el grupo de los llamados Poetas del pueblo, vinculados al partido aprista fundado por Victor Raúl Haya de la Torre, integrado por Gustavo Valcárcel, Manuel Scorza, Mario Florián, Ignacio Campos, Ricardo Tello, Julio Garrido Malaver, quienes reivindicaron como paradigma poético a Vallejo.

Durante ese decenio y el siguiente el teatro experimenta un período de renovación, inicialmente con las piezas de Salazar Bondy (generalmente comedias de contenido social) y más tarde con Juan Rivera Saavedra, con obras de fuerte denuncia social, influidas por el expresionismo y el teatro del absurdo. Durante estos años se dejará sentir con fuerza la influencia de Brecht entre los dramaturgos.

Generación del sesenta[editar]

La Generación del 60 en poesía tuvo a representantes del calibre de Luis Hernández, Javier Heraud y Antonio Cisneros, Premio Casa de las Américas. Merecen citarse también César Calvo, Rodolfo Hinostroza y Marco Martos. Cabe señalar que Heraud fue el verdadero paradigma generacional, vinculado a la doctrina marxista y a la militancia política, mientras que Hernández y Cisneros, no. Como es fácil advertir, los coetáneos no constituyen movimiento generacional.

A esta generación pertenecen los narradores Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez, Eduardo González Viaña, Jorge Díaz Herrera, Alfredo Bryce Echenique y Edgardo Rivera Martínez.

Mario Vargas Llosa en el acto fundacional de Unión, Progreso y Democracia.

La narrativa y la poesía peruanas de fines de la década de 1960 no tuvieron tanto un carácter generacional como ideológico: la literatura era vista como un medio, un instrumento para crear una conciencia de clase. Eran los años del auge de la revolución en Cuba y en el Perú la mayoría de intelectuales ansiaban una revolución marxista que rompiera el viejo orden oligárquico y feudal. Algunos escritores aspiraban a un proceso como el cubano (Heraud, por ejemplo, murió en mayo de 1963 en la selva peruana, integrando una columna que pensaba lanzar la lucha guerrillera), mientras que otros tenían sus propios modelos. En este periodo de intenso compromiso social al escritor le queda poco espacio para el compromiso con su propia obra. A fines de esta década surge el Grupo Narración, influido por el maoísmo y liderado por Gutiérrez y Reynoso, quienes editaron una revista con el mismo nombre, aunque tenían pensando llamarla Agua, evocando a José María Arguedas y las tensiones sociales que muestra el libro de ese titulo.

Generación del setenta[editar]

Las primeras expresiones con características propias, de lo que se denominaría después Generación del 70, surgieron a fines de los años 60 con autores como Manuel Morales (1943-2007; Poemas de entrecasa, 1969; este y la plaqueta Peicen Bool, del año anterior, fueron los únicos poemarios que publicaríaprimer y único libro que publicaría)[6] y Abelardo Sánchez León (Poemas y ventanas cerradas, 1969) que experimentaron con el coloquialismo popular.

Una de las primeras revistas que acogerá a las nuevas voces será Estación Reunida, en la que publican José Rosas Ribeyro, Patrick Rosas, Elqui Burgos, Tulio Mora, Óscar Málaga y otros. Pero será con la aparición del movimiento Hora Zero y su revista homónima, en 1970, que esta generación sentará presencia en la escena cultural peruana. Lo fundaron Juan Ramírez Ruiz y Jorge Pimentel, estudiantes de la Universidad Nacional Federico Villarreal, y a sus filas también pertenecieron Enrique Verástegui, Carmen Ollé, Jorge Nájar, Mario Luna y Feliciano Mejía.

Sus primeros escritores galardonados con el importante premio Poeta Joven del Perú fueron José Watanabe (Álbum de familia) y Antonio Cillóniz (Después de caminar cierto tiempo hacia el Este), que lo compartieron en 1970.[7]

Además del coloquialismo popular como expresión poética, a la Generación del 70 también le caracterizará su ruptura con la tradición literaria peruana anterior a ella y su radicalismo ideológico de izquierda. A raíz de las supuesta supuesta falta de compromiso social de los anteriores poetas, se producen altercados entre Pimentel, uno de los líderes de Hora Zero, y el consagrado Antonio Cisneros, que desembocan en un curioso reto de Pimentel a Cisneros a un duelo poético (declamar ambos ante un público casual para que espontáneamente los circunstantes determinen al vencedor). Cisneros respondió jocosamente: "Han empezado con el píe derecho, camaradas. Ahora falta que escriban con la mano...".

Otra expresión importante de esta generación es el surgimiento de los poetas mágicos, neovanguardistas que retoman los experimentos dadaístas con César Toro Montalvo, Omar Aramayo, José Luis Ayala... La poesía de protesta social tendrá un destacado cultor en Cesareo Martínez. Fuera de los grupos destacan otras voces como la de Vladimir Herrera.

A partir de 1974 se produce un segundo momento en la Generación del 70 que se expresará en las páginas de revistas de muy limitada circulación como La Tortuga Ecuestre, Cronopios, Literatura, Auki, Tallo de Habas y algunas otras. Sus poetas enmiendan los excesos de la primera etapa, toman cierta distancia del coloquialismo y se entregan más al esmerado cultivo de la forma. En este segundo momento destacan las voces de Mario Montalbetti, Juan Carlos Lázaro, Carlos López Degregori, Luis La Hoz, Alfonso Cisneros Cox y otros.

De otro lado, con la publicación póstuma de un puñado de poemas de María Emilia Cornejo en la revista Eros, la poesía escrita por mujeres en el Perú inaugura un nuevo lenguaje, una nueva expresión de la problemática femenina. Destacarán la ya citada Carmen Ollé, Sonia Luz Carrillo, Rosina Valcárcel, Rosa Natalia Carbonell, entre otras.

Si bien la del 70 fue una generación fundamentalmente poética, no estuvo exenta de narradores. En los años iniciales de agitación literaria, al influjo de las modas importandas de la contracultura y los hippies, su narrador más visible fue Fernando Ampuero, quien con el tiempo desarrollará una importante y sostenida obra cuentística, novelística y periodística. Con menos atención de los medios, pero con obras no menos importantes, a esta generación también pertenecen los narradores Óscar Colchado, Cronwell Jara, Maynor Freyre, Zein Zorrilla, Luis Nieto Degregori, Enrique Rosas Paravicino...

En el teatro hace irrupción la creación colectiva frente a las obras de autor. El movimiento fue liderado por varios grupos teatrales surgidos en estos años, entre los que descollan Cuatrotablas, encabezado por Mario Delgado, y Yuyachkani, por Miguel Rubio Zapata, ambos creados en 1971.

Décadas de 1980 y 1990[editar]

Con la década de 1980 viene el desencanto, el pesimismo: la llegada de una revolución comunista deja de ser una utopía, pero ya no se la espera con ilusión, es casi una amenaza. Es tiempo de la perestroika y los últimos años de la guerra fría. Además, la crisis económica, la violencia terrorista y el deterioro de las condiciones de vida en una Lima caótica y superpoblada contribuyeron al desánimo colectivo. En narrativa aparecen los primeros libros de cuentos de Alfredo Pita, Y de pronto anochece; de Guillermo Niño de Guzmán, Caballos de medianoche; y de Alonso Cueto, Las batallas del pasado, autores estos cuya obra literaria se desarrollará plenamente en años posteriores. Asimismo, en los ochenta, aparecen las dos primeras novelas de Aída Balta Campbell: Sodoma Santos y Gomorra y El legado de Caín. En 1990 aparece en España y con escasa circulación en el Perú un libro de cuentos de Pita que lleva un título negro como la década que se cerraba en su país: Morituri.

En poesía, surgen movimientos marginales, que ahondan la vertiente rebelde de la década anterior, como el Kloaka, liderado por Roger Santiváñez. Fundado hacia el final de 1982, editó una autoantología con motivo de su disolución: La última cena (1987). En contraste con las propuestas colectivas de aliento neovanguardistas (en general, de ruptura con el sistema político y el estético), surgen individualidades notables vinculadas en su orígenes con estos, pero que rápidamente transitan a una poesía serena, de ritmos equilibrados y que se nutre de tradiciones artísticas fuertemente codificadas. El caso más notable es el de José Watanabe, cuya mejor obra corresponde a este decenio y que será revalorada en el nuevo siglo. Otros poetas notables dentro de esta apuesta individualizadora de vertiente tradicional fueron Eduardo Chirinos y Magdalena Chocano. En el mismo decenio afloran también los primeros y diversificados movimientos de poesía de mujeres. Están la línea feminista, dentro de la cual se destacan Carmen Ollé, Giovanna Pollarollo y Rocío Silva Santisteban, y otra más lírica, donde sobresale Rosella Di Paolo, además del intimismo irónico de Milka Rabasa. Cabe mencionar también a Patricia Alba, Mariela Dreyfus y Dalmacia Ruiz-Rosas.

En la década de 1990, aparece una tendencia individualista que ahonda en la intención estética. En poesía donde surgen dos grupos importantes: Noble Katerba y Neón. En la narrativa, la fórmula que se impone es la denominada joven-urbano-marginal. En este campo, además de Jaime Bayly, que tiene preferencia por lo sensacionalista, sobresalen Óscar Malca con Al final de la calle (1993), Sergio Galarza con Matacabros (1996), Rilo con Contraeltráfico (1997), autores que cultivan el realismo sucio.

Por otra parte, aparecen algunos escritores que cultivan el esteticismo y cuya obra escapa a los moldes de su generación, entre ellos Iván Thays, con Las fotografías de Frances Farmer, y Patricia De Souza, con Cuando llegue la noche. En poesía destacan Montserrat Álvarez con Zona dark (1991), Xavier Echarri con Las quebradas experiencias, Domingo de Ramos con Ósmosis (1996), Doris Moromisato, Odi González, Ana Varela, Leoncio Luque, Rodrigo Quijano, Jorge Frisancho, Gonzalo Portals, Rafael Espinosa, entre otros antologados en la polémica antología Poesía peruana siglo XX (2000) de Ricardo González Vigil (Universidad Católica).

Hacia el 2000, como señala Vigil en el tomo 14, Literatura, de la a Enciclopedia Temática del Perú de El Comercio, muestran un trabajo poético importante Lorenzo Helguero, Miguel Ildefonso, Selenco Vega, José Carlos Yrigoyen, Alberto Valdivia Baselli, Rubén Quiroz, entre otros. En el campo dramático descollan Enrique Mávila y Mariana de Althaus, que se han caracterizado por la asimilación de diferentes tendencias teatrales contemporáneas. Y en el campo de la narrativa breve es singular la obra Fábulas y antifábulas, de César Silva Santisteban.

Simultáneamente, dos escritores del grupo Narración alcanzan su madurez durante este decenio: Oswaldo Reynoso y Miguel Gutiérrez, quienes regresan al Perú luego de una larga estadía en la China comunista, que los desengaña de sus aventuras políticas juveniles. Reynoso, autor del memorable libro de cuentos Los inocentes, pública sucesivamente la nouvelle En busca de Aladino y la novela Los eunucos inmortales, obras de prosa musical en las que se descarta el ideal de la lucha social de clase por la búsqueda de una utopía de belleza juvenil que resulte, no obstante, justiciera con los humildes. Gutiérrez, por su lado, sorprende a los lectores con una novela de más de mil páginas, La violencia del tiempo, saga familiar de la familia Villar, que se inicia con el primer Villar, desertor del ejército español que combatió contra los patriotas en la guerra de independencia, y termina con Martín Villar, narrador de la novela, que en los años sesenta ha optado por ser un profesor rural, tras estudiar en la oligárquica Universidad Católica. Novela histórica, de crecimiento, ensayo de crítica social y de interpretación histórica, La violencia del tiempo acusa el influjo de los grandes narradores latinoamericanos del siglo XX (Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa), así como de los maestros de la novela del siglo XIX, en especial de Balzac, cuyo intenso y torvo cronicón de familia, La comedia humana, evoca con maestría singular.

Siglo XXI[editar]

Santiago Roncagliolo firmando un autógrafo

Con el cambio de siglo y en los primeros años de la década varios de los premios internacionales más importantes son entregados a escritores peruanos, algunos de ellos desconocidos hasta ese momento en el extranjero. A partir de ello, se plantea la posibilidad de un relanzamiento internacional de nuestras letras, las que habían menguado en presencia exterior durante las dos últimas décadas del siglo XX. De hecho, este repunte de las letras peruanas empieza en 1999, cuando la novela El cazador ausente, de Alfredo Pita, gana el premio Las dos orillas, concedido por el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón (España). El libro de Pita fue de inmediato traducido y publicado en cinco países europeos. Tres años después, en 2002, un narrador ya consagrado, Alfredo Bryce Echenique, obtiene el Planeta con El huerto de mi amada, otorgado por la editorial homónima, la más poderosa de España y una de las mayores del mundo. El año siguiente, Pudor, segunda novela de Santiago Roncagliolo, queda entre las cuatro finalistas del Herralde y es luego publicada por Alfaguara en 2004 con una audaz operación de márketing. En 2005, Jaime Bayly, criticado por sus detractores por el supuesto carácter comercial y por los estereotipos sociales que vehiculizaría en sus novelas, es único finalista del Planeta. Ese mismo año Alonso Cueto logra el Herralde con La hora azul y al siguiente Roncagliolo, con Abril rojo, obtiene el premio de novela otorgado por su casa editora y al subsiguiente la novela El susurro de la mujer ballena, de Cueto, queda finalista en la primera edición del Premio Planeta-Casa de América. Ese mismo año un nuevo sello español, 451 Editores, publica la novela Casa de Enrique Prochazka. Iván Thays, que ya había sido finalista del Rómulo Gallegos 2001, queda entre los finalistas del Herralde 2008 con Un lugar llamado Oreja de Perro. El escritor peruano-estadounidense Daniel Alarcón fue considerado uno de los escritores más importante de la última generación en la literatura estadounidense, en tanto Carlos Yushimito y Roncagliolo fueron considerados entre los 22 escritores menores de 35 más importantes en español. Finalmente, el Nobel de Literatura es entregado a Vargas Llosa en año 2010. En esta secuencia de acontecimientos puede, ciertamente, rastrearse la incorporación de numerosa literatura peruana al flujo de la circulación de las letras españolas en el mundo globalizado

Mientras algunos en el Perú se congratulan de este fenónomeno, otros lo critican argumentando que la internacionalización de estos escritores y su premiación debe entenderse no por criterios estrictamente literarios sino por la ampliación del mercado literario internacional en español dentro de ciertos parámetros que estimula el consumo de productos muy reconocibles. Desde esta perspectiva, las trasnacionales de la literatura, que en los primeros años del siglo XXI asientan sus filiales en Lima, estarían exigiendo a los escritores mejor conectados con el mercado editorial una mayor profesionalización, pero orientada a satisfacer los estándares de una producción de formatos transnacionales preestablecidos, que se riñen con la originalidad .

En paralelo al resurgimiento internacional y al reconocimiento de autores como los mencionados, en Perú en los últimos años también se desarrolla, como parte de la dinámica propia de un país multicultural, un proceso literario protagonizado por autores que sitúan su obra en los linderos de la cultura andina, rescatándola como forma artística producto de la especificidad de la nación peruana y su drama. Los escritores de esta tendencia reclaman, por un lado, la herencia de la obra de José María Arguedas y, por otro, denuncian la discriminación por parte de críticos y medios de comunicación de orientación "criolla", o culturalmente más afines con el sistema económico globalizado, que rige la administración de los llamados "bienes culturales". La disputa entre "andinos" y criollos se hizo patente a raíz de de una serie de artículos agresivos publicados por ambos bandos luego de una primera descalificación mutua cuando se vieron las caras en un congreso de escritores peruanos en Madrid. El debate, que no pasó de lo adjetivo, permitió la difusión de una nueva generación de escritores provincianos que continúa, en clave contemporánea e incluso posmoderna, la narrativa indigenista (y regionalista) de los años 40 (en particular surgen lazos con Alegría y Arguedas), con la obra de Manuel Scorza y con la narrativa regionalista y de ruptura de los años 70 (Eleodoro Vargas Vicuña, Carlos Eduardo Zavaleta, Edgardo Rivera Martínez, el grupo Narración. Se privilegia una reconstrucción del pasado a través de un proceso de ficcionalización de la historia, retomando un punto explotado por la nueva narrativa hispanoamericana y el boom. Así, si no son los primeros, son los que más ahondan en el tratamiento literario del proceso de la guerra interna (1980-1993). Un libro que ha contado con el elogio merecido de la crítica ha sido Retablo de Julián Pérez. La inserción en el mercado literario nacional de estos escritores es, además, distinta a los narradores capitalinos, ya que la difusión de sus obras se realiza principalmente en provincias y a través de formas alternativas (ferias regionales, conciertos folclóricos, periódicos o revistas de tiraje limitado). Fuertemente marcados por la oralidad y tradiciones andinas, los nombres más conocidos, además de Colchado, son Dante Castro, Félix Huamán Cabrera y Zein Zorrilla.

Es importante señalar, asimismo, el significativo crecimiento que ha experimentado el mercado editorial peruano en la primera década del siglo XXI, debido a la reducción de costos que ha significado la introducción de tecnología digital en el ámbito editorial, la vigencia de la Ley del Libro y el impulso del Plan Lector de Ministerio de Educación. Por un lado, han aparecido diversas editoriales independientes como Estruendomudo, Matalamanga, Sarita Cartonera, Bizarro, Borrador Editores, [sic] libros, Mundo Ajeno, Tranvías, Lustra, Mesa Redonda, Casatomada, Editorial Arkabas, Gaviota Azul Editores, entre otras. Estas casas impulsaron la creación de la Alianza Peruana de Editores, gremio independiente afiliado a un movimiento global por la defensa de la bibliodiversidad. Entre las nuevas editoriales Estruendomudo, en especial, es responsable de la aparición y difusión de nuevos narradores elogiados por la crítica. Por el otro, uno de los mayores grupos del mundo de habla hispana, Planeta, inauguró en 2006 su filial en el Perú, dando un ulterior impulso a un mercado en el que ya operaban otros dos grandes grupos internacionales: Santillana (España) y Norma (Colombia). Este pequeño boom editorial ha permitido que un número elevado de escritores nuevos publique sus primeros trabajos durante esta década.

Premios Nobel[editar]

NOBEL.PE.png
Premios Nobel
Escritor Año Imágen Cita Alma Máter
Mario Vargas Llosa 2010 Vargas Losa Göteborg Book Fair 2011b.jpg «por su cartografía de las estructuras de poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, la rebelión y la derrota».[8] UNMSM coatofarms seal.svg Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Referencias[editar]

  1. cf. Para una periodización de la literatura peruana
  2. A este Molina se le atribuye una Relación de cosas acaecidas en el Perú, pero actualmente se cree que el autor de esta obra fue en realidad el clérigo Bartolomé Segovia. Ver: Las Crónicas de los Molinas.
  3. Reivindicando a Molina, el cronista. Libros peruanos. Consultado el 10 de noviembre del 2012.
  4. Miró Quesada, Aurelio: El Inca Garcilaso, ejemplo de síntesis. Artículo reproducido en Historia General de los Peruanos, tomo 2, 1973, pp. 457-461.
  5. Vargas Llosa, Mario: "El Inca Garcilaso y la lengua general".
  6. Falleció el poeta Manuel Morales, revista Cultura a Diario, 21.08.2008; consultado el 01.08.2014
  7. Sección 'Premios' enla página de Cillóniz, s/f; consultado el 01.08.2014
  8. «The Nobel Prize in Literature 2010». Fundación Nobel. Consultado el 21 de octubre de 2010.
Bibliografía
  • Basadre, Jorge. Literatura Inca. París: Descleé, de Brouwer. 1938.
  • Basadre, Jorge. Historia de la República del Perú. Vols IV, VII u XI. Lima: Euroamericanas. 1983.
  • Carrillo, Francisco. Enciclopedia histórica de la literatura peruana. Tomo 1: Literatura Quechua clásica (1986); Tomo 2: Cartas y cronistas del Descubrimiento y la Conquista (1987); Tomo 3: Cronistas de las guerras civiles, así como el levantamiento de Manco Inca y el de Don Lope de Aguirre llamado "la ira de Dios" (1989); Tomo 4: Cronistas del Perú Antiguo; Tomo 5: Cronistas que describen la Colonia: Las relaciones geográficas. La extirpación de idolatrías (1990); Tomo 6: Cronistas Indios y Mestizos I (1991); Tomo 7: Cronistas Indios y Mestizos II: Felipe Guamán Poma de Ayala (1992); Tomo 8: Cronistas Indios y Mestizos III: El Inca Garcilaso de la Vega (1996); Tomo 9: Cronistas de convento, cronistas misioneros y cronistas regionales (1999). Lima: Horizonte.
  • Cornejo Polar, Antonio [y] Cornejo Polar, Jorge. Literatura peruana, Siglo XVI a Siglo XX. Berkeley-Lima: Latinoamericana. 2000.
  • Cornejo Polar, Antonio. Escribir en el aire: ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural en las literaturas andinas. Lima: Horizonte. 1994.
  • Cornejo Polar, Antonio. La formación de la tradición literaria en el Perú. Lima: CEP. 1989.
  • Elmore, Peter. El perfil de la palabra. La obra de Julio Ramón Ribeyro. Lima: Fondo de Cultura Económica-Pontificia Universidad Católica del Perú. 2002.
  • Falla Barreda, Ricardo: Curso de realidad: proceso poético 1945 - 1980, Ed. CONCYTEC, Lima, 1980 (dos tomos); Fondo de fuego: la generación del 70, CONCYTEC, Lima, 1990; Lo peruano en la literatura virreinal; el caso de Lima fundada de Pedro de Peralta, Ed. San Marcos, Lima, 1999; El goce de la razón: el Perú del XVII, Ed. San Marcos, Lima, 2000; Sobre lo bello y sus formas del Reino del Perú indiano: la voz testimonial del XVII, Ed. San Marcos, Lima, 2004.
  • García-Bedoya Maguiña, Carlos. Para una periodización de la literatura peruana. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 1990.
  • García-Bedoya Maguiña, Carlos. La literatura peruana en el periodo de estabilización colonial (1580-1780). Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 2000.
  • Guamán Poma de Ayala, Felipe de. El primer nueva corónica y buen gobierno. 1615/1616. København, Det Kongelige Bibliotek, GKS 2232 4°. Facsímil del manuscrito autógrafo, transcripción anotada, documentos y otros recursos digitales.
  • Grupo poético Noble Katerba: Persistencia Vital: Noble Katerba, Ed. Casa Barbieri, Lima, 2007 (un tomo)
  • Lienhard, Martin. La voz y su huella. Escritura y conflicto étnico-cultural en América Latina. 1492-1988.. Lima: Horizonte. 1992.
  • Porras Barrenechea, Raúl. Los cronistas del Perú (1528-1650). Lima: Sanmartí Impresores. 1962.
  • Porras Barrenechea, Raúl. Las relaciones primitvas de la conquista del Perú. Lima: s/e. 1967.
  • Sánchez, Luis Alberto. La literatura peruana, derrotero para una historia espiritual del Perú. Buenos Aires: Guaranía. 1950.
  • Sánchez, Luis Alberto. Nueva historia de la literatura americana. Lima: Edición del autor. 1987.
  • Tamayo Vargas, Augusto. Literatura peruana. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 1965.
  • Vargas Ugarte, Rubén. Historia del Perú de Rubén Vargas Ugarte.
  • Diccionario Biográfico del Perú Contemporáneo.
  • Diccionario Histórico y Biográfico del Perú siglos XVI - XX.
  • Diccionario Histórico y Biográfico del Perú siglos XIX - XX.
  • Enciclopedia Temática del Perú. Vol XIV: La Literatura. Lima: El Comercio. 2004.
  • "Leyes de Indias. Libro primero". En: Archivo digital de la Legislación en el Perú. Congreso de la República del Perú.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]