Literatura de Bulgaria

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La literatura de Bulgaria es toda aquella escrita por los búlgaros o los residentes en Bulgaria, así como la escrita en idioma búlgaro, siendo esta última la definición más utilizada. Es la más antigua de las literaturas eslavas,[1] ya que sus orígenes se remontan al siglo IX, cuando los monjes Cirilo y Metodio crearon el alfabeto glagolítico y tradujeron del griego al búlgaro antiguo, también conocido como antiguo eslavo eclesiástico, varios libros cristianos.

Edad Media[editar]

Cirilo y Metodio[editar]

Los hermanos Constantino el Filósofo (827-869), que más tarde adoptaría el nombre de Cirilo, y Metodio (h. 817-885) fueron enviados como misioneros a la Gran Moravia con el fin de evangelizar a sus habitantes eslavos. Para ello, Constantino creó, en 862, una nueva forma de escritura, el alfabeto glagolítico, que le permitía transcribir la única lengua eslava que él conocía, el búlgaro que se hablaba en la ciudad bizantina de Salónica, de la que tanto él como su hermano eran nativos. Utilizando este nuevo alfabeto, tradujo al búlgaro algunos de los libros cristianos más empleados en la liturgia (el Salterio, el Evangeliario, las lecturas litúrgicas de la Epístola y un libro de Homilías de los Padres de la Iglesia),[2] que fueron los principales instrumentos de la labor evangelizadora que los hermanos emprendieron en la Gran Moravia a partir de 863. Su tarea se encontró con la oposición de los obispos alemanes, contrarios a que se utilizase para predicar una lengua distinta del latín, dado que la Gran Moravia se encontraba en la órbita del cristianismo occidental. Para defender su causa, los hermanos se trasladaron a Roma, donde lograron finalmente convencer al Papa Adriano II de que aprobase su labor. Constantino, que por entonces había cambiado su nombre por el de Cirilo, por el que es conocido, falleció durante su estancia en Roma, en 869. Su hermano Metodio fue al año siguiente nombrado por el Papa obispo de todos los eslavos, con sede en la ciudad de Sirmium (hoy Sremska Mitrovica, en Serbia). Se mantendría en su cátedra hasta 885, excepto un período de tres años que pasó en la cárcel debido a las intrigas combinadas del Patriarca de Constantinopla, celoso de su poder, y de los obispos alemanes.[3]

Además de su ingente labor como traductor, y de la creación del alfabeto glagolítico, Cirilo es considerado el autor del primer poema de las literaturas eslavas, el Prefacio al Evangelio (Proglas k evangeliu), que únicamente se ha conservado en copias posteriores en ruso y en serbio, de las cuales las más antiguas datan del siglo XIII.[4]

La primera edad de oro[editar]

Cuando en 885 falleció Metodio, los obispos alemanes conquistaron de nuevo el poder en la Gran Moravia y persiguieron encarnizadamente a sus seguidores. Algunos de ellos se instalaron en Bulgaria, que se había convertido recientemente al cristianismo (en 865), y donde el zar Boris I deseaba una mayor autonomía de la iglesia búlgara con respecto a Constantinopla. Para ello, era indispensable sustituir el griego por el búlgaro como lengua litúrgica, y, en este sentido, la llegada de los discípulos de Metodio resultó providencial.

Los recién llegados se instalaron en la entonces capital del Primer Imperio Búlgaro, la ciudad de Pliska, y trabajaron intensamente en la traducción de varias obras religiosas al búlgaro, dando inicio a una rica actividad cultural que se prolongaría durante lo que se conoce como la primera edad de oro de la cultura búlgara medieval, desde finales del siglo IX hasta principios del XI. En este periodo, la literatura prosperó en Bulgaria y se tradujeron muchos libros del griego medieval, al tiempo que se escribían nuevas obras.

Tras el intento de restaurar el paganismo que constituyó el breve reinado de Vladimir I, en 893 subió al trono el zar Simeón, quien trasladó la capital a Preslav, e impulsó decididamente los estudios literarios, sentando las bases de la llamada Escuela literaria de Preslav. Seguramente fue por estas fechas, entre Pliska y Preslav, cuando se creó el alfabeto cirílico, al que se dio este nombre en honor de Cirilo, el creador del alfabeto glagolítico. Con respecto a este último, el nuevo alfabeto resultaba más sencillo, y era más parecido al alfabeto griego.[5] Durante cierto tiempo, convivieron ambos sistemas de escritura, pero finalmente el cirílico se impuso y el glagolítico dejó de utilizarse, desapareciendo por completo a partir del siglo XII.

Entre los más destacados autores que trabajaron en la Escuela literaria de Preslav están Clemente de Ócrida, Constantino de Preslav y Juan el Exarca. Gran parte de la literatura de la primera edad de oro consiste en traducciones del griego, de libros de la Biblia y de otros destinados a la liturgia, así como de obras de los Padres de la Iglesia. No obstante, no faltan las obras originales. Chernorizets Hrabar escribió De las letras, un discurso apologético defendiendo el derecho de la escritura búlgara (el alfabeto glagolítico) a coexistir en plano de igualdad con los alfabetos hebreo, griego y latino.[6] Clemente de Ócrida, que dedicó principalmente a la traducción de obras del griego, es también responsable de varias homilías, panegíricos e himnos originales.[7] Una de las obras más originales es Shestodnev, de Juan el Exarca, que puede considerarse una especie de enciclopedia de los conocimientos medievales.[8] Muy abundantes en esta época son las hagiografías, o vidas de santos, gracias a las cuales se tiene información acerca de estos autores, ya que muchos de ellos son considerados santos por la Iglesia ortodoxa.

Los trabajos de los intelectuales búlgaros influyeron en el mundo eslavo, expandiendo el antiguo eslavo eclesiástico, el cirílico y el alfabeto glagolítico al Rus de Kiev, así como a la Serbia y la Croacia medievales.

La primera edad de oro llegó a su fin cuando, a comienzos del siglo XI, Bulgaria fue de nuevo incorporada a los dominios del Imperio Bizantino.

La segunda edad de oro[editar]

Tetraevangelio del zar Iván Alejandro.

Al mismo tiempo que el imperio búlgaro quedaba subyugado por los bizantinos, la actividad literaria decreció. Sin embargo, Bulgaria recuperó su independencia con el establecimiento del Segundo Imperio Búlgaro, a finales del siglo XII, tras más de ciento cincuenta años de dominación bizantina. Con el tiempo, esto llevaría, en el siglo XIV, bajo el reinado del zar Iván Alejandro (1331-1371), a otro periodo de revitalización de la literatura búlgara, que se conoce como segunda edad de oro, durante la cual floreció la Escuela literaria de Veliko Tarnovo.

Los orígenes de esta escuela literaria están estrechamente relacionados con el surgimiento del hesicasmo, una corriente mística dentro del cristianismo ortodoxo cuyo principal defensor fue el monje bizantino Gregorio Palamás, que llegaría a ser arzobispo de Salónica. Seguidor del hesicasmo fue Teodosio de Tarnovo, fundador hacia 1350 del monasterio de Kilifárevo, que pronto se convertiría en el principal centro literario de Bulgaria. Eutimio de Tarnovo (h.1330-h.1400), seguidor de Teodosio, tras una prolongada estancia en tierras bizantinas regresó a Bulgaria y fundó el Monasterio de la Santísima Trinidad, cerca de Veliko Tarnovo.

El monasterio fue la sede principal de la Escuela literaria de Veliko Tarnovo. Dado que la lengua había evolucionado mucho desde la época de Simeón, Eutimio reformó la ortografía, adató nuevos préstamos del griego e introdujo los recursos propios de la literatura bizantina, muy especialmente el hipérbaton, lo que desembocaría en la aparición de un artificioso estilo literario, denominado "enredo de palabras" (pletenie slovés).[9] Otros autores destacados de la segunda edad de oro fueron Grigorij Cámblak y Constantino de Kostenets

La Escuela literaria de Veliko-Tarnovo tendría posteriormente una gran influencia en la literatura de Serbia y en la de la Rusia moscovita, ya que numerosos escritores huyeron de Bulgaria cuando se produjo la conquista otomana, en 1396. Uno de los discípulos de Eutimio, Cipriano de Tarnovo, conocido en Rusia como Cipriano de Moscú, adaptó a la lengua rusa las reformas ortográficas de Eutimio.[10]

La conquista otomana. Decadencia de la literatura búlgara[editar]

La caída del Segundo Imperio Búlgaro en manos de los otomanos en 1396 fue un duro golpe para la literatura y la cultura búlgaras. La actividad literaria cesó casi por completo. El búlgaro perdió terreno en favor del griego, ya que todos los cristianos ortodoxos del Imperio Otomano se encontraban bajo la autoridad del Patriarca de Constantinopla, y la práctica totalidad de los miembros del alto clero serían de etnia griega hasta entrado el siglo XIX. Algunos monasterios, como el de Rila, quedaron como centros de resistencia cultural.[11]

La principal literatura durante el siglo XVII y el siglo XVIII fueron sermones instructivos, en principio traducidos del griego y compilados de nuevo por los búlgaros.

Desde el siglo XVII empezó a utilizarse el búlgaro moderno. El primer libro impreso en búlgaro, titulado Abagar, es un devocionario con la leyenda apócrifa del rey Abgaro de Edesa. Se imprimió en Roma en 1651, y su autor fue el obispo católico de Nicópolis (Nikopol), Filip Stanislavov.[11] Como su finalidad es extender el catolicismo entre los búlgaros, se aparta deliberadamente de la tradición literaria y utiliza la lengua viva de la época.

El Renacimiento búlgaro[editar]

El movimiento Ilirio tuvo un impacto en la literatura búlgara de los siglos XVIII y XIX. La obra Stemmatographia (1714) de Hristofor Zhefarovich es una de los primeros ejemplos de la poesía secular en moderno búlgaro aunque es básicamente una colección de grabados.

Renacimiento de la nación búlgara[editar]

La literatura búlgara revivió de nuevo en los inicios del siglo XVIII con los trabajos historiográficos de Paisius de Hilendar y su obra Istoriya Slavyanobolgarskaya. En el periodo comprendido entre 1840 y 1875, la literatura renació con escritos revolucionarios, especialmente anti turcos. El poeta y revolucionario Hristo Botev trabajo a finales del siglo XIX y está considerado el poeta más famoso del periodo. Otro escritor que mantuvo actividades revolucionarias fue Lyuben Karavelov.

Una característica típica de este periodo es la formación de un interés por el folclore búlgaro, con figuras como los hermanos Miladinov y Kuzman Shapkarev que realizaron colecciones de canciones tradicionales y realizaron estudios etnográficos.

Tras la independencia de Bulgaria (1878) la literatura nacional perdió parte de su espíritu revolucionario. Ivan Vazov fue el primer hombre de letras de la nueva Bulgaria. El poeta Pencho Slaveykov consiguió que los lectores búlgaros se interesaran por otras literaturas europeas. Su poema épico Hijo de la sangre continua con la lucha contra los turcos.

Literatura moderna[editar]

Después de la Segunda Guerra Mundial la cultura búlgara quedó bajo el control del Partido Comunista y, especialmente durante los primeros años, se adaptó al estilo stalinista conocido como realismo socialista.


Referencias[editar]

  1. Laléva, Tania Dimitrova, y Alvarado, Salustio (1997): "La literatura búlgara desde sus orígenes hasta el siglo XVII", en Presa González, Fernando (ed.): Historia de las literaturas eslavas, Madrid, Cátedra (ISBN 84-376-1566-6), pp. 141-169; p. 141.
  2. Laléva, Tania Dimitrova, y Alvarado, Salustio (1997), p. 142.
  3. Laléva, Tania Dimitrova, y Alvarado, Salustio (1997), pp. 142-145.
  4. Laléva, Tania Dimitrova, y Alvarado, Salustio (1997), p. 145.
  5. Laléva, Tania Dimitrova, y Alvarado, Salustio (1997), p. 148.
  6. Laléva, Tania Dimitrova, y Alvarado, Salustio (1997), pp. 155.
  7. Laléva, Tania Dimitrova, y Alvarado, Salustio (1997), p. 149-151.
  8. Laléva, Tania Dimitrova, y Alvarado, Salustio (1997), pp. 154.
  9. Laléva, Tania Dimitrova, y Alvarado, Salustio (1997), pp. 161-162.
  10. Laléva, Tania Dimitrova, y Alvarado, Salustio (1997), p. 164.
  11. a b Laléva, Tania Dimitrova, y Alvarado, Salustio (1997), pp. 168-169.