Literatura de Cuba
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La primera obra escrita en la isla data del siglo XVI, cuando Silvestre de Balboa y Troya de Quesada (1563 - 1649) publica su poema épico Espejo de Paciencia.
La poesía inicia, pues, la historia de las letras cubanas, que apenas registra obras importantes en el siglo XVII, y que asumiría finalmente su valor y rasgos de cubanía durante el siglo XIX, en el que se destaca la tertulia literaria dirigida por Domingo del Monte (1804 - 1853).
Otros muchos escritores (sin ningún vínculo con Domingo del Monte) destacan durante el período romántico: Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814 - 1873), Juan Clemente Zenea (1832 - 1871), José María Heredia (1803 - 1839) y Cirilo Villaverde (1812 - 1894). También sobresale en las letras del período el poeta y narrador José Martí (1853 - 1895), prócer principal de la independencia cubana, una figura de difícil clasificación literaria, pero que se encontró en el post-modernismo, junto a Julián del Casal.
El siglo XX acoge la huella de las vanguardias, en novelas y poesías de diversos estilos que van desde el estructuralismo hasta el naturalismo. En los años veinte, el vanguardismo hace acto de presencia en la obra de Mariano Brull (1891 - 1956), en su Canto redondo (1934), y de Nicolás Guillén (1902 - 1989), que cultiva la poesía afrocubana llevándola a su máxima expresión en Motivos del son (1930) y Sóngoro cosongo (1931). Con Cantos para soldados y sones para turistas (1937), Guillén adopta un compromiso político en su poesía, afirmándose en una actitud antimperialista. Años más tarde, cantará a la revolución cubana en Tengo (1964), Antología mayor (1964) y El gran zoo (1968), muestras de poesía social, a las que hay que añadir La rueda dentada (1972). Todo esto le valió para ser denominado Poeta Nacional de Cuba.
Muy distinta es la estética de José Lezama Lima (1910 - 1976), figura central de la poesía cubana de antes de la revolución. La densidad metafórica, la alambicada sintaxis, la oscuridad conceptual definen un ámbito poético barroco, en el que se pugna por alcanzar una visión mediante la cual la vida no siga apareciendo como "una sucesión bostezada, un silencioso desgarramiento". La obra de Lezama Lima abarca varios volúmenes de poesía donde se destacan Muerte de Narciso (1937), Enemigo rumor (1947), Fijeza (1949), Dador (1960), y ensayos como Analecta del reloj (1953), Tratados en La Habana (1958) y Cantidad hechizada (1970). En 1966, da a conocer su novela Paradiso. Oppiano Licario, novela que está ensamblada con Paradiso, se publica en 1977, póstumamente.
Otra figura cimera de la literatura cubana es Alejo Carpentier (1904 - 1980). Obras como Ecue Yamba O (1933), El reino de este mundo (1949), Los pasos perdidos (1953) y la Guerra del tiempo (1958), donde reúne la novela corta El acoso y los relatos El camino de Santiago, Viaje a la semilla y Semejante a la noche, jalonan las etapas de madurez que lleva a El siglo de las luces (1962). Considerada su mejor novela, en la que se aprecia la utilización de arquetipos aplicados a una época histórica sagazmente reconstruida, la prosa carpenteriana alcanza aquí su mayor eficacia narrativa. Carpentier, que es uno de los novelistas de peso en el continente latinoamericano, es autor también de El recurso del método (1974) y La consagración de la primavera (1978). Fue un representante del realismo mágico y ganó el Premio Cervantes de Literatura.
Es de destacar el Grupo Orígenes, formado por figuras importantes de la Literatura Cubana, como Eliseo Diego, Gastón Baquero, etc.
Durante los años 40, 50 y 60, también se destacaron cuentistas como Onelio Jorge Cardoso, llamado "El cuentista mayor" (1914 - 1986) y Virgilio Piñera (1912 - 1979), y poetas como Dulce María Loynaz (1903 - 1997), Premio Cervantes de Literatura. Otros escritores cubanos importantes que salieron del país durante los años 60 y 70 fueron Antonio Benitez Rojo (1931 - 2005), Guillermo Cabrera Infante (1929 - 2005), que produjo obras como Tres tristes tigres (1966) y Habana para un infante difunto (1981), y Reinaldo Arenas (1943 - 1990), con novelas como El mundo alucinante (1966), El palacio de las blanquísimas mofetas (1982), El color del verano (1982) y su autobiografía póstuma Antes que anochezca (1992), llevada al cine por el cineasta Julian Schnabel].
En época más reciente, y durante el llamado "boom" de la literatura cubana de los años 90, surgieron narradores como Leonardo Padura (1955) y Pedro Juan Gutiérrez, que aún viven en Cuba, y Daína Chaviano y Abilio Estévez, que abandonaron la isla a principios de esa década --todos ellos, con estilos muy diferentes.
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