Linfen
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Linfen (Chino tradicional:臨汾; Chino Simplificado: 临汾) es una prefectura al sur de la provincia de Shanxi en China. Está situada a lo largo del río Fen y fue conocida como Pingyang (平阳).
[editar] Contaminación
Esta ubicada en latitud 35º23’-36º37’, longitud 110º22’-112º34. De clima semidesértico, el promedio de temperatura anual esta entre los 8.9° C y 13° C, con y el de lluvias de 334.3 a 595.5 mm.
Según la leyenda, el emperador Yao di (S23 AC.) estableció su capital aquí. Se le atribuye la invención del calendario e, inspirado por un sueño, del juego del Weiqi (go).
Hay varios monumentos históricos: el templo Yao Miao, la tumba de Yao, el sitio a la vera de un río donde Cangjie concibió la escritura china, el Monasterio del Buda de Hierro, de la Dinastía Yuan, Cueva de hadas Gushe, etc.
En los '80 se la conocía como la "Moderna Ciudad de los Frutos y las Flores". La población estaba por debajo del millón, las áreas verdes abarcaban el 20% de la ciudad, miles de árboles frutales se alineaban en sus calles (perales, caqui, granados, cerezos, etc.). No obstante el rápido incremento de población y, sobre todo, la proliferación de centrales de energía que queman carbón la convirtió en una de las más contaminadas del mundo.
Linfen tiene el "honor" de ser la primera ciudad del mundo con mayor contaminación, debido a las fábricas, y sobre todo a la industria minera. La esperanza de vida de la población de Linfen es tan solo de 60 años, comparada con los 70 que tiene el resto de China. La población sufre de problemas respiratorios muy fuertes.
Ciertas ONG's afirman que la contaminación en Linfen es muchísimo mayor que en Chernobyl, y el sol sólo se ve aproximadamente unos 20 días anuales, pues la cantidad de polvo es tal que no se distinguen los edificios a más de 100 metros de lejanía. Los ríos están contaminados con una especie de lodo flotante.
Es difícil decir con certeza si ha amanecido ya en Linfen. El reloj marca las ocho de la mañana y la predicción del tiempo anuncia cielos despejados, pero una penumbra grisácea y espesa lo envuelve todo. Los coches que cruzan la avenida principal llevan las luces encendidas y la falta de visibilidad no permite distinguir edificios situados a 100 metros de distancia. Miles de personas caminan de un lado a otro hacia sus trabajos con los rostros cubiertos por mascarillas, abriéndose paso a través de la densa niebla de polución que mantiene la ciudad en tinieblas.
La mitad de las fuentes de suministro de agua de la ciudad están envenenadas, los agricultores se han arruinado porque nadie quiere unas verduras que se presumen contaminadas y las tiendas de moda han dejado de vender ropas en colores claros porque, como dice una joven universitaria frente a un centro comercial, «en cuanto sales a la calle estás cubierta de polvo negro».

