Leyendas del Paraguay

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El Paraguay cuenta con gran cantidad de leyendas las cuales son el ingrediente especial en el folclore de este país, son vivas muestras de las creencias, el arte y la imaginación de los pobladores de la zona. Así también, son los principales temas que manifiestan la belleza literaria de los pueblos. Estas leyendas fueron creadas para argumentar hechos difíciles de explicar. Entre las leyendas más conocidas se encuentran: la leyenda de la yerba mate,la del ñanduti,cerca de los Saltos del Guairá, vivía un señor con su esposa y su hija. La muchacha era muy buena y hermosa.[1]

Un día llegó al rancho una persona de aspecto agradable. Con buenas palabras pidió al dueño de casa que le cediera permiso pasar la noche con ellos, había caminado mucho y estaba cansado. Prometió que al día siguiente, al salir el sol, iba a seguir su camino.

El dueño de casa aceptó y lo atendió como un miembro más de la familia. Cuando amaneció, el forastero tomó sus cosas para seguir su camino, pero antes de irse dijo al dueño de casa que él era un enviado del cielo, que había venido a la tierra para premiar a los buenos.

Afirmó que sabía que la familia era de escasos recursos y agradeció que de igual manera le dieran de cenar la única gallina que tenían y una cama, esto no lo haría cualquier persona, sólo los de buen corazón.

Como premio a su amabilidad, hizo que su hija no muriera jamás, la convirtió en una planta. Dijo que los hombres cortarían sus ramas y le arrancarían las hojas, pero que ella volvería a brotar más frondosa y bella.

El viajero se despidió y siguió su camino. Fue hacia el lado del alba, caminando de la mano de Dios.

Desde aquel día, las ramas y las hojas cortadas de la yerba mate son tostadas y molidas para que después sean utilizadas como bebida estimulante en el mate y tereré.

Karãu[editar]

Según la leyenda, Karãu fue un joven que,en una noche en que su madre estaba muy enferma, éste salió a buscar remedios para ella. Pero en el camino encontró una fiesta y allí se quedó a bailar con la señorita más hermosa de la noche, prometiéndose que sólo se quedaría un momento.

A la medianoche, cuando la diversión empezaba a aumentar, se le acercó un amigo que muy serio le empezó a hablar. Le dijo que deje de bailar, que traía la noticia de que su madre había muerto. El joven, como si no le importara lo que había escuchado, pidió que siguiera sonando la música, pues seguiría bailando, y dijo a su amigo que el que murió ya murió y el que está vivo sigue vivo, y que habría tiempo para llorar.

Ya por la madrugada, el joven preguntó a su dama dónde quedaba su casa, a lo que la mujer le respondió que su casa quedaba al lado de su baño, pero que podría ir a visitarla los días en que extrañe a su madre. Luego de escuchar estas palabras, el joven se dio cuenta de lo que había hecho y se arrepintió. Salió del lugar llorando amargamente, repitiendo que su madre ya se murió.

Dijo que desde ahora vagaría sin rumbo por los esteros y en esos lugares se vestiría por siempre de luto. Por haber sido un mal hijo, Tupã lo castigó y lo convirtió en un pájaro negro y estaria condenado a llorar todos los dias.[2]

Ñanduti[editar]

Cuenta la leyenda sobre una dama muy bella y amable llamada Samimbí. Dos hombres, bravos guerreros [guaraníes], luchaban por su amor. Uno de los jóvenes se llamaba Yasyñemoñare (hijo de la luna) y el otro Ñanduguazú (araña grande).

Una noche en que Yasyñemoñare suplicaba a Tupã (Dios) que lo ayude a conquistar el amor de Samimbí, vio en lo alto de un enorme árbol una especie de encage de color plateado, era perfecto y la luz de la luna lo hacía aún más bello. Esto deslumbró a Yasyñemoñare y entonces trepó al árbol para bajarlo y regalárselo a su amada.

En ese momento también pasó por allí Ñanduguazú, que al ver aquel tejido tan hermoso, se puso furioso por los celos al saber que su enemigo lo conseguiría antes que él. Sin pensarlo dos veces, le disparó una flecha. Yasyñemoñare cayó muriendo en el acto. Entonces, rápidamente Ñanduguazú trepó al árbol, pero cuando quiso tomarlo, sólo quedó en sus dedos el tejido que se desgarró al instante, comprobando que se trataba de una tela de araña.

El remordimiento persiguió por varios meses a Ñanduguazú, hasta que un día su madre logró sacarle el terrible secreto. La mujer pidió entonces a su hijo que la llevase hasta aquel árbol. Así lo hizo Ñanduguazú, y cuando ambos llegaron hasta el lugar, vieron con sorpresa que en ese mismo sitio se encontraba un tejido idéntico al anterior.

La mujer, queriendo consolar a su hijo, que desde la muerte de Yasyñemoñare vagaba sin rumbo por la selva, decidió regalarle un tejido igual al de aquel árbol. Para esto, la anciana se puso a estudiar con mucha atención la ida y venida de las arañas mientras hilaban con tal perfección hasta lograr aquel encaje. Entonces tomó sus agujas de tejer y empezó a copiar los círculos y rectas que las arañas dibujaban, y utilizando como hilo las hebras blancas de sus cabellos, logró reproducir aquel delicado y singular tejido.[3]

Referencias[editar]

  1. «Leyendas y mitos del paraguay». www.buenastareas.com. Consultado el 21 de septiembre de 2013.
  2. «MITOS Y LEYENDAS DEL PARAGUAY Compilación y selección de FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH». www.portalguarani.com. Consultado el 21 de septiembre de 2013.
  3. «Leyenda del ñandutí». abc (16 de agosto de 2011). Consultado el 21 de septiembre de 2013.

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