Llorona

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La Llorona
Información
Nombre original Cihuacóatl, La Malinche, Luisa (México); María (Guatemala, Costa Rica); Tulirá (Costa Rica).
Alias Chocacihuatl; Pucullén (Chile); Tulevieja (Costa Rica, Panamá); Tepesa (Panamá); María Pardo, Tarumama (Colombia).
Sexo femenino.
Hijos 1 ó 3, dependiendo de la versión.
Residencia Hispanoamérica.

La Llorona es un espectro del folclor hispanoamericano que, según la tradición oral, se presenta como el alma en pena de una mujer que asesinó o perdió a sus hijos, busca a estos en vano y asusta con su sobrecogedor llanto a quienes la ven u oyen. Si bien la leyenda cuenta con muchas variantes, los hechos medulares son siempre los mismos.

Origen del mito[editar]

La presencia de seres fantasmales que lloran en los ríos por motivos diversos es una característica recurrente de la mitología aborigen de los pueblos prehispánicos. Es así como pueden encontrarse rasgos de estos espectros en varias de las culturas precolombinas, que eventualmente, con la llegada de los conquistadores españoles, fueron asumiendo rasgos comunes gracias a la expansión del dominio hispánico sobre el continente. La leyenda es una historia que posee referentes míticos en el universo prehispánico, pero que instaura su drama y su cortejo imaginario y angustiante en el orden colonial.[1]

La diosa mexica Cihuacóatl.
«...aparecía muchas veces como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en Palacio; decían también que de noche voceaba y bramaba en el aire... Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera, que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente.»
Fray Bernardino de Sahagún.
Historia (libro I, cap.IV).
[2]

En México, varios investigadores estiman que la Llorona, como personaje de la mitología y de las leyendas mexicanas, tiene su origen en algunos seres o deidades prehispánicas como Auicanime, entre los purépechas; Xonaxi Queculla, entre los zapotecos; la Cihuacóatl, entre los nahuas; y la Xtabay, entre los mayas lacandones. Siempre se la identifica con el inframundo, el hambre, la muerte, el pecado y la lujuria.[3] En el caso de Xtabay (o Xtabal), esta diosa lacandona se identifica como un espíritu malo con la forma de una hermosa mujer cuya espalda tiene forma de árbol hueco. Al inducir a los hombres a abrazarla, los vuelve locos y los mata. La diosa zapoteca Xonaxi Queculla, en tanto, es una deidad de la muerte, del inframundo y de la lujuria que aparece en algunas representaciones con los brazos descarnados. Atractiva a primera vista, se aparece a los hombres, los enamora y los seduce para después transformarse en esqueleto y llevarse el espíritu de sus víctimas al inframundo. Auicanime era considerada entre los purépechas como la diosa del hambre (su nombre se puede traducir como la Sedienta o la Necesitada). También era la diosa de las mujeres que morían al dar a luz en su primer parto, las cuales, según la creencia, se volvían guerreras (mocihuaquetzaque), lo que las convertía en divinidades y, por ende, en objetos de adoración y ofrenda.[4]

Finalmente, Cihuacóatl era, para los mexicas, diosa de la tierra (Coatlicue), de la fertilidad y de los partos (Quilaztli), además de mujer guerrera (Yaocíhuatl) y madre (Tonantzin), tanto de los aztecas como de sus mismos dioses. Mitad mujer y mitad serpiente, la diosa que emerge, según la leyenda, de las aguas del lago de Texcoco para llorar a sus hijos (los aztecas) es el sexto presagio de la devastación de la cultura mexica a manos de los conquistadores venidos del mar.[5] Cihuacóatl, en particular, muestra tres aspectos característicos: los gritos y lamentos por la noche; la presencia del agua,[nota 1] pues tanto Aztlán como la gran Tenochtitlán estaban cercados por ella —con lo que ambos sitios estaban conectados por coincidencias no solo físicas, sino también míticas—; y ser la patrona de las cihuateteo, que de noche vocean y braman en el aire. Estas son las mujeres muertas en parto que bajan a la tierra en ciertos días dedicados a ellas en el calendario con el fin de espantar en las encrucijadas de los caminos y que son fatales para los niños. Esta abundancia de diosas conectadas con cultos fálicos y de la vida sexual fue génesis no solo de la Llorona, sino también de otros fantasmas femeninos que castigan a los hombres, como la Siguanaba, la Cegua o la Sucia.[4]

A la presencia de estos antecedentes mitológicos entre los pueblos precolombinos de Mesoamérica se suma la contribución española para establecer el mito como tal. Es durante la colonia española en América cuando el mito de la Llorona toma forma.[1] A la vez diosa y demonio, nadie, en la psique del mundo colonial, puede resistir su aparición ni su llanto de ultratumba, ni siquiera los conquistadores afincados en el valle de México, quienes a causa del espanto incluso instituyeron un toque de queda a las once de la noche, pues pasada esa hora comenzaban a escucharse los gemidos aterradores de una mujer espectral por las calles de la ciudad de México. Su visión garantiza la muerte o la locura (en similar forma a la de las deidades prehispánicas antes descritas) para aquellos que intentan averiguar el origen de aquel lastimero gemido. Para los colonos, la diosa prehispánica toma la forma de una mujer de flotante vestido blanco, con la cara cubierta por un vaporoso velo (que cubre el aterrador rostro de la angustia), que cruza las empedradas callejuelas y plazas de la ciudad lanzando un estremecedor grito de desesperanza y derrota. La Llorona es también uno de los primeros signos del mestizaje, pues es durante este período cuando se identifica en México a este fantasmagórico personaje con doña Marina, la Malinche, que vuelve arrepentida a llorar su desgracia, su traición a su pueblo indígena y su relación con Hernán Cortés, como parte de la leyenda negra' 'de estos personajes. De aquí parecen venir muchas de las versiones que señalan a la Llorona como la protagonista de una trágica historia de amor y traición entre la mujer indígena (o mestiza o criolla) y su amante español, lo que finalmente la lleva al infanticidio como una manifestación del deseo de castigar al hombre en la forma del amante, en unas versiones, o del padre de la mujer, en otras, para lo cual usa al niño como el instrumento de la venganza por ser este la prueba de la deshonra, pero también, de alguna forma, como una manera de castigarse a sí misma por su debilidad.[1]

Pero la creación e influencia del mito de la Llorona entre los pueblos hispanoamericanos tiene también elementos de otras fuentes mitológicas propias de las culturas aborígenes precolombinas diferentes de las civilizaciones mesoamericanas. En Centroamérica, entre los bribris, pueblo indígena que ocupa la región de Talamanca, en la frontera entre Costa Rica y Panamá (zona de influencia del área intermedia entre Mesoamérica y las culturas sudamericanas), existen historias de ancestrales espíritus llamados «itsö», especie de genios con aspecto de mujer y cuerpo de gallina que habitan en las grutas y en los cauces de los ríos y que lanzan lastimeros gritos cuando un niño está a punto de morir, o bien que pierden a los niños en los bosques cuando estos se alejan de sus padres. En el idioma bribri, la palabra 'itsö' significa tanto 'llorona' como 'tulevieja'. De ahí que haya similitudes entre las leyendas que se cuentan en Costa Rica y Panamá para estos dos fantasmas (básicamente una mujer que mata a su hijo fruto de un embarazo no deseado y que por ello queda condenada a vagar como un fantasma).[6] [7] Al ser una zona de transición entre Mesoamérica y Sudamérica, en las versiones de la leyenda de la Llorona en esta parte de Centroamérica se empiezan a observar algunos rasgos característicos que la diferencian de la versión mexicana. La Llorona en Mesoamérica es, primeramente, una deidad primigenia vinculada al parto y a la vida sexual que, por la influencia española, adquiere la forma de un espectro castigador, en gran manera asociado a la ciudad, pero en el Suwoh (la cosmogonía indígena transmitida por tradición oral entre los bribri) es más bien un ser que se asocia a los montes oscuros y enmarañados, los abismos de las montañas, las lluvias, los vientos fuertes y las cataratas de los ríos, es decir, tiene una fuerte vinculación con las fuerzas de la naturaleza y la vida rural, por lo que el fantasma solamente puede ser visto (muchas veces únicamente oído su lamento) cerca de masas de agua como ríos, lagos y cataratas, generalmente en pueblos poco poblados, por lo que es un fantasma más asociado al campo. Su función castigadora, además, se ve un poco más atenuada que en la versión mexicana (aunque siempre presente, como en algunas versiones de la Tulevieja o la Tepesa) y limita al espectro a espantar con su llanto a los viandantes en lugar de asesinarlos, aunque se refuerza otro aspecto quizá aún más aterrador: el rapto de los niños, que puede observarse en variantes del cuento de la Tulevieja en Costa Rica y Panamá, en las leyendas de los duendes en Costa Rica y en algunas versiones de la leyenda de la Llorona en Colombia.

En Sudamérica, finalmente, existen algunas leyendas precolombinas que fueron asociadas con la de la Llorona mexicana una vez establecido el dominio hispano sobre el continente, pero que no tienen un origen común con esta, a pesar de que existan aspectos muy similares. Pueden encontrarse trazos similares en la leyenda del Ayaymama de la mitología amazónica peruana y en las leyendas guaraníes del Itá Guaymí, el Urutaú o el Guemi-cue. Destaca entre estas leyendas la historia de la Pucullén (del mapudungún 'külleñu', 'lágrimas', y 'pu': prefijo plural),[8] perteneciente al folclor chileno. Mientras que la Llorona mesoamericana es castigada por haber asesinado a sus hijos, los de la Pucullén han sido raptados y asesinados por terceros, lo que convierte a esta en una víctima inocente de la maldad ajena, por lo que llora eternamente. Relacionada igualmente con la muerte, al igual que la Llorona mesoamericana, la Pucullén es, más que un demonio castigador, una guía para los que van a morir, a quienes ampara en su paso al más allá.

Las diferentes versiones de la leyenda en los países hispanoamericanos[editar]

Argentina[editar]

En este país se dice que La Llorona era una mujer que mató a sus hijos arrojándolos a un río, por lo que se suicidó a causa del sentimiento de culpa. Se la describe como una mujer alta y estilizada vestida de blanco, a quien no es posible verle la cara y, en algunas ocasiones, tampoco los pies, de modo que parece que flota en el aire. Se aparece por los caminos emitiendo estremecedores lamentos que enloquecen incluso a los perros. En algunos relatos cumple la función de espíritu vengador al subirse a los caballos de los trasnochadores y matarlos de un helado abrazo mortal.[9]

Es considerada un espíritu de malos presagios. Puede causar enfermedades a las personas, empeorar la condición de quienes ya están enfermos o traer desgracias a los seres queridos. En otros relatos se presenta como una mujer inofensiva que necesita consuelo y ayuda, por lo que despierta la piedad de la víctima, pero, cuando esta se acerca a consolarla, le roba todas sus pertenencias.[9]

En la ciudad de Marcos Juárez, provincia de Córdoba, se solían escuchar llantos que se decía que provenían de la Llorona. Sin embargo, resultaba que venían de algunos bromistas que, usando grabadoras y otras herramientas tecnológicas, asustaban a los vecinos de la ciudad. No solo ocurrió en Marcos Juárez, sino también en pueblos aledaños como Leones.

Chile[editar]

Las diferentes leyendas chilenas sobre la Llorona van desde algunas versiones muy semejantes a la mexicana hasta otras muy particulares del folclor chileno. Las chilenas definen al espectro como el espíritu de una mujer que busca a su hijo, de manera que se la caracteriza como un espectro con una relación especial con la muerte.

En cualquier caso, se trata de una mujer que estaba celosa de sus dos hijos porque el marido compartía más tiempo con ellos. La mujer resiente esto profundamente, por lo que arroja a sus dos hijos en un río y los ahoga. Cuando el esposo llega a casa y pregunta por los niños, ella le oculta la verdad, pero él se da cuenta de que en el río hay dos niños ahogados. El hombre, presa del dolor, mata a la esposa, cuyo espíritu se queda errante en busca de sus hijos.

La Pucullén[editar]

En la versión distintiva de la tradición chilena, la Llorona se llama la Pucullén (de cullen, lágrima, y pu, plural).[8] Se dice que llora eternamente porque le quitaron a su hijo de sus brazos a muy corta edad. Es una presencia fantasmal vestida de blanco, a la que sólo puede ver la gente que está cercana a la muerte, algunas personas con habilidades especiales (como las Machis o los Calcus) y los animales que tienen los sentidos más agudos, entre ellos los perros, que lanzan lastimeros aullidos cuando perciben su presencia.

La Pucullén es una guía de los muertos, que indica con sus pasos y llantos el camino que debe recorrer el muerto para dirigirse desde su morada terrenal hacia el más allá. Se dice que llora como plañidera por todos los familiares del difunto, para que todos ellos se consuelen pronto de la pérdida; además, evita que el espíritu del muerto decida acudir a penarlos, disconforme con las pocas lágrimas y manifestaciones de pesar de sus parientes. Algunos cuentan que si uno se frota los ojos con lágrimas de perro, podrá verla; pero si el corazón del que observa no es firme, la imagen será espantosa.

Con sus abundantes lágrimas, que forman un charco cristalino, la Pucullén señala el sitio preciso en el campo santo donde debe abrirse la fosa para depositar el féretro. Se dice que si esto sucede, debe utilizarse toda la tierra necesaria para cubrir por completo el féretro, pues en caso contrario antes de un año morirá un familiar del difunto. Como castigo por el descuido que la llevó a perder a sus hijos, roba los hijos de otras madres, confundiéndolos con los de ella

La Llorona del puente de San Carlos[editar]

Según otra versión, los hechos sucedieron en el puente Lingue, en Litueche. Era un día de lluvia torrencial y el puente tenía mucha corriente, siendo muy peligrosa. Un señor que observaba lo que pasaba vio a una mujer con un bebé en los brazos. Ella, muy afligida por la lluvia, se apoyó en el palo del puente, gritó y gritó, confundiéndose sus gritos con los llantos del niño. Después, el bebe desapareció entre las aguas y la mujer se lanzó al agua, donde murió ahogada sin llegar a encontrar a su bebé. Desde entonces, cada vez que llueve se escucha llorar de forma inconsolable a la mujer. Sólo cuando encuentre a su hijo cesará su llanto.

La Llorona y el Diablo[editar]

En Valparaíso se dice que la Llorona fue una mujer que se casó con el Diablo. Esta mujer se enamoró de él pensando que era un hombre bueno, sin saber quién era en realidad. Un día, el Diablo llegó más temprano de lo normal a su casa y la mujer aún no tenía preparada la comida. Salió a comprar para cocinar, pero el Diablo no aguantó más y tuvo que matar a sus hijos. Cuando volvió la mujer, desconsolada lloraba por sus hijos todas las noches. Un día, el Diablo se cansó de sus llantos continuos. La amarró a la cama con unas cadenas y le enterró una estaca en el corazón. Desde ese momento, la Llorona recorre las calles de toda la región arrastrando sus cadenas y llorando por sus hijos perdidos.

Colombia[editar]

Junto a la Patasola y la Tunda, la Llorona también es una leyenda en Colombia. Según la versión de la leyenda en la tradición colombiana, la Llorona es el fantasma errante de una mujer que recorre los valles y montañas, cerca de los ríos y lagunas, vestida con una bata negra que la cubre hasta los talones. Tiene el cabello largo, negro y rizado, algunos dicen que de color plateado, café y dorado, y en él se posan grillos, luciérnagas, cocuyos y mariposas. Su rostro es una calavera aterradora, y en las cuencas de sus ojos giran dos bolas incandescentes. Las mangas de la batola le llegan hasta sus muñecas y con sus manos grandes, huesudas y ensangrentadas, arrulla a un bebé muerto.[10]

Al gemir, la Llorona derrama lágrimas de sangre sobre la mortaja azul de la criatura, que conserva una expresión angelical y con sus ojos parece acusar a la madre que le quitó la vida. Dice la leyenda que la gente la oye llorar en los llanos, cuando no hay ruido o gente. También dicen que la Llorona asusta a las muchachas que han cometido actos de los cuales sus padres no estarían orgullosos. Como toda leyenda, los detalles cambian de pueblo en pueblo y de persona en persona. En Antioquia, por ejemplo, se le llama «la María Pardo», mientras que en la región de Pasto, «la Tarumama». Esta última es una vieja monstruosa con cascos de mula por pies y grandes senos que se echa a la espalda, castigada como un alma en pena por haber abandonado al hijo que tuvo sin ser casada, para tapar su vergüenza. Su apariencia e historia tiene semejanzas con la Tulevieja de las leyendas de Costa Rica y Panamá, este último país vecino de Colombia. Finalmente, también existe la versión de una mujer hermosa que llora por sus hijos en los cementerios, sosteniendo una vela encendida con llantos lastimeros.[10]

Costa Rica[editar]

¡Maldita seas! Los espíritus malignos te perseguirán siempre y vivirás miles de años llorando tu desgracia para ejemplo de las hijas que manchan la frente de sus padres. ¡Maldición sobre ti!
—Margarita Castro Rowson.
«La Llorona».[11]
Un niño de luna llena se le escapa por las frondas y se le ahoga en el agua verdinegra de las pozas. ¡Ay, que mi niño, mi niño!... ¡Ay, que el agua me lo roba!
Carlos Luis Sáenz.
«La Llorona».[12]

La Llorona es, según el escritor costarricense Carlos Luis Sáenz, uno de los cuatro personajes principales de las leyendas costarricenses, junto al Cadejos, la Cegua y la Carreta sin bueyes.[13] Previo a la conquista de Costa Rica, entre los indígenas de Talamanca existían historias de espíritus de mujeres lloronas que vagaban por los bosques, como Sakabiali y la Wíkela.

La tradición cuenta que se trataba de una muchacha indígena muy hermosa, hija de un rey de la etnia huetar. Cuando la conquista española, ella se enamoró de un español y él se enamoró de ella, por lo que pidió su mano a su padre, pero este ya la había prometido a otro rey indígena, por lo que su amor era imposible. Por esto, se veían secretamente en lo alto de una cascada, para que el padre de ella no se diera cuenta. Ella quedó embarazada y dio a luz un hijo, al cual escondió por temor a la ira de su padre, el cual, sin embargo, se enteró del idilio, por lo que retó al español a un duelo por haber deshonrado a su hija.

Intentando reconciliar a su padre y a su amado, la mujer intervino, pero el padre le reveló que, enterándose de la existencia del niño, se había apoderado de él y lo había arrojado desde lo alto de la catarata. Luego, él la maldijo, y la condenó a vagar eternamente por las orillas de los ríos buscando a su hijo perdido, perseguida por los espíritus malignos y llorando su desgracia. Desesperada, la mujer huyó por el bosque dando estridentes alaridos, mientras el indígena y el español se lanzaron a un combate a muerte que le costó la vida a ambos. Desde entonces, los viajeros que atraviesan los bosques en las noches calladas cuentan que, en la vera de los ríos, se escuchan ayes quejumbrosos, desgarradores y terribles que paralizan la sangre: es la Llorona que busca a su hijo y cumple la maldición de su padre.[14]

Perú[editar]

En Perú también se habla mucha de esta historia se dice que es muy vista en la chacras o en los campos. Los guardianes o los que viven ahí dicen que escuchan lamentos de una mujer llorando pidiendo por sus hijos. Cuando los guardianes o los vecinos van al lugar donde se escuchan los ruidos y lamentos no se encuentra a nadie. Para luego escuchar un sonido parecido a una voz de ultratumba que les dice:¿Ustedes saben o han visto a mis hijos?.

Ecuador[editar]

En Ecuador ésta es una leyenda muy conocida, junto a la leyenda de la dama tapada. La Llorona era una mujer cuyo esposo la abandonó junto a su bebé. Ella enloqueció y ahogó al bebé en el río, pero después se arrepintió y se echó al agua a buscarlo. Cuando lo encontró, ya estaba muerto y sin uno de sus dedos, el meñique. Entonces la Llorona se suicidó y desde entonces su alma en pena vaga, cortando el dedo meñique de quien se le aparezca. Sin embargo, también existe la versión más conocida, en la que ahoga a su bebé y ahora llora buscándolo sin descanso. Estas historias son muy creídas por los campesinos. También se dice que se aparece cuando hay una mujer pariendo en su casa y se trata de llevar al niño y para que no pase eso le ponen dulces para que se empalague y se marche.

El Salvador[editar]

En El Salvador, junto con La Siguanaba y La Descarnada, la Llorona es el personaje legendario más conocido de este país. Los ancianos cuentan a menudo su historia. Se dice que vaga por las calles de pueblos rurales llorando por sus hijos y, tras entrar en la iglesia local, desaparece. Afirman que el alma de quien la mire y la siga vagará durante toda la Eternidad. La llorona es un personaje que al entrar por la calle principal de algún pueblo lanza su primer grito y comienza a llorar. Se dice que busca el camino que lleva al cementerio de la comunidad, y las personas que la escuchan experimentan escalofrios en sus cuerpos. Se recomienda jamás darle la espalda, porque de hacerlo aparecerá de pronto al lado de uno.

España (Europa)[editar]

La llorona de Barceloneta[editar]

La leyenda diferente a las latinoamericanas cuenta que una mujer joven y bella, conoció a un hombre rico y respetuoso. Al pasar el tiempo llegaron a contraer un matrimonio lleno de mucho amor concibiendo sus hijos con gran ilusión. Pasaron los años y la buena mujer fue abandonada por su esposo. Ella quedó sola con sus hijos y con una gran responsabilidad que la llevó a la depresión. Una noche invitó a sus hijos a dar un paseo por la playa. Allí los lanzó al agua viendo como poco a poco se iban ahogando. Su macabra acción le llevó a huir despavorida del lugar. Mientras corría por la oscura carretera en forma aturdida fue atropellada por un vehículo. Su muerte fue al instante.

A raíz de este suceso, vecinos de la playa del pueblo de Barceloneta, comentan sobre la misteriosa aparición de una dama a la que han apodado “La Llorona”. Dicha mujer aparece en altas horas de la noche produciendo un extraño sonido similar al llanto.

Guatemala[editar]

En su versión guatemalteca, la Llorona es el alma en pena de una mujer de origen criollo (descendiente de españoles) o mestiza, pero en ambos casos de un estrato socioeconómico alto. Cuenta la leyenda que la mujer se llamaba María y que, mientras su esposo andaba de viaje, tuvo un amorío con un mozo de su hacienda. Pero María resultó embarazada a causa de esta relación. Angustiada, terminó ahogando a su hijo (en otras versiones son dos o tres) en un río una vez que nació. Se dice que el niño se llamaba Juan de la Cruz. Por este crimen la mujer fue condenada a repetir hasta el fin de los tiempos su grito «¡Ay, mi hijo!», que en ocasiones se transforma en «¡Ay! ¡Dónde está mi hijo! ¡Juan de la Cruz!».

Según la tradición, la Llorona pasea por las calles solitarias y frecuenta los lugares donde hay agua, como piletas, ríos, fuentes o tanques. Sus lastimeros gritos asustan al más valiente y paralizan al pavoroso. Muchos dicen haberla visto y escuchado. Se cuenta que, cuando se la escucha cerca, en realidad está muy lejos, y viceversa. Se dice que no puede ganarse a una persona (es decir, quitarle la vida) si esta usa la ropa interior al revés. Se les presenta a los hombres mujeriegos como una mujer para engañarlos. Se dice que quien le habla pierde la vida y que un hombre acechado por la Llorona se salva únicamente si una mujer le toma la mano, pues el espectro ataca únicamente a hombres solitarios. También se cuenta que, si uno escucha el grito, debe tratar de moverse y no quedarse congelado por el pavor. La persona tiene que huir antes de escuchar el tercer grito o la Llorona se la ganará. Para evitar encontrarse con ella o ahuyentarla, la persona hará bien en rezar al santo de su devoción o repetir las oraciones tradicionales católicas.

Unos imaginan a la Llorona como una mujer vestida de luto riguroso, mientras que otros la ven ataviada de blanco. También se dice que el pelo suele taparle la cara y que esta es como la de un caballo (rasgo que comparte con la Siguanaba). Otro aspecto propio del espectro, según otras leyendas guatemaltecas, es que su grito viene acompañado de un viento frío que hiela la sangre. También se cuenta que si alguien ve a la Llorona a los ojos pierde la vida.

Honduras[editar]

La Llorona y la Sucia son personajes de leyenda muy conocidos en este país. Se cuentan muchas versiones de su historia. Generalmente se la divisa a orillas de ríos, a medianoche, vestida de blanco y gritando: «¡Ay, mis hijos!». Es una tradición oral muy popular en las áreas rurales, donde muchas personas están convencidas de su existencia. Se dice que la Llorona mató a sus tres hijos ahogándolos en un río y que por eso ella le quita la vida a cualquier persona que encuentre cerca de una ribera, pues piensa que se trata de uno de sus hijos.

México[editar]

Aztec Cihuateotl figure.JPG
Catrinas 2.jpg
La Catrina (derecha) es el emblema del tradicional Día de Muertos mexicano. Su figura huesuda y cara de calavera recuerda las formas de las cihuateteo (izquierda) aztecas, espíritus femeninos de las mujeres que mueren durante los partos, de los cuales la Chocacíhuatl (la Llorona) es la primera de todas.

Es el país en el que se encuentra más arraigada esta leyenda. Según la tradición mexicana, la leyenda de la Llorona nace donde hoy se encuentra la Ciudad de México.

Existen dos versiones conocidas. La primera, la más conocida y difundida en México, cuenta que hubo una mujer indígena —mestiza en algunas versiones— que tuvo un romance con un caballero español. Como fruto de esta pasión nacieron tres niños, a quienes la madre amaba, cuidaba y protegía. Cuando la joven comenzó a pedirle al caballero que la relación fuera formalizada, este la esquivaba, quizá por temor al qué dirán. Algún tiempo después el hombre dejó a la joven y se casó con una dama española de alta sociedad. Cuando la mujer se enteró, dolida y totalmente desesperada, asesinó a sus tres hijos ahogándolos en un río o apuñalándolos, según otra versión. Luego se suicidó porque no soportó la culpa. Desde ese día se escucha el lamento lleno de dolor de la joven en el río donde se quitó la vida. Luego, ya establecido México, empezó un toque de queda a las once de la noche y nadie podía salir. Es desde entonces que dicen que se escucha un lamento cerca de la plaza de la Patria y que, al ver por la ventana quién llama a sus hijos con tanta desesperación, se ve una mujer vestida enteramente de blanco, delgada y que se esfuma en la Presa Calles.

La segunda versión, que precede a la anterior, es poco conocida, pese a que es la más antigua de todas las leyendas de la Llorona. Cuenta que, antes de la llegada de los españoles a lo que ahora es México, la gente que habitaba la zona del lago de Texcoco, además de temerle al dios Viento de la Noche (Yoalli Ehécatl), podía escuchar en las noches los lamentos de una mujer que estaría por siempre vagando y lamentando la muerte de su hijo y la pérdida de su propia vida. La llamaban Chocacíhuatl —del náhuatl choka, 'llorar', y cihuatl, 'mujer'—.[15] Era la primera de todas las madres que murió al dar a luz. Allí flotaban en el aire las calaveras descarnadas y separadas de sus cuerpos (Chocacíhuatl y su hijo), cazando a cualquier viajero que hubiese sido atrapado por la oscuridad de la noche. Si algún mortal veía estas cosas, podía estar seguro de que para él esto era un presagio seguro de infortunio o incluso muerte. Era esta entidad una de las más temidas del mundo nahua desde antes de la llegada de los españoles. Fray Bernardino de Sahagún recogió la leyenda de Chocacíhuatl en su obra monumental Historia general de las cosas de Nueva España (1540-1585) e identificó a este personaje con la diosa Cihuacóatl.[2] Según el Códice Aubin, Cihuacóatl fue una de las dos deidades que acompañaron a los mexicas durante su peregrinación en busca de Aztlán y, de acuerdo con la leyenda prehispánica, poco antes de la llegada de los españoles emergió de los canales para alertar a su pueblo de la caída de México-Tenochtitlán. Vagando entre los lagos y los templos del Anáhuac, vestida con un vaporoso vestido blanco[nota 2] y sueltos los negros y largos cabellos, lamentaba la suerte de sus hijos con la frase: «¡Aaaaaaaay, mis hijos! ¡Aaaaaaay, aaaaaaay! ¡Adónde iréis! ¡Adónde os podré llevar para que escapéis a tan funesto destino, hijos míos! ¡Estáis a punto de perderos!...».[5] Después de la Conquista de México, durante la Época Colonial, los pobladores reportaban la aparición del fantasma errante de una mujer vestida de blanco que recorría las calles de la Ciudad de México lanzando tristes alaridos,[nota 3] pasando por la Plaza Mayor (antigua sede del destruido templo de Huitzilopochtli, el mayor dios azteca e hijo de Cihuacóatl), donde miraba hacia el oriente,[nota 4] y luego siguiendo hasta el lago de Texcoco,[nota 5] donde se desvanecía entre las sombras.[4] [16]

Panamá[editar]

La leyenda de la Llorona es el cuento folclórico más popular de Panamá. Su llanto suele escucharse de noche y casi siempre en las comunidades cercanas a ríos o playas.

En este país centroamericano la Llorona se fusionó con otras dos leyendas o al menos influyó en ellas: la Tulivieja, muy popular en las provincias centrales, y la Tepesa, oriunda de las comarcas indígenas y muy popular en las tierras de las provincias de Los Santos, Veraguas y Chiriquí.

La Tulivieja[editar]

Según la tradición, la Tulivieja era una hermosa y joven mujer que, pese a estar casada, gustaba de andar en fiestas. Se cuenta que en una ocasión hubo un baile en un pueblo vecino y que ella, por supuesto, no quiso perdérselo. Pero la mamá se negó a cuidarle al bebé esa noche, pues ya estaba harta de hacer de niñera mientras su hija se iba de parranda. Pero la joven, que quería asistir al baile a como diera lugar, dejó el bebé en un tule cerca de un río, con la intención de recogerlo después del baile. Sin embargo, cuando regresó a buscar a su hijo no lo encontró: el río se lo había llevado corriente abajo. La mujer comenzó a llorar. Arrepentida por el grave error que había cometido, comenzó desesperada a buscarlo. Dios la castigó por su irresponsabilidad y la transformó en un ser horripilante con agujeros en la cara y cabellos largos hasta los pies, los cuales, además, se le doblaron. Desde entonces anda vagando en busca de su hijo perdido y está condenada a hacerlo por la eternidad.

La Tepesa[editar]

Su historia se remonta a la Conquista, cuando un español enamoró a una hermosa joven indígena de la comarca Ngöbe-Buglé y la dejó embarazada. Para que nadie de la tribu se percatara de su falta, la joven escapó a las montañas y, cuando nació su hijo, lo ahogó en un río. Sin embargo, Dios vio el crimen de la muchacha, por lo cual le habló desde lo alto y la maldijo diciéndole: «Ese pecado te pesa y te pesará por la eternidad, y desde ahora llorarás para pagar tu culpa». Nació así la Tepesa, un ser espantoso que, al igual que la Tulivieja, anda vagando por los ríos y las quebradas llorando arrepentida de su pecado.

Uruguay[editar]

En Uruguay, la leyenda de la Llorona es muy popular. A continuación se relatan algunas de sus versiones más conocidas.

La Llorona del parque Rivera[editar]

Una tarde de otoño, hace muchos años, una joven mujer decidió salir a pasear por el parque Rivera. Aunque soplaba un viento frío y cortante que hacía gemir a los árboles y sumía al parque en la más absoluta soledad, la chica, madre soltera a punto de casarse, salió a dar un paseo con su bebé y se aventuró por el parque, por entonces más agreste que ahora y embarrado por las recientes lluvias. Se la vio bordear el lago con su niño, mientras el viento arreciaba con fuerza, hasta desaparecer de la vista. La futura novia no regresó. Al día siguiente hallaron su cuerpo inerte en el lago del parque, sin rastros del paradero del pequeño. Cuenta la historia que desde entonces, en las noches brumosas y tristes del otoño, puede verse a una joven vestida de novia en los alrededores del lago. Camina sola y llora desconsoladamente, mientras clama por un bebé que perdió hace mucho tiempo.

La Llorona y los ladrones[editar]

Hace mucho tiempo, en los inicios del mismo parque Rivera, vivía una pareja en una casa contigua al lugar. Un miércoles 9, mientras la pareja se hallaba fuera, unos ladrones irrumpieron en la casa. El esposo llegó antes de que terminaran su faena y los sorprendió in fraganti: desesperados, los delincuentes le quitaron la vida con un cuchillo. Cuando intentaban esconder el cuerpo oyeron ruidos: era la mujer, que, vestida de blanco, llegaba a la casa. Se escondieron detrás de una puerta y observaron cómo la joven, aterrada, descubría el cuerpo de su marido. Mientras la mujer lloraba desconsoladamente sobre él, los ladrones, decididos a todo, llegaron por detrás y la mataron de igual manera. Para ocultar las huellas, los delincuentes arrojaron los dos cuerpos a la laguna del parque. Desde entonces, los vecinos de la zona comentan que el día 9 de cada mes se oyen extraños llantos y quejidos que provienen de la laguna, en el lugar donde los cuerpos de los infortunados amantes fueron arrojados.

La bufanda de la Llorona[editar]

Un hombre fue a un boliche y se encontró con una hermosa mujer. Estuvieron juntos, y él decidió acompañarla a su casa. Como ella tenía mucho frío, él le prestó su bufanda. Al otro día, cuando él fue a buscar su bufanda, al tocar la puerta salió una señora mayor. Le preguntó al hombre qué quería y él dijo que venía a ver a la chica. La mujer, llorando, dijo que su hija había muerto hace 20 años a orillas de un río y que su cuerpo enterrado se encontraba en el Cementerio del Norte. Rápidamente él fue allí y buscó la tumba de la joven. Encontró la bufanda enroscada en la cruz. Preguntó por todos lados si conocían a la chica y todos decían que era la Llorona. Quiso saber por qué la llamaban así y averiguó que la chica se suicidó al ver a su esposo muerto en el río y que desde entonces se escuchan día a día fuertes llantos y lamentos en su tumba.

Venezuela[editar]

En Venezuela también se conoce la leyenda de la Llorona, que circula en prosa y en forma de corrido (canción narrativa). La Sayona es otro personaje similar, pero este solamente se les aparece a los hombres parranderos, que gustan de andar de fiesta en fiesta.

Cuenta la leyenda que la Llorona es el alma en pena de una mujer muy joven que tuvo amores con un soldado. De esos amores quedó embarazada de una niña, a la cual dio a luz. El soldado la abandonó, y ella, como no tenía idea de cómo criar a un infante, desesperada por el llanto de la niña, la mató con sus propias manos. Cuando la joven se percató de lo que había hecho, comenzó a llorar y a gritar fuertemente, lo que atrajo a los vecinos y familiares. Al ver lo sucedido, la maldijeron. Ella salió corriendo hacia el llano y se convirtió en espanto. Siempre está llorando, y cuando entra a los poblados dicen que llama a su hija. Se sabe que roba niños que están solos, ya sea en sus casas o en las orillas de ríos o quebradas. Por lo general se la oye llorar en tiempos de Semana Santa.

Según otras versiones, la Llorona fue una muchacha joven que vivía en un pequeño pueblo de los llanos venezolanos. Esta muchacha, cada vez que daba a luz a un hijo, lo mataba sin piedad. Le confesó todo al sacerdote que vivía en su pueblo y agregó que no sentía ningún remordimiento por lo que había hecho. El cura notó que estaba embarazada de nuevo y le dijo a la muchacha que cuando tuviera a su hijo le diera de mamar antes de matarlo, y así lo hizo; tras darle leche materna lo mató, pero el solo hecho de amamantar despertó su instinto maternal, haciéndole sentir una gran culpabilidad. Desde entonces, vaga por los campos llorando de dolor, buscando a sus hijos y asustando a todo el que se le atraviesa en su camino.

Se la representa como una mujer joven, con una larga cabellera morena y la piel blanca. Lleva una bata blanca larga y encima otra bata de color negra con capucha, y suele portar un bebé en los brazos. Llora y grita diciendo "¡Mi hijo, mi hijo!".

A veces, las madres castigan y asustan a sus hijos diciéndoles que, si las desobedecen, la Llorona vendrá a buscarlos y asustarlos por las noches.

La diferencia entre la Llorona y la Sayona es que esta última normalmente solo se viste de blanco y tiene ojos rojos y colmillos que parecen de león. Asusta, mata o vuelve locos a los hombres que son o fueron infieles, no a todas las personas o niños, como hace la Llorona, se dice que tenía un frasco de agua de río y otro de sangre pura de niños, se ponía la sangre en los ojos y hacia que cada persona se le acercara y lo ataba a ella, lloraba por que su marido estaba con otra mujer y por eso decidió matar a sus hijos ahogándolos en el mismo río de donde sacaba el agua, su alma ronda en ese río diciendo: ¡mis hijos, devuélvanme mis hijos!

Paralelismos con otras culturas[editar]

Alrededor del mundo existen mitos y leyendas acerca de seres con algunas características similares a las de la Llorona.

En la mitología griega, por ejemplo, se pueden encontrar similitudes con el mito de Medea, quien asesinó a sus propios hijos luego de que su esposo, Jasón (a quien había ayudado a recuperar el vellocino de oro), la abandonara por otra mujer. Igualmente, los griegos también relataban la leyenda de Lamia, una princesa con quien Zeus había tenido varios hijos, que fueron asesinados por Hera. Lamia vagaba desde entonces lamentándose por la pérdida de sus hijos y devorando a los niños de otras madres.[17]

En la mitología celta, la banshee era un espíritu femenino que anunciaba la muerte de una persona mediante sobrecogedores gemidos que podían escucharse a largas distancias.[17]

En África, entre los pueblos yoruba de Dahomey y Togo, se narra una leyenda que describe al viento como una mujer que recorre los ríos lanzando pavorosos lamentos y buscando a sus hijos asesinados. Estos fueron ahogados por el océano (que en este mito es también una mujer) y sus restos desperdigados por el mundo. Esta leyenda, que presenta fuertes similitudes con la de la Llorona, fue introducida en los Estados Unidos por los esclavos africanos traídos por los europeos a América y es especialmente conocida en estados sureños como Luisiana.[18]

En las Filipinas existen dos leyendas similares a la de la Llorona. En una de ellas, el fantasma de una sirena aúlla en el mar por las noches lamentando el asesinato de sus hijos por un pescador. Se dice que cuando se escucha su llanto es porque alguien se ha ahogado. En la otra versión, conocida como la leyenda de la Mujer Blanca, el fantasma es uno que mora en la niebla y captura jóvenes mujeres una vez al año, a quienes atrapa entre la bruma en medio de grandes alaridos.

En la Biblia, en Jeremías 31:15-17, se narra la historia de Raquel, quien llora por sus hijos (el pueblo de Israel) porque perecieron, como un simbolismo del exilio del pueblo hebreo en la tierra de Babilonia.

Su presencia y representación en la cultura contemporánea[editar]

En la televisión[editar]

La presencia de la Llorona, o mejor dicho, de una mujer sonámbula a la que confunden con aquel espectro es común en los programas de televisión de Roberto Gómez Bolaños, Chespirito. Así, en los cortos de El Chavo del 8 es común que el Chavo, Quico, la Popis o la Chilindrina confundan con la Llorona a Doña Florinda o Doña Clotilde durante episodios de sonambulismo de estas. En los cortos de Los Caquitos sucede lo mismo con el personaje de Doña Nachita. También en Los Chifladitos, Lucas Tañeda y Chaparrón Bonaparte confundieron una vez a su vecina sonámbula, personificada por Florinda Meza, con la Llorona.

En Costa Rica, con motivo de la instauración del 31 de octubre como el Día de las Mascaradas, una compañía de televisión de Costa Rica presentó una miniserie con las leyendas más conocidas de esa nación, en la cual se incluyó, por supuesto, a la Llorona.

En Venezuela, el canal RCTV produjo dos historias de Humberto Kico Olivieri acerca de la Llorona y la Sayona. Con toques de humor negro, estas relataban las aventuras de dos camioneros enamoradizos y parranderos que contactaban con los dos personajes de la leyenda, dos hermosas y misteriosas mujeres, al tiempo que se veían involucrados, sin saberlo, en una trama de tráfico de drogas. Las dos versiones planteaban los enfrentamientos entre la religión cristiana y una absurda religión popular cuyo personaje central era una entidad alucinante, un tal Chalu, al que un brujo borracho invocaba para acrecentar su popularidad entre los lugareños, frente a la del cura del pueblo.

En Estados Unidos, en el episodio piloto de la serie de televisión Supernatural, de WB Network, los hermanos Winchester se enfrentan a la Llorona, a quien identifican como «The White Lady» (la Dama de Blanco). Durante el episodio comentan que en muchos países existe el mismo personaje con una historia parecida: «Una mujer que llora y grita por haber matado a sus hijos».

En el noveno episodio de la segunda temporada de la serie Grimm, el detective Nick Burkhardt se enfrenta a la Llorona. Se presenta a este espectro como una mujer ataviada con un vestido blanco, de pelo negro y que llora en las riberas de los ríos, donde se la ve cuando va a secuestrar niños. En este caso La Llorona es una mujer que ahogó a sus tres hijos (dos niños y una niña de entre siete y diez años) como venganza porque su marido la abandonó por otra mujer. Así, desde entonces, cada noche de Halloween secuestra a tres niños cerca de los ríos y a medianoche los ahoga con el fin de intercambiarlos por sus hijos. Tras hacerlo, desaparece a medianoche para reaparecer el año siguiente.

En el cine[editar]

Hay numerosas películas inspiradas en el personaje. Entre ellas, las siguientes:

El filme Kilómetro 31, de Rigoberto Castañeda, ofrece una versión moderna de la leyenda de la Llorona. Según la película, la Llorona era «una joven de belleza imponente» que vivía en un pueblo cercano a la Ciudad de México. Un militar español la enamoró y procreó con ella los hijos que la esposa de aquel (al parecer peninsular como él) no podía darle. La muchacha no lo sabía y, cuando se enteró, llena de despecho se lanzó al río Mixcoac junto con su hijo. Se ahogaron allí mismo. El cuerpo de la madre permaneció en el lugar. El del niño, en cambio, fue arrastrado por el río hasta llegar a una locación denominada «Desierto de los Leones», donde aún se aparece buscando a su madre y causa accidentes a mujeres jóvenes. La madre también lo busca, por lo que grita en las noches: «¿Dónde está mi hijo?». Pero en la película aparece acompañada de otras mujeres también catalogadas como Lloronas, principalmente madres ahogadas (como la madre de las protagonistas de la película, que se ahogó en una bañera).

En la música[editar]

Véase La Llorona (música).

  • En la música folclórica del estado de Oaxaca hay una canción llamada La Llorona. En la letra, que varía de intérprete a intérprete y de región a región, predominan las referencias a la melancolía y el amor, temas característicos de la leyenda.
  • Artistas y grupos musicales como Joan Baez, Eugenia León, Chavela Vargas, Lila Downs, Banda Bostik, Susana Harp, Voodoo Glow Skulls y Caifanes han cantado a la Llorona.
  • La cantante mexicano-canadiense Lhasa de Sela grabó en 1998 un disco de música mexicana llamado La Llorona.
  • El grupo español Mägo de Oz incluyó una melodía instrumental llamada La leyenda de la Llorona en su álbum Gaia.
  • El cantante estadounidense Beirut escribió una canción en honor del espectro titulada La Llorona, que aparece en el álbum The Marche of the Zapotec (La marcha del zapoteca).
  • Caifanes, en su último disco, El nervio del volcán, presentan una canción titulada La Llorona.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c Orozco Guzmán, Mario (2009). La estructura medeica de La Llorona. ISSN 1850-339X. http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3099137. Consultado el 14 de septiembre de 2012. 
  2. a b Sahagún, Fray Bernardino de (2001). Juan Carlos Temprano, ed. Historia general de las cosas de Nueva España (en español) (Crónicas de América tomos 1 y 2 edición). Madrid: Dastin Historia. p. 1236. 
  3. Adame, Homero. «Mitos y leyendas de Homero Adame: Mitos y leyendas de Veracruz» (en español). Consultado el 14 de septiembre de 2012.
  4. a b c González Torres, Yolotl (1995). Diccionario de mitología y religión de Mesoamérica. México: Editorial Larousse. ISBN 970-607-802-9. 
  5. a b León Portilla, M.; Garibay, A.M.; Beltrán, A. (2007). Miguel León Portilla, ed. Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista (en español) (29 edición). Volumen 18 de Biblioteca del estudiante universitario, México D.F: Universidad Autónoma de México. p. 312. ISBN 9703244696. Consultado el 15 de septiembre de 2012. 
  6. Medina, Andrés (1996). La etnografía de Mesoamérica Meridional y el área Circuncaribe. Universidad Nacional Autónoma de México. ISBN 9683-64-847-9. 
  7. García Segura, Alí (2003). Diccionario de mitología bribri. Universidad de Costa Rica. ISBN 9977-67-738-7. 
  8. a b Quintana Mansilla, Bernardo (1987). s.n., ed. Chiloé mitológico: mitos, pájaros agoreros, ceremonias mágicas de la provincia de Chiloé (en español). p. 173. Consultado el 8 de septiembre de 2012. 
  9. a b Gauna, Pablo (2004). Leyendas argentinas de lobisones diablos y otros espantos (en español). Buenos Aires, Argentina: Andrés Bello. ISBN 9872-114-22-6. Consultado el 8 de septiembre de 2012. 
  10. a b Ocampo López, Javier (2006). Mitos, leyendas y relatos colombianos (en español). Plaza y Janes Editores Colombia s.a. pp. 132 (22–23). ISBN 958140371X. Consultado el 18 de septiembre de 2012. 
  11. Zeledón Cartín, Elías (2000). «La Llorona». Leyendas Costarricenses (compilación) (4o edición). Editorial de la Universidad Nacional. p. 167. ISBN 9977-65-133-7. 
  12. Zeledón Cartín, Elías (2012). «La Llorona». Leyendas ticas. Editorial Costa Rica. p. xviii. ISBN 978-9977-23-984-2. 
  13. Zeledón Cartín, Elías (2012). «4 motivos del folclor costarricense». Leyendas ticas. Editorial Costa Rica. p. xvi. ISBN 978-9977-23-984-2. 
  14. Zeledón Cartín, Elías (2000). Alexandra Meléndez, ed. Leyendas Costarricenses (compilación) (4o edición). Editorial de la Universidad Nacional. p. 286. ISBN 9977-65-133-7. 
  15. Velarde, Eduardo (2010). El gran orador: un viaje al más allá (en español). México D.F: Palibrio. p. 114. ISBN 1617643475. Consultado el 15 de septiembre de 2012. 
  16. De Valle Arizpe, Artemio (2010). Lectorum México, ed. Historia, Tradiciones y Leyendas de Calles de México. Volumen 2. (en español). México D.F. p. 329. ISBN 9707322845. Consultado el 15 de septiembre de 2012. 
  17. a b Cotterell, Arthur (1999) (en español), Enciclopedia de Mitología Universal, Barcelona, España: Parragon, ISBN 1-40542-648-9 
  18. De Aragon, Ray John (2006). The Legend of La Llorona (en inglés). Sunstone Press. p. 94. ISBN 0865345058. Consultado el 16 de septiembre de 2012. 

Bibliografía[editar]

  • Joaquín Álvarez Barrientos y María José Rodríguez Sánchez de León, con la colaboración de Ricardo de la Fuente Ballesteros, Diccionario de literatura popular española. Salamanca: Ediciones Colegio de España, 1997.
  • Álvarez, Rogelio (1998). Leyendas mexicanas. España: Everest.
  • Appendini, Guadalupe (1999). Leyendas de provincia. México: Porrúa. Col. Sepan Cuantos 661.
  • Caballero, María del Socorro (1984). Narraciones tradicionales del Estado de México. México: Edición de autor.
  • Caso, Alfonso (1983). El pueblo del sol. México: FCE-SEP. Lecturas Mexicanas 10.
  • Olavarrieta, Marcela (1990). Magia en los tuxtlas, Veracruz. México: INI/CNCA. Col. Presencias.
  • Trejo, Marcia (2004). Guía de seres fantásticos del México Prehispánico. México: Vila. ISBN 968-5414-24-6
  • Valle Arizpe, Artemio (1978). Historia, tradiciones y leyendas de calles de México. México: Diana.
  • Varios autores (1991). Una tradición de mi pueblo. Relatos guanajuatenses. México: SECYR-Gobierno del Estado de Guanajuato-El Nacional de Guanajuato.
  • Weitlaner, Roberto (1977). Relatos, Mitos y Leyendas de la Chinantla. México: Instituto Nacional Indigenista. Serie antropología social.

Notas[editar]

  1. El agua es el elemento femenino y maternal por excelencia; la fuente de la purificación, pero donde la pena es infinita. El agua también es muerte; en este caso, la muerte de la madre por sí misma, una especie de suicidio o inmolación ante lo inevitable. Es el camino al sendero del fin. La Llorona aparece en donde hay agua pues así su pena es mayor, es continua. Nunca las corrientes de un río serán las mismas, nunca alcanzará el destino, nunca volverá tener en sus manos el pasado, siempre correrá tras aguas diferentes, insondables, eternas, inaprensibles.
  2. El color blanco es propio de todas las manifestaciones de Cihuacóatl y remite al destino, a la sonaja de niebla de la diosa, a los huesos de los hombres, a las cihuateteo pintadas de blanco, a la tierra blanca de Aztlán.
  3. Nótese que el llanto de Llorona cambia luego de consumada la Conquista: mientras en la época anterior a la caída de Tenochtitlan el fantasma se pregunta qué será de sus hijos (de algún modo, albergando alguna esperanza de salvarlos), durante la época colonial se limita a un «¡Ay, mis hijos!», que denota un hecho consumado y la pérdida de la esperanza.
  4. La referencia al oriente es importante en la cosmogonía mesoamericana. El oriente está cargado de significados: es el rumbo por donde sale el Sol. Se relaciona con el rojo. En él estaban el paraíso del Sol y el tlalocan. El Tlillan Tlapallan «en donde está el color negro y el rojo», lugar mítico hacia donde marchó Quetzalcóatl. Se le ha interpretado como una región de sabiduría, cargada de simbolismo esotérico y los nahuas la ubican al este, más allá del mar. Para los tarascos, hacia ese rumbos estaba el camino al inframundo. De oriente, también, venían los conquistadores.
  5. Durante los presagios del fin del imperio azteca, el lago de Texcoco (también Meztliapan, el lago de la Luna —una de las manifestaciones de Cihuacóatl es Coatlicue, madre del Sol, la Luna y las estrellas—) jugó un papel preponderante en el quinto y séptimo prodigio, primero porque hirvió con furia y destruyó las casas y después porque allí atraparon un ave que mostraba el destino que esperaba a los mexicas.