Las aventuras de Tintín
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Las aventuras de Tintín (cuyo nombre original, en francés, es Les Aventures de Tintin et Milou) es una de las más influyentes series europeas de historieta del siglo XX. Creada por el autor belga Georges Remi (Hergé), y característica del estilo gráfico y narrativo conocido como "línea clara", está constituida por un total de 24 álbumes, el primero de los cuales se publicó en 1930 y el penúltimo en 1976[1] (el último, Tintín y el Arte-Alfa, no llegó a terminarse, aunque se publicaron posteriormente los bocetos realizados por el autor).
Los siete primeros episodios de las aventuras de Tintín se publicaron por entregas en Le Petit Vingtième, suplemento del diario belga de orientación católica Le Vingtième Siècle, entre 1929 y 1939 (la publicación de la octava, Tintín en el país del oro negro, quedó interrumpida en 1940 al producirse la invasión alemana de Bélgica, aunque el autor la reanudaría años después). Posteriormente, las aventuras de Tintín aparecieron en otras publicaciones: el diario Le Soir, durante la ocupación alemana de Bélgica, entre 1940 y 1944; y el semanario Tintín, desde 1946 hasta 1976. Todas las aventuras del personaje fueron después recogidas en álbumes independientes y traducidas a numerosos idiomas. A partir de La estrella misteriosa (1942), los álbumes fueron editados siempre en color, y se emprendió la tarea de colorear y reeditar también los álbumes anteriores de la serie (a excepción de Tintín en el país de los soviets). Las reediciones afectaron en ocasiones al contenido de los álbumes.
En la serie, junto a Tintín, un intrépido reportero de aspecto juvenil y edad nunca aclarada que viaja por todo el mundo junto con su perro Milú, hay una serie de personajes secundarios que han alcanzado tanta o más celebridad que el protagonista: entre ellos, el capitán Haddock, el profesor Tornasol, los detectives Hernández y Fernández y la cantante Bianca Castafiore. Las aventuras de estos personajes están cuidadosamente ambientadas en escenarios reales de los cinco continentes, y en lugares imaginarios creados por Hergé, tales como Syldavia o San Theodoros. Sobre todo a partir del quinto álbum de la serie (El Loto Azul), su autor se documentó minuciosamente sobre los lugares visitados por sus personajes.
La serie conoció desde sus inicios un éxito sin precedentes. Se calcula que se han vendido desde sus inicios más de 200 millones de álbumes[2] en más de 60 idiomas,[3] sin contar las ediciones piratas. Las aventuras del personaje de Hergé son además objeto de culto y de coleccionismo en todo el mundo. Es famosa la frase de Charles de Gaulle, según la cual su único rival en el plano internacional era Tintín.[4] La fama de Tintín no ha estado, sin embargo, libre de polémicas, ya que algunos álbumes de la serie han recibido críticas por mostrar supuestamente una ideología colonialista y racista.
[editar] Historia
[editar] Antecedentes
En 1928, el abate Norbert Wallez, director del diario belga Le Vingtième Siècle, tomó la decisión de crear un suplemento semanal dirigido al público infantil y juvenil. Confió la dirección de este suplemento a uno de los empleados del periódico, Georges Remi, que en 1924 había empezado a utilizar el seudónimo por el que sería mundialmente conocido, Hergé.
El primer número de este suplemento, que llevaría el nombre de Le Petit Vingtième, apareció el 1 de noviembre de 1928. En sus páginas Hergé dibujaba una serie cómica, La extraordinaria aventura de Flup, Nénesse, Poussette y Cochonnet, con guiones de uno de los redactores deportivos de Le Vingtième Siècle.[5] La historieta, poco original, narraba las aventuras de dos niños de doce años, de la hermana de uno de ellos, de seis, y de su mascota, Cochonnet, un cerdito de caucho. Convencido de que el suplemento necesitaba una serie más innovadora y que lograse conectar con el público juvenil, Hergé tuvo la idea de crear un reportero, Tintín, cuya primera aventura sería un viaje a la Unión Soviética. El 4 de enero de 1929 el periódico publicó el anuncio de la inminente publicación de las aventuras de Tintín, presentado como un ficticio reportero para Le Petit Vingtième. Seis días después, el 10 de enero, el personaje iniciaba su andadura en las páginas del suplemento.
Se han buscado varios modelos para Tintín, la mayoría de papel y tinta, aunque también hay alguno de carne y hueso. El principal es, sin duda, el boy scout Totor, personaje anterior de Hergé que aparecía en la revista Le Boy-Scout Belge desde julio de 1926. Totor es el protagonista de la que puede considerarse la primera serie de historieta de Hergé, que llevaba el título de Totor, jefe de patrulla de los abejorros (Totor, CP des Hannetons).[6] La figura esquemática de Totor es una prefiguración de Tintín, aunque falta el característico mechón. Su actitud ante la vida, característica del movimiento scout, es también muy próxima a la del principal personaje de Hergé.
Se ha señalado también la coincidencia de nombre y el parecido de Tintín con un personaje creado en 1898 por Benjamin Rabier y Fred Isly, Tintin-Lutin, un niño de ocho años que tiene un mechón muy semejante al de la criatura de Hergé.[7] Según su propio testimonio, sin embargo, Hergé no conoció la existencia de este personaje hasta 1970.[8]
Hergé declaró, por su parte, haberse basado en el físico de su hermano, el militar Paul Remi.[9] La profesión de reportero del personaje puede atribuirse también a su admiración por conocidos periodistas de la época, como el francés Albert Londres.
El dirigente fascista Léon Degrelle, en solitario y contra toda evidencia, se jactó en varias ocasiones, especialmente en su libro Tintin mon copain (1992), de haber sido el modelo vivo en que Hergé se inspiró para crear a su célebre reportero. Según él, el viaje de Tintín al país de los soviets estaría basado en su viaje a México para cubrir como reportero la guerra cristera. Esto es imposible, ya que Degrelle viajó a México meses después de que las aventuras de Tintín empezaran a publicarse en Le Petit Vingtiéme. Pierre Assouline, el principal biógrafo de Hergé, descarta rotundamente esta posibilidad. Sí es cierto, en cambio, que, gracias a Degrelle, Hergé pudo conocer varias series de cómic estadounidenses que tuvieron gran influencia en el posterior desarrollo de su obra, tales como Bringing Up Father, de George McManus, o The Katzenjammer Kids, de Rudolph Dirks.
[editar] Primeras aventuras (1929-1934)
Muy probablemente, el destino de la primera aventura de Tintín fue decidido por el abate Wallez, fervoroso anticomunista: no se trataba solo de entretener a la juventud, sino de mostrar los supuestos peligros que entrañaba el comunismo. Basado en un libro bastante popular en la época que denunciaba estos peligros, Moscou sans voiles ("Moscú sin velos", 1928), de Joseph Douillet,[10] Tintín en el país de los soviets narra la incursión del reportero, ya acompañado por su fiel mascota, el fox terrier Milú, en la Rusia soviética, insistiendo continuamente en las perversidades del régimen comunista. El dibujo de Hergé es todavía bastante rudimentario,[11] y muestra claramente la influencia de historietistas estadounidenses como George McManus.
La historieta tuvo un gran éxito entre el público belga: cuando terminó de publicarse, en mayo de 1930, se escenificó en la Estación del Norte de Bruselas el regreso de Tintín a Bélgica. El personaje, representado por un boy scout de quince años, fue recibido por una auténtica muchedumbre.[12] Gracias a esta gran popularidad, a partir de ese año sus aventuras comenzaron a publicarse también en Francia, en un semanario católico, Coeurs Vaillants.[13] Ese mismo año otros personajes de Hergé, Quique y Flupi, hicieron su aparición en las páginas de Le Petit Vingtième.
La segunda aventura de Tintín tuvo como escenario el Congo belga, y es una abierta apología de las ventajas del colonialismo, con ciertos tintes racistas. Predomina un discurso paternalista acerca de la dominación colonial, vigente en la sociedad belga de la época. Algunos de los aspectos más controvertidos del álbum fueron eliminados en ediciones posteriores. A pesar de ello, el cómic continúa siendo objeto de polémica, como lo demuestra la controversia ocasionada por su reciente reedición en el Reino Unido, en 2007.[14]
Al término de la aventura de Tintín en el Congo se descubre que un grupo de gángsters de Chicago, dirigido por Al Capone, planea hacerse con el negocio de los diamantes en el Congo, anticipando ya la que sería la tercera de las aventuras del reportero, Tintín en América. En efecto, en la siguiente historia, que empezó a publicarse en septiembre de 1931 en las páginas de Le Petit Vingtième, el joven reportero y su inseparable fox-terrier visitan Estados Unidos, donde el protagonista no sólo logra desbaratar los planes criminales de Capone, sino que tiene tiempo para hacer una visita a los pieles rojas, largamente idealizados por Hergé desde su época de boy scout. Por primera vez, el personaje de Tintín toma decididamente partido por los derechos de una minoría oprimida, denunciando enérgicamente el abuso de que son objeto los indios en los Estados Unidos.[15]
En el siguiente episodio de sus aventuras, Los cigarros del faraón, inicialmente titulado "Las aventuras de Tintín en Oriente", Tintín inicia un periplo que lo llevará a nuevos escenarios exóticos: Egipto; la India y, más tarde, en la segunda parte del álbum, El Loto Azul, China. En esta ocasión el reportero no viaja como enviado de su periódico, Le Petit Vigtième, sino por motivos de placer. En Los cigarros del faraón aparecen por vez primera dos personajes fundamentales en la serie, los policías Hernández y Fernández (Dupond et Dupont, en la versión original). Adquiere protagonismo también la figura del malvado millonario Rastapopoulos, que ya había tenido una breve aparición en Tintín en América. Con respecto a anteriores aventuras, la trama se ha enriquecido considerablemente.
La edición como álbum independiente de Los cigarros del faraón, en 1934, corrió a cargo de la editorial Casterman, que desde entonces sería la encargada de publicar las aventuras del personaje (los tres primeros volúmenes habían sido editados por Éditions du Petit Vingtième).
[editar] En vísperas de la Segunda Guerra Mundial (1934-1940)
El Loto Azul, publicado por entregas entre diciembre de 1932 y febrero de 1934, marca un punto de inflexión en la historia de la serie. La crítica coincide en que se trata de la primera obra maestra de Hergé, y algunos autores lo consideran el mejor de todos los álbumes de Tintín.[16] Gracias a la colaboración que le prestó un estudiante chino, Tchang, el álbum está minuciosamente documentado, y se lleva a cabo con el propósito explícito de desterrar los absurdos tópicos occidentales acerca de China. Además, El Loto Azul destaca por su denuncia del racismo y del colonialismo, y por su abierta crítica a la intervención japonesa en China, un asunto candente en el momento de su publicación.
La madurez creativa alcanzada por la serie después de El Loto Azul se muestra en todo su esplendor en los años siguientes, que coincidieron con las tensiones prebélicas en Europa. Durante esta etapa, Hergé realizó otros tres álbumes, hoy considerados clásicos: La oreja rota, La isla negra y El cetro de Ottokar. Un cuarto, Tintín en el país del oro negro, quedaría interrumpido al producirse en 1940 la invasión alemana de Bélgica, y sólo se retomaría varios años después.
La oreja rota se publicó en Le Petit Vingtième entre diciembre de 1935 y febrero de 1937. El álbum marca el inicio de la fascinación de Hergé por Latinoamérica, que luego habría de retomar como escenario en aventuras posteriores. El desencadenante de la trama es el robo en el Museo Etnográfico de un fetiche arumbaya (una etnia amerindia inventada por Hergé), en pos del cual Tintín se desplaza al imaginario país de San Theodoros. La ambientación está inspirada en un conflicto entonces de actualidad: la Guerra del Chaco, que entre 1932 y 1935 enfrentó a Bolivia y Paraguay por el control del Chaco Boreal. Hergé disfrazó los nombres, convirtiendo a Bolivia en San Theodoros, y a su capital, La Paz, en Las Dopicos; Paraguay aparece como Nuevo Rico, y Asunción, su capital, como Sanfación.[17] El álbum es el primero en que Hergé utiliza países imaginarios como escenario de la acción, y en él aparecen por primera vez destacados personajes, como el general Alcázar.
En La isla negra, que empezó a publicarse en abril de 1937, la acción se traslada a Escocia. En una época en que las tensiones prebélicas debidas al expansionismo de Hitler eran más que evidentes, Hergé firmó una historia de espionaje en la que el principal villano era un alemán, el doctor Müller. Aunque las primeras ediciones del álbum contenían numerosos errores de ambientación, se solucionarían años después cuando se hiciera la edición para el mercado británico, en 1965, en gran parte gracias a la colaboración de Bob De Moor. Es el único de los álbumes de Tintín del que se existen tres ediciones: la primera, en blanco y negro, aparecida en 1938; una segunda en color, en 1943, durante la ocupación alemana; y la tercera y definitiva en 1965.
El siguiente álbum fue El cetro de Ottokar. El argumento del libro, en que aparece una dictadura expansionista (Borduria) que quiere anexionarse mediante intrigas una pequeña monarquía limítrofe (Syldavia), tiene analogías evidentes con el Anschluss alemán de Austria (1937), y con la posterior incorporación de Checoslovaquia al Reich (1938). Estas analogías, además, quedan aún más de manifiesto cuando se lee el nombre del dictador bordurio: Müsstler, una evidente amalgama de los nombre de Benito Mussolini y Adolf Hitler. Sobre todo desde su reelaboración para la edición en color, en 1947, El cetro de Ottokar destaca por su cuidadosa ambientación, a la que no fue ajeno Edgar Pierre Jacobs (en agradecimiento, Hergé lo retrató como oficial sildavo en la página 59 de la edición en color del álbum).[18] Hergé dotó a Syldavia, un país imaginario que volvería a ser escenario de otras aventuras de Tintín en el futuro, de todos los atributos de un verdadero estado: inventó su historia —que se resume en un folleto turístico que lee Tintín en las páginas 19 a 21 del álbum—, su folclore, el complicado aparato ceremonial de su corte, e incluso su idioma, el syldavo, que, aunque suena exótico, no es otra cosa que una mezcla de neerlandés y dialecto bruselense.[19] El cetro de Ottokar destaca también por la aparición del más destacado personaje femenino (de hecho, el único de verdadera relevancia) de Las aventuras de Tintín: la cantante de ópera Bianca Castafiore.
[editar] La edad de oro (1940-1944)
Curiosamente, la etapa de plenitud de la serie coincide con la ocupación alemana de Bélgica, durante la Segunda Guerra Mundial. Es en esta época cuando aparecen varios de los personajes más importantes de la saga, incluyendo al capitán Haddock (en El cangrejo de las pinzas de oro) y al profesor Tornasol (en El tesoro de Rackham el Rojo). Es también la época en que los álbumes de Tintín comienzan a editarse en color (desde 1942).
Cerrado Le Vingtième Siècle por orden de los ocupantes, Hergé aceptó colaborar en el diario Le Soir, controlado por los alemanes. Fue ésta una de las decisiones más controvertidas en la vida de Hergé, que habría de acarrearle no pocos problemas en el futuro.
La tirada de Le Soir, de unos 250.000 ejemplares,[20] permitió una difusión todavía más amplia de las aventuras de Tintín. En un primer momento, la nueva aventura, El cangrejo de las pinzas de oro, apareció en el suplemento del diario, Le Soir Jeunesse, todos los jueves a partir del 17 de octubre de 1940. En septiembre del siguiente año, sin embargo, debido a las restricciones de papel, el suplemento dejó de publicarse, y la historieta pasó a aparecer en las ediciones diarias del periódico, en formato de tira de prensa de solo tres o cuatro viñetas. Esto supuso un aumento importante en el ritmo de trabajo de Hergé, que se veía obligado a realizar unas 24 viñetas semanales en lugar de las 12 a que estaba acostumbrado.
En una atmósfera apocalíptica, La estrella misteriosa, la siguiente aventura de Tintín, pone en escena la rivalidad entre europeos y estadounidenses por encontrar un misterioso meteorito. El álbum fue después muy criticado por el personaje del judío neoyorquino Blumenstein, principal villano del álbum, y por una viñeta en la que aparecían dos judíos estereotipados, uno de los cuales se alegra de la noticia del fin del mundo porque "así no tendría que pagar a mis proveedores". Esta última viñeta se suprimió en la edición en álbum; en cuanto a Blumenstein, en ediciones posteriores de la obra Hergé le cambió el nombre por Bohlwinkel, y lo ubicó, en lugar de en Nueva York, en un país imaginario, São Rico. Sin embargo, descubrió después, con sorpresa, que Bohlwinkel era también un apellido judío.[21]
La estrella misteriosa fue el primero de los álbumes de Tintín editado en color, en 1942. Al año siguiente se reeditaron en color algunos álbumes anteriores: La oreja rota, La isla negra y El cangrejo de las pinzas de oro. En estas nuevas versiones de los álbumes tuvo un importante papel otro destacado autor de historietas, Edgar P. Jacobs.
Los dos libros siguientes constituyen una de las obras más ambiciosas de Hergé: el díptico compuesto por El secreto del Unicornio y El tesoro de Rackham el Rojo, en el cual es evidente la influencia de la clásica novela de aventuras La isla del tesoro de Stevenson. Es en el segundo de los álbumes en el que hace su aparición el profesor Silvestre Tornasol, paradigma del científico despistado y algo chiflado, para cuyos rasgos físicos Hergé se basó en los del célebre Auguste Piccard. En esta aventura, Tintín y Haddock parten a lejanas tierras en busca de un tesoro que, paradójicamente, encuentran en el castillo que ha pertenecido a los antepasados del capitán, Moulinsart, convertido a partir de este momento en el hogar de Haddock y Tornasol, y con frecuencia también del propio Tintín.
En diciembre de 1943, se inició en Le Soir la publicación de otra aventura de largo aliento, Las siete bolas de cristal, en la cual una misteriosa maldición persigue a los arqueólogos que han descubierto la tumba del Inca Rascar Cápac. La publicación de esta aventura, sin embargo, quedó interrumpida por la liberación de Bélgica por las tropas aliadas en septiembre del año siguiente.
[editar] Después de la liberación (1944-1950)
Bruselas fue liberada por los aliados el 3 de septiembre de 1944, lo que supuso la interrupción inmediata de la publicación de Le Soir y, por consiguiente, de Las aventuras de Tintín. La acción de Las siete bolas de cristal quedó interrumpida en el momento en que Tintín deja el hospital en que están internados los arqueólogos afectados por la maldición del inca Rascar Capac (página 50 de la edición actual del álbum). En las últimas tiras se describía su encuentro con el general Alcázar, a punto de viajar a Sudamérica.
Para Hergé, acusado de colaboracionismo, se inició un calvario personal, ya que se le impidió seguir trabajando, y tuvo que responder de su actitud durante la ocupación. Puso fin a esta situación la intervención de Raymond Leblanc, antiguo miembro de la resistencia belga, que brindó a Hergé la posibilidad de continuar las aventuras de su reportero en una nueva revista, que llevaría precisamente el nombre del célebre personaje, Tintín, y cuyo primer número apareció el 26 de septiembre de 1946. El nuevo proyecto fue un éxito desde sus inicios, a pesar de la fuerte competencia de otros semanarios dirigidos al público juvenil: su tirada inicial fue de unos 60.000 ejemplares, una cifra bastante elevada para la época, y al cabo de pocos números llegó a los 80.000.[22]
Hergé recuperó a su personaje desde el primer número de la revista. Con algunos pequeños cambios (se intercaló un encuentro entre Tintín y Haddock), la acción de Las siete bolas de cristal se reanudó donde se había interrumpido. En lugar de la tira única en blanco y negro que se había utilizado en los últimos tiempos de Le Soir, en la nueva revista se publicaban tres tiras en color en la doble página central,[23] lo que permitió a Hergé cuidar más la ambientación, e introducir en algunas de las planchas un texto explicativo acerca de la civilización inca. El templo del sol, segunda parte de Las siete bolas de cristal, continuó publicándose en la revista Tintín hasta el 22 de abril de 1948. Las dos partes de la aventura aparecerían en álbum, en color, en 1948 y 1949, respectivamente, con significativas modificaciones.[24]
Concluida la publicación de este díptico narrativo, Hergé decidió retomar, ocho años después, la aventura que había quedado interrumpida en 1940 a causa de la invasión alemana, En el país del oro negro. En su reanudación, el autor incorporó personajes y situaciones posteriores al momento en que la obra se había iniciado: aparece (aunque muy brevemente)[25] Haddock, cuya primera aparición en la serie de Tintín había tenido lugar en El cangrejo de las pinzas de oro, empezado después de En el país del oro negro, e incluso reside ya en Moulinsart, la mansión que sólo había adquirido al final de El tesoro de Rackham el Rojo. La acción se desarrollaba inicialmente en el Mandato británico de Palestina, con referencias al terrorismo del Irgún; en una edición posterior, realizada en 1971 a petición de su editor londinense, Hergé trasladó la ambientación del álbum a un país árabe imaginario (el Khemed), sin referencias históricas concretas.[26] [27] Aparecen en este álbum por primera vez dos personajes de importancia: el emir Mohammed Ben Kalish Ezab y su hijo, el príncipe Abdallah.
[editar] Los años cincuenta
En 1950 se crearon los Estudios Hergé. El autor, que había afrontado en solitario hasta el momento la responsabilidad de la realización de los álbumes del personaje (con la excepción de su periodo de colaboración con Edgar Pierre Jacobs) contó en adelante con todo un equipo de ayudantes a su servicio. Entre ellos, merece destacarse el trabajo de Bob de Moor. El primer trabajo de los Estudios Hergé fue un nuevo díptico narrativo en que por primera vez su personaje realizaba una incursión en el terreno de la ciencia ficción, el constituido por los álbumes Objetivo: la Luna y Aterrizaje en la Luna, que se publicaron en la revista Tintín entre el 30 de marzo de 1950 y el 30 de diciembre de 1953. La publicación se interrumpió 18 meses, entre 1950 y 1951, a causa del agotamiento de Hergé.[28]
Hergé trabajó intensamente en la documentación del nuevo proyecto, hasta el punto de que, cuando en 1969, más de quince años después de la conclusión de la publicación de la aventura lunar de Tintín, el Apolo XI se posó realmente en la superficie de la Luna, la historieta resultó bastante aproximada a la realidad.[29] En la ficción, los promotores del viaje son los gobernantes del pequeño país ficticio de Syldavia, que ya había aparecido en El reino de Ottokar; en un lugar aislado, reúnen a numerosos científicos, bajo la dirección del profesor Tornasol, y construyen un cohete propulsado por energía atómica, cuyo diseño se inspira en el del V-2 de Wernher von Braun. A bordo subirá Tintín, junto con Milú, Haddock, Tornasol y —polizones involuntarios— Hernández y Fernández. El éxito del viaje lunar de Tintín fue tal que, después de que Neil Armstrong pisara la superficie de la Luna, la revista Paris-Match encargó a Hergé la realización de una breve historieta-reportaje narrando la siguiente misión espacial, la del Apolo XII.
En diciembre de 1954 se inició la publicación de la siguiente aventura de Tintín, El asunto Tornasol, una historia de espionaje, con el telón de fondo de la guerra fría, cuya acción se desarrolla en Borduria, un país cuyo régimen dictatorial tiene grandes similitudes con los de los países comunistas de la Europa del Este (su ideología, el bigotismo, recuerda poderosamente el culto a la personalidad de Stalin en la Unión Soviética).[30] En el álbum aparecieron por primera vez dos de los secundarios más recordados de la serie: Serafín Latón, "tipo característico del bruselense satisfecho de sí mismo"[31] y el malvado coronel Sponsz. Con la finalidad de documentarse para la realización del álbum, Hergé emprendió un viaje a Suiza, ya que parte del argumento se desarrolla también en Ginebra.
La siguiente aventura fue Stock de coque, álbum en el que Hergé regresa al mundo árabe, que ya había visitado en anteriores entregas de la serie (Los cigarros del faraón y En el país del oro negro). El álbum es una denuncia de la esclavitud: Tintín debe en esta ocasión combatir contra una red de traficantes de armas y de esclavos, que afecta a musulmanes africanos en peregrinación a La Meca. Stock de coque recibió críticas por el lenguaje estereotipado de los africanos, y Hergé fue tildado de racista, por lo que en 1967 publicó una nueva edición del álbum, corregida, en la cual modificó la forma de expresarse de las víctimas del tráfico de esclavos.[32]
Cuando terminó Stock de coque, Hergé se encontraba inmerso en una profunda crisis personal. Su matrimonio con Germaine Kickens se había roto a causa de su relación con la que se convertiría en su nueva esposa, Fanny Vlaminck, una joven que trabajaba en los Estudios Hergé y a la que doblaba en edad. La respuesta de Hergé a esta crisis fue la escritura de uno de sus álbumes más conocidos, Tintín en el Tíbet,[33] que el propio autor consideraba "un canto a la amistad". En este álbum reaparece Tchang, el compañero de Tintín en El Loto Azul, y el protagonista arriesga su vida por salvarlo. La historieta refleja también la situación del Tíbet, que había sido invadido por China en 1949; además, sólo nueve meses antes de que concluyese la publicación de la historieta, el Dalai Lama se había exiliado en la India huyendo de la represión china. Hergé toma nítidamente partido por los tibetanos. Aparece también en el álbum el mítico Yeti, sobre el que el autor de Tintín había leído abundantemente.
La década de 1950 significó el comienzo del éxito internacional de la serie. En 1956 se llegó por primera vez al millón de ejemplares anuales vendidos de álbumes de Tintín,[34] y se iniciaron las traducciones a varios idiomas extranjeros (véase la sección Traducción a otras lenguas).
[editar] Los últimos álbumes de Tintín
Las últimas aventuras de Tintín se publicaron de forma muy espaciada: entre Las joyas de la Castafiore (1961-1962) y Vuelo 714 para Sidney (1966-1967) pasaron cuatro años; entre esta última y Tintín y los 'Pícaros'' (1975-1976), la última publicada por Hergé, transcurrieron ocho.
Las joyas de la Castafiore ha llamado la atención por cuanto se aparta de la estructura habitual en los álbumes del personaje: por primera vez no hay un viaje (la acción se desarrolla exclusivamente en el castillo de Moulinsart, la residencia de Haddock), ni tampoco un verdadero misterio.[35] En palabras del autor:
El álbum es una especie de comedia de argumento policial, que ha evocado a algunos el tono de ciertas novelas de Agatha Christie[37] o de algunas películas de Hitchcock. Merece destacarse la simpatía con que Hergé retrata en el álbum a los gitanos.[38]
Después de la publicación de Las joyas de la Castafiore, Hergé intentó dedicarse principalmente a la pintura, abandonando la serie.[39] Se convirtió en un destacado coleccionista de arte (el mundo del arte estará muy presente en sus últimos álbumes, especialmente en el último, Tintín y el Arte-Alfa). Precisamente en esos años (la primera mitad de la década de 1960), inició su andadura el más serio competidor de Tintín en el ámbito de la historieta francobelga, Asterix.
Según Assouline,[40] fue en parte debido al fulgurante éxito de Asterix que Hergé decidió recuperar a Tintín, iniciando en 1966 la publicación de una nueva aventura del personaje, Vuelo 714 para Sidney. El nuevo álbum, para el cual el creador de la serie delegó gran parte del trabajo en su equipo, fue considerado inferior a sus obras anteriores.[41] La trama, que incluye elementos de ciencia ficción como la presencia de seres extraterrestres, está enriquecida sin embargo por la presencia de nuevos personajes, como Laszlo Carreidas o Mik Ezdanitoff, además de hacer reaparecer al villano por antonomasia de la serie, Rastapopoulos.
Hasta la publicación de la siguiente aventura, la última publicada, pasaron ocho años, en los que el autor estuvo ocupado en tareas como la reforma de La isla negra para su edición en el Reino Unido, o la producción de películas de dibujos animados basadas en su personaje.[42] Tintín y los 'Pícaros'' comenzó a publicarse en 1975. Inspirado en el asunto de Régis Debray y de los tupamaros (aunque hay en la historia también ecos de la Revolución Cubana), Hergé hizo regresar a Tintín a la república sudamericana de San Theodoros, donde se reencuentra con viejos conocidos, como el general Alcázar, el coronel Sponsz, el general Tapioca, y el explorador Ridgewell, de La oreja rota. Hacen su aparición también nuevos personajes, como Peggy, la esposa del general Alcázar, que es hija de otro personaje de la serie, Basil Bazaroff (La oreja rota).[43] Este álbum ofrece una imagen modernizada de Tintín, que ha desechado sus sempiternos pantalones bombachos por unos pantalones vaqueros de campana, lleva en su casco un símbolo pacifista y practica el yoga.
Tintín y los Pícaros fue la última de las aventuras de Tintín publicada por Hergé, que falleció en Bruselas el 3 de marzo de 1983.
[editar] Tintín y el Arte Alfa
Al morir, Hergé dejó inacabado un nuevo álbum en el que se encontraba trabajando, que, entre otros temas, hablaba del arte moderno y de las sectas religiosas. El material existente consistía sólo en tres planchas dibujadas a lápiz, cuarenta y dos de bocetos, y algunos escritos adicionales con parte del guión de la nueva aventura, que quedaba sin embargo inconclusa. Se barajó la posibilidad de que algún colaborador del creador de Tintín terminase el álbum, y se pensó especialmente en Bob de Moor, que había tenido un papel fundamental en la elaboración de otros libros de la serie. Se sugirió también convertirlo en un homenaje póstumo al creador de Tintín, con la participación de numerosos dibujantes de historieta. Sin embargo, en 1986 la heredera de Hergé, su viuda Fanny, decidió finalmente que el álbum se publicase en el estado en que el autor lo había dejado, con el título de Tintín y el Arte-Alfa.
Los derechos del personaje y de sus aventuras pertenecen a la Fundación Hergé, empresa gestionada por la viuda del dibujante y su segundo marido, el británico Nick Rodwell. Aunque su gestión no ha estado exenta de críticas,[44] se ha mantenido hasta la fecha la decisión de no continuar las aventuras del personaje.
[editar] Análisis
[editar] La creación de un álbum
La realización de un álbum de Tintín entrañaba un proceso bastante complejo. Hergé[45] lo describe del siguiente modo: tras escribir una sinopsis de dos o tres páginas, procedía a planificar las planchas, esbozando croquis y procurando siempre mantener un elemento de suspense al final de cada una de ellas. Después, en láminas de gran formato, hacía borradores de las páginas, que finalmente calcaba para conseguir la versión definitiva. A continuación se insertaban en la página los diálogos y los decorados; finalmente, se pasaba a tinta y era enviada a la imprenta. A partir de la prueba de imprenta se procedía a colorear la plancha.[46] Tras la creación de los Estudios Hergé, en 1950, con frecuencia la fase final de la creación de las planchas (sobre todo los decorados) era llevada a cabo por su equipo de colaboradores y no por Hergé en persona. Igualmente, el autor delegó en ocasiones en sus subordinados el trabajo de documentación: Bob de Moor, por ejemplo, viajó a Escocia en 1958 para dar mayor verosimilitud a una nueva edición de La isla negra destinada al mercado británico.
En las primeras historias, Hergé no tenía ningún tipo de limitación en cuanto a la extensión de los álbumes, y la adaptaba a las necesidades de la historia que estaba narrando. Así, Tintín en el país de los Soviets tiene 130 páginas; la primera versión de El cangrejo de las pinzas de oro, en cambio, tiene 104.[47] Durante la ocupación alemana de Bélgica, coincidiendo con la introducción del color en la serie y a causa del aumento del precio del papel durante la guerra, el autor se vio obligado a limitar a 62 el número de páginas de cada álbum. El primer libro que se publicó con este número de páginas fue La estrella misteriosa, en 1942). Desde ese momento, todos los álbumes de Tintín (y las versiones en color de las aventuras anteriores), respetaron ese formato, aunque algunas aventuras se narran en dos álbumes en lugar de en uno solo.
[editar] El estilo de Hergé: la línea clara
Los álbumes de Tintín, como el resto de la obra de Hergé, tienen un estilo gráfico característico, conocido desde 1973 como «línea clara», seña de identidad de la llamada «Escuela de Bruselas», en contraposición con la «Escuela de Marcinelle», a la que pertenecieron otros grandes autores de la historieta belga, como Jijé o Franquin. El estilo de Hergé, que tiene su origen remoto en la obra de autores estadounidenses de comienzos del siglo XX, como George McManus, llega a su plenitud sobre todo a partir de los años 40, con la introducción del color.[48]
La «línea clara» se caracteriza por descartar los efectos de luz y sombra, las texturas y las gradaciones de color en favor de colores planos, sin matices. El trazo, que no pretende ser expresivo, es de un espesor idéntico en todos los elementos del dibujo (personajes, decorados, etc.) Las viñetas, casi siempre rectangulares, tienen una distribución regular en la página. Los movimientos de los personajes son siempre de izquierda a derecha, en el sentido de la lectura:
Los personajes están a medio camino entre lo realista y lo caricaturesco. Un rasgo característico es la minuciosidad con que se dibujan los escenarios, repletos de detalles. Esto conlleva un importante trabajo de documentación, que en Las aventuras de Tintín se convirtió en fundamental sobre todo a partir de El Loto Azul. Comparando las viñetas de Hergé con las fotografías que utilizó para documentarse se comprueba la fidelidad minuciosa de sus dibujos. Se ha descrito en Las aventuras de Tintín una cierta "obsesión por el objeto",[50] que lleva a Hergé a dibujar con meticulosa precisión todo tipo de cosas, que configuran lo que el propio autor denominó el "museo imaginario de Tintín". Algunos de estos objetos se han convertido en auténticos iconos del siglo XX, como el cohete lunar a cuadros blancos y rojos de Aterrizaje en la Luna.
Para Hergé, la línea clara no era sencillamente una cuestión de estética. Su depurado grafismo está siempre al servicio de la narración: de hecho, la claridad visual tiene como objetivo principal facilitar al lector la comprensión de la historia.[51]
[editar] La aventura
Las primeras historias carecían de un guión sólidamente construido. Se limitaban a narrar una sucesión de gags y peripecias. Como se publicaban por entregas, era importante mantener siempre el suspense al final de cada número:
Después de El Loto Azul, en cambio, los álbumes tienen una estructura narrativa mucho más definida (aunque sin renunciar a los gags, y manteniendo el elemento de suspense al final de cada entrega). Esta estructura narrativa, como ocurre en las clásicas novelas de aventuras, la proporciona principalmente el esquema del viaje. Hay viajes en todos los álbumes, excepto en dos (Las joyas de la Castafiore y el inacabado Tintín y el Arte-Alfa). En los libros de lo que puede considerarse el período clásico de la serie (los escritos inmediatamente antes y durante la Segunda Guerra Mundial), el desencadenante de la aventura es a menudo el hallazgo fortuito de un objeto, símbolo de un misterio que el protagonista debe resolver. Un ejemplo paradigmático son los tres pergaminos de El secreto del Unicornio, que llegan al protagonista gracias a una serie de casualidades. Otras veces se trata de la pérdida de un objeto que es necesario recuperar (el fetiche arumbaya robado en La oreja rota, por ejemplo). En casi todas las aventuras de la serie aparece un objeto que tiene un papel esencial en la trama (y que en ocasiones da nombre a los álbumes, como ocurre en El cetro de Ottokar). En una de sus obras más atípicas, el autor se burla, en cierto modo, de este recurso suyo tan habitual: en Las joyas de la Castafiore, la desaparición de las joyas no es un verdadero misterio.
En sus primeras aventuras, Tintín viaja solo, acompañado únicamente por Milú, aunque cuenta con eventuales compañeros de viaje. La primera aventura verdaderamente colectiva es La estrella misteriosa, en la que el reportero forma parte de una expedición científica que parte en busca de un meteorito. Desde El secreto del Unicornio, se hace habitual que en todos los viajes participe lo que podría considerarse la "familia" más próxima de Tintín: Haddock, Hernández y Fernández y el profesor Tornasol. Las interacciones entre estos personajes, a menudo de carácter cómico, enriquecen considerablemente la narración.
Una característica llamativa de la serie es la ausencia casi absoluta de personajes femeninos. El único importante, la cantante Bianca Castafiore, es ante todo un personaje cómico. Ninguna de las otras mujeres que aparecen en la serie tiene auténtica relevancia.
La importancia del viaje vincula la serie con obras clásicas de la literatura juvenil, como las de Julio Verne (a quien, a pesar de las evidentes coincidencias, especialmente en la aventura lunar de Tintín, Hergé aseguraba no haber leído)[53] y Robert Louis Stevenson (es obvia la influencia de La isla del tesoro en la historia de piratas de El secreto del Unicornio y El tesoro de Rackham el Rojo).
Las tramas de algunos álbumes tienen elementos propios de la novela policiaca (en relación con el argumento de Las joyas de la Castafiore se ha citado a Agatha Christie y a Alfred Hitchcock). Los gags visuales recuerdan al humor slapstick del cine cómico mudo; de hecho, en la apariencia de algunos personajes (especialmente Hernández y Fernández), hay ciertos ecos de grandes actores de esta época, como Charles Chaplin.
[editar] El mundo de Tintín
Durante sus aventuras, Tintín viaja por todo el globo terráqueo (e incluso sale fuera de él, para visitar la Luna). Viaja por América del Norte (Tintín en América); del Sur (La oreja rota, El templo del sol, Tintín y los Pícaros); Europa (Tintín en el país de los soviets, La isla negra, El cetro de Ottokar, El asunto Tornasol); África (Tintín en el Congo, El cangrejo de las pinzas de oro); y Asia (El Loto Azul, Stock de coque, Tintín en el Tíbet). Visita los paisajes más variados, desde el Ártico (La estrella misteriosa) hasta el desierto del Sahara (El cangrejo de las pinzas de oro).
En ocasiones las aventuras de Tintín tienen lugar en países reales (entre ellos Alemania, China, el Congo belga, los Estados Unidos, Egipto, la India, el Perú, el Reino Unido, Suiza, el Tíbet y la Unión Soviética); otras veces se desarrollan en países ficticios creados por Hergé para la serie, como la república sudamericana de San Theodoros, la pequeña monarquía balcánica de Syldavia, su enemiga Borduria, o el emirato del Khemed, a orillas del Mar Rojo. Ambientar las andanzas de Tintín en estos países imaginarios permitía a Hergé tratar temas políticos de actualidad sin temor de que se suscitaran problemas como los que tuvo cuando trató el tema de la invasión japonesa de China en El Loto Azul. De hecho, en las historias se abordan a menudo temas de actualidad, hasta el punto de que puede decirse que la historia de Tintín es la historia del siglo XX: la Guerra del Chaco (en La oreja rota), el expansionismo nazi (en El cetro de Ottokar), la guerra fría (en El asunto Tornasol), las guerrillas sudamericanas (Tintín y los Pícaros).
Tintín, viajero impenitente, no tiene sin embargo un verdadero hogar. Desde sus primeras aventuras, habita en uno o varios apartamentos sumamente impersonales. De uno al menos se conoce la dirección: «26 rue du Labrador». Sólo hay una referencia a la ciudad en que se encuentra: en Tintín en el Tíbet, la carta de Tchang lleva escrita la dirección en caracteres chinos: « Hong-Kong, Tchang-Tchong Jen - para el señor Tintín - Bélgica Bruselas».
Lo más parecido a un verdadero hogar en la serie es el castillo de Moulinsart, solar de los antepasados de Haddock adquirido por éste, con la ayuda de Tornasol, al final del álbum El tesoro de Rackham el Rojo. Aunque el único residente permanente del castillo es Haddock (siempre acompañado de su fiel mayordomo Néstor), Tintín, Tornasol e incluso Bianca Castafiore pasan en él largas temporadas.
[editar] Ideología
Se ha escrito mucho acerca de la ideología de la serie Las aventuras de Tintín. La obra ha sido objeto de polémica, en gran parte a causa de la continua reedición de obras que fueron concebidas muchos años atrás y en un contexto enteramente diferente. Se ha tachado a Hergé de propugnar en sus álbumes puntos de vista colonialistas, racistas e incluso fascistas; se le ha reprochado su supuesta misoginia, dado que apenas aparecen mujeres en la serie; y se le ha acusado de mostrar en un álbum (Tintín en el Congo) una crueldad innecesaria ante los animales. Estas acusaciones se refieren a aspectos puntuales de algunos álbumes concretos, pero no puede decirse que sea el punto de vista predominante en la serie. En este sentido, existe una cierta "leyenda negra" de Tintín,[54] a la que contribuyó sin duda el hecho de que Hergé colaborase durante la ocupación alemana de Bélgica en un diario que controlaban los nazis.[55]
Tintín en el Congo es el álbum en el cual está más presente la ideología colonialista y racista. En él los indígenas africanos son mostrados como indolentes y estúpidos, y Tintín adopta hacia ellos una actitud paternalista. Hergé no negó que el colonialismo estuviese presente en el álbum; era, según afirmó, lo habitual en la época:
Otro álbum que fue tachado de racista es bastante posterior: se trata de Stock de coque. Aunque la aventura es una denuncia de la esclavitud en la que Tintín y Haddock toman nítidamente partido por los más débiles, un artículo publicado en 1962 en la revista Jeune Afrique criticó duramente su representación de los africanos,[57] especialmente en cuanto a su forma de hablar. Hergé acusó las críticas, y para una nueva edición del álbum, publicada en 1967, se reescribieron algunos diálogos.
La idea del fascismo de Tintín puede estar relacionada con la actitud de su autor durante la guerra, así como con su vinculación inicial con el abate Norbert Wallez, un hombre de extrema derecha y anticomunista declarado. Los álbumes que Hergé publicó durante la guerra, sin embargo, son historias de aventuras en las que no hay alusiones a la política, ni en uno ni en otro sentido. Los críticos de la serie, escrutando minuciosamente los álbumes, han encontrado una tenue intención propagandística en La estrella misteriosa, en cuya primera versión una expedición europea compite con otra estadounidense, financiada por un neoyorquino de apellido judío que es el principal villano del álbum.
Otros álbumes, en cambio, desmienten la supuesta simpatía de Hergé por el fascismo. Antes de la guerra, en El cetro de Ottokar, hay críticas evidentes a la política expansionista de Hitler (según el autor, es el relato "de un Anschluss fracasado").[58] Hergé se manifestó en contra de todos los totalitarismos, del signo que fuesen:
Nunca negó, sin embargo, sus ideas conservadoras. Tal vez por ese motivo, Tintín está generalmente a favor del orden establecido, lo que no le impide prestar atención a los más desfavorecidos, y, en muchas ocasiones, tomar enérgicamente partido por ellos: los indios en Tintín en América, los chinos que sufren la opresión japonesa en El Loto Azul, o incluso los esclavos africanos de Stock de coque. A lo largo de sus viajes, Tintín muestra, en general, un interés y un respeto genuinos por las culturas no europeas, que se manifiesta también en la voluntad de Hergé de documentarse minuciosamente para la realización de los álbumes.
En 2007 la Comisión para la Igualdad Racial (CRE) del Reino Unido calificó de racista al álbum Tintín en el Congo, solicitando su prohibición.[55] Ya anciano, Hergé se mostró avergonzado tanto por Tintín en el Congo, como Tintín en la Unión Soviética, a los que consideró como "típicos ejemplos de la mentalidad burguesa belga de la época" y "pecados de juventud".[55]
[editar] Los rivales de Tintín
Durante sus primeros diez años de historia, ningún otro personaje de la historieta belga le hizo sombra a Tintín. En 1938, sin embargo, se creó la revista Spirou, en la que desarrollaría sus aventuras un nuevo héroe de papel, Spirou, que se convertiría en el principal competidor de Tintín durante décadas. Los personajes eran los estandartes de dos tendencias antinómicas en el mundo de la historieta belga: la llamada «Escuela de Bruselas» (Hergé) y la «Escuela de Marcinelle» (cuyo principal representante fue André Franquin). Hergé admiraba profundamente el virtuosismo del dibujo de Franquin, aun cuando su estética estuviese en las antípodas de la de Las aventuras de Tintín.
Tintín tuvo, sin embargo, otros competidores que no procedían de la periferia de Bruselas, sino de los Estados Unidos: en 1949 comenzó a publicarse en Bélgica la revista Journal de Mickey, con historietas de los personajes más emblemáticos de Walt Disney, un serio rival para la revista Tintín en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.
El más exitoso de los rivales de Tintín llegaría sin embargo a finales de la década de 1950: el 29 de octubre de 1959 se publicaba en la revista francesa Pilote la primera entrega de las aventuras del guerrero galo, Asterix. La popularidad del nuevo personaje hizo que a mediados de los años 60 las ventas de sus álbumes alcanzaran a las de los libros de Tintín. En la actualidad, las ventas de los álbumes de Asterix son sensiblemente superiores.[60] Pese a todo, según una encuesta,[61] en 2005 Tintín era el personaje de cómic más valorado por los franceses, ligeramente por delante de Asterix.
[editar] Los otros autores de Tintín
Hergé desarrolló completamente en solitario sus primeros álbumes. Sin embargo, a partir de los años 40 el volumen de trabajo le exigió contratar colaboradores. Nunca fueron acreditados en los álbumes, pero tuvieron un importante papel en la historia de la serie.
[editar] Edgar Pierre Jacobs
El primer colaborador importante de Hergé en Las aventuras de Tintín fue Edgar P. Jacobs (1904-1987). Jacobs colaboró estrechamente con Hergé entre 1944 y 1947. Su labor principal consistió en corregir, dar nuevo formato y colorear varios álbumes en blanco y negro (Tintín en el Congo, Tintín en América, El Loto Azul y El cetro de Ottokar),[62] que se reeditaron en color en la década de 1940. Además, intervino en los decorados de los álbumes El tesoro de Rackham el Rojo, Las siete bolas de cristal y El templo del sol). Jacobs dejó de colaborar con Hergé en 1947 para desarrollar su propia serie, Blake y Mortimer.
Aunque no aparece acreditado en los álbumes en que colaboró, aparece retratado en algunos de los álbumes en los que intervino. Aparece junto al propio Hergé (y junto a Quique y Flupi) en la viñeta inicial de Tintín en el Congo. Aparece también en la portada y en una viñeta interior de la edición en color de Los cigarros del faraón, en una broma un tanto macabra: un sarcófago con el letrero E.P. Jacobini. En El cetro de Ottokar, asiste, junto al propio Hergé, a un concierto de la Castafiore y a una recepción real (páginas 38 y 59 del álbum).
[editar] Bob de Moor
Bob de Moor (1925-1992) trabajó en los Estudios Hergé desde su creación, en 1950, hasta su muerte. Intervino decisivamente en varios álbumes, como una nueva edición de La isla negra (1965), Objetivo: la Luna (1953), Aterrizaje en la Luna (1954), Vuelo 714 para Sidney y Tintín y los Pícaros (1976).[63] La revisión de La isla negra se hizo sobre todo pensando en su edición en el mercado británico, ya que se habían detectado numerosas inexactitudes en la ambientación en Escocia del álbum, y De Moor se desplazó al Reino Unido para realizar un minucioso trabajo de documentación. En el díptico sobre el viaje a la Luna, se deben a su mano el diseño del célebre cohete y los paisajes lunares.[64]
Participó también en la producción de las versiones en dibujos animados de El templo del sol y Tintín y el lago de los tiburones. Su huella es evidente en obras como Tintín y los Pícaros, en la que se hizo cargo de la mayor parte del trabajo gráfico. Durante un tiempo se barajó la posibilidad de que terminase el álbum que Hergé dejó incompleto a su muerte, Tintín y el Arte Alfa. No obstante, no aparece nunca acreditado en ninguno de los álbumes de Tintín.
[editar] Jacques Martin
Jacques Martin, que era colaborador de la revista Tintín, entró en 1953 en los Estudios Hergé. Trabajó en los guiones de álbumes como El asunto Tornasol, Stock de coque, Las joyas de la Castafiore y Tintín en el Tíbet. Dibujó también los vestidos de los personajes en estos mismos álbumes. En una entrevista, Martin se atribuye la idea principal de algunos álbumes.[65] Su colaboración con Hergé duró hasta 1972, año en que se dedicó en exclusividad a sus propias series: Lefranc y, sobre todo, Alix.
[editar] Personajes
[editar] Tintín y Milú
El protagonista, Tintín, y su perro, Milú, son los dos únicos personajes que aparecen en todas las aventuras de la serie.
Tintín es un joven reportero belga que se mete a menudo en problemas por defender causas justas. Su apariencia física y su vestuario apenas cambian a lo largo de los años. De baja estatura, es rubio y luce un tupé característico, su principal seña de identidad, junto con los pantalones bombachos que llevará en todos sus álbumes (a excepción del último, Tintín y los Pícaros, donde lleva pantalones vaqueros). Se presenta, desde su primera aventura, como periodista: viaja a la Unión Soviética y después al Congo en calidad de reportero de Le Petit Vingtième, aunque sólo en Tintín en el país de los soviets se le presenta escribiendo un reportaje. A partir del tercer álbum de la serie, deja de haber referencias al diario en que colabora Tintín, aunque el personaje no deja de presentarse como reportero, y utiliza en ocasiones su profesión como medio de hacer averiguaciones en sus aventuras.
En los álbumes no se dan nunca indicaciones sobre la edad de Tintín, ni sobre sus circunstancias familiares ni afectivas. Destaca por su inquebrantable honradez, a la que no es ajena la admiración de Hergé por el movimiento scout.
Desde su primera aventura, Tintín está acompañado por su mascota, Milú, un fox terrier blanco. Milú no es capaz de hablar,[66] pero sus pensamientos aparecen a menudo verbalizados en los globos de diálogo. Generalmente es capaz de hacerse entender. Su afición por los huesos y su más humano que canino interés por el whisky (en especial de la marca Loch Lomond, la preferida del capitán Haddock) desencadenan a menudo situaciones cómicas.
[editar] El capitán Haddock
El capitán Archibaldo Haddock es un marino cuya nacionalidad no se aclara en los álbumes (¿inglés, francés o belga?), aunque sí se sabe que tiene un antepasado francés (el caballero de Hadoque, marino al servicio de Luis XIV). El apellido Haddock procede de una conversación que Hergé mantuvo con su esposa, en la que ella comentó que el haddock (especie de abadejo ahumado)[67] era un "triste pescado inglés". El nombre de pila del capitán, Archibaldo, no se desvela hasta la última aventura de Tintín, Tintín y los Pícaros (1976).
Arquetipo del lobo de mar, su apariencia se ajusta perfectamente a este modelo: gorra, jersey azul con el dibujo de un ancla, poblada barba negra. Rudo y de buen corazón, aunque de carácter irascible, es el inseparable compañero de Tintín desde que hizo acto de presencia en El cangrejo de las pinzas de oro, donde es presentado como un personaje débil y dominado por su alcoholismo. Más tarde se convierte en un personaje más simpático, aun sin abandonar su debilidad por el whisky, en el que tiene especial predilección por la marca Loch Lomond (sus borracheras son a menudo empleadas como gags cómicos). Su mal carácter, su impulsividad irreflexiva y su amplio repertorio de insultos extravagantes son lugares comunes de la serie, y contribuyen a dar un contrapunto al generalmente tranquilo y juicioso Tintín.
Descubre un tesoro en El tesoro de Rackham el Rojo, lo que le permite adquirir el castillo de su familia, en Moulinsart, y convertirse en un pacífico rentista. No por ello, sin embargo, deja de acompañar a Tintín en sus aventuras, y aparece en todos los álbumes desde su aparición hasta el final de la serie.
[editar] Hernández y Fernández
Hernández y Fernández (Dupond et Dupont en la versión original) son una pareja de policías casi idénticos (bigote, bombín y bastón son sus tres principales señas de identidad). Sólo se distinguen por el bigote, que Hernandez (Dupont) lleva con dos pequeñas guías o "rabitos", que le dan una forma de T invertida, mientras que Fernández (Dupond) no los tiene, y su bigote tiene el aspecto de una D girada. Pese a las apariencias, no hay entre ellos ninguna relación de parentesco. Se ha dicho que Hergé pudo inspirarse en una fotografía aparecida en la revista parisina Le Miroir, en que aparecen dos detectives con bigote y bombín escoltando a un detenido,[68] pero el autor nunca confirmó esta información.
Dupond y Dupont, o Hernández y Fernández, hicieron su primera aparición en la serie en Los cigarros del faraón, en 1934, con los nombres de X 33 y X 33 bis. Más adelante Hergé les hizo aparecer en la edición en color de un álbum cronológicamente anterior, Tintín en el Congo, en cuya poblada primera viñeta se les puede ver, algo apartados del grupo principal que despide al reportero. Aparecen en todos los álbumes posteriores de la serie, con dos únicas excepciones (Tintín en el Tíbet y Vuelo 714 para Sidney).[69]
Su ingenuidad y sus constantes meteduras de pata son las características que más identifican a estos simpáticos personajes. Destacan igualmente por su afición a los disfraces.
[editar] El profesor Tornasol
El profesor Silvestre Tornasol (Tryphon Tournesol en la versión original) encarna el arquetipo del científico despistado. Su sordera hace que se aísle en un mundo propio, sin enterarse de lo que ocurre a su alrededor, lo que propicia un sinfín de situaciones cómicas.
Tornasol hizo su primera aparición en la serie en la página 5 del álbum El tesoro de Rackham el Rojo, en 1943, y se convirtió en uno de los personajes más emblemáticos de la serie, apareciendo en casi todos los álbumes posteriores. Para su creación, es posible que Hergé se inspirase en los rasgos del suizo Auguste Piccard, inventor del batiscafo.[70] Pueden encontrarse precedentes suyos en otros personajes de la serie, como el excéntrico egiptólogo Filemón Ciclón de Los cigarros del faraón o el Néstor Halambique de El cetro de Ottokar.
Sus inventos oscilan entre lo absurdo (la máquina para cepillar ropa o la cama-armario de El tesoro de Rackham el Rojo) y lo genial (el submarino de El secreto del Unicornio; el generador de ultrasonidos de El asunto Tornasol; y, sobre todo, el cohete lunar de Objetivo: la Luna).
Su ámbito de interés científico es tan amplio que difícilmente resulta verosímil. En Objetivo: la Luna es presentado como un eminente físico nuclear. En Aterrizaje en la Luna es capaz de oír perfectamente gracias a su audífono. En El asunto Tornasol su invento, capaz de reducir a polvo grandes ciudades, es codiciado por grandes potencias. En Las joyas de la Castafiore, sin embargo, se refugia en su sordera para no enterarse de lo que ocurre a su alrededor.
Una de sus pasiones es el cultivo de rosas: incluso crea una nueva variedad que galantemente dedica a su amor platónico, Bianca Castafiore.
[editar] Bianca Castafiore
La cantante italiana de ópera Bianca Castafiore es el único personaje femenino de cierta importancia en el mundo casi exclusivamente masculino de Las aventuras de Tintín. Conocida como «el Ruiseñor Milanés», la Castafiore es una diva conocida en todo el mundo, y, sin embargo, su voz es objeto de la más viva animadversión por parte de casi todos los personajes de la serie (con la excepción del "duro de oído" Tornasol, quien además se revela en Las joyas de la Castafiore c