La vida y nada más
| La Vie et rien d'autre | |
|---|---|
| Título | La vida y nada más |
| Ficha técnica | |
| Dirección | Bertrand Tavernier |
| Producción | Frédéric Bourboulon René Cleitman Albert Prévost |
| Guion | Jean Cosmos Bertrand Tavernier |
| Música | Oswald d'Andrea |
| Fotografía | Bruno de Keyzer |
| Montaje | Armand Psenny |
| Vestuario | Jacqueline Moreau |
| Protagonistas | Philippe Noiret Sabine Azéma Pascale Vignal Maurice Barrier François Perrot Jean-Pol Dubois Daniel Russo Michel Duchaussoy |
| Ver todos los créditos (IMDb) | |
| Datos y cifras | |
| País(es) | Francia |
| Año | 1989 |
| Género | drama bélico |
| Duración | 135 minutos |
| Idioma(s) | francés |
| Ficha en IMDb | |
La vida y nada más es una película francesa de 1989, del género drama bélico, dirigida por Bertrand Tavernier. Protagonizada por Philippe Noiret, Sabine Azéma y Pascale Vignal en los papeles principales. Ganadora del premio César al mejor actor (Philippe Noiret) y César a la mejor música escrita para una película (Oswald d'Andrea). Del premio BAFTA a la mejor película de habla no inglesa (René Cleitman y Bertrand Tavernier) y otros premios y nominaciones más.
[editar] Argumento
En 1920, terminada la Primera Guerra Mundial hace dos años, el comandante Delaplane (Philippe Noiret) está a cargo de reunir los datos de los soldados franceses declarados como desaparecidos durante la contienda. La tarea es enorme ya que son aproximadamente 350.000 soldados. Al mismo tiempo, el estado francés planea construir un monumento en el Arco de Triunfo en París, que estará dedicado al Soldado Desconocido, y le encarga a Delaplane que elija entre los restos de los soldados que se hayan encontrado, y que no hayan podido ser identificados, a aquel que ocupará el sitio de honor en el monumento, dándole además una fecha para que cumpla con lo requerido.
El comandante Delaplane, un militar con un alto concepto del honor militar, y absolutamente contrario al concepto de el soldado desconocido, efectúa sus investigaciones, consciente de la importancia de su misión frente a los seres queridos de los soldados desaparecidos; que quieren saber si están vivos o muertos, si están terriblemente desfigurados, o acaso hayan sido olvidados en algún hospital para enfermos mentales, o si acaso de trata de casos voluntarios de desaparición.
Después de pasar por una difícil y peligrosa situación, durante la investigación de un tren militar francés atrapado y destruído en un túnel durante la guerra, el militar empieza a entrevistar a los familiares y se encuentra con una dama parisina de la alta sociedad, madame Irène de Courtil (Sabine Azéma), que busca en su limusina a su marido desaparecido. También se encuentra con una joven profesora, Alice (Pascale Vignal) que busca a su novio, desaparecido en una batalla con muchos muertos y heridos, la batalla de Verdún.
Pronto, el devoto oficial comienza a percibir un trasfondo de cinismo de parte de quienes ven su trabajo desde distintos puntos de vista. Como algo que hay que decidir rápidamente y dejar atrás para concentrarse en la reconstrucción de la economía nacional, o como algo en el cual hay que dar preferencias a los requerimientos de personas poderosas, o como algo que puede ser una fuente de trabajo para artistas y obreros, al planificarse la construcción de monumentos por toda Francia.
Delaplane aferrado a sus convicciones, tiene que soportar la presión de militares y políticos, que lo apuran para que tome una decisión. Él, en cambio, desea identificar correctamente a cada uno de los desaparecidos. Se desentiende además de las diferencias de clase en sus investigaciones, y desprecia a quienes quieren profitar de la situación de las víctimas.
Después de resolver la identidad y el sorprendente destino de los hombres buscados por las dos mujeres, decide guardarse para él una parte de la información. Una atracción mutua entre él y una de ellas queda sin resolver y el Soldado Desconocido es llevado a París, llevándose consigo la identidad de los otros soldados desaparecidos.