La muerte y la brújula

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Jorge Luis Borges en 1951.

La muerte y la brújula es un cuento fantástico-policial del escritor y poeta argentino Jorge Luis Borges. Publicado en la revista Sur en mayo de 1942, fue luego incluido en la colección de cuentos de Borges Ficciones, en 1944.

La trama involucra a un detective que investiga una serie de crímenes que son en realidad parte de un rompecabezas complejo. El relato se sitúa en una ciudad que, pese a los nombres en francés, no es otra que Buenos Aires. La obra fue llevada al cine en la película mexicana-estadounidense Death and the Compass (1996), dirigida por el británico Alex Cox.

Antecedentes[editar]

La muerte y la brújula de Jorge Luis Borges es parte de la literatura que ha sido clasificada como policíaca. Este tipo de obras reciben este nombre porque narran cómo se da la búsqueda del culpable de algún crimen. La literatura policíaca fue creada por el escritor norteamericano Edgar Allan Poe, quien en dos cuentos (Los crímenes de la calle Morgue y La carta robada) introdujo al primer personaje detective de la historia de la literatura. Este personaje, llamado Auguste Dupin, es mencionado en el cuento de Borges, por lo que se puede considerar que esas obras son intertextos de este cuento.

Argumento[editar]

La historia gira en torno a un grupo de asesinatos que tratan de ser resueltos por el detective Erik Lönnrot. Estos asesinatos están ocurriendo el tres de cada mes en un punto cardinal distinto. El asesino ha estado dejando inscripciones que relacionan cada asesinato con cada una de las letras de un nombre. Después del tercer asesinato, que en realidad fue un simulacro, un sobre anónimo llegó a la policía sosteniendo la hipótesis de que no habría cuarto asesinato, pues los tres anteriores formaban un triángulo equilátero perfecto. Lönnrot, suponiendo que las letras de las inscripciones se referían al tetragrámaton sospecha que habrá un cuarto asesinato y que con este, en lugar de un triángulo, se formará un rombo. De este modo, se presenta el día indicado en el lugar donde debía ocurrir el último crimen. Ahí, descubre que todo ha sido una trampa que le ha tendido Red Scharlach, su mayor enemigo, para asesinarlo.

Análisis[editar]

A lo largo de toda la obra, dos aspectos juegan un papel muy importante. El primero es el simbolismo del número cuatro. Esta cifra se relaciona con la materia manifestada y se opone al número tres, que representa el espíritu. En otras palabras, el cuatro representa la realidad que descubrió Lönnrot, mientras que el tres representa la irrealidad que suponía la explicación del triángulo equilátero. El segundo aspecto relevante se refiere a la religión y el misticismo judío, el cual es el intertexto fundamental del cuento. A parte del tetragrámaton, hay en el cuento muchos otros aspectos que remiten al mundo religioso judío. Así, la primera persona asesinada es Marcelo Yarmolinsky, un judío ruso; sobre la carta anónima estaba escrito el nombre de Baruj Spinoza, un filósofo racionalista de origen judío; además, a lo largo de la obra se mencionan el talmud y la cábala, obras que pertenecen al mundo religioso judío.

Sin embargo, la Grecia clásica también aporta algunos intertextos. En particular la consideración de laberinto que tiene Scharlach de los crímenes y que se explica por el hecho de que los laberintos son lugares diseñados para que la gente “se pierda” en ellos y el detective se perdió en su investigación. En el cuento, también se menciona una de las paradojas de Zenón de Elea, un filósofo griego, cuando se habla del laberinto “de una línea única”. Así, con este cuento, Borges transforma una trama policíaca en un relato donde el simbolismo y la religión judía sirven para disfrazar una historia de venganza en la que el cazador termina finalmente siendo cazado.

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