La Castañeda

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Para ver sobre el grupo de rock mexicano véase: La Castañeda (banda)

La Castañeda
Consejo Superior de Salubridad
La Castañeda.jpg
Edificio central del Hospital Psiquiátrico "La Castañeda", en 1910.
Nombre completo oficial Manicomio General "La Castañeda"
Localización Ciudad de México, actualmente se encuentran en el municipio de Amecameca en el Estado de México, ya fuera de funciones.
Fundación 1910
Financiación Público (por parte del gobierno federal mexicano de Porfirio Díaz).
Hospital de referencia Hospitales públicos y privados de la zona centro y occidente, así como las penitenciarias y arraigos.
Tipo de centro sanitario Hospital psiquiátrico de larga estancia
Asistencia ofrecida Asistencia sanitaria pública
Especialidades ofrecidas Psiquiatría y medicina interna.
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La Castañeda fue el centro psiquiátrico más grande de México hasta la segunda mitad del siglo XX. Fue construido en los terrenos de una hacienda pulquera que llevaba el mismo nombre en el antiguo pueblo de Mixcoac, hoy Unidad Lomas de Plateros. La inauguración fue realizada por Porfirio Díaz en 1910 y su demolición se efectuó en 1968. [1] Durante todo su período de funcionamiento el hospital dio atención a más de 60 mil pacientes.[2] El manicomio actualmente es más bien recordado por las condiciones de abuso e insalubridad que imperaron en sus instalaciones. El Manicomio General de La Castañeda fue instituido con la doble función de hospital y asilo para la atención psiquiátrica de enfermos mentales de ambos sexos, de cualquier edad, nacionalidad y religión. Un objetivo secundario fue proporcionar enseñanza médica mediante la participación de las clínicas de psiquiatría en sus pabellones

Fundación[editar]

La hacienda La Castañeda, ubicada en Mixcoac, pertenecía al Sr. Torres Adalid, conocido productor de pulque en varias de sus haciendas en Hidalgo. En la hacienda La Castañeda, además de producir pulque contaba con un área acondicionada como un lugar de paseo y recreación, donde se llevaban a cabo eventos musicales y de fiesta los fines de semana, teniendo un cobro de entrada de 25 centavos. El lugar era apreciado no solo por estar a la salida de la ciudad de México sino por su buen clima que favorecía a la salud.

Torres Adalid había mandado construir para sus trabajadores escuela y dispensario médico en la hacienda La Castañeda. Era amigo personal de Porfirio Díaz, y este último asistió a la inauguración de clases del colegio en dicha hacienda. Esta amistad le permitía ser apreciado por la clase alta porfiriana que era asidua a los paseos dominicales en su hacienda.

Cuando Porfirio Díaz decide construir el mejor centro de atención para enfermos mentales como parte de los festejos del Centenario de la Independencia, solicita a su amigo Torres Adalid los terrenos que ocupaba la hacienda la Castañeda. No habría mejor lugar para sanarlos que un paraje tranquilo, agradable y saludable.

El complejo fue planeado para funcionar como un hospital que propiciara un ejercicio profesional de la psiquiatría. En esa concepción del hospital influyó de manera determinante el doctor Eduardo Liceaga, precursor de la psiquiatría moderna en México. Se pretendía concentrar a los pacientes psiquiátricos que se encontraban recluidos en casas de asistencia, internados en condiciones inadecuadas como en el Hospital de San Hipólito y del Divino Salvador.

La construcción del manicomio mexicano, diseñado por el ingeniero militar Salvador Echegaray, fue encargada al ingeniero Porfirio Díaz hijo, quien contó con el apoyo de Luis León de la Barra para inspeccionar la obra. Su diseño se inspiró en el del hospital psquiátrico francés "Charenton", activo en esa época, en París.[3]

Porfirio Díaz junto con su esposa y varios miembros de la aristocracia, durante la inauguración del Manicomio General "La Castañeda", el primero de septiembre de 1910.

La obra se inauguró en el primero de septiembre de 1910 con un evento aristócrata al cual asistieron el propio presidente, su esposa y el entonces embajador de Estados Unidos. La edificación, de estilo francés y construido siguiendo la típica arquitectura porfiriana, entró en funcionamiento y a lo largo de su vida, fue objeto de alabanzas debido a su belleza.

Periodo pre-revolucionario[editar]

El manicomio cumplía una doble función, no solo respondían a la demanda no satisfecha de atención mental, también era percibido como un símbolo de progreso.[4] "La Castañeda", con capacidad para aprox. 1 000 internos,[5] inició funciones albergando a una población de 779 pacientes,- 350 hombres remitidos del Hospital de San Hipólito y 429 mujeres remitidas del Hospital del Divino Salvador;- en su mayoría estos primeros internos sufrían de epilepsia,[6] en esa época prácticamente cualquier cuadro epiléptico era considerado idiopático, no había un tratamiento satisfactorio para éstos y además se creía que los epilépticos eran proclives a la violencia y el crimen.

La definición de locura que las autoridades tenían reflejaba la noción de locura para la época:

"... locura es una enfermedad que distorsiona el funcionamiento de la mente, quienes la padecen manifiestan incoherencia en el lenguaje y desequilibrio humoral expresado en los desórdenes físicos del cuerpo." [7]

En esta primera etapa de la vida en funcionamiento de la institución realmente se buscaba atender las necesidades de los pacientes psiquiátricos, además de darles asilo ya que en su mayoría éstos eran despojados y abandonados por sus familias.[8]

Funcionamiento durante la Revolución mexicana[editar]

La primera década de vida de La Castañeda, de 1910 a 1920, concordó con el movimiento revolucionario mexicano.[9] Este nuevo contexto socio-político, cambia radicalmente la misión de la institución, pasa a ser una empresa que ponderadamente satisfacia una necesidad de asilo,[10] durante esta época la mayoría de los pacientes fueron diagnosticados como alcohólicos y/o neuróticos, éstos tuvieron una estancia relativamente corta,- de en promedio 4 meses,[11] - esto se explica en gran parte a la fata de recursos.

Pese a la carencia de recursos la institución mantuvo una calidad de servicio aceptable, así como un nutrido cuerpo de trabajo de 355 empleados, esto a razón de reducir la población atendida,- que en promedio fue de 550 internos durante esta década,- y su tiempo de estancia. Durante este periodo solo se tiene registro de una importante crisis de alimentos durante el año de 1915.[12]

Para 1913, el manicomio constituido por un edificio central que correspondía al área administrativa y varios edificios periféricos que conformaban cada uno de los pabellones, se encontraba organizado, según las alineaciones del su propio reglamento interno, en:[13]

  • Pabellón de pacientes distinguidos: aquí se alojaban a miembros de familias ricas que no hubieran sido remitidos por parte de la policía y que no presentaran comportamiento agresivo, pese a que la institución ofrecía atención publica si recibía donaciones por parte de los familiares de estas personas.
  • Pabellón de observación: aquí residían los pacientes de primera vez, por periodos breves de tiempo hasta que se les diagnosticaba y se les asignaba un nuevo pabellón. Cabe destacar que los pacientes "distinguidos" no pasaban por este pabellón en su primer visita sino que eran remitidos a su pabellón particular. Tampoco los pacientes remitidos por la policía se alojaban aquí. El reglamento establecía que, para el momento de su ingreso, los pacientes debían de contar con un certificado médico, que constatara que, por ejemplo, el paciente no sufriera de una enfermedad infecciosa, pero muchas veces las instituciones de beneficencia no remitían a sus pacientes cumpliendo este requisito.[14]
  • Pabellón de pacientes peligrosos: está área estaba destinada a los pacientes agresivos y criminales remitidos de la policía.
  • Pabellón de epilépticos.
  • Pabellón de "imbéciles": con esta designación denigrante se asignaba a los pacientes con retraso mental evidente.
  • Pabellón de pacientes infecciosos: aquí se recluía a los pacientes en los cuales se había confirmado la presencia de alguna enfermedad infecciosa como tuberculosis, sífilis, lepra o fiebre tifoidea. De manera arbitraria las sexoservidoras eran remitidas a esta área sin que necesariamente se hubiera comprobado que sufrieran alguna enfermedad infecciosa.

Periodo de la pos-guerra[editar]

Después de 1920, el país se encontraba devastado por efecto de la guerra. Los recursos del manicomio se habían empobrecido aún más. A este contexto se sumó la sobre-demanda y saturación,- hubo un punto en que el hospital mantuvo a más de 3 mil pacientes internos, tres veces su capacidad,[15] - este fenómeno de sobre-explotación se debió a los estereotipos de la locura que imperaban en la sociedad de la época, los pacientes mentales eran víctimas de discriminación y abandono; así tenemos que eran los propios familiares quienes recluían a sus parientes aquejados. Muchos de ellos ni siquiera meritaban ser recluidos pero las familias los abandonaban a su suerte y la institución publica se veía forzada a darles asilo.

La Castañeda se volvió el espacio para castigar y corregir a aquellos cuyas conductas rompían los parámetros de la normalidad; esto afecto en la población que ingresó al centro.

Se asumía que el hombre improductivo era una amenaza para la nación, por esta razón contrataron profesores de gimnasia para que organizaran eventos para los internos y se invitaba a la prensa para demostrar los avances en la psiquiatría. Se organizaban equipos de béisbol, baloncesto y peleas de boxeo; en la parte trasera del manicomio se utilizo para el cultivo de hortalizas y para que los pacientes pudieran tener gallinas, cerdos y vacas. Se realizó un proyecto para trasladar a los pacientes recuperables a granjas en las afueras de la ciudad. La primera de ellas fue fundada en 1944 en Guanajuato.

Cierre[editar]

Durante la primera mitad del siglo XX, La Castañeda frecuentemente fue mencionada como un lugar de injusticias y malos tratos a los internos. En 1968 se decidió cerrar el lugar y reubicar a los pacientes en diferentes hospitales psiquiátricos modernos de México. El edificio fue desmantelado completamente, y el frente completo fue armado tal cual en Amecameca, Edo. de México en una propiedad de Los Legionarios de Cristo. El manicomio de La Castañeda fue considerado un mal sueño en la psiquiatría mexicana, un episodio que no desea ser recordado. Fue sustituido por el Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino. En el lugar que ocupaba el manicomio La Castañeda hoy se encuentra una sucursal de Walmart, un centro deportivo, unidades habitacionales, escuelas de nivel básico y la Escuela Nacional Preparatoria no. 8.

En el año de 1965 se comenzó la construcción de la Unidad Plateros en lo que antes fue el hospital Psiquiátrico La Castañeda, este conjunto de edificios fue diseñado por el arquitecto mexicano Mario Pani Darqui, quien también trabajo en proyectos como la Torre de Rectoría de la Ciudad Universitaria de la UNAM o el Club de Golf México, (México, D. F.) entre muchos otros. Hoy en día sigue siendo un conjunto de departamentos y al lugar se le conoce como Unidad Habitacional de Plateros http://comiteplaterosf.blogspot.mx/2009/05/la-unidad-plateros.html.

En 1973 se comenzaron a habitar los departamentos de la unidad habitacional Lomas de Plateros contando con todos los medios necesarios para vivir en un lugar tranquilo, como son escuelas a nivel primaria, la preparatoria Miguel E. Schulz, centros comerciales entre otros.

La fachada fue rescatada por Arturo Quintana Arrioja, dueño de AQ Industrial quien compró, en 1968, la fachada del manicomio y la trasladó piedra por piedra a Amecameca.[16]

[17]


Alistan un documental con voces e imágenes de médicos, pacientes y empleados sobrevivientes de La Castañeda, el manicomio que construyó Porfirio Díaz y clausuró hace 45 años Gustavo Díaz Ordaz

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1 / 7 A 45 años de su cierre, investigadores de la UAM trabajan en un documental sobre el manicomio que fue conocido como La Castañeda. Foto: Archivo Excélsior 1 de 7

CIUDAD DE MÉXICO, 3 de noviembre.- Hace 45 años, pocas semanas antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1968, el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz consumó la “Operación Castañeda”, nombre dado a la decisión gubernamental de demoler el Manicomio General que durante 58 años funcionó en Mixcoac, en la Ciudad de México, reubicar a sus tres mil 500 internos en seis nuevos hospitales y dar así vuelta a una de las páginas más oscuras de la historia de la siquiatría en México.

Por décadas, el paradero de las personas que habitaron La Castañeda (como popularmente se le conocía al enorme asilo de “imbéciles”, “agitados”, “perturbados” y “toxicómanos”, según la clasificación de pacientes en aquellos años), así como sus expedientes y testimonios permanecieron en el olvido.

A finales de los 90 del siglo pasado, sin embargo, un grupo de investigadores, entre ellos Cristina Rivera Garza y Alberto Carvajal, se sumergieron en el Archivo Histórico de la Secretaría de Salud con el propósito de averiguar cómo fue el trato a los enfermos mentales durante las casi seis décadas que operó el manicomio y qué percepción tenían del país y de la ciudad los habitantes del Palacio de la Locura.


"Yo no nací, me despertaron”

—¿Y recuerda algo del pabellón donde estuvo, algo importante para usted?

—Me acuerdo que me iban a matar los electroshocks. Me dieron electro-shocks, sí.

—¿Y recibía visitas en el manicomio?

—Pues tres veces me fueron a visitar.

—¿Cómo?

—Tres veces nomás, cuatro veces.

—¿Cuatro veces?

—Sí.

—¿Quién?

—Un señor me fue a visitar al manicomio... cuando estaba en el pabellón de reos y agitados, en el manicomio.

—¿Y qué era de usted?

—Pues dicen que era mi tío, pero no. Porque yo no tengo familia.

—¿Qué es de su familia?

—Yo no tengo familia.

—¿Qué ocurrió con su familia?

—Pues, nunca tuve familia... no nací, me despertaron.

Nombre: Antonio

Fecha de ingreso: 1963

Año de nacimiento: 1933

Origen: Morelia, Michoacán

Motivo de ingreso: Homicidio


Los sobrevivientes del manicomio

A partir de 2001, tres décadas después de la demolición de La Castañeda, Alberto Carvajal, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, plantel Xochimilco, comenzó a buscar a los sobrevivientes del manicomio. Logró entrevistar a más de 50. Los encontró confinados en diversos hospitales de la Ciudad de México y sus alrededores. Tanto en el “Samuel Ramírez Moreno”, dependiente de la Secretaría de Salud federal, como en el “José Sáyago” y el “Adolfo M. Nieto”, ubicados en el Estado de México.

Los encontró postrados en sillas de ruedas o en camastros, sin ganas de hablar, ensimismados. De hecho, no se anima a llamarlos personas; se refiere a ellos como “cuerpos”. Al principio, el profesor y los estudiantes de sicología que lo acompañaban se quedaron sorprendidos por el silencio que dejaron años de abandono, pero con el tiempo los pacientes se fueron soltando y hablaron. Fue tal el entusiasmo de los “locos” por contar sus vivencias que Carvajal acumuló 30 horas de grabación.


Encerrado por cantar

—Estuve internado en el pabellón 2 y me dieron 15 electroshocks en la espina dorsal…

—¿En qué pabellón?

—En el pabellón 2, segundo piso de observación. Luego me llevaron a la cirugía, que me iban a poner un trasplante en la mano, pero nunca se llegó el día. Nada más me traían a vuelta y vuelta. Esta vez me trajeron porque cantaba. Porque canto, y cantaba y sigo cantando.

—¡Ah!, canta…

—Y por eso me amarraron con mecates. Dijeron: “A ver si así te callas”. No, no me callo; si así nací, así seguiré hasta que me lleve el tren. “Bueno, pues allá tú. Te vamos a amarrar las manos, te vamos a poner un bozal”. Mmmhh. Me quité el bozal y me desaté las manos. Agarré y tumbé la puerta y me salí. Decían: “Ya se escapó”, “¿quién lo desamarró?” “Pos nadie, él solo”. Un corredero y cerradero de puertas, un corredero de enfermeros por acá y por allá. Porque era algo serio y agresivo cuando me amarraban así, y luego ya me volvían a amarrar. Decían: “Verás, orita te vamos a volver a amarrar y te vamos a poner una inyección de caballo”. Una inyección con una aguja así de gruesota.

Nombre: Enrique

Ingreso a La Castañeda: 9 de enero de 1959

Origen: San Francisco del Rincón, Guanajuato

Año de nacimiento: 1930

Motivo de ingreso: Es agresivo y no para de cantar

Los hallazgos

En su investigación, Carvajal halló de todo. Desde casos absurdos, como el de Enrique, cuyo error fue desesperar a los vecinos de Tepito con su persistente vicio de cantar, hasta el de Petra, una mujer oaxaqueña que ingresó a La Castañeda a los 16 años de edad, después de haber sido expulsada de su pueblo, en la región de Tehuantepec.

Refieren los expedientes que Petra quedó embarazada a los 14 años y posteriormente dio a luz a una hermosa niña. Cuando la chica buscó al padre de la criatura para enterarlo del alumbramiento, éste le contestó que no quiere hijas mujeres. Al volver a casa, en un intento por trasmitirle su amor a la recién nacida, Petra la abrazó tan fuerte que terminó asfixiándola. Por todo el pueblo cundió la noticia del filicidio.

Al año siguiente, Petra volvió a quedar preñada, pero esta vez la familia decidió no correr riesgos, de modo que durante el parto, la segunda bebé le fue arrebatada y la madre enviada con unos parientes a la Ciudad de México. A los pocos días fue internada en La Castañeda. Alberto Carvajal conoció a Petra 50 años después de su experiencia traumática, en 2001. En esa fecha ella aún aseguraba que estaba esperando un bebé.

El momento en que se detuvo su vida fue en el segundo embarazo, pues cuando ella se despierta no sabe de la segunda niña, y además es lanzada del pueblo. Entonces, lo que ella arma es un argumento para sostenerse en vida”, relata Carvajal.


Donde duerme uno, duermen tres

Ajá, así era el Manicomio General, nada más que en proporción grandísima. Había un promedio de 14 a 21 pabellones para hombres, y de 10 a 12 pabellones para mujeres. Se llegaron a tener como un tope máximo para hombres dos mil 700 pacientes, cuando el cupo era para mil 500. Ton’s, ¿cómo se le hacía? Pues no había de otra manera mas que en una cama, donde antes dormía uno, durmieran tres.”

Ismael, trabajador de intendencia de La Castañeda


Hay unos que, pues, andaban en el patio, cada quien con lo suyo, y una de las cosas muy tristes que recuerdo, todos andaban con un bote amarrado aquí, y otro en la mano, arrastrándolo. Todos rapados, unos descalzos y con su overol azul, todos. A los más agresivos los tenían tras las rejas.”

María Elvira, vecina de Mixcoac

Así se los servían en cucharón, en su bote, y su agua. Y no usaban cubiertos, sino que bebían así las cosas, y con la mano. Sí, sí me acuerdo de eso, era muy feo. Por eso decía doña Gude que había muchas ratas. Era eso, ¿verdad?”

María de Lourdes, doctora de La Castañeda

¿Y dónde quedó la locura?

Con el ánimo de compartir los hallazgos de 12 años de investigación sobre los expedientes de La Castañeda y hacer del conocimiento público las entrevistas con los sobrevivientes de aquel manicomio, así como charlas con médicos, enfermeras y trabajadores de intendencia, el profesor Carvajal decidió elaborar un documental que está en fase de posproducción.

El investigador adelantó a Excélsior un extracto del video —que estará listo en unas cuantas semanas y llevará el título ¿Dónde quedó la locura?—, el cual muestra testimonios de los pobladores del sitio que fue inaugurado por el presidente Porfirio Díaz, en 1910, como parte de los festejos por el Centenario de la Independencia de México. Fue presentado por la clase política de entonces como una muestra de la “modernidad” a la que había arribado el país.

“La Castañeda es un icono que sigue remitiendo a la locura; no tanto a la enfermedad mental, sino a la locura. En el ámbito hospitalario hay una repulsa hacia lo que fue el manicomio, y con razón, porque en lo que devino La Castañeda fue en un asilo y en un lugar abandonado, con muchas carencias, con hacinamiento y con muchas deficiencias tanto en el nivel infraestructura, como alimentario y hasta profesional”, afirma Alberto Carvajal.


Estamos aprendiendo”

“Imagínese un hospital que hizo don Porfirio para mil 500 enfermos, en ese momento tenía tres mil 500. Todos los pabellones tenían más de 150 enfermos, un médico y dos o tres enfermeros habilitados, porque ninguno tenía el título. Eso sí, con una experiencia impresionante todos, eran personas muy capaces todas. El doctor (Guillermo) Calderón me dice: ‘Usted venga, le vamos a asignar a algunos pacientes para que vaya usted practicando’. Y le digo: ‘Oiga, maestro, yo no sé nada de siquiatría’. Me dice Calderón: ‘Yo tampoco, estamos aprendiendo’, me dice.”

Abel Carrillo, médico de La Castañeda

Lo que a muchos pacientes, por el encierro, por la incomprensión familiar, se violentan y creen que están ya locos, y es otra la necesidad. Pero, mientras están encerrados en estos lugares, por ejemplo, y mientras están bajo tratamiento siquiátrico se olvidan, no sé, a lo mejor estoy equivocado, de la necesidad sexual.”

Ismael Escutia, trabajador de intendencia de La Castañeda

Ciegos sordos y locos

En La Castañeda no todo era desatención y sufrimiento. El documental de la Universidad Autónoma Metropolitana también refleja la vida entusiasta y festiva del manicomio.

Alberto Carvajal relata que en los expedientes del hospital siquiátrico hay reportes de festivales y verbenas muy animadas donde los pacientes se divertían como niños. Está la anécdota de una fiesta realizada en uno de los aniversarios del manicomio, la cual fue amenizada por un grupo de músicos ciegos.

“Hay una ficha donde refiere que el transporte que llevó a los músicos fue cortesía de una institución de sordos. ¿Te puedes imaginar? ¡Ahí se juntaban ciegos, sordos y locos!”

También se tiene registro de un hombre de rasgos orientales que llegó al centro sin ninguna referencia familiar. Como no hablaba español, llamaron a representantes de las embajadas de Corea, China y Japón con la esperanza de que alguien de pudieran interpretar sus gruñidos.

Resultó que el individuo hablaba un dialecto chino ya extinto, por lo cual pasó sus días sin poderse comunicar con nadie. Todos lo llamaban “Chom Ki”, pues era el vocablo más legible que repetía. “Nunca se supo que quería decir, igual era una maldición o una mentada de madre”, ironiza Carvajal.

También se cuenta que en un día de visita familiar llegó al manicomio una mujer hermosa, muy bien vestida y con tacones (cabe señalar que en el centro siquiátrico había pacientes de mucho dinero). Los testigos cuentan que, repentinamente, la mujer comenzó a correr al verse perseguida por un interno, pero el enfermo la acechaba con tal efusividad que la visitante debió quitarse las zapatillas para escapar con mayor rapidez.

Ya cansada, la mujer se desvaneció en una jardinera, resignada a recibir el ataque. Entonces llega el tipo que la estaba asediando, la toca con la mano y le dice: “Tú las traes”.

Permanencia voluntaria

Yo recuerdo que veníamos toda la palomilla, había un día a la semana, no recuerdo si era viernes o martes el día del cine, y nos metíamos al cine con ellos. Muy grande, muy grande el cine, y ellos encantados, les daba mucho gusto que entráramos, como éramos puros chamacos y siempre les llevábamos dulces, algo, veníamos con nuestros patines aquí y nuestra bicicleta, y ellos muy contentos, agradecidos y nos ayudaban. ‘Yo te llevo tu bicicleta’, ‘yo te llevo tus patines’, iban contentos con sus patines aquí. No se atrevían a subirse a la bicicleta o a quitárnosla, nomás nos ayudaban, y les daba mucho gusto que nos sentáramos con ellos a ver las películas.”

María Elvira, vecina de Torres de Mixcoac


El manicomio estaba aquí en el área de Mixcoac, sobre la zona que ahorita ocupan las torres de Mixcoac y la parte posterior. Era un terreno muy grande, a la entrada había jardines muy bonitos, había casas. En aquel entonces los médicos residentes... en la actualidad los médicos residentes son los que están en formación; en el viejo manicomio los de más alto nivel jerárquico eran los médicos residentes, y eran siete, y se les llamaba así porque tenían casa. Es decir, el manicomio les daba casa, entonces residían en el manicomio.”

Guillermo Calderón Narváez, médico de La Castañeda


Cuando estaba el manicomio funcionando todavía en 1966, que yo estaba en la Preparatoria (8, de la UNAM), todavía había algunos pabellones para enfermos. De hecho se iban a meter a nuestras clases, cuando nos dábamos cuenta teníamos dos o tres visitantes de ellos y deambulaban libremente porque eran tranquilos definitivamente.”

Lourdes, vecina de Mixcoac

El desenlace

La Castañeda, que comenzó operaciones en los albores de la Revolución Mexicana, dejó de funcionar el 29 de junio de 1968, meses antes de otro movimiento social clave en el siglo XX, el estudiantil, que derivó en la matanza de Tlatelolco. Después de dar atención a más de 60 mil pacientes, el Manicomio General fue demolido.

Lo único que sobrevive hasta la fecha es la fachada del edificio principal, la cual fue mandada a reconstruir por el empresario Arturo Quintana en un rancho de Amecameca, Estado de México, hoy propiedad de los Legionarios de Cristo.

Alberto Carvajal cuenta que cuando las máquinas entraron a derribar los 21 edificios que componían el manicomio, Quintana se acercó al responsable de la demolición para preguntar si le podían vender la balaustrada de la entrada. Ante la respuesta afirmativa del intendente, Quintana contrató al arquitecto Emmanuel Lugo para trasladar las rocas. Lugo relató a Carvajal que él mismo se encargó de numerar las piedras, una a una, para que el traspaso de la obra fuera idéntico.

De los planos de La Castañeda y del estudio fotográfico que había dentro del manicomio (el cual fue montado en su momento por el padre de Frida Kahlo, Guillermo), sólo se sabe que fueron subastados en Nueva York.

Al tratar de explicar los motivos de la debacle del proyecto de salud más ambicioso de inicios del siglo XX, el documentalista señala que “el manicomio dejó de ser prioridad para el gobierno”; mientras que para Porfirio Díaz era el emblema de modernidad, para Díaz Ordaz terminó convirtiéndose en el signo de la ineficiencia gubernamental.

Referencias[editar]

  1. http://www.cultura.df.gob.mx/index.php/categorias/details/4242-la-castaneda-imagenes-de-la-locura
  2. Ríos Molina, Andrés. «La locura en el México posrevolucionario. El Manicomio La Castañeda y la profesionalización de la psiquiatría, 1920-1944». Históricas (D.F., México: Universidad Autónoma de México e Instituto de Investigaciones Históricas) (84): 28–35. Consultado el 28 de enero de 2013. 
  3. José Luis Cuevas (entrevistado) (2009). Crimen Psiquiatrico (La Castañeda Parte 1/8) (TV). México: Once TV. Escena en última parte. Consultado el 28 de enero de 2013|fechaacceso=, |añoacceso= y |mesacceso= redundantes (ayuda). «"Se construyó entonces La Castañeda siguiendo el diseño arquitectónico del equivalente a "La Castañeda de Francia", de París, que es "Charenton"..."». 
  4. Martha Lilia Mancilla (entrevistada) (2009). Crimen Psiquiatrico (La Castañeda Parte 2/8) (TV). México: Once TV. Escena en primera parte. Consultado el 28 de enero de 2013|fechaacceso=, |añoacceso= y |mesacceso= redundantes (ayuda). «"... la locura se relacionaba con el desarrollo, con el progreso..."». 
  5. «La Castañeda, Imágenes de la locura, 100 años después en el MAF». MX DF. 25 de agosto de 2010. Consultado el 28 de enero de 2013. «"...fue construido para tratar a un número cercano a los mil pacientes..."». 
  6. «Locura y revolución una relación estrecha». Salud180.com. 19 de noviembre de 2010. Consultado el 28 de enero de 2013. «"En un primer momento, el hospital fue abierto con 350 hombres remitidos del Hospital para Dementes de San Hipólito y 429 mujeres provenientes del Hospital del Divino Salvador... Casi todos los pacientes de esta primera etapa, habían sido diagnosticados como epilépticos..."». 
  7. Ríos, Guadalupe (2003). «La Castañeda». Tiempo y Escritura (Azcapotzalco, Edo. de México: Universidad Autónoma Metropolitana). Consultado el 28 de enero de 2013. 
  8. Cristina Rivera-Garza (entrevistada) (2009). Crimen Psiquiatrico (La Castañeda Parte 2/8) (TV). México: Once TV. Escena en primera mitad. Consultado el 28 de enero de 2013|fechaacceso=, |añoacceso= y |mesacceso= redundantes (ayuda). «"... por una parte si esta esta área muy interesada en la ciencia, en realmente mejorar las terapias, en llevar a cabo un tratamiento científico de los pacientes..."». 
  9. Ríos Molina, Andrés. «La locura en el México posrevolucionario. El Manicomio La Castañeda y la profesionalización de la psiquiatría, 1920-1944». Históricas (D.F., México: Universidad Autónoma de México e Instituto de Investigaciones Históricas) (84): 28–35. Consultado el 28 de enero de 2013. 
  10. Cristina Rivera-Garza (entrevistada) (2009). Crimen Psiquiatrico (La Castañeda Parte 2/8) (TV). México: Once TV. Escena en primera mitad. Consultado el 28 de enero de 2013|fechaacceso=, |añoacceso= y |mesacceso= redundantes (ayuda). «"... por otra parte esta la brutal falta de recursos(...) ...hace que el manicomio cumpla muchas otras funciones, de hecho yo creo que una de las principales, si uno va analizando los expedientes, es más que institución médica muy pronto se convierte en una institución de asilo..."». 
  11. «Locura y revolución una relación estrecha». Salud180.com. 19 de noviembre de 2010. Consultado el 28 de enero de 2013. «"...La mayoría de los hombres fueron diagnosticados como alcohólicos y las mujeres como neuróticas y, en promedio, casi todos fueron dados de alta cuatro meses después..."». 
  12. Ríos Molina, Andrés. «La locura en el México posrevolucionario. El Manicomio La Castañeda y la profesionalización de la psiquiatría, 1920-1944». Históricas (D.F., México: Universidad Autónoma de México e Instituto de Investigaciones Históricas) (84): 28–35. Consultado el 28 de enero de 2013. 
  13. Ríos, Guadalupe (2003). «La Castañeda». Tiempo y Escritura (Azcapotzalco, Edo. de México: Universidad Autónoma Metropolitana). Consultado el 28 de enero de 2013. 
  14. Cristina Sacristán (entrevistada) (2009). Crimen Psiquiatrico (La Castañeda Parte 2/8) (TV). México: Once TV. Escena en segunda mitad. Consultado el 28 de enero de 2013|fechaacceso=, |añoacceso= y |mesacceso= redundantes (ayuda). «"... el reglamento establecía que los pacientes debían ingresar con un certificado médico, pero a veces la beneficiencia pública los remitía sin ningún certificado médico..."». 
  15. «La Castañeda, Imágenes de la locura, 100 años después en el MAF». MX DF. 25 de agosto de 2010. Consultado el 28 de enero de 2013. «"...con el paso del tiempo su capacidad máxima se vio rebasada y se recluyó a más de tres mil enfermos mentales."». 
  16. http://www.eluniversal.com.mx/sociedad/6377.html
  17. Rodriguez, Juan Carlos (3 de noviembre de 2013). «Trabajan en documental sobre el manicomio 'La Castañeda'». documental. Consultado el 16 de abril de 2015. 

Enlaces externos[editar]

[1]. [2]