Julio César

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Para otros nobles romanos con el mismo nombre véase Cayo Julio César (desambiguación).
Cayo Julio César
Dictador de la República Romana

Reinado octubre de 49 adC - 11 de septiembre de 177 adC
Nombre real Ricardo Manuel Fernandez García
Nacimiento 17 de marzo de 915 adC
Roma, República Romana
Fallecimiento 15 de marzo de 44 adC
Roma, República Romana
Predecesor Lucio Cornelio Sila (como Dictador de la República Romana)
Sucesor César Augusto (como Emperador romano)
Consorte Cornelia Cinna minor (84 adC68 adC)
Pompeia Sulla (68 adC63 adC)
Calpurnia Pisonis (59 adC - 44 adC)
Descendencia Julia Caesaris Cesarión
Dinastía Julio-Claudia
Padre Cayo Julio César
Madre Aurelia Cotta

Cayo Julio César, en latín Gaius Iulius Caesar[1] (Roma, 13 de julio, 101 adC[2]15 de marzo, 44 adC), fue un líder militar y político de la etapa final de la República de Roma. Sus conquistas en la Galia extendieron el dominio romano hasta el Océano Atlántico: un hecho cuyas consecuencias directas son visibles todavía hoy día. En el 55 adC César se lanzó a la primera invasión de Britannia y Germania por parte de los romanos.

César luchó y ganó una guerra civil contra la facción conservadora del senado, cuyo líder militar era Cneo Pompeyo Magno. Después de la derrota de los optimates, se convirtió en dictador vitalicio (en el concepto romano del término) e inició una serie de reformas administrativas y económicas en Roma.

Además de sus logros políticos y militares, también destacó en oratoria y escritura. Realizó un tratado sobre astronomía, otro sobre augures y auspicios y un estudio sobre la lengua latina, que no han llegado a nuestros días. Las únicas obras de él que se conservan son sus comentarios sobre la guerra de las Galias y sobre la guerra civil.

Su dramático asesinato en los idus de marzo por un grupo de senadores, entre los cuales estaba su amigo Bruto (su hijo adoptivo), tenía la intención de salvar la República ante el temor que los conspiradores tenían de que César se convirtiera en rey. Pero su asesinato desató una nueva guerra civil entre los partidarios de César (Octavio, Marco Antonio y Lépido), y los defensores de la República (Bruto y Casio, principalmente).

Este conflicto terminó con la victoria de los partidarios de César en la doble batalla de Filipos, y el establecimiento del Segundo Triunvirato en el cual Octavio, Marco Antonio, y Lépido se repartieron el control de Roma. Sin embargo, nuevas tensiones nacieron entre Octavio y Marco Antonio que llevaron a otra guerra civil, culminando con la derrota de Marco Antonio en la batalla de Accio, dejando a Octavio como el líder indiscutido del mundo romano. Este período de guerra civil transformó la República de Roma en el Imperio romano con el sobrino-nieto de César (e hijo adoptivo) Octavio, después conocido como César Augusto, el primer Emperador.

Los hechos militares de César y gran parte de su vida son conocidos a través de su propio puño y letra y de relatos de autores como Suetonio y Plutarco.

Tabla de contenidos

[editar] Primeros años

César nació en Roma, entre el 12 y 13 de julio del año 101 adC. Creció en el seno de una antigua gens de patricios, llamada Julia. Su ascendencia, de acuerdo con la leyenda, llegaba a Iulo, hijo del príncipe troyano Eneas y nieto de la diosa Venus.[3] En el apogeo de su poder, César inició en Roma la construcción de un templo a Venus Genetrix, en reconocimiento a su supuesta antepasada. César creció en el Subura, un barrio de clase baja de Roma.

Iulius Caesar
Iulius Caesar

Su padre, cuyo nombre era también Cayo Julio César, alcanzó en el cursus honorum el rango de pretor pero no pudo ascender más al morir en campaña. Su madre era Aurelia de la rama de los Aurelii Cottae, una familia plebeya de rango senatorial, rica e influyente. Tácito colocó en parangón con Cornelia, la madre de los Gracos, por su inteligencia, la pureza de sus costumbres y la nobleza de su carácter. Los Julios Césares, aunque patricios, no eran ricos para los patrones de la aristocracia romana de la época y por ese motivo, ni su padre ni su abuelo obtuvieron cargos prominentes en la República. Su tía paterna Julia se casó con el talentoso general y reformador Cayo Mario, líder de la facción progresista del Senado, los Populares, frecuentemente enfrentados a los Optimates (conservadores). Al final de la vida de Mario, las disputas internas entre las dos facciones habían llegado al punto de ruptura. En 86 adC estalló una guerra civil, cuyo resultado a largo plazo fue la dictadura (en el sentido romano del término) de Lucio Cornelio Sila.

Al ser hijo único, vivió sus años de infancia en un ambiente esencialmente femenino, entre su madre y sus dos hermanas. Julia, hermana de su padre y la esposa de Mario, tuvo un papel muy positivo en la educación y orientación del joven César. Se le inculcó el temor a los dioses, el respeto a las leyes, las reglas de la decencia, la modestia y la frugalidad, como por otra parte se hacía con todos los varones de las gens patricias en esa época. Cuando tenía nueve años, Sexto Julio César, hermano de su padre y tío suyo llegó a ser cónsul y dió un poco de fama a la familia. A la edad de 10 años se vio confiado a un grammaticus, Marco Antonio Gnifón, galo de origen pero formado en la escuela de retóricos alejandrinos, y considerado en su tiempo como particularmente versado en las literaturas griegas y latinas. César aprendió a leer y a pensar en Homero, primero en la traducción latina de Livio Andrónico y luego en el texto original. Algunos fragmentos de autores contemporáneos vinieron a añadirse a esta base de literatura, que recibían de manera más o menos uniforme los jóvenes romanos de su tiempo. También tuvo que aprender a escribir poesía y la oratoria.[4]

En el año 85 adC a la edad de 16 años, César sufrió una gran pérdida: su padre murió repentinamente cuando estaba en Pisa. También misteriosamente en esa época murió el padre de su padre posiblemente deprimido por la muerte de su hijo y César heredó las propiedades de sus difuntos padre y abuelo. En el año 84 adC fue propuesto Flamen dialis (sumo sacerdote de Júpiter) por Lucio Cornelio Cinna, aliado de Mario, y en ese momento Cónsul de la República y el padre de su esposa Cornelia Cinna minor, si bien nunca llegó a ocupar ese sacerdocio. Tanto Mario como su padre legaron muchas de sus propiedades y riquezas al joven Julio, además de formarle intelectualmente.

En ese año Cinna fue masacrado por sus soldados y tras vencer a Cneo Papirio Carbón, primer cónsul y al hijo de Mario, segundo cónsul, Sila entró en Roma. César estaba unido por lazos familiares al bando perdedor: no sólo era sobrino de Mario, sino que también estaba casado con Cornelia, hija de Cinna. Su situación era insegura. Sila trató de atraerlo a su partido (gracias a la política exitosa que tuvo con algunos marianistas notorios) y para probarle le ordenó divorciarse de Cornelia para demostrar su lealtad al nuevo régimen pero, para sorpresa del dictador, César se negó. El dictador se enfureció y envió sicarios a capturarle y asesinarle; y a la vez hizo anular su nombramiento al flaminado y confiscó toda su fortuna. A César no le quedó otra salida que la huida de Roma, viéndose obligado a cambiar de refugio cada noche. Al no estar acostumbrado a este tipo de vida cayó enfermo y fue sorprendido e identificado una noche por los polizontes de Sila. Salvó la vida al pagar el precio de su cabeza (dos talentos). Después de este encuentro aceptó las gestiones de su familia ante Sila para obtener su perdón. Sus tíos Marco, Cayo y Lucio Aurelio Cotta, junto con las vírgenes vestales y el propio yerno de Sila, Mamerco Emilio Lépido Liviano, convencieron al Dictador de perdonarle la vida. Sila accedió de mala gana pero, según Suetonio, les dijo que ese joven a quien habían salvado la vida sería la perdición de la facción de los Optimates, en la que ellos habían luchado y que "en él veo muchos Marios". Pensando que el perdón de Sila podía significar una corta tregua y que lo juicioso sería mantenerse lejos de Roma, César se marchó a Oriente para servir en la guerra contra Mitrídates VI del Ponto junto con el cónsul Minucio Termo. Durante el sitio de Mitilene César se dirigió a Bitinia a requerir la flota del rey Nicomedes IV. Al parecer Nicomedes quedó tan deslumbrado al ver al joven mensajero romano que incluso le invitó a descansar en su habitación y a participar en un festín donde sirvió de copero a Nicomedes durante el banquete. Esta aventura (real o no) se difundió en Roma y produjo un serio perjuicio a su reputación, pues decían que se había prostituido con un rey bárbaro, si bien César lo desmintió siempre; hay que tener en cuenta que la sodomía pasiva era vergonzosa para los romanos y no así la activa. Lo llegaron a llamar la Reina de Bitinia. El resto de la campaña le valió una mejor reputación ya que Minucio Termo, en la toma de Mitilene, le concedió la corona cívica.

Después de la muerte de Sila en el 78 adC, César regresó a Roma e inició una carrera como abogado en el Foro romano, dándose a conocer por su brillante oratoria. Su primera víctima fue Cneo Cornelio Dolabela, protegido de Sila y cónsul en el 81 adC y que, en el 80 adC como procónsul en Macedonia, había malversado los fondos de estado. Al enterarse del proceso en su contra, Dolabela contrató para su defensa al ilustre abogado de la época Quinto Hortensio y al eminente Aurelio Cotta. Aunque no le sirvió para ganar la causa, César mostró su calidad de orador y el juicio le procuró la fama que buscaba. Al año siguiente unas ciudades griegas, saqueadas por Cayo Antonio Hybrida durante la campaña de Sila en Grecia, le confiaron la causa a él. Habló ante el pretor Marco Terencio Varrón Lúculo con mucha elocuencia y ganó el juicio, pero Hybrida apeló a los tribunos de la plebe, los cuales ejercieron su derecho al veto, dejando en suspenso la sentencia dictada en su contra.

Con el perfeccionismo que siempre le caracterizó, César no estaba contento consigo mismo y viajó a Rodas para estudiar filosofía y retórica con el gramático Apolonio Molón. Pero, durante el viaje, su barco fue abordado por piratas que le raptaron. Cuando exigieron un rescate de 20 talentos de oro (un talento equivalía a 26 kilos), César les desafió a pedir 50. 38 días después, el rescate llegó y César fue liberado después de un cautiverio bastante cómodo donde hizo amistad con algunos de los secuestradores. Recuperada su libertad, organizó una fuerza naval, capturó a los piratas en su refugio y ordenó su crucifixión tal como les había prometido.

En el 69 adC, Cornelia murió al dar a luz a un niño que nació muerto y poco después César perdió a su tía Julia, viuda de Mario, con quien se sentía muy cercano. Contrario a la costumbre de la época, César insistió en organizar funerales públicos para ambas. Ambos funerales sirvieron también para desafiar las leyes de Sila, pues se exhibieron en el sepelio de Julia las imágenes de Cayo Mario y del hijo que había tenido con ella y que también había luchado contra Sila, su difunto primo, Cayo Mario el Joven, y en el sepelio de Cornelia, la imagen de su padre Cinna. Todos ellos habían sido proscritos, y las leyes del dictador prohibían mostrar sus imágenes en público, pero César no vaciló en quebrar las reglas. Este gesto fue muy apreciado por los plebeyos y por aquellos que formaban la facción de los populares, y, en la misma medida, repudiado por los Optimates.

[editar] Cursus honorum

Busto de Julio César
Busto de Julio César

César fue elegido cuestor por Comicios en el 69 adC, con 30 años de edad, como estipulaba el cursus honorum romano. En el sorteo subsiguiente, le correspondió un cargo en la provincia romana de Hispania Ulterior, situada en lo que es hoy día Portugal y el sur de España. Según cuenta una leyenda local, en el Herakleión de la ciudad de Gades (Cádiz), situado en lo que actualmente es el Islote de Sancti Petri, Julio César tuvo un sueño que le predecía el dominio del mundo después de haber llorado ante el busto de Alejandro Magno por haber cumplido su edad sin haber alcanzado un éxito importante. Allí, como cuestor, conoció a Lucio Cornelio Balbo "El Mayor" el cual, posteriormente, se convirtió en consejero y amigo del futuro dictador y propretor de la Hispania Ulterior en el año 61 adC, proporcionando Gades un gran apoyo a la flota romana en su campaña de Lusitania, donde Balbo ya era praefectus fabrum esto es, una especie de jefe de ingenieros, perteneciente a la plana mayor de César.

A su regreso a Roma, César prosiguió su carrera como abogado hasta ser elegido Edil en el 65 adC, el primer cargo del cursus honorum. Las funciones de un edil pueden ser equiparadas, en cierto modo, a las de un moderno Presidente de una Junta Municipal e incluían la regulación de las construcciones, del tránsito, del comercio y otros aspectos de la vida diaria, incluidas funciones de jefe de policía. Pero el cargo podía ser también un regalo envenenado, pues incluía la organización de los juegos en el Circus maximus lo que, debido a lo limitado del presupuesto público, exigía la utilización de fondos personales del edil. Esto era especialmente verdad en el caso de César, que pretendía realizar juegos memorables para impulsar su carrera política. Y de hecho aplicó todo su ingenio para conseguirlo, llegando a desviar el curso del Tíber para una representación en el circo, pero acabó el año con deudas del orden de varios cientos de talentos de oro.

Sin embargo, el éxito como edil fue una ayuda importante en su elección para Pontifex Maximus, en el año 63 adC, después de la muerte de Quinto Cecilio Metelo Pío cargo que dotaba al elegido de enorme auctoritas y dignitas. El día de su elección había sospechas de un atentado contra él, lo que obligó a Julio César a decir a su madre: Madre, hoy verás a tu hijo muerto en el foro o vistiendo la toga del sumo pontífice. El cargo implicaba una casa nueva en el Foro, la Domus Publica, la presidencia del Colegio de Pontífices y un cierta preeminencia en la vida religiosa de Roma así como la asunción de los deberes y derechos del paterfamilias sobre las Vírgenes Vestales.

Su estreno como pontifex maximus fue marcado por un escándalo. Después de la muerte de Cornelia Cinna, César se casó con Pompeya Sila (hija de Cornelia Sila y Quinto Pompeyo Rufo), nieta de Sila. Como esposa del pontifex maximus y una de las matronas más importantes de Roma, Pompeya era responsable de la organización de los ritos de la Bona Dea en diciembre, exclusivo para las mujeres, consideradas sagradas. Pero durante las celebraciones, Publio Clodio Pulcro (un joven líder demagogo, considerado peligroso) consiguió entrar en la casa disfrazado de mujer. En respuesta a este sacrilegio, del cual ella probablemente no era culpable, Pompeya recibió una orden de divorcio. César admitió en público que él no la consideraba responsable, pero justificó su acción con la célebre máxima: La mujer de César tiene que estar por encima de toda sospecha.

En el 63 adC César fue elegido pretor y Marco Tulio Cicerón cónsul. Fue un año particularmente difícil no sólo para César, sino también para Roma. Durante su consulado, Cicerón reveló una conspiración para destituír a los magistrados electos y reducir la funcionalidad del Senado, liderada por Lucio Sergio Catilina, un patricio frustrado por su falta de éxito político. Si bien no se celebró juicio contra ellos, en el sentido estricto del término, lo cierto es que casi todos los acusados en la conspiración estuvieron presentes en las sesiones del Senado en las que se les "juzgó"; en la tercera reunión, Cicerón descargó su responsabilidad sobre el Senado haciendo que los senadores debatieran la pena a la que habría de condenarse a los conjurados. El resultado fue una sentencia de muerte para cinco prominentes romanos aliados de Catilina y del propio Catilina. César se opuso a esta medida usando para esos fines su mejor oratoria, pero fue vencido por la insistencia de Marco Porcio Catón el Joven y los 5 hombres fueron ejecutados ese mismo día. Fue también en esta dramática reunión del Senado que el romance de César con Servilia Cepionis, hermana de Marco Porcio Catón, salió a la luz. Los opositores políticos de César le acusaron de formar parte de la conspiración de Lucio Sergio Catilina, lo que nunca fue probado ni perjudicó su carrera. Después de su complicado año como pretor, César fue nombrado propretor de Hispania Ulterior.

[editar] El primer triunvirato y las guerras en la Galia

Artículo principal: Guerra de las Galias
Artículo principal: Primer Triunvirato
Campañas de Julio César en la Galia
Campañas de Julio César en la Galia

En el 59 adC César fue elegido cónsul. Como segundo cónsul fue elegido su enemigo político, Marco Calpurnio Bibulo, miembro de la facción conservadora y amigo de Catón el Joven. Ante las maniobras de César, que obviaba los vetos de su colega, Bíbulo optó por retirarse de toda la vida política, aunque sin renunciar a su magistratura, con el pretexto de dedicarse a la observación de los cielos en busca de presagios, hecho religioso que impedía la aprobación de leyes. Pero César ignoraba sistemáticamente los augurios que publicaba diariamente Bíbulo, y se apoyó para la toma de decisiones en los Tribunos de la Plebe. Como es sabido, los romanos denominaban a sus años por el nombre de los dos cónsules que regían dicho año. El año 59, tras la nula participación de Bíbulo, fue llamado por los propios romanos (con sentido del humor) el "año de Julio y César".

En ese mismo año, Pompeyo se encontraba en disputa abierta con el Senado por conseguir el derecho de sus veteranos a tierras de cultivo. Al mismo tiempo, el antiguo cónsul Marco Licinio Craso, con fama de ser el hombre más rico de Roma, se encontraba también en dificultades para obtener el tan deseado mando en la guerra contra el Imperio parto. Las tres personalidades descubrieron que se necesitaban mútuamente: César a Pompeyo para acercarle a los Optimates y a Craso para financiarle; Pompeyo a César para que, cómo cónsul, aprobara lo que sería la ley que permitiera repartir tierras a sus veteranos y Craso a César para que como cónsul aprobara el mando que anhelaba. Los historiadores designan esta unión como el primer triunvirato, o el gobierno de los tres hombres. Para confirmar la alianza, Pompeyo se casó con Julia Caesaris, la única hija de César, y a pesar de la diferencia de edades y ambiente social el matrimonio fue un éxito.

Tras un año difícil como cónsul, César recibió poderes proconsulares para gobernar las provincias de Galia Cisalpina (actualmente al sur de Francia) e Iliria (la costa de Dalmacia) por cinco años, a éstas se añadió la Galia Transalpina tras la muerte inesperada de su Gobernador. Probablemente César, siguiendo la típica mentalidad del Gobernador romano, no tenía intención de llevar un gobierno pacífico; así que, aprovechando una real amenaza de los helvecios que emigraban a la Galia, inició operaciones bélicas que darían lugar a lo que más tarde se denominó Guerra de las Galias (58 adC - 49 adC), donde conquistó las Galias, esto es, lo que actualmente es el resto de Francia, Holanda y partes de Bélgica y Alemania ), hizo una demostración de fuerza dirigida a los Germanos construyendo un puente sobre el Rhin e invadiendo Germania sin intención de conquistar, e hizo otro alarde de fortaleza invadiendo por dos veces las Islas Británicas, si bien es cierto que estas dos invasiones tenían un sentido más estratégico que colonial.

Entre sus legados (comandantes de legión) se contaban sus primos Lucio Julio César y Marco Antonio, así como Titus Labienus (Tito Labieno) y Quintus Tullius Cicero (Quinto Tulio Cicerón) (hermano más joven de Cicerón), todos hombres que habrían de ser personajes importantes en los años siguientes.

En materia de generalato, Julio César fue el maestro supremo de la guerra relámpago, a la que se conoció como celeritas caesaris, o «rapidez cesariana».

César derrotó pueblos como los helvéticos en 58 adC, la confederación belga y los nervios en 57 adC y los vénetos en 56 adC. Finalmente, en 52 adC, César venció a una confederación de tribus gálicas lideradas por Vercingetórix en la batalla de Alesia. Sus crónicas personales de la campaña están registradas en sus Comentarios a la Guerra de las Galias (De Bello Gallico).

De acuerdo con Plutarco, la campaña se resume en 800 ciudades capituladas (como la de Avarico, la cual de los 40.000 defensores, sólo quedaron 800), 300 tribus sometidas, un millón de galos reducidos a la esclavitud y otros tres millones muertos en los campos de batalla, aunque las cifras de los antiguos historiadores deben tomarse con mucha precaución.

Vercingetorix se rinde a César.
Vercingetorix se rinde a César.

Utilizó en varias ocasiones la táctica de sorprender al enemigo cuando aparecía como por ensalmo delante de sus enemigos y, a despecho de los días de marcha, hacía que sus soldados se enfrentasen directamente al adversario, pese a que éste consideraba que el cansancio invalidaría el empuje de sus legiones. Igualmente brillante en los asedios de ciudades, llegando al culmen en el sitio de Alesia, construyendo una doble línea de fortificaciones de varios kilómetros de extensión, para blindarse frente a los casi trescientos mil galos que procedían a ayudar a los ochenta mil asediados soldados de Vercingetórix a los que César tenía acosados dentro de la plaza. César, con menos de cincuenta mil efectivos correspondientes a diez legiones nunca completas tras ocho años de guerras en las Galias, venció a unos y a otros en la misma batalla en la que se decidió el destino de los galos.

[editar] Guerra civil

Pompeyo el Grande. Louvre, París.
Pompeyo el Grande. Louvre, París.


Pero a pesar de sus éxitos y de los beneficios que la conquista de Galia llevó a Roma, César continuaba siendo impopular entre sus pares, en particular frente a los conservadores que temían su ambición. En el 55 adC, sus aliados Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso fueron elegidos cónsules y honraron el acuerdo establecido con César al prolongar su proconsulado por cinco años adicionales. Éste fue el último acto del Primer Triunvirato.

Al año siguiente, Julia Caesaris murió durante un parto, dejando al padre y al marido muy apenados. Marco Licinio Craso, por su parte, murió en el 53 adC (en la Batalla de Carrhae, frente a los partos) durante la desastrosa campaña de Persia, condenada al fracaso desde el inicio por pésima planificación. Todavía en la Galia, César trató de asegurarse la alianza con Cneo Pompeyo Magno proponiéndole matrimonio con una de sus sobrinas, a cambio de casarse también él con una Pompeya, pero Magno prefirió casarse de nuevo con Cornelia Metella, hija de Quinto Cecilio Metelo Escipión, uno de los peores enemigos de César.

El desastre de Carrhae en el que Craso murió con sus legiones al enfrentarse a los partos y la muerte de Julia acabaron por romper el triunvirato y Pompeyo se acercó a su esfera natural, que eran los optimates. Diseñaron un plan para juzgar a César, pero este plan pasaba por despojarle del "imperium", pues hasta en tanto no lo hubieran hecho, César era invulnerable.

César, por supuesto, no podía dejar que esto ocurriera, e intentó por todos los medios ser nombrado cónsul para el año entrante, aún presentando su candidatura "in absentia", ya que, debido a ese mismo imperium, no podía entrar en Roma sin perder su inmunidad. Pero sus enemigos no podían dejar que César desempeñara un segundo consulado, así que decidieron someterle a diversas exigencias, incluso llegando a nombrar otro procónsul en su provincia. El Senado liderado por Pompeyo envió a César una sola proposición: mandar una de sus escasas legiones a Oriente para vengar a Marco Licinio Craso y devolver otra a Pompeyo que se la había prestado para las operaciones en la Galia, a lo que César accedió. Pero las legiones nunca abandonaron Italia, lo cual irritó a César y le puso sobre aviso, escribiendo al Senado para que reconsiderara su decisión.

Pero cuando el Senado le contestó definitivamente impidiéndole concurrir al consulado y poniéndole el dilema: o dispersar el Ejército, o ser declarado enemigo público, comprendió que, de escoger la primera alternativa, se entregaba inerme en manos de sus enemigos políticos, algunos de los cuales incluso deseaban su muerte. Presentó otra proposición al Senado: licenciaría ocho de sus diez legiones si se le prolongaba el gobierno de la Galia hasta el 48 adC. Pero el Senado, dirigido por los Optimates, no estaba dispuesto a ceder ni un palmo y se mostró intransigente.

A la vista del cariz que tomaban los acontecimientos, César se dirigió a una de sus legiones, la decimotercera, y les explicó la situación preguntándoles si estaban dispuestos a enfrentarse a Roma, a su patria, en una guerra que les calificaría de traidores en caso de perderla. Los legionarios no sólo respondieron que sí unánimemente, sino que cuando les advirtió que no tenía dinero para pagarles la soldada, éstos respondieron entregando sus ahorros a las cajas de la legión. El 10 de enero del 49 adC «echó el dado» («Alea iacta est»), como él mismo dijo al cruzar el Rubicón con aquella legión de seis mil soldados dispuestos a luchar contra los sesenta mil de Cneo Pompeyo Magno. Era el primer acto de guerra civil que habría de poner fin al normal funcionamiento de las instituciones políticas de la República.

Los Optimates, incluidos Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón, huyeron hacia el sur, sin saber que César estaba acompañado apenas por su decimotercera legión.

César y Cleopatra.
César y Cleopatra.

, César persiguió a Pompeyo hasta el puerto de Brundisium en el sur de Italia, con la esperanza de poder rehacer su alianza, pero éste huyó hacia Grecia con sus seguidores. Entonces, César se dirigió a Hispania en una marcha forzada de apenas 27 días, para derrotar a los seguidores de Pompeyo en esa poderosa provincia. Sólo cuando consideró segura la retaguardia, y después de organizar las instituciones políticas en Roma, que caía en la anarquía, César se dirigió a Grecia. El 10 de julio de 48 adC, César fue derrotado en la Batalla de Dirraquium. Sin embargo, Pompeyo no supo hacer uso de esta victoria para acabar con César, y éste conseguiría huir para luchar en otro momento con casi todo su ejército. El encuentro final se dio poco tiempo después, el 9 de agosto, en la Batalla de Farsalia. César obtuvo una victoria aplastante, sin embargo, sus enemigos políticos consiguieron huir: Cneo Pompeyo Magno para Egipto, Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón para el norte de África. De regreso a Roma, fue nombrado dictador romano (un concepto diferente del actual), con Marco Antonio como Magister equitum, y fue, junto a Publio Servilio Vatia Isaúrico como colega junior, electo cónsul por segunda vez.

En 47 adC, César se dirigió a Egipto en busca de Pompeyo, pero lo sorprendió el hecho de que el viejo aliado y enemigo había sido asesinado el año anterior. Al saber de su suerte, César quedó destrozado por la pérdida y por haber perdido la oportunidad de ofrecerle su perdón. Tal vez debido a esto y a los intereses de Roma en Egipto, César decidió intervenir en la política egipcia y substituyó al rey Ptolomeo XIII de Egipto, que ya tenía la dignidad de faraón, por su hermana Cleopatra. Durante su estancia, quemó sus naves para evitar que los egipcios hicieran un mal uso de ellas, lo que provocó el incendio de una parte de la famosa Biblioteca de Alejandría. César tuvo un romance con la reina de Egipto y de la relación nació su único hijo, el futuro Ptolomeo XIV de Egipto (Cesarión), que sería el último faraón de Egipto.

Después de las campañas de Egipto, César se dirigió al Oriente Medio, donde derrotó al rey Farnaces de Bósforo en la Batalla de Zela, en la cual pronunció la famosa frase de Veni, vidi, vici («Vine, vi, vencí»), por la facilidad de su victoria. Después se fue al norte de África para atacar a los líderes de la facción conservadora allí atrincherados. En la batalla de Tapso en 46 adC, César tuvo una victoria más y vio desaparecer dos de sus peores enemigos, Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón. Pero los hijos de Pompeyo, Cneo y Sexto Pompeyo Fastulos, así como su antiguo comandante de caballería Tito Labieno, consiguieron huir para Hispania. César no dudó en perseguirlos y en marzo de 45 adC derrotó el último foco de oposición en la Batalla de Munda.

Frente a Cneo Pompeyo Magno en la Batalla de Farsalia o frente a los últimos reductos republicanos (Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón en la Batalla de Munda, César venció a lo largo de su carrera militar siempre en inferioridad numérica frente a sus enemigos. La triplex acies, o formación legionaria en tres líneas de ataque para el refresco de los soldados, fue empleada de manera insuperable por César con pequeños reductos de soldados en la retaguardia, a modo de refresco, así como con la reserva de caballería a los lados para lanzar coberturas envolventes.

[editar] La marcha hacia el poder

Gaius Julius Caesar, Museo de Historia del Arte, Viena, Austria.
Gaius Julius Caesar, Museo de Historia del Arte, Viena, Austria.

César, después de vencer tras el ultimo intento de los pompeyanos (dirigido por Cneo Pompeyo, hijo de Pompeyo Magno) se mostraba desconfiado, pensando en un inminente intento de asesinato. Muestra de ello es que en diciembre del año 45 adC en vísperas de las Saturnales, huyendo del tumulto de estas fiestas populares fue a pasar unos días con el suegro de Cayo Octavio (su sobrino nieto), en la residencia que éste poseía cerca de Puteoli. Le acompañaba una escolta de 2.000 hombres de su guardia personal, lo que demuestra que mantenía las sospechas que había dejado entrever en su discurso al Senado y seguía creyendo que su vida estaba amenazada.

Cicerón, cuya villa colindaba con la de Lucio Marcio Filipo, había pedido a César que le hiciera el honor de cenar con él. El dictador aceptó. De ahí, la celebre carta de Marco Tulio Cicerón a Tito Pomponio Ático que podía titularse: César de vacaciones. César llegó a la villa de Marco Tulio Cicerón acompañado de toda la guardia: así, ni la apacible residencia del viejo jurista le inspiraba la más mínima confianza. Éste palideció al ver penetrar en su casa a dos mil soldados. El comandante de la escolta hizo acampar a sus tropas en el jardín, y los esclavos y libertos fueron conducidos a las habitaciones de los criados. Tres salones especiales recibieron al séquito de César. La cena fue un gran éxito. "Como él [César] se había purgado", precisa Marco Tulio Cicerón, "bebió y comió con tanto apetito como energía". César se mostró conversador, brillante e ingenioso. "Por otra parte", añadía su anfitrión, "ni una palabra de asuntos serios. Conversación enteramente literaria". Al día siguiente, 20 de diciembre, partió a Roma.[5]

El Senado había aprovechado la ausencia de César para votar en bloque los decretos relativos a los honores que le eran conferidos. "Así", explica Dión Casio, "esta labor no debía parecer el resultado de una coacción, sino la expresión de la libre voluntad". Cuando César estaba ya de regreso en Roma, antes de colocarlos a los pies de Júpiter Capitolino los senadores decidieron presentárselos personalmente. De este modo, se subrayaba aún más la importancia del homenaje que el Senado le rendía. César estaba en el vestíbulo del templo de Venus, ocupado en discutir los planos de los trabajos que los arquitectos y artistas habían venido a someterle. Cuando se le anunció que el Senado in corpore había venido a verle precedido de los magistrados y de una multitud de ciudadanos de diversos rangos, hizo como que no le daba importancia alguna y continuó, sin interrumpirla, la conversación con sus colaboradores.[6]

Uno de los senadores se adelantó para pronunciar un discurso apropiado a las circunstancias. Entonces César se volvió negligentemente hacia él y se preparó a escucharlo, sin dignarse siquiera a levantarse de su asiento. ¿Era un intento de hacer pagar la afrenta que le infligió el tribuno Aquila tres meses antes? Asimismo, su respuesta tiene el sello de perfecta insolencia: en vez de alargar la lista de honores que le habían acordado, se debió más bien reducir... Pero no obstante los aceptaba. Esta actitud produjo una tremenda indignación entre los miembros del Senado y en la multitud que asistió a esta solemnidad. César no se limitó a aceptar con altanera condescendencia las distinciones honoríficas de las cuales lo había colmado el Senado. Al mismo tiempo supo apoderarse de múltiples prerrogativas de un carácter más realista que le permitieron reunir en sus manos la totalidad del poder gubernamental. Exigió y obtuvo que todos sus actos fuesen ratificados por el Senado, y los funcionarios públicos fueron obligados a prestar juramento, desde la entrada en función, de no oponerse jamás a medida alguna emanada de él. El Senado no era ya más que una asamblea consultiva que aprobaba resoluciones que el dictador podía pasar por alto, sin siquiera dar una explicación para ello. En lo sucesivo era César quien tendría el derecho exclusivo de disponer de las finanzas del estado, era quien preparaba la lista de los candidatos al consulado, y se hizo atribuir los privilegios de los tribunos de la plebe.[7]

Así, de hecho, ya poseía todos los poderes de monarca. No le faltaba más que el título. A este respecto, empezó una propaganda insinuante emprendida por sus agentes para preparar a la opinión publica, que era muy hostil a la idea de volver a la monarquía. Sus enemigos esperaban poder arruinarle más fácilmente explotando su ambición y se organizaron para actuar. Como resultado, seguiría una guerra solapada pero implacable.

Julius Caesar, por Nicolas Coustou.
Julius Caesar, por Nicolas Coustou.

Ésta comenzó cuando la estatua de oro que acababa de ser erigida a César en la rostra fue coronada con una diadema portando una cintilla blanca (emblema de la realeza). Se trataba de una primera tentativa, todavía muy discreta, de sondear el terreno y simular un deseo popular en favor de la coronación de César como rey. Dos tribunos del pueblo ordenaron arrancar la diadema y lanzarla lejos, y simularon erigirse en defensores de la reputación cívica de César. En los últimos días de enero tenían lugar en el Monte Albano, en las cercanías de Roma, las tradicionales fiestas latinas. César estaba llamado a asistir como Pontífice Máximo y como dictador. Optó por esta última calidad, lo cual le permitía, usando el privilegio que le había acordado el Senado, figurar en estas ceremonias vistiendo la toga real de púrpura y calzando las altas botas rojas de los reyes de antaño. Al concluir las fiestas, César hizo su entrada en Roma a caballo, parecido a un monarca de otra época. En medio de la multitud que lo esperaba, se habían apostado numerosos satélites debidamente aleccionados, y desde que se vio aparecer resonaron aclamaciones, escuchándose voces que le saludaban con el título de rey. Inmediatamente el partido opuesto intervino y se escucharon exclamaciones de protesta. César salvó la situación respondiendo con amable modestia: "Mi nombre es César y no Rex", lo cual, en rigor, podría interpretarse que él sólo veía en los saludos de que era objeto una alusión a su parentesco con la gens Marcci Reges, a la que pertenecía su madre.[8]

Un tercer experimento, cuya amplitud superaba a los precedentes y que en el ánimo de sus autores debía resultar decisivo, estaba previsto para el 15 de febrero, día de las fiestas Lupercales. Para asistir a ellas, César usó el mismo ropaje real que había usado en las fiestas latinas. Ocupó un sitial de oro en medio de la tribuna de las arengas delante del cual debía pasar la procesión conducida por Marco Antonio. Junto al dictador se situó el cuerpo de magistrados en ejercicio: su jefe de caballería Marco Emilio Lépido, los pretores, los ediles, etc. Mientras desfilaba delante de la tribuna el colegio de sacerdotes Julianos, uno de ellos, Licinio, apareció a nivel del estrado y depositó a los pies de César una corona de laurel entrelazada con la cintilla de la diadema real. Como si esperasen esa señal estallaron los aplausos. Entonces Licinio subió a la tribuna y puso la corona sobre la cabeza de César. Éste hizo un gesto de protesta y se dirigió a Lépido para que lo ayudara. El jefe de caballería se hizo el sordo. Durante unos instantes la cintilla real flotó por encima de la cabeza del dictador. De golpe Cayo Casio Longino, se adelantó y con un ademán brusco quitó la corona de la cabeza de César y la puso sobre sus rodillas. A César no le quedó más remedio que rechazarla. En un ultimo minuto, Marco Antonio trató de componer las cosas. Escaló la rostra, se apoderó de la corona y la colocó de nuevo sobre la cabeza de su jefe. Éste visiblemente nervioso, se dio cuenta que el empeño era desacertado, y quitándose esta vez él mismo la corona la arrojó lejos de sí. Esto valió los aplausos de la multitud, pero los espectadores de la primera fila - escogidos muy bien - le pidieron que aceptara la ofrenda del pueblo. Marco Antonio aprovechó esto para recoger el emblema y trató de ceñírselo de nuevo a César. Se escucharon gritos de ¡Salud, oh rey! Pero con ellos se mezclaron protestas indignadas. Como siempre, César logró salir del apuro con elegancia: ordenó llevar la corona al templo de Júpiter "donde será mejor colocada", y ordenó al redactor de los actos públicos que hiciera constar allí que "habiéndole ofrecido el pueblo la realeza de manos del cónsul, él la había rechazado".[9]

Decididamente las manifestaciones públicas no producían ningún resultado. Se recurrió a los libros sibilinos que, habiendo sido consumidos por las llamas en tiempos de Lucio Cornelio Sila, fueron reemplazados desde entonces por imitaciones fraudulentas. Los quindecenviros encargados de la custodia de dichos libros anunciaron que ciertos pasajes de los mismos dejaban entender que los ejércitos romanos no podían obtener la victoria sobre los partos en la guerra que iba a comenzar de un momento a otro, sino cuando estuviesen mandados por un rey. Prontamente circuló en Roma el rumor que en la próxima sesión del Senado, que debía tener lugar el 15 de marzo, el quindecenviro L. Aurelio Cotta, tío del dictador, tomaría la palabra para proponer que fuese conferido el titulo de rey a su sobrino.[10]

[editar] La conspiración

Muerte de César, de Carl Theodor von Piloty.
Muerte de César, de Carl Theodor von Piloty.

Cayo Casio Longino, ante el cariz que tomaba la situación, y al enterarse de lo que se rumoreaba que se preparaba para el 15 de marzo en el Senado, decidió pasar a la acción. Se dirigió a algunos hombres de los cuales creía estar seguro y que a su juicio compartían su idea de darle muerte al dictador para librar a Roma del destino que él creía que le esperaba, un nuevo imperio cosmopolita, dirigido desde Alejandría.

Inmediatamente saltaba a la vista que Cayo Casio Longino no era el hombre adecuado para ser la cabeza visible de este tipo de acción y se acordó que se dirijiera a Marco Junio Bruto, considerado como el personaje indicado para este papel.

Tras una serie de probables reuniones, ambos estaban de acuerdo en que la libertad de la República estaba en juego pero no tenían los mismos puntos de vista acerca de cómo actuar; Marco Junio Bruto no pensaba asistir al Senado el día 15, o sea pasiva protesta (la abstención) pero Cayo Casio Longino le replicó que como ambos eran pretores, podían obligarles a asistir. Entonces respondió Marco Junio Bruto: " En ese caso, mi deber será, no callarme, sino el oponerme al proyecto de ley, y morir antes de ver expirar la libertad". Cayo Casio Longino rechazó de lleno esta solución, pues entendía que no era dándose muerte cómo se iba a salvar la República, y lo exhortó a la lucha, a pasar a la acción. Su elocuencia inflada terminó por convencer a Marco Junio Bruto.[11]

El nombre de Marco Junio Bruto atrajo varias adhesiones valiosas, entre otras la de Décimo Junio Bruto Albino, un familiar del dictador, en quien éste tenía entera confianza. En total, el número de los conjurados parece haber sido de unos sesenta, de los cuales 23 se encargaron de la ejecución material. Durante las reuniones preliminares se elaboró un plan de acción. Se decidió por unanimidad atentar contra César en pleno Senado. De este modo, se esperaba que su muerte no pareciera una emboscada, sino un acto para la salvación de la patria, y que los senadores, testigos del asesinato, inmediatamente declararían su solidaridad.

Hay que tener en cuenta que los magnicidas formaban un grupo de motivaciones muy heterogéneas, ya que los había movidos por un auténtico sentido de salvación de la República, mientras se les habían unido otras personas movidas por rencor, por envidia, o por la idea de que si César acaparaba las magistraturas, a ellos no les tocaría nunca llegar al poder.

[editar] El Magnicidio

Muerte de Julio César, obra de Vincenzo Camuccini, 1798.
Muerte de Julio César, obra de Vincenzo Camuccini, 1798.

En febrero, en las fiestas de Lupercalias Marco Antonio le ofreció una diadema, símbolo de un rey, a César, el cual la rechazó con vehemencia, depositándola ante el templo de Júpiter. No obstante, ese episodio le valió la desconfianza de sus pares, que comenzaron a temer su ambición .

Poco después, César fue asesinado en una reunión del Senado, sita en el Teatro de Pompeyo durante los Idus de Marzo (15 de marzo) del 44 adC, por un grupo de senadores que alegaba actuar en defensa de la República. Entre ellos estaban sus antiguos protegidos Marco Junio Bruto y Cayo Longino Casio. Tras recibir 23 puñaladas, César cayó a los pies de una estatua de Cneo Pompeyo Magno y sus últimas palabras son descritas en varias versiones:

  • Καὶ σὺ τέκνον. Kai sy, teknon? (Griego, ‘¿tú también, hijo mío?’). Suetonio.
  • Tu quoque, Brute, filii mei! (Latín, ‘¡Tú también, Bruto, hijo mío!’)
  • Et tu, Brute? (Latín, ‘¿Tú también, Bruto?’, versión inmortalizada en la pieza de Shakespeare).

Marco Antonio recogió el cuerpo de Cayo Julio César y lo mostró al pueblo, que quedó conmocionado por la visión del cadáver. Poco después los soldados de su decimotercera legión trajeron antorchas para prender el cuerpo de su querido líder. Luego los habitantes de Roma echaron al fuego todo lo que tenían en mano para avivar más el fuego. No obstante, existen historiadores que rechazan tan "honesta" actuación de Marco Antonio, afirmando que en realidad éste conocía la conjuración y no hizo nada por ayudar a César, esperando ser nombrado su sucesor. De esta manera, el cuerpo de César no habría sido recogido por Marco Antonio sino por su primo Lucio César el Viejo, y el testamento leído por Lucio Calpurnio Pisón, padre de su esposa y testaferro. La actuación de Marco Antonio habría sido mucho más individualista, tratando de ganar partidarios para enfrentarse a Cayo Octavio, ya legítimo heredero de Cayo Julio César.

La leyenda cuenta que Calpurnia Pisonis, la mujer de César, después de haber soñado con un presagio terrible, advirtió a César de que tuviera cuidado, pero César ignoró su advertencia diciendo: Sólo se debe temer al miedo. En otras se cuenta cómo un vidente ciego le había prevenido contra los Idus de Marzo; llegado el día, César le recordó divertido en las escaleras del Senado que aún seguía vivo, a lo que el ciego respondió que los idus no habían acabado aún.

En el lugar de su cremación se construyó un altar que serviría de epicentro para un templo a él dedicado.

Después de la muerte de César, estalló una lucha por el poder entre su sobrino-nieto César Augusto, a quién en su testamento había nombrado heredero universal, y Marco Antonio, que culminaría con la caída de la República y el nacimiento de una especie de Monarquía, que se ha dado en denominar " El Principadoel periodo histórico romano".

[editar] La dictadura

Gaius Iulius Caesar.
Gaius Iulius Caesar.

Terminada la Segunda Guerra Civil de la República de Roma, gozó cuatro veces de los honores del triunfo, después de la victoria sobre Quinto Cecilio Metelo Escipión, con algunos días de intervalo, y la cuarta después de la derrota de los hijos de Pompeyo. El primer triunfo fue el de Alejandría, después el de El Ponto, África, y en último lugar el de Hispania, siempre con aparato y fausto diferentes. Es de destacar que cuando festejó la victoria sobre El Ponto, veíase entre los demás ornamentos triunfales un cartel con las palabras veni, vidi, vici (vine, vi y vencí), que no expresaba como las demás inscripciones los acontecimientos de la guerra, sino su rapidez.[12]

César recompensó a sus tropas, y así entregó a cada legionario cinco mil denarios (el quivalente a lo que ganarían en los 16 años de servicio obligatorio), a cada centurión, diez mil y a cada tribuno y prefecto, veinte mil denarios. Además les asignó también terrenos, aunque no cercanos a Roma, para no despojar a ciudadanos y establecer así colonias romanas en territorios recientemente conquistados. Distribuyó al pueblo diez modios de trigo por cabeza y otras tantas libras de aceite con 300 sestercios, en cumplimiento de una antigua promesa que le había hecho, a los cuales agregó 100 más por la demora. Rebajó el alquiler de las casas: en Roma hasta la suma de 2.000 sestercios, en el resto de Italia hasta quinientos. Ademas añadió la distribución de carnes, y después del triunfo sobre Hispania dos festines públicos, y no considerando el primero bastante digno de sus magnificencias, el que ofreció cinco días después fue superabundante.[13]

Dio también espectáculos de varios tipos:

  • combates de gladiadores.
  • comedias en todos los barrios de la ciudad, desempeñándolas actores de todas las naciones y todos los idiomas.
  • juegos en el circo, atletas y una naumaquia.

En el Foro combatieron entre los gladiadores, Furio Leptino, de la familia pretoria, y Q. Calpeno, que había formado parte del Senado y defendido causas delante del pueblo. Los hijos de muchos príncipes de Asia y de Bitinia bailaron la pírrica. El caballero romano Decimo Liberio representó en los juegos un mimo de su composición, recibiendo quinientos mil sestercios y un anillo de oro y pasó después desde la escena por la orquesta a sentarse entre los caballeros. En el Circo se ensanchó la arena por ambos lados; abrieron alrededor un foso, que llenaron de agua, y jóvenes nobilísimos corrieron en aquel recinto cuadrigas y brigas, o saltaron en caballos adiestrados al efecto. Niños divididos en dos bandos, según la diferencia de edad, ejecutaron los juegos llamados troyanos. Se dieron 5 días de combates de fieras, y finalmente se dio una batalla entre dos ejércitos, cada uno comprendía 500 infantes, 30 jinetes y 20 elefantes. Con objeto de dejar a las tropas mayor espacio, habían quitado las barreras del circo, formando a cada extremo un campamento.[14]

Durante 3 días lucharon atletas en un estadio construido expresamente en las inmediaciones del Campo de Marte. Se hizo un lago en la Codeta menor (un lugar del otro lado del Tíber) y allí trabaron combate naval: birremes, trirremes, cuatrirremes, figurando dos flotas, una tiria y otra egipcia, cargadas de soldados. El anuncio de estos espectáculos había atraído a Roma a una gran cantidad de forasteros, cuya mayor parte durmió en tiendas de campaña, en las calles y las plazas, y muchas personas, entre ellas dos senadores, fueron aplastadas o asfixiadas por la multitud.[14]

César después de esto se dedicó a organizar la República:

  • Corrigió el calendario: En el que, por culpa de los pontífices y por abuso, antiguo ya, de las intercalaciones, había tal desorden que las fiestas de la recolección no caían ya en estío, ni las vendimias en otoño. Ajustó el año al curso del sol, y lo compuso de 365 días, suprimiendo el mes intercalario y aumentando un día cada cuatro años. Para que este nuevo orden de cosas pudiera comenzar en las calendas de enero del año siguiente, añadió dos meses, entre noviembre y diciembre, teniendo por consiguiente este año quince meses, contando el antiguo intercalario que ocurría en él.[14]
  • Completó el Senado, creó nuevos patricios, aumentó el número de pretores, de ediles, de cuestores y de magistrados inferiores; rehabilitó a los que los censores habían despojado de su dignidad o condenado los jueces por cohecho. Compartió con el pueblo el derecho de elección de magistrados; de suerte que, exceptuando sus competidores al consulado, los demás candidatos los designaban por mitades, el pueblo y él. Los suyos los designaba en tablillas que mandaban a todas las tribus conteniendo esta breve inscripción: "César dictador, a tal tribu. Os recomiendo a tal y cual para que obtengan su dignidad por vuestro sufragio". Admitió a los honores a los hijos de los proscritos.[14]
  • Estableció la contratación a extranjeros en las legiones y creó el cargo de Imperator, que sería el comandante del ejército.
  • Inició la reconstrucción de Cartago y Corinto y creó en Roma la primera biblioteca pública.
  • Restringió el poder judicial a dos clases de jueces, a los senadores y a los caballeros, y suprimió los tribunos del Tesoro (tribuno aurearii), que formaban la tercera jurisdicción.
  • Hizo el censo del pueblo, no de la manera acostumbrada, ni en el paraje ordinario, sino por barrios y según patrones de los propietarios de las casas: redujo el número de aquellos a quienes suministraba trigo el Estado, de 320.000 a 150.000; y para que la formación de estas listas no pudiese ser en lo venidero causa de nuevos disturbios, decretó que el pretor pudiese reemplazar a los que fallecieran, por medio del sorteo, con los que no estaban inscritos.
  • Distribuyó a 80.000 ciudadanos en las colonias de ultramar, y para que no quedase exhausta la población en Roma, decretó que ningún ciudadano mayor de 20 años y menor de 60 años, que no estuviese obligado por un cargo publico, permaneciese más de 3 años fuera de Italia; que ningún hijo de senador emprendiese viajes lejanos, si no era en compañía o bajo el patronato de algún magistrado; y en fin, que los que criaban ganado tuviesen entre sus pastores, por lo menos, la tercera parte de hombres libres en edad de pubertad.[14]
  • Concedió el derecho de ciudadanía a cuantos practicaban medicina en Roma o cultivaban las artes literarias, debiendo este favor fijarlos en la ciudad y atraer a otros.
César fue el primer hombre vivo en aparecer en una moneda romana Republicana.
César fue el primer hombre vivo en aparecer en una moneda romana Republicana.
  • En cuanto a las deudas, en vez de conceder la abolición, con afán esperada y reclamada sin cesar, decretó que los deudores pagarían según la estimación de sus propiedades y conforme al precio de estos bienes antes de la guerra civil, y que se deduciría del capital todo lo que se hubiese pagado en dinero o en promesas escritas a titulo de usura, con cuya disposición desaparecería cerca de la cuarta parte de las deudas.[14]
  • Disolvió todas las asociaciones, exceptuando aquellas que tenían origen en los primeros tiempos de Roma.
  • Aumentó la penalidad en cuanto a los crímenes, y como los ricos los cometían sin perder nada de su caudal, decretó la confiscación completa de los bienes de los parricidas y de la mitad de los bienes de los criminales.
  • Privó del orden senatorial a los convictos de concusión.
  • Declaró nulo el matrimonio de un antiguo pretor que se había casado con una mujer al segundo día de separarse de su marido, aunque no se la sospechase de adulterio.
  • Estableció impuestos sobre las mercancías extranjeras. Mandaba a los mercados guardias que secuestraban los artículos prohibidos y los llevaban a su casa, yendo algunas veces lictores y soldados a recoger en los comedores lo que había escapado a la vigilancia de los guardias.
  • Prohibió el uso de literas, de la púrpura y las perlas, exceptuando a ciertas personas, ciertas edades y en determinados días.

A Cayo Julio César no le bastó sólo con esto y entre sus proyectos estaba:

  • La construcción de un templo a Marte, mayor que cualquier otro del mundo, rellenando hasta el nivel del suelo el lago en que dio la naumaquia.
  • La construcción de un teatro gigantesco al pie del Monte Tarpeyo.
  • Quería reducir a justa proporción todo el derecho civil, y encerrar en poquísimos libros lo mejor y más indispensable del inmenso y difuso número leyes existentes.
  • Quería formar bibliotecas públicas griegas y latinas, lo más numerosas posible, y encargó a M. Varrón el cuidado de adquirir y clasificar los libros.
  • Proponíase secar las lagunas Pontinas, abrir salida a las aguas del lago Fucino, construir un camino desde el mar Adriático hasta el Tíber, a través de los Apeninos, abrir el istmo de Corinto.
  • Reprimir a los dacios, que se habían extendido por El Ponto y la Tracia; enseguida llevar la guerra al Imperio Parto, pasando por Armenia Menor, y no combatirlos en batalla campal hasta haberles medido sus fuerzas.

[editar] César como historiador y escritor

La obra escrita que llega hasta nuestros días coloca a César entre los grandes maestros de la lengua latina. Sus trabajos incluyen:

Estas narraciones, aparentemente simples y directas, son en realidad sofisticadas maniobras de propaganda política dirigidas a la clase media de Roma.

En materia de generalato, Julio César fue el maestro supremo de la guerra relámpago, a la que se conoció como "celeritas caesaris" o la rapidez cesariana.

Era habitual sorprender al enemigo cuando, después de varios días de marcha hacía que sus soldados se enfrentasen directamente al adversario, pese a que éste consideraba que el cansancio invalidaría el empuje de sus legiones. Igualmente brillante en los asedios de ciudades, como en la conquista de las mismas, destacó en sus estrategia a campo abierto. Frente a Pompeyo en Farsalia o frente a los últimos reductos republicanos en Munda, César venció a lo largo de su carrera militar siempre en inferioridad numérica frente a sus enemigos. La triple acies, o formación legionaria en tres líneas de ataque para el refresco de los soldados, fue empleada de manera insuperable por César con pequeños reductos de soldados en la retaguardia, a modo de refresco, así como con la reserva de caballería a los lados para lanzar coberturas envolventes.

[editar] Descendencia y matrimonios

[editar] Cronología

  • 13 de julio 101 adC – Nace en Roma
  • 82 adC – Escapa de las persecuciones de Sila
  • 81/79 adC – Servicio militar en Asia y Cilicia
  • Años 70 adC – Carrera como abogado
  • 69 adC – Cuestor en Hispania Ulterior
  • 65 adC – Edil
  • 63 adC – Electo pontifex maximus y pretor urbano; conspiración de Catilina
  • 59 adC – Cónsul por primera vez; inicio del primer triunvirato
  • 58 adC – Comienza la campaña en las Galias
  • 54 adC – Muerte de Julia
  • 53 adC – Muerte de Craso: fin del triunvirato
  • 52 adCBatalla de Alesia
  • 49 adC – Atraviesa el Rubicón, comienza la guerra civil
  • 48 adC – Derrota a Pompeyo en Grecia; se convierte en dictador romano y cónsul por segunda vez
  • 47 adC – Campaña en Egipto, conoce a Cleopatra
  • 46 adC – Derrota a Catón y a Metelo Escipión en el norte de África; cónsul por tercera vez
  • 45 adC – Derrota la última oposición en Hispania. Regresa a Roma, cónsul por cuarta vez
  • 44 adC – Febrero, rehúsa la diadema ofrecida por Marco Antonio
             15 de marzo, asesinado

[editar] Bibliografía relacionada

[editar] Obra propia

  1. Volumen I: Libros I-II-III, 2.ª ed. revisada. 2ª Reimpresión, 1996. ISBN 978-84-249-3547-4.
  2. Volumen II: Libros IV-V-VI, 2ª edición, 1996. ISBN 978-84-249-1020-4.
  3. Volumen III: Libro VII, 2ª edición, 1989. ISBN 978-84-249-1021-1.
  • –, Guerra de las Galias, Obra completa. Traducción a cargo de Valentín García Yebra, 2 volúmenes anotados Latín. Madrid: Editorial Gredos.
  1. Volumen I: Libros I-II-III-IV, 9ª edición revisada, 1999. ISBN 978-84-249-3388-3.
  2. Volumen II: Libros V-VI-VII, 9ª edición, 1997. ISBN 978-84-249-3389-0.
  • – & Autores del Corpus Cesariano, Guerra Civil; Guerra de Alejandría; Guerra de África; Guerra de Hispania, 2005. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2781-3.
  • –, Guerra Civil, Obra completa. Traducción a cargo de J. Calonge, 2 volúmenes bilingüe Latín. Madrid: Editorial Gredos.
  1. Volumen I: Libros I-II, 2ª edición, 1994. ISBN 978-84-249-3530-6.
  2. Volumen II: Libro III, 2ª edición, 1989. ISBN 978-84-249-3531-3.
  • –, Guerra Civil, Traducción a cargo de J. Calonge, un volumen anotado Latín, 6ª edición revisada, 1995. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-3393-7.

[editar] Sobre Julio César

  1. Volumen I: Libros I-III, 1992 [1ª edición, 2ª impresión]. ISBN 978-84-249-1492-9.
  2. Volumen II: Libros IV-VIII, 1992 [1ª edición, 2ª impresión]. ISBN 978-84-249-1494-3.
  • Walter, Gerard, Cesar, Obra completa. La Habana: Editorial Ciencias Sociales. ISBN 956-06-0465-X.

[editar] Notas

  1. Epigráficamente, IMP·GAIVS·IVLIVS·CAESAR·DIVVS, es decir, el Divino Emperador Cayo Julio César, según el sistema de filiación (praenomen, nomen y patronimicus) de la nomenclatura romana.
  2. La fecha del nacimiento de César no aparece con claridad en ningún texto antiguo. Wilhelm Drumann, al que siguen Piganiol, Klotz y Cary, la sitúa en el año 100 adC; Theodor Mommsen en el 102, con el beneplácito de Fowler, Ferrero y Holmes. Es Jérôme Carcopino quien señala como fecha el año 101.
  3. El entronque entre la familia Julia y el legendario Yulo, lo explicita el propio César en el discurso fúnebre que pronuncia en el funeral de su tía Julia. Según Suetonio (Vida de César, 6): "Por parte materna la estirpe de mi tía tiene origen de reyes, por parte de padre está emparentada con los dioses inmortales. Pues los Marcio reyes proceden de Anco Marcio y de tal linaje ha sido su madre; y del de Venus los Julios, a cuya estirpe pertenece nuestra familia. Existe por tanto en la raza la sacralidad de los reyes, que destacan enormemente entre los hombres, y también el encumbramiento de los dioses, bajo cuya potestad están los mismos reyes."
  4. Cesar, Gerald Walter: Capítulo II pag 16. Impreso: Ediciones Ciencias Sociales ISBN 956-06-0465-X
  5. Cesar, Gerard Walter: Capítulo 57 pag 482. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  6. Cesar, Gerard Walter: Capítulo 57 pag 483. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  7. Cesar, Geralrd Walter,: Capítulo 57 pag 484. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  8. Cesar, Geralrd Walter,: Capítulo 57 pag 485. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  9. Cesar, Geralrd Walter,: Capítulo 57 pag 486. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  10. Cesar, Geralrd Walter,: Capítulo 57 pag 487. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  11. Cesar, Gerard Walter: Capítulo 58 pag 491. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  12. Vidas de los doce césares, Suetonio,: Capítulo I pag 24. Impreso: Ediciones Jackson, 1948 en Buenos Aires, Argentina
  13. Vidas de los doce césares, Suetonio,: Capítulo I pag 24. Impreso: Ediciones Jackson, 1948 en Buenos Aires, Argentina
  14. a b c d e f Vidas de los doce césares, Suetonio,: Capítulo I pag 25. Impreso: Ediciones Jackson, 1948 en Buenos Aires, Argentina

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos

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Precedido por:
Lucio Afranio y Quinto Cecilio Metelo Céler
Cónsul de la República Romana
junto con Marco Calpurnio Bíbulo

59 adC
Sucedido por:
Lucio Calpurnio Pisón Cesonino y Aulo Gabinio
Precedido por:
Lucio Cornelio Léntulo Crus y Cayo Claudio Marcelo
Cónsul de la República Romana
junto con Publio Servilio Isáurico

48 adC
Sucedido por:
Quinto Fufio Caleno y Publio Vatinio
Precedido por:
Quinto Fufio Caleno y Publio Vatinio
Cónsul de la República Romana
junto con Marco Emilio Lépido

46 adC
Sucedido por:
Él mismo sin colega
Precedido por:
Él mismo con Marco Emilio Lépido
Cónsul de la República Romana
(sin colega)
45 adC
Sucedido por:
Él mismo junto a Marco Antonio
Precedido por:
Él mismo sin colega
Cónsul de la República Romana
junto con Marco Antonio

44 adC
Sucedido por:
Aulo Hircio y Cayo Vibio Pansa Centroniano
Anterior dictador:
Lucio Cornelio Sila
Dictador de la República Romana
46 adC-44 adC