Julio Antonio Mella

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Julio Antonio Mella

Julio Antonio Mella

Infancia y juventud[editar]

Mella nació en La Habana (Cuba) el 25 de marzo de 1903, producto de la unión extra-matrimonial entre el sastre dominicano Nicanor Mella Brea, y Cecilia Magdalena Mc Partland y Diez, nacida en Hampshire, Inglaterra. Fue inscrito en el registro como Nicanor Mc Partland y Diez.

En 1915 viaja a Nueva Orleans junto a su hermano Cecilio y su madre. Allí se alista en el ejército, asegurando una edad superior a los 14 años que realmente tenía. Un amigo de su padre logró sacarlo del ejército y lo regresó a Cuba, donde ingresó en la Academia Newton para cursar la enseñanza secundaria, y posteriormente solicitó matrícula en el Instituto de La Habana.

A los 17 años decide viajar a México, para matricularse en el Colegio Militar de San Jacinto, para ello recibe el apoyo de su padre. Viaja en abril de 1920, pero su empeño se vio frustrado, ya que la Constitución mexicana de 1917 prohibía a los extranjeros servir en el ejército de ese país en tiempo de paz.

Nuevamente regresa a Cuba, y traslada su matrícula al Instituto de Segunda Enseñanza de la provincia de Pinar del Río, donde se gradúa de bachiller, y matricula Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. En este Centro de Altos Estudios, Julio Antonio Mella se destacó como líder estudiantil y deportista. Ingresó en septiembre de 1921 y ya en noviembre participó en la firma de un manifiesto mediante el cual los estudiantes de Derecho se oponían al nombramiento como Rector Honoris Causa de la Universidad al general estadounidense Enoch Herbert Crowder.

Revolucionario[editar]

Fundó la revista Alma Mater, de la cual era administrador y uno de los principales redactores. Firmaba sus artículos con el seudónimo de 'Lord Mc Partland. En diciembre de 1922 se funda la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), que tuvo como primer presidente a Felio Marinello y como secretario a Mella; a mediados de 1923 Julio Antonio asume la presidencia.

A propuesta de Mella, el directorio de la FEU decide en marzo de 1923 celebrar el Primer Congreso Nacional de Estudiantes. Entre los más significativos acuerdos de este congreso está la creación de la Universidad Popular José Martí, inspirado en la Universidad Popular "González Prada" creada por Haya de la Torre en el Perú; cuyo objetivo era extender los conocimientos universitarios a los trabajadores y al pueblo. También se estableció la Declaración de Derechos y Deberes del Estudiante, de la autoría de Mella, donde se establecía el deber de los estudiantes de divulgar sus conocimientos en la sociedad y especialmente entre los obreros. Este congreso se declaró contra la intromisión del gobierno de los Estados Unidos en los asuntos internos de Cuba y contra la Enmienda Platt.

En esta época surgió también la revista Juventud, de la cual fue Mella primer director. La revista comenzó a editarse en la imprenta de los tabaqueros y fue allí que Julio Antonio conoció a Carlos Baliño, figura destacada de las luchas independentistas del siglo XIX, junto con José Martí, y primero en difundir las ideas socialistas en Cuba.

En 1924 crea la Liga Anticlerical e ingresa en la Agrupación Comunista de La Habana desde donde despliega un trabajo muy activo entre el proletariado. En 1925 crea la sección cubana de la Liga Antimperialista de Las Américas y fue uno de los primeros fundadores del primer partido marxista-leninista cubano junto a Carlos Baliño, José Miguel Pérez y Alfonso Bernal del Riesgo, el Partido Comunista Cubano. En diciembre de ese año lo detienen, acusado de colocar una bomba en el teatro Payret; por esta acusación se declara en huelga de hambre hasta ser liberado bajo fianza.

Debido a su activismo político, en 1926 es expulsado de la Universidad. Posteriormente se exilia en México, donde constituye la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC). En 1927 asiste al Congreso contra la Opresión Colonial en Bruselas, Bélgica, y posteriormente visita la Unión Soviética como delegado al IV Congreso Internacional Sindical Roja.

Para este entonces, el gobierno de Gerardo Machado ordenó a la policía secreta vigilar las actividades de la Universidad José Martí, a la cual calificó de “peligroso foco de propaganda comunista”; dicha policía allanó los locales universitarios, requisando los libros y procesando a los profesores, en su gran mayoría estudiantes universitarios.

México: Confrontación con la Komintern[editar]

La ruptura entre Trotsky y Stalin se da en 1924. La lucha entre dos conceptos de revolución socialista -revolución permanente y revolución en un solo país- se propaga a los "partidos hermanos" del mundo, y en México alcanzará uno de los niveles más sangrientos. El Partido Comunista Mexicano (PCM) es considerado por la Komintern el eje de la ideología moscovita en América. La línea que dicta la Ciudad de México está destinada a influir en el subcontinente. Stalin tiene en México un comité central lleno de líderes fieles, pero, junto a ellos, emergen figuras peligrosamente atraídas por el trotskismo. Y es para controlarlas o suprimirlas que Vidali -alias Carlos Contreras o Enea Sormenti o Comandante Carlos[1] o José Díaz- es enviado a México.

En el verano de 1927, obtenida una visa por el embajador mexicano en Moscú, Ramón Denegri, Vidali emprendió el largo viaje hacia el otro lado del Atlántico, vía París y Cuba.[1] En la isla, se quedó unos cuantos días, justo el tiempo para entrar en contacto con el aparato clandestino del Partido Comunista de Cuba, diezmado por las persecuciones del dictador Gerardo Machado. Quizá fuera casual su escala en La Habana, desde luego. Sin embargo en un artículo publicado en Rebelión,[2] Celia Hart, directora en La Habana del museo Abel Santamaría, nos dice: no dudaría que el Partido Comunista Cubano le haya explicado a Vidali o Contreras lo inoportuno que era este joven para los tenebrosos planes del partido.[3]

El mismo Trotsky definió a Vidali como «uno de los más crueles agentes de la GPU en España».[4] Para muchos Vidali era el típico hitman al servicio del Politburó soviético. Palmiro Togliatti –secretario del Partido Comunista Italiano durante casi cuatro décadas- expresó esta opinión: «Vidali es muy bueno para disparar, pero no demasiado para pensar».[5] En resumen Vidali es "...el hombre de los trabajos sucios, el encargado de la logística de los crímenes estalinistas y de enlodar a las víctimas. Es quien encubrió a los asesinos de Andrés Nin propagando la versión de una fuga organizada por los nazis".[6]

Mella no fue nunca un abierto partidario de Trotsky,[7] [8] pero su deseo de derribar a Gerardo Machado en Cuba es bloqueado por Moscú[9] continuamente: cada foco rebelde en América Latina representa un peligro para la consolidación del poder en la Unión Soviética. Apoyar un intento insurreccional en la isla significa desafiar los intereses económicos estadunidenses, y Moscú no quiere que Washington considere a la Unión Soviética una amenaza a su "patio trasero", según la Doctrina Monroe. Los partidos comunistas, en esta fase histórica, trabajan para impedir sublevaciones armadas en sus respectivas áreas de influencia.

En el IV Congreso de la Internacional Sindical, Mella conoce al comunista español Andrés Nin, quien le expone las tesis de la Oposición de Izquierda sobre la política de colaboración entre las clases impulsada por Stalin y Bujarin. De inmediato, el dirigente comunista argentino Victorio Codovilla exige la expulsión de Nin. Mella comparte la postura de Nin pero no puede apoyarlo, porque se aislaría, ni quiere hacerse cómplice de la expulsión; así, decide mantenerse al margen y Codovilla emprende una campaña contra Mella.[10]

Cuando Mella llega a México, el PCM afrontaba una profunda crisis interna. Entre 1925 y 1926, se había producido una ruptura entre la dirigencia de Xavier Guerrero, David Alfaro Siqueiros y Rafael Carrillo, y el ala derecha del partido que buscaba aliarse con sectores del gobierno de Plutarco Elías Calles, o sea el gobierno que estaba usando a la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) para controlar el movimiento obrero y aplastar los movimientos independientes. En el V Congreso del PCM, en abril de 1928, Mella y su grupo llaman a reorganizar la lucha sindical contra la CROM, pero son derrotados por la dirección del partido, que los acusa de intentar una nueva dispersión de las fuerzas obreras.[9] Todo esto sucede en vísperas del IV Congreso de la Internacional en Moscú.

En Julio de 1928, apoyado por delegados obreros y campesinos, Mella, junto a Diego Rivera gana la votación y los dirigentes de la Internacional Comunista son obligados a permitir el nacimiento de la Confederación Sindical Unitaria de México que se opondría a la oficialista CROM. Esto no fue del agrado de Moscú.

En septiembre de 1928, la derecha del PCM pide la expulsión de Mella por el crimen de trabajar contra la línea del partido. Apoyan la moción Xavier Guerrero, Rafael Carrillo y Vittorio Vidali.

Mella es destituido del comité central y aislado. Ante la prohibición absoluta de organizar una expedición a Cuba, suspende su colaboración con el partido y sigue con su proyecto. En diciembre de 1928, un mes antes de su asesinato, durante una acalorada reunión en la calle de Mesones, la última en la que Mella participa, Vidali pierde el control y se acerca al cubano gritándole: "No lo olvides nunca: de la Internacional se sale de dos maneras, ¡o expulsado o muerto!"

Es obvio que Vidali tenía la misión de disciplinarlo, lo cual, por supuesto, no prueba que lo haya matado, pero el asesinato nunca fue aclarado del todo y una investigación que pretende ponerle el punto final, no hace más que aumentar la suspicacia del lector atento.[11]

Asesinato frente a testigos[editar]

Julio Antonio Mella fue asesinado la noche del 10 de enero de 1929 en la esquina de Abraham González con Morelos, de dos tiros de revólver calibre 38[12] (que por cierto era el tipo de arma que Vidali usualmente portaba): la primera bala atravesó el codo izquierdo y el intestino, la segunda perforó un pulmón. El juez Alfredo Pino Cámara interroga a Tina Modotti y la sorprende en varias contradicciones:[13] Modotti ha declarado que quien disparó desde un automóvil en la oscuridad lo hizo mientras ella caminaba tomada del brazo izquierdo de Mella, algo imposible porque la primera bala lo hirió en ese brazo, y no pudo ser un acto sorpresivo porque Mella corría tratando de escapar.

Hubo tres testigos de los hechos: el panadero Luis Herberiche quien se encontraba en la puerta de su panadería, y los jóvenes Anacleto Rodríguez y José Flores, que estaban a la puerta de su casa en Abraham González. Los tres afirman que vieron a tres personas, dos hombres y una mujer, avanzando desde Bucareli y discutiendo animadamente, y que uno de los dos hombres sacó una pistola y disparó mientras el otro corría hacia delante. En el careo con Tina, Herberiche declara: "No tengo ningún motivo para engañar a la justicia. Soy un comerciante al que no le gusta verse implicado en estos hechos. Siento mucho desmentir a la señora, pero lo que dije es la verdad y lo sostengo"[14]

Tina es tenida como sospechosa, en el suspuesto que conocía al asesino o era su cómplice. Pero esto hizo que el caso derivara hacia un motivo pasional, el clásico triángulo, lo cual de alguna manera funcionó como cortina de humo.

Obsérvese que la versión según la cual Mella es ultimado por los sicarios de Machado no tiene otra base que la suministrada por los mismos involucrados. Incluso las últimas palabras de Mella son recogidas por Modotti.[6]

La policía, no obstante, decide descartar las declaraciones de tres testigos en favor de la de la Modotti debido a que era "imposible que unos vecinos hayan podido ver lo que dicen haber visto el jueves un poco después de las nueve, ya que la luna era muy pequeña y baja...".[6] . No debe descartarse el factor de influencia que las gestiones de Diego Rivera (quien era amigo personal del Presidente) a favor de la Modotti tuvieron en este resultado.

Asimismo, es el propio Presidente de México quien el 16 de enero (sólo 6 días después) ordena mediante decreto el cierre de las pesquisas. ¿Quién mató a Mella? La versión política se impone: unos fantasmagóricos agentes enviados desde La Habana, a quienes nadie vio y ningún testigo pudo ubicar en la escena del crimen, lo hicieron. La policía se deslinda del problema remitiéndolo al extranjero. Los comunistas tienen un mártir.[6] Tina Modotti queda libre de sospechas.

En 1941, pocos meses antes de su muerte, Tina Modotti dijo lo siguiente de Vittorio Vidali a Jesús Hernández, que había sido ministro del gobierno republicano:

"...No es más que un asesino, y me arrastró a un crimen monstruoso. Lo odio con toda mi alma. Pero estoy obligada a seguirlo hasta el final. Hasta la muerte...".[15]

De la Modotti Celia Hart dijo: "...no le perdono que teniendo la fina sensibilidad de una artista y habiendo sido amada por el hombre más bello, inteligente y revolucionario de su tiempo, se hubiese ligado al oscuro Vidali. Pero Mella y no Vidali es el que está fresco y más vivo que nunca. Vidali permanecerá helado y siempre con mal olor..."[3]

Irónicamente la muerte de la Modotti se produjo en un taxi la noche del 5 de enero de 1942, por "congestión visceral generalizada", como reza el acta de defunción, y no por un "ataque del corazón" como siempre dijo Vidali. La "congestión" sirvió a la prensa para anunciar en primera plana: "ENVENENADA Tina Modotti, TÍPICA ELIMINACIÓN ESTALINISTA".

Nunca se sabrá realmente de que murió Tina.[16]

Es muy probable que el misterio del asesinato de Mella no se esclarezca nunca. Cabe señalar que Celia Hart no descartó en efecto que el crimen haya sido cometido por los estalinistas.[17] [3]

El asesinato de Mella ilustra la complejidad de aquellos tiempos y muestra la habilidad de Vidali para cubrir sus huellas y entorpecer las pesquisas. Oficialmente, José Agustín López (de quien se dice no tenía ninguna afiliación política) fue acusado del homicidio, pero otros dos conocidos pistoleros, Jose Magriñat y Antonio Sanabria fueron también considerados sospechosos. Magriñat fue arrestado pero más tarde puesto en libertad. Fue ultimado a balazos en Cuba por los comunistas en 1933, quizá atando un cabo suelto.

El cómo estos hombres de Machado pueden haber operado independientemente en un ambiente tan altamente politizado como el de Ciudad de México de aquel entonces nunca ha sido explicado.[12] Para añadir aún más al misterio, según fuentes, ambos Magriñat y Diego Rivera quien acababa de regresar de Cuba, habían alertado a Mella de que estaba en peligro.[6]

Los restos de Julio Antonio Mella fueron incinerados en el Panteón Francés de la capital azteca y después se organizó la despedida de las cenizas en el Anfiteatro Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria, anexa a la Universidad Autónoma de México. Sus cenizas fueron trasladadas a Cuba el 29 de septiembre de 1933.

Bibliografía[editar]

  1. a b Vittorio Vidali, Comandante Carlos, Ediciones de Cultura Popular, México, D.F., 1986.
  2. www.rebelion.org
  3. a b c Celia Hart «¡Julio Antonio!..."Hasta después de muerto"...»,jueves, 19 de enero de 2006 http://www.elmilitante.org/content/view/2948/74/
  4. León Trotsky, «La Comintern y la GPU». Véase el sito: http://www.ceip.org.ar/escritos/Libro6/html/T11V231.htm
  5. Giorgio Bocca, Palmiro Togliatti, Editorial Laterza, Roma, 1977, pág. 600.
  6. a b c d e Modelo Internet
  7. Véase: Alejandro Gálvez Cancino, “Julio Antonio Mella: Un Marxista Revolucionario. (Debate en Torno a su Vida y Muerte)”, en Críticas de la Economía Política. No. 30, Ediciones El Caballito, México D.F., 1986
  8. Olivia Gall, Trotsky en México, Ediciones Era, México, 1991
  9. a b La Poniatowska señala haber hallado en el Hoover Institute dos cartas de Rafael Carrillo donde «le pone a Mella su buena criticada». Véase: La Jornada, 18 de agosto de 1996.
  10. Sobre los contactos entre Mella y Nin, véase: Reiner Tosstorff, “Nin y la Internacional Sindical Roja: un esbozo”, http://www.fundanin.org/tosstorff.htm
  11. Adys Cupull y Froilán González, Julio Antonio Mella en medio del fuego. Un asesinato en México, Ediciones El Caballito, México, D.F., 2002
  12. a b Cuba: ¿Un complot internacional de mentirosos?
  13. Elena Garro, Memorias de España 1937, Siglo XXI Editores, México, 1992, pág. 86.
  14. Pino Cacucci, “¿Un complot internacional de mentirosos?”, La Jornada, 19 de junio de 2005.
  15. Jesús Hernández, Yo fui ministro de Stalin, Editorial América, México, 1953
  16. Véase: “Modotti, la Magdalena comunista. ¿Quién mató a la antigua amante de Julio Antonio Mella? ¿Muerte natural” ¿O fue una víctima de la GPU?”, Revista Así, No. 62, 17 de enero de 1942. Es un artículo bien informado que hace un recuento de la vida de Tina, insinuando dudas sobre Vidali.
  17. Conferencia dictada el 30 de junio de 2005 en el museo Trotsky de la Ciudad de México.

Enlaces externos[editar]

Fuentes[editar]