Juan Clarós
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Juan Pablo Clarós, nacido en Barcelona en el siglo XVIII, fue un guerrillero de gran nombradía del principado catalán. Era un antiguo militar, ayudante mayor que había sido del Batallón ligero de Gerona, y que se había distinguido en las guerras de 1793, contra los franceses.
Hombre de tanto valor como prestigio, muy práctico en el terreno, recibió el mando del Segundo tercio de Migueletes, creado en Figueras el 15 de mayo, al frente del cual interceptaba los convoyes del enemigo que iban o venían de Francia. El 23 de julio de 1808, cerca de Molins de Rei derrotó una división francesa, causándoles más de 300 bajas y la pédida de todo el convoy. Poco después atacó y batió al general Reille y a las órdenes del general Caldagués acudió en auxilio de Gerona, con Milans y Baget, los somatenes y las guerrillas, obligando al orgulloso Duhesme a levantar el sitio de la ciudad, que había de conquistar el glorioso título de "inmortal", y revolviéndose contra Reille, le persiguió por el camino de Francia sin dejarle un punto de reposo. En el segundo sitio de Gerona junto con Milans, Baget, Arando imponderables sacrificios para salvarla, pero el destino tenía decretada su caida para honra de la inmortal ciudad, para que su defensa quedara como la página más gloriosa de aquella guerra.
Clarós entró con Milans y otros caudillos en una conjuración para liberar Barcelona de los franceses, llegando con sus guerrilleros a tiro de cañón de la plaza, por la parte de la plaza del Ángel (9 de marzo de 1809). Un temporal deshecho impidió a los otros guerrilleros vadear el Besós y los barcos ingleses tuvieron que alejarse para librarse de la tempestad, sin poder auxiliarlos. Clarós rompió el cerco en que pretendieron encerrarle sus enemigos, y pocas horas después libraba sangriento combate en Molins de Rei. Barcelona, como Gerona debían inmensa gratitud a Clarós. Si en la primera llegó hasta la Puerta del Ángel, en la segunda penetró hasta San Medín, mereciendo que el general Blake le citase, con grande encomio, en sus partes a la Junta Central. Detuvo Clarós, tras sus sangrientos y porfiados combates, varios convoyes en el puente de Campmany, y en Darnius, enviando los efectos, heridos y prisioneros a Manresa (octubre y noviembre). Después del triunfo de Besalú, la Junta Central autorizó al capitán general de Cataluña para recompensar al teniente coronel Clarós por los "continuados y grandes servicios que le distinguen". Clarós era la pesadilla del mariscal Augereau y de sus tropas, y los convoyes franceses no podían pasar de la frontera a España. Pero aún debía hacer más. En unión de Rovira (septiembre de 1810), Clarós penetró en Francia, impuso contribuciones, y se apoderó de las armas de los guardias nacionales en cuantos pueblos visitó, sin deshonrar con atropellos ni infamias, como los fraceses hacían de continuo al nombre español.
Posteriormente se fue a vivir a Granada, casándose con la granadina Rosalía Gutiérrez y tuvo al menos un hijo, Luis.

