José María Sobral

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José María Sobral
Sobral.sketch.jpeg
José María Sobral
TenienteCorbetaARA.PNGTeniente de Corbeta
Años de servicio 1898 - 1904
Lealtad Flag of Argentina.svg Argentina
Servicio/rama Armada de la República Argentina
Unidad Flota Naval

Nacimiento 14 de abril de 1880
Bandera de Argentina Gualeguaychú, Provincia de Entre Ríos, Argentina
Fallecimiento 14 de abril de 1961 (81 años)
Bandera de Argentina Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Escudo armada argentina.cdr.svg

Armada de la República Argentina

José María Sobral, (Gualeguaychú, Provincia de Entre Ríos, 14 de abril de 1880- Ciudad de Buenos Aires, 14 de abril de 1961, coincidentemente nació y murió un 14 de abril) fue un explorador, militar y geólogo argentino.

Biografía[editar]

José María Sobral ingresó en la Armada Argentina y realizó el primer viaje de la fragata Sarmiento. En 1902 viajó a la Antártida en la expedición científica de Otto Nordenskjöld, permaneciendo 20 meses entre los hielos.

A fines de 1901 se organizó en Suecia, con donaciones privadas, una expedición integrada por científicos navegantes, con la misión de explorar el desconocido continente antártico, invernando en él para realizar estudios y mediciones. Estaba dirigida por el sabio geólogo sueco Otto Nordenskjöld y la nave que la realizó fue el velero Antartic que comandaba Carl Anton Larsen.

A instancias del teniente Ballvé, Nordenskjöld invitó al gobierno argentino a integrar la expedición enviando a un representante: la elección recayó en el alférez José María Sobral de 21 años. A su regreso, el júbilo y delirio que despertó en la población argentina lo convirtieron en un personaje muy popular.

En 1905, luego de solicitar su baja de la Armada en 1904 con el grado de Alférez de Navío (luego pasó a denominarse Teniente de Corbeta),[1] viajó a Suecia para estudiar geología, obteniendo allí el doctorado en la Universidad de Upsala. Sobral se casó y tuvo 9 hijos, cuatro suecos y cinco argentinos.[2]

Regresó a la Argentina en 1914 y fue designado director de Hidrología, cargo que desempeñó hasta 1930. Intrigas y envidias lo desplazaron de su puesto, pero el presidente general Agustín P. Justo lo nombró embajador en Noruega. Sobral hablaba 9 idiomas y escribió excelentes artículos en Europa.

En 1930 también fue declarado por la Sociedad Hispánica de Nueva York el sabio geógrafo más grande del Hemisferio Sur. Fue tan admirado en Suecia, que los científicos de aquel país llamaron "Sobral" a un mineral descubierto allí.

Sobral murió olvidado en Buenos Aires en 1961, el mismo día de la semana en que nació.

Año 1903[editar]

De pie José María Sobral con Otto Nordenskjöld (der.), isla Cerro Nevado, ca. 1904.

Procedente de Suecia, en donde habían embarcado nuevos tripulantes, el Antartic regresó a buscar a los expedicionarios de la isla Cerro Nevado (Snow Hill). Intentó llegar pero los hielos acumulados se lo impidieron. Desembarcaron tres suecos en bahía Esperanza, quienes trataron de llegar a pie a la estación científica. En el camino se encontraron con el Dr. Nordensköld y con Yonhassen, quienes habían salido a tratar de encontrar al Antartic.

Hundimiento del Antartic[editar]

Mientras tanto, buscando un camino, la nave quedó aprisionada por los hielos y se hundió en 24 horas. Caminando a las órdenes de Larsen, los náufragos consiguieron llegar a la isla Cerro Nevado y se aprestaron a pasar el nuevo invierno con Sobral y sus compañeros.

Al mismo tiempo, en Buenos Aires, ante el retraso en el regreso del Antartic, y a instancias del perito Francisco Pascasio Moreno y del teniente Ballvé, se comenzó a preparar una nave con la intención de ir a buscarlos, iniciativa que también se tomó en Francia, Suecia y los Estados Unidos.

A mediados de 1903 se reparó y alistó la corbeta Uruguay, una nave que no estaba preparada para navegar en los hielos. El comandante designado fue el capitán de corbeta Julián Irizar.

El rescate se inició en agosto de ese año, y ganándole a los otros buques, encontró a todos los habitantes de Cerro Nevado a mediados de septiembre.

La corbeta ARA Uruguay rescató a todos y emprendió el regreso. Desde la Provincia de Santa Cruz, luego de una fuerte tormenta que le rompió dos palos a la nave, enviaron la noticia a Buenos Aires, en donde se preparó una recepción apoteósica.

La nave llegó al puerto el 8 de noviembre de 1903, siendo recibida por 100.000 personas y un centenar de barcos que hacían sonar sus sirenas y bocinas en su honor. A partir del año siguiente la Argentina adquirió una base en la Antártida (Base Orcadas), ha ido renovando sus dotaciones y mantuvo siempre en alto su bandera en la Antártida, sabiendo al igual que el alférez Sobral, el primer argentino que la habitó, que su destino estaría unido a ese continente en el cual se había escrito la primera de muchas páginas de Valor y Humanidad.

La expedición que volvió del frío[editar]

A fines del siglo XIX, dos congresos internacionales de geografía realizados en Londres (1895) y Berlín (1899) establecieron la conveniencia de emprender una gran expedición a la Antártida, pues ésta era (en líneas generales) la única región del planeta sobre la cual no había información importante. Como consecuencia, en la ciudad sueca de Gotemburgo, Nordenskjöld comenzó a organizar un viaje al cuadrante antártico americano. El área de estudio específica en la que este investigador desarrollaría sus trabajos era la región oriental de la península Antártica. A diferencia de otras travesías polares de la época, como las de Robert Falcon Scott o la de Roald Amundsen, esta expedición no tenía en sus planes batir ningún récord ni sentar precedentes para un futuro reclamo de soberanía sobre tierras polares. Antes que un viaje de conquista, se trataba de una alianza internacional cuyo objetivo era realizar una extensa labor de exploración científica en el continente antártico.[3]

La Argentina participaría con la instalación de un observatorio magnético y meteorológico en proximidades de la isla de los Estados. Por su parte, el Reino Unido y Alemania también integrarían el proyecto con sendos viajes de investigación a los cuadrantes pacífico e índico del continente antártico. Expediciones de Australia, Escocia, Bélgica y Francia completaban el ambicioso plan internacional en búsqueda de información científica en la zona.

Otto Nordenskjöld era un geólogo reconocido en Suecia y poseía un espíritu internacionalista poco afecto a las disputas de soberanía. Ejercía su actividad como profesor titular en la Universidad de Upsala, donde desarrollaba su labor de investigación. Su idea era viajar a la Antártida en un buque apto para cruzar el pasaje de Drake y navegar en las peligrosas aguas del mar de Weddell. Allí establecería lo que él llamaba una estación invernal: una pequeña cabaña de madera que funcionaría como base de operaciones para la realización de investigaciones científicas durante el invierno septentrional de 1902. Al llegar el verano, los expedicionarios abordarían nuevamente el buque y regresarían para procesar la información recolectada durante su estadía.

En cierto modo, puede decirse que la expedición Nordenskjöld de 1901 a 1903 estableció la primera base científica antártica, este cabaña es actualmente administrada y conservada por la República Argentina, que la denomina Refugio Suecia. La Argentina comenzó a efectuar registros meteorológicos constantes en la región recién en 1904. Para ello se utilizaron las instalaciones de una base escocesa en la isla Laurie, archipiélago de las Orcadas del Sur.

Condicionamientos del entorno[editar]

Debido a su espíritu de cooperación internacional, Otto Nordenskjöld deseaba promover el desarrollo de la ciencia en la Argentina. Movido por ese sentimiento, este investigador había tenido conversaciones con el polifacético naturalista Francisco Pascasio Moreno. Como resultado de esas charlas, el científico sueco permitió que un argentino integrara su equipo. El elegido fue el joven alférez de fragata José María Sobral, quien se desempeñaría como observador meteorológico.

La base científica fue montada en la isla Cerro Nevado (63°24′S 56°59′O / -63.400, -56.983). Contaba con tres habitaciones pequeñas preparadas para albergar a dos personas cada una, una cocina, un ambiente central que funcionaba como comedor y gabinete de trabajo, y un altillo. A fin de resguardarla del frío exterior, la cabaña estaba construida con varias capas de madera y cartón, y contaba con puerta doble para evitar el ingreso de nieve al entrar o salir. Tenía 6,5 metros de largo por 4 de ancho.

A pocos pasos de la casa principal se levantó una pequeña construcción para observaciones magnéticas, varias casillas para proteger los instrumentos meteorológicos y un observatorio astronómico cuyo techo quedó destruido durante un violento temporal pocos días después de haber sido armado.

Durante el invierno de 1902, el equipo realizó los trabajos tal como estaba previsto. Las tareas más tediosas eran las de observación meteorológica, que se efectuaban durante las 24 horas del día cada 60 minutos. Estos estudios estaban a cargo del profesor Gösta Bodman y de José María Sobral. Simultáneamente se practicaban trabajos magnéticos, astronómicos, bacteriológicos y geológicos. Los trabajos se completaban con estudios de mareas, observaciones del estado del hielo, relevamientos cartográficos y otras tareas.

La frecuencia para la realización de observaciones había sido fijada en el programa internacional junto con la Argentina, Alemania y el Reino Unido. Sin embargo, Nordenskjöld estableció un acuerdo especial con el observatorio austral recién instalado por la Argentina, según el cual estas tomas de datos debían realizarse con más frecuencia que lo convenido originalmente. Tomar nota de lo que indicaban los instrumentos de medición se tornaba una tarea compleja, especialmente durante el invierno.

Un tipo difícil[editar]

«Papá tenía muchos enemigos. Él era un fabricante de enemigos y un —apenas— recolector de amigos». Alvar Sobral describe a su padre con orgullo, pero sabiendo que José María Sobral no era una persona fácil de tratar. Por si quedaran dudas, luego aclara: «El era de carácter fuerte, enérgico. Se rebelaba contra todo lo que no respondía a la verdad, a la lógica y a la ciencia. Y cuando no podía hacerse entender por las palabras, trataba de hacerlo por los hechos». En pocas palabras, era un tipo de pocas pulgas.

Hijo de una familia acomodada de Gualeguaychú, José María Sobral cumplía todas las condiciones para convertirse en un héroe naval. Había sido el protagonista de una fabulosa expedición antártica y se perfilaba como un militar con excelente futuro. Las autoridades de la marina estaban orgullosas de él: por fin tendrían un héroe polar. Sin embargo, los planes de Sobral para su propia vida eran otros. Su odisea antártica le había cambiado la vida y decidió ir a estudiar geología a Suecia, dado que acá todavía no existía esa carrera. La respuesta de la Armada no fue exactamente la que Sobral esperaba: «Para qué quiere la Armada un geólogo», le contestaron. Laurio Destéfani, militar de carrera e historiador naval, reflexiona al respecto: «Con el correr de los años he seguido pensando y me he dado cuenta de que en la vida de Sobral hubo momentos magníficos y momentos deplorables, no por él sino por las demás personas. Tal vez era un régimen un poco duro el de la Armada en ese momento. Las autoridades no supieron ver la situación y ni siquiera aceptaron mandarlo en disponibilidad (es decir, sin goce de sueldo), que era lo que Sobral pedía». Así, el joven marino se vio obligado a renunciar a su carrera militar. Realizó estudios en la Universidad de Upsala y se convirtió en el primer geólogo del país (en esa época el título era doctor en Ciencias Naturales).

Todos los proyectos que presentó luego Sobral para volver a la Antártida y continuar con sus investigaciones fueron rechazados.

Tuvieron que pasar cien años para que un Sobral pisara otra vez suelo polar (y no fue, precisamente, gracias al Estado argentino).

En febrero de este año, con ayuda económica de una fundación noruega, Åke Sobral (hijo de José María) visitó la cabaña de Cerro Nevado, que es hoy un museo gracias al trabajode restauración del Instituto Antártico Argentino. El momento fue registrado por el equipo de Atrapados en el fin del mundo, documental argentino que rescata esta historia del olvido.

Invernada forzosa[editar]

En el invierno, mientras Nordenskjöld y sus compañeros recolectaban datos en su zona de estudio, la tripulación del barco había estado cazando focas mientras los científicos de a bordo realizaban estudios en las Georgias del Sur y en Tierra del Fuego.

Al llegar la primavera, el plan indicaba que el Antarctic debía pasar a buscarlos por Cerro Nevado. Sin embargo, el buque nunca llegó a destino. Debido al mal tiempo y a la abundancia de hielo, la nave no pudo ingresar por lo que luego se denominaría estrecho Antarctic. Ante este inconveniente, el segundo jefe de la expedición, profesor Johan Gunnar Andersson, decidió desembarcar con dos colegas y tratar de llegar a la base esquiando sobre el mar congelado. Entretanto, el barco intentaría navegar hasta la isla por una zona libre de hielos.

Poco después de abandonar el barco, Andersson y sus dos compañeros descubrieron que una amplia franja de mar abierto les cortaba el camino. Ante la imposibilidad de seguir avanzando decidieron volver al lugar de desembarco y esperar el regreso del Antarctic. Pero el buque fue nuevamente atrapado por los hielos y se hundió aun antes de llegar a la base de Nordenskjöld. La expedición quedaba así dividida en tres grupos sin comunicación entre sí: Nordenskjöld y sus colegas estaban en la casa de Cerro Nevado; el profesor Andersson y dos personas más buscaron refugio en lo que hoy se conoce como bahía Esperanza; y los náufragos del Antarctic lograron llegar hasta una pequeña isla volcánica en el mar de Weddell. Nordenskjöld contaba con muy pocos alimentos sobrantes tras un año de permanencia en el lugar. Los otros dos grupos prácticamente carecían de víveres. La lucha por la supervivencia se convirtió en la principal tarea. A pesar de esta grave situación, el grupo nunca abandonó las observaciones científicas.

Nueve meses después del naufragio, el equipo científico fue rescatado por un frágil barco argentino: la corbeta ARA Uruguay. El viaje cambió la vida de los expedicionarios. El enviado argentino José María Sobral decidió renunciar a una promisoria carrera militar y viajó a Suecia para iniciar estudios científicos superiores algunos años después.

Embarcación en su nombre[editar]

Años después de su muerte, se puso en servicio el buque aviso «ARA José María Sobral», Al desatarse el conflicto por las Islas Malvinas el Aviso SOBRAL al mando del capitán Sergio Gómez Roca fue destacado en misión de rescate de dos tripulantes del avión Canberra B-110 abatido por los británicos el 1º de mayo y se internó profundamente en la llamada «zona de exclusión». Continuó con su misión de salvamento una vez conocido el ataque al crucero General Belgrano y alertado sobre la presencia de un fuerte «grupo de tareas» británico a solo 100 millas de su posición. Gómez Roca era plenamente consciente del peligro que corría y mostró una gran serenidad y determinación en sus decisiones. Cuando recibió el primer ataque de un helicóptero, cuyo misil que destruyó la lancha y dejó al buque sin comunicaciones, mandó al personal a cubiertas bajas y se quedó en su puesto de mando con el personal indispensable. Sabía, por el estado de mar y el impacto ya recibido, que en cubiertas bajas estarían más protegidos y permaneció en su puesto de mando, el puente, el lugar más expuesto, ya que el vuelo del misil tendría esa altura. El segundo ataque, 40 minutos más tarde, destruyó el puente y causó la muerte del comandante y siete tripulantes. El segundo comandante asumió el mando y, tras muchos esfuerzos, consiguió llevar el buque a Puerto Deseado, sofocando incendios, con un timón improvisado en la emergencia y guiándose por la dirección de las olas y la variación de la fuerza de la señal de una pequeña radio portátil. La tripulación improvisó un palo, sacó de su cofre e izó el pabellón de guerra. El destruido puente del «Aviso ARA SOBRAL» se encuentra en el Museo Naval de la Nación, en el Tigre. Una corbeta lleva el nombre de Gómez Roca y un Aviso el del Guardiamarina Olivieri muertos en esa acción. El «Aviso ARA SOBRAL» continúa operando con un puente reformado.

Obras del autor[editar]

  • José María Sobral. (2003). Dos años entre los hielos 1901-1903. Editorial EUDEBA.

Fuente[editar]

  1. La jerarquía "Alférez de Navío" pasó a denominarse "Teniente de Corbeta" antes del momento de su deceso.
  2. Marambio.org
  3. La expedición que volvió del frío, por Pablo Wainschenker, página 12. Sábado, 13 de diciembre de 2003.

Enlaces externos[editar]