Jorge Zalamea

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Jorge Zalamea (n. 1905 en Bogotá - m. 10/05/1969 ídem) fue un periodista, crítico de arte y escritor colombiano. En su obra demuestra una gran riqueza lingüística y un estilo sobrio y denso; con lo que se ha convertido en una figura sobresaliente dentro del ámbito cultural colombiano. Cabe destacarse que en sus obras se encuentran usualmente mensajes sobre la igualdad y la libertad. Entre sus obras más reconocidas se encuentran "El sueño de las escalinatas" y "El Gran Burundún-Burunda ha muerto".

Juventud: el teatro[editar]

Realizó sus estudios en el Gimnasio Moderno y desde muy temprano acudía al Café Windsor, en Bogotá, donde conoció al poeta León de Greiff, gracias a lo cual entraría a formar parte del grupo Los Nuevos. Con tan sólo 16 años inicia su labor periodística, escribiendo críticas de teatro para publicaciones varias. Además, colabora con cuentos y reseñas bibliográficas para la recientemente creada Revista Cromos.

Durante dos años, de 1925 a 1927, viaja por América Central y México, con una compañía de cómicos teatrales y publica su primer libro: la obra de teatro El regreso de Eva (San José de Costa Rica, 1927). Su relación con el teatro creará en él una de sus máximas preocupaciones: la relación entre la poesía y los lectores, entre el poeta y su público, tema que ampliará en su largo poema en prosa El Sueño de las Escalinatas.

Para 1928 viaja a España para desempeñar el cargo de Consejero Comercial de la Legación Colombiana, en Madrid. En 1933 se encuentra siendo Vicecónsul en Londres, hasta 1935. Durante esta gestión, publica su conocido ensayo político De Jorge Zalamea a la Juventud Colombiana (1933).

La diplomacia: Alfonso López Pumarejo y Saint-John Perse[editar]

Una vez terminado el mandato de Enrique Olaya Herrera, sube Alfonso López Pumarejo a la Presidencia de Colombia, en 1934. Dos años más tarde, en 1936, Zalamea es nombrado Ministro de Educación, para lo que vuelve al país luego de su estadía en Europa. Este mismo año escribe su ensayo sociopolítico El Departamento de Nariño: esquema para una interpretación sociológica, pues es nombrado Director de la Comisión de Cultura Aldeana.

En 1937 es nombrado Secretario General de la Presidencia de la República, cargo que ocupará hasta 1938 y bajo el cual escribirá La industria nacional (1938).

En 1941 publica El Rapto de las Sabinas, con la que recibe un premio por Thornton Wilder. Esta obra será traducida al ruso y publicada en la revista El Mundo, de Kiev, en 1960. El hostal de Belén es publicada en el mismo año y traducida al inglés por la Universidad de Stanford, California, que la edita en 1944. En 1941 publica La vida maravillosa de los libros, sobre literatura francesa y mexicana, Nueve artistas colombianos e Introducción al Arte Antiguo, dos libros sobre crítica de arte plástica. En este mismo año es elegido miembro de la Cámara de Representantes por el departamento de Cundinamarca.

Viaja a México para desempeñar la función de Embajador de Colombia, para el segundo periodo presidencial de Alfonso López Pumarejo (1942-1945). Es en este viaje que publica sus primeras traducciones de Saint-John Perse: el libro Elogios, Costa Amic, 1946. Este mismo año viaja a Italia para ocupar el puesto de Ministro Plenipotenciario (último cargo burocrático que tendrá en su vida) y publica en Milán Lluvia, nieves, exilio otro libro de versiones de Perse, y la Universidad Nacional edita su traducción de Anábasis, con ilustraciones de Giorgio de Chirico.

Sobre su experiencia al traducir la obra de Saint-John Perse, el mismo Zalamea escribe en su ensayo La consolación poética: “Aquellos meses iniciales de 1945 en que sentí la necesidad incoercible de hacer un poco mía la obra de Perse, coincidieron con una época oscura durante la cual tuve el conocimiento vivo del mal en sus formas más torturantes y mezquinas”. Y sobre la poesía del francés, dice: “Saint-John Perse, sin ninguna obsesión de la inteligencia, sin ninguna corrupción del espíritu, sin ninguna exasperación del alma, con una cortesía de siglos, con una dignidad de siempre, nos otorga largamente la consolación de su canto”.

En 1949, Zalamea recibe una carta del mismo Saint-John Perse, desde Washington, en la que le agradece hondamente su trabajo como traductor y le elogia hondamente: “Lo que usted me ha consagrado de su arte, en dos bellísimas traducciones, revela de usted mismo un tan alto sentido poético y un tan raro dominio de la lengua, que muy sinceramente experimento el escrúpulo del tiempo que le he hurtado a su propia obra personal. Y pienso, igualmente, en su elegancia para conmigo, expresada hasta en el esmero puesto en esas muy puras ediciones. Le doy las gracias por tales exigencias que me hablan largamente, una vez más, de sus propias exigencias para consigo mismo”.

Exilio: Crítica y sus grandes obras[editar]

Para el 9 de Abril de 1948, suceso conocido como el Bogotazo, Zalamea, acompañado de Gerardo Molina, Diego Montaña Cuellar y su gran amigo Jorge Gaitán Durán llegó al edificio de la Radiodifusora Nacional para entregarse “sin descanso a la tarea de orientar a las gentes y a lanzarlas contra sus verdaderos enemigos" y "no cesaron de arengar al pueblo en un esfuerzo desesperado para encauzarlo hacia la toma del poder y hacia el derrocamiento de una casta y de unos jefes que una vez más lo traicionaban y ya se preparaban para diezmarlo por las calles".

Ese mismo año edita su quincenario Crítica, cuyo primer número apareció el 14 de octubre de éste año. Acerca de ésta revista, Óscar Torres Duque, poeta, crítico y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (Colombia), dice:

Crítica comienza unos meses después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y marcada por ese asesinato, con denuncias de crímenes contra liberales en diferentes lugares del país. Extensas listas de personas asesinadas se publican en los primeros números y en las primeras páginas, con titulares alusivos a la connivencia o participación del gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez. Crítica, en el mejor sentido kantiano de la palabra, significa esa conciencia de límites, de reconocimiento del fin de las posibilidades históricas del hombre; el intelecto, desde entonces y como función social, debe ejercer una suerte de "marginalia", de glosa cínica e imparcial de los hechos históricos. ¿Se puede ser imparcial? Quizá no, pero el intelecto juega a serlo, olvidando la parte de carne dolorida que le incumbe; en su empecinado intento de objetividad, creo (y ese intento acaso se vea siempre, hasta cierto punto, frustrado), radica su humanidad, su parcialidad soberana y autojustificada.
Crítica "consistió" en el abanderamiento que un grupo de liberales intelectuales (o mejor, el "clan Zalamea") hizo de la denuncia de crímenes políticos en el país (contra liberales, se entiende), de la oposición encarnizada y sectaria al ingenuo y pintoresco gobierno conservador (pero también a sus más notables alentadores) y de la actualidad "cultural" como difusión del quehacer artístico, literario y filosófico en todo el mundo. Tres banderas difíciles de coser en una sola. La cultura es, por principio, conservadora, pero de un orden ya existente, de una tradición, de un mundo constituido de valores y principios universales. La "cultura", liberal en todos los sentidos, de Crítica era en realidad la maravillosa conjunción de autores y textos en un muestrario para todos los gustos, incluso los más conservadores. Mucho de actividad reciente y numerosos ensayos de fondo sobre diversos temas en el campo de arte, de la literatura y del pensamiento.

Como era de esperarse, la censura corrió rápidamente sobre ésta revista, y el primer número censurado salió a la luz el 14 de mayo de 1950. Cuenta Alfredo Iriarte que es este el episodio culmen de la vida de Zalamea, ya que gracias a la censura se unen la maestría del escritor y el heroísmo del combatiente, pues nunca dejó de publicar grandes críticas disfrazadas tenuemente para que pasaran los controles del censor.

Hacia 1951, Crítica publica su último número, el 14 de octubre, exactamente tres años después de haber comenzado su tarea. Las razones son más que obvias: la censura no soportó más y, tras haber salido publicado el relato La metamorfosis de su excelencia, de Zalamea, decidió que la clausura de la revista era inminente.

Para 1952, Jorge Zalamea se encontraba ya en el exilio en Buenos Aires, donde escribió y publicó El gran Burundún-Burundá ha muerto. Ésta narra los funerales de un gran elocuente quien usaba su palabra para destruir a los demás “Como hay quienes destruyen con una lima, con una piqueta, con una tea, con una cuchilla, -Burundún destruía con las palabras. Destruía de preferencia, claro está, lo que con las palabras se forma y de ellas se alimenta: honra, fama, reputación, prestigio." Sin embargo, un día cae la desgracia sobre él mismo y “algo comezó a marchar mal en el aparato vocal de Burundún” a causa de lo cual prohíbe el uso de la palabra en cualquier ser humano: “si las bestias son más dóciles y más felices que los hombres, es porque no participan de la maldición de la palabra articulada.” Gracias a esto, los hombres quedaron reducidos a un estado animal: “Que chillen si tienen hambre; que tosan si tienen frío; que bramen si están en celo; que gorjeen si están dichosos; que cacareen si despiertos; que rebuznen si entusiastas; gañan si codiciosos y gruñan si coléricos, pero que no hagan indecente inventario entre unos y otros de sus deseos ni se estimulen sediciosamente en ellos fomentándolos con palabras.

Para María Dolores Jaramillo, profesora de la Universidad Nacional de Colombia, ésta obra es "un poema ceremonial, teatral y carnavalesco del caudillismo latinoamericano, una sátira política del dictador, caricatura implacable y parodia, donde lo trágico, lo cómico y lo grotesco se funden.", cuyo lenguaje es una “parodia lingüística de la retórica política” en el que las figuras y elementos clave “correlacionan el nivel fonológico y el nivel semántico produciendo un doble efecto discursivo: en primer lugar, la parodia o imitación de un tipo de lenguaje político como de su concepción del mundo, es decir, la burla de un discurso adjetival, formalista y retórico. Y, en segundo lugar, un efecto poético, ya que las figuras retóricas en su carácter fónico recurrente contribuyen a la sonoridad y musicalidad del relato-poema.”

En Buenos Aires traduce a varios autores, entre ellos Sartre, T.S. Eliot, Valéry, Faulkner y Dimitri Sergeevich. Entre 1952 y 1959 viaja por China, varios países europeos, Egipto, Ceilán, Medio Oriente y Benares, India, donde comienza su largo poema en prosa El sueño de las Escalinatas, que concluirá para 1963 en Bogotá y publicará un año después. Ese mismo año, la grabación en disco del poema inaugurará la Colección Literaria de la emisora cultural HJCK. Acerca de ésta producción, Alfredo Iriarte recuerda que La pollera colorá, un éxito bailable del momento, fue el único disco que le superó en ventas.

Acerca de esta obra, el reconocido poeta Álvaro Mutis dice que es un “poema acusador de un verbo inagotable”, un “salmo de ira y acusación” en el que se desarrolla “toda su furia ante la servidumbre absurda del hombre a los más oscuros y necios poderes de nuestra época.”

Por otra parte, Juan Gustavo Cobo Borda, poeta, crítico y diplomático colombiano de gran reconocimiento, en contraste con el planteamiento de George Steiner en La muerte de la tragedia, se plantea que la empresa detrás de la cual estuvo siempre Zalamea, es una empresa caduca: la tragedia (entendida como un acto de comunicación total entre el pueblo y el poeta) ya no es posible, históricamente hablando. La audiencia ya no se encuentra unificada, por lo que se imposibilita la apelación a ella como una sola. Critica el poema en términos formales, diciendo que las enumeraciones no son más que eso, lo que las hace carecer de intensidad o progresión dramática. Zalamea, dice, se limita a enumerar un montón de hechos, contemplándolos desde las escalinatas de Benares, haciendo así que su discurso se vacíe, dejando al público de telón de fondo. Además, afirma que una retórica vieja encierra, en su seno, una política anacrónica: lo que hace el poema. En conclusión, El sueño de las escalinatas es, para éste crítico colombiano, un anacronismo en cualquier sentido, además de un cascarón vacío, hecho de palabras opulentas y suntuosas.

Vuelta al país: premios y muerte.[editar]

Para 1959, Zalamea se encontraba en Bogotá y el 22 de octubre de ese año dio inicio a un ciclo en el Teatro Colón que titularía “Poesía al Aire Libre”, donde leyó parte de El sueño de las Escalinatas. En 1965, es galardonado con el premio de ensayo Casa de las Américas, por su libro La poesía Ignorada y Olvidada, que con la tesis "en poesía no existen pueblos subdesarrollados" se propone hacer un gran recorrido por la poesía mundial que se escapa al canon, visitando así comunidades pigmeas en el África o esquimales en el Polo Norte, indígenas del Amazonas y tribus de Finlandia, entre un panorama bastante amplio. El libro explora las relaciones entre la magia, los ritos, las ceremonias, las profecías y los mitos con la poesía, para encontrar que "como ni el Universo en su conjunto, ni las cosas mismas en su particularidad se mostrasen siempre dispuestas a subordinársele y muchas veces le fuesen irreductiblemente hostiles, procuró el hombre conciliárselas o neutralizarlas con el empleo de su portentosa invención.

En 1968 gana el Premio Lenin de la Paz. De este acontecimiento, Alfredo Iriarte cuenta que "una pomposa delegación soviética le hizo entrega de la medalla en el Teatro Colón con asistencia del presidente de la República en medio de vítores y peroratas. Empezó a pasar el tiempo y por ninguna parte aparecía los US$ 25.000.00 del premio. Estando en esa espera y padeciendo los rigores y las penurias económicas que siempre lo acompañaron en sus luchas más aguerridas, los tanques soviéticos entraron a Praga y aplastaron las libertades checas en un típico acto de agresión imperialista. Zalamea hizo pública una protesta iracunda. Alguien le dijo en mi presencia: ‘Maestro: Usted me perdona pero esa no es manera de jugar con el bienestar de su vejez’. La respuesta de Jorge fue fulminante: ‘Que se vayan al carajo. A mi conciencia no la calla nadie con todos los rublos y los dólares del mundo’.

Meses después, cuando ya estaba agobiado por la enfermedad le llegó el cheque. Poco después murió. El último acto de su vida no podía ser cosa distinta de una perfecta lección de dignidad."

Murió el 10 de mayo de 1969.

Bibliografía[editar]

Bibliografía del autor[editar]

  • El regreso de Eva. Bogotá: Minerva, 1936.
  • La vida maravillosa de los libros: viajes por las literaturas de España y Francia. Bogotá: Centro, 1941.
  • Anábasis, por Saint-John Perse. Versión castellana de Jorge Zalamea. Ilustraciones, Giorgio de Chirico. Bogotá: Talleres de la Universidad Nacional, 1949.
  • Minerva en la rueca y otros ensayos. Bogotá: Espiral, 1949.
  • El gran Burundún-Burundá ha muerto. Buenos Aires: Imprenta López, 1952. Bogotá: Colombia Nueva, 1966.
  • Elogios y otros poemas de Saint-John Perse. Versión castellana de Jorge Zalamea. México: B. Costa-Amic, 1964.
  • El sueño de las escalinatas. Bogotá: Tercer Mundo, 1964. Bogotá: Canal Ramírez, 1972.
  • La poesía ignorada y olvidada. La Habana: Casa de las Américas, 1965. Bogotá: Procultura, 1988.
  • La metamorfosis de su Excelencia. Bogotá: Colombia Nueva, 1966.
  • “Literatura, política y arte”. Letras Nacionales 9 (julio-agosto 1966). Bogotá: Colcultura, 1978.
  • Las aguas de Vietnam; antología de la poesía vietnamita combatiente. Versiones, prólogo y notas, Jorge Zalamea. Bogotá: Colombia Nueva, 1967.
  • Cantos: del alma, del combate y del atardecer. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura (Colección popular), 1975.

Bibliografía sobre el autor[editar]

  • Araújo, Helena. “Jorge Zalamea”. Eco 16 (marzo 1974): 524-555.
  • Caparroso, Carlos Arturo. Los Nuevos y la Poesía. Bogotá: Academia Colombiana de la Lengua, 1960. Separata del Boletín de la Academia Colombiana de la Lengua.
  • Cobo Borda, Juan Gustavo. “Jorge Zalamea. Notas críticas”. Eco 209 (marzo 1979): 550-556.
  • Charry Lara, Fernando. “Los Nuevos”. Manual de literatura colombiana, vol II. Bogotá: Procultura-Planeta, 1988. 17-85.
  • ____ “Los poetas de Los Nuevos”. Revista Iberoamericana (Número especial dedicado a la literatura colombiana) 128-129 (julio-diciembre 1984): 633-681.
  • Fajardo, Diógenes. “Los Nuevos”. Historia de la poesía colombiana. Bogotá: Casa de Poesía Silva, 1991. 263-317.
  • F. Rodríguez Amaya, Ideología y lenguaje en la obra narrativa de Jorge Zalamea, Imola, University Press Bologna, 1995, 196 P, ISBN 88-86946-06-6
  • Gutiérrez Girardot, Rafael. La literatura colombiana en el siglo XX. Bogotá: Los Papeles del Goce, 1987.
  • Iriarte, Alfredo. “La obra literaria de Zalamea”. Revista Udem 16 (junio 1969): 141-145.
  • Jaramillo Angel, Humberto. “Jorge Zalamea: viajero, prosista, poeta”. Boletín Cultural y Bibliográfico X/10 (octubre 1967): 109-114.
  • Jiménez Panesso, David. Historia de la crítica literaria en Colombia. Siglos XIX y XX. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Instituto Colombiano de Cultura, 1992. 176-200.
  • Keefe Ugalde, Sharon. “Language in Zalamea’s El gran Burundún-Burundá ha muerto”. Hispania LXVI/3 (septiembre 1983).
  • Lazare, Louis. “Jorge Zalamea”. Noticias de Colombia 42 (octubre 1941): 25-28.
  • Lozano y Lozano, Juan. “Prólogo” a Minerva en la Rueca. Bogotá: Espiral, 1949. 1-5.
  • Maya, Rafael. “Generación de los Nuevos”. Obra crítica, vol. II. Bogotá: Banco de la República, 1982. 199-224.
  • Santa, Eduardo. “Jorge Zalamea o la autenticidad literaria”. Letras Nacionales 2, vol. I. (mayo-junio 1964): 29-33.
  • Téllez, Hernando. “Nuevo encuentro con la belleza. El libro de Jorge Zalamea”. Lecturas Dominicales, El Tiempo (agosto 7, 1949): 5.

Bibliografía Citada[editar]

  • COBO BORDA, Juan Gustavo. Jorge Zalamea: notas críticas. En: Zalamea, Jorge. Literatura, política y arte. Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá: 1978
  • IRIARTE, Alfredo. Evocaciones y recuerdos de Jorge Zalamea. En: Zalamea, Jorge. Literatura, política y arte. Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá: 1978
  • JARAMILLO, María Dolores. Jorge Zalamea y el gran Burundú-Burundá. Revista Iberoamericana. Vol. LXVI, Núm. 192, Julio-Septiembre 2000. Pág 589.
  • MUTIS, Álvaro. Jorge Zalamea. En: Zalamea, Jorge. Literatura, política y arte. Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá: 1978
  • ZALAMEA, Jorge. El gran Burundún-Burundá ha muerto. Primer Festival del Libro Colombiano. Bogotá: sin fecha.
  • ZALAMEA, Jorge. La poesía Ignorada y Olvidada. Procultura, Bogotá: 1986
  • ZALAMEA, Jorge. Literatura, política y arte. Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá: 1978

Enlaces Externos[editar]

Audio[editar]

Varios poemas del autor leídos por él mismo

Referencias[editar]