Jardines del Antiguo Egipto

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Estanque en un jardín. Fragmento de un fresco en la tumba de Nebamun, en Tebas.

África no debe su reconocimiento por haber sido, únicamente, el origen de la humanidad sino que es, también, uno de los lugares en los que comenzó la jardinería. En Egipto la jardinería cuenta con más de 5.000 años.

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Los jardines de la civilización egipcia [editar]

En este país de tierra negra rodeado de desiertos, los árboles son escasos (algunas acacias, sicomoros), y toda la tierra fértil, que recibe el agua gracias a una extensa red de diques y canales, constantemente renovados, está dedicada al cereal. Debido a la falta de árboles y de flores, el jardín es contemplado como un vergel donde las flores están cuidadas con la mayor atención. Normalmente el jardín se sitúa en torno a un estanque cubierto de lotos y de papiros, y plantas heráldicas del Alto Egipto y del Bajo Egipto.

Los faraones fueron, probablemente, los primeros en ordenar la construcción de los jardines. Ellos mismos aportaban las plantas exóticas que crecían en sus campos y que, después, cultivaban en los jardines de sus templos y palacios. La reina Maatkara-Hatshepsut de la XVIII dinastía hizo traer 31 árboles de incienso para adornar sus jardines y terrazas. Las plantas raras estaban de moda, se organizaban expediciones dedicadas, exclusivamente, a la búsqueda de las especies más exóticas y lejanas. Thutmosis III, hizo pintar, en los muros del templo de las Fiestas de Karnak, las numerosas plantas que había hecho traer de Asia. Los faraones crearon enormes paseos adornados con plantas, hierbas y árboles frutales traídos de todas las regiones limítrofes.

Para los jardines particulares los paisajistas se inspiraban en los Oasis y los ríos con sus lotos y sus islas flotantes de papiros. Los primeros jardines individuales son, sin duda alguna, las construcciones privadas de los oasis artificiales. Más tarde, en estos jardines se construía, a menudo, una terraza y un estanque cuadrado o rectangular que se llenaba de plantas acuáticas, y en los que se ponían, casi siempre, estatuas y columnas. Las plantaciones evolucionaron y se alinearon a fin de facilitar el riego cuyas aguas proporcionaban los canales. Las plantas se cortaban y plantaban, cada vez más hábilmente, con el fin de que dieran sombra y fuera más productiva y más fácil la recogida de sus frutos. Por medio de las pinturas murales se sabe qué tipo de plantas se cultivaban en los jardines: viñedos, que tapizaban las pérgolas, sicomoros, duraznos, palmeras datileras, higueras, granados y tamarindos.

Los frutos, las flores, las plantas aromáticas y medicinales se utilizaban como ofrenda y como componentes de las pociones médicas u oferentes.

Los jardines egipcios, simétricos y rígidos, dan una idea de la civilización egipcia, tan propios que no admitían influencias exteriores, ni siquiera de la cercana Mesopotamia y sus paraísos; estos jardines son las antípodas de los jardines asiáticos.

Bibliografía [editar]

  • Segura Munguía, Santiago (2005). Los jardines en la Antigüedad. edición a cargo de Javier Torres Ripa. Premio Nacional al Mejor Libro Universitario de 2005, categoría mejor monografía. Bilbao: Universidad de Deusto. Departamento de Publicaciones. ISBN 978-84-7485-977-5. 

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