Isaías Duarte Cancino

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Isaias Duarte Cancino
Arzobispo de Cali
Isaias-duarte-cancino.jpg
Ordenación 1 de diciembre de 1963 por Héctor Rueda Hernández
Consagración episcopal 17 de junio de 1985 por Héctor Rueda Hernández
Nacimiento 15 de febrero de 1939 en San Gil, Santander, Bandera de Colombia Colombia
Fallecimiento 16 de Marzo de 2002
(63 años) en Cali, Bandera de ColombiaColombia
Profesión teólogo y filósofo
Alma máter Universidad Gregoriana
Ficha en catholic-hierarchy.org

Monseñor Isaías Duarte Cancino (San Gil, Santander, 15 de febrero de 1939 - Cali, Valle del Cauca, 16 de marzo de 2002) fue un sacerdote católico colombiano, que desde 1995 hasta el día de su muerte fue arzobispo de la Arquidiócesis de Cali.[1]

Trayectoria[editar]

Isaías Duarte Cancino nació en San Gil, departamento de Santander el 15 de febrero de 1939, en el hogar formado por Crisanto Duarte Pilonieta y Elisa Cancino Arenas. Fue el menor de siete hermanos. Hizo su bachillerato en Bucaramanga en el Colegio Santander.

Luego ingresó al seminario de Pamplona. En Roma, durante la Segunda Sesión del Concilio Vaticano II, fue ordenado sacerdote por el obispo Héctor Rueda Hernández, el 1.° de diciembre de 1963.


De regreso a Colombia[editar]

Incardinado en la Arquidiócesis de Bucaramanga, llegó a esta ciudad a finales de 1964. Era el primer seminarista de la diócesis que había concluido estudios en Roma y ahora neopresbítero.

Fue vicario cooperador de la Catedral de Bucaramanga, profesor en el Seminario Mayor de Pamplona, Párroco de la parroquia el Espíritu Santo en Bucaramanga, en la Catedral de la Sagrada Familia de Bucaramanga. Más tarde en la parroquia de San Juan de Girón y en la provincia de Garcia Rovira en la ciudad de Málaga. todos esos lugares de evangelización conocieron de su celo apostólico, de su fé acendrada y de su inquietud por dejar obras de beneficio espiritual y social.

Duarte colaboró en la formación de los sacerdotes en calidad de profesor y Director Espiritual, primero en Pamplona y luego en el naciente Seminario Mayor de Floridablanca. Además se desempeñó como director espiritual de los candidatos al sacerdocio en el Seminario de Bucaramanga y simultáneamente Vicario de Pastoral en la Arquidiócesis Bucaramanguesa.

El 10 de abril de 1985 fue nombrado obispo titular de Germania de Numidia y Auxiliar de Bucaramanga y fue consagrado el 17 de junio siguiente.[1] Era el primer Obispo Auxiliar del Arzobispo de Bucaramanga, y por entonces Presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor Héctor Rueda Hernández. Se merece destacarse su particular interés por establecer en la Arquidiócesis de Bucaramanga una sección de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Lo cual logró casi de inmediato y constituye hoy un hecho trascendental para la Iglesia, en su labor evangelizadora.

Urabá[editar]

El 18 de junio de 1988 fue nombrado como primer obispo de Diócesis de Apartadó, en el departamento de Antioquia, desgarrado girón de la Patria. En Urabá su servicio a la Iglesia lo transformaría para siempre pues Apartadó y toda esa zona del Urabá antioqueño era un territorio donde se libraba en esos momentos una lucha sin tregua entre diferentes grupos violentos para hacerse al dominio de las ricas y estratégicas tierras. En ese lugar conoció de primera mano la violencia cruel y despiadada del conflicto armado y entendió que en su servicio pastoral tenían que tener una importancia fundamental las víctimas inocentes de la violencia.

Allí aprendió en profundidad y en oración lo que significa ser Padre y Pastor; por eso, llevó a cabo un incontable número de obras en todos los campos y desarrolló lo que en boca de muchos fue una verdadera revolución educativa. Hasta su muerte estuvo convencido Mons. Isaías que educando al pueblo se evita la guerra y se fomenta la paz.

Durante estos siete intensos años pioneros de la Iglesia en esa región, se dedicó al trabajo pastoral, por la paz y al servicio del hombre de Urabá. Creó los Seminarios Menor y Mayor, seis colegios de secundaria como opciones para la formación de los jóvenes; promovió y apoyó la economía solidaria como alternativa del campesinado pobre y sectores populares; igualmente, creó una Comisión para la vida, justicia y paz, comprometiendo a los diferentes sectores de la población y gremios en el trabajo por la convivencia; convocó a los amigos de Urabá para analizar y buscar caminos de paz en esta martirizada región.

Promovió procesos de paz y participó en negociaciones con grupos de autodefensas campesinas, con el ejército popular de liberación (EPL) y con la corriente de renovación socialista y en los momentos de mayor contradicción política de Apartadó, logró tras muchas horas de empeño y sacrificio un consenso para la Alcaldía de este municipio. Su preocupación por la mujer víctima inocente de la violencia y de los huérfanos lo motivó a fundar el Centro de Atención de Viudas y Huérfanos “Compartir” para devolver la esperanza de vida y dignidad a la mujer, madre de esa nueva generación producto de la oscuridad. Además trabajó por las familias desplazadas, los individuos que buscaron la reinserción a la vida civil, los jóvenes campesinos sin estudio y demás problemas sociales que lo llevaron a apoyar proyectos para la solución de estos situaciones.

El contacto con violencia irracional, la violación de todos los derechos humanos y de una lucha sucia por hacerse al poder político y económico en la zona, hicieron que Monseñor Isaías asumiera en verdad y profundidad los rasgos de Jesús a través del amor por esa tierra y sus gentes. Anunció la verdad del Evangelio y denunció con valentía todo lo que no era cristiano, viniere de donde viniere, y luchó sin miedo ni fatiga por implantar la paz. Cuentan que se angustiaba y hasta sentía miedo por tanta violencia, pero no desistía de la búsqueda de la paz.

De esto dio fe: su trabajo insomne y perseverante, y la entrega total de su persona a la gente de Urabá, víctimas de la violencia más cruel y de las masacres más inhumanas. Su acción y entrega al servicio de la paz, la concordia y el respeto fueron tales que, trasladado a Cali, el entonces Señor Gobernador del Departamento de Antioquia, Doctor Álvaro Uribe Vélez, pidió al Santo Papa que no se les privara en Urabá y en toda Antioquia de la gracia de retenerlo en la Diócesis de Apartadó.


Premio de Paz[editar]

Porque él fue como una bandera blanca de paz y reconciliación ciudadana, en 1995 la Fundación “Alejandro Ángel Escobar” le otorgó el premio nacional de Paz que la misma fundación reserva para los más denodados hacedores de la paz. Y se destaca que el reconocimiento económico que conllevó dicho premio, Monseñor Duarte Cancino lo repartió íntegro en beneficio del trabajo por la Paz de Urabá y, más tarde, en apoyo financiero para la creación en Cali de la Escuela de Derechos Humanos.

Al otorgársele el premio de Paz por su labor pacificadora en Urabá, se dijo que él: "En esa región, donde se hacían presentes - como ahora - todas las formas de violencia, desarrolló Monseñor una labor que no se limitó al ejercicio de su cargo. Trabajó con todas las fuerzas sociales de la zona; lideró con la alcaldesa, de ese tiempo, el Consenso de Apartadó, un ejemplo nacional de gobernabilidad, que fortaleció los ideales de defensa de la vida y desarrollo y progreso social de esa región, sumida, por muchos años, en un conflicto armado que parecía de posiciones irreconciliable; cumplió un trabajo arduo con la Comisión Facilitadora de la Paz, creada por la Gobernación de Antioquia; fue Presidente de la Asociación de Amigos de Urabá".

Ideó el Programa de Pedagogía de la Tolerancia para que todos aprendieran a resolver pacíficamente los conflictos cotidianos. Fue el gran gestor y promotor de las "Comunidades Cristianas" de paz, que tanto bien le han hecho a los habitantes de esa región.


El Valle del Cauca[editar]

El 19 de agosto de 1995 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de la Arquidiócesis de Cali, en reemplazo de Monseñor Pedro Rubiano Sáenz. Tomó posesión el sábado 23 de septiembre subsiguiente.

El lema que escogió como Obispo caracterizó su presencia en la atormentada región de Urabá y su misión en Cali: Servir. No eligió, ser servido como amo y patrón, sino ser el servidor en la verdad y en el amor, de aquellos que Dios confía a su cuidado de Pastor y de Padre, según el mandamiento y el ejemplo mismo de Cristo.

Significativo fue el saludo que uno de los periódicos de Cali le hizo en primera página y a tres columnas en negrilla el día de su entronización en Cali: “Hoy -anunciaba el periódico- llega el Apóstol de la paz”.

Por eso, al demostrar su condición de “Apóstol de la Paz” en distintas acciones y circunstancias, no se prescindió de él, de sus luces y de su orientación para la búsqueda de la paz. Lo anterior explica por qué se le dio la presidencia de la Comisión Facilitadora de paz en Antioquia.

Cali vive tres funestos fenómenos de grandes proporciones: La delincuencia común, de los carteles de narcotraficantes y la guerrilla, esta última que protagonizó hechos que le dieron la vuelta al mundo como los secuestros en La Iglesia La Maria y el secuestro masivo del kilómetro 18 de la vía al mar. Célebre se hizo de ahí en adelante su frase: "Los queremos vivos, libres y en paz".

A lo anterior se le sumaba la grave situación económica que vive la ciudad durante su permanencia en Cali. De ahí el número tan grande de obras, más de 200 en lo material y en lo espiritual, que creó y consolidó allí durante siete años. Baste citar, el Centro de Espiritualidad, el Centro de Catequesis, la Universidad Lumen Gentium, el Banco Arquidiocesano de Alimentos, el Centro de Investigación y más de 27 colegios en donde se repartía a la par el pan intelectual, y el pan que sacia el hambre corporal, y 42 parroquias, especialmente en barrios populares. Como apóstol y constructor de la paz, amigo de los jóvenes y maestro de reconciliación por se experiencia en Urabá, creó la Comisión Arquidiocesana Vida, Justicia y Paz para desarrollar la promoción de la vivencia de los Derechos Humanos en el individuo, la familia y comunidad caleña.

Muerte[editar]

Monseñor Duarte Cancino fue un fuerte crítico de las guerrillas colombianas como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), y de grupos de narcotraficantes y asociados, sobre todo tras el secuestro en la Iglesia La María perpetrado por el ELN, a los que públicamente excomulgó.[2]

Fue asesinado el 16 de marzo de 2002 por dos hombres armados que le dispararon cuando salía de una ceremonia religiosa (matrimonio colectivo de más de cien parejas en la iglesia del Buen Pastor, distrito de Aguablanca) en Cali. El papa Juan Pablo II expresó su dolor por el asesinato del arzobispo de Cali y exhortó a los colombianos a proseguir por las vías del diálogo y a rechazar cualquier tipo de violencia, chantajes y secuestros de personas.[3]

Sus honras fúnebres tuvieron lugar el martes 19 de marzo y fueron presididas por el Eminentísimo Cardenal Pedro Rubiano Sáenz, arzobispo de Bogotá, en presencia de más de 70 obispos de toda América Latina que se desplazaron hasta la ciudad de Cali, del Presidente de Colombia Andrés Pastrana y su gabinete, candidatos presidenciales, autoridades civiles, eclesiásticas y militares del Valle del cauca y más de 20 000 fieles que lo acompañaron en la plaza de Caicedo en frente de la Catedral.

Monseñor Duarte Cancino es el prelado católico de mayor jerarquía en Colombia en ser asesinado en los más de 60 años de conflicto armado interno.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]


Predecesor:
Pedro Rubiano Sáenz
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Arzobispo Metropolitano de Cali
19 de agosto de 1995 - 16 de marzo de 2002
Sucesor:
JUAN FRANCISCO SARASTI JARAMILLO
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Obispo de Apartadó
19 de agosto de 1988 -
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