Instituto secular

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Instituto secular es la denominación que recibe en la Iglesia católica una asociación para personas laicas que profesan los tres consejos evangélicos obligatorios (castidad, pobreza y obediencia) por un vínculo sagrado, en virtud del cual entregan la propia vida al seguimiento de Cristo y al apostolado de la Iglesia, comprometiéndose en la santificación del mundo trabajando desde dentro de él (can. 710), siguiendo una constitución específica para su instituto. Junto con los Institutos religiosos, las Sociedades de Vida Apostólica, el Orden de las vírgenes, la vida eremítica y las denominadas nuevas formas de vida consagrada componen el estado de la vida consagrada, caracterizado por la profesión o el compromiso de seguimiento de los consejos evangélicos en la Iglesia católica. Los Institutos seculares reúnen a hombres o mujeres (separadamente).

El apelativo seculares subraya que aquellos que profesan este estado de vida consagrada no modifican la condición que tienen en el siglo y que continúan viviendo y actuando en medio del pueblo de Dios sin salir del propio ambiente social (can. 711; can. 713 § 2) según el modo de vida secular que les es propio.

Dichos Institutos seculares pueden ser clericales o laicales, masculinos o femeninos.

Historia[editar]

Los Institutos seculares, si bien tienen precedentes históricos desde finales del s. XVI, obtuvieron reconocimiento jurídico y fueron encuadrados entre los estados de vida consagrada aprobados por la Iglesia en el siglo XX, el 2 de febrero de 1947, con la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia. El primer Instituto Secular fue el Opus Dei, al comienzo de su itinerario jurídico que terminó en 1982 con la figura de prelatura personal.

Los Institutos seculares en el Código de 1983[editar]

El Código de Derecho Canónico promulgado por Juan Pablo II en 1983 en el libro Segundo, que trata sobre el pueblo de Dios, contiene un capítulo completo sobre los Institutos seculares (Capítulo 8): cánones 710 al 730 inclusive.

Normas de vida[editar]

La naturaleza de los institutos seculares permite a sus miembros vivir con sus familiares, en grupo (sin ser comunidad) o solos, pues los consagrados seculares no dejan de ser laicos.

El apostolado de institutos seculares incluye todo el estilo de vida de los miembros en sus oficios, profesiones o en el servicio a los demás. En algunas ocasiones, ayudan en actividades parroquiales o diocesanas.

Regularmente se reúnen con otros miembros de la asociación local, regional y nacional, para compartir días de recogimiento y retiro, también suelen reunirse para socializar al igual que en conferencias nacionales e internacionales. Hay verdaderos y fuertes lazos de comunión entre los miembros de un instituto.

Los institutos seculares, en la humildad de sus medios pero en la confianza que les viene de su vocación, se proponen realizar el modelo de relación entre la Iglesia y el mundo.

No se puede dejar de ver la coincidencia entre el carisma de los institutos seculares y la que ha sido una de las líneas más importantes y más claras del concilio: la presencia de la Iglesia en el mundo. Estos institutos, en virtud de su carisma de secularidad consagrada, aparecen como instrumentos para encarnar este espíritu y transmitirlo a toda la Iglesia.

Si permanecen fieles a su propia vocación, los institutos seculares se convertirán en "el laboratorio experimental en el cual la Iglesia verifique las modalidades concretas de sus relaciones con el mundo. (Pablo VI;25-3-76)


Lista de Institutos seculares aprobados[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]