Inmigración japonesa en Colombia

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Bandera de Colombia Japoneses en Colombia Bandera de Japón
日系コロンビア人
Población censal 1230 inmigrantes japoneses,
Descendencia estimada 1.800 descendientes [1]
Idiomas Español colombiano, Japonés
Religiones Budismo,[2] Catolicismo, Shintoismo
Migraciones relacionadas Inmigración japonesa en Brasil
Inmigración japonesa en el Perú
Asentamientos y comunidades activas
1.º Valle del Cauca
2.º Bogotá D.C.
3.º Barranquilla
4.º Cali


La inmigración japonesa en Colombia se destaca tanto como en países vecinos como Perú y Brasil, es debida a los planes de inmigración planteados por ambos gobiernos, los cuales se llegaron a concretar y sería idealizados por libros como La María de Jorge Isaacs.

Historia[editar]

Según variadas fuentes, se asegura que la inmigración japonesa a Colombia se sucedería en tres periodos plenamente identificables, y siendo finalmente el único concreto el sucedido en el año de 1929.[3] [4]

Primer acercamiento (1903 - 1910)[editar]

Según la obra de Toraji Irie sobre la inmigración japonesa a naciones de ultramar, menciona que después de 1903, año en el que Colombia perdió el Istmo de Panamá, el país se sintió amenazado; y con la necesidad de protegerse de una posterior intervención de los Estados Unidos, comienza a solicitar ayuda externa a diferentes naciones, entre ellas a Japón. Luego de las debidas visitas a las misiones diplomáticas y correspondientes gobiernos, en el viaje que hizo Antonio Izquierdo a Japón en 1908, se presumió que se tuvo la idea según palabras de Irie -de solicitar por encargo ayuda en temas tales como la agricultura- a Japón para que se pemitiese la emigración de al menos 100.000 trabajadores.[5]

Irie, en su obra; no menciona la fuente de información de donde tomó éste y otros datos relacionados con la visita de Izquierdo a Japón y su posterior regreso a Colombia. La mencionada visita por Irie que hizo Izquierdo de la Torre en 1908, la cual incluyó Japón y otros países del Asia, la presentó Izquierdo al Congreso de la República en 1909 Según sus palabras:

Estoy tratando el asunto inmigración de japoneses para Colombia, y especialmente para la costa del Pacífico… Los trabajadores irían

destinados para trabajos agrícolas y para los ferrocarriles... Dos de las compañías de emigración con quienes estoy celebrando contratos tienen

vapores que me prometen hacer tocar en nuestros puertos del Pacífico.[6]

Durante su visita a Japón, Izquierdo menciona que se firmaron contratos adreferéndum, y en los cuales se esperaba solamente la firma del tratado comercial entre Colombia y Japón para enviar dos comisionados a estudiar la situación de Colombia, con el objetivo, de ser posible; la promoción a la inmigración de sus nativos a dicho país.[7]

El representante Izquierdo no menciona ningún número posible de emigrantes, sólo dice acerca de un jardinero de quien hace mención Izquierdo le había sido encargado por el presidente de la República, Rafael Reyes. Daniel Ortega Ricaurte menciona de la finca que el General Reyes tenía en Chapinero y del jardinero japonés.

Este jardinero, Tomohiro Kawaguchi, es el primer emigrante japonés a Colombia de quien se conoce su nombre y oficio. De él también se sabe que trabajó en el embellecimiento del Bosque de San Diego, terreno de propiedad de Antonio Izquierdo, en donde tuvo lugar la Exposición Industrial de 1910. Al finalizar la exposición, el terreno se convirtió en el Parque de la Independencia.

Una vez ratificado el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre las dos naciones, el 10 de diciembre de 1908, el Gobierno japonés cumplió con lo prometido a Izquierdo de enviar un representante para investigar las condiciones del país con miras a una futura emigración. Un periódico en Tokio había publicado una nota en la que menciona que a pesar de haber transcurrido un año desde la firma del tratado y no haberse aún iniciado las relaciones comerciales y diplomáticas, se esperaba el futuro desarrollo de ellas y la emigración a ese gran territorio.

Ryôji Noda, quien era secretario de los consulados en Perú y Brasil, además de un experto consejero del Gobierno japonés en asuntos de inmigración a Sudamérica, le encomendaron la misión en esta ocasión. A su regreso a Japón presentó un informe de su recorrido por Colombia al Ministerio de Relaciones Exteriores de su Gobierno. En éste, Noda se abstuvo de recomendar la emigración a Colombia por varias razones, entre otras: la falta de una ruta directa de navegación, lo que haría el viaje muy largo y costoso; las deficientes condiciones internas de comunicación en Colombia, lo que haría difícil entrar y salir del país; la enorme extensión ocupada por escarpadas montañas; la falta de variedad de productos agrícolas y las periódicas inundaciones en las fértiles zonas de los ríos Magdalena y Cauca. Noda predijo, sin embargo, que de lograrse en un futuro la emigración a Colombia, él veía el sur del Valle del Cauca, en especial la parte comprendida entre Santander de Quilichao al sur y Cartago al norte, como una región prometedora.[8]

Ésta área geográfica de Colombia sería la que posterior y precisamente, veinte años más tarde; la que comenzaron a ocupar los inmigrantes japoneses, inicialmente como agricultores. El informe negativo de Noda se unió casualmente a la crisis política que estaba sufriendo el país, y como parte de ella el abandono del poder del General Reyes, bajo cuya presidencia se había firmado el tratado entre los dos países, y época en la que había nacido el interés por parte de Colombia en la inmigración de trabajadores japoneses.

Segundo acercamiento (1929 - 1960)[editar]

El asunto de buscar trabajadores en Japón volvió a presentarse en 1920, cuando el General Reyes se ofreció a viajar y a hacer él mismo los contratos. Esta iniciativa se debió a la propuesta que la Sociedad de Agricultores de Colombia enviara a los ministerios de Relaciones Exteriores y de Agricultura y Comercio, llamando la atención del Gobierno sobre la falta de trabajadores agrícolas a causa del incremento de trabajadores en las ferrovías.

La Sociedad proponía al Gobierno enviar una misión a Japón para negociar este asunto, dado que "la inmigración japonesa parece ser la más apropiada para Colombia". La misión nunca partió y el asunto se archivó, En 1926, la Companía de Emigración de ultramar, proveniente de Fukuoka; había comisionado a dos de sus empleados, Yûzô Takeshima y Tokuhisa Makijima para que hiceran un viaje exploratorio por Colombia en busca de un lugar apropiado para establecer una colonia agrícola. Takahiko Wakabayashi, el cónsul japonés en Panamá, los acompañó en el recorrido que hicieron entre otros lugares por Bogotá, Medellín y Barranquilla, la Sabana de Bogotá, los valles del Cauca y del Magdalena.

Su visita por Colombia la hicieron en privado, sin tener ningún contacto con el Ministerio de Industrias que tenía la facultad de aprobar los proyectos para futuros inmigrantes, como tampoco solicitaron terrenos baldíos para los futuros inmigrantes como sí lo habían hecho. A su regreso a Tokio, la compañía de emigración presentó al Ministerio de Relaciones Exteriores los informes del primero y un segundo viaje a Colombia para obtener la aprobación del proyecto de emigración. una vez obtenida ésta, la compañía, con la asesoría que recibió de los emigrantes japoneses radicados en Cali y Palmira, compró un terreno en el departamento del Cauca para establecer el programa agrícola con las primeras diez familias de emigrantes.

No fue fácil para la compañía de emigración encontrar familias dispuestas a emigrar. Ello era comprensible, ya que Colombia entonces era un país totalmente desconocido en Fukuoka y hasta la fecha no había habido nadie que hubiera regresado para contar sus experiencias, ni tampoco había cartas de emigrantes anteriores. "Inmigrantes que habían tenido éxito por lo general animaban a sus parientes, vecinos y amigos a compartir su buena suerte", dice con mucha razón Staniford en su estudio sobre una colonia japonesa en Brasil.

Brasil y Perú eran los dos países más conocidos en Japón para emigrar, Por ejemplo, dos de las familias que emigraron a Colombia habían vivido anteriormente en Perú, y dos de los emigrantes dijeron que originariamente habían deseado ir a Brasil. Uno cambió de opinión después de haberse informado sobre Colombia en la revista de emigración, y una vez las primeras cinco familias estuvieron listas para emigrar, la compañía de emigración se acercó al consulado colombiano en Yokohama a solicitar la visa de los emigrantes. El Cónsul pidió la autorización al Ministerio de Industrias de Bogotá, que negó su expedición. La compañía se alarmó y buscó la ayuda del antiguo secretario de la Legación en Perú, Jôji Amari, que se encontraba de vuelta en Japón.

Aquellos que se dirigieron a la región del Valle del Cauca hicieron contratos de trabajo 25 con los que les habían precedido, sin interferencia alguna de la compañía. La actividad de ésta terminó en 1935 al finalizar el compromiso del establecimiento de la colonia agrícola con veinte familias, mientras que Los inmigrantes japoneses de Barranquilla pusieron en práctica un sistema de crédito rotativo llamado tanomoshiko. Este no requiere la firma de documentos ni el respaldo del fiador, ambos comunes en la compleja organización bancaria, sino que está basado en la confianza mutua. No hay interés y si lo hay es muy bajo, lo que hace el crédito accesible 31 a todos los socios de la organización. Gracias a este fondo común, los participantes no tienen la necesidad de acudir a los bancos locales con riesgo de recibir una negativa. El dinero prestado ayudaba unas veces a quien estaba en necesidad urgente y otras a mejorar las instalaciones de la barbería.

Sobrevino el ataque aéreo a Pearl Harbor y luego la Guerra del Pacífico, lo que afectó a los japoneses que estaban viviendo en los países extranjeros. Colombia rompió relaciones diplomáticas con Japón un día después de lo ocurrido en Hawai. Las reuniones de los de Barranquilla se terminaron, puesto que quedó prohibido que se reunieran más de tres japoneses. Los habitantes del Valle del Cauca perdieron la libertad de movimiento sin el salvoconducto expedido por la Policía. Colombia permitió la repatriación de todos los funcionarios de la Legación japonesa y de otros residentes a través de los Estados Unidos. Trece países latinoamericanos, entre ellos Colombia, cooperaron con los Estados Unidos en la captura y deportación de los ciudadanos de los países del Eje. Algunos de los inmigrantes de la colonia El Jagual y otros pocos de Barranquilla fueron detenidos y trasladados al Hotel Sabaneta en Fusagasugá. El hotel fue convertido en un campo de internamiento para los ciudadanos alemanes, japoneses e italianos hasta que terminó la guerra en Europa y Asia.

Los últimos en abandonar el lugar de detención, de la cual tuvieron que pagar los gastos de hospedaje y alojamiento, fueron los japoneses. El 6 de septiembre de 1945, cuatro días después de que el General MacArthur aceptara la declaración formal de la derrota de Japón, los dejaron en libertad. En suma, para los japoneses residentes en Colombia, la guerra no significó otras cosa que sufrimientos, separación de las familias y dificultades económicas. El cierre del crédito y las transacciones bancarias, la congelación de sus bienes y la inclusión de sus nombres en la llamada lista negra, significó pérdidas de lo que con tanto esfuerzo y sacrificio habían alcanzado con su trabajo. En algunas partes les negaron hacer las compras y en las calles les profirieron palabras ofensivas. En fin, fue un tiempo muy duro que les hizo caer en la cuenta de que eran una minoría étnica vulnerable, que eran vistos como extraños e indeseables, y que estaban expuestos a recibir en cualquier momento malos tratos del Gobierno y de la gente colombiana. Su reacción, especialmente en la región del Valle del Cauca, fue de unión y ayuda mutua. Comenzaron a crear asociaciones en las que se sentían cómodos, seguros y unidos, y recordaron sus propias raíces culturales dignas de orgullo.

Después de la 2da. guerra mundial (1960 - Actualidad)[editar]

En 1960, un grupo de 17 hombres fue contratado para la zona bananera de Tumaco, pero el proyecto no tuvo el éxito que esperaban. Al fracasar el proyecto, 14 de ellos se quedaron en Colombia. Ellos establecieron lazos de trabajo y de unión familiar con los anteriores agricultores de Corinto, que para entonces se habían dispersado por algunas zonas del Valle del Cauca, ampliando de esta manera el número de los agricultores japoneses en el sur de Colombia. La barbería fue el oficio más popular entre los japoneses que vivían en la Costa Atlántica. Otras actividades tales como el cultivo de hortalizas, venta callejera de raspados de hielo, administración de tiendas de abarrotes y bares de su propiedad con juegos de billar, completaron las actividades que les aseguró un ingreso económico. Ejercer el oficio de barbero, el cual fue bastante popular entre los japoneses que vivían en Panamá, tenía la ventaja de poder aprenderlo y trabajar de ayudante con otro japonés para ganar experiencia. No requería de mucho capital inicial y se podía trabajar en compañía o independientemente. Bastaba con un equipo y muebles sencillos. Lo que sí exigía el oficio era limpieza y destreza manual. Los barberos japoneses en Barranquilla adquirieron la reputación de ser limpios, cuidadosos y suaves. Su fama les ganó el apelativo de manitos de seda.

Mientras que los inmigrantes en la Costa norte sobresalieron en el oficio de la barbería, los que migraron al interior destacaron en la jardinería y la agricultura. Los jardineros japoneses gozaron de una posición superior a la del jardinero local. La gente no los vio como simples cortadores del césped, sino dotados de la capacidad de crear algo original. En un comienzo, los descendientes de japoneses que fueron a su país en busca de trabajo, lo hicieron a través de los intermediarios. En el caso de Colombia, un subcontratista que en el año 1991 estaba haciendo un recorrido por otros países de Sur América en busca de trabajadores de origen japonés, hizo el contacto inicial a través de las asociaciones colombo-japonesas en Cali y Barranquilla. En este primer año, 40 personas se inscribieron para trabajar en Japón, siendo un poco mayor el número de hombres que de mujeres. Al comienzo viajaron solos y después de pasado un tiempo,comenzaron a llevar sus familias que se habían quedado en Colombia.

Para los emigrantes que desconocían Japón, el idioma y las costumbres, fue ventajoso el contacto con las firmas contratistas. A través suyo consiguieron préstamos para financiar el viaje, recibieron ayuda en el trámite de los papeles oficiales con la sección de inmigración, encontraron empleo fácilmente y alojamiento cerca del trabajo. Pasados los años iniciales de ajuste al trabajo, y gracias a tener ya establecido sus propios contactos y ampliado sus relaciones personales y de trabajo, los nikkei se han vuelto más independientes. No les es necesario recurrir a las firmas contratistas para conseguir un nuevo empleo, sino que pueden hacerlo directamente o a través de familiares y amigos.

Los trabajadores nikkei continúan desempeñando un papel importante en la sociedad japonesa por cuanto ayudan a cubrir áreas de trabajo en donde escasea la mano de obra, el privilegio que se les ha otorgado les permite emplearse en cualquier tipo de trabajo y ello es una ventaja que tienen sobre todos los demás extranjeros en Japón. La mayoría de los descendientes de japoneses se encuentran trabajando en la industria manufacturera y de construcción o en el procesamiento de pescado. Por lo general laboran por contrato de tiempo limitado y reciben el salario de acuerdo con las horas trabajadas, Algunos de los nikkei colombianos, que comenzaron como el resto de sus compañeros realizando los trabajos duros y pesados de las fábricas, gozan de posiciones que son acordes con su entrenamiento profesional.

A pesar de haber transcurrido más de una década desde que se aprobó la reforma a la ley de inmigración y del consiguiente flujo de trabajadores nikkeijin, las preocupaciones básicas de los inmigrantes no han cambiado. Ellas continúan siendo la educación de los hijos, la falta de un seguro social que los cubra en caso de enfermedad o accidente y la falta de una pensión en el futuro cuando cesen de trabajar.

En cuanto a la educación, quizá el problema más serio se presenta cuando los niños no tienen suficiente conocimiento del idioma japonés y sus padres tampoco pueden ayudarles con las tareas escolares. El resultado es el abandono de la escuela durante los años de educación obligatoria. Muchos hijos de inmigrantes no reciben la educación adecuada en Japón ni en el país de origen, siendo pocos los que completan la educación superior y universitaria. La falta del seguro social y de jubilación que angustia al inmigrante que se está haciendo mayor en Japón, se debe en parte a que las compañías tratan de evitar el pago obligatorio para sus empleados, ofreciéndoles contratos a corto plazo o por horas Además de que los inmigrantes mismos, que se sienten inciertos de cuándo van a regresar a su país, tampoco quieren aportar con la cuota del seguro social.

Hasta la fecha, se han formado una asociación como sí las tienen los nikkei de Brasil y Perú. Los nikkei colombianos, que son relativamente pocos, viven en zonas bastante separadas unas de otras, lo cual hace muy difícil reunirse. Todas estas comunidades viven muy ocupadas dadas las labores de sus miembors en su cotidianeidad, y así mismo el socializar con extraños, aún cuando provengan del mismo país, es un lujo que no pueden permitirse. La vida social fuera del círculo familiar la comparten con otros inmigrantes de origen japonés que viven cerca o que trabajan en el mismo lugar. En varios sitios se encuentran tiendas y restaurantes de comidas de Brasil y Perú, cosa que hasta ahor se empieza a popularizar, gracias al repentino auge de la cultura nipona en el mundo.

Aquí se reúnen los inmigrantes para hacer las compras, socializar y conseguir nuevas amistades. Debido a que la gran mayoría de los inmigrantes nikkei proviene de Brasil, el portugués es el segundo idioma después del japonés en el lugar de trabajo, en las agencias de viaje y en los restaurantes y tiendas de comida atendidas por brasileños. Para los hablantes de español entender y aprender portugués es fácil y viceversa. Esto ha facilitado la comunicación entre los nikkei y en los lugares de trabajo o de residencia.

Demografía de los colombo-japoneses[editar]

A partir de la promulgación de la revisión de la ley de inmigración en 1989, el flujo de personas procedentes de los países latinoamericanos aumentó muy rápido en corto tiempo. Mientras que en 1984 la población de latinoamericanos residentes en Japón sólo llegaba a 4.260 personas, en 1990 aumentó a 72.673 y en 1995 se había triplicado a 223.812. Los colombianos, que en 1984 eran 232, en 1990 sumaron 425 y en 1995 el número alcanzaba 1.367 personas.[9]

Estas cifras no discriminan la población nikkeijin de quienes no tienen ascendencia japonesa. Se estima que la población nikkei se ha estabilizado actualmente en 240.000 personas. Para el caso de Colombia, su número es de aproximadamente 300 personas, lo cual representa el 12% de la población nikkei de Colombia, cuyo número se estima en 2.500 personas.

Cultura[editar]

Hay películas que retratan en sí el aspecto romántico de la inmigración japonesa en Colombia, es el caso del filme "El Sueño del Paraíso", rodada en el año 2006 y exhibida en el 2007, donde el realizador Carlos Palau recreó la historia de dicha comunidad y su acercamiento al país a través de a novela "María" escrita por Jorge Isaacs.

En ella se retrata su difícil adaptación, al que transcurre en el periodo de la guerra en el pacífico, y tras la que Colombia, como gobierno aliado de Estados Unidos decide separar de la sociedad a italianos, alemanes y japoneses, aparte de hacerles casi párias y los recluye en centros de separación para evitar posibles fugas y atentados contra el país.[cita requerida]

Costumbres[editar]

Reconocimientos a sus aportes[editar]

La Gobernación del Valle del Cauca en varias ocasiones ha hecho público reconocimiento de su contribución al desarrollo de la región con el otorgamiento de menciones a los inmigrantes destacados.[10]

La prosperidad económica les permitió una rápida movilidad social. Su honestidad en el cumplimiento de los negocios les abrió las puertas del éxito, además de que la excelente educación en referencia a su cultura de holgadez en el gasto les facilitó formar sus propias asociaciones, que en un comienzo fueron como una puerta de entrada para acercarse a la sociedad colombiana. También les hizo posible tener su propio club social, viajar a Japón, rodearse de objetos decorativos japoneses en sus casas, sembrar las huertas caseras con semillas importadas de Japón y tener en sus casas jardines de estilo japonés.[11]

Todos estos elementos, que actualmente rodean la vida en Colombia de los inmigrantes y sus descendientes, han contribuido a reforzar el sentido de pertenencia al grupo étnico y cultural del cual hacen parte. Instituciones tales como las asociaciones Colombo-Japonesas en Bogotá, Barranquilla y Cali, y en esta última la presencia de la asociación "Tenri-kyo" y en Palmira de "Seicho no ie", también han contribuido a mantener vivas las relaciones y el contacto permanente de los familiares y amigos que comparten la ascendencia japonesa.

Algunas asociaciones y actividades económicas destacadas[editar]

Industria[editar]

  • SAJA (Sociedad de Agricultores Japoneses Asociados)
  • C.C.A.

Entretenimiento[editar]

Cadenas de Televisión

Personalidades destacadas[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]