Imperio Vijayanagara
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Monarquía hereditaria |
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| Capital | Hampi | |||
| Idioma oficial | telugú, kannada, tamil, sánscrito | |||
| Religión | Hinduismo | |||
| Gobierno | Monarquía hereditaria | |||
| Período histórico | Edad Media Renacimiento Edad Moderna |
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| • Fundación por Harihara I y Bukka Raya I | 1336 | |||
| • Conquista por los Sultanatos del Decán | 1646 | |||
El imperio Vijayanagara fue un imperio del sur de la India que se extendió por la meseta del Decán. En kannada se le conoce por ವಿಜಯನಗರ ಸಾಮ್ರಾಜ್ಯ, y en telugú: విజయనగర సామ్రాజ్యము.
Fue creado en 1336 por Harihara I y su hermano Bukka Raya I. Existió hasta 1646, si bien entró en decadencia tras una aplastante derrota militar contra los sultanatos del Decán en 1565. El imperio recibe el nombre de su capital Vijayanagara (en español: ‘la ciudad de la victoria’), cuyas ruinas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, rodean la moderna localidad de Hampi en el estado de Karnataka. Las crónicas de los viajeros de la época como Duarte Barbosa, Domingo Paes, Fernão Nunes y Niccolò Da Conti; y los registros locales nos brindan información crucial sobre su historia. Las excavaciones arqueológicas revelan el poder y riqueza de este imperio.
El legado del imperio incluye gran cantidad de monumentos dispersos por todo el sur de la India, si bien los restos más importantes son los de Hampi. Las antiguas tradiciones arquitectónicas de la India se combinan en el estilo propio de Vijayanagara. La unión de creencias y lenguas inspiró las innovaciones aplicadas a los templos de tradición hindú, primero en el Decán y después entre las demás culturas del imperio mediante el uso de materiales disponibles en cada lugar. Las estructuras más antiguas muestran influencias del sultanato de Delhi.
Una administración eficiente e intensos intercambios comerciales marítimos proveyeron al imperio de las últimas tecnologías, como el empleo de sistemas de control del agua sobre los regadíos. El patrocinio imperial incentivó las bellas artes y floreció la literatura en kannada, telugu, tamil y sánscrito, mientras que la música carnática evolucionó hasta adoptar las reglas actuales. El imperio Vijayanagara fue un punto de inflexión en la historia del subcontinente que trascendió los regionalismos promoviendo el Hinduismo como factor de unión.
Tabla de contenidos |
[editar] Historia
Con relación al origen del imperio Vijayanagara circulan varias teorías: algunas fuentes indican que Harihara I y Bukka Raya I, fundadores del imperio, fueron nobles telugú de la dinastía Kakatiya, que se había apropiado de los territorios septentrionales del imperio Hoysala, en descomposición. Otros historiadores proponen que fueron Kannadigas y comandantes de las fuerzas del ejército hoysala destacadas en Tungabhadra para prevenir una invasión musulmana desde el norte.
Más allá de su origen, los historiadores están de acuerdo en que los hermanos fueron apoyados e inspirados por Vidyaranya, un monje del monasterio de Sringeri, para que impidiesen la penetración de los musulmanes en el sur de la India. El estudio de escritos de algunos viajeros medievales a su paso por el imperio y las excavaciones más recientes en el principado de Vijayanagara han sacado a la luz ingente información sobre su historia, fortificaciones y desarrollo tecnológico y arquitectónico.
Antes de la aparición del imperio a principios del siglo XIV, los reinos hindúes del Decán, los Seuna Yadava de Devagiri, la dinastía Kakatiya de Warangal, el reino Pandya de Madurai y el pequeño reino de Kampili habían sufrido periódicamente invasiones musulmanas desde el norte, y hacia 1336 habían sido derrotados por Alla-ud-din Khilji y Muhammad bin Tughluq, los sultanes de Delhi. El imperio Hoysala hindú era el último obstáculo para la dominación absoluta del subcontinente. Tras la muerte del rey de Hoysala Vira Ballala III en una batalla contra el sultanato de Madurai en 1343, el imperio Hoysala fue absorbido por el naciente imperio Vijayanagara.
Durante las dos primeras décadas tras la fundación del imperio, Harihara I se hizo con el control de la mayor parte del territorio al sur del río Tungabhadra, lo que le valió el título de Purva Paschima Samudra Adhishavara (señor de los océanos de Oriente y Occidente). Hacia 1374, Bukka Raya I, sucesor de Harihara I, se había anexionado los territorios del señorío de Arcot, de la dinastía Reddy de Kondavidu, del sultanato de Madurai y había extendido sus dominios hasta Goa en el oeste y el doab (lengua de tierra entre dos ríos) de los ríos Tungabhadra y Krishna al norte. Llegó a recibir tributo de la isla de Lanka y a intercambiar embajadas con la dinastía Ming de China. La primera capital estaba enclavada en el principado de Anegondi, en la orilla norte del río Tungabhadra en lo que hoy es Karnataka, y Bukka Raya I la trasladó a Vijayanagara, al sur del río.
Con un imperio en sus manos, Harihara II, el segundo hijo de Bukka Raya I, expandió el reino más allá del río Krishna y consolidó su posición mediante la dominación de todo el sur de la India. El siguiente gobernante, Deva Raya I, se enfrentó con éxito a los Gajapati de Orissa y emprendió grandes proyectos de fortificación y regadío. Deva Raya II (llamado Gajabetekara) le sucedió en 1424 y fue probablemente el más hábil de los gobernantes de la dinastía Sangama. Sofocó una rebelión emprendida por los nobles de Kollam y mantuvo a raya al Samoothiri (gobernante) de Kozhikode. Invadió la isla de Lanka y sometió a los reyes de Pegu y Tanasserim, en la actual Birmania. El imperio entró en crisis hacia finales del siglo XV hasta las intervenciones del comandante Saluva Narasimha Deva Raya en 1485 y el general Tuluva Narasa Nayaka en 1491. Tras veinte años de inestabilidad y rebeliones, ascendió al trono Krishna Deva Raya, hijo de Tuluva Narasa Nayaka.
A lo largo de las siguientes décadas, el imperio restableció su control de la península india y rechazó las invasiones de los cinco sultanatos del Decán. El imperio entró en una Edad de Oro, las batallas que libraba se contaban por victorias. El imperio se anexionó áreas que habían permanecido históricamente bajo el control de los sultanatos del norte, y territorios al este del Decán, incluyendo Kalinga, a la vez que mantuvo su control sobre sus vasallos del sur. Durante ésta época se completaron y encargaron muchos grandes monumentos.
A Krishna Deva Raya le siguieron Achyuta Raya en 1530 y Sadasiva Raya en 1542, si bien el poder efectivo recayó en las manos de Aliya Rama Raya, yerno de Krishna Deva Raya, cuya relación con los sultanatos del Decán que se habían aliado contra él ha sido objeto de controversias.
La repentina muerte de Aliya Rama Raya el año 1565 en la batalla de Talikota contra la alianza formada por los sultanatos del Decán en lo que se anunciaba como una clara victoria para Vijayanagara, hundió a las filas imperiales en el caos. El imperio Vijayanagara no sólo sufrió una severa derrota: Hampi fue ocupada, saqueada y destruida. La ciudad nunca fue rehabilitada, y sus ruinas permanecen intactas hoy en día. Tirumala Raya, el único comandante que sobrevivió, abandonó Vijayanagara y marchó hacia Penukonda con 550 elefantes cargados de riquezas.
El imperio poco a poco entró en declive, a pesar de que se mantuvieron las relaciones comerciales con Portugal, y al imperio Británico se le cedieron una serie de territorios, donde más tarde se erigió la ciudad de Madrás. A Tirumala Deva Raya le sucedió su hijo Sriranga I, y a la muerte de éste sin descendencia ascendió al trono su hermano menor, Venkata II, que ante las continuas pérdidas de territorio se vio forzado a trasladar la capital a Chandragiri, si bien finalmente consiguió repeler los ataques del sultanato Bahmani y conservar Penukonda. En 1614 nombró sucesor a Sriranga II, pero la decisión originó conflictos entre la nobleza y Sriranga II fue asesinado. Tras una cruenta guerra civil de tres años, se proclamó rey a Ramadeva, hasta su fallecimiento en 1632. Su sucesor, Venkata III, trasladó la capital a Vellore después de ser sorprendido por una rebelión liderada por su sobrino en 1638. Falleció en 1642 en extrañas circunstancias, y su sobrino se hizo con el poder con el nombre de Srinanga III.
Finalmente, lo que quedaba del imperio fue conquistado en 1646 por los ejércitos de Bijapur y Golkonda. Los principales vasallos del Imperio —el reino de Mysore, Keladi Nayaka, los Nayaka de Madurai, la dinastía Nayaka de Tanjore, la Nayaka de Chitradurga y el Reino Nayaka de Gingee— se declararon independientes, y resultarían cruciales en el devenir del sur de la India durante siglos. Los reinos Nayaka sobrevivieron hasta el siglo XVIII, y el reino de Mysore se mantuvo como principado independiente hasta la Independencia de la India aunque fue administrada por el Raj británico desde la muerte en 1799 del sultán Tippu.
[editar] Gobierno
Los gobernantes del imperio Vijayanagara adoptaron la administración que en su día aplicaron los reinos de Hoysala, Kakatiya y Pandya: el rey era la autoridad suprema, pero le asistía un consejo de ministros (pradhana) con un valido al frente (mahapradhana). Otros cargos de gobierno lo suficientemente importantes como para ser grabados en piedra eran el secretario de estado (karia karta o raya-swami) y los oficiales imperiales (adhikari). Todos los ministros y altos cargos, para optar al puesto, debían demostrar experiencia en tácticas militares. En una secretaría anexa al palacio real se empleaba a escribas y otros oficiales que organizaban la burocracia del imperio; los comunicados y leyes eran firmados con sellos de cera con el emblema del rey. A un nivel inferior, los terratenientes feudales más acaudalados (goudas) supervisaban a los contables (karanikas o karnam) y guardias de palacio (kavalu). La administración de palacio estaba dividida en 72 departamentos (niyogas) en los que se empleaba a una gran cantidad de mujeres elegidas por su juventud y belleza (algunas extranjeras o capturadas como botín de guerra), a las que previamente se había instruido en tareas administrativas sencillas y en el servicio a la nobleza, ya fuese como cortesanas o como concubinas.
El imperio estaba dividido en cinco grandes provincias (rajya o ‘reinos’), cada una bajo control de un comandante supremo (danda-nayaka o danda-natha) y administradas por un gobernador, generalmente perteneciente a la familia real, que utilizaba los idiomas locales para agilizar la administración. Un rajya se dividía en regiones (visahaya vente o kottam), y éstas en condados (sime o nadu), que a su vez se subdividían en municipios (kampana o sthala). Las familias nobles administraban y heredaban sus propios territorios y rendían tributo al emperador, mientras que otros lugares, como Keladi o Madurai, se encontraban bajo supervisión directa de un comandante.
En el campo de batalla, el mando lo ostentaban los comandantes reales. La estrategia imperial raramente se basaba en invasiones a gran escala, la técnica habitual era desarrollar pequeños ataques escalonados en los que se atacaban y destruían los fuertes uno a uno. El imperio fue uno de los primeros reinos indios que emplearon artillería de largo alcance manejada por soldados extranjeros (de entre los cuales se decía que los mejores provenían de lo que hoy en día es Turkmenistán. Había dos clases de soldados: los que conformaban la Guardia Real, reclutados directamente por el imperio, y los que formaban parte de las filas al servicio de cada noble.
El ejército personal del rey Krishna Deva Raya llegó a estar formado por 100.000 soldados, 20.000 caballeros y más de 900 elefantes de guerra. Se trataba sólo de una fracción del ejército, del que se registra que en momentos llegó a estar formado por más de dos millones de personas y una armada, como evidencia el empleo del término navigada prabhu (almirante supremo). Las levas las sufrían todas las clases sociales por igual, incluyendo la recaudación de tributos adicionales a los terratenientes, y la infantería estaba formada por arqueros y mosqueteros protegidos con túnicas acolchadas, soldados vestidos con armadura armados con espadas y dagas, y hombres equipados con escudos tan grandes que no necesitaban ninguna protección adicional. Los caballos y elefantes estaban fuertemente protegidos por armaduras metálicas completas, y los elefantes llevaban cuchillos atados a los colmillos para causar el máximo daño posible.
La capital dependía por completo del sistema artificial de distribución y almacenamiento de agua, y por ello se procuraba tener garantizado el suministro de todo un año. Los restos de este sistema representan para los historiadores una oportunidad de conocer los métodos más empleados de distribución de agua superficial (ríos y lagos) en el entorno semiárido de aquel tiempo. Las inscripciones y los relatos de quienes visitaron la región describen la forma en que se erigían enormes tanques de almacenamiento. Las excavaciones han descubierto los restos de un avanzado sistema de distribución que daba servicio únicamente a las dependencias reales y a los templos principales, sugiriendo que se empleaba en exclusiva por la realeza y en las ceremonias más importantes, con sofisticados canales que dependen de la gravedad y de sifones para transportar el agua a través de tuberías.
Las únicas estructuras que nos indican un posible uso público del sistema son grandes tanques en los que se almacenaba el agua durante la temporada de los monzones y que en verano se secaban (excepto en los casos en que se conectaba el tanque a manantiales o corrientes subterráneas). En regiones más fértiles, cerca del río Tungabhadra, se excavaron canales para desviar el curso del río hasta tanques de regadío. Estos tanques tenían esclusas que se abrían y cerraban para distribuir el flujo del agua. En otras regiones, la administración promovía la creación de pozos. Los grandes tanques de la capital se subvencionaron con dinero de las arcas reales, mientras que los tanques más pequeños fueron costeados por nobles y burgueses que buscaban reconocimiento social.
[editar] Economía
La economía del imperio dependía en gran medida de la agricultura. Se plantaba grano (jowar), algodón y legumbres en las regiones más secas, mientras que en las áreas más lluviosas se cultivaban la caña de azúcar, arroz y trigo. Las hojas de betel (también llamada areca), masticables, y el coco componían el grueso de los cultivos para exportación; y la producción de algodón a gran escala servía para abastecer a la pujante industria textil del país. Algunas especias, como la pimienta, el cardamomo, cúrcuma y jengibre, originarias de la montañosa región de Malenadu en Karnataka se transportaban hasta las ciudades en cantidades suficientes para el comercio. La capital era un próspero centro de negocios con un mercado creciente de oro y piedras preciosas. La prolífica construcción de templos daba estabilidad y ocupación a arquitectos, escultores, artesanos y obreros por igual.
La propiedad de la tierra era importante. La mayoría de los agricultores cultivaban las tierras de un noble y en ciertos casos se les otorgaban derechos sobre ellas. Los impuestos se calculaban según la elaboración de un producto y su impacto en otros sectores. Por ejemplo, los fabricantes de perfumes necesitaban determinadas cantidades de pétalos de rosa para obtener un producto rentable, así que al cultivo de rosas se le imponían menores tasas. Con la producción de sal se seguía un sistema similar. La venta de ghee (manteca), ya fuera para consumo humano o para lámparas, era rentable. Se intensificaron los intercambios comerciales con China, en los que se incluían algodón, especias, joyas, piedras semipreciosas, marfil, cuernos de rinoceronte, ébano, ámbar y productos aromáticos, como perfumes. Grandes buques chinos se acercaban, incluyendo algunos bajo control del famoso almirante Zheng He, y atracaban en cualquiera de los más de 300 puertos que el imperio poseía desde el mar Arábigo hasta el golfo de Bengala, destacando los de Mangalore, Honavar, Bhaktal, Barkur, Kochin, Cannanore, Machilipatnam y Dharmadam.
Una vez que un mercante atracaba en un puerto, las mercancías eran custodiadas por las autoridades, y a todos los productos vendidos se les cobraba aranceles. Mercaderes de diferentes lugares del mundo (árabes, persas, guyaratíes, jorasaníes) se asentaron en Calcuta, buscando aprovechar las innumerables oportunidades que les ofrecía este mercado. También prosperó la industria náutica, se construyeron barcos capaces de aguantar varias toneladas mediante la técnica de cosido con cuerdas, en lugar de fijar las tablas una a una con clavos. En ocasiones los barcos se dirigían a puertos tan alejados como Adén o Jedda, con acceso a La Meca, para el transporte de mercancías imperiales hasta países tan remotos como Venecia. El artículo más demandado en el exterior era la pimienta, pero también se exportaba en grandes cantidades jengibre, canela, cardamomo, cerezas, madera de tamarindo, casia purgante, piedras preciosas y semipreciosas, perlas, almizcle, ámbar gris, plantas y semillas de ruibarbo, aloe, ropa y manteles de algodón y porcelana. A Burma se exportaba fibra de algodón y a Persia índigo, para la fabricación de tinte morado. Desde Palestina se importaba cobre, mercurio, bermellón, coral, azafrán, terciopelo, agua de rosas, cuchillos, prendas de piel de camello, oro y plata. En Persia se compraban caballos. De China se traía seda, y de Bengala, azúcar.
El comercio en la costa este alcanzó cotas nunca antes vistas, con intercambios con Golkonda, donde el arroz, mijo, legumbres y tabaco eran producidos a gran escala. Los cultivos de plantas para tintes eran lo bastante grandes para abastecer a toda la industria del país. Machilipatnam, una región rica en minerales, era la fuente de hierro y acero de la más alta calidad y de mayor interés para comerciantes exrtanjeros. La minería de diamantes era una industria establecida en la región de Kollum. La industria de refinamiento de algodón daba lugar a dos tipos de tela: calicó y muselina. Java y el lejano oriente eran el destino de ropa fabricada con patrones de color ideados por los tejedores y sastres locales. Golkonda se especializó en algodón virgen y Pulikat en algodón coloreado. Los productos extranjeros que más habitualmente recibía la costa este eran metales no ferrosos, alcanfor y bienes de lujo, como porcelanas y seda.
[editar] Cultura
[editar] Sociedad
La mayoría de los detalles que conocemos sobre la sociedad del imperio Vijayanagara nos ha llegado a través de los cuadernos de viaje que escribieron los visitantes contemporáneos, y la información que nos brindan las excavaciones arqueológicas. El sistema de castas era una norma social de primer orden que se cumplía y se hacía cumplir a rajatabla. Cada casta estaba representada en cada población por un consejo de ancianos. Estos grupos eran los responsables de la promulgación y mantenimiento de leyes, si bien necesitaban un decreto real que les autorizase a aplicar una determinada regla. Los intocables también formaban parte del sistema de castas, y estaban representados por varios líderes (kaivadadavaru).
Las comunidades musulmanas tenían sus propios representantes en Karnataka. El sistema de castas, no obstante, no influyó a la hora de promocionar a cargos superiores en el ejército o la administración a personas que hubiesen prestado un servicio valioso. Por otro lado, el sistema si sirvió para que se tuviese en gran estima a los brahmanes. Salvo excepciones que eligieron la carrera militar, los brahmanes se dedicaron a la espiritualidad y la literatura. Su separación de la riqueza material y el poder les convirtió en los árbitros ideales en disputas judiciales a nivel local, y la presencia de brahmanes en cada pueblo y aldea se organizaba desde los círculos aristocráticos, para mantener el orden. Y aún más, la fama alcanzada por intelectuales de castas inferiores (como los poetas Molla, Kanaka dasa o Vemana, en telugú; o Sarvajna, en kannada) muestra el grado de cohesión y fluidez social que obtuvo el imperio.
El ritual Sati, aunque voluntario, era un hecho común, si bien se realizaba mucho más a menudo entre las clases más altas. Sólo en el área de influencia de Vijayanagara se han descubierto más de cincuenta inscripciones relacionadas con el ritual. Éstas inscripciones reciben en telugú el nombre de satikal (piedras Sati) o sati-viirakal (piedras Sati del honor). Las satikal conmemoraban la costumbre de las viudas de, mientras la pira funeraria de su marido arde, lanzarse al fuego; mientras que las sati-viirakal estaban destinadas a recordar a aquellas mujeres que practicaban sati tras la muerte de su marido en la batalla de manera honorable. En ambos casos, la mujer era reconocida al nivel de una semidiosa, y se la conmemoraba con el grabado de un sol y una luna creciente en la piedra conmemorativa.
Los movimientos sociales y religiosos de siglos anteriores, como el protagonizado por los lingayatíes, permitieron mayor flexibilidad en las conductas sociales tradicionalmente más coercitivas hacia las mujeres. Finalmente, las mujeres del sur de la India derribaron la mayoría de los muros y se implicaron activamente en materias hasta entonces consideradas «de hombres», como la administración, negocios, comercio, incluso las bellas artes. Tirumalamba Devi y Ganga Devi, autoras de Varadambika Parinayam y Madhuravijayam respectivamente, son dos de los ejemplos más notables de poetisas de la época. También alcanzaron altas cotas de popularidad pioneras de la poesía telugú como Tallapaka Timmakka o Atukuri Molla. Se sabe que los Nayakas de Tanjore patrocinaron a gran número de poetas y peotisas. También hubo lugar para el culto Devadasi, y para la prostitución,dentro de una zona asignada en cada ciudad. Se sabe que los harenes fueron muy frecuentados por hombres de la nobleza y la familia Real.
Las mujeres de bien vestían con petha o kullavi, un turbante de seda con incrustaciones en oro. Como en prácticamente todas las sociedades hindúes, las joyas y adornos de lujo eran un complemento usado tanto por hombres como por mujeres; nos han llegado descripciones del uso de tobilleras, pulseras, brazaletes, anillo, collares y pendientes de todo tipo. En las fiestas, hombres y mujeres se adornaban con guirnaldas de flores y utilizaban perfumes de agua de rosas, almizcle o sándalo. En contraste con los más humildes, la familia real vivía rodeada de pompa en la corte. Las reinas y princesas tenían una multitud de sirvientes, y todos ellos iban vestidos con las telas más finas y joyas; y sus trabajos eran, además de muy específicos, poco engorrosos.
El ejercicio físico era una práctica muy popular entre los hombres, y el deporte más popular era la lucha libre. Incluso se conoce la existencia de luchadoras. Los palacios reales en cada ciudad disponían de un gimnasio, y en tiempos de paz los comandantes y sus ejércitos tenían la orden de entrenar. Los palacios reales y los mercados tenían lugares específicos para que tanto los nobles como el pueblo llano disfrutasen de campeonatos de peleas de gallos, carneros o lucha libre femenina. Las excavaciones en la ciudad de Vijayanagara nos muestran la vida pública en su día a día mediante grabados en piedra, tribunas, vías, y templos, indicando que se trataba de lugares en los que la gente se relacionaba. También aparecen juegos, unos aún hoy se practican, y otros todavía deben ser identificados.
[editar] Religión
Aunque el autoproclamado destino del imperio era preservar el dharma hindú del enemigo musulmán, los reyes —según los cuadernos de viaje de los exploradores renacentistas— fueron tolerantes con todas las religiones y sectas que se practicaban en su territorio. Los reyes utilizaron títulos como go brahmana prati palana acharya (‘protector de las vacas, los brahmanes y la gente’) o hindu raya suratrana (‘defensor de la fe hindú’), que realzaban su intención de proteger el hinduismo.
Los mismos fundadores Harihara I y Bukka Raya I fueron shaivitas confesos, pero promovieron el vaisnavismo en lugares como Shringeri a través de su patriarca, Vidyaranya, e hicieron del varaha (el ‘jabalí’, símbolo de Vishnú) su emblema. Otros reyes, como los Saluvas y Tuluvas, fueron vaisnavas, pero se postraban por igual ante Virupaksha (representación de Shiva) en Hampi y ante Venkateshwara (Vishnú) en Tirupati. Una obra en sánscrito, el Jambavati Kalyanam, escrita por Krishná Deva Raya, llama a Virupaksha karnata rajya raksha mani (‘joya protectora del imperio karnata’, siendo Karnata una derivación poética del nombre Vijaya Nagara). Además, cuando los sucesivos reyes visitaban Udupi, rendían culto a la orden dvaita (doctrina de la ‘dualidad’) fundada allí en el siglo XIII por Madhvacharya.
El movimiento bhakti (devocional) impregnó las vidas de millones de personas. A semejanza del movimiento Virashaiva del siglo XII, grandes haridasas o monjes salieron de su retiro y difundieron las milenarias tradiciones hindúes entre la gente común. Había dos tipos de haridasas:
- los vyasakuta, conocedores de los Vedas, los Upanishads' los Puranas y las demás Escrituras; y
- los dasakuta, difusores del mensaje de Madhvacharya mediante canciones devocionales (devara namas y kīrtanas) en idioma kannada.
La doctrina dwaita fue transmitida por discípulos tan eminentes como Naraharitirtha, Jayatirtha, Vyasatirtha, Sripadaraya, Vadirajatirtha , entre otros. Es en esta época cuando el maestro Purandaradasa desarrolla la música carnática. Más tarde, el mahatma Kanaka Dasa y el mismísimo rey Krishná Deva Raya le consideraron santo y kula-devata (deidad familiar). Fue en esa época cuando, en la ciudad de Tirupati (hoy en Andhra Pradesh), el músico Annamacharya compuso cientos de Kīrtanas en telugú.
El jainismo se encontraba en claro retroceso en el subcontinente tras la destrucción de la dinastía Ganga del Oeste por los Chola en el siglo XI y la popularidad creciente del vaisnavismo y los lingayatíes. Aún así, en el imperio se mantuvieron activos dos grandes núcleos de creyentes en Shravanabelagola y Kambadahalli.
El primer contacto de la península con el Islam se dio en el siglo VII, como resultado de los intercambios comerciales entre los reinos del sur y algunos pueblos árabes. Las primeras mezquitas se construyeron dentro del imperio Rashtrakuta antes del año 1000, y la fe musulmana se estableció sólidamente a lo largo de la costa de Malabar durante el primer tercio del siglo XIV. Muchos inmigrantes musulmanes contrajeron matrimonio con mujeres hindúes; sus hijos recibieron el nombre de mappillas o moplahs. El inicio de las relaciones del imperio Vijayanagara con los sultanatos Bahamanes del norte incrementó la presencia musulmana en el sur.
Por otro lado, la influencia más antigua de cristianismo se ha registrado a inicios del siglo VIII. Se han encontrado tamarashasana (láminas de cobre) con inscripciones en las que se hace entrega de tierras a varios campesinos malabares cristianos. Los viajeros cristianos dejaron constancia de la escasez de cristianos en el sur de la India durante la Edad Media, e invitaban al envío de misioneros. Las relaciones comerciales con el imperio portugués a partir del siglo XV, la propagación de la fe por san Francisco Javier, y la posterior influencia del imperio holandés en la zona fomentaron la presencia del imaginario cristiano entre la población nativa.
[editar] Literatura
En el imperio Vijayanagara se dio cabida a poetas, intelectuales y filósofos. Éstos, con libertad para escribir en sánscrito o en cualquier lengua local (kannada, telugú y tamil), cubrieron materias como la religión, biografías, prabandha (novelas de ficción), música, poesía, gramática y medicina. El telugú se convirtió en el idioma literario por excelencia y alcanzó su cénit bajo el reinado de Krishna Deva Raya. Los trabajos en sánscrito en su mayor parte fueron comentarios a los Vedas, o ensayos sobre el Ramayana y el Mahabharata, escritas por famosos intelectuales como Sayana y Vidyaranya, que ensalzaron la superioridad de la doctrina Advaita sobre sus rivales.
También hubo escritores seguidores de la fe dvaita, monjes de la orden Udupi, como Jayatirtha (merecedor del sobrenombre tika acharya por sus escritos polémicos; Vyasatirtha, escritor de refutaciones de la filosofía Advaita y de varios pensadores clásicos; y Vadi Raja Tirtha y Sripada Raya, críticos con las creencias de Adi Shankara (el primer gran advaita, 788-820). Más allá de estos monjes, muchos otros escritores en sánscrito poblaron la corte real y los palacios de los nobles. Muchos reyes también fueron literatos, como el rey Krishna Deva Raya, autor del clásico superior Jambavati Kalyana, un drama poético.
Los escritores y poetas en kannada de la época produjeron así mismo literatura profusa sobre el movimiento Bhakti y los haridasas, literatura brahmánida y trabajos sobre los lingayatíes. Los haridasas compusieron cantos religiosos (devaranama), con métrica ragale. Los maestros e inspiradores del movimiento literario fueron Madhvacharya y Vyasatirtha. Purandaradasa y Kanakadasa son considerados los primeros de entre muchos dasas (devotos) por su extensa e importante contribución. Kumara Vyasa, el erudito brahmán más destacado, escribió el Gudugina Bharata, una traducción del Mahabharata. Este trabajo representa un punto de inflexión entre el antiguo y el nuevo kannada. Chamarasa fue un renombrado lingayatí, intelectual y poeta, que mantuvo discusiones públicas sobre filosofía y religión con los sabios vaisnavas de la corte de Deva Raya II. Su Prabhulinga Lile, que más tarde sería traducido a telugú y tamil, es un elogio al místico del siglo XII Allama Prabhu, de quien él consideraba que se trataba de la reencarnación del dios Ganesha.
En este momento cumbre para la literatura telugú, llegó el Manu Charitamu, el prabhanda (comentario) más importante. Krishná Deva Raya —experto conocedor del idioma— escribió el afamado Amukta Malyada. Así mismo, se reunieron bajo su corte los ocho astadiggajas, los escritores más importantes que ha dado esta lengua. Merecen ser destacados de entre ellos Allasani Peddana (llamado Andhrakavitapitamaha, ‘padre de la lengua telugú’), el autor más prestigioso, y Tenali Ramakrishna, bufón de la corte y autor del Panduranga Mahatyam, la obra maestra de la literatura telugú. También pertenece a esta época Srinatha, autor de Marutratcharitamu y Salivahana Sapta Sati, protegido del rey Deva Raya II, y poseedor de un estatus tan importante como el de cualquier ministro.
Aunque la mayoría de la literatura escrita en tamil durante este período se creó en las zonas bajo control de los reyes vasallos Pandya, los reyes de Vijayanagara también prestaron atención a sus poetas. Svarupananda Desikar escribió una antología de 2824 versos, Sivaprakasap-perundirattu, sobre la filosofía advaita. Su pupilo, el asceta Tattuvarayar, fue autor de otra antología más corta, Kurundirattu, con aproximadamente la mitad de versos. Kirshna Deva Raya protegió y subvencionó al poeta Haridasa, cuya Irusamaya Vilakkam es una exposición de las dos grandes corrientes hindúes, vaishnavismo y shaivismo, con predilección por la primera.
Otros autores y obras destacadas sobre conocimientos musicales y medicinales fueron Vidyaranya (autor del Rati Ratna Pradipika), Sayana (autor del Ayurveda Sudhanidhi) y Lakshmana Pandita (autor del Vaidyarajavallabham).
[editar] Arquitectura
La arquitectura del imperio es una armoniosa combinación de los estilos Chalukya, Pandya, Hoysala y Chola, predominantes en los siglos anteriores. La influencia de esta unión en la arquitectura, la escultura y la pintura hizo que este nuevo estilo se matuviese como el modelo a seguir siglos después de la caída de Vijayanagara. Las obras arquitectónicas de referencia son sin duda el Kalyanamantapa (Salón de Bodas), el Vasanthamantapa (Corredor Descubierto) y la Rayagopura o Torre. Los arquitectos y escultores hicieron uso del abundante y resistente granito que se encuentra por la zona de cara a proteger mejor la ciudad ante el permanente riesgo de invasión. Hay monumentos repartidos por toda la mitad sur de la India, pero no hay ninguno comparable a los edificios de Vijayanagara, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
A lo largo del siglo XIV los monarcas continuaron inspirando construcciones de estilo Vesara, típico del Decán, pero introdujeron así mismo gopurams dravídicos por motivos religiosos. El templo Prasanna Virupaksha (templo subterráneo) de Bukka Raya I y el templo Hazare Rama de Krishna Deva Raya I son ejemplos de la arquitectura del Decán. La variada e intrincada ornamentación de las columnas es su sello característico. En Hampi, sobresalen el templo Vitthala (el ejemplo más prominente de columnas estilo Kalyanamantapa) y el Hazara Ramaswamy como construcción más refinada. Un aspecto visible de este estilo es su retorno al arte más sereno y simplista de la dinastía Chalukya. La construcción del templo Vitthala se prolongó durante décadas bajo la dinastía Tuluva.
Otros ejemplos destacados del estilo propio de Vijayanagara son los grandes monolitos Sasivekalu (mostaza) Ganesha y Kadalekalu (cacahuete) de Hampi, las estatuas Gomateshwara en Karkala y Venur, y el toro Nandi en Lepakshi. De la trascendencia de este estilo es prueba la multitud de templos repartidos por ciudades como Bhatkal, Kanakagiri, Sringeri, Tadpatri, Lepakshi, Ahobilam, Tirupati y Srikalahasti en Andhra Pradesh; y Vellore, Kumbanokam, Kanchi y Srirangam en Tamil Nadu. También se conservan pinturas murales como los Dasavathara (los diez avatares de Vishnu) y las Shivapurana o historias de Shiva, ambas en el templo Virupaksha de Hampi; y otras pinturas menores en los templos jainitas basadi o en Kamaskshi y Varadaraja, dos templos elevados en Kanchi. Esta mezcla de estilos regionales aportó riqueza cultural a los pueblos por los que se extendió; vino a traer un aire de renovación a los rígidos estilos hindúes que hasta entonces habían imperado.
Otro ejemplo de la laxitud de estilos y el cosmopolitismo de la capital es la presencia de un gran número de edificaciones de rasgos islámicos. La historia sólo analiza el enfrentamiento político entre Vijayanagara y los sultanatos del Decán, dejando de lado un evidente rastro de colaboración entre ambas confesiones a nivel civil. Aún sobreviven un amplio número de arcos, cúpulas y bóvedas que sirven como prueba de este intercambio cultural, así como restos de pabellones, establos y torres, que sugieren que los mismos gobernantes fomentaron la convivencia de las dos religiones. Se considera que esta influencia pudo ser especialmente poderosa los primeros años del siglo XV, coincidiendo con el reinado de Deva Raya I y Deva Raya II, de quienes se sabe que contaron con un buen número de musulmanes en el ejército y en la corte, incluyendo arquitectos. Este intercambio armonioso de ideas, no obstante, se habría dado sólo durante los breves períodos de paz entre el imperio y sus rivales musulmanes. Algunos relieves de la Gran Plataforma (Mahanavami dibba) incluyen figuras con rasgos típicos de los turcos del Asia central, que habrían tenido cabida como asistentes de la Familia Real.
[editar] Lenguaje
Los idiomas kannada, telugú y tamil se utilizaron en sus respectivas zonas de influencia. Se han recuperado en total más de 7.000 inscripciones (Shasana) incluidas 300 láminas de cobre (Tamarashasana), en kannada (aproximadamente la mitad), telugú, tamil y sánscrito. Las inscripciones bilingües dejaron de utilizarse al término del siglo XIV. El Estado acuñaba las monedas en Hampi, Penugonda y Tirupati con el nombre del gobernante escrito en kannada, telugú y en alfabeto devanagari. En la fabricación de monedas se utilizaba oro, plata y bronce. Según el valor de la moneda, recibía una denominación diferente de entre las ocho posibles: Gadyana, Varaha, Pon, Pagoda, Pratapa, Pana, Kasu y Jital. En las monedas se representaban a varios dioses incluyendo a Balakrishna (Krishna de niño), Venkateshwara (la deidad principal del templo de Virupati), diosas como Bhudevi y Sridevi, divinidades menores, toros, elefantes y pájaros. En los ejemplos más antiguos se representa a Hanuman y a Garuda (águila divina), el vehículo del dios Vishnu. La agencia oficial de investigaciones arqueológicas del gobierno indio ha recuperado y descifrado inscripciones en kannada y telugú.

