Imperativo categórico

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El imperativo categórico es un concepto central en la ética kantiana, y de toda la ética deontológica moderna posterior. Pretende ser un mandamiento autónomo (no dependiente de ninguna religión ni ideología) y autosuficiente, capaz de regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones. Kant empleó por primera vez el término en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785).

Origen del concepto[editar]

Según Kant, toda la moral del ser humano debe poder reducirse a un solo mandamiento fundamental, nacido de la razón, no de la autoridad divina, a partir del cual se puedan deducir todas las demás obligaciones humanas. Definió el concepto de «imperativo» como «cualquier proposición que declara a una acción (o inacción) como necesaria». En su opinión, las máximas morales anteriores se basaban en imperativos hipotéticos, por lo cual no eran de obligado cumplimiento en cualquier situación y desde cualquier planteamiento moral, religioso o ideológico.

Un imperativo hipotético impulsaría a una acción en determinadas circunstancias. Por ejemplo: «Si quiero el bien común, debo no cometer un asesinato», de manera tal que quien no comparta la condición («querer el bien común») no está obligado por esa clase de imperativos. En cambio un imperativo categórico denotaría obligación absoluta e incondicional, y en todas las circunstancias ejercería su autoridad, ya que sería autosuficiente y no necesitaría justificación externa.

Formulaciones[editar]

Según Kant, del imperativo categórico existen tres formulaciones:

  1. «Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal»...
  2. «Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio».
  3. «Obra como si, por medio de tus máximas, fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines».

Pero también, indica que los hombres tienen dos caminos a seguir:

  1. heterónomo: irreflexivo, obedece reglas impuestas por una autoridad exterior.
  2. autónomo : cuando utiliza la razón.

Sapere aude: "ten el valor de hacer uso de tu propia razón".

Kant centra sus estudios en una doctrina de la moral humana y en buscar cual es el núcleo esencial de la moral humana. Kant piensa que lo práctico y lo verdaderamente moral para nosotros es la buena voluntad, que lo único a lo que nosotros no debemos renunciar es a una buena voluntad, esto quiere decir que si yo actúo de buena voluntad sean las que sean las consecuencias nadie me puede reprochar moralmente nada. Toda la moral está formada por imperativos es decir “hay que hacer esto, hay que hacer aquello, etc.” Estos imperativos están en toda nuestra vida pues constantemente nos estamos dando órdenes de acuerdo con lo que queremos hacer. Lo verdaderamente moral serían unos imperativos que no estuvieran condicionados con nada más que porque somos seres humanos que nos acondiciona o manda a cumplir dichos imperativos. Este imperativo que deberíamos cumplir todos solo por ser humanos es decir por ser racionales. Kant lo expresa de varias maneras pero el ideal es que cada uno de nosotros actúe de acuerdo con una máxima que pueda desear que se convierta en ley universal para todos, es decir que si yo actuó de un modo pueda decir “ojala todo el mundo puesta en estas condiciones actuase de esta misma manera que voy a actuar”.

En educación[editar]

El imperativo categórico se usa como medio operativo de modificación del comportamiento. Indica el modo peculiar de relación y de intervención entre el adulto y el niño. La expresión representativa es «Haz esto», como mandato categórico, inmediato y presente. Al implicar exigencia perentoria de un cumplimiento inmediato, ha de ser:

  • Individualizador: en cuanto al contenido del mandato, una sola orden, y el destinatario, una sola persona.
  • Claro y preciso: en cuanto a la expresión verbal, conceptual.
  • Pertinente: en cuanto al contenido, en correspondencia con los intereses y habilidades de la persona.
  • Oportuno: en cuanto al tiempo y a la sucesión espacio-temporal, de ejecución inmediata y de breve duración.
  • Evaluable y gratificante: en cuanto a la relación causa-efecto, en sus resultados, puesto que es un saber más dentro de nuestra autonomía moral.

Hay un imperativo que, sin poner como condición algún propósito a obtener por medio de cierta conducta, manda esa conducta inmediatamente. Tal imperativo es categórico. No se refiere a la materia de la acción y a lo que de ésta ha de suceder, sino a la manera y al principio de donde ella acontece. Lo esencialmente bueno de la acción consiste en el ánimo que conduce a ella, sea cual fuere el éxito. La denominación de este imperativo puede ser «de la moralidad». Kant se refiere a la moralidad que está sobre todo principio inmanente, que según él es consustancial al ser humano.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • Kant, Immanuel (1999). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Traducido por José Mardomingo (edición bilingüe). Barcelona: Ariel.