Imago Dei

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Imago Dei es una expresión latina usada en la teología cristiana para referirse al modo en que el hombre habría sido creado de acuerdo con la narración del libro del Génesis (cf. Gn 1, 26-27).

El texto dice:

Hagamos al hombre a nuestra imagen, como semejanza nuestra... Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra lo creó.

Y también, más adelante:

El día en que Dios creó a Adán, lo hizo a imagen de Dios

Gn 5, 1-3

Existen otros textos que recuerdan este ser imagen de Dios: Gn 9, 6; Sb 2, 24; Si 17, 3. Los dos últimos subrayan la semejanza con la naturaleza divina en cuanto al dominio. También se cita este versículo en St 3, 9.

El contexto parece dar a entender que tal imagen y semejanza se refiere al dominio concedido al hombre sobre las demás criaturas y a partir de allí a la dignidad del ser humano. Si además se toma en cuenta la forma de redacción se nota un paralelismo: lo creó a imagen de Dios con lo creó macho y hembra, lo que podría implicar que en su unión o capacidad de procrear, el ser humano es imagen de Dios.[1]

Los Padres de la Iglesia dan nueva vida al texto a partir de interpretaciones platónicas de la palabra imagen. Se trataría de un don dado al hombre y exclusivo de él. En Ireneo se habla de una conformidad no perfecta (imagen) y de los dones de la gracia (semejanza). Para los de la Escuela de Alejandría la imagen era una connaturalidad que le permite ir asemejándose a Él.

Filón de Alejandría distingue entre “semejanza” e “imagen”. La semejanza implica una perfección especial de la imagen. La imagen es la del alma. Según Tomás de Aquino, todos los seres creados son semejantes a Dios. Ahora bien, las criaturas racionales lo son per ultimam differentiam, lo cual además de la semejanza añade la “imagen” (habla de “vestigios” cuando se refiere a las demás criaturas).[2] El hombre fue creado a imagen de Dios y Jesús es la imagen del Padre. La analogía se aplica de dos modos pues es evidente que las criaturas racionales no son Dios y por otro lado la perfección de esta imagen puede aumentar o disminuir de acuerdo con el obrar moral, con la gracia y con la gloria.

En general en la teología oriental se sostiene que la imagen se refiere a todos los dones naturales y sobrenaturales que son entregados al hombre por Dios. Estos dones son capacidades para poder actuar de acuerdo con su ser hijos de Dios. La teología protestante de corte calvinista, por su parte, considera tal imagen como el conjunto de dones que fueron dados al hombre antes del pecado, pero que fueron irremediablemente perdidos producto de la depravación total en que cayó. En la teología protestante de corte arminiano-wesleyano, la el ser humano conserva la imago dei, a pesar de la depravación producida pòr el pecado.

El Concilio Vaticano II trató el tema de la imagen divina en el hombre en la Gaudium et Spes (núm. 12): retoma el sentido propio del contexto bíblico que relaciona la “imagen” con el dominio concedido al hombre sobre la creación.

Notas[editar]

  1. Cf. Juan Pablo II, Catequesis del miércoles 23 de abril de 1986.
  2. Cf. Summa Theologiae I 93 1-2; I 35 2 ad 3.

Bibliografía[editar]