Iglesia abacial de Sainte-Foy

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Iglesia abacial de Sainte-Foy de Conques
Conques JPG02.jpg
Edificio
Tipo Iglesia
Estilo Románico
Localización Conques, Aveyron, Francia
Coordenadas 44°36′01″N 2°23′50″E / 44.600277777778, 2.3972222222222


Coordenadas: 44°36′01″N 2°23′50″E / 44.600277777778, 2.3972222222222
Construcción
Inicio Siglo XI
Término Siglo XII
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La iglesia abacial de Sainte-Foy de Conques es una iglesia abacial situada en la comuna francesa de Conques, en el departamento del Aveyron.

Está considerada como una pieza maestra de la arquitectura románica del sur de Francia, siendo especialmente célebre por su tímpano y por su Tesoro, que incluye obras de arte únicas datadas en el período carolingio. El interior se presenta decorado con vitrales de Pierre Soulages. Esta abadía fue fundada por el abad Dadon bajo la protección de Carlomagno.

Historia[editar]

La abacial de Sainte Foy, vista desde el oeste en un dibujo de 1887-1901.

La abadía fue iniciada entre 1041 y 1052 por el abad Odolric. Su cabecera fue ciertamente finalizada antes del fallecimiento de éste en 1065. Posteriormente, los trabajos languidecieron un tanto y la nave no fue concluida sino a principios del siglo XII, correspondiendo así al estilo románico. Por otro lado, es posible que el monumento fuese modificado cuando ya se hallaban en curso los trabajos de construcción. Así, la cabecera se inicia por una serie de cuatro capillas escalonadas, para posteriormente adoptar el sistema de deambulatorio y capillas radiales. Fue construida siguiendo una planta clásica en cruz, si bien debido a la configuración del terreno (es una pendiente) el transepto es más largo que la nave. Las dos torres de la fachada datan del siglo XIX.

Sainte-Foy ha sido una de las principales fuentes de inspiración para las iglesias románicas de Auvernia. Por su arquitectura, la iglesia abacial se relaciona con una serie de cinco edificios, a saber: la basílica de Saint-Martin de Tours, Saint-Martial de Limoges, Saint-Sernin de Toulouse y la Catedral de Santiago de Compostela, todas ellas ubicadas en la vía de peregrinaje que supone el Camino de Santiago y presentando un conjunto de características comunes: planta con deambulatorio y capillas radiales, y transepto provisto de naves laterales para facilitar la circulación de los peregrinos. Estos rasgos comunes se extienden igualmente a la elevación y al sistema de contrafuertes.

El tímpano de la fachada principal[editar]

El tímpano de la iglesia abacial de Sainte-Foy de Conques.

En la fachada occidental de la iglesia abacial de Sainte-Foy, una profunda arquivolta en bóveda de cañón con arco de medio punto acoge el tímpano del Juicio Final, una de las obras fundamentales de la escultura románica en Francia por sus cualidades artísticas, su originalidad y por las propias dimensiones de la obra. Representa pues el Juicio Final, según el Evangelio de Mateo, apareciendo en el conjunto un total de 124 personajes, estando dividido el mismo en tres niveles distintos. En la parte superior, en los ángulos, podemos apreciar la presencia de dos ángeles tocando una trompa, a la vez que en el centro de la composición destaca un Maiestas Domini o Cristo en Majestad, que nos presenta a los elegidos a su derecha, en el Paraíso, y a los condenados a su izquierda, en el Infierno.

La iglesia abacial de Sainte Foy.

Tras de él, los ángeles llevan la Cruz y el hierro de la lanza evocadores de la Pasión. A media altura, el cortejo de los elegidos está avanzando hacia Cristo, pudiéndose reconocer a la Bienaventurada Virgen María y a san Pedro, que aparecen con una aureola, siendo seguidos por algunos personajes de importancia en los primeros tiempos de la historia de la abadía de Sainte-Foy de Conques: el abad Dadon (su fundador), y Carlomagno (su benefactor). Debajo, podemos contemplar a Sainte-Foy bajo la mano de Dios, junto a unas cadenas de prisioneros a los que ella ha liberado. Al otro lado, unos ángeles-caballeros rechazan a los condenados que intentan escapar del Infierno. Puede verse ente ellos a monjes indignos, o a un borracho colgado por los pies.

En el nivel más bajo, vemos el Paraíso, con Abraham en el centro, teniendo a su derecha un ángel que permite la entrada a los elegidos y, a su izquierda, un demonio que arroja a los condenados a las fauces del infierno. El infierno, presidido por Satanás, donde se castiga a los pecados capitales: la Soberbia, desarzonada de un caballo, la Avaricia ahorcada con su propia bolsa de dinero, la Envidia, cuya lengua es arrancada por un demonio, la Lujuria, representada por una mujer con sus pechos desnudos, atada por el cuello con su amante. En el dintel puede leerse la siguiente frase: «Pecadores, si no cambiáis vuestras costumbres, sabed que sufriréis un juicio temible».

El interior[editar]

El interior de la iglesia abacial es de una enorme simplicidad: la bóveda es muy alta (22 m de altura), el coro está rodeado por un deambulatorio que permite a los fieles desfilar por alrededor de las reliquias de la santa. El deambulatorio está provisto de unas espléndidas rejas fechadas en el siglo XII. La sacristía está decorada con frescos del siglo XV que muestran escenas del martirio de la santa. Al fondo del transepto izquierdo podemos admirar un altorrelieve que representa la Anunciación, esculpido por el mismo artista que ejecutó el tímpano.

Los vitrales de la iglesia abacial, obra de Pierre Soulages, otorgan un aspecto contemporáneo a la atmósfera sobria y recogida del edificio. Los capiteles constituyen un magnífico ejemplo del arte románico. El más antiguo de dichos capiteles parece ser el que nos presenta a San Pedro crucificado cabeza abajo. Igualmente, se hallan presentes capiteles entrelazados (almocárabes). Son de destacar también los temas iconográficos relativos a combates entre caballeros y a hombres armados, tal vez relacionados con las Cruzadas.

El claustro[editar]

Capitel del claustro.

Al sur de la iglesia abacial, subsisten algunos vestigios del claustro, que fuera arrasado el siglo XIX, entre ellos seis vanos geminados de la galería occidental. El lugar fue utilizado durante mucho tiempo como fuente de suministro de piedras para la construcción de las casas del pueblo de Conques. En el centro, el estanque del claustro, de serpentina verde. Montada de nuevo y restaurada, esta gran fuente, de 2 m 72 cm de diámetro, está desprovista de su pilón central. Bajo el brocal del pozo, entre las columnas decoradas de motivos vegetales, animales o fantásticos, que enmarcan el estanque, han sido esculpidos unos atlantes.

La construcción del claustro por el abad Bégon III, a caballo entre los siglos XI y XII, comportó por su parte una auténtica floración de capiteles. Diecinueve de entre ellos siguen actualmente en la galería occidental, junto al antiguo refectorio. Otros se encuentran exhibidos en el museo de lápidas. Algunos de ellos desaparecieron a raíz de la ruina y destrucción del claustro, hacia el año 1830. Desde 1975, el área del claustro ha quedado restablecida con un camino empedrado por Bernard Fonquernie, inspector general de los Monumentos históricos franceses.

El Tesoro[editar]

Ábsides de la iglesia abacial.

Expuesto en el antiguo refectorio de los monjes, la sección de orfebrería religiosa es la más completa de las colecciones de orfebrería religiosa francesas, abarcando desde el siglo IX hasta el siglo XVI, incluyendo especialmente relicarios manufacturados por artistas locales fechados en el siglo XI.

La pieza estrella del Tesoro es la estatua relicario de Santa Fe, la que está en el origen de la prosperidad de la abadía, y cuya reliquia fue robada en su día en la ciudad de Agen. Fechada en el siglo X, está compuesta por placas de oro y plata sobre un bastimento de madera. Con el discurrir de los años se la han ido añadiendo numerosas joyas.

Puede admirarse también la A de Carlomagno en plata dorada recubriendo la madera: según cuenta la tradición legendaria, el emperador habría dotado a cada abadía de una letra del alfabeto, atribuyendo a la de Conques la letra A, como símbolo de la excelencia de la misma. Otras curiosidades: el relicario de Pipino, de oro, decorado con esmaltes y con plata dorada, la Linterna de Begon o el brazo relicario de Saint Georges. Todos estos tesoros de la arquitectura y la orfebrería no hubiesen sobrevivido hasta nuestros días de no ser por la protección dispensada por Prosper Mérimée.

Salvamento del Tesoro durante la Revolución Francesa[editar]

Relicario de Santa Fe.

Debido a su fragilidad y, especialmente, a la avaricia que las riquezas no dejaron nunca de inspirar, son raros los relicarios y objetos sagrados labrados en oro o plata que han logrado sobrevivir al transcurso del tiempo sin sufrir daños. Es pues un raro privilegio el de Conques, que ha sabido proteger no sólo su iglesia abacial románica, sino también su Tesoro milenario. No obstante, durante la Revolución francesa, el peligro se hizo bien presente para las riquezas del Tesoro de la abadía de Conques. El día 15 de febrero de 1792 un decreto del representante de la Convención en el departamento del Aveyron anunciaba: «Todos los bienes en oro, plata, cobre o bronce, que puedan ser convertidos en moneda, y que se encuentren en las iglesias, serán enviados de inmediato a la Casa de la Moneda de Toulouse

En Conques, en 1794, tuvo lugar un auténtico complot, urdido por André Bénazech, un sacerdote refractario (es decir, opuesto a la Constitución civil del clero), y antiguo canónigo, con la ayuda de algunos adictos. Aprovechando una tormenta, se dirigieron en la oscuridad de la noche a la abadía, provistos de cestos, se apoderaron de los relicarios y los repartieron entre ellos, dirigiéndose posteriormente cada uno a su casa para ocultarlos. A la llegada de los comisarios y gendarmes procedentes de Aubin, la cabecera de distrito, se cargó el latrocinio a la cuanta de unos hipotéticos caldereros ambulantes. A pesar de la investigación llevada a cabo, no hubo ningún resultado. Este robo provocó sonrisas entre los habitantes de Conques, que pusieron en circulación el rumor de que se trataba de una argucia urdida por la propia Santa Fe.

Acabados los tiempos turbulentos de la Revolución, el Tesoro salió de sus escondrijos (chimeneas, secaderos, jardines...) para volver a ocupar su lugar en el coro de la iglesia de la abadía de Sainte-Foy. El hecho de que todo el Tesoro fuese devuelto constituye un hecho a destacar, y pone de manifiesto la honradez de todos quienes intervinieron en el asunto; pero esta honradez estaba seguramente causada por la devoción popular hacia las reliquias de la santa, especialmente sentida entre los habitantes de Conques. Considerando que este respeto era «desgraciadamente muy raro en Francia», Prosper Mérimée tuvo en consecuencia «un gran placer en hacerlo constar.»

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