Hunos

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La fiesta de Atila, cuadro del pintor húngaro Mór Than. Se basa en el fragmento de Prisco, al que representa de blanco en la parte derecha, sosteniendo su libro de historia.

Los hunos fueron una confederación de tribus euroasiáticas, pueblos de los más diversos orígenes unidos por una aristocracia que hablaba una lengua túrquica. Los hunos aparecieron en Europa en el siglo IV, y alcanzaron su apogeo bajo el mando de Atila.

Historia[editar]

Excelentes jinetes arqueros, veloces y decididos, de táctica impredecible, extendieron el miedo por el Imperio. Pactaron con Roma en contra de los germanos de la Europa Central y, hacia el 432 tenían un caudillo principal, Rua o Rugila, a cuya muerte (434) le sucedieron sus sobrinos Bleda y Atila. Eran nómadas y vivían en chozas temporales, aunque conocían la propiedad de la tierra y solían serpentear por zonas concretas que estuvieran en su poder. Por su condición nómada, la vaca y la cacería tenían un papel más importante en su economía que la agricultura. Las carencias en su dieta eran saciadas por medio del comercio y, de forma mucho más habitual, el pillaje en territorio extranjero. Las armas que empleaban en la guerra eran la espada recta, la lanza, el lazo (especie de cuerda con la que lazaban a sus enemigos y les rompían el cuello) y el arco, que solían utilizar desde el caballo. A esto contribuía el uso del estribo, que tomaron de los chinos y que introdujeron más tarde en Persia y Europa.

Cultura[editar]

Calderos hunos

Por su origen se cree que la lengua de los hunos debió ser del tronco altaico, el grupo al que pertenecen lenguas como el turco o el mongol. La hipótesis de que su lengua fuera en realidad de la familia irania, basada en las inscripciones de monedas halladas en tumbas hunas procedentes del actual Afganistán y algunas ex repúblicas soviéticas, ha sido rechazada hoy en día, pues se ha demostrado que tales monedas sólo repetían el mismo patrón que las persas de zonas limítrofes. Por otra parte, algunas fuentes chinas los relacionan con pueblos siberianos, como los samoyedos, pero esto tampoco concuerda con los datos aportados por la arqueología.

Durante la Edad Media, se dejaron registradas numerosas gestas y leyendas, entre las cuales se halla la de Hunor y Magor, cuya versión más antigua data del siglo XIII en Hungría. En ésta se narra cómo estos dos hermanos dan nombre a las naciones huna y húngara, hallándose así ambas emparentadas. Hasta ahora no se ha logrado establecer ningún parentesco étnico entre ambas, pero se estima que después de la llegada de los húngaros de Asia en 905, se acabaron mezclando con los restos de la civilización huna que aún vivía en el territorio de Panonia por aquel entonces.

En cuanto a la religión no se sabe casi nada de ella. Aparentemente tenían un tipo de adoración al caballo (ya que estos animales eran una figura casi sagrada para ellos). Las fuentes romanas suelen referirse a ellos como individuos subhumanos carentes de cualquier clase de dios y moral, sin creencia en otra vida aparte de la terrenal, aunque se sabe que tenían algo parecido a chamanes o brujos en su tribu (que creían en la existencia de abominaciones subterráneas infernales), especializados en la adivinación a partir del examen de restos y huesos de animales. Originalmente cremaban a sus muertos, aunque más adelante comenzaron a inhumarlos. Practicaban tanto la poliandria como la poliginia.

El historiador romano Amiano Marcelino nos dejó un texto donde podemos observar la visión deformada que los romanos tenían sobre los hunos:

Son seres imberbes, musculosos, salvajes, extraordinariamente resistentes al frío, al hambre y la sed, desfigurados por los ritos de deformación craneana y de circuncisión que practicaban, e ignorantes del fuego, de la cocina y de la vivienda.

Expansionismo[editar]

Extremo Oriente[editar]

Según las crónicas de la antigua China, los xiongnu eran un pueblo nómada de pastores y guerreros que vivía en las estepas de Asia centro-oriental, al norte de la Gran Muralla China. Muchos historiadores modernos piensan que los xiongnu mencionados en las crónicas chinas eran el mismo pueblo que apareció siglos más tarde en Europa e invadió el Imperio romano bajo el nombre de los hunos.

La dinastía Qin pudo rechazar sus ataques de forma más o menos eficaz, pero a la caída de ésta los xiongnu lograron superar la Gran Muralla e iniciar una serie de incursiones en territorio chino. Los xiongnu también combatían contra otros pueblos nómadas, y durante el mandato del jefe Mao Dun (209-174 a. C.) derrotaron a las poderosas tribus de los xianbi, los tunguses y los kitán, unificando por primera vez el área ocupada por la actual Mongolia. El emperador chino Wen, de la dinastía Han, quiso alejar el peligro de este nuevo imperio pagándoles tributo (seda y cereales sobre todo), algo que con el tiempo sería una constante en la relación de los hunos con otros pueblos. Era tal la cantidad que exigían los xiongnu para no entrar en guerra que los bienes recibidos cada año les sobraban, hasta el punto de que los vendían con notables beneficios a los mercaderes de Occidente que llegaban por la Ruta de la Seda. También hubo matrimonios de conveniencia entre princesas chinas y reyes xiongnu con el fin de sellar la paz.

Extensión máxima del Imperio Han.

Esta relación se rompió cuando el emperador Wu decidió dejarles de pagar tributo y, anticipándose a la esperada reacción de los xiongnu, envió varias expediciones al Asia Central a partir de 133 a. C., aunque sólo una tuvo éxito: la que en el año 127 a. C. consiguió expulsar a los xiongnu del curso superior del río Amarillo. Las expediciones posteriores mantuvieron entretenidos a los bárbaros combatiendo en su propio territorio de forma constante, lo que les debilitó. En 121 a. C. fueron derrotados en el corredor de Gansu por el general chino He Qubing (que construyó allí la fortaleza de Juyan) y forzados a marchar hacia el oeste, donde ya habían sometido unas décadas antes al pueblo indoeuropeo de los tocarios. Una vez expulsados los xiongnu de la cuenca del Tarim, los chinos la pusieron bajo su mando y entraron en contacto por primera vez con los persas helenizados de Farg'ona, que introdujeron la alfalfa y el caballo árabe en China.

China durante la etapa de los Tres Reinos, después de la caída de los Han.

Los debilitados xiongnu se escindieron en dos ramas hacia el 48 d. C., y una de ellas, los hunos del sur, se puso bajo el mando de los Han. Éstos los destinaron a vigilar la zona del nacimiento del río Amarillo. Aunque dejaron de atacar a los chinos, los xiongnu no creyeron que su lealtad implicase estar en paz con las otras tribus sometidas de la zona y los reinos tributarios del Asia Central, por lo que llevaron a cabo una ola de saqueos en la región durante los años 60-70. Esto provocó que los emperadores Zhang (76-88) y He (89-105) volviesen a combatir contra ellos y los expulsasen de la cuenca del Tarim, aunque el debilitado poder chino en Asia Central debió hacer frente inútilmente a la sublevación posterior de las tribus tibetanas de la zona y terminaron por evacuar la región.

Mientras que la caída de la dinastía Han en el año 220 fracturaba China en tres reinos pequeños enfrentados entre sí, los xiongnu del sur se reagruparon de nuevo y volvieron a invadir China en 311, llegando hasta Luoyang, la rica capital de la China del norte y final de la Ruta de la Seda. La ciudad fue saqueada e incendiada, aunque más tarde los invasores se establecieron allí y la gobernaron durante 39 años. En el 350 el último rey xiongnu fue asesinado por un miembro de su propio pueblo y la dinastía fue derrocada.

Persia y la India[editar]

Más o menos ese mismo año, 350, los xiongnu del norte, que habían sido expulsados de las estepas un siglo antes, se desplazaron hacia el oeste y saquearon varias ciudades en los límites del Imperio sasánida, donde fueron llamados xiyon, xiongnu o chionitas. Esto tomó de forma desprevenida al emperador persa Sapor II, que entonces se hallaba sitiando la fortaleza romana de Nísibis, en Mesopotamia. Rápidamente partió a Sogdiana para hacerles frente durante una guerra que duró 10 años y les derrotó, forzándoles a una alianza. En el primer lugar donde los chionitas fueron derrotados se construyó la ciudad de Nishapur, que en persa significa “Hazaña de Shapur”.

Cuando Sapor volvió a atacar a los romanos en 360, le acompañaban varios chionitas en su ejército, a las órdenes del rey Gumbates. El historiador romano Amiano Marcelino cuenta que durante el sitio de Amida (actual Diyarbakr), los ya bautizados por los romanos como hunos que le acompañaban perdieron al único hijo de Gumbates. El príncipe fue quemado en una enorme pira funeraria a las afueras de la ciudad, algo chocante si tenemos en cuenta que los persas que los comandaban rechazaban esta práctica debido a que su religión, el zoroastrismo, la prohibía. Algunos yacimientos arqueológicos de Tayikistán confirman que esta práctica era algo común en este pueblo.

Hunos cargando durante la batalla.

Con el tiempo los xiongnu/chionitas se asentaron en las provincias orientales del Imperio persa y acabaron dominando la zona de forma independiente, e incluso acuñaron moneda. Más tarde se dividieron nuevamente en dos ramas, los kidaritas y los ephtalitas (heftalitas) o "hunos blancos". Los heftalitas entraron en guerra con los kidaritas en el siglo V y los forzaron a adentrarse en el Panyab, donde en 427 fueron derrotados por el emperador persa Bahram V. No obstante, los hunos blancos también invadieron la India en los años sucesivos, hasta el punto de que varios historiadores creen que fueron ellos los que ocasionaron el declive y caída del Imperio Gupta hacia el 540.

Los hunos blancos se habían mezclado con la población del este de Persia y con el tiempo, según cuenta el historiador griego Procopio, sus marcados rasgos asiáticos se fueron diluyendo. También comenzaron a inhumar a sus muertos y se hicieron agricultores sedentarios, pero no perdieron su ardor guerrero, como muestra, además de sus invasiones sobre la India, su participación en las guerras civiles persas de lado del emperador sasánida Peroz I contra su hermano y usurpador en el trono, Hormizd III. Cuando Hormid fue derrocado, Firuz decidió volver a poner las provincias orientales bajo control persa, atacando a sus antiguos aliados. Fue derrotado y hecho prisionero por el rey heftalita Kushnavaz, siendo liberado más tarde tras dejar a su hijo Kavadh I (o "Qubad") como rehén. Cuando Firuz volvió a atacar, la caballería que él comandaba se precipitó en una zanja disimulada y todos sus integrantes resultaron muertos. Qubad accedió al trono pero la guerra con los heftalitas continuó durante décadas, por lo que en los años sucesivos los reyes persas tuvieron que construir numerosas fortificaciones en las fronteras orientales. El mismo Kavad I pudo recuperar el trono persa en el 498 con el apoyo de los heftalitas.

Finalmente, el emperador persa Cosroes I (531-579) se alió con Silzibul, jefe de los turcos de las estepas del Caspio, y juntos consiguieron derrotar estrepitosamente a los heftalitas en el año 557, obligándolos a dispersarse. Su reino (que incluía Bactriana, parte de Sogdiana y buena parte del desaparecido Imperio Gupta) fue dividido en dos a lo largo del río Oxus, siendo la parte norte para los turcos y la sur para los persas.

Europa[editar]

Extensión máxima del Imperio Huno de Atila.

No se sabe muy bien cuántos heftalitas se exiliaron de su recién perdido territorio, y en qué medida se mezclaron con otros grupos que vivían en las estepas al norte de éste. Se sabe que unos siglos antes, otra rama de los hunos (¿kidaritas?[cita requerida]) se dirigió hacia el norte y trató de asentarse en las estepas próximas al mar Caspio, pero una serie de sequías que azotaron la zona en los siglos III-IV les obligaron a abandonarlas y avanzar aún más. A mediados del siglo IV el rey huno Balamber atacó el reino alano, que en esos momentos se extendía entre los ríos Volga y Don, y derrotó a este pueblo, obligándole a huir hacia el suroeste. Posteriormente avanzaron hacia la cuenca del Dniéper, donde vencieron a los ostrogodos en 375: una parte de éstos se refugió en las tierras de sus vecinos visigodos, pero la mayoría fue forzada a servir en el ejército huno. Por último, los hunos cruzaron el Dniéster en 376 y derrotaron también a los visigodos, que solicitaron asilo al Imperio romano de Oriente. Las tierras en poder de los hunos se extendían ya desde el mar Caspio al Danubio.

En el año 395, sin embargo, comenzaron a circular unos rumores alarmantes. Un oficial del ejército imperial, destinado en Tracia, llamado Amiano Marcelino, contó la aterradora aparición a orillas del Danubio de unos hombres que describió así:

Pequeños y toscos, imberbes como eunucos, con unas caras horribles en las que apenas pueden reconocerse los rasgos humanos. Diríase que más que hombres son bestias que caminan sobre dos patas. Llevan una casaca de tela forrada con piel de gato salvaje y pieles de cabra alrededor de las piernas. Y parecen pegados a sus caballos. Sobre ellos comen, beben, duermen reclinados en las crines, tratan sus asuntos y emprenden sus deliberaciones. Y hasta cocinan en esa posición, porque en vez de cocer la carne con que se alimentan, se limitan a entibiarla manteniéndola entre la grupa del caballo y sus propios muslos. No cultivan el campo ni conocen la casa. Descabalgan solo para ir al encuentro de sus mujeres y de sus niños, que siguen en carros su errabunda existencia de devastadores.

Los visigodos se rebelaron contra los romanos en 378 y saquearon varias ciudades romanas en los Balcanes. Aprovechando el caos desatado por los godos y otros pueblos germánicos, el rey huno Rua cruzó el Danubio en 432 y atacó a los romanos con tal fuerza que el emperador Teodosio II tuvo que pactar con él la entrega de 115 kg de oro anuales para lograr la paz. En 434 Rua murió dejando el trono de forma conjunta a sus sobrinos Atila y Bleda, hijos de su hermano Mundzuk. Éstos reanudaron la paz a cambio de duplicar el tributo romano y se dirigieron al este, donde invadieron Persia durante cinco años, antes de ser derrotados cuando trataban de conquistar Armenia. También lucharon contra los eslavos y los germanos, ocasionando un efecto dominó que hizo que burgundios, francos, sajones, anglos y jutos invadieran el Imperio romano de Occidente.

En 439 acusaron a los romanos de romper el acuerdo después de que el obispo de Margus (cerca de la actual Belgrado) cruzara el Danubio y profanara las tumbas reales hunas que había en su orilla norte. Atila y Bleda saquearon varias ciudades romanas, entre ellas Margus, Viminacium, Singidunum (Belgrado), Naiso (Niš), Serdica (Sofía) y Filipópolis (Plovdiv). Tras ello, Teodosio consiguió la paz entregando una indemnización y triplicando los tributos.

Atila el Huno, según dibujo del siglo XIX.
Atila.
De una ilustración para la Edda Poética.

Prisco, que conoció a Atila en 448-449, lo describe como bajo, robusto, de gran cabeza, ojos hundidos, nariz chata, barba rala y de costumbres austeras. Irritable e irascible, era un tenaz negociador y no tan inmisericorde como se dice.

Inmediatamente inició una política aún más agresiva que la anterior, rompió la tregua y penetró con su ejército en Iliria. No se sabe nada concreto sobre Atila entre 435 y 439. En 441, cuando las tropas romanas estaban actuando en el limes tanto oriental como occidental, atacó fuertemente el Danubio oriental, tomando y saqueando muchas ciudades, incluida Singidunum (Belgrado). Constantinopla logró una tregua para el 442 y trajo tropas del Oeste. Pero en 443 Atila volvió a atacar: conquistó ciudades en el río y se dirigió al interior hacia Naiso (Nis) y Sérdica (Sofía), que fueron destruidas. Camino de Constantinopla, ocupó Filipópolis, derrotó a los romanos en todas las batallas y cercó la capital imperial, que no podía tomar con sus arqueros. Puso rumbo a Galípolis, donde estaban refugiadas las últimas tropas imperiales, y las deshizo. Impuso una paz que incluía el pago de los atrasos y su mora (6.000 libras de oro, unos 1.800 kg) y la triplicación del tributo anual (2.100 libras por año, unos 650 kg).

Atila se coronó rey único (autócrata) después de que muriera su hermano durante una cacería en 445, probablemente asesinado por él mismo. Atacó de nuevo en 447, más al Este (Escitia y Moesia) que la vez anterior y derrotó a los romanos en el río Uto (Vit), pero con un alto costo en hombres. Devastó los Balcanes y Grecia hasta las Termópilas y en los años siguientes se mantuvo una especie de hostilidad latente entre Atila y Teodosio II, como narra Prisco de Panio (fragmentos de su Historia), que le visitó en Valaquia junto a los embajadores romanos del 449. Se concluyó una paz más onerosa para el Imperio que la del 443: el Imperio había de evacuar una ancha franja suddanubiana y entregar grandes tributos, cuya cuantía no precisan las fuentes.

Atila entró en la Galia en 451, aparentemente contra los visigodos del reino de Tolosa, que no mantenían contenciosos con Valentiniano III ni con Aecio, con quien Atila estaba en buenas relaciones. Se sabe que, en 450, Honoria, hermana del emperador, le envió su anillo y la petición de que la librase de un matrimonio al que se la obligaba. Atila reclamó a Honoria como esposa y pidió la Galia como dote. Aecio y Teodorico I pactaron una actuación conjunta. Atila intentó ocupar Aurelianum (Orleans), pero los romano-godos se lo impidieron en el último momento. La batalla se dio en campo abierto, en los Campos Cataláunicos (o, según otras fuentes, Mauriacos), de situación desconocida. Teodorico murió, pero Atila, vencido por primera y única vez, hubo de retirarse.

En 452 Atila pasó a Italia y saqueó Aquilea, Padua, Verona, Brescia, Bérgamo y Milán, sin que Aecio pudiera detenerlo. Atila logró avanzar hasta la misma Roma; sin embargo, muchos de sus guerreros habían muerto, no por la acción del enemigo sino por la hambruna y la peste que en ese momento asolaban Italia. Frente a las puertas de Roma, el Papa León I se entrevistó con él, y se dice que le suplicó que no saqueara la ciudad santa. Por razones desconocidas, y contra todos lo pronósticos, tras la entrevista con el Papa, Atila se retiró, y abandonó el Imperio de Occidente. El nuevo emperador de Oriente, Marciano, interrumpió el pago de subsidios pactado por Teodosio II y Atila se preparaba a atacarle cuando murió durante su noche de bodas, en 453.

Estados sucesores de los hunos hacia el año 500.

Tras la muerte de Atila le sucedió su hijo Elac, que hubo de hacer frente a la sublevación de sus hermanos Dengizik y Ernakh. Pero varios pueblos sometidos se unieron en una coalición de gépidos, ostrogodos, hérulos y otros pueblos en Panonia bajo Ardarico, líder de los gépidos, contra los hunos a los que vencieron en la Batalla de Nedao en 454 ó 455, y que terminó con los hunos como potencia. Algunos hunos fueron aniquilados en la cuenca de Panonia, que fue ocupada por los gépidos, otros se retiraron a las estepas orientales.

Muerto Elac, sus hermanos gobernaron dos distintas, pero relacionadas, hordas en las estepas del norte del mar Negro: Dengizich fue khan de los búlgaros kutriguros, y Ernakh 'khan' de los búlgaros utiguros, aunque según Procopio kutriguros y utiguros fueron gobernados por dos hijos de Ernakh; éstos y otros, como los Onogur, Sarigur, etc. fueron denominados colectivamente "hunos".

Los hunos y los húngaros[editar]

Durante más de medio milenio se ha creído fervientemente que los húngaros son descendientes directos de los hunos. En la Edad Media, cuando las tribus húngaras llegaron a Europa desde Asia conducidas por su gran Príncipe Árpád, éste reclamó los territorios de la Cuenca panónica como herencia de su ancestro directo el rey Atila. Si bien actualmente se cree bastante improbable, tanto los húngaros como las demás personas medievales y renacentistas estaban totalmente convencidas de que sí era de esta manera. Este argumento sirvió para legitimar el poder del Príncipe Árpád y sus descendientes en las tierras que ocuparon, pues según lo entendido, les pertenecían. Tanto la Gesta Hungarorum del siglo XII, como el Chronicon Pictum del Siglo XIV incluían una amplia descripción de los orígenes hunos de los reyes húngaros estableciendo una continuidad entre ambos. Para el Siglo XV, aún se seguían escribiendo crónicas, como la elaborada por Juan Thuróczy (en húngaro: Thuróczy János) para el rey Matías Corvino de Hungría, donde se presentaba una detallada narración de cómo Atila, hijo de Bendegúz, tuvo a Csaba quien fue el padre de Ed, quien fue el padre de Ügyek, quien fue el padre de Előd, quien fue el padre de Álmos, padre de Árpád, del cual desciende el primer rey cristiano San Esteban I de Hungría.

En los siglos posteriores, en el Renacimiento y en la Edad Moderna continuó vigente esta concepción aunque se le dio menos credibilidad. Esta interrogante comenzó a ocupar a muchos historiadores húngaros en la Edad Moderna y Contemporánea, quienes lentamente fueron hallando las inconscistencias del postulado de la descendencia de la casa real húngara desde Atila. El historiador Pál Hunfalvy (1810 – 1891) fue el primero que consideró esta conexión entre los húngaros y los hunos como algo irreal. Esta postura fue atacada por los historiadores Károly Szabó, Géza Kuun, Géza Nagy, Bernát Munkácsi, József Thúry, Frigyes Hirtl y Ármin Vámbéry, sin embargo la cancilleria húngara tomó posición junto a Hunfalvy, manteniéndose académicamente hasta la actualidad.

El reconocido historiador húngaro Bálint Hóman realizó un estudio detallado de la tradición huna en los registros medievales húngaros, concluyendo que independientemente del origen o conexión real entre las dos familias reales, desde muy temprano los húngaros del medioevo y sus vecinos estaban convencidos de que eran descendientes de Atila. Él y el historiador Zoltán Gombocz afirmaron que si bien no todos los húngaros descendían de los hunos, la Casa reinante sí. Es imposible que la tradición huna haya sobrevivido como leyenda popular en la gente húngara, sino que más bien lo hizo como consciencia popular.[1]

Estudios genéticos modernos han establecido que, en efecto, existe un patrón común entre los húngaros y los hunos, pudiendo haber sido los primeros una subtribu de la enorme masa huna compuesta por decenas de etnias diferentes pero emparentadas.[cita requerida]

Los nombres Atila, Csaba y Réka (la esposa de Atila) son muy populares entre los húngaros, inclusive y en particular en la actualidad.

Por otra parte, en las crónicas húngaras Bleda, el hermano de Atila, es llamado Buda. Esta es la explicación que se le intentó dar desde el medioevo al origen del nombre de la ciudad de Buda, que posteriormente unida con Pest formará la ciudad de Budapest.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Asia Central - Ed. Siglo XXI
El Imperio Chino - Ed. Siglo XXI
La Alta Edad Media: Las edades oscuras - Isaac Asimov, Alianza Editorial, 1983.

Otras fuentes[editar]

  1. Hómán, Bálint. (2010). A magyar Hún-Hagyomány és Hún-Monda (La Tradición huna de los húngaros y la leyenda húnica). Attraktor. Gödőllő: Hungría.