Huevo de Colón

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Grabado de William Hogarth, representando la escena de Colón y los nobles.

El huevo de Colón es definido por la RAE como una "cosa que aparenta tener mucha dificultad pero resulta ser fácil al conocer su artificio".[1] Girolamo Benzoni en su Historia del Nuevo Mundo (Venecia, 1565) cuenta la siguiente historia:

Estando Cristóbal Colón a la mesa con muchos nobles españoles, uno de ellos le dijo: 'Sr. Colón, incluso si vuestra merced no hubiera encontrado las Indias, no nos habría faltado una persona que hubiese emprendido una aventura similar a la suya, aquí, en España que es tierra pródiga en grandes hombres muy entendidos en cosmografía y literatura'. Colón no respondió a estas palabras pero, habiendo solicitado que le trajeran un huevo, lo colocó sobre la mesa y dijo: 'Señores, apuesto con cualquiera de ustedes a que no serán capaces de poner este huevo de pie como yo lo haré, desnudo y sin ayuda ninguna'. Todos lo intentaron sin éxito y cuando el huevo volvió a Colón éste al golpearlo contra la mesa, colocándolo sutilmente lo dejó de pie. Todos los presentes quedaron confundidos y entendieron lo que quería decirles: que después de hecha y vista la hazaña, cualquiera sabe cómo hacerla.

De esta historia viene el dicho popular de que "Colón fue el primer hombre que... puso un huevo de pie" y que se use la expresión "como el huevo de Colón" para describir algo que parecía complejo o difícil y que resulta simple o sencillo una vez entendido.

Quince años antes Giorgio Vasari recoge una historia similar en su obra Vidas de pintores, escultores y arquitectos (Florencia, 1550).[2] El joven arquitecto italiano Filippo Brunelleschi había diseñado una cúpula extremadamente grande y pesada para la catedral de Santa María del Fiore y los gobernantes de la ciudad pidieron que se les enseñara el modelo pero él se negó proponiendo en su lugar que quien lograra poner un huevo de pie sobre una mesa de mármol construyera la cúpula porque de esa manera se descubriría el talento de cada cual. Todos los maestros lo intentaron pero ninguno lo consiguió y cuando le llegó el turno a Filippo lo golpeó delicadamente contra el mármol y consiguió dejarlo en pie. Los demás protestaron diciendo que ellos podían haber hecho lo mismo y Filippo contestó riendo que también habrían podido construir la cúpula si hubieran visto el modelo o el diseño.

Ambas historias son de dudosa verosimilitud, pero son ingeniosas e ilustran bien la idea, y probablemente ésa es la razón de que se popularizaran.

Referencias[editar]