Huasipungo

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Huasipungo
Autor Jorge Icaza
Género Novela
Subgénero Novela indigenista
Editorial Imprenta Nacional
Ciudad Quito
País Bandera de Ecuador Ecuador
Fecha de publicación 1934 (primera edición)

Huasipungo es una novela del escritor ecuatoriano Jorge Icaza Coronel. La historia transcurre en Ecuador en la primera mitad del siglo 20, siendo sus personajes principales los indios de los huasipungos, huasipungos son los ranchos, propiedad de los patrones, en los que habitan estas personas. Es una de las obras más representativas de la literatura indigenista, movimiento que precedió al realismo mágico y que enfatizaba un realismo brutal.

Recepción[editar]

La obra obtuvo en 1934 el primer premio de novela en un concurso organizado por la Revista Americana de Buenos Aires, y fue publicada en esa ciudad por la Editorial Losada. El libro constituyó no sólo una dura crítica a la actitud” además, tuvo un enorme éxito de público y fue traducida a varios idiomas (hoy está traducida a 40 lenguas). Está considerada como la obra ecuatoriana más famosa y es una de las novelas indigenistas por excelencia. En ella se describe cómo las pequeñas propiedades que los terratenientes entregaban a los indígenas como compensación por su trabajo, que les eran robadas más tarde por los mismos terratenientes y, cuando aquéllos protestaban por el atropello, eran asesinados.

Fragmentos del libro fueron publicados en inglés en la Unión Soviética, donde fue recibido con entusiasmo. Tiempo después Icaza fue nombrado embajador ecuatoriano en ese país. La primera edición completa de Huasipungo fue traducida al inglés en 1962 por Mervyn Savill, y fue publicada en Inglaterra por Dennis Dobson. Una traducción "autorizada" fue redactada por Bernard H. Dulsey en 1964, y fue publicada el mismo año por la editorial de la Southern Illinois University de Carbondale, Illinois.

Etimología[editar]

Huasipungo es una palabra de origen quichua, cuya traducción es aproximadamente "lote de terreno", aunque su connotación subyacente implica el hecho de la hacienda parcelada con propósitos premeditados, en función de los intereses de su propietario, quien proveía (según costumbre de la época) de abastos a sus 'huasipungueros' (indígenas entregados en Encomienda, inicialmente (siglo XVI) o por costumbre establecida posteriormente) a cambio de su trabajo sin remuneración. Luis Cordero Crespo en Diccionario quichua -castellano/castellano-quichua dice huaspungu, n., porcioncilla de tierra que cultiva el indio en derredor de su choza.Además huasi, casa; pungu: puerta, entrada; depresión de cerros o colinas que da paso a un camino.[1]

Argumento[editar]

Alfonso Pereira es dueño de una hacienda en huasipungo a la cual no iba, pues prefería vivir en la ciudad con su esposa e hija y tener una vida hasta cierto punto cómoda. Hasta que un día, como debía una gran cantidad de dinero a mucha gente, entre ellos su tío Julio Pereira, éste le propone un negocio: irse a la hacienda, trabajar la tierra, organizar todo para la explotación de petróleo y ambientar el pueblo para la expropiación de petróleo, propuesta de un conocido de su tío, un gringo, Mr. Chappy, quien intuía que en la tierra de Alfonso había petróleo. Alfonso tuvo que aceptar el negocio para así saldar las deudas de dinero y salvar el honor de su familia, ya que su hija, Lolita, estaba embarazada de un cholo. la boca del pozo

Al llegara a la hacienda Alfonso por las presiones de su tío comienza a maltratar a los indios; los explota, los esclaviza, los deja sin alimento y los despoja de los huasipungos sin tener ninguna compasión. Además engaña a todo el pueblo creyendo que él va a traer el progreso a Cuchitambo, cuando en realidad solo realiza la carretera para sus propios fines.

Los hechos que son iluminados en la novela son narrados a través de diferentes puntos de vista.

Los terratenientes, los jefes políticos y el cura mandaban en aquel pequeño caserío, que ponía toda su fe en la religión y todo su amor a su trabajo, aunque le tocara sacrificar su propia vida y la de su familia con tal de que su Dios estuviera feliz. Ellos ponían todo de su parte para cumplir los deseos de su amo, el cual más adelante los traiciona; el señor Alfonsito como lo llamaban ellos, les mandó a construir una carretera para comunicarse con la civilización y poder hacer comercio más adelante, el proyecto comenzó a tomar forma, pero el terrateniente estaba desesperado por terminar esta obra rápido para lo cual tomó una técnica de construcción que comenzaría a cobrar vidas indígenas por lo cual le tocó empezar a entretener al pueblo con aguardiente y peleas de gallos. Ya finalizada la obra el terrateniente viaja a Quito pero su tío lo manda a que adelante el proyecto de los estadounidenses a los que venderían el terreno. Las hambrunas en el pueblo comenzaron a cobrar vidas y todos los indígenas estaban desesperados, llegando hasta el punto de tener que robar a los demás para poder subsistir.

Las condiciones en que vivían aquellos sujetos eran deplorables e inhumanas, los niños, como único juguete, usaban su excremento y sus orines para hacer una masa y así entretenerse, mientras sus madres eran sometidas a diferentes trabajos, y mientras sus taitas eran sometidos a duras jornadas de trabajo forzado y el que se resistiera a este era castigado y aniquilado por los altos mandos. Cuando un indígena se aporreaba trabajando como es el caso de Andrés, que en un descuido se cortó el pie con el hacha, le ponían provisionalmente telarañas y vendas, pero si este empeoraba lo llevaban donde el curandero, que chupaba la infección del pie junto con sus gusanos, hasta que el paciente se desmayaba, luego el brujo preparaba una olla de barro con agua y hierbas, las cuales ponía al fuego y después procedía a meter el pie del herido en ella, procedimiento que repetía todos los días hasta que el longo se curara totalmente. Pero lo que es inaudito es que los terratenientes los obligaban a trabajar aunque estuvieran enfermos, cambiando la labor hasta que pudieran regresar a su antiguo trabajo. El indígena era rebajado hasta su mínima expresión, el cura cobraba fuertes sumas de dinero para celebrar misas, y para los entierros engañaba a los indios diciéndoles que si no pagaban, sus seres queridos irían al infierno. Era tal el estado en el que estaba Tomachi que a Andrés y a varios indios les tocó desenterrar un buey que Alfonso había mandado sepultar. El cuerpo ya estaba putrefacto pero el hambre de aquellos indígenas con sus guaguas llorando de hambre lo pudo todo, al llevar la mortecina al huasipungo la asaron pero a la esposa de Andrés le cayó mal y murió; Andrés tuvo que robar una vaca para pagar el entierro de su esposa vendiendo aquella vaca a Sangolquí (pueblo vecino), pero corriendo con tal mala suerte que lo cogieron y lo sometieron a fuertes torturas, para que el pueblo tomara escarmiento y no hiciera esto nunca. El tiempo pasaba en esta población y el cura explotaba a los longos cada vez más, en esta ocasión él era el único que tenía buses para comunicarse con los pueblos vecinos, entonces cobraba grandes sumas de dinero por el transporte de mercancía o de indios. El cura y el terrateniente eran una sola voz, lo que ellos dijeran era sagrado y tenía que ser respetado, el que no lo hiciera tendría que pagar con su propia vida. Ya en últimas cuando el pueblo perdía toda esperanza de una buena comida, empezaron a correr los rumores en el pueblo de que por fin iban a llegar los estadounidenses que los salvarían, los longos se preparan con banderas, barren sus calles y se asean un poco para recibir a los que serían su salvación, pero apenas empezaron a pasar los carros de los estadounidenses, se dieron cuenta que estos por el contrario los acabarían. Estos personajes se reunieron con Alfonso para hacer entrega del territorio, y empezaron a ordenar la limpieza de los huasipungos para que ellos pudieran construir sus casas lujosas, pero lo que no habían predicho era que los runas no estaban dispuestos a abandonar sus huasipungos para probar suerte en la montaña, cuando menos pensaron los indios estaban en rebelión y mataron a cinco hombres de la burguesía, inmediatamente pidieron refuerzos en Quito. Los soldados que llegaron con sofisticadas armas comenzaron a matar a todos los indios que se rebelaban. Empezaron a quemar la casa de Andrés Chiliquinga con algunos refugiados. Entonces los indios empezaron a salir de la casa asfixiados por el humo y entre ellos salió Chiliquinga con su hijo. Las últimas palabras que se escucharon de él fueron ¡ÑUNCANCHIC HUASIPUNGO!. Hasta que lo lograron, los pantanos y las calles ya estaban manchados de sangre indígena que algún día les sirvió y que nunca pensaron en defraudarlos, siempre fieles hasta que sus vidas corrieron peligro...

Personajes[editar]

Don Alfonso Pereira, considerado un caballero de la alta sociedad de Quito, de mejillas rubicundas y lustrosas.

Julio Pereira Tío de Alfonso Pereira, quien le debía un dinero.

Mr. Chappy 'Gringo' (estadounidense) interesado en las tierras de don Alfonso Pereira.

Doña Blanca Chanique, esposa de Pereira, matrona de las iglesias.

Doña Lolita, hija adolescente de don Alfonso.

Tí­o Julio, poderoso tí­o de don Alfonso, de gruesa figura, cejas pobladas, cabellera entrecana y ojos de mirar retador. Tiene la costumbre de hablar en plural.

Mr. Chapy, gerente de la explotación de la madera en el Ecuador, es un estadounidense (gringo) de grandes recursos financieros y millonarias conexiones en el extranjero.

Policarpio, el mayordomo de la hacienda Cuchitambo de don Alfonso Pereira.

Andrés Chiliquinga, indio de la hacienda de don Alfonso y personaje principal de la novela que encabeza la resistencia de los indios durante el desalojo de los huasipungos.

Jacinto Quintana, mestizo de apergaminada robustez, teniente político del pueblo, cantinero y capataz. Corrupto y autoritario. Desprecia y maltrata a los indios.

Pollo, mestiza esposa de Jacinto Quintana que mantiene ocasionales relaciones amorosas con don Alfonso y el cura.

Gabriel Rodríguez, conocido como el "tuerto Rodrí­guez", es un mestizo de gruesas y prietas facciones, mirada desafiante en su único ojo, de cinismo alelado y retador al responder o interrogar a la gente humilde.

El Cura, hombre adúltero que por medio de los sermones se encarga de infundir miedo a los indios, aprovechándose de ellos para obtener ganancias económicas.

Cunshi, la mujer de Chiliquinga. Es sumisa y abusada física y sexualmente por el terrateniente (Pereira) y por su propio marido.

Referencias Generales[editar]

  1. Fabre-Maldonado Niza . Americanismos, indigenismos, neologismos y creación literaria en la obra de Jorge Icaza. Abrapalabra Editores, 1993.

Bibliografía[editar]

  • Dessau, Adalberto (1976). «Icaza y Arguedas, exploradores del laberinto de los Andes», en Recopilación de textos sobre José María Arguedas. La Habana: Casa de las Américas. 
  • Cueva, Agustín (1968). La literatura ecuatoriana. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. 
  • Rojas, Ángel (1948). La novela ecuatoriana. México: Fondo de Cultura Económica. 
  • Carrión, Benjamín (1958). El nuevo relato ecuatoriano. Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana. 
  • Ribadeneira, Edmundo (1968). La moderna novela ecuatoriana. Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana. 
  • Pérez, Galo René. Historia y crítica de la novela hispanoamericana. Bogotá: Círculo de Lectores. 
  • Adoum, Jorge Enrique (1984). La gran literatura ecuatoriana del 30. Quito: El Conejo. 

Enlaces externos[editar]

  • mi chiche. «Icaza Jorge» (en español). Consultado el 26/03/2008.
  • Huasipungo, Jorge Icaza, edición digital en la Biblioteca digital andina [1] Consultada el 5 de enero de 2011

Consúltese[editar]

  • Cordero,Luis: Diccionario quichua-castellano/castellano-quichua,(1892) Corporación Editora nacional Quito [2002], quinta reimpresión