Honorio Pueyrredon

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Honorio Pueyrredon.

Honorio Pueyrredon (San Pedro, 9 de julio 1876 - Buenos Aires, 23 de septiembre 1945) fue un jurisconsulto, profesor universitario, político y diplomático argentino.

Hijo de Adolfo Feliciano de Pueyrredón y de la brasileña Idalina Carneiro da Fontoura.

En 1896 se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, lugar en el cual ejerció la docencia. Participó activamente en la Unión Cívica Radical, siendo nombrado ministro de Agricultura en 1916 por el presidente Hipólito Yrigoyen y posteriormente ministro de Relaciones Exteriores entre 1917 y 1922. Durante este último período fue jefe de la delegación argentina en la primera reunión de la Sociedad de Naciones en Ginebra y se desempeñó como vicepresidente de su primera asamblea hacia 1920. En 1922 fue designado embajador ante los Estados Unidos, ocupó también el cargo de embajador en Cuba y fue presidente de la delegación argentina a la VI Conferencia Panamericana, celebrada en La Habana en 1928.

En 1931 fue elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires, pero las elecciones fueron impugnadas y finalmente anuladas por el dictador José Félix Uriburu, que había derrocado al gobierno constitucional de Yrigoyen. Se desató una ola represiva contra los radicales, y Pueyrredon fue desterrado. Después de un año regresa y se incorpora nuevamente a las filas de la U.C.R. Es elegido entonces presidente de la Honorable Convención Nacional partidaria. Continuó desplegando gran actividad en política y se lo consideró un fiel representante de las tendencias yrigoyenistas. Luchó contra el fraude electoral y reclamó a los gobernantes honradez administrativa. Debido a su pensamiento de nuevo fue confinado: estuvo en la Isla Martín García, en San Julián y en el Penal de Ushuaia.[1]

Falleció pocos años después de su retorno al país.

Su esposa fue Julieta Meyans Argerich, con quien tuvo siete hijos. Su nieto es el cantante César Banana Pueyrredón, y sus bisnietas la cantante Fabiana Cantilo y la dirigente política Patricia Bullrich.

Homenaje de Balbín[editar]

23 de septiembre de 1946.

Palabras del Dr. Ricardo Balbín, en el cementerio de la Recoleta, en el aniversario de la muerte de Honorio Pueyrredon.

"Vengo a traer la palabra de amistad de la Provincia de Buenos Aires. Venimos a este lugar a encontrarnos con nuestros muertos; con nuestros magníficos muertos, no porque ellos lo necesiten, no porque ellos precisen de nuestros homenajes ... venimos aquí porque nosotros los necesitamos. Somos nosotros los que sentimos la imperiosa necesidad de acercarnos a ellos para que nos muestren el derrotero a seguir. Había hecho Pueyrredon de la amistad el culto de su vida. Se retiró de los puestos, cuando más lo necesitábamos en homenaje a su concepto sobre la amistad y hubo quienes supieron aprovechar de esa virtud del doctor Pueyrredon para ocupar puestos que no merecían y que a mal camino conducía. Ese fue el llamado "error de Pueyrredon", el error de ser leal en un clima de desleales. Pueyrredon no necesita este acto, porque está en el corazón de todos los argentinos, pero existe necesidad de asistir a este acto para hablar íntimamente. Voy a leer sus propias palabras, año 1934. Decía Pueyrredon: .'La Unión Cívica Radical es una fuerza espiritual; un estado de conciencia; radica en el alma del pueblo; el Radicalismo es hoy como lo fuera otrora una esperanza de redención social. Si llegáramos a defraudarle, si por falta de comprensión de sus hombres dirigentes no marcáramos en la acción futura de gobierno, rumbos y procedimientos nuevos que lleven la gran premisa de asegurar la mayor felicidad al mayor número; si no hemos de empeñarnos y crear un estado medio entre la riqueza y la miseria, de modo que el pobre tenga asegurado un mínimo de bienestar, con pan, escuela y trabajo, y el que lo ha conquistado viva libre del miedo de perderlo; si no hemos de hacer lo bastante, para no contemplar el espectáculo de ver levantarse a diario nuevas ciudades, en las que mientras el obrero con sus manos construye palacios, no asegura para su cabeza un solo techo, si no hemos de reivindicar el ideal de civilización moderna, de que el obrero sea el elemento esencial y el asociado de la industria; de que el hombre está primero que la máquina y primero que el producto, y que para una Nación fuerte hacer dinero es menos importante que formar hombres; si no hemos de hacer eso, días nebulosos podrán venir para la paz social de la República". Esto lo dijo Pueyrredon en 1934 y sus palabras quedaron en un rincón, y digamos la verdad, nos apartamos de esa línea de conducta que nos trazó y hoy estamos pagando las consecuencias. Los hombres jóvenes del partido saben que los muertos ya no dan nada, pero también saben que los muertos han dejado consignas y que esas consignas deben hacerse realidad en el país para ventura de la República."

Referencias[editar]

  1. Diego Alberto Barovero. «Síntesis biográfica del doctor Honorio Pueyrredon» (en español). Consultado el 28 de febrero de 2010.