Historia moderna de España

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Felipe II, tras la victoria de Lepanto, ofrece al príncipe Fernando al cielo, Tiziano, 1572-1575. El ángel porta una corona vegetal y una palma con el letrero MAIORA TIBI (lo que ha de interpretarse como un mensaje celestial: "mayores triunfos te esperan").[1] La obra reúne muchas constantes de la historia española en la Edad Moderna, manifiestas tanto en sus éxitos como en sus fracasos: el protagonismo de la monarquía y el catolicismo (frente a los que se subordinó una dinámica socioeconómica de atraso relativo frente a otros espacios europeos), la dimensión marítima y la pretensión de hegemonía frente a sus adversarios. Las referencias clásicas del entorno arquitectónico y la propia (uno de los genios del Renacimiento italiano, que también fue el pintor favorito de Carlos V) son muestra de la voluntad de inserción en las corrientes culturales europeas.
Representación de la escena de seducción de Doña Inés por Don Juan. Un "conquistador" (tanto en lo militar como en lo sexual) irresistiblemente atractivo, temerario, orgulloso y temperamental, cuya "furia española" parece no respetar ni lo más sagrado, pero que termina por redimirse mediante la sumisión (se han propuesto comos modelo reales al sevillano Miguel de Mañara o al conde de Villamediana, Juan de Tassis); un verdadero arquetipo (de compleja dimensión psicoanalítica, analizada por Carl Jung[2] y Gregorio Marañón[3] ), fue universalizado por el teatro de una época en que los temas españoles eran demandados por el público de toda Europa y los autores españoles eran seguidos e imitados (El burlador de Sevilla de Tirso de Molina -1617 y 1630-, El festín de piedra de Molière -1661-, Don Juan de Corneille -1677-, No hay plazo que no se cumpla de Antonio de Zamora -1722-, la ópera Don Giovanni de Mozart y Lorenzo da Ponte -1787-), entre otros autores que revisitan el mito (Goldoni, Byron -Don Juan, an epyc satyre, 1824-, E. T. A. Hoffmann, Dumas, Dargomyzhski, Espronceda -El estudiante de Salamanca, 1840-, Zorrilla -el famoso Don Juan Tenorio de 1844-,[4] Kierkegaard[5] o Camus[6] ). Junto con otros iconos referenciales (la Inquisición española, la escuela mística española o Don Quijote) formó parte del estereotipo nacional español fijado en los siglos de la Edad Moderna a través de imágenes ambivalentes (alternativamente positivas y negativas) que conformaron la "leyenda negra" y la "leyenda rosa"; de un modo muy similar a cómo se percibe la imagen de la superpotencia de los siglos XX y XXI (fetiches culturales "americanos", antiamericanismo).[7]
Recuperación de Bahía de Todos los Santos, de Juan Bautista Mayno, 1634-1635. Una forma poco usual, incluso para el contradictorio Barroco, de reflejar las consecuencias negativas de la guerra en plena celebración de una victoria de las armas españolas (la "jornada del Brasil" de mayo de 1625).
La fee triunfante, 1691, testimonio de la persecución inquisitorial contra los chuetas mallorquines, mantenida como discriminación social incluso después del fin del Antiguo Régimen.
Tú que no puedes, el nº 42 de los Caprichos de Goya, 1799. Al igual que en otros grabados de la misma serie (nos. 37 al 41, que ridiculizan a la nobleza hereditaria o al clero anti-ilustrado), los burros representan a los anquilosados estamentos privilegiados, opuestos a toda modernización. Las clases laboriosas cargan con su peso en una ridícula inversión de funciones.

Historia moderna de España es la disciplina historiográfica y el periodo histórico de la historia de España que corresponde a la Edad Moderna en la historia universal.

Como hito inicial suele considerarse el descubrimiento de América, hecho histórico de excepcional dimensión que coincidió en el annus mirabilis de 1492 con otros hechos destacadísimos de valor más local: la guerra de Granada (final de la Reconquista, denominación cuestionada[8] pero que engloba el proceso de larga duración que marcó la mayor parte de la historia medieval de España), la expulsión de los judíos de España (consecuente con el máximo religioso[9] que marcará la vida política y social española de la edad moderna) o la publicación de la Gramática castellana de Nebrija (muestra de la extraordinaria pujanza que comenzaba a tener la cultura española y que se confirmó en los Siglos de Oro posteriores).

Como hito final suele considerarse el inicio de la guerra de la Independencia (1808), que dio comienzo a la Edad Contemporánea en España.

Falai de castelhanos e portugueses, porque espanhóis somos todos.

Carta de Juan II de Portugal a los Reyes Católicos, apócrifamente atribuida a Luis de Camoens.[10]

El espacio geográfico con el que se identifica el concepto de España en la Edad Moderna es en sí mismo objeto de cuestión: únicamente entre 1580 y 1640 se mantuvieron bajo el mismo rey los distintos reinos de la península ibérica (fuera de ese periodo, el reino de Portugal tuvo una trayectoria independiente, como una de las principales potencias mundiales -de hecho, como el primer Estado-nación de Europa occidental-, mientras que el reino de Navarra se mantuvo tras su incorporación en 1512); pero en las relaciones internacionales, el uso de las expresiones "España", "rey de España" y "reino de España" se hizo común, usándose también los términos en plural ("las Españas", Hispaniarum rex -principalmente en numismática-),[11] mientras que en la titulación documental se utilizó la "lista larga", enumerativa de todos los títulos de soberanía.

Don Carlos [o Don Felipe, según tocara] por la gracia de Dios rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias Orientales, y Occidentales, Islas, y Tierra-firme, del Mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Brabante, y Milán, Conde de Hasburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, Señor de Vizcaya, y de Molina &c.[12]

El trazado definitivo de las fronteras peninsulares no se produjo hasta el tratado de los Pirineos (con Francia, 7 de noviembre de 1659) y el tratado de Badajoz (con Portugal, 6 de junio de 1801); permaneciendo hasta la actualidad, con lo que pueden considerarse como las más antiguas del mundo (todas las demás han sido alteradas de un modo u otro por guerras más recientes o procesos de colonización y descolonización).[13]

Los reinos hispano-cristianos medivales culminaron la Reconquista del espacio peninsular en 1492, e incluso antes habían iniciado su expansión por el Mediterráneo y el Atlántico. La conquista y colonización de América y de amplios espacios en otros continentes significó una proyección global de esa expansión. El periodo de hegemonía española en Europa suele situarse entre las batallas de Pavía (24 de febrero de 1525) y de Rocroi (16 de mayo de 1643), aunque tanto antes como después España fue una de las principales potencias.

La indefinición de los conceptos de Estado, nación e intereses nacionales durante el Antiguo Régimen en España hizo que los intereses más tenidos en cuenta fueran los dinásticos (sucesivamente de la Casa de Trastamara, la Casa de Habsburgo y la Casa de Borbón), los particularismos estamentales y forales, y sobre todo la imposición de una axfisiante y homogeneizadora superestructura ideológica étnico-religiosa (concepto de cristiano viejo frente al de cristiano nuevo, expulsión de judíos -1492- y moriscos -1609-, represión de los gitanos, persecución del protestantismo y cualquier otra desviación de una cerrada ortodoxia "más papista que el Papa", predominio de las instituciones clericales -y particularmente de la Inquisición española- sobre toda la sociedad).

La evolución de la población española y la dinámica socioeconómica respondieron a ciclos seculares (expansivo en el XVI, recesivo en el XVII y nuevamente expansivo en el XVIII) que fueron haciendo evolucionar la disparidad de intereses entre agricultores y ganaderos, artesanos y mercaderes, alta y baja nobleza. La vinculación de la propiedad (mayorazgo,[14] bienes de la Iglesia,[15] bienes comunales), la exención fiscal de los privilegiados y la incompatibilidad de la nobleza con el trabajo conformaron una rígida estructura social, refractaria a la transición del feudalismo al capitalismo y de continuidad garantizada por la fortaleza de las instituciones del Antiguo Régimen, que ni siquiera los planteamientos reformistas ilustrados consiguieron subvertir (proyectos de única contribución, de libertad de comercio, de reforma agraria, de desamortización, de honra legal a los "oficios viles y mecánicos",[16] etc.)[17]

En cuanto al arte y la cultura se considera como Siglos de Oro al XVI y el XVII, mientras que la Ilustración española del siglo XVIII se consideró a sí misma con un fuerte complejo de inferioridad.[18]

Índice

Monarquía Católica y Monarquía Hispánica[editar]

Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón se casaron en 1469 en difíciles circunstancias: ambos eran herederos a sus tronos, aunque con diversas dificultades (Isabel no fue reina de Castilla hasta 1476 y Fernando no lo fue de Aragón hasta 1479). Que esa unión matrimonial personal terminara dando como resultado una única monarquía (denominada "Católica" desde la concesión del título papal en 1496) no se realizó de hecho hasta la muerte de Fernando en 1516 (la muerte de Isabel, en 1504, permitió a Fernando casarse con Germana de Foix con la explícita intención de tener un heredero varón que, de haber existido, hubiera sido rey de Aragón y no de Castilla). La muerte de Felipe el Hermoso y la incapacitación de Juana la Loca posibilitaron a Fernando, como padre, ejercer la regencia castellana. A la muerte de este, una breve regencia del Cardenal Cisneros precedió al reinado del nieto de los Reyes Católicos, Carlos de Gante (Carlos I de España —con ese ordinal en Aragón y Castilla, pero no en Navarra, donde debiera llevar el IV o el V— y V de Alemania —donde fue elegido Emperador—), quien, a sus innumerables títulos (acumulados por una complicada combinación de fortuitas circunstancias sucesorias imposibles de prever), no sumó de forma indubitada los títulos españoles hasta la muerte de su madre (que nunca abdicó) el 12 de abril 1555, pocos meses antes de abdicar él mismo (las abdicaciones de Bruselas, 25 de octubre de 1555 - enero de 1556),[19] en las que dejó a su hijo Felipe II como rey en los reinos hispánicos -incluyendo el Imperio ultramarino-, los territorios italianos y Flandes, y a su hermano Fernando I como archiduque de Austria y Emperador de Alemania (estableciendo las dos ramas de la Casa de Habsburgo que mantuvieron una estrecha alianza hasta 1700). La historiografía suele utilizar la expresión "Monarquía Hispánica" (de forma intercambiable con la de "Monarquía Católica" y con "España") para el vasto conjunto territorial conformado por las posesiones de "Su Católica Majestad" y la entidad política creada en su torno (cuya calificación como "Estado" es objeto de debate).[20]

La unión en la persona de un rey (o de una pareja real —los Católicos gobernaban indistintamente, y aunque el lema «Tanto Monta» no se refería a ello, ha pasado a ser un tópico referirse con él a tal fórmula—) de un conjunto de coronas y de reinos no implicaba la unificación territorial. Cada territorio mantuvo sus leyes y costumbres, sus lenguas e instituciones; y tanto política como económica y socialmente estaban claramente diferenciados.

Corona de Isabel y espada de Fernando, Capilla Real de Granada.

OTROSÍ, considerando quanto yo soi obligada de mirar por el bien común destos mis reynos e señoríos, así por la obligaçión que como reyna e señora dellos les deuo, como por los muchos seruiçios que de mis súbditos e vasallos moradores dellos con mucha lealtad he reçebido. E considerando así mismo, que la mejor herençia que puedo dexar a la prinçesa e al prínçipe, mis hijos, es dar horden como mis súbditos e naturales les tengan el amor e los siruan lealmente, como al rey mi señor e a mí han seruido, e que por las leyes e ordenanças destos dichos mis reynos, fechas por los reyes mis progenitores, esta mandado que las alcaydías e tenençias e gouernaçión de las çibdades e villas e lugares e ofiçios que tienen añexa jurisdiçión alguna, en qualquier manera, e los ofiçios de la hasienda e de la casa e corte, e los ofiçios mayores del reyno, e los ofiçios de las çibdades e villas e lugares del, no se den a es trangeros, así por que no sabrían regir e gouernar segund las leyes e fueros e derechos e vsos e costunbres destos mis regnos, como por que las çibdades e villas e lugares donde los tales estrangeros ouiesen de regir e gouernar, no serian bien regidas e gouernadas, ni los vesinos e moradores dellas serían dello contentos, de donde cada día se recreçerían muchos escandalos e desórdenes e ynconuenientes, de que Nuestro Señor sería de seruido e los dichos mis reynos e los vesinos e moradores dellos reçibirían mucho daño e detrimento. E veyendo como el prínçipe, mi hijo, por ser de otra nación e de otra lengua, si no se conformase con las dichas leyes e fueros e vsos e costunbres destos dichos mis reynos, e él e la prinçesa, mi hija, no los gouernasen por las dichas leyes e fueros e vsos e costunbres, no serían obedesçidos ni seruidos como deuían, e podrían dellos tomar algund escándalo e no les tener el amor que yo querría que les touiesen, para con todo mejor seruir a Nuestro Señor, e gouernarlos mejor e ellos poder ser mejor seruidos de sus vasallos; e conoçiendo que cada reyno tiene sus leyes e fueros e vsos e costunbres e se gouierna mejor por sus naturales. Por ende, queriéndolo remediar todo, de manera que los dichos prínçipe e prinçesa, mis hijos, gouiernen estos dichos reynos, después de mis días, e siruan a Nuestro Señor como deuen, e a sus súbditos e vasallos paguen la debda, que como reyes e señores dellos les deuen e son obligados. Ordeno e mando, que de aquí adelante no se den las dichas alcaydías e tenençias de alcáçares ni castillos ni fortalezas ni gouernaçión ni cargo ni ofiçio, que tenga en qualquier manera añexa jurisdiçión alguna, ni ofiçios de justicia ni ofiçios de çibdades, ni villas, ni lugares destos mis regnos e señoríos, ni los ofiçios mayores de los dichos reynos e señoríos, ni los ofiçios de la hasienda dellos ni de la casa e corte, a persona ni personas algunas, de qualquier estado e condiçión que sean, que no sean naturales dellos. E que los secretarios ante quien ouieren de despachar cosas tocantes a estos mis reynos e señoríos e vezinos e moradores dellos, sean naturales de los dichos mis reynos e señoríos. E que estando los dichos prínçipe e prinçesa, mis hijos, fuera destos mis reynos e señoríos, no llamen a Cortes los procuradores dellos, que a ellas deuen e suelen ser llamados, ni fagan fuera de los dichos mis regnos e señorios leyes ni premáticas ni las otras cosas que en Cortes se deuen hazer, segund las leyes dellos, ni prouean en cosa alguna tocante a la gouernaçión e administraçión de los dichos mis regnos e señoríos; e mando a los dichos prínçipe e prinçesa, mis hijos, que así lo guarden e cunplan e no den lugar a lo contrario.

OTROSÍ, por quanto los arçobispados e obispados e abadías e dignidades e beneficios eclesiásticos e los maestradgos e prioradgo de sant Juan, son mejor regidos e gouernados por los naturales de los dichos mis reynos e señoríos, e las iglesias mejor seruidas e aprovechadas. Mando a la dicha prinçesa e al dicho prínçipe, su marido, mis hijos, que no presenten a arçobispados ni obispados ni abadías ni dignidades ni otros beneficios eclesiásticos, ni a algunos de los dichos maestradgos e prioradgo, personas que no sean naturales destos mis reynos.

OTROSÍ, por quanto las Yslas e Tierra Firme del Mar Oçéano, e Yslas de Canaria, fueron descubiertas e conquistadas a costa destos mis reynos e con los naturales dellos, e por esto es rasón quel trato e prouecho dellas se aya e trate e negoçie destos mis reynos de Castilla e León, e en ellos e a ellos venga todo lo que de allá se traxiere.

Por ende, ordeno e mando que así se cunpla, así en las que fasta aquí son descubiertas, como en las que se descubrieren de aquí adelante e no en otra parte alguna.
Testamento de Isabel la Católica, 12 de octubre y 23 de noviembre de 1504.[21]
Portada de la edición de 1550 de la Gramática de Nebrija.

El mundo intelectual del humanismo renacentista fue proclive a la conformación de entidades políticas que superaran la atomización medieval en señoríos y ciudades-Estado, con una vocación no tanto nacionalista (término anacrónico para los siglos iniciales de la Edad Moderna y que sólo adquiere carta de naturaleza en los siglos XVIII y XIX) como universalista. Tanto el aragonés (gerundense) Joan Margarit como el castellano (sevillano) Antonio de Nebrija explicitaron la idea de que todos los reinos españoles debían estar unidos bajo el precedente de la Hispania romana y visigoda.[22] El peso de esas ideas fue evidente en la política de los Reyes Católicos, que tras la guerra de Sucesión Castellana buscaron estrechar con intercambios matrimoniales la alianza de Portugal[23] mientras intervenían en el juego de equilibrio de potencias de Europa Occidental diseñado por Maximiliano I de Habsburgo, con la pretensión de aislar al reino de Francia.[24] [25]

I assí creció hasta la monarchía y paz de que gozamos, primera mente por la bondad y providencia divina; después por la industria, trabajo y diligencia de vuestra real majestad. En la fortuna y buena dicha de la cual, los miembros y pedaços de España, que estavan por muchas partes derramados, se reduxeron y aiuntaron en un cuerpo y unidad de Reino. La forma y travazón del cual, assí está ordenada, que muchos siglos, iniuria y tiempos no la podrán romper ni desatar. Assí que después de repurgada la cristiana religión, por la cual. somos amigos de Dios, o reconciliados con él. Después de los enemigos de nuestra fe vencidos por guerra y fuerça de armas, de donde los nuestros recebían tantos daños y ternían mucho maiores; después de la justicia y essecución de las leies que nos aiuntan y hazen bivir igual mente en esta gran compañía, que llamarnos reino y república de Castilla; no queda ia otra cosa sino que florezcan las artes de la paz.

Antonio de Nebrija, Prólogo de la Gramática

(dedicada A la mui alta y assí esclarecida princesa doña Isabel, la tercera deste nombre, reina i señora natural de España y las islas de nuestro mar).[26]

Los Habsburgo tenían una concepción muy laxa (heredada de las disputas medievales por el dominium mundi y modernizada por el utopismo humanista) de la forma de ejercer el poder sobre nuestros Estados (un vastísimo conjunto de territorios dispersos por toda Europa y desconectados entre sí); aunque la pretensión de gobernarlos con criterios unificados o centralistas siempre estuvo presente. Ante las puntuales intensificaciones de tales actitudes, surgían localmente resistencias de carácter no tanto nacionalista como particularista,[27] foralista o pactista (revuelta de Flandes desde 1568 —con un fuerte componente religioso y social, en el contexto de la Reforma protestante y una precoz revolución burguesa—, alteraciones de Aragón de 1590, revuelta de los catalanes de 1640 —simultánea a las conspiración de Medina Sidonia, a la revuelta de Masaniello y a la independencia de Portugal— y guerra de Sucesión desde 1700 —que en Cataluña y Valencia se hizo contra el absolutismo a la francesa de la nueva dinastía Borbón—).

El hecho de que fuera en Castilla donde se hubiera configurado una monarquía autoritaria más poderosa no significó que en ella la resistencia fuera menor: de hecho fue donde surgió inicialmente la más importante (la guerra de las Comunidades de 1521); pero sí significó que fuera en torno a Castilla donde se configuró la corte permanente (Madrid, 1561) y su aparato estatal (uno de los primeros Estados modernos) que evolucionó con el tiempo hasta concentrarse en los reinos ibéricos (con exclusión de Portugal y con la adición de los virreinatos americanos) y convertirse en un Estado nacional contemporáneo (igualmente uno de los primeros en definirse constitucionalmente —Constitución de Cádiz, 1812—).

Fin de la crisis bajomedieval y conformación del Antiguo Régimen (1474-1517)[editar]

División en reinos durante el Antiguo Régimen.

La situación política de la Península Ibérica a mediados del siglo XV reflejaba la división en cinco unidades (denominada por Ramón Menéndez Pidal "la España de los cinco reinos"):[28] el reino de Portugal, la Corona de Castilla, el Reino de Navarra, la Corona de Aragón y el reino nazarí de Granada; desiguales desde el punto de vista político, territorial y demográfico. El sentido que en la época tuviera la pertenencia a España, un concepto geográfico e histórico, más allá del sentimiento protonacional[29] que pudiera haber en mayor o menor medida en unas u otras zonas y unos u otros grupos sociales e intelectuales; era mucho más evidente visto en perspectiva europea.

La identificación de lo español con lo castellano se fortalecía con el incremento del predominio demográfico, lingüístico, económico, político y cultural del área central castellana (Castilla la Vieja y Castilla la Nueva, con el decisivo añadido de León, y sobre todo Andalucía) sobre las zonas limítrofes (Aragón, Navarra) y la periferia peninsular (Portugal, Cataluña y Valencia; además de los territorios marítimos de la propia corona de Castilla: el reino de Murcia, Galicia y la salida marítima al norte de Europa, estrechísimamente vinculada con Castilla, que eran los territorios de la cornisa cantábrica: las Asturias de Oviedo -actual Asturias- y de Santillana -actual Cantabria- y las provincias vascongadas).

Castilla, desde la Alta Edad Media, había sido un arriesgada tierra de frontera, cuya repoblación dotaba de más libertad y movilidad social a los atrevidos repobladores (presuras, caballeros villanos, vasallos de behetría), y mayor poder al rey frente a la aristocracia. El establecimiento de los privilegios de la Mesta desequilibró las relaciones sociales en beneficio de la aristocracia ganadera y en perjuicio de los campesinos. La lana de los rebaños transhumantes que atraviesan la Meseta de norte a sur por las cañadas es exportada a Flandes. La riqueza mercantil se distribuye desde las ferias del interior (Medina del Campo, Villalón) hasta Sevilla (beneficiada por la apertura de las rutas por el estrecho de Gibraltar) y los puertos del Cantábrico (Santander, Laredo, Bilbao -fundado en 1300-). El siglo XV representó para Castilla la expansión económica, demográfica y un gran dinamismo social, así como graves conflictos, como el problema converso (revuelta de Pedro Sarmiento). Surge una nueva aristocracia ambiciosa y con una mentalidad moderna y urbana, que rivaliza con la propia monarquía y se divide en bandos y redes clientelares. En las ciudades del centro de la Meseta (Toledo, Segovia) se desarrolla una burguesía artesana que enriquece a los concejos regidos por un patriciado urbano de bajos nobles.[30]

La Corona de Aragón, que había mostrado una extraordinaria vitalidad urbana y económica en el siglo XIV, a pesar de la la crisis general (Valencia o Barcelona eran mucho mayores que las ciudades castellanas); entró en una grave decadencia en el siglo XV. Una crisis dinástica que puso fin a la Casa de Aragón se resolvió en el compromiso de Caspe (1412) dejó el trono en manos de Fernando de Antequera, de la dinastía castellana Trastamara. Sus hijos, los infantes de Aragón, tuvieron una presencia determinante en la vida política de ambas coronas. El fortalecimiento del poder real fue mucho menor que en Castilla, al mantener las Cortes funciones políticas mucho más fuertes que las castellanas, en un sistema político caracterizado por el pactismo y el mantenimiento de los fueros.Se produjeron terribles luchas sociales en los condados catalanes, enfrentando a propietarios y rentistas frente a artesanos textiles (conflicto barcelonés de La Biga y la Busca); mientras que el durísimo régimen señorial desencadenó la Guerra Remensa.

La expansión territorial del Reino de Portugal en la Península llega a su fin en 1238 con la conquista del Algarve; comenzando la expansión oceánica (Azores, Madeira, expediciones africanas organizadas por Enrique el Navegante desde la Escuela de Sagres -1417-). El recelo a la invasión castellana le llevó a constituir la alianza internacional de mayor constancia histórica: la anglo-portuguesa (13 de junio 1373), que consiguió rechazarla (batalla de Aljubarrota, 14 de agosto de 1385).

Guerra civil en Castilla[editar]

Juana la Beltraneja. Tras la muerte de Enrique IV, sus partidarios obtuvieron la alianza portuguesa al casarla con su primo (parentesco no puesto en duda, al ser por parte de madre) el rey Alfonso V de Portugal (25 de mayo de 1475), lo que convirtió la guerra civil castellana en un enfrentamiento internacional entre los reinos hispano-cristianos (también intervino Francia, enemiga de Aragón, a favor del bando juanista). De haber triunfado, la monarquía resultante habría sido castellano-portuguesa en vez de castellano-aragonesa. Su derrota supuso igualmente la anulación de su matrimonio, cuya dispensa fue revocada por el Papa. En las Tercerías de Moura (1479) se ofreció a Juana la alternativa de adoptar el estado religioso o esperar la improbable oportunidad de casarse en un futuro con el hijo mayor de los Reyes Católicos; eligiendo la primera opción.
Sepulcro de Alfonso de Castilla en la Cartuja de Miraflores. Su muerte (5 de julio de 1468) había supuesto la frustración de las pretensiones del bando que había depuesto a su hermanastro Enrique IV en la farsa de Ávila (5 de junio de 1465); firmándose una concordia (el tratado de los Toros de Guisando, 18 de septiembre de 1468) que reconocía a Enrique como rey y proclamaba heredera a Isabel (hermana mayor de Alfonso), deslegitimando a Juana la Beltraneja (hasta entonces considerada hija del rey). El matrimonio de Isabel con Fernando de Aragón (19 de octubre de 1469), celebrado sin permiso del rey, supuso la ruptura del pacto, obligando a Enrique a reconocer de nuevo a Juana como su hija legítima y heredera en la ceremonia de la Val de Lozoya (25 de noviembre de 1470).

La muerte de Enrique IV de Castilla en 1474 reactivó el problema dinástico e hizo estallar la guerra de Sucesión Castellana entre los partidarios de Isabel (hermanastra de Enrique), y los partidarios de Juana (cuya condición de hija de Enrique -motejado el Impotente- había sido objeto de cuestión desde hacía años, siendo deslegitimada por éste mismo, y apodada la Beltraneja al adjudicarse su paternidad al valido Beltrán de la Cueva). Las alianzas matrimoniales de ambas pretendientes convirtieron la guerra en internacional: a Isabel (casada con Fernando) la apoyaba Aragón, y a Juana (sobrina por vía materna de Alfonso V de Portugal) la apoyaba Portugal. Los apoyos sociales de Isabel incluía una parte significativa de la aristocracia (los Mendoza, los Enríquez, los Alba), el duque de Medina Sidonia y el propio Beltrán de la Cueva; de las órdenes militares (orden de Santiago y orden de Calatrava, excepto su maestre); y de las ciudades de Castilla La Vieja (especialmente Segovia -el Alcázar fue su principal plaza fuerte-), las Vascongadas, Murcia y Zamora. Los apoyos sociales de Juana estaban en otra buena parte de la nobleza, incluyendo a grandes casas, como las del Marqués de Villena, los Estúñiga, el marqués de Cádiz, el conde de Urueña y el conde de Plasencia; en órdenes militares como la de Santiago (Maestre Rodrigo Manrique); en el alto clero (el arzobispo Carrillo, de Toledo); y en ciudades de Extremadura, Andalucía, Galicia y parte de Castilla La Nueva. Clero, nobleza y burguesía castellanas estaban divididas no una contra otra, sino siguiendo líneas de fractura que dividían cada una verticalmente en altas y bajas, y horizontalmente en redes clientelares; divisiones que tenían su origen en enfrentamientos antiguos (desde la crisis del siglo XIV) y divergencias básicas de intereses territoriales y económicos (explotación y comercio de la lana, Mesta, ferias, producción local de paños en las ciudades artesanas o exportación en bruto a Flandes), y en concepciones políticas (mantenimiento del poder de la alta nobleza ante una monarquía feudal débil o incremento del poder de una monarquía autoritaria y la burocracia de los letrados).[31]

Alfonso V de Portugal reclamó el reconocimiento de Juana y preparaba un ejército para invadir Castilla. Fernando e Isabel, que habían convenido gobernar conjuntamente, comenzando a otorgar nombramientos e impartir justicia, declararon rebeldes a todos los que apoyaran a Juana y a Portugal. El ejército de Alfonso y Juana avanzó por el valle del Duero con el objetivo de unirse en Burgos con un ejército francés aliado (el rey de Francia, enemigo del de Aragón, veía en el matrimonio de Fernando una notable amenaza). La victoria de Fernando en la batalla de Toro (1 de marzo de 1476) frustró la maniobra de Alfonso y provocó la retirada de las tropas francesas, y el cambio de bando de la mayor parte de los nobles que apoyaban a Juana (contra los que no se tomaron represalias), aunque continuó la guerra con Portugal hasta 1478. La oposición interior más significativa fue la del Marqués de Villena, cuya represión se confió al maestre de Santiago y a una rebelión antiseñorial estimulada por los reyes; y la que Ferrán Arias mantuvo en Utrera, duramente reprimida. Las rencillas entre bandos aristocráticos fueron utilizadas con habilidad por los reyes para debilitar a todos ellos sin consideración de sus apoyos en el pasado; por ejemplo, tanto al Marqués de Cádiz como al Duque de Medina Sidonia se les prohibió la entrada en Sevilla y se les privó del control de las fortalezas de ese reino, que se disputaban.

Guerras civiles en Aragón y Navarra[editar]

Reinado de los Reyes Católicos (1479-1504)[editar]

Don Fernando y doña Isabel, reyes de Castilla y de Aragón.

Francia firmó la paz con Castilla en 1478. El papa Sixto IV, que no había tomado partido por ninguna de las dos candidatas al trono castellano, tenía necesidad del apoyo aragonés en Italia, con lo que su acercamiento a los reyes permitió incluso el establecimiento de la Inquisición española bajo control real (1 de noviembre de 1478). El papel de los cardenales de la familia valenciana Borgia era cada vez mayor, y llegaron incluso al pontificado (Alejandro VI en 1492). La reconciliación de la nueva monarquía castellano-aragonesa con Portugal se produjo con el Tratado de Alcáçovas (4 de septiembre de 1479) donde se estableció una amnistía y la restitución de las fronteras anteriores a la guerra, obteniendo el compromiso castellano de renunciar a la expansión marítima por las costas atlánticas africanas.

Desde el 20 de enero de 1479 Fernando ya era rey de Aragón, con lo que comenzó de forma efectiva el reinado conjunto de los Reyes Católicos en ambas coronas.

Instituciones aragonesas[editar]

Instituciones castellanas[editar]

Cortes y Hacienda[editar]
Palacio de las Leyes (Toro).

Las Cortes de Castilla dejaron de ser la reunión de los tres estamentos, pues sólo en ocasiones solemnes se convocaba a nobleza y clero, quedando la convocatoria restringida a los representantes de las ciudades para votar impuestos, que no son de incumbencia de los privilegiados. Solo diecisiete ciudades tenían voto en Cortes.

Los Reyes Católicos convocaron conjuntamente Cortes en cinco ocasiones y Fernando en cuatro ocasiones durante su reinado en solitario. Abordaron cuestiones políticas e institucionales decisivas, aunque desde 1480 la tarea legislativa la ejercen por su propia autoridad, y sin necesidad de convocar Cortes, a través de Pragmáticas.

Las Cortes más trascendentes fueron las de Toro de 1505 (a la muerte de Isabel), que establecieron el mayorazgo (garantía de estabilidad de los patrimonios nobiliarios, que no podrán ni dividirse ni perderse, para ser heredados por el primer hijo varón) y recopilaron la legislación (los trabajos previos se habían publicado en 1484 -Ordenamiento de Montalvo-). Las Cortes de Madrigal de 1476 crearon la Santa Hermandad con funciones que iban más allá de una campaña militar concreta para convertirse en una milicia concejil permanente, pagada por las ciudades. Se concibió como un instrumento que garantizara el orden público y la aplicación de la justicia, lo que aumentaba el control de los reyes sobre espacios antes abandonados al poder de los señores.

La reforma financiera confió sobre todo a las Cortes de Toledo de 1480. Se quisieron reducir los créditos particulares sobre el Tesoro público, particularmente en forma de juros, de los que existían dos tipos: los de merced (que daban derecho a un particular a recibir una cantidad anual sobre las rentas de la Corona) y los títulos de deuda. Una comisión presidida por Hernando de Talavera revisó los juros, y entendió que los juros ganados por servicios auténticos debían mantenerse y el resto debían eliminarse, como situaciones abusivas. La revisión se hizo en las Cortes, como negociación con nobleza y clero, afectando por igual a partidarios y adversarios de Isabel, y significó para la Hacienda recuperar rentas por valor de 30 millones de maravedíes al año; la nobleza quedó debilitada, pero no arruinada.

Se intentó recuperar los impuestos enajenados (cedidos como renta a algunos nobles) e implantar impuestos que no necesitaran la aprobación de las Cortes, para lograr la independencia financiera de la Corona. El 80% de los recursos ordinarios provenían de las tercias reales (una fracción de los diezmos) y de la alcabala, teóricamente una regalía de la Corona que gravaba como impuesto indirecto sobre las transacciones comerciales (con lo que no los privilegiados no están eximidos de pagarlo). En la práctica, su encabezamiento por ciudades producía todo tipo de alteraciones y desviaciones. El arrendamiento de impuestos y rentas reales se realizaba a recaudadores (habitualmente judíos, como los los Senior). En 1495 se sustituyó el sistema tradicional de arrendamiento de alcabalas, tercias y otros impuestos por el sistema de "encabezamiento", pactando con cada ciudad una cantidad fija por un periodo de dos años, lo que, a cambio de garantizar ingresos crecientes a la monarquía (aumentaron al doble), reforzó la autonomía local y el poder de las oligarquías o patriciado urbano. La cantidad a cobrar era recaudada sin necesidad de comprobar cada transacción, sino mediante "repartimiento", con menor dependencia de arrendatarios y funcionarios.

Con el nombre de servicio ordinario y extraordinario se votaban en Cortes diversas cantidades solicitadas por el rey y concedidas por el reino (es decir, por los procuradores enviados por los ayuntamientos de cada una de las diecisiete ciudades con voto) y cuyo pago se repartía entre los pecheros de cada distrito fiscal, quedando exentos los privilegiados y produciéndose todo tipo de situaciones discriminatorias entre estamentos y territorios (las ciudades y su alfoz -comunidad de villa y tierra-, y zonas enteras, como Galicia, dependientes de una ciudad lejana, al no haber en ellas ninguna ciudad con voto).

Consejo, Audiencias y corregidores[editar]
Palacio de los Vivero de Valladolid, en cuya "sala rica" se firmaron las capitulaciones matrimoniales de los Reyes Católicos (1469) y donde establecieron la sede de la Real Audiencia y Chancillería, cúspide del sistema judicial (única hasta 1494).

Los Reyes Católicos gobernaron utilizando como instrumento principal el Consejo Real de Castilla, una institución creada en las cortes de Valladolid de 1385. Era la instancia judicial suprema del reino, y al mismo tiempo un órgano político y administrativo. Su presidencia recaía en un obispo, y se evitó nombrar consejeros a altos nobles. La Administración de justicia se ejercía teniendo presente una idea particularmente propia de Isabel: que era juez supremo en su reino; todos los actos de justicia los administrará el rey, limitando las competencias eclesiásticas, señoriales o locales. Se organizó una primera instancia a cargo de alcaldes ordinarios (elegidos por el concejo), corregidores (elegidos por el rey a través de la Cámara de Castilla) o gobernadores; una segunda instancia a cargo de alcaldes mayores, corregidores o gobernadores; y la jurisdicción suprema a cargo de las Audiencias o Chancillerías (con una sala de lo criminal y cuatro salas de lo civil) y el Consejo Real de Castilla. La Chancillería de Valladolid adquirió la forma definitiva a través de las Ordenanzas de 1486. La Chancillería de Ciudad Real, creada en 1494, fue trasladada a Granada en 1505. Se estableció la línea del río Tajo como límite de jurisdicciones.

Los concejos de las ciudades estaban gobernados por regidores, cargos vinculados a las familias de la pequeña nobleza local, el denominado patriciado urbano u oligarquía local. La alta nobleza fue estableciendo sus redes clientelares a través de las que fueron controlando alguna de ellas (como Guadalajara con los Mendoza). Algunas otras ciudades eran directamente de señorío. Los Reyes Católicos intentaron controlar las ciudades de realengo a través de una nueva figura institucional: corregidores permanentes, con funciones judiciales, militares, políticas y administrativas, que cuando eran de capa y espada (o sea, no letrados) eran asistidos por un alcalde mayor letrado. Otros cargos concejiles eran los alcaldes ordinarios (uno por el común y otro por el estado noble), el alférez mayor, el alguacil mayor, los escribanos y el resto de funcionarios municipales, como alguaciles, porteros, maceros, etc.

Guerra de Granada (1482-1492)[editar]

Boabdil frente a Fernando e Isabel, pintura de historia, por Francisco Pradilla, 1882. La representación artística más próxima a los hechos se hizo entre 1520 y 1522 por Felipe Vigarny en cuatro paneles del retablo mayor de la Capilla Real de Granada (Los Reyes Católicos y los ejércitos cristianos, Boabdil entregando las llaves de la ciudad, Bautismo de moriscos y Bautismo de moriscas).[33] Todo el programa iconográfico de ese retablo está centrado en torno al tema de la unidad (religiosa, política y territorial).[34]

La guerra de Granada ofreció una empresa común, bajo el ideal de máximo religioso, a todos los grupos sociales y territorios de la monarquía, con absoluto predominio castellano; y la prestigió enormemente en Europa y ante la Iglesia (el papa concedió la Bula de Cruzada y el Patronato regio). Aunque pervivían muchos elementos medievales, puede considerarse como la primera guerra moderna, basada en el esfuerzo continuado de un ejército permanente con decisiva presencia de las nuevas armas de fuego, gastos sólo al alcance de los ingresos fiscales y la capacidad crediticia de un estado moderno de dimensiones nacionales. Las tácticas incluyeron el ataque a objetivos económicos, dinámicos movimientos de tropas y asedios múltiples simultáneos.

Mudéjares y moriscos[editar]

Tras diez años de guerra, el acuerdo con el rey Boabdil (aliado intermitente de los cristianos durante todo el conflicto) permitió la toma pacífica de la ciudad de Granada mediante las capitulaciones de Santa Fe, que ofrecían amplias garantías a la población mudéjar (denominación historiográfica de los musulmanes sometidos a reinos cristianos). La política conciliadora inicial del confesor de la reina Hernando de Talavera fue sustituida en 1499 por la mucho más expeditiva del Cardenal Cisneros, que provocó revueltas mudéjares (la revuelta del Albaicín, la primera sublevación de las Alpujarras y la sublevación de la serranía de Ronda), fácilmente sofocadas. Interpretadas como una ruptura de las capitulaciones, sirvieron de justificación para decretar la Pragmática de conversión forzosa de 20 de julio de 1501, extendida el año siguiente a la totalidad de la Corona de Castilla (a Navarra en 1515 y a la Corona de Aragón en 1525).

Se originó con ello una población teóricamente cristiana, a la que se impedía el ejercicio público del islam, pero que continuó con su forma tradicional de vida y costumbres. Reciben la denominación historiográfica de moriscos. Las comunidades moriscas estaban estrechamente adaptadas a una agricultura intensiva que había formado secularmente el paisaje rural granadino; y fueron sometidas a un duro régimen señorial. También hubo algunas familias nobles moriscas, aunque la mayor parte de las clases altas del reino nazarí había optado por el exilio en el norte de África. La repoblación con cristianos viejos de la capital y de las Alpujarras, y el incremento de la presión contra sus costumbres y tradiciones fueron intensificando los conflictos en las siguientes generaciones, desembocando en la guerra de las Alpujarras de 1576. Se intentó la dispersión de los moriscos por el interior de Castilla, pero finalmente se optó por la expulsión de todos ellos (incluidos los de la Corona de Aragón y Navarra) en 1609.

Judíos y conversos[editar]

Muerte del inquisidor Pedro de Arbués en la catedral de Zaragoza (17 de septiembre de 1485), de la que fueron acusados los conversos.
El famoso Auto de fe de Pedro Berruguete (ca. 1493-1499) reproduce los que se realizaban en la época contra los judaizantes, aunque el hecho representado fuera la actividad de Santo Domingo de Guzmán contra los albigenses en el siglo XIII.

Expansión atlántica[editar]

Conquista de las Canarias[editar]
Representación de la victoria guanche en la Primera Batalla de Acentejo (1494), en una pintura de historia de Gumersindo Robayna (finales del siglo XIX).

Temiendo que Portugal se hiciera con las Canarias, en 1477 la Corona castellana tomó el relevo de la penetración, hasta entonces una empresa de iniciativa señorial (Juan de Bethencourt). Finalmente las islas quedaron en la parte castellana del Atlántico definida en el Tratado de Alcáçovas.

Las poblaciones guanches de las diferentes islas, aisladas y en un estadio cultural neolítico fueron sometidas militarmente y aculturizadas a través de la esclavización, el mestizaje y la imposición del cristianismo. La justificación del dominio en la evangelización fue un precedente de la posterior empresa colonizadora americana. Gran Canaria se conquistó entre 1481 y 1483, La Palma y Tenerife necesitaron un mayor esfuerzo, venciéndose las últimas resistencias en 1496.

La repoblación se produjo mediante la concesión de lotes territoriales, a condición de permanecer en las islas quince años; la oferta fue aprovechada por soldados y colonos, destacando el establecimiento de señores normandos y andaluces. Para 1525 había cerca de veinticinco mil habitantes, de los que sólo la cuarta parte serían aborígenes. La economía se basaba en la explotación maderera y pesquera, y en una agricultura comercial productora de azúcar. El desarrollo manufacturero fue muy escaso. El mayor interés de las islas fue el estratégico, por su dominio de las rutas atlánticas hacia América y África. También se intentó el establecimiento de puertos en la costa africana (Santa Cruz de la Mar Pequeña).

La administración local, similar a la castellana, se organizó en concejos. No se nombró virrey, sino un adelantado en La Palma y otro en Gran Canaria. La Gomera, Fuerteventura y El Hierro estaban sometidos a régimen señorial. En 1526 se creó la Real Audiencia de Canarias. Se procuró mantener una fiscalidad más leve para atraer la repoblación. La organización eclesiástica, basada en el Patronato regio (como en Granada y América) tuvo su cúspide en la diócesis de Canarias. Desde principios del siglo XVI se implantó la Inquisición.

Expedición colombina y colonización de América[editar]
Viajes de Colón.

Señor: Porque sé que avreís plazer de la grand vitoria que nuestro Señor me ha dado en mi viaje vos escrivo ésta, por la cual sabréis cómo en [treinta y tres en la versión latina y veinte en la versión castellana] días pasé a las Indias con la armada que los ilustrísimos Rey y Reina, nuestros señores, me dieron, donde yo hallé muy muchas islas pobladas con gente sin número, y dellas todas he tomado posesión por sus Altezas con pregón y bandera real extendida, y no me fue contradicho.

Versiones de la carta de Colón a Luis de Santángel, escribano de ración, 15 de febrero - 14 de marzo de 1493 [en un caso] o marzo - abril de 1493 [en el otro].[35] [36]

Véase Cartas anunciando el descubrimiento de las Indias.

Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué auctoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muerte y estragos nunca oídos habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades [en] que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine y cognozcan a su Dios y criador, sean baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? Estos, ¿no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto, que en el estado [en] que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo.

Sermón de Montesinos, Santo Domingo, 21 de diciembre de 1511.

Política europea[editar]

La unión de Castilla y Aragón no afectaba a la situación interna de los territorios pero sí a su política exterior que se ejecutaba comúnmente. Es un punto debatido en la historiografía qué intereses fueron más beneficiados. La mayor parte de las interpretaciones indentifican como intereseses castellanos la proyección hacia el Atlántico y el Norte de Europa, lo que incluyó la estrategia a seguir en Portugal y Navarra; y como intereses aragoneses la proyección hacia el Mediterráneo; lo que incluyó la estrategia a seguir en Italia. En ambos casos los enemigos comunes eran Francia y los estados musulmanes, y los aliados necesarios Inglaterra y los estados de los Habsburgo-Borgoña.[25] El lema atribuido a Fernando Paz entre cristianos y guerra contra infieles, además de su carácter propagandístico, resumía un programa evidente.[37]

Portugal[editar]
Pregón del Tratado de Alcáçovas en Sevilla.

Desde la batalla de Aljubarrota (1385) se había mantenido la paz entre Portugal y Castilla. La guerra de Sucesión Castellana (1475-1479) proporcionó una posibilidad intervención portuguesa en los asuntos castellanos, que se frustró por la derrota de Alfonso y Juana. Portugal se había convertido en el primer estado moderno de Europa occidental, cuyo dominio de las rutas oceánicas le estaba convirtiendo en verdadera una potencia global. La conveniencia de mantener buenas relaciones con la casa de Avís se concretó en el Tratado de Alcáçovas (1479) y el proyectado matrimonio de Isabel (hija de los Reyes Católicos) con Alfonso (hijo y heredero de Juan II de Portugal). El enlace hispano-portugués se frustró varias veces (muerte de Alfonso, muerte de Isabel tras sus segundas nupcias -con Manuel I de Portugal-). El definitivo matrimonio de Manuel con otra hija de los Católicos, María, permitió que la hija de éstos, Isabel, enlazara en 1526 con otro nieto de los mismos reyes, Carlos I, y que el hijo de estos, Felipe II, unificara todos los reinos hispánicos en 1580, en un complicado e imprevisible azar sucesorio.

El Tratado de Tordesillas (1494) reequilibró las relaciones, respondiendo a la nueva situación geoestratégica originada por el descubrimiento de América. Concedía a Portugal un espacio atlántico más amplio que el obtenido por Castilla en la bula papal Inter Caetera (1493), fijándose en el meridiano situado a 370 leguas al oeste de Cabo Verde. Es objeto de especulación si tal demanda respondía a un conocimiento previo de la localización de las costas de Brasil, cuyo descubrimiento por Pedro Álvarez Cabral es varios años posterior (22 de abril de 1500).

Inglaterra[editar]

La alianza establecida en 1479 se concretó en 1501 con el matrimonio de Arturo Tudor y Catalina de Aragón. La consumación del matrimonio fue objeto de debate posteriormente; en todo caso, la temprana muerte de Arturo permitió el segundo matrimonio de Catalina, en 1503, con el futuro Enrique VIII. La hija de estos, María I de Inglaterra, contraerá matrimonio con Felipe II de España. A pesar de las objetivas razones para una alianza anglo-española,[38] los enfrentamientos entre ambas potencias serán recurrentes a lo largo de toda la Edad Moderna.

Borgoña y Austria[editar]

María de Borgoña, heredera de los restos del Estado Borgoñón, revalorizó el papel estratégico de sus posesiones (un estado tapón entre Francia y Alemania, continuador de la Lotaringia altomedieval) al casarse con Maximiliano I de Habsburgo, Archiduque de Austria y Emperador de Alemania. El interés mutuo por una alianza Habsburgo-Trastamara se concretó en un doble enlace: Felipe el Hermoso con Juana la Loca (1496) y Juan de Aragón y Castilla (el primogénito de los Católicos) con Margarita de Austria (1497); Juan murió al poco tiempo, y serán los hijos de Felipe y Juana los que formen las dos Casas de Austria que dominaron la Europa de la Edad Moderna: los Austrias de Madrid y los Austrias de Viena.

Francia[editar]

La Casa de Trastamara debía al apoyo francés su entronización en Castilla (de donde pasó a Aragón); y las buenas relaciones se mantuvieron hasta la guerra de Sucesión Castellana en que el rey de Francia intervino a favor de la Beltraneja. El matrimonio de Isabel con Fernando colocó a Castilla en el bando aragonés, cuyas relaciones con Francia eran ambivalentes: la ayuda francesa a Juan II de Aragón en la Guerra Civil Catalana permitió a Luis XI ocupar en 1475 la Cataluña al norte de los Pirineos (Rosellón y Cerdaña), mientras que los asuntos internos de Navarra les convertían en claros rivales. En 1483 los Reyes Católicos apoyaron a Francisco II de Bretaña, hasta entonces independiente de Francia. Las guerras de Italia (1494-1559) terminarán siendo el escenario idóneo para la disputa de la hegemonía europea entre ambas monarquías.

Navarra[editar]
Catalina I de Navarra (Catalina de Foix).

El reino de Navarra había quedado imposibilitado para expandirse hacia el sur en la Reconquista, encajonado entre sus poderosos vecinos cristianos (Castilla y Aragón); mientras que el complicado espacio político francés le permitía una mayor implicación al norte de los Pirineos. Se formaron dentro del reino dos bandos nobiliarios (beaumonteses y agramonteses), sucesivamente profranceses y proaragoneses, cuyo enfrentamiento se inscribía en el conflicto general europeo (la Guerra de los Cien Años). El reinado de Carlos III de Navarra (1387-1425) se caracterizó por una compleja red de alianzas matrimoniales con las dinastías de los reinos limítrofes, de la que terminaron beneficiándose los Trastamara, tanto de Castilla como de Aragón, conformándose una suerte de protectorado aragonés sobre Navarra desde 1419-1420 (tratados de Olite y de Guadalajara).[39] Juan II de Aragón, casado con Blanca I de Navarra, pasó a ser el rey efectivo desde 1425 a 1479, en medio de fuertes enfrentamientos (Guerra Civil de Navarra). A la muerte de la reina (1441), los beamonteses apoyaron la sucesión de Carlos de Viana (hijo de Juan y Blanca), mientras que los agramonteses apoyaron la continuidad de su padre como rey. Juan II impuso como heredera a su hija Leonor, casada con Gastón IV de Foix. Las muertes sucesivas del príncipe Carlos (1461), del príncipe Gastón (1470, primogénito de Leonor y Gastón, que había pasado a ser príncipe de Viana), de Leonor (1479) y, por último, de Francisco I de Foix (primogénito del príncipe Gastón y de Magdalena de Francia, hija del rey Luis XI, que ocupó el trono navarro entre 1479 y 1483), dejaron como reina a Catalina de Foix (hermana de Francisco), que se casó con Juan de Albret, noble francés. Entre 1495 y 1500 (Tratado de Sevilla) los Reyes Católicos mantuvieron guarniciones castellanas dentro de Navarra, como garantía de la neutralidad del reino.

Italia[editar]
Ferrante I, rey de Nápoles entre 1458 y 1494.

Desde las vísperas sicilianas (1282) la Corona de Aragón se configuró como una potencia interesada en los asuntos italianos, tanto en razón de su competencia con el reino de Francia, como por su la centralidad estratégica de Italia en lo que se había convertido en un verdadero Imperio aragonés[40] en el Mediterráneo, que llegaba hasta Grecia (Ducados de Atenas y Neopatria). A mediados del siglo XV de ese imperio sólo quedaban las islas Baleares, Sicilia y Cerdeña, con lo que la posibilidad de obtener presencia en Italia continental cobraba un especial valor, especialmente ante el avance turco desde el Mediterráneo oriental hacia los Balcanes (batalla de Adrianópolis -1365-, toma de Constantinopla -1453-).

En 1441 Alfonso V de Aragón "el Magnánimo", partiendo de Sicilia conquistó el Reino de Nápoles, desplazando a los Anjou (el ordinal como rey de Nápoles es Alfonso I). La concepción patrimonial de los reinos hacía que las divisiones sucesorias fueran frecuentes: la herencia de Alfonso V supuso que en 1458 Juan II quedara como rey de Aragón y Sicilia, mientras que Nápoles quedó para su hermano bastardo Ferrante I, casado con Juana de Aragón y enfrentado al Papa y a la nobleza napolitana, entre la que surgieron partidarios de los Anjou (angevinos). En 1494 a Ferrante le sucedió Alfonso II de Nápoles (Duque de Calabria).

En este momento Carlos VIII de Francia reivindicó sus derechos como heredero de los Anjou, consiguiendo imponerse militarmente en 1495. Para evitar la intervención aragonesa, había concedido en el Tratado de Barcelona (1493) la devolución de los territorios catalanes al norte de los Pirineos (Rosellón y Cerdaña). El temor papal de verse rodeado por los franceses, al norte y sur de Italia, le hizo convocar una "Liga Santa" en la que, junto a los Estados Pontificios, estaban Milán, Venecia, Austria y España. Las tropas españolas enviadas por Fernando el Católico derrotaron a Carlos VIII en Nápoles, y le obligaron a retirarse al norte de Italia. Fernando esperaba gobernar directamente, pero en el trono napolitano se sucedieron Ferrante II y Fadrique.

Luis XII, que había sucedido en el trono francés a Carlos VIII, concibió una resolución diplomática (Tratado de Marcoussis de 1498 y Tratado de Granada de 1500) que suponía el reparto del reino napolitano entre Francia y España. Pero las diferencias de intereses impusieron que la guerra de Nápoles (1501-1504) se convirtiera en un nuevo enfrentamiento entre ambas potencias. El ejército del "Gran Capitán" se impuso en las decisivas batallas de Ceriñola y Garellano (28 de abril y 28 de diciembre de 1503). El dominio de la Monarquía Hispánica sobre el Sur de Italia persistió hasta el siglo XVIII.

Don felipe y doña Juana Coniuhes, principes son de castilla y de aragon, Reyes por la sucesión.[41]

Reinado en Castilla de Felipe el Hermoso y Juana la Loca (1504-1506)[editar]

Las Cortes de Toro (de enero a marzo de 1505), tras la muerte de Isabel, aun reconociendo la existencia de heredera directa, su hija Juana, ponían en duda su capacidad (pasaría a la historia con el sobrenombre de "la loca"). Por entonces Juana residía en Flandes con su esposo Felipe de Habsburgo "el Hermoso". Las negociaciones internacionales llevadas a cabo en la concordia de Salamanca (24 de noviembre 1505) establecieron a los ausentes Felipe y Juana como reyes y a Fernando como gobernador del reino. En cuanto les fue posible, Felipe y Juana viajaron a Castilla dejando a su primogénito Carlos en Flandes (un accidentada expedición, comenzada en enero de 1506, que no consiguió llegar a La Coruña hasta el 26 de abril), y demandaron su derecho al ejercicio directo del poder, con el apoyo de las potencias europeas y respaldados por una parte de la nobleza (los llamados felipistas o pro-flamencos, opuestos a los fernandistas o pro-aragoneses, cuyos enfrentamientos obligaron a desplazar las Cortes convocadas en Salamanca el 5 de febrero, y que se volvieron a reunir en Cacabelos, en Villafranca y en Benavente, terminando en Valladolid el 9 de julio). Fernando aceptó la nueva situación firmando la concordia de Villafáfila (27 de junio de 1506), y se retiró a Aragón; pero en menos de tres meses la repentina muerte de Felipe (25 de septiembre de 1506) le permitió regresar como regente.[42]

Fernando el Católico, rey en Aragón y regente en Castilla (1506-1516)[editar]

Al poco de enviudar, Fernando se casó con Germana de Foix (pariente del rey Luis XII de Francia y de la reina Catalina de Navarra) en un matrimonio pactado en el Tratado de Blois (1505), que concedía a ésta los derechos que aún pretendía el rey francés sobre el reino de Nápoles (además del título de rey de Jerusalén, únicamente honorífico). Fernando se comprometía a ceder sus derechos sobre el reino al hijo que pudiera tener con Germana, circunstancia que se frustró con la muerte a las pocas horas de nacer del único hijo que llegaron a tener (Juan, nacido y muerto el 3 de mayo de 1509).

Durante los diez años de gobierno en solitario de Fernando, afianzado el control interior en Castilla y Aragón, se emplearon los crecientes recursos de la monarquía en una política exterior de fuerte presencia en múltiples escenarios, que confirmó a España como una seria aspirante a la hegemonía europea. El ejército permanente, constituido esencialmente por los Tercios organizados por Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán); y la marina, desplegada en el Mediterráneo y el Atlántico, absorbieron un porcentaje cada vez mayor del presupuesto (que pasó del 15% al 50%, cifra que aumentará todavía más en los reinados siguientes).

La ambivalente figura del Rey Católico fue tomada como modelo por Maquiavelo para su tratado El Príncipe (1513), que marca el inicio de la teoría política moderna.

Ocupación de plazas norteafricanas[editar]

Ya existía un puerto norteafricano en manos de un reino cristiano peninsular: Ceuta, conquistada por Portugal en 1415. Tras la toma de Granada, aumentó el interés castellano por la zona. El Duque de Medina Sidonia tomó Melilla en 1497; y en sucesivas campañas organizadas por el Cardenal Cisneros y el conde Pedro Navarro se ocuparon otros enclaves de la costa de Berbería: Mazalquivir en 1505, el Peñón de Vélez de la Gomera en 1508; Orán en 1509, y Bujía, Trípoli y Argel en 1510. No se consiguió tomar un enclave en Túnez ("desastres" de los Gelves, 29 de agosto de 1510, y los Querquenes, 20 de febrero de 1511).

Nápoles[editar]

Castel Nuovo de Nápoles.

Fernando tuvo que contener la desmesurada ambición del Gran Capitán acudiendo personalmente a Nápoles (1506-1507), lo que dio origen a la tópica expresión Las cuentas del Gran Capitán como referencia a su orgullosa respuesta ante el rey (que quedaría calificado de mezquino e ingrato). También consiguió el reconocimiento del Papa, que le invistió como rey de Nápoles; aunque no se produjeron cambios institucionales de importancia, conservando el reino de Nápoles una gran autonomía jurídica y política.

Entre 1508 y 1509 se recuperaron las islas venecianas del Adriático.

Anexión de Navarra[editar]

Sede de la Cámara de Comptos desde 1525.

En 1509 Fernando decidió implicarse nuevamente en la política navarra apoyando una rebelión. La situación jurídica cambió a partir de la muerte en 1512 de Gastón de Foix, conde de Narbona (vinculado a Francia durante las guerras de Italia), que hizo pasar los derechos de éste a su hermana (Germana de Foix, la esposa del Rey Católico). Luis XI garantizó por el Tratado de Blois (1512) su alianza con los reyes de Navarra (Catalina de Foix y Juan de Albret) a cambio del reconocimiento de su dependencia y el pago de una renta. Fernando, justificado por esta ruptura de la neutralidad, y con el apoyo del papa Julio II (que excomulgó a Juan y Catalina); encargó al Duque de Alba la ocupación militar del reino de Navarra y la expulsión de las tropas francesas, lo que consiguió con rapidez en la mayor parte del territorio, al sur de los Pirineos (julio a septiembre de 1512). La tierra de ultrapuertos, al norte, quedó en manos de nobles franceses.

La anexión formal de Navarra se produjo finalmente en 1515, y no se hizo a la Corona de Aragón, sino a la Corona de Castilla. No obstante, se mantuvo como un reino separado, con leyes e instituciones propias (Fueros de Navarra, Consejo de Navarra, Cortes de Navarra, Cámara de Comptos) y una amplísima autonomía en sus asuntos internos, que incluso sometía a revisión las órdenes o leyes emitidas por el rey (derecho de sobrecarta o pase foral), que era representado por un virrey.

Regencia de Cisneros en Castilla e interregno en Aragón (1516-1517)[editar]

A la muerte de Fernando, el inicial cuestionamiento de la aristocracia castellana a la regencia del arzobispo de Toledo, Francisco Jiménez de Cisneros, provocó una famosa respuesta de éste: reuniendo a los grandes frente a una unidad de artillería, proclamó Estos son mis poderes, frase que se ha convertido en un tópico para expresar el autoritarismo, o el control efectivo de los mecanismos del poder (poder fáctico).[43]

Durante este periodo Cisneros hubo enfrentar dos amenazas militares, una en Navarra, consiguiendo evitar la tentativa de incursión de los Albret; y otra en Argel, donde la guarnición castellana fue derrotada por Jeireddín Barbarroja (1516).

El hecho de que la reina legítima, Juana, siguiera incapacitada (pero no hubiera abdicado ni se la hubiera destituido), abría varias posibilidades, entre las que se consideró la de entregar el trono a Fernando (hijo menor de la reina Juana, que se había criado en Castilla), en vez de a su hermano mayor Carlos "de Gante", criado en Flandes por los Borgoña-Habsburgo. La precipitada proclamación como rey de Carlos en Bruselas llevó a Cisneros a aceptar los hechos consumados, pero solicitó su presencia urgente en España para evitar una posible rebelión. Tras casi dos años de regencia, Cisneros falleció mientras viajaba hacia Santander, donde estaba previsto el desembarco del nuevo rey.

En Aragón, el testamento de Fernando preveía que la regencia fuera ejercida por su bastardo el arzobispo Alonso, al que había conseguido la sede de Zaragoza; pero tal disposición no fue aceptada por las instituciones de la Corona aragonesa (en el caso de Sicilia, incluso se llegaron a producir revueltas), no resolviéndose la situación jurídica hasta 1518 y 1519.

Primer Renacimiento en España[editar]

Sepulcro del Doncel en la Catedral de Sigüenza, posterior a 1486 y anterior a 1504.

[44]

Austrias mayores: Imperio y revolución de los precios (1517-1598)[editar]

Genealogía de los Austrias mayores.

Carlos V, que solo se casó una vez (con Isabel de Portugal), tuvo un total de seis hijos de ese matrimonio, de los que le sobrevivieron tres (Felipe II, María de Austria y Portugal y Juana de Austria), y un hijo extramatrimonial (Juan de Austria). Felipe II, que se casó cuatro veces, sólo fue sobrevivido por un hijo varón (Felipe III), y una hija (Isabel Clara Eugenia).

Reinado de Carlos I (1517-1556)[editar]

Retrato de Carlos V por Bernard van Orley, hacia 1520 (el retratado tenía veinte años).
Doble ducado de Juana y Carlos (tipo acuñado entre 1516 y 1528). Era protagonista de rimas maliciosas como éstas:

Salveos Dios

ducados de a dos,

que Monsieiur de Xebres

no topó con vos.

Doblones de a dos

enhorabuena estedes

que con vosotros

no topó Xebres.[45]

[46]

Carlos I desembarcó de forma imprevista en el puerto asturiano de Villaviciosa el 8 de septiembre de 1517, trayendo consigo una nutrida y costosa representación de la corte flamenca de Malinas, entre la que destacaba Guillermo de Croy, señor de Chièvres, cuyas inclinaciones francófilas había demostrado en el Tratado de Noyon (13 de agosto de 1516), y que enseguida fue objeto de todo tipo de acusaciones, especialmente de avaricia y nepotismo (consiguió el nombramiento de su sobrino homónimo, de tan sólo 20 años, como arzobispo de Toledo en sustitución de Cisneros).[47] [48]

Sucesivamente, las Cortes de Castilla (Valladolid, 1518) y las de Aragón reconocieron al nuevo monarca y le concedieron sus peticiones fiancieras, aunque no sin condiciones (prohibición de sacar dinero del país, no vender los cargos ni dárselos a extranjeros, libertad para la reina madre, etc.), que fueron aceptadas por el monarca. Las convocadas Cortes valencianas no llegaron a celebrarse, pues antes de ello la prioridad política pasó a ser la elección de Carlos como emperador de Alemania, puesto electivo vacante por la muerte de su abuelo Maximiliano I de Habsburgo (12 de enero de 1519). Se convocaron nuevamente las cortes de Castilla (las únicas con capacidad financiera significativa), primero en Santiago de Compostela y luego en La Coruña (marzo-abril de 1520), que le concedieron sin una negociación real (se acusó a los procuradores de haberse dejado presionar y sobornar) una nueva aportación de 400.000 ducados. El dinero necesario para garantizarse la elección (en la que competía con Francisco I de Francia) le había sido adelantado como préstamo por Jakob Fugger, una apuesta financiero-política que convirtió a su casa en la banca más próspera del mundo, basada en su provechosísima relación con España y las Indias, donde se les castellanizó su nombre (Fúcares).[49] [50]

Al partir para Alemania Carlos I (20 de mayo de 1520) dejó como regente a un extranjero en Castilla, Adriano de Utrecht, incumpliendo parte de lo acordado en las negociaciones de Cortes, así como la salida de dinero. La difusión de las noticias por Castilla provocó una revuelta, iniciada en Segovia (29 de mayo) y posteriormente generalizada; que en Valencia también se produjo, aunque con causas y desarrollo diferentes.

Guerra de las Comunidades de Castilla[editar]

En morado, las ciudades comuneras; en verde, las imperiales. Las ciudades que estuvieron presentes en ambos bandos aparecen en ambos colores.[51]

La primavera de 1521 presenció una sucesión de desafíos a Carlos V en distintos reinos peninsulares, cuya resolución significó el asentamiento de su poder: pocos días después de la principal batalla de la guerra de las Comunidades (batalla de Villalar, 23 de abril de 1521 -Toledo se rindió el 25 de octubre-) se produjo una sublevación en Navarra con apoyo francés (batallas de Pamplona y Noáin, 20 de mayo y 30 de junio de 1521) y el inicio de las Germanías (18 de mayo de 1521 -los enfrentamientos más violentos, Almenara y Gandía, en julio de 1521, la toma de Valencia, el 3 de marzo de 1522, la rendición de Palma, el 8 de marzo de 1523-). Por esas mismas fechas, el imperio ultramarino se dilataba de forma extraordinaria: en América se producía la definitiva toma de México-Tenochtitlan (26 de mayo al 13 de agosto de 1521), y en los océanos se llevaba a cabo la primera circunnavegación del mundo (10 de agosto de 1519 - 6 de septiembre de 1522). Al mismo tiempo, Carlos, que estaba en Alemania desde su elección imperial (1520), asistió a la comparecencia de Lutero ante la dieta de Worms (25 de mayo de 1521), un episodio que evidenciaba que el título de Emperador no le otorgaba en realidad el control de la situación política y religiosa; siendo en ese escenario donde hubo de enfrentarse a problemas insolubles durante el resto de su reinado.

Representantes de varias ciudades del centro de Castilla, convocadas por Toledo (8 de junio), se reunieron en una Junta de Comunidades en Ávila (agosto), y fueron ganando adhesiones a medida que se intensificaba la represión imperial (asedio de Segovia, incendio de Medina del Campo -21 de agosto-). El carácter antifiscal y particularista de la revuelta respondía a un sentimiento generalizado de pérdida de independencia y control en los asuntos internos castellanos, que únicamente beneficiaba a Flandes y que sólo era visto con menor recelo por las ciudades periféricas de predominio mercantil (Burgos o Sevilla). Se propuso anular el servicio votado en La Coruña, interpretándolo como el resultado de una coacción, y volver al sistema de encabezamiento, exigir el nombramiento de un regente castellano y de castellanos para todos los demás oficios y cargos recientemente concedidos a extranjeros, y reafirmar la prohibición de sacar dinero de Castilla. La Junta no reconocía ni a Adriano de Utrecht ni al Consejo Real, considerando que sólo la Chancillería de Valladolid representaba una autoridad legítima. Los iniciales movimientos militares perfilan la separación de dos bandos y convierten la revuelta en una verdadera guerra civil entre comuneros (la baja nobleza y la burguesía de las ciudades del centro de Castilla, interesadas en el desarrollo de la artesanía local, liderados por Juan de Padilla -Toledo-, Juan Bravo -Segovia- y Francisco Maldonado -Salamanca-, con escasa presencia de altos nobles -Pedro Girón, Pedro de Ayala- o altos clérigos -Antonio de Acuña, obispo de Zamora-) e imperiales (las ciudades con intereses en el comercio exterior, el clero y la alta nobleza con intereses ganaderos, y los grandes, liderados por el Condestable y el Almirante). Los comuneros buscaron legitimarse recurriendo a la reina Juana (madre de Carlos, que desde hacía años se encontraba recluida en Tordesillas al considerarla loca, pero que no había abdicado). La actitud de la reina es difícil de valorar, pero no llegó a firmar ningún documento.

La radicalización del movimiento comunero, que en algunos puntos se convirtió en una revuelta antiseñorial, resultó decisiva para que la mayor parte de la nobleza apoyase al bando imperial. La derrota de los comuneros en la batalla de Villalar (23 de abril de 1521) descabezó el movimiento con la ejecución de sus líderes. Únicamente la ciudad de Toledo resistió varios meses, dirigida por María Pacheco, viuda de Padilla.

Revuelta de las Germanías[editar]

Vista de Valencia en 1563, por Anton van der Wyngaerde.

El descontento presente en el reino de Valencia desde el incumplimiento de la convocatoria de Cortes aumentó por el nombramiento como virrey del conde de Mélito (Diego Hurtado de Mendoza y Luna, un aristócrata castellano). La decadencia demográfica y económica del reino había sido constante desde el siglo XV. La peste de 1519 había apartado a la nobleza de las ciudades, dejando un vacío de poder ocupado por la burguesía artesana y mercantil organizada en germanías ("hermandades"). Los periódicos ataques de la piratería berberisca habían acostumbrado a los ciudadanos a la autodefensa (Junta de los Trece, instituida por los Reyes Católicos), además de reforzar el recelo social ante la presencia de una importante minoría morisca en los dominios rurales nobiliarios. La elección de jurados en la ciudad de Valencia (18 de mayo de 1521) sirvió de detonante para una revuelta urbana, en que la muchedumbre atacó el palacio virreinal.[52]

La sublevación se generalizó, convirtiéndose en una verdadera guerra civil en toda Valencia, que incluso se extendió a los reinos vecinos (sobre todo al reino de Mallorca, aunque también en zonas de Cataluña y el Bajo Aragón). Su carácter fue muy complejo, presentando componentes particularistas, sociales y religiosos; en algunas zonas rurales adquirió la forma de levantamientos antiseñoriales, de imposible coordinación con las revueltas urbanas, protagonizadas por la burguesía. Hubo incluso un brote de sebastianismo, dirigido por un oscuro personaje (El Encubierto) que decía ser Juan, hijo de los Reyes Católicos y verdadero heredero del trono.[53]

Tras la rendición de los rebeldes de Oropesa, capturado el líder Vicente Peris en Valencia (3 de marzo de 1522), y tomadas Játiva y Alcira, el reino de Valencia fue finalmente pacificado; nombrándose a Germana de Foix, la viuda de Fernando el Católico, para el cargo de virrey.

Sin embargo, en Mallorca el movimiento alcanzó una mayor profundidad, a causa de que, en ausencia de campesinado morisco, sí fue posible la coordinación de las revueltas populares y urbanas. Los agermanats mallorquines, con un discurso igualitario, lograron el control de toda la isla, derrotando la resistencia nobiliaria. Fue necesario enviar una flota imperial que restauró la situación anterior mediante una severa represión (finales de 1522).

Hegemonía europea: franceses y protestantes[editar]

Territorios de Carlos V (fuera del mapa, el imperio ultramarino):      Herencia castellana (de su abuela materna, Isabel la Católica, muerta en 1504); ejerce el reinado de forma efectiva desde 1518, aunque la reina titular siguió siendo su madre, Juana la Loca, muerta en 1555. De los enclaves africanos, Argel se perdido en 1530, y Túnez no fue conquistado hasta 1535.      Herencia aragonesa (de su abuelo materno, Fernando el Católico, muerto en 1516), incluyendo las islas mediterráneas y el sur de Italia; no así el Ducado de Milán, conquistado en 1521, en su condición de feudo imperial.      Herencia borgoñona (de su abuela paterna, María de Borgoña, muerta en 1482, a través de su padre, Felipe el Hermoso, muerto en 1506); excepto Frisia, Utrecht, Groninga y otros pequeños territorios de los Países Bajos septentrionales, adquiridos en distintos momentos del reinado de Carlos.      Herencia austríaca (de su abuelo materno, Maximiliano I de Habsburgo, muerto en 1519). En 1521 cede el gobierno del territorio a su hermano Fernando I de Habsburgo, que desde 1526 era también rey de Hungría.      Sacro Imperio Romano Germánico (por elección, en 1520). El poder efectivo no era ejercido por el Emperador, sino por los príncipes locales.

La posibilidad de ejercer una hegemonía europea tuvo desde el inicio del reinado de Carlos dos importantes antagonistas: el mayor la monarquía francesa de Francisco I, que tras perder la compencia por la elección imperial no perdió ninguna oportunidad de intervenir en Italia, Navarra, Alemania o cualquier otro escenario que pudiera perjudicar a Carlos (incluso apoyando al Imperio turco);[54] y en segundo lugar, las inestables ligas de príncipes alemanes, que encontraron en la Reforma protestante un medio idóneo para aumentar su poder a costa del del clero local, el Papa y el Emperador. La posición del tercer rey en discordia, Enrique VIII de Inglaterra, fue apoyar alternativamente a Carlos y a Francisco, y combatir o aproximarse sucesivamente a los protestantes. La posición de los sucesivos papas osciló entre el enfrentamiento abierto, el recelo y la sumisión (llegándose a nombrar papa a uno de sus más estrechos colaboradores, Adriano de Utrecht).

Mostradme la cláusula del testamento de Adán en la que se le otorga al rey de España la mitad del mundo

Frase atribuida a Francisco I[55]

... un poquito de favor a un fray que se dice fray Martín, que está con el duque Fadrique de Sajonia, del cual tiene el Papa grandísimo miedo, porque predica y publica grandes cosas contra su poder

Juan Manuel, embajador en Roma, al rey Carlos I, 1520[56]

¡Creo, de verdad, que no será este frailuco el que me haga a mí hereje!

Atribuido a Carlos V en la Dieta de Worms[57]

Vosotros sabéis que Yo desciendo de los emperadores cristianísimos de la noble nación de Alemania, y de los reyes católicos de España, y de los archiduques de Austria y duques de Borgoña; los cuales fueron hasta la muerte hijos fieles de la Santa Iglesia Romana, y han sido todos ellos defensores de la Fe católica y sacros cánones, decretos y ordenamientos y loables costumbres, para la honra de Dios y aumento de la Fe católica y salud de las almas. Después de la muerte, por derecho natural y hereditario, nos han dejado las dichas santas observancias católicas, para vivir y morir en ellas a su ejemplo. Las cuales, como verdadero imitador de los dichos nuestros predecesores, habemos por la gracia de Dios, guardado hasta agora. Y a esta causa, Yo estoy determinado de las guardar, según que mis predecesores y Yo las habemos guardado hasta este tiempo; especialmente, lo que ha sido ordenado por los dichos mis predecesores, ansi en el Concilio de Constancia, como en otros.

Las cuales son ciertas, y gran vergüenza y afrenta nuestra es, que un sólo fraile, contra Dios, errado en su opinión contra toda la Cristiandad, así del tiempo pasado de mil años ha, y más como del presente, nos quiera pervertir y hacer conocer, según su opinión, que toda la dicha Cristiandad seria y habría estado todas horas en error. Por lo cual, Yo estoy determinado de emplear mis Reinos y señoríos,

mis amigos, mi cuerpo, mi sangre, mi vida y mi alma; porque sería gran vergüenza a mí y a vosotros, que sois la noble y muy nombrada nación de Alemania, y que somos por privilegio y preeminencia singular instituidos defensores y protectores de la Fe católica, que en nuestros tiempos no solamente heregia, mas ni suspición de ella, ni disminución [de] la Religión cristiana, por nuestra negligencia, en nosotros se sintiese, y que después de Nos quedase en los corazones de los hombres para nuestra perpetua deshonra y daño y de nuestros sucesores. Ya oísteis la respuesta pertinaz que Lutero dio ayer en presencia de todos vosotros. Yo os digo, que me arrepiento de haber tanto dilatado de proceder contra el dicho Lutero y su falsa doctrina. Estoy deliberado de no le oir hablar más, y entiendo juntamente dar forma en mandar que sea tomado, guardando el tenor de su salvoconducto, sin le preguntar ni amonestar mas de su malvada doctrina, y sin procurar que algún mandamiento se haga de como suso es dicho; e soy deliberado de me conducir y procurar contra él como contra notorio herege. Y requiero que vosotros os declareis en este hecho como buenos cristianos, y que sois tenidos de lo hacer como lo habeis prometido. Hecho en Bormes a 19 de abril de 1521, de mi mano. Yo el Rey.[58]

Hegemonía mediterránea: los turcos[editar]

Hegemonía mundial: conquista y colonización de América[editar]

El mundo, repartido entre el Imperio Portugués y el Imperio Español a partir del Tratado de Zaragoza (1529), que fijaba la localización en el Pacífico del meridiano renegociado en el Tratado de Tordesillas (1494) a partir de la bula Inter Caetera (1493). Se atribuye a Francisco I de Francia la protesta, en forma de petición de que se le mostrara la cláusula del testamento de Adán que privara a los demás de tal reparto.

España comenzó a ser una potencia naval presente en todos los mares del mundo, con grandes beneficios, pero también con un elevado coste: de 2.500 barcos que surcaron el Atlántico durante el reinado de Carlos V 800 naufragaron o desaparecieron.[59]

La Hacienda de Carlos I[editar]

Las guerras suponían un gasto desorbitado. Las rentas ordinarias de la Corona no eran suficientes, por lo que constantemente se recurría al crédito, condicionando los recursos futuros. Había diferentes tipos de deuda: juros (emisiones de títulos de deuda, redimibles o permanentes), préstamos forzosos, préstamos voluntarios o "socorros", y letras de cambio a corto plazo.

Los impuestos de Castilla, base de los ingresos reales, seguían siendo los mismos que en la Baja Edad Media. En 1536 se implantó el encabezamiento general de las alcabalas, congeladas desde el inicio de su reinado por temor a una nueva rebelión antifiscal como la de las Comunidades. La recaudación de las alcabalas aumentó un 4.68% frente al 44% de aumento del resto de rentas de la Corona. Otras rentas ordinarias habían aumentado considerablemente como consecuencia del incremento del comercio: las aduanas, numerosas y dispersas por todo el reino, en puertos secos y puertos de mar. Regalías menores eran el estanco de las salinas (monopolio real centralizado en los alfolíes -también había salinas propiedad de particulares-), el 5% del producto de las minas y del alumbre, otros estancos, penas de cámara, galeotes, etc. Otros ingresos importantes eran la moneda forera (pagada por el reino cada 6 ó 7 años para evitar que el rey utilizase su potestad de alterar el valor de la moneda) y el monopolio de las almadrabas (pesquerías de atún) del reino de Granada. Las Cortes negociaban periódicamente el servicio ordinario y extraordinario.

A los impuestos sobre bienes eclesiásticos derivados de concesión papal (el excusado, la Bula de Cruzada y el subsidio eclesiástico) se denominaba "gracias" o "Tres Gracias", y su fin teórico era sufragar la defensa de la fe.

También había ingresos irregulares como las dotes, el rescate de los Delfines de Francia tras el Tratado de Madrid (1526). De importancia creciente, llegando a convertirse en una partida decisiva a mediados de siglo, eran los ingresos obtenidos en las Indias: esencialmente el quinto real (las regalías de minas, que suponían el 20% de los metales preciosos), al que se añadían los impuestos sobre los pueblos indios, algunos diezmos y penas de cámara.

Hubo también recursos extraordinarios o enajenaciones, de consecuencias sociales más importantes que su relativa rentabilidad para el Tesoro. El monarca extendió la venta de todo tipo de regalías o derechos enajenados del patrimonio regio, pese a la fuerte oposición que las Cortes demostraron contra ello. Se vendieron jurisdicciones, especialmente en territorios de las órdenes militares, con autorización papal (en 1529 se autorizó a quitar villas, vasallos y bienes con un valor de 40.000 ducados, que se irá renovando). Tal fue la cantidad de enajenaciones, que saturó el mercado, tuviéndose que recurrir en el reinado siguiente a la enajenación de diezmos. Otro recurso fue la venta de hidalguías, aunque no obtuvo los recursos esperados. A finales del reinado se recurrió al arbitrio de la venta de jurisdicciones a los propietarios de fincas, recurso que tendrá mucha más extensión en el siglo XVII. Las alteraciones los bienes comunales, por la venta y perpetuación de baldíos, que se dio sobre todo a partir de 1580, agotó la capacidad de seguir extrayendo recursos fiscales y condujo inevitablemente a las quiebras periódicas de la Hacienda y a las devaluaciones monetarias.[60]

Humanismo y Alto Renacimiento[editar]

Censura de una obra de Erasmo, en la que el censor se ensaña incluso con la imagen del humanista. El erasmismo y el antierasmismo caracterizaron la vida intelectual española de la primera mitad del siglo XVI. La victoria de los antierasmistas significó una todavía mayor intolerancia religiosa (incluso una verdadera erasmofobia), que en la siguiente mitad del siglo se convirtió incluso en un cierre a toda influencia foránea.

En el proceso del Brocense, un estudiante legista, llamado Juan Pérez, acusa al Maestro Sánchez de «hablar de Erasmo con elogio, refiriendo el dicho de un canónigo de Salamanca: «Quien dice mal de Erasmo, o es fraile o es asno»; y... que si no hubiera habido frailes las obras de Erasmo fueran buenas, y no habría nada vedado en ellas».

Hay muchos emperadores, pero Tiziano uno solo. [62]

¿Que os parece cómo a éstos villanos, que con sólo decir "Cristianos viejos somos", sin hacer obras de caridad, se piensan salvar sin poner nada de su hacienda?

Lazarillo de Tormes.[63]

Non placet Hispania

("No me gusta España")

Erasmo de Rotterdam, en carta a Tomás Moro, 1517.[64]

Reinado de Felipe II (1556-1598)[editar]

Territorios de la Monarquía Hispánica de Felipe II, tal como eran administrados por el complejo polisinodial:      Consejo de Castilla.      Consejo de Aragón.      Consejo de Portugal (desde 1580).      Consejo de Italia.      Consejo de Indias (extensión aproximada de los territorios controlados efectivamente; aunque la reivindicación teórica de soberanía (derivada de los "justos títulos") podría aplicarse a la totalidad, desde 1573 (Ordenanzas para Descubrimientos y Poblaciones) el rey ordenó explícitamente detener las "conquistas", utilizándose en lo sucesivo los eufemismos "poblaciones" y "pacificaciones".[65]      Consejo de Flandes (el territorio era escenario desde 1568 de la revuelta de Flandes, que triunfó en la parte septentrional, las llamadas Provincias Unidas, independientes de hecho).
Un grabado holandés muestra a la Armada Invencible entablando un combate naval en el Canal de la Mancha (en su parte más estrecha, entre Calais y Dover). La mayor o menor ponderación de las causas del fracaso de esta expedición se inició con la frustración del propio Felipe II, que prefirió despreciar la intervención inglesa:

Yo envié mis naves a luchar con los hombres, no contra los elementos.[66]

Paradójicamente, la construcción de tan elevado número de barcos (127 sólo para la Armada de 1588, a los que hay que sumar los de la flota de Indias -una armada real de seis u ocho galeones para la "Flota de Tierra Firme" y dos galeones para la "Flota de Nueva España", capitana al frente y almiranta en retaguardia desde 1561, en el denominado sistema de flotas y galeones[67] que pervivió hasta la segunda mitad del siglo XVIII-, la Armada del Mar del Sur -desde 1580-, el galeón de Manila -desde 1565- y las galeras del Mediterráneo; además de los barcos mercantes y pesqueros) tuvo consecuencias medioambientales trascendentes: la deforestación de las laderas pirenaicas (abetos para los mástiles, sabinas para las cuadernas), el incremento de la desertización ya iniciada de territorios como los Monegros e incluso la formación del Delta del Ebro.[68] Otro tópico muy extendido es considerar como una ajustada comparación con la realidad social española el destino de los árboles en España: "ser santo o ser barco". Un refrán, citado por Cervantes, explicitaba la tríada de trayectorias vitales concebibles para la movilidad social ascendente: Iglesia, mar, o Casa Real.[69]

Felipe, el primero de su dinastía nacido en España (Valladolid, 1527), fue regente de los reinos hispánicos (necesidad impuesta por los constantes viajes europeos de su padre, Carlos V) desde los doce años, a la muerte de su madre (Isabel de Portugal, en 1539). En su consejo de regencia fue asistido por Francisco de los Cobos, el cardenal Tavera y el Duque de Alba. Tras un breve matrimonio que renovaba la alianza portuguesa (1543-1545, con su prima María Manuela, muerta tras el parto del príncipe Carlos), Felipe se casó en 1554 con María Tudor, reina de Inglaterra (hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, por tanto, nieta de los Reyes Católicos y tía segunda suya, once años mayor que él), en una operación de amplio calado que pretendía afianzar la vuelta de ese reino al catolicismo y a la alianza con el Imperio (incluso se enviaron clérigos españoles para depurar las universidades inglesas). En 1555 se produjeron las abdicaciones de Bruselas que, aunque confirmaron la división territorial prevista (Felipe no sería Emperador, lo sería el Archiduque de Austria, su tío Fernando, Rey de Romanos desde 1531), le convirtieron en el monarca más poderoso del mundo. La supremacía sobre Francia quedó evidenciada en la batalla de San Quintín (10 de agosto de 1557), aunque los franceses recuperaron Calais (7 de enero de 1558). La muerte sin hijos de María (17 de noviembre de 1558) le privó del reino de Inglaterra, que pasará a ser uno de sus principales adversarios con la reina Isabel (restauró la reforma anglicana, persiguió el catolicismo e impulsó la expansión marítima y comercial, rompiendo el control naval español del Atlántico). El tratado de Cateau-Cambrésis (2 de abril de 1559) establecía la paz entre España y Francia, confirmando el predominio español en Italia y Flandes, y significó el tercer matrimonio de Felipe, con la princesa francesa Isabel de Valois (1559-1568).

En 1559 Felipe volvió a España, de donde no volvió a salir, fijando la corte en Madrid (1561). Su estrecha supervisión del complejo aparato burocrático le permitió controlar con firmeza las respuestas a los múltiples desafíos que surgían en todos los escenarios conflictivos, entre los que destacaron la revuelta de Flandes (desde 1566), la rebelión de las Alpujarras (1568-1571), en parte relacionada con los enfrentamientos contra el Imperio Otomano en el Mediterráneo (batalla de Lepanto, 7 de octubre de 1571), la crisis sucesoria que le permitió convertirse en rey de Portugal (1578-1580), y los enfrentamientos contra Inglaterra en el Atlántico (fracaso de la Armada Invencible, 1588). Un último matrimonio (1570-1580, con su sobrina Ana de Austria, veintidós años menor que él) le permitió conseguir un heredero varón (el futuro Felipe III, nacido en 1578) tras las extrañas circunstancias en torno a la muerte del príncipe Carlos (1568), que suscitaron todo tipo de especulaciones. La corte vivió conjuras y enfrentamientos entre albistas y ebolistas ("halcones" y "palomas" respectivamente), llegando a extremos violentos con repercusión en la política interior (revuelta de Antonio Pérez en Aragón -1590-, el protagonista, su principal secretario, había sido destituido en 1579 acusado del asesinato de Escobedo, secretario de Juan de Austria -hermanastro del rey, vencedor en Lepanto y gobernador de Flandes, donde intentaba una solución militar, y muerto por las mismas fechas, en 1578-).

Los últimos años de su largo reinado se caracterizaron por la decadencia física del rey en el contexto de un paulatino cambio de ciclo económico secular (de la expansión del siglo XVI a la crisis del siglo XVII), simultáneo a un decisivo hecho de longue durée: el basculamiento del eje histórico de la civilización occidental del Mediterráneo al Atlántico,[70] y al inicio de la decadencia española. La intervención en las guerras de religión de Francia en apoyo del bando católico no tuvo éxito, al imponerse la solución apoyada por los politiques y el Papa (entronización del candidato protestante, Enrique de Borbón, tras su conversión al catolicismo -1589-). La situación en Flandes se estabilizó tras las campañas dirigidas por Alejandro Farnesio (sobrino del rey y de Juan de Austria), que continuó la guerra con Francia hasta su muerte en 1592. La paz de Vervins (1598) puso fin al conflicto francés, dejando el gobierno de los Países Bajos españoles (sólo controlada la zona sur, católica -Unión de Arrás-) en manos de Isabel Clara Eugenia (hija de Felipe II e Isabel de Valois -y que por ello mantenía hasta entonces su pretensión al trono de Francia-) y su marido Alberto de Austria (doblemente sobrino de Felipe II, por parte de padre y madre), con el título de archiduques soberanos (el matrimonio no tuvo hijos y sus Estados continuaron dependiendo de la Monarquía Hispánica).

Si el rey no acaba el reino acaba.

Expresión anónima que corría por Madrid en 1595.[71]

La burocracia del "Rey Prudente"[editar]

Junta de Noche (1585) Junta Grande (1590)[72]

Conflictos en la península: rebelión de las Alpujarras, alteraciones de Aragón y conquista de Portugal[editar]

El imperio del "Demonio del Sur": la "Leyenda negra"[editar]

Este es el dulce son que acá se siente:

"¡España, Santiago, cierra, cierra!"

y por süave olor, que el aire atierra,

humo que azufre da con llama ardiente.

Francisco de Aldana

Een Prinse van Oranje / ben ik, vrij, onverveerd, / den Koning van Hispanje / heb ik altijd geëerd.

Un príncipe de Orange / soy, libre y valeroso, / al Rey de España / siempre le he honrado.

Wilhelmus, himno en honor de Guillermo de Orange, fue adoptado como himno nacional de los Países Bajos.

Antes perder mis estados que reinar sobre herejes. [73]

En mis dominios no se pone el sol.[74]

El fiero Turco en Lepanto,

En la Tercera el Francés,

Y en todo mar el Inglés

Tuvieron de verme espanto.

Rey servido y patria honrada

Dirán mejor quién he sido,

Por la cruz de mi apellido

Y con la cruz de mi espada.

Lope de Vega, dedicado a Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, a cuyas órdenes sirvió; 1588.[75]

Los problemas económicos[editar]

Contrarreforma y Bajo Renacimiento[editar]

Adoración del nombre de Jesús (también denominada El sueño de Felipe II, de El Greco, 1577-1579. Fue el primer encargo para este pintor hecho por el rey, y representa a los personajes que protagonizaron la Liga Santa victoriosa en Lepanto, como el propio Felipe, el papa Pío V y Juan de Austria. El hecho de que se represente al rey cercano a las fauces del monstruo que representa al infierno ha suscitado la interpretación de que tal cosa sería una muestra de descontento del pintor con su regio cliente; en cualquier caso, no puede ser ningún tipo de "venganza" por el rechazo a protagonizar el programa pictórico de El Escorial, dado que eso no sucedió hasta El martirio de San Mauricio (1580-1582).
El Escorial en construcción, hacia 1576.

Martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma.[76]

«¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza

y que diera un doblón por describilla!

Porque ¿a quién no sorprende y maravilla

esta máquina insigne, esta riqueza?

»Por Jesucristo vivo, cada pieza

vale más de un millón, y que es mancilla

que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!,

Roma triunfante en ánimo y nobleza.

»Apostaré que el ánima del muerto,

por gozar este sitio, hoy ha dejado

la gloria donde vive eternamente».

Esto oyó un valentón y dijo: «Es cierto

cuanto dice voacé, seor soldado,

y el que dijere lo contrario miente».

Y luego, in continente,

caló el chapeo, requirió la espada,

miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

Soneto al túmulo de Felipe II, Miguel de Cervantes, 1598.[77]

Austrias menores: decadencia española y crisis del siglo XVII[editar]

Nace en las Indias honrado,

donde el mundo le acompaña

viene a morir en España,

y es en Génova enterrado

...

¡Poderoso caballero es Don Dinero!

Francisco de Quevedo.
Refectorio de cartujos, por Francisco de Zurbarán, 1630-1635.

La España del Barroco presentaba simultáneamente una "apariencia" desproporcionada a su "realidad" y una "introspección colectiva" negativa que se regodeaba en la decadencia española y sus trágicos acompañantes de muerte, hambre, peste y guerra. A la hidalguía le acompañaba inseparablemente la picaresca, como Sancho a Don Quijote. La pobreza y las distintas clases de condición social alternativa al ideal social de "cristiano viejo", convertían la marginación en una condición paradójicamente casi mayoritaria.[78]

Los Austrias del siglo XVII (Felipe III, Felipe IV y Carlos II) son conocidos historiográficamente como los Austrias menores, porque su reinado coincide con la época de decadencia, y tal denominación atribuye a los propios monarcas buena parte la responsabilidad.

El sistema político heredado de un "rey burócrata" como Felipe II estaba basado en la constante intervención en numerosísimos asuntos de la figura del rey, que asumía todo el poder concentrado en la monarquía autoritaria y como elemento común a todos los reinos. Entre los reyes del siglo XVII los hubo que no eran capaces o simplemente no se interesaban en el gobierno. Surgió la figura del valido, un favorito que gobernaba en nombre del rey, y que éste escogía no tanto en razón de sus capacidades como por otros criterios. El duque de Lerma (primero en ejercer como valido, para Felipe III), destacó por su corrupción, y siguió una política pacifista, consciente de que el imperio, en la cumbre de su poder, se enfrentaba a desafíos insuperables y no se podía permitir incrementos del gasto militar. En 1618 estalló la guerra de los Treinta Años y los Austrias de Madrid se vieron obligados a intervenir en auxilio de los Austrias de Viena. La política del conde duque de Olivares (valido de Felipe IV) fue decididamente más agresiva, con el empeño de restaurar la "reputación". Los éxitos iniciales no ocultaron las tensiones internas, y la Monarquía misma estuvo a punto de disolverse en la crisis de 1640. Aunque se evitó el peor escenario, hubo de reconocerse un nuevo equilibrio europeo más realista (paz de Westfalia, 1648, tratado de los Pirineos, 1659). El reinado de Carlos II "el hechizado" estuvo sometido a sucesivas regencias y validazgos (entre ellos el de su prestigioso hermanastro, Juan José de Austria); y en el exterior no tuvo capacidad para contener la ambición de la nueva potencia hegemónica: la monarquía absoluta francesa de Luis XIV, que pasó de acosar militarmente a España a protegerla, dadas las expectativas de que la herencia del trono de Carlos (incapaz de tener hijos) recayera en un príncipe Borbón. Mientras tanto, y en un contexto en el que ya no se controlaba eficazmente el tesoro de las Indias, se produjeron algunas reformas económicas e institucionales (quiebras y estabilización monetaria y fiscal, nuevo papel de Cortes y Consejos, aparición de juntas y secretarios, etc.)

Entre los graves conflictos internos, destacaron dos: uno de base étnico-religiosa, que se resolvió drásticamente en 1609 con la expulsión de los moriscos (generando a su vez una verdadera catástrofe demográfica y socioeconómica, especialmente en Valencia); y otro de base particularista, las revueltas de 1640 en Cataluña y Portugal, afrontadas militarmente con resultados opuestos.

Reinado de Felipe III (1598-1621)[editar]

Valladolid a finales del siglo XVI. Grabado de Civitates orbis terrarum.

Los validos y la política interior[editar]

La expulsión de los moriscos[editar]

Expulsión de los moriscos, dibujo de Vicente Carducho.

La gestión de la hegemonía[editar]

El Quijote y el teatro clásico castellano[editar]

Y cuando he de escribir una comedia,

encierro los preceptos con seis llaves;

saco a Terencio y Plauto de mi estudio,

para que no me den voces (que suele

dar gritos la verdad en libros mudos),

y escribo por el arte que inventaron

los que el vulgar aplauso pretendieron,

porque, como las paga el vulgo, es justo

hablarle en necio para darle gusto.

Lope de Vega, Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo, 1609.

Los inicios del Barroco[editar]

La sexta angustia, de Gregorio Fernández, 1616-1617.
Bodegón con membrillo, repollo, melón y pepino, de Juan Sánchez Cotán, 1602.

Reinado de Felipe IV (1621-1665)[editar]

Restaurar la reputación[editar]

Tenga Vuestra Majestad por el negocio más importante de su monarquía el hacerse rey de España; quiero decir, Señor, que no se contente Vuestra Majestad con ser rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona, sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto por reducir estos reinos de que se compone España al estilo y las leyes de Castilla sin ninguna diferencia en todo aquello que mira a dividir, límites, puertos secos, el poder celebrar Cortes de Castilla, Aragón y Portugal en la parte que quisiera, a poder intruducir Vuestra Majestad acá y allá ministros de las naciones promiscuamente, que si Vuestra Majestad lo alcanza, será el Príncipe más poderoso del mundo.

Gran Memorial del Conde-Duque de Olivares a Felipe IV, del 25 de diciembre de 1624.[79]

Crisis de 1640[editar]

Barcelona desde el castillo de Montjuich. La torre inicial fue fortificada durante la revuelta de 1640 y tuvo un destacado protagonismo en las sucesivas coyunturas bélicas y represivas sobre la ciudad.
Batallas de la guerra da Restauração portuguesa (1640-1668) y de la guerra dels segadors catalana (1640-1652). El trazado de las fronteras se fijó, respectivamente, en el tratado de Lisboa (13 de febrero de 1668) y el tratado de los Pirineos (7 de noviembre de 1659).
Regnorum Hispaniae et Portugalliae, hacia 1710. Además de una rudimentearia demarcación de reinos peninsulares, con alguna imprecisión, se marcan también el Rosellón y la Navarra francesa.

Señor, los Conselleres y Consejo de Ciento de la Ciudad de Barcelona, Cabeza y Metrópoli Seglar del Principado de Cataluña, dizen: Que los soldados de V. M. que están en Rosellón alojados, no contentos de los estragos y exorbitantes sacrilegios hasta aora cometidos, públicamente amenazan universal ruina y saco general al Principado, con introducción de nuevas costumbres, en la forma y con la impiedad que en Perpiñán y en otros pueblos se comienzan a ejecutar estos designios. ... Sería negar la piedad de un Padre a un monarca tan Católico, presumir en V. M. permisión a tales desafueros sin preceder delitos que los motiven: cuando en otra parte averiguados los toleró la prudencia. ... No tiene V. M. vasallos de fidelidad más entera, de legalidad más pura que los catalanes ... Cuantos Privilegios concedieron los Señores Reyes a, Principado, Universidades y particularmente a la ciudad de Barcelona, tantos testigos son de estas verdades, tantas voces que claman de su fe la grandeza. Esto es lo que la emulación envidia, y la envidia llama excesos: no advirtiendo que siendo todos premios de servicios y finezas; lo distributivo de la justicia halló proporción de tales mercedes a fidelidad tan grande. La misma emulación se responde: pues cuando nos envidia privilegiados, nos aclama fidelísimos. Aunque son de los Reyes concedidos, para exenciones de pechos y tributos, no es el interés el motivo de la estimación, sino la gloria de su fe. Para desmentir esta sospecha, el amor con facilidad su liberalidad ejecuta: porque se entienda, que el celo de la observancia de sus constituciones y privilegios es en ellos honor, y no codicia.

Proclamación católica a la magestad piadosa de Felipe el Grande, rey de las Españas y emperador de las Indias, de Gaspar Sala y Berart, 1640.[80]

El tema y la tema de los de Barcelona, que podrán más fácilmente negar que son catalanes que no el ser temosos, es el refrán que dice "No es por el güevo, sino por el fuero". Yo les probaré "que no es por el güevo ni por el fuero". Y últimamente (valiéndome de su intención y de la invidia de los enemigos de España) "que será por el güevo y no por el fuero". No dirán que escribo desaforadamente, ni que guiso mal mi discurso, pues los doy batidos con tres güevos, tres fueros, que son toda su golosina. ... Que no es por el güevo ni por el fuero, el güevo lo dice, el fuero no tiene que decir: ni han quebrado el uno ni el otro los ministros de su majestad. ... La guerra tan injusta que Francia hace hoy a toda la Cristiandad en esta monarquía más con cizaña que con valor ni con valentía, levantando a Barcelona y a Portugal y asistiéndolos a la traición -confiesa en gloria nuestra que todas las naciones apestadas de herejía, incorporadas en Francia, no pueden dar cuidado a España sin españoles-, guerra es esta más colorada con la vergüenza que con la sangre. Y halos de burlar el intento, porque al español más le constituye en serlo la lealtad que la patria, de manera que deja de ser español en dejando de ser leal. ... Son los catalanes aborto monstruoso de la política. Libres con señor; por esto el conde de Barcelona no es dignidad, sino vocábulo y voz desnuda. Tienen príncipe como el cuerpo alma para vivir y como éste alega contra la razón apetitos y vicios, aquéllos contra la razón de su señor alegan privilegios y fueros. Dicen que tienen Conde, como el que dice que tiene tantos años, teniéndole los años a él. El provecho que dan a sus reyes es el que da a los alquimistas su arte; promételes que harán del plomo oro, y con los gastos los obligan a que del oro hagan plomo. Ser su virrey es tal cargo, que a los que lo son se puede decir que los condenan, y no los honran. Su poder en tal cargo es sólo ir a saber lo que él y el Príncipe no pueden. Sus embajadas a su gobernador cada hora no tratan de otra cosa sino de advertirle que no puede ni ordenar ni mandar ni hacer nada, anegándole en privilegios.

La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero, de Francisco de Quevedo, 1640[81]

(en respuesta a la Proclamación católica)

Dos décadas antes, Cervantes se deshacía en encomios hacia Barcelona y los catalanes; de modo tal, que ha podido sostenerse que a ciudad alguna ni a pueblo alguno elogió Cervantes más que a Barcelona y a los catalanes; tanto, a bien pocos, si es que celebró en el mismo grado a alguno:[82]

Los corteses catalanes, gente enojada, terrible, y pacífica suave; gente que con facilidad dan la vida por la honra y por defenderlas entrambas se adelantan a si mismos, que es como adelantarse a todas las naciones del mundo...

Los trabajos de Persiles y Segismunda, cap. XII, lib. III (1617).

Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza única. Y aunque los sucesos que en ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre [en sus playas fue derrotado Don Quijote], los llevo sin ella sólo por haberla visto.

El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (la segunda parte de El Quijote), cap. LXXII (1615).

... llegaron a Barcelona poco antes que el sol se pusiese. Admiroles el hermoso sitio de la ciudad y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradores, amparo de los extranjeros, escuela de la caballería, ejemplo de lealtad y satisfacción de todo aquello que de una grande, famosa y rica y bien fundada ciudad puede pedir un discreto y curioso deseo.

Las dos doncellas, una de las Novelas ejemplares (1613).

El Parnaso del "Rey Planeta"[editar]

Estatua ecuestre de Felipe IV, de Pietro Tacca (1634-1642) sobre bocetos de Velázquez y Martínez Montañés. La atrevida pose se supone asesorada por Galileo Galilei.

La utilización de la metáfora del Parnaso para referirse a artistas y literatos provenía de la Italia manierista, fue aplicada a España por Cervantes en 1614 y continuó en el siglo XVIII con Antonio Palomino y Juan José López de Sedano, ambos autores de obras tituladas El Parnaso Español. El epíteto de "Rey Planeta" para designar a Felipe IV (muy similar al de "Rey Sol" para su máximo rival, Luis XIV) era un lugar común en la retórica y la emblemática de su época, y se utiliza literariamente al menos desde 1623 (Tirso de Molina).[84]

Mantua Carpetatorum sive Matritum Urbs Regia, el llamado Plano de Texeira de Madrid, 1656.

Reinado de Carlos II (1665-1700)[editar]

Carlos II adorando la Sagrada Forma, por Claudio Coello, 1685-90.

Regencia, validos y esposas de "El Hechizado"[editar]

Disolución del imperio europeo ante la hegemonía francesa[editar]

Dificultades de control del imperio americano[editar]

Final de la crisis y cambio de ciclo económico[editar]

Niños jugando a los dados, de Murillo, ca. 1675.

A qué vino el Sr. D. Juan?

A bajar el caballo y subir el Pan.

Pan y carne a quince y once,

Como fue el año pasado;

Con que nada se ha bajado

Sino el caballo de bronce.

Pasquín anónimo, 25 de abril de 1677.[85]

[El Corregidor de Madrid, Francisco de Vargas, a una mujer que le reprocha no poder alimentar a su marido, parado, y a sus seis hijos, con el pan, de mala calidad, que acaba de comprar a doce cuartos]:

diese gracias a Dios de que no les costaba dos [reales] de plata... haced castrar a vuestro marido para que no os haga tantos hijos.

[Gritos de la multitud]:

Pan, pan, pan, queremos pan.... Viva el rey, muera el mal gobierno.

Documentos del Motín de los Gatos.

Plaza Mayor de Madrid, 28 de abril de 1699, martes, a eso de las siete.[86]

Crisis intelectual[editar]

Es lastimosa y aun vergonzosa cosa que, como si fuéramos indios, hayamos de ser los últimos en recibir las noticias y luces públicas que ya están esparcidas por Europa.

Juan de Cabriada, Carta filosófico-médico-chymica, 1687.

[87]

Iglesia del Hospital de la Caridad (Sevilla)

In ictu oculi,[88] de Valdés Leal, ca. 1671.
Retablo mayor, de Bernardo Simón de Pineda, Pedro Roldán y Valdés Leal.

[89]

[90]

Árbol genealógico de los Austrias menores y del primer Borbón.

Borbones: Absolutismo, Ilustración y Crisis del Antiguo Régimen[editar]

Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, 1728-1763.

La muerte sin sucesión directa de Carlos II, el último Austria de Madrid, obligó a un cambio dinástico. El partido borbónico se había impuesto en la Corte, y el testamento real era claro: la Monarquía Hispánica recaía en Felipe de Anjou, nieto del rey francés Luis XIV. Ante ambos, en Versalles, el embajador español (marqués de Castelldosrius) le rindió el primer homenaje, en nombre de todos sus nuevos súbditos, el 16 de noviembre de 1700.[91] Dentro de España, los reinos de la Corona de Aragón eran predominantemente austracistas, partidarios de la sucesión de Carlos de Habsburgo, que podía aducir derechos de sucesión no menos válidos que los de Felipe. No sólo los Austrias de Viena, sino la mayor parte de las potencias europeas (Inglaterra, Portugal, Holanda, Saboya, Prusia) consideraron conveniente apoyar esa pretensión, ante la amenaza de constitución de una hegemonía franco-española que alterara el equilibrio continental con la llegada al trono de Madrid de un Borbón que podría incluso llegar a suceder también a su abuelo en Francia. El enfrentamiento entre ambos bandos desencadenó una guerra generalizada en Europa, que en España fue una verdadera guerra civil.

El resultado internacional de la guerra fue un verdadero empate: desde el armisticio de 19 de agosto de 1712, los tratados de Utrecht y Rastadt (1713-1714) repartieron los territorios entre ambos pretendientes (Italia y Flandes para Carlos -que entre tanto había heredado Austria y obtenido la elección imperial-, España y América para Felipe -que tuvo que renunciar explícitamete a la posibilidad de reinar a la vez en Francia y España-). La gran beneficiada fue Inglaterra, que además de impedir la hegemonía de cualquier otra potencia, logró concesiones territoriales (pequeñas pero estratégicas: Gibraltar y Menorca) y económicas (sustanciales en el comercio americano: asiento de negros y navío de permiso).

En cambio, el resultado interno en España, donde la guerra se prolongó hasta 1715, fue una clara imposición del absolutismo borbónico, que con los Decretos de Nueva Planta (1711 a 1715) suprimió el régimen particularista de los reinos de la Corona de Aragón. El de las provincias vascas y Navarra, que se mantuvieron en el bando vencedor, no se vio alterado.

Las reformas borbónicas se plantearon, a lo largo de los sucesivos reinados de todo el siglo XVIII, como la aplicación de una racionalización y modernización de las estructuras tradicionales, que centralizara e hiciera más eficaz el Estado y la economía sin cuestionar la base social estamental del Antiguo Régimen. La radical transformación de la administración territorial se vio seguida por el replanteamiento de las relaciones con Roma (negociación de concordatos en un sentido regalista, que llegó a su máxima expresión con el decreto de Urquijo de 1799 -retirado al año siguiente-) y el sugimiento de una sensibilidad anticlerical (especialmente dirigida contra los jesuitas, que fueron expulsados en 1766) y desamortizadora; la reconstrucción del poder naval y del control sobre el imperio americano (de acuerdo con Portugal y en ciertos territorios contra las misiones jesuíticas) y medidas económicas de carácter mercantilista. Otras cuestiones, como la reforma de la Hacienda (única contribución vinculada al catastro de Ensenada) o de las estructuras agrarias y comerciales en un sentido proto-liberal (libertad de comercio, supresión de la tasa de granos, proyecto de ley agraria), chocaron con los intereses señoriales y fueron relegadas, a pesar de haberse impulsado desde la cúspide burocrática, ocupada por equipos ilustrados apoyados por los reyes (lo que historiográficamente se ha denominado despotismo ilustrado, especialmente con Carlos III y Carlos IV).[92]

Tantas causas influyeron en el enorme desaliento en que yacía nuestra agricultura a la entrada del presente siglo. Pero después acá los estorbos fueron a menos, y los estímulos a mas. La Guerra de Sucesión, aunque por otra parte funesta, no solo retuvo en casa los fondos y los brazos que antes perecían fuera de ella, sino que atrajo algunos de las provincias extrañas y los puso en actividad dentro de las nuestras. A la mitad del siglo la paz había ya restituido al cultivo el sosiego que no conociera jamás, y a cuyo influjo empezó a crecer y prosperar. Prosperaron con él la población y la industria, y se abrieron nuevas fuentes a la riqueza pública. La legislación, no solo más vigilante sino también más ilustrada, fomentó los establecimientos rústicos en Sierra Morena, en Extremadura, en Valencia y en otras partes, favoreció en todas el rompimiento de las tierras incultas, limitó los privilegios de la ganadería, restableció el precio de los granos, animó el tráfico de los frutos y produjo, en fin, esta saludable fermentación, estos clamores que, siendo para muchos una prueba de la decadencia de nuestra agricultura, son a los ojos de la Sociedad el mejor agüero de su prosperidad y restablecimiento.

Informe en el Expediente de la Ley Agraria. Gaspar Melchor de Jovellanos, 1795.[93]

Reinado de Felipe V (1700-1746)[editar]

Guerra de Sucesión y Tratado de Utrecht[editar]

Recreación histórica[94] en Gerona del Regiment de Sant Narcís,[95] uno de los del Ejército de Cataluña (Guerra de Sucesión Española). El nacionalismo catalán utiliza las conmemoraciones históricas en torno a esta época, y en concreto la de la derrota austracista (caída de Barcelona, 11 de septiembre de 1714 -Diada Nacional de Catalunya-).
Campañas y batallas de la Guerra de Sucesión en España. La Corona de Aragón fue mayoritariamente austracista, mientras que la Corona de Castilla y Navarra fueron, mayoritariamente, filipistas. El predominio naval de las flotas inglesa y holandesa y la penetración hacia la Meseta desde Portugal dieron una ventaja inicial al bando austracista, que ocupó Madrid (2 de julio-3 de agosto de 1706). La batalla de Almansa (25 de abril de 1707) cambió el signo de la guerra; aunque se volvió a producir una segunda entrada en Madrid del Archiduque Carlos (28 de septiembre-3 de diciembre de 1710), frustrada de nuevo por las victorias filipistas de Brihuega y Villaviciosa.


La batalla de Almansa, de Buonaventura Ligli (Ventura Lirios) y Filippo Pallotta, 1709.[96]

Reformas borbónicas: centralización y mercantilismo[editar]

... en el modo de gobernarse los Reinos y Pueblos no deve haber diferencia de leyes y estilos... Que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla, y al uso, práctica y forma de gobierno que se ha tenido en ella... sin diferencia alguna en nada.

...desde luego doy por abolidos y derogados, todos los referidos fueros, privilegios, práctica y costumbre hasta aquí observadas en los referidos Reynos de Aragón y Valencia.

Decreto de 29 de junio de 1707[97]

... singular favor en igualarse con su amada Castilla, concediéndole todas las leyes, fueros, privilegios y costumbres que a costa de tantos, tan antiguos méritos y servicios ha adquirido.

Carta de Amelot de 21 de septiembre de 1707.[98]

Pactos de Familia y presencia internacional[editar]

Pre-Ilustración y Tardo-Barroco[editar]

Fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago de Compostela, de Fernando de Casas Novoa, 1738-1750.
La descendencia de Felipe V.

Reinado de Fernando VI (1746-1758)[editar]

Real Instituto y Observatorio de la Armada o de San Fernando, fundado por Jorge Juan en la Academia de Guardiamarinas del Castillo Viejo de Cádiz y trasladado por el Marqués de Ureña a su actual emplazamiento en San Fernando.
La fe, de Luis Salvador Carmona, 1753.
Estado de lo que producen..., documentación del Catastro de Ensenada en una localidad de la provincia de Guadalajara, 1749.
Acción de la Compañía Guipuzcoana de Caracas, 1752.


Gobiernos de orientaciones opuestas[editar]

Reorganización de la Hacienda y la Marina[editar]

Recomposición del Imperio americano[editar]

Regalismo y academicismo[editar]

Reinado de Carlos III (1758-1788)[editar]

Olavide, arrodillado, recibe de Carlos III, en presencia de Campomanes, las órdenes reales para la colonización de Sierra Morena.[99]

Gobiernos ilustrados[editar]

Libre comercio, motín de Esquilache y expulsión de los jesuitas[editar]

Mis súbditos son como los niños, que lloran cuando se les lava.[100]

Relaciones internacionales y nuevos criterios de expansión colonial[editar]

Misión de San Diego de Alcalá, la primera fundada en California (1769).

Dinamismo intelectual[editar]

Fuente de Apolo, en el Paseo del Prado de Madrid, un ambicioso proyecto urbanístico (José de Hermosilla, 1763) que, además de "higienizar" el trazado urbano, y dotar a la ciudad de un animado paseo arbolado y con fuentes monumentales (Alcachofa, Cuatro Fuentes, Neptuno, Apolo y Cibeles), incluía espacios a ocupar por instituciones científico-tecnológicas punteras en medicina (Hospital y Colegio de San Carlos), astronomía (Observatorio del Retiro), química (Platerías Martínez), biología (Jardín Botánico) y todas las ciencias que la Ilustración consideraba "útiles" (Gabinete de Ciencias).
Luigi Boccherini. Músico de la corte española entre 1761 y 1805, compuso la famosa Música nocturna de las calles de Madrid (ca. 1780).
Ascenso en globo de Monsieur Bouclé en los jardines de Aranjuez, de Antonio Carnicero, 1784.

Reinado de Carlos IV (1788-1808)[editar]

Las Cortes Generales del Reino, reunidas en 1789 en la iglesia del monasterio de San Jerónimo el Real (Madrid), juran su reconocimiento al príncipe de Asturias, futuro Fernando VII. Cuadro de Luis Paret y Alcázar, 1791. Curiosamente, la institución equivalente de representación estamental en Francia se convocó ese mismo año (Estados Generales de 1789), con muy distintas consecuencias.
Expedición Malaspina o de la corbeta Descubierta, 1789-1794 (un periodo clave, que coincide con la Revolución francesa, lo que causó el recelo con el que fue recibida a su vuelta y que eliminó la posibilidad de aprovechar sus resultados). En rojo, el trayecto de ida hasta Alaska. En azul, el trayecto de vuelta, que incluyó un prolongado periplo por el Pacífico sur.

El final del Antiguo Régimen en Francia (la Revolución francesa de 1789) significó para España una sucesión de convulsiones intelectuales y políticas: se pasó de las dudas iniciales a una radical oposición a las autoridades revolucionarias y al cierre de fronteras para evitar todo contagio ideológico (muy limitado, fuera de la conspiración de Picornell -3 de febrero de 1795-); para terminar aceptando los hechos, reanudándose la secular alianza hispano-francesa, aunque con nefastos resultados (batalla de Trafalgar, 21 de octubre de 1805).

¿A quién se ofende y se daña? A España

¿Quién prevalece en la guerra? Inglaterra

¿Y quién saca la ganancia? Francia

Tonadilla popular[101]

El contexto fue de una gravísima crisis agraria, que volvió a presentar episodios recurrentes de carestía y hambruna (1789, 1802-1805).[102] A pesar de algunas tímidas modernizaciones, la estructura económica y la sociedad preindustrial no se había transformado de un modo comparable a las naciones de Europa noroccidental. Las luchas de poder en la corte (inicialmente, entre Floridablanca y Aranda) dieron paso al encumbramiento, hasta extremos ridículos, de un ambicioso personaje protegido por la reina (Godoy). Se laminó la influencia de los equipos ilustrados más capaces, incluyendo a científicos, militares y estadistas de alto nivel y extracción internacional, desaprovechándose prometedores proyectos emprendidos con alto coste (Jovellanos, Betancourt, Malaspina, Humboldt, Proust).

La divina Providencia se ha servido llevarse ante sí en 29 de Agosto último el alma de nuestro Santísimo padre Pío VI; y no pudiéndose esperar de las circunstancias actuales de Europa, y de las turbulencias que la agitan, que la elección de un sucesor en el Pontificado se haga con aquella tranquilidad y paz tan debidas, ni acaso tan pronto como necesitaría la Iglesia; a fin de que entre tanto mis vasallos de todos mis dominios no carezcan de los auxilios precisos de la religión, he resuelto que hasta que Yo les de a conocer el nuevo nombramiento de Papa, los Arzobispos y Obispos usen de toda la plenitud de sus facultades, conforme a la antigua disciplina de la Iglesia para las dispensas matrimoniales y demás que les competen: que el tribunal de la Inquisición siga como hasta aquí ejerciendo sus funciones, y el de la Rota sentencie las causas que hasta ahora le estaban cometidas en función de la comisión de los papas, y que Yo quiero ahora que continúe por sí. En los demas puntos de consagración de Obispos y Arzobispos, u otros cualesquiera mas graves que puedan ocurrir, me consultará la Cámara, cuando se verifique alguno, por mano de mi primer Secretario de Estado y del Despacho; y entonces con el parecer de las personas a quienes tuviese a bien pedirle, determinaré lo conveniente, siendo aquel supremo tribunal el que me lo represente, y a quien acudirán todos los Prelados de mis dominios hasta nueva orden mía. Tendrase entendido en mi Consejo y Cámara, y expedirá estas las órdenes correspondientes a los referidos Prelados para su cumplimiento.

Decreto de Urquijo, 10 de septiembre de 1799.[103]

Amados vasallos míos: vuestra noble agitación en estas circunstancias es un nuevo testimonio que me asegura de los sentimientos de vuestro corazón; y Yo, que cual padre tierno os amo, me apresuro a consolaros en la actual angustia que os oprime. Reposad tranquilos: sabed que el ejército de mi caro aliado el Emperador de los franceses atraviesa mi reino con ideas de paz y de amistad. Su objeto es trasladarse a los puntos que amenaza el riesgo de algún desembarco del enemigo; y que la reunión de los cuerpos de mi guardia, ni tiene el objeto de defender mi persona, ni acompañarme en un viaje que la malicia os ha hecho suponer como preciso. Rodeado de la acendrada lealtad de mis vasallos amados, de la cual tengo tan innegables pruebas, ¿qué puedo yo temer? y cuando la necesidad urgente lo exigiere, ¿podría dudar de las fuerzas que sus pechos generosos me ofrecerán? No: esta urgencia no la verán mis pueblos. Españoles, tranquilizad vuestro espíritu: conducíos como hasta aquí con las tropas del aliado de vuestro buen Rey; y veréis en breves días restablecida la paz en vuestros corazones, y a Mí gozando la que el cielo me dispensa en el seno de mi familia y vuestro amor.

Dado en mi palacio real de Aranjuez a 16 de marzo de 1808 [el día anterior al llamado motín de Aranjuez]. Yo el rey.[104]

Como los achaques de que adolezco no me permiten soportar por más tiempo el grave peso del gobierno de mis reinos, y me sea preciso para reparar mi salud gozar en clima más templado de la tranquilidad de la vida privada, he determinado después de la más seria deliberación, abdicar mi corona en mi heredero y mi muy caro hijo el Príncipe de Asturias. Por tanto es mi real voluntad que sea reconocido y obedecido como Rei y señor natural de todos mis reinos y dominios. Y para que este mi real decreto de libre y espontanea abdicación tenga su exacto y debido cumplimiento, lo comunicaréis al Consejo y demás a quienes corresponda. Dado en Aranjuez a 19 de Marzo de 1808. Yo el rey.

Real decreto de abdicación de Carlos IV en Fernando VII, 19 de marzo de 1808.[105]

He tenido a bien dar a mis amados vasallos la última prueba de mi paternal amor. Su felicidad, la tranquilidad, prosperidad , conservación e integridad de los dominios que la divina providencia tenía puestos bajo mi gobierno, han sido durante mi reinado los únicos objetos de mis constantes desvelos (...)

Así pues, por un tratado firmado y ratificado, he cedido a mi aliado y caro amigo el emperador de los franceses todos mis derechos sobre España e Indias; habiendo pactado que la corona de las Españas y las Indias ha de ser siempre independiente e íntegra, cual ha sido y estado bajo mi soberanía y también que nuestra sagrada religión ha de ser no solamente la dominante en España, sino también la única que ha de observarse en todos los dominios de esta monarquía. (...) Estas disposiciones de mi caro amigo el emperador Napoleón, dirigidas a conservar la paz, amistad y unión entre Francia y España, evitando desórdenes y movimientos populares, cuyos efectos son siempre el estrago, la desolación de las familias y la ruina de todos. Dado en Bayona en el palacio imperial llamado del gobierno a 8 de mayo de 1808.

Real decreto de abdicación de Carlos IV en Napoleón Bonaparte, simultánea a la de su hijo Fernando VII (las llamadas abdicaciones de Bayona).[106]

Ficción[editar]

Son abundantes las recreaciones históricas de la Edad Moderna española en novela, teatro, en cine y en televisión.

Novela[editar]

Siglo XV

Siglo XVI

Siglo XVII

Siglo XVIII

Carmen Martín Gaite escribió dos libros de alta calidad literaria y difícil catalogación (más allá de su consideración genérica como "ensayo" o "no ficción"), ambientados en la época: El proceso de Macanaz: historia de un empapelamiento, y Usos amorosos del dieciocho en España.

Teatro[editar]

Siglo XVI

Siglo XVII

Siglo XVIII

Cine[editar]

Además de las novelas históricas adaptadas al cine, hay un buen número de obras cinematográficas originales, o adaptadas de otras obras literarias, ambientadas en distintas épocas de la Edad Moderna española. Muchas de ellas son adaptaciones de obras literarias de los siglos de Oro (la Celestina, el Lazarillo, el Guzmán de Alfarache, el Quijote, el Buscón, la Lozana andaluza, numerosas obras teatrales de Lope -Fuenteovejuna, El perro del hortelano-, Calderón -La dama duende, El alcalde de Zalamea- o Tirso -las numerosas adaptaciones de Don Juan-).[107] Las películas sobre el descubrimiento y la colonización de América son un subgénero en sí mismo (Alba de América, 1492: la conquista del paraíso, Cristóbal Colón: El descubrimiento,[108] Cristobal Colón, de oficio... descubridor -parodia-, También la lluvia, Bartolomé de las Casas (La leyenda negra),[109] El capitán de Castilla,[110] Cabeza de Vaca, El halcón del mar,[111] La araucana (La conquista de Chile),[112] El puente de San Luis Rey, La carroza de oro, La misión). Notablemente, el género histórico fue característico de las principales películas producidas durante la posguerra española.

Siglo XV

Siglo XVI

Siglo XVII

Siglo XVIII

Goya ha tenido un amplio tratamiento en cine (Goya, que vuelve, de Modesto Alonso, 1928,[117] El último amor de Goya, de Jaime Salvador, 1946), La maja desnuda, de Henry Koster, 1958,[118] Goya, historia de una soledad, de Nino Quevedo, 1970,[119] Goya, genio y rebeldía, de Konrad Wolf, 1972,[120] Volaverunt de Bigas Luna, 1999, Goya en Burdeos, de Carlos Saura, 1999, Los fantasmas de Goya de Milos Forman, 20006).[121]

Televisión[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

Notas[editar]

  1. Ficha en la web del Museo del Prado
  2. Deseo inconsciente, por parte de un varón, de encontrar a su madre en múltiples y sucesivas parejas femeninas, con ninguna de las cuales desarrolla una relación duradera. Entre sus aspectos positivos incluye el heroísmo, la perseverancia y la fortaleza en el propósito (Psychological Aspects of the Mother Archetype, Collected Works of C. G. Jung, Vol. 9, Part 1. 2nd ed., Princeton University Press, 1968. 451 p. (pp. 75-80). ISBN 978-0-691-01833-1). El complejo materno "es homosexualidad y donjuanismo, y algunas veces también impotencia. En la homosexualidad la entera heterosexualidad del varón se vincula a la madre de una forma inconsciente; en el donjuanismo, se busca la madre en cada mujer que se encuentra... A causa de la diferencia en el sexo, el complejo de madre de un hijo no aparece de una forma pura. Esa es la razón por la que en cada complejo de madre masculino, al lado del arquetipo materno, se desempeña un significativo papel por la imagen de la contraparte sexual del hombre, el ánima" (Symbols of Transformation, 1959, New York: Princeton University Press. p 85). Fuentes citadas en en:Don Juanism
  3. Así como otros intelectuales españoles de su época (Jorge Mora, Don Juan Tenorio visto por Marañón, Pérez de Ayala y Machado, Revista Comunicación, vol. 1, nº 4).
  4. Roger Alier, Guía universal de la ópera, Robinbook, 2007, ISBN 8496924033, pg. 268.
  5. Soren Kierkegaard, "The Immediate Stages of the Erotic, or Musical Erotic."
  6. The Myth of Sisyphus, "The Absurd Man: Don Juanism."
  7. Julio Caro Baroja, Fragmentos italianos, 1992, Istmo, ISBN 84-00-05996-4.
  8. José Ortega y Gasset se preguntaba cómo podía llamarse Reconquista a una cosa que dura ocho siglos. El hispanista Derek Lomax indica que La Reconquista es un marco conceptual utilizado por los historiadores. Pero, a diferencia del concepto de Edad Media, no se trata de un concepto artificial... fue una ideología inventada por los hispanocristianos poco después del año 711, y su realización efectiva hizo que se mantuviera desde entonces como una tradición historiográfica, convirtiéndose también en un objeto de nostalgia y en un cliché retórico de los publicistas, tanto tradicionales como marxistas. Ambos autores son citados por Eloy Benito Ruano, que indica cómo ningún historiador serio se ha cuestionado el uso del término aunque en manos de unos y otros se convirtió en un tópico retóricamente exaltado y objeto de culto o en uno de esos conceptos que había de extirpar y combatir. ¿Re-Conquista? Un estado de la cuestión, Real Academia de la Historia, 2000, ISBN 84-89512-80-9 pg. 157.
  9. Luis Suárez Fernández (2001), La doctrina del máximo religioso, en la página oficial para la canonización de la Reina Católica.
  10. Carlos Loures, Somos hispanos, mas nÃo somos espanhóis. Ou somos?, 25 de septiembre de 2012
  11. In laudem Serenissimi Ferdinandi Hispaniae regis ("en loa del Serenísimo Fernando, rey de España"). Basilea, imprenta de Johan Bergmann, 1494.
    Titulación de la monarquía en España: No está establecido quién usó el título "rey de España" por primera vez. En diplomática ese uso aparece al menos con los Reyes Católicos. En la legislación lo habitual era usar el título extenso, acumulativo de reinos, o el simple "Yo el Rey". En el Prontuario de las Leyes y Decretos del Rey D.José Napoleón usa el título Rey de las Españas y de las Indias. La expresión "rey de las Españas" (traducción castellana de la latina Hispaniarum Rex) ha tenido sobre todo uso numismático (desde Felipe II), y de hecho, José I siguió usando ese título en las monedas, como también lo hizo Isabel II, que incorpora el castellano y otra fórmula ("POR LA G. DE DIOS Y LA CONST. REINA DE LAS ESPAÑAS" -véase-). Amadeo de Saboya ya usa "rey de España" (véase); mientras que Alfonso XII y Alfonso XIII usaron "rey constitucional de España". Puede verse una colección aquí (vienen todos los reyes menos Amadeo). En el Sexenio democrático (1868-1874) se usó la expresión "España" a secas (véase). Véase Monarquía hispánica#Intitulación, Anexo:Monedas de peseta de España, Monarquía en España, Rey de España, etc.

    Felipe Ruiz Martín, ¿Qué hay en un nombre? De territorios sueltos a Monarquía Española en La proyeccion europea de la monarquia hispanica, donde se cita a Pablo Fernández Albaladejo y un tema que denomina "batalla por la precedencia", es decir, la prelación diplomática entre las distintas monarquías europeas desde los Reyes Católicos, y centrado en la época de Felipe II (que pretendía continuar usando la prelación que mantenía su padre Carlos V, a pesar de no llevar el título imperial). En la Declaración que dieron en La Haya el 19 de abril de 1720 los plenipotenciarios de España, Austria, Francia e Inglaterra sobre el título de Emperador a Carlos VI y sobre el idioma de los tratados ... se ofrece una dificultad que se ha considerado de la mayor importancia; esto es, que en los instrumentos de las ratificaciones exhibidas por el señor conde Windischgratz, su Majestad cesárea, ahora ya daba a su Majestad católica el título de rey de España, pero que al contrario en las cartas de las ratificaciones que el señor marques Berretti Landi produjo, no se hacía mención alguna del título de emperador que le correspondía a su Majestad cesárea (citado en Tratados, convenios y declaraciones de paz y de comercio que han hecho con las potencias extranjeras los monarcas españoles de la casa de Borbón desde el año de 1700 hasta el día: puestos en orden é ilustrados muchos de ellos con la historia de sus respectivas negociaciones, 1843, pg. 193). Véase aquí (José Ortiz, Volumen 6 de Compendio cronologico de la historia de Espana, desde los tiempos mas remotos hasta nuestras dias pg. 114 -y anteriores-) la utilización diplomática de "rey de España" frente a la utilización interna para el caso de Carlos V en 1516.

    El texto más clásico, pero en este caso no como uso oficial, sino como ejercicio retórico, es el Gran Memorial del Conde Duque de Olivares (1624): Tenga V.M. por el negocio más importante de su Monarquía, el hacerse Rey de España; quiero decir, Señor, que no se contente V.M. con ser Rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto, por reducir estos reinos de que se compone España, al estilo y leyes de Castilla sin ninguna diferencia, que si V.M. lo alcanza será el Príncipe más poderoso del mundo.

    Hay ejemplos de uso de "rey de España" antes del siglo XV: Alfonso III se denomina Rex Hispaniae en una carta de 906 (Menéndez Pidal, op. cit.) Fernando I se denomina Rex totius Hispaniae. Alfonso VI, imperator constitutus super omnes Hispaniae nationes (Menéndez Pidal, op. cit.) Alfonso VII eligió el título de Imperator totius Hispaniae (la monarquía astur-leonesa utilizó en la documentación títulos o expresiones de raigambre romano-visigoda, como imperator, flavius, rex magnus, princeps magnus e incluso basileus (Menéndez Pidal, op. cit.)A Ramón Berenguer IV se le llama en una ilustración apoderador de España. En cambio, los reyes de la Hispania visigoda se denominaban rex gothorum.

    La denominación informal "tercer rey de España" se aplicó en algunas ocasiones a distintos personajes. En Sevilla se festejaba a su patrón San Fernando (Fernando III el Santo) como "San Fernando rey"; en la coyuntura de la Guerra de Independencia se remarcó que debía llamarse "San Fernando rey de España" (obviamente para marcar la similitud con Fernando "el deseado").

    En plural, se usa en castellano desde el inicio del idioma, al menos desde el Cantar de Mio Cid: hoy los reyes de España sus parientes son.

  12. Decreto de 1683, de Carlos II, ordenando un censo de indios en el Perú
  13. La frontera de los Pirineos es hoy la decana de todas las fronteras de Europa (Antonio Domínguez Ortiz, España, tres milenios de historia, Marcial Pons Historia, 2013, ISBN 8415817029, pg. 204.
  14. Bartolomé Clavero, Mayorazgo, propiedad feudal en Castilla, 1369-1836, Siglo XXI, 1974. Instituciones equivalentes hubo en otros países europeos; pero con distintas implicaciones legales, que en la Corona de Castilla se establecieron en las Leyes de Toro (1505). En los demás reinos peninsulares se dieron las figuras del morgado portugués y el hereu catalán (en Cataluña seguramente no hay ningún mayorazgo que pueda llamarse tal -Pedro Nolasco Vives, Traducción al castellano de los usages y demas derechos..., 1833, vol. 2 pg. 369-).
  15. Bienes eclesiásticos o patrimonio eclesiástico. Véase también manos muertas, beneficio eclesiástico, señorío eclesiástico y pobreza y riqueza en el cristianismo.
  16. Pragmática sobre el ejercicio de oficios o Real Cédula de 18 de marzo de 1783: que eran honestos y honrados todos los oficios -que enumera [curtidor, herrero, sastre, zapatero, carpintero y «otros a este modo»]- y el ejercicio de oficios o artes no impide el goce y prerrogativas de la hidalguía [o el desempeño de los cargos municipales]), precedida por defensas de la abolición de la incompatibilidad de la nobleza con los "oficios viles" de Antonio Javier Pérez y López, Discurso sobre la honra y la deshonra legal..., 1781, y de Arteta de Monteseguro (mismo año). Citados en Faustino Menéndez Pidal, La nobleza en España: ideas, estructuras, historia, Fundación Cultural de la Nobleza Española, 2008, ISBN 8469136712; y [aquí entre corchetes] en José Luis Comellas, Del antiguo al nuevo régimen], Rialp, 1981, ISBN 8432121096, vol. 12, pg. 34.
  17. Incluso hay quien propone que en lo esencial continuó dominando las relaciones socioeconómicas de amplias zonas rurales en la Edad Contemporánea: ¿Cuándo acaba en realidad el Antiguo Régimen o se produce la transición? Vicens Vives apuntó que la crisis del Antiguo Régimen, pese a los fenómenos de transformación, produjo en el siglo XIX no la típica sociedad de clases salida de una ruptura sino la consolidación de una peculiar sociedad que había pactado con las antiguas estructuras profundas permitiéndoles su subsistencia. La sociedad, por lo menos hasta 1850, seguía cimentada en la actividad agrícola y la clave del pacto había sido el mantenimiento de una determinada distribución de la propiedad: alrededor de ésta giraban los procesos de producción, distribución y consumo y, de las leyes que la sostenían, toda la organización social. Una cosa fue el cambio hacia el régimen político y jurídico liberal y otra la más o menos permanencia de la situación económica y social anterior. En la segunda mitad del siglo XVIII la queja constante era la infrautilización del suelo. El paisaje resultaba para el viajero una continuidad monótona de tierras en la que alternaban encinas y pastos degradados con extensiones de secano en período de descanso y sembraduras de baja productividad. Tal infrautilización estaba conformada por la alta proporción de campos no roturados que hacía el 44% de la extensión de la provincia de Toledo, siendo los partidos de Toledo y Talavera los que acusaban mayor índice, llegando hasta un 50% del total. ... ¿Hubo transición en todos los órdenes o hubo un traspaso de propiedad sin que se alteraran "los cimientos"? La respuesta parece ser clara. Los pequeños labradores propietarios de fines del XIX estaban tan cargados por los diferentes tributos y réditos que apenas podían sostener a sus familiares ... permanente falta de excedentes ... En 1902 el estado de desamparo de los labradores era grande porque cualquier enfermedad, o la falta de una caballería, les ponía en la circunstancia de apelar al préstamo usurario que venía a ser entre el 30 y 40% de interés anual. El minifundio, por otra parte, ha permanecido, pese a lo mencionado por muchos autores sobre la importancia del latifundio en Castilla. Si se compara la extensión de la parcela de 1752 y de 1970 se observa que su dimensión era la misma: entre una y media y dos hectáreas. ... la situación del Mediodía de España en nada se diferenciaba del Antiguo Régimen. En ese año la nobleza y los grandes propietarios forasteros ocupaban las dos terceras partes de los términos municipales. La relación propietario-arrendatario no dejaba duda sobre la permanencia de la tradición ... hubo "transición" en "la cúpula" -con todo lo que este concepto conlleva- pero no en "la base" (Javier Donézar, La Meseta Castellana en la Crisis del Antiguo Régimen, en Historia Contemporánea, Universidad del País Vasco).
  18. José Cadalso, Cartas marruecas; León de Arroyal, Pan y toros, respuesta a Juan Pablo FornerOración apologética por España y su mérito literario, que a su vez respondía a Masson de Morvilliers ¿Qué se debe a España.
  19. Abdication of Charles V en The Cambridge Modern History, pg. 182 y ss.
  20. Bartolomé Clavero, Tantas Personas Como Estados, Tecnos, 1986.
  21. Transcripción del testamento (texto completo, seguido de la Transcripción del codicilo, también completa) en desolmedina.com Transcripciones parciales: Comentarios historiográficos:
  22. No es una idea original de la época: el goticismo aparece en las Crónicas asturianas, se continúa en la de Rodrigo Jiménez de Rada (siglo XIII) y continúa hasta las del siglo XV, notablemente en la de Alfonso de Cartagena. Rerum a Fernando et Elisabe Hispaniarum regibus gestarum decades II nec non belli Navariensis libri duo. Annexa insuper archiepiscopi Roderici Chronica (nec non Genealogi regum Hispanorum Alphonsi de Carthagena et (Joannis Moles Margarit) episcopi Gerundensis paralipomenon Hispaniae libri decem antehac non excussi.) - Granatae, Nebrissensis) 1545. César Alonso de los Ríos (La historia en alza, ABC, 13/01/2002) cita esta frase de Margarit, dirigida a los Reyes Católicos: Hicisteis la unión de ambas Españas, la Citerior y la Ulterior, y estos versos de fray Íñigo de Mendoza, que en una interpretación providencialista, atribuye a Dios el mérito de la unificación: tú que en tus sanctas alturas / soldaste las quebraduras / de nuestros reinos de España (1483).
  23. Lacleta Muñoz, José Manuel: "Las fronteras de España en el mar". Documentos de trabajo 34-2004, Real Instituto Elcano. Fuente citada en en:Portugal-Spain relations.
  24. http://www.roman-empire.net Fuente citada en en:France-Spain relations
  25. a b Ladero Quesada, Miguel Ángel (1999). «La política exterior». La España de los Reyes Católicos. Alianza Editorial. ISBN 84-206-3530-8. 
  26. Texto del prólogo
  27. Es muy usual en la historiografía la utilización del término "particularismo" (con valor sólo local o espacial, sino también estamental e incluso religioso) para referirse a las motivaciones de muy variados movimientos sociales que se oponen a la homogeneización o la centralización en la Europa de la Edad Moderna, de los que destaca como modelo La Fronda francesa. Roland Mousnier Furores campesinos, los campesinos en las revueltas del siglo XVII (Francia, Rusia, China); Trevor Aston (dir) Crisis en Europa 1560-1660; Rodney Hilton (ed.) La transición del feudalismo al capitalismo; Perry Anderson El Estado absoluto; Charles Tilly Las revoluciones europeas 1492-1992;
  28. El Imperio hispánico y los cinco reinos, Instituto de Estudios Políticos, 1950 (recensión en saavedrafajardo.um.es).
  29. José Ignacio Ruiz Rodríguez et al., Confesionalización y protonacionalismo en la Monarquía Hispánica, Universidad de Alcalá. Eric Hobsbawm, Protonacionalismo popular en Naciones y nacionalismo desde 1780, 2000, Barcelona:Crítica.
  30. GEA
  31. Santos Madrazo Madrazo (1969), Las dos Españas. Burguesía y nobleza, los orígenes del precapitalismo español, Editorial Z Y X.
  32. Servei de Gestió documental, Arxius i Publicacions. Ajuntament de Girona, fuente citada en ca:Llibre del Sindicat de Remença
  33. Imágenes en la web oficial de la Capilla.
  34. El gran retablo mayor en la web oficial de la Capilla.
  35. Carta de Colón en Artehistoria.
  36. Carta de Colón al escribano de ración (impreso), en Wikisource.
  37. 92 resultados de google books consultado el 3 de octubre de 2010.
  38. El tema es un tópico de las relaciones internacionales, recurrente a lo largo de la historia desde la Baja Edad Media, desde cuando Portugal se convirtió en el aliado privilegiado de esta potencia. Véanse los resultados de la búsqueda "alianza anglo-española" en google books, consultado el 3 de octubre de 2010.
  39. Luis Suárez Fernández, Fernando el Católico y Navarra: el proceso de incorporación del reino, pg. 41. No debe confundirse este tratado de Guadalajara (1420), de 18 de febrero, con el tratado de Guadalajara (1207), de 29 de octubre, que significó una tregua de cinco años entre Castilla y Navarra, y por el que Sancho VII de Navarra aceptó la incorporación de Álava y Guipuzcoa a Castilla. No debe confundirse en tratado de Olite (1419) de 6 de noviembre o primer tratado de Olite con el segundo tratado de Olite o tratado de Olite (1471), de 30 de mayo, en el transcurso de la Guerra Civil de Navarra.
  40. Las expresiones Imperio aragonés, Imperio catalán e Imperio catalano-aragonés son usadas en la bibliografía historiográfica, con distintos matices y, en algunos casos, obvias implicaciones en su uso anacrónico (la construcción de la historia nacional española y el surgimiento del nacionalismo catalán desde finales del siglo XIX).
  41. Carmen Morte, El viaje de los príncipes de Castilla y Aragón a Zaragoza en 1502
  42. Manuel Colmeiro, Cortes de los antiguos Reinos de León y de Castilla - Introducción - Reinado de Don Felipe y Doña Juana
  43. Cardenal Cisneros. Gonzalo Jiménez de Cisneros en Artehistoria
  44. Uso bibliográfico del concepto "reforma cisneriana"
  45. Anónimas. Recogidas en Margit Frenk Alatorre (ed.) Nuevo corpus de la antigua lírica popular hispánica, siglos XV a XVII, UNAM, 2003, ISBN 968-16-6783-2, pg. 625.
  46. Ramón Carande, Carlos V y sus banqueros, 1943. Mercaderes burgaleses en el siglo XVI. José Martínez Millán, José Carlos de Carlos Morales y Santiago Fernández Conti, La Corte de Carlos V, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000. Los banqueros de Carlos V en mundohistoria.org. Mercaderes burgaleses en Burgospedia. Los Maluenda en Burgospedia.
  47. Erlanger, Philippe (2000). «Los tutores». Carlos V. Ediciones Palabra. ISBN 84-823-9397-1. 
  48. Feijoo, Benito Jerónimo (1734). «Discurso segundo Apología de algunos personajes famosos en la historia. Guillelmo de Croi Señor de Gevres §. X». En Andrés Ortega. Teatro crítico universal. Tomo sexto. Madrid. 
  49. Cortes de Santiago y La Coruña de 1520 en cervantesvirtual.com
  50. Joseph Pérez (1977) La revolución de las comunidades de Castilla (1520-1521), pg. 140 y ss. Siglo XXI, ISBN 84-323-0285-6. El estudio clásico sobre Carlos V y los Fugger se debe a Ramón Carande (1943) Carlos V y sus banqueros. La vida económica de España en una fase de su hegemonia, 1516 - 56.
  51. Héroes de Castilla: Los Comuneros.
  52. Amparo Felipo Orts, Autoritarismo monárquico y reacción municipal: la oligarquía urbana de Valencia desde Fernando el Católico a las Germanías, Universitat de València, 2004, ISBN 84-370-5920-8, pg. 59.
  53. Navarro, "El Encubierto"
  54. Carlos V y Francisco I en Artehistoria.
  55. La frase es un tópico muy citado, aquí por Carlos Fuentes, El naranjo
  56. Citado por Teófanes Egido, El Lutero del España
  57. Citado en Anales de la Real Academia Nacional de Medicina 1996 - Tomo CXIII - Cuaderno 2, pg. 293
  58. Citado y comentado en temasdehistoria.es
  59. Entrevista a Hugh Thomas por la presentación de su libro El imperio español de Carlos V, Barcelona: Planeta, 2010.
  60. Javier de Juan y Peñalosa (1996) Historia de la Cultura Española: Religión, filosofía, ciencia. Volumen 1 de Historia de la Cultura Española de Menéndez Pidal: El siglo del Quijote, ISBN 84-239-9607-7, pg. 405. Otro de los procedimientos utilizados para incrementar la superficie roturada fue el de la «venta y perpetuación de baldíos». Se trató de un arbitrio empleado por el rey para recaudar más dinero. Consistía en que, considerando como realengas ciertas tierras cultivadas -a veces roturadas ilícitamente-, Felipe II propuso a los campesinos que las compraran a bajos precios. Fue un proceso de privatización inmenso de tierras, que en su día pude calcular que alcanzó al 10% de las tierras cultivadas entonces de Madrid. En La Mancha afectó el proceso a amplias áreas, como demostró López-Salazar (Alfredo Alvar Ezquerra, La Mancha de Cervantes).
  61. Historia de los heterodoxos españoles, nota 1312 [1]
  62. La frase, con diferentes variantes, es muy citada (por ejemplo Revista de las Indias, 1941, pg. 181.); pero según Erwin Panofsky es apócrifa. La anécdota, según la cual Carlos habría recogido del suelo un pincel caído de las manos del maestro veneciano, nunca habría ocurrido; pero es cierto también que el emperador trató a Tiziano como un igual en espíritu, si no en rango. Su relación puede compararse a la de Apeles con Alejandro Magno... es más que una mera fórmula retórica. Tiziano: problemas de iconografía, Akal, 2003, ISBN 84-460-1501-3, pg. 31.
  63. Episodio del buldero (vendedor de bulas)Edición de Lectorum, 1986, ISBN 968-7748-51-6, pg. 82.
  64. Véase, con otras expresiones complementarias, en Enrique González y González, Leticia Pérez Puente, Permanencia y cambio: universidades hispánicas 1551-2001, Volumen 2, pg. 118. La traducción, bastante directa, en Antonio Domínguez Ortiz España, tres milenios de historia (Marcial Pons Historia, 2008, ISBN 84-96467-51-1, pg. 177), que atribuye su causa en el antisemitismo del autor.
  65. Mario Góngora, Estudios Sobre la Historia Colonial de Hispanoamérica, Universitaria, 1998, ISBN 9561113813, pg. 59.
  66. Citado en Modesto Lafuente Historia general de España vol. 15, 1855, pg. 244.
  67. Margarita García-Mauriño Mundi, La pugna entre el Consulado de Cádiz y los jenízaros por las exportaciones a Indías (1720-1765), Universidad de Sevilla, 1999, ISBN 84-472-0478-2 pg. 111
  68. La posible relación entre estos procesos se ha convertido en un tópico del ecologismo y la historiografía (véanse tres ejemplos, entre los que está un texto de Manuel Fernández Álvarez: España y los españoles en los tiempos modernos, pg. 383).
  69. Dos veces emplea Cervantes este proverbio que califica de antiguo : una en el pasaje de la Historia del Cautivo , inserto en el prólogo, y otra en la Gitanilla (José Coll y Vehí, Los refranes del Quijote, Barcelona: 1874, pg. 117.
  70. Fernand Braudel, En torno al Mediterráneo, Paidós, 1997, ISBN 8449304636. La obra fundamental del autor es El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II (1949).
  71. Ciriaco Pérez Bustamante, Felipe III: semblanza de un monarca y perfiles de una privanza, Real Academia de la Historia, 1950, pg. 47: Gaspar Silingardi, agente del Duque de Ferrara, nos dice que en el año de 1595 el cansancio de los pueblos era extraordinario y que se manifestaba en la Corte con este expresivo juego de palabras : «Si el Rey no acaba, el reino acaba»
  72. Felipe II en Artehistoria
  73. La cita completa es "Antes preferiría perder mis estados y mil vidas que tuviese, que reinar sobre herejes". Citada en Historia de España Menéndez Pidal: Tomo XXII. La España de Felipe II, 1527-1598: volumen IV auge y declive de un imperio, 1566-1598, Espasa-Calpe, 2002, ISBN 84-670-0276-X, pg. 28.
  74. Se atribuye habitualmente a Felipe II, aunque su origen es incierto (El Pequeño Larousse, pg. 1061.
  75. Citado en José Ramón Cumplido Muñoz Batalla de Isla Terceira (26 de julio de 1582): Felipe II consolida el trono de Portugal. También hay un poema laudatorio de la misma fecha debido a Luis de Góngora:

    No en bronces, que caducan, mortal mano,

    Oh católico Sol de los Bazanes Que ya entre gloriosos capitanes Eres deidad armada, Marte humano, Esculpirá tus hechos, sino en vano, Cuando descubrir quiera tus afanes Y los bien reportados tafetanes Del turco, del inglés, del lusitano. El un mar de tus velas coronado, De tus remos el otro encanecido, Tablas serán de cosas tan extrañas. De la inmortalidad el no cansado Pincel las logre, y sean tus hazañas

    Alma del tiempo, espada del olvido.
  76. La frase es original de Marcelino Menéndez y Pelayo, que la empleó en el Epílogo de Historia de los heterodoxos españoles (junio de 1882). Además de al reinado de Felipe II, al que se ajusta su discurso, se refiere a una idea intemporal de España identificada con el catolicismo contrarreformista. Su contexto es: "España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio... esa es nuestra grandeza y nuestra unidad, no tenemos otra". Citado por Gonzalo Anes Álvarez 150 aniversario del nacimiento de don Marcelino Menéndez Pelayo , pg.
  77. Véase el texto, comentado, en Andrés Amorós y Manuel Camarero Antología comentada de la literatura española: historia y textos: siglo XVI, Castalia, 2006, ISBN 84-9740-125-5, pg. 325.
  78. Población: entre el hambre y la enfermedad "En España siempre se espera lo peor" - Aparece 'España y su mundo' - "El Quinto Centenario llega en un momento delicado", entrevista a John Elliott en El País, 9 de marzo de 1991
  79. Recogidas por Gregorio Marañón y citadas en España: reflexiones sobre el ser de España, Real Academia de la Historia, 1997, ISBN 84-89512-04-3, pg. 206-207.
  80. Edición original
  81. Averígualo el Doctor Antonio Martínez Montejano, natural de la villa de San Martín de Espuches. A ese pseudónimo atribuye el escrito Quevedo, y su autoría es reconocida en una carta al Conde-Duque: Aquello del güevo sí fue mío y lo siento por lo malo. Obras de Don Francisco de Quevedo Villegas, Biblioteca de autores españoles, Atlas, 1852, Volumen 23, pg. 281 y ss.
  82. J. Narcís Roca Farreras. La Publicidad, 7 de octubre de 1879. Reproducido en El manco de Lepanto y la ciudad del Quijote
  83. Júlio Parra. Azulejos. Painéis do Século XVI ao Século XX. Lisboa: Santa Casa da Misericórdia, 1994. Fuente citada en pt:Igreja de São Roque (Lisboa)
  84. Felipe Pereda y Fernando Marías, El Atlas del Rey Planeta, Nerea, 2002, ISBN 848956986X.
  85. Se fijó en la Casa de la Panadería de la Plaza Mayor de Madrid, principal lugar de mercado y de control público sobre el abastecimiento alimentario. El "caballo" se refiere a la escultura ecuestre de Felipe IV, de Pietro Tacca, que fue desplazada desde un lugar elevado. Citado por Ramón de Mesonero Romanos El antiguo Madrid : paseos históricos-anedócticos por las calles y casas de esta villa. Tomo primero.
  86. Citados y estudiados por Teófanes Egido (1980) El motín madrileño de 1699, en Investigaciones históricas nº 2, pg. 259-261.
  87. la postración de la literatura llegó, por los tiempos a que nos referimos, al extremo más grande y lamentable. Una esterilidad y una depravación sin ejemplo en la historia de las letras españolas, fueron las señales más inmediatas y características de semejante postración. El mal gusto literario, que en lecciones anteriores hemos visto entronizarse con los conceptistas y culteranos hasta el punto de avasallar a ingenios de tan gran talla como Lope de Vega, Calderón y Quevedo, que tanto combatieron su influjo, se apoderó por completo del arte literario español, erigiendo en sistema de doctrina todos los desvaríos de aquellos apóstoles del mal gusto, cuyo predominio fue absoluto, y exagerándolos con alteraciones más ridículas y agravantes, si es posible decirlo así tratándose del lenguaje extrañamente ampuloso y metafísico, chocarrero y trivial que, a semejanza de los escritores de la decadencia romana, empleaban nuestros escritores conceptistas y cultos y los por el influjo de ellos contaminados, que eran los más desde el segundo tercio del siglo XVII. La poesía lírica como la dramática, la Didáctica como la elocuencia, en fin, todas las manifestaciones literarias del espíritu español, habían caído, durante el reinado del último austríaco, bajo el imperio, tan absoluto como corruptor y mortífero, del mal gusto, cuyo desarrollo hemos seguido en varias de las lecciones precedentes. Únase a esta depravación literaria la esterilidad que en todas las esferas de actividad de un pueblo, particularmente en las del arte y la ciencia, produce un estado tan grande de atonía y postración como el que hemos dicho que dominaba en la España de Carlos II, y se tendrá una idea bastante aproximada de la altura artística e intelectual a que rayaría nuestra nación

  88. Harris, Ann Sutherland (2005). Seventeenth-Century Art & Architecture. Fuente citada en en:In ictu oculi
  89. Alain Bègue, «Degeneración» y «prosaísmo» de la escritura poética de finales del siglo XVII y principios del XVIII: análisis de dos nociones heredadas, Critivón, 103-104, 2008, pp. 21-38. «
  90. El teatro español a fines del siglo XVII
  91. Aunque no es probable que en esa ocasión se pronunciara la frase ya no hay Pirineos, es común atribuirla a Luis XIV. El discurso que se recoge como efectivamente pronunciado es: El rey de España ha dado una corona a vuestra majestad. Los nobles os aclaman, el pueblo quiere veros y yo consiento en ello. Vais a reinar, señor, en la monarquía más vasta del mundo y a dictar leyes a un pueblo esforzado y generoso, célebre en todos los tiempos por su honor y lealtad. Os encargo que le améis y merezcáis su amor y confianza por la dulzura de vuestro gobierno ... Señores, he aquí el rey de España ... Pórtate bien en España, que es tu primer deber ahora, pero recuerda que naciste en Francia para mantener la unión entre nuestras dos naciones y preservar la paz de Europa. Citado por Joan-Lluís Palos, Felipe V, un Borbón en el trono español, Historia NG nº 103.
  92. ídem, El pensamiento económico de la Ilustración española: nueva mirada, nuevas aportaciones, 2008
  93. El título completo es: Informe de la sociedad económica de Madrid al Real y Supremo Consejo de Castilla en el expediente de ley agraria, extendido por su individuo de número el señor don Gaspar Melchor de Jovellanos, a nombre de la junta encargada de su formacion (recogido en cervantesvirtual.com). El texto citado es el final de la sección Estado progresivo de la agricultura, en Preliminares.
  94. Hay algunas recreaciones históricas ambientadas en distintos episodios de la Edad Moderna en España, así como conmemoraciones utilizadas políticamente.
  95. Miquelets de Girona. Fuente citada en ca:Regiment de Sant Narcís.
  96. Es contemporáneo de la propia batalla. Hay también una pintura de historia, de Ricardo Balaca, 1862 (ficha en la web del Prado).
  97. Citado en Josep Juan Vidal y Enrique Martínez Ruiz Política interior y exterior de los Borbones, pg. 97.
  98. Vidal y Martínez, op. cit., pg. 97.
  99. La obra es un monumento conmemorativo del segundo centenario (1967) erigido en La Carlota. Véanse dos obras pictóricas de comienzos del siglo XIX:
  100. La expresión, atribuida a Carlos III, es ampliamente citada, con algunas variantes (por ejemplo, lloran cuando se les lava y se les peina; en José María Pemán Breve historia de España, 1950, Cultura Hispánica, pg. 294.
  101. Citada por Emilio Cotarelo, Iriarte y su época.
  102. Enrique Llopis, España entre la Revolución Francesa y la Era Ferroviaria, convulsiones, crisis y crecimiento económico. Lorena Álvarez, La_crisis_agraria_de_1789_en_Asturias._Sus_consecuencias. También para Asturias se habla de una crisis en 1797 y otra, "aguda", de 1801-1804 (Ubaldo Gómez, La sociedad tradicional asturiana). Mariano García Rupérez, Revueltas sociales, hambre y epidemia en Toledo y su provincia : la crisis de subsistencias de 1802-1805. También hubo crisis de subsistencias en la América española: "crisis de 1785-86... escaseces de 1795-97... crisis de 1801-02" (Enrique Florescano, Precios del maíz y crisis agrícolas en México, 1708-1810, pg. 100).
  103. Gazeta de Madrid nº 73, 10-IX-1799, pp. 794-795.
  104. Textos - La crisis del Antiguo Régimen
  105. Gaceta de Madrid, 25 de Marzo de 1808, citado en Textos, op. cit.
  106. Gaceta de Madrid 14 Junio de 1.808, citado en Textos, op. cit.
  107. Gloria Camarero, Adaptaciones de la literatura española en el cine español en Centro Virtual Cervantes
  108. Internet Movie Database. Fuente citada en en:Christopher Columbus: The Discovery
  109. Ficha en Filmaffinity
  110. Adaptación cinematográfica de la novela homónima de Samuel Shellabarger. Internet Movie Database, fuente citada en en:Captain from Castile
  111. Ficha en Filmaffinity
  112. Ficha en filmaffinity
  113. Ficha en Filmaffinity
  114. Ficha en Filmaffinity
  115. Ficha en IMDb
  116. Ficha en filmaffinity
  117. Ficha en IMDb
  118. Ficha en IMDb
  119. Ficha en Filmaffinity
  120. Ficha en IMDb
  121. Eva Otero, Un pintor de película, Francisco de Goya en el cine

Enlaces externos[editar]

  • Artehistoria:
  • Historiasiglo20.org


Predecesor:
Historia medieval de España
España y Portugal.jpg
Periodos de la Historia de España

Historia moderna de España
Sucesor:
Historia contemporánea de España