Historia de la prostitución en México

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Existen noticias sobre la prostitución en México desde tiempos anteriores a la conquista hispánica. Tenía un lugar perfectamente limitado y aceptado, esta profesión se ejercía de modo privado, y porque la mujer así lo decidía; por lo que se sabe no existían casas de prostitución propiamente dichas.[1] Después, una vez consolidada la conquista, cuando la sociedad se estabilizó en el orden político-social, pero sobre todo cuando los hombres se establecieron con sus familias, apareció la primera casa de mancebía en 1538, a petición del ayuntamiento de la Ciudad de México. Y para el año siguiente serán varios los burdeles funcionando en la ciudad. El hecho de otorgar autorización para establecer lupanares en la ciudad significó el punto más alto alcanzado por la prostitución novohispana. Estas políticas fueron concebidas para el control de las costumbres de una población en expansión. Desde entonces ya se veía al oficio como “un mal necesario”, que sería garante de las buenas costumbres y la protección hacia las familias y las mujeres decentes. La prostitución fue tomada en la Nueva España como un mal necesario porque repercutía en el bienestar general de la nación. Por eso el Estado español la reguló y la Iglesia la toleró, al grado que la Inquisición nunca la persiguió, pese a ser considerada un pecado grave, viéndola como un medio de prevención a males mayores. Eran las prostitutas un mal tan atroz porque significaban una aberración del sagrado fundamento teológico basado en el matrimonio, pues prestaban sus servicios con el único fin del goce personal.[2]

Durante el siglo XIX la prostitución comenzó a ser vista como un problema social; en la medida de que su solución pasaba ahora a manos de los portadores de un conocimiento especializado, que se encargarían de proteger al cuerpo social de los efectos de tal fenómeno.[3]

Para la segunda mitad del siglo XIX, el trabajo sexual aparece por primera vez en los documentos oficiales mexicanos. En un afán “higiénico” y moralizante, el liberalismo legalizó el sexo comercial y sus secuelas de explotación.[4] Tal preocupación sería plasmada en el Primer Reglamento de 20 de abril de 1862, sobre la prostitución en México. A partir de entonces es que esta profesión estuvo bajo constante vigilancia estatal.

Posteriormente, en 1865 vería la luz el un segundo Reglamento a la Prostitución, esta vez en del gobierno de Maximiliano de Habsburgo. Y finalmente, el último reglamento de la prostitución en la década de 1860 sería en noviembre de 1867. A continuación se presentan las similitudes entre los 3 Reglamentos:[5]

Los Reglamentos mexicanos a la prostitución de la sexta década de 1860. Cuadro I. Similitudes entre los tres reglamentos de la prostitución en la ciudad de México . Similitudes Reglamentos 1862, 1865, 1867.

  • Reglamentaristas.
  • Preocupación Estatal por la higiene pública y la conservación de las buenas costumbres morales.
  • Especifican las dos formas de ejercer la prostitución, de forma (individual) “aislada” o en comunidad.
  • Aportación de datos personales de prostitutas (además de un retrato fotográfico, este último requisito, sólo para las mujeres públicas) y matronas.
  • Visitas médicas dos veces por semana y hospitalización en caso de síntomas de mal venéreo.
  • Pago de inscripción al Registro de Policía.
  • Duración de la inscripción a una patente: un año.
  • Las cuotas de inscripción al Registro de Policía servía como una especie de seguro médico, cuando alguna mujer pública era hospitalizada por mal venéreo, la autoridad cubriría los gastos médicos. Además durante la convalecencia, estaban exentas de pagar los pagos correspondientes.
  • Respeto hacia la autoridad policial y médica.

Referencias[editar]

  1. Marcela Tostado Gutiérrez, El álbum de la mujer. Antología ilustrada de las mexicanas, Vol. II. Época colonial. Colección Divulgación, México, INAH, 1991, p. 221.
  2. Luisa Campuzano. Mujeres latinoamericanas. Historia y cultura siglos XVI-XX. tomo I, Cuadernos Casa 35, Serie Coloquios, México, Casa de las Américas-UAM-I, 1997, p. 149
  3. Núñez, Becerra Fernanda, La prostitución y su represión en la ciudad de México (siglo XIX). Prácticas y representaciones, México, Gedisa Editorial, 2002, p. 41
  4. Guadalupe Ríos de la Torre, “Burdeles modernos y mujeres públicas El trabajo sexual en México”, en www.jornada.unam.mx, 17 de octubre de 2009.
  5. Ambos cuadros se obtuvieron a partir de la información arrojada por los siguientes documentos:“Primer reglamento de 20 de abril de 1862, sobre la Prostitución en México” en Gutiérrez Flores, Alatorre, Leyes de Reforma: Colección de las disposiciones que se conocen con este nombre, publicadas desde el años de 1855 al de 1868. México, Editorial Constitucional, 1870. “Reglamento de la Prostitución, 1865”. Archivo General de la Nación, México (AGN), Ramo Gobernación, Legajo 1790 (1), Caja 1, Expediente 2, 21 fjs.“Reglamento de mugeres públicas. Reglamento para la Prostitución en México, 1867”. Archivo Histórico de la Secretaría de Salud, Cd. De México (AHSS). Fondo: Salubridad Pública, Secc: Inspección Antivenérea, Caja 1, Exp. 1, 1867, 22fs.