Hijo del Hombre

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La expresión Hijo del Hombre o hijo de hombre (griego ὄ ὑιὸς τοῦ ἀνθρῶπου) es la más utilizada para referirse en los Evangelios a Jesús de Nazaret. En los evangelios sinópticos es mencionada en 66 ocasiones. En los otros libros del Nuevo Testamento apenas aparece: sólo una vez en los Hechos de los Apóstoles y tres en Apocalipsis: Hch 7:56; Ap. 1:9,13, 14:14.

El estudio del sentido de esta expresión tiene gran importancia ya que, en los Evangelios, el texto es usado por Jesús para referirse a sí mismo. Se discute si se trata o no de un título de Jesús, y si puede arrojar luz acerca de lo que Jesús pensaba sobre sí mismo.

Con anterioridad a los Evangelios, la aparición más significativa de esta expresión tiene lugar en el Libro de Daniel, en el Antiguo Testamento:

Yo seguía mirando, atraído por las insolencias que profería aquel cuerno; hasta que mataron a la fiera, la descuartizaron y la echaron al fuego. A las otras fieras les quitaron el poder, dejándolas vivas una temporada. Seguí mirando y en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio: todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

(Dn 7, 11-14)

Parte del libro está escrito en arameo y parte en hebreo. El compilador final de la obra unió el texto hebreo y el arameo y le añadió ciertos pasajes que hacen alusión a la profanación del Templo por parte de Antíoco IV, lo que permite datar la compilación en el año 165 a. C. Es un libro de estilo apocalíptico.

Así como el anciano representa a Dios, el hijo del hombre, representa a Jesús, el Mesias que habia sido prometido por el anciano, nacido de una virgen como lo dijo el profeta Isaias:

Muy bien, el Señor mismo les dará la señal. ¡Miren! ¡La virgen concebirá un niño! Dará a luz un hijo y lo llamarán Emanuel (que significa “Dios está con nosotros”). (Isaías 7:14)

Otros usos de la expresión se encuentran en el Libro de Enoc, conservado en una versión etíope y en el Libro Cuarto de Ezra.

El punto de vista Judío-Mesiánico[editar]

En la literatura apocalíptica rendida por el santo profeta Daniel, la expresión בר אנש Bar-'enash, significa "aquel que posee los atributos de 'Adam (Adán) antes de ser expulsado del Gan 'Éden" (Jardín de Eden), esto es, sin pecado, incorruptible e inmortal (Heb. 4:15). Sólo cuando su Majestad el Mesías, Yehoshúa' (Yeshua', (Jesús) ) acepta poner su vida en expiación por el pecado, se desprende voluntariamente de tales atributos, y viene a ser el Siervo sufriente de 'Adonay (Fil. 2:5-9). Por lo tanto, es un título legítimo que el Mesías reclamó y usó para anunciar que debía poner su cuerpo en expiación por los pecados del Pueblo (Is. 53:10) y posteriormente vencer al pecado y a la muerte con su resurrección de entre los muertos para nunca más morir (Sal 16:8-10) y su regreso al padre como la gavilla mecida ('omer Re'shit, Lv 23:10).

El punto de vista católico[editar]

Según los teólogos católicos, este libro, perteneciente al Canon Hebreo (Tanaj), a las sección de los Escritos (Ketubim), dio lugar al uso de la expresión «Hijo del Hombre» aplicado al Mesías esperado por el pueblo judío.

Es aplicado por los evangelistas, en sentido mesiánico, a Jesús de Nazaret. Aparece en el Relato de la Pasión que sirve de fuente a los tres evangelios sinópticos, por lo tanto anterior al año 70 en que suele fecharse el de Marcos, y según los expertos uno de los relatos más antiguos de los que componen los evangelios:

Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús contestó: Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.

(Mt 26, 63-64; Mc 14, 61-62; Lc 22, 66-69)

El Evangelio según san Juan, más tardío que los tres sinópticos, abrevia el relato de la Pasión, de modo que el proceso ante los judíos, en el que se manifiesta la expresión Hijo del Hombre, se distribuye por los capítulos previos al prendimiento de Jesús:

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre? Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en Él? Jesús dijo: Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es. Él dijo: Creo, Señor. Y se postró ante Él.

(Juan 9, 35-38)

El punto de vista de Geza Vermes[editar]

Geza Vermes, uno de los más destacados estudiosos del Jesús histórico, documenta con varios ejemplos la tesis de que "hijo de hombre" -en arameo, bar nasha- es un idiotismo propio del arameo de Galilea con que el hablante alude a sí mismo. Con respecto a su utilización en el Libro de Daniel, para Vermes la expresión no hace referencia a un individuo concreto, sino que alude colectivamente a "los santos del Altísimo" (Vermes: 181). No obstante, admite que con posterioridad se desarrolló una interpretación mesiánica del texto del libro de Daniel, pero la sitúa a partir del siglo II. En ningún caso admite que la expresión "hijo de hombre" tenga en el evangelio un carácter titular, y opina que:

"Fue este giro idiomático lo que los discípulos galileos de Jesús, de mentalidad apocalíptica, debieron "escatologizar" por medio de una midrash de Daniel 7:13."

(Vermes, 197)


Referencias[editar]

  • Vermes, Geza: Jesús el judío. Barcelona, Muchnik Editores, 1977 (título original: Jesus the Jew, 1973); páginas 171-202. ISBN 84-7264-005-1
  • Duquoc, Christian: Cristología. Ensayo dogmático sobre Jesús de Nazaret, el Mesías. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1992 (título original: Christologie I-II. Essai dogmatique); páginas 156-176. ISBN 84-301-0554-9.