Hermetismo (literatura)

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El hermetismo es uno de los más importantes movimientos poéticos italianos del siglo XX. Su nombre procede a partir del ensayo La poesía hermética de Francesco Flora en 1936, en el cual caracterizaba así a una poesía con voluntad de oscuridad, debida fundamentalmente a la utilización profusa de analogías. Aunque inicialmente el término nacía así con intención crítica y polémica, lo cierto es que, al final, acabó afirmándose, para denotar una poesía alejada del gran público, destinada a pocos lectores y concebida, en parte, como revelación. El hermetismo surgió en los años 20 y tomó fuerza como movimiento entre 1935 y 1940, no estando exenta su popularidad del hecho de que la oscuridad de su expresión le permitía burlar la censura del partido fascista.

El hermetismo fue un fenómeno, esencialmente, florentino, cuyo órgano oficial fue la revista “Campo de Marte”, dirigida por Alfonso Gatto y Vasco Pratolini. Uno de los principales exponentes de esta poesía es Salvatore Quasimodo , el cual, en su obra Oboe sumergido de 1932, muestra las principales características de esta forma de hacer poesía: el lenguaje evocador, oscuramente analógico a partir de la asociación de ideas por yuxtaposición, la utilización de sustantivos absolutos (sin usar el artículo), los plurales indeterminados y las imágenes oníricas. Con el hermetismo el texto se sale de lo cotidiano y deviene mensaje atemporal, en el que la literatura no se empeña en propósitos prácticos.

Los herméticos propugnaban una literatura como modelo de vida absoluta, más allá del tiempo, que fuera, así, revelación integral del ser humano. El distanciamiento de la realidad lleva a una poesía concebida como intuición, revelación comunicable sólo mediante analogías. Los poetas herméticos como Giuseppe Ungaretti y Eugenio Montale buscaron la pureza original de la palabra, oponiéndose al énfasis retórico de Gabriele D'Annunzio y a la temática convencional de Giovanni Pascoli, continuando, en cambio, la experiencia simbolista francesa de Mallarmé y Valéry, buscando reasignar al mensaje poético una carga expresiva absoluta que le aleje del aspecto meramente comunicativo del lenguaje y consiga, así, una impresión sentimental directa. Buscaron hacer de la palabra en el poema un momento puro y absoluto, en el cual culminaran las tensiones existenciales y cognoscitivas de cada uno con el sentido de la vida, no estando exentos de ello los valores religiosos más o menos acentuados.