Hepatitis C

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Hepatitis C
Em flavavirus-HCV samp1c.jpg
Electron Microscopy of HCV
Clasificación y recursos externos
CIE-10 B17.1, B18.2
CIE-9 070.4, 070.5
OMIM 609532
DiseasesDB 5783
MedlinePlus 000284
eMedicine med/993
MeSH D006526
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La hepatitis C es una enfermedad infecciosa que afecta principalmente al hígado y es causada por el virus de la hepatitis C (VHC).[1] La infección aguda es por lo general asintomática, pero la infección crónica puede producir lesión en el hígado y a la larga originar cirrosis. En algunos casos, los pacientes con cirrosis también presentan insuficiencia hepática, cáncer de hígado y varices esofágicas potencialmente fatales.[1]

La hepatitis C se contrae principalmente mediante el contacto con sangre contaminada asociado con el consumo de drogas por vía intravenosa, el uso de instrumental médico no esterilizado y las transfusiones de sangre no testadas previamente, esta última vía antes muy frecuente actualmente ha desaparecido prácticamente en la mayor parte de los países por los controles exhaustivos sobre la sangre y hemoderivados. Se estima que entre 130 y 170 millones de personas en el mundo están infectadas con hepatitis C. La existencia de hepatitis C (originalmente « hepatitis no A no B») fue postulada en la década de 1970 y confirmada en 1989.[2]

El virus persiste en el hígado de forma crónica en alrededor del 85% de los pacientes infectados. Esta infección persistente puede tratarse con medicamentos: la terapia habitual para tratar la hepatitis C es una combinación de Interferón pegilado y ribavirina, en algunos casos se añaden telaprevir y boceprevir. En general, entre el 50 y el 80 por ciento de las personas que reciben tratamiento se curan. Algunas de las complicaciones de la hepatitis C a largo plazo son la cirrosis hepática y el cancer de higado, pudiendo ser necesario como tratamiento un trasplante de hígado. La hepatitis C es la causa principal de trasplante de hígado; sin embargo, el virus suele recurrir después del trasplante.[3] Actualmente (2014) no existe ninguna vacuna preventiva frente a la hepatitis C, por lo cual para evitarla es imprescindible seguir las medidas de profilaxis recomendadas, entre ellas no compartir agujas y utilizar preservativo en las relaciones sexuales. [4]

Cuadro clínico[editar]

Síntomas hepáticos[editar]

Infección aguda[editar]

La infección de hepatitis C presenta síntomas agudos en el 15 por ciento de los casos.[5] Los síntomas suelen ser leves y poco claros, entre los que se incluyen: disminución del apetito, cansancio, náusea, dolor muscular o de las articulaciones y pérdida de peso, y rara vez llega a ocasionar fallo hepático fulminante. La mayoría de los casos de infección aguda no están asociados con la ictericia.[6] En el 10 al 50 por ciento de los casos de infección de hepatitis C aguda, la infección desaparece espontáneamente, lo cual ocurre en particular en mujeres jóvenes.[6]

Infección crónica[editar]

Alrededor del 80 por ciento de las personas expuestas al virus contraen una infección crónica. Durante las primeras décadas con la infección, la mayoría de los pacientes presentan síntomas mínimos o ningún síntoma, aunque la hepatitis C crónica puede estar asociada con el cansancio. Después de varios años, la hepatitis C se convierte en la causa principal de cirrosis y cáncer de hígado.[3] Aproximadamente del 10 al 30 por ciento de las personas infectadas durante más de 30 años contraen cirrosis.[3] La cirrosis es más común aún en las personas que también están infectadas con hepatitis B o con VIH, en los que presentan alcoholismo y en los varones. Quienes desarrollan cirrosis tienen un riesgo veinte veces más alto de desarrollar un carcinoma hepatocelular, una proporción de aumento de riesgo de 1 a 3 por ciento por año[3] y, si la situación se combina con el consumo excesivo del alcohol, el riesgo llega a ser 100 veces mayor.[7] La hepatitis C es la causa del 27 por ciento de los casos de cirrosis y del 25 por ciento de los casos de cáncer de hígado a nivel mundial.[8]

La cirrosis puede ocasionar hipertensión portal, ascitis, coagulopatía, varices esofágicas y gástricas, ictericia y encefalopatía hepática.[9] Es una causa común en las personas que requieren un trasplante de hígado.

Síntomas extrahepáticos[editar]

En raras ocasiones, la hepatitis C también está relacionada con el síndrome de Sjögren (una enfermedad autoinmune), la trombocitopenia, el liquen plano, la diabetes mellitus y el trastorno linfoproliferativo de células B.[10] [11] Se estima que la trombocitopenia ocurre en un 0.16 a 45.4 por ciento de las personas con hepatitis C crónica.[12] Se han reportado supuestas relaciones con el prúrigo nodular[13] y con la glomerulonefritis membranoproliferativa. La infección de hepatitis C también está relacionada con un padecimiento llamado crioglobulinemia mixta, la cual se caracteriza por la inflamación de los vasos sanguíneos pequeños y medianos (o vasculitis) ocasionada por el depósito de complejos inmunes, incluidas las crioglobulinas.[14]

Manera de contagio de la hepatitis C[editar]

Prevalencia de la hepatitis C (1999)
Cifras de fuentes de infección en los EEUU.Fuente

La hepatitis C se propaga por medio del contacto de sangre sin infectar con sangre de una persona infectada (transmisión por vía parenteral); habitualmente no es una infección de transmisión sexual, ya que no se transmite a través del semen, como en el caso de la hepatitis B o el VIH-SIDA.

Se puede contraer hepatitis C:

  • al recibir prácticas médicas con mala esterilización (personal sanitario, etc.);
  • al puncionarse con una aguja contaminada con sangre infectada (los trabajadores de la salud pueden contraer la hepatitis C de esta forma);
  • al realizarse un tatuaje o una perforación en alguna parte del cuerpo; los piercings y tatuajes permiten una herida abierta por tiempo prolongado, por lo cual el virus permanece en el medio ambiente y penetra en las zonas donde hubo piquete o pinchazo, independientemente de si el instrumento estaba estéril o no;
  • al compartir agujas para inyectarse sustancias adictivas;
  • al inhalar sustancias adictivas por aspiración compartiendo el instrumento con el que se aspira, debido a que pueden producirse hemorragias a nivel nasal;
  • al compartir objetos de higiene personal, como cepillos de dientes o cuchillas de afeitar;[15]
  • al haber nacido de una madre que tiene la hepatitis C;
  • rara vez, el contagio puede ser por vía sexual; se calcula que este tipo de contagio representa menos del 2 por ciento[16] [17] de los casos; se presenta especialmente cuando en la relación sexual existe sangrado.

La hepatitis C no se contagia:

  • dando la mano;
  • abrazando a una persona;
  • besando en la cara;
  • sentándose junto a otra persona;
  • besándola en la boca;
  • si en las relaciones sexuales se utiliza preservativo.

Transfusiones de sangre[editar]

Antes de 1992, no era posible detectar el virus de la hepatitis C en la sangre, por lo que muchas personas recibieron transfusiones de sangre infectada. Las personas que recibieron una transfusión de sangre o un trasplante de algún órgano antes de 1992 podrían haber quedado contagiados de forma inadvertida por el virus de la hepatitis C.

Pruebas para diagnosticar la hepatitis C[editar]

Perfil serológico de la hepatitis C

La hepatitis C se desarrolla de forma generalmente asintomática, la mayoría de los casos se diagnostican por análisis sanguíneos realizados en el curso de una donación de sangre, antes de una intervención quirúrgica, o en un control rutinario. Cuando se sospecha la infección por el virus por elevación de las enzimas hepáticas, se lleva a cabo la determinación de anticuerpos contra el virus. Si los anticuerpos contra el virus de la hepatitis C son positivos, puede realizarse una determinación para detectar el ARN viral en suero mediante la técnica de PCR, ello permite confirmar el diagnóstico, determinar la carga viral y averiguar el genotipo específico del virus.[18]

Si existiera la sospecha clínica de que la hepatitis C pudiese haber causado cirrosis hepática o cáncer de hígado, podría ser necesario efectuar una biopsia hepática diagnóstica. La biopsia es una prueba relativamente sencilla, consiste en extraer una muestra muy pequeña del hígado por medio de una aguja, el tiempo de recuperación es corto, apenas unas horas de inmovilidad en el hospital para prevenir posibles hemorragias. Ese fragmento se estudia para determinar si existe lesión hepática, cirrosis o cáncer de higado.

En ocasiones el médico puede considerar necesario realizar pruebas de imagen, como ecografía hepática, o tomografía axial computarizada (TAC). También se realizan otras pruebas de laboratorio, como la determinación de alfa-fetoproteína en plasma, que podría orientar ante la sospecha de cáncer hepático.

Evolución de la hepatitis C[editar]

La Cirrosis de hígado y el cáncer de hígado pueden derivarse de la hepatitis C.

Tras una fase aguda inicial en la cual, como mínimo, un 20 por ciento de las infecciones se curan solas, la enfermedad se cronifica. Se considera que la fase aguda dura entre 3 y 6 meses, pero se alarga la fase crítica hasta 1 año para incluir en ella curaciones espontáneas que se han producido en el segundo semestre de evolución. Los síntomas físicos (como la ictericia) son raros, y el cansancio asociado a las hepatitis puede pasar inadvertido. La fase crónica puede alargarse 20 y 30 años sin más síntomas que algunas alteraciones de los marcadores hepáticos. Sin embargo algunos pacientes desarrollan fibrosis del hígado que desemboca en cirrosis en unos años y posteriormente en cáncer de hígado.

El diagnóstico de cáncer de hígado en pacientes de hepatitis C no es superior al 5 por ciento, y muchos pacientes podrían superar los 30 años de cronicidad sin desarrollar grandes lesiones hepáticas. Una proporción importante de los afectados de hepatitis C no presentan síntomas clínicos de ningún tipo (marcadores hepáticos normales), y se considera que este 30 por ciento tienen mejor pronóstico que los demás.

Tratamiento de la hepatitis C[editar]

El tratamiento farmacológico más eficaz se basa en la asociación de interferón, administrado por vía subcutánea, con otro fármaco antiviral llamado ribavirina, por vía oral. A lo largo de los años han existido varias formas de administrar interferón: una vez al día, 3 a 5 veces por semana, etcétera, pero las formas pegiladas actuales permiten que sólo sea necesario una dosis a la semana. Desde 2012 existen 2 nuevos fármacos para el tratamiento de la hepatitis C: telaprevir y boceprevir, se añaden al tratamiento combinado de interferón pegilado y ribavirina y consiguen mejorar la proporción de pacientes curados. También son útiles para tratar pacientes en los que han fracasado otras pautas de tratamiento. En enero de 2014 la Agencia Europea del Medicamento aprueba el uso de sofosbuvir para el tratamiento de la hepatitis C, en asociación a interferón y ribavirina, reduciendo el tiempo de tratamiento a 12 o 24 semanas en algunos casos. En el año 2014, la financiación de este fármaco por los sistemas públicos de salud de diferentes países está sujeta a restricciónes, debidas al elevado coste de la sustancia. Se están investigando otras sustancias que han presentado resultados prometedores en los ensayos clínicos, entre ellas el daclatasvir.[19]

Eficacia del tratamiento[editar]

El porcentaje de éxito (eliminación del virus en sangre mantenida hasta un año después de terminado el tratamiento) es algo superior al 50 por ciento, según el tipo de virus y el tratamiento realizado. El virus 1b es el más difícil de curar y requiere tratamiento de un año. La respuesta es aproximadamente 50 por ciento para el genotipo 1 y 80 por ciento para los genotipos 2 y 3. En estos últimos se realiza tratamiento durante 6 meses. El fracaso del primer tratamiento implica la revisión del caso, en ocasiones se recomienda un segundo tratamiento con fármacos diferentes.

Efectos secundarios[editar]

Los efectos secundarios del interferón son numerosos, la mayoría incluidos en lo que se llama síndrome gripal. Al cabo de los meses provoca pérdida de masa muscular. Todos estos síntomas revierten al finalizar el tratamiento. Uno de los efectos secundarios más importantes de la ribavirina es que puede provocar anomalías congénitas en los hijos de un paciente recientemente tratado, por ejemplo deformidades físicas o alteraciones en el desarrollo mental (efecto teratológico). Por esta razón los médicos aconsejan no engendrar sino hasta 6 meses después de finalizado el tratamiento, y la Asociación Española de Enfermos de Hepatitis C sugiere alargar este periodo a un año, para más seguridad.[20] Otro efecto adverso frecuente es la anemia, que en muchos pacientes obliga a administrar eritropoyetina, para normalizar los valores del hematocrito.

Trasplante de hígado[editar]

El trasplante de hígado, solo se recomienda cuando existe cirrosis con complicaciones como ascitis, coagulopatía, encefalopatía e ictericia, o que tengan un puntaje MELD mayor de 14 puntos.

Curación espontánea[editar]

No existen casos conocidos de curación espontánea de la hepatitis C crónica, entendiendo por tal la negativización del virus en sangre mantenida durante un año. Si existe curación de la hepatitis C aguda en el periodo inicial de la infección, durante el primer año.

Protección respecto al contagio[editar]

Para evitar el contagio de la hepatitis C, han de tomarse como mínimo las siguientes medidas:

  • No compartir agujas.
  • Usar guantes si se ha de tocar sangre de otra persona.
  • Usar preservativo en relaciones sexuales de riesgo donde pueda haber sangrado.
  • No compartir el cepillo de dientes o la máquina de afeitar con una persona infectada, ni cualquier otra cosa que pudiera recoger su sangre.
  • Comprobar que toda escoriación (tatuaje, cicatrices tribales) o perforación (pendientes, piercings, aretes) se realice con instrumentos esterilizados.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b Ryan KJ, Ray CG (editors), ed. (2004). Sherris Medical Microbiology (4th edición). McGraw Hill. pp. 551–2. ISBN 0838585299. 
  2. Houghton M (November 2009). «The long and winding road leading to the identification of the hepatitis C virus». Journal of Hepatology 51 (5):  pp. 939–48. doi:10.1016/j.jhep.2009.08.004. PMID 19781804. 
  3. a b c d Rosen, HR (23-06-2011). «Clinical practice Chronic hepatitis C infection.». The New England journal of medicine 364 (25):  pp. 2429–38. PMID 21696309. http://www.casemedicine.com/ambulatory/Continuity%20Clinic/Clinic%20Articles/1)%20July/2)Week%20of%20July%2025th/chronic%20hep%20c.NEJM.pdf. 
  4. Hepatis C. MedlinePlus, consultado el 30 de junio de 2014
  5. Maheshwari, A; Ray, S, Thuluvath, PJ (26-07-2008). «Acute hepatitis C.». Lancet 372 (9635):  pp. 321–32. doi:10.1016/S0140-6736(08)61116-2. PMID 18657711. 
  6. a b Chronic Hepatitis C Virus Advances in Treatment, Promise for the Future.. Springer Verlag. 2011. p. 4. ISBN 9781461411918. 
  7. Mueller, S; Millonig, G, Seitz, HK (28-07-2009). «Alcoholic liver disease and hepatitis C:a frequently underestimated combination.». World journal of gastroenterology :WJG 15 (28):  pp. 3462–71. PMID 19630099. 
  8. Alter, MJ (07-05-2007). «Epidemiology of hepatitis C virus infection.». World journal of gastroenterology : WJG 13 (17):  pp. 2436–41. PMID 17552026. 
  9. Ozaras, R; Tahan, V (2009 Apr). «Acute hepatitis C:prevention and treatment.». Expert review of anti-infective therapy 7 (3):  pp. 351–61. PMID 19344247. 
  10. Zignego AL, Ferri C, Pileri SA, Caini P, Bianchi FB (January 2007). «Extrahepatic manifestations of Hepatitis C Virus infection:a general overview and guidelines for a clinical approach». Digestive and Liver Disease 39 (1):  pp. 2–17. doi:10.1016/j.dld.2006.06.008. PMID 16884964. 
  11. Louie, KS; Micallef, JM, Pimenta, JM, Forssen, UM (2011 Jan). «Prevalence of thrombocytopenia among patients with chronic hepatitis C:a systematic review.». Journal of viral hepatitis 18 (1):  pp. 1–7. PMID 20796208. 
  12. Louie, KS; Micallef JM; Pimenta JM; Forssen UM (January 2011). «Prevalence of thrombocytopenia among patients with chronic hepatitis C: a systematic review». Journal of viral hepatitis 18 (1):  pp. 1–7. doi:10.1111/j.1365-2893.2010.01366.x. PMID 20796208. 
  13. Lee, MR; Shumack, S (November 2005). «Prurigo nodularis: a review». The Australasian journal of dermatology 46 (4):  pp. 211–18; quiz 219–20. doi:10.1111/j.1440-0960.2005.00187.x. PMID 16197418. 
  14. Iannuzzella, F; Vaglio, A; Garini, G (May 2010). «Management of hepatitis C virus-related mixed cryoglobulinemia». Am. J. Med. 123 (5):  pp. 400–8. doi:10.1016/j.amjmed.2009.09.038. PMID 20399313. 
  15. Lock G (September 2006). «Hepatitis C — contamination of toothbrushes: myth or reality?». J. Viral Hepat. 13 (9):  pp. 571–3. doi:10.1111/j.1365-2893.2006.00735.x. PMID 16907842. 
  16. Lack of Evidence of Sexual Transmission of Hepatitis C among Monogamous Couples: Results of a 10-Year Prospective Follow-Up Study
  17. [1] Low risk of sexual transmission of hepatitis C virus
  18. Como interpretar las pruebas de serología hepática. Sociedad Valenciana de Medicina Familiar y Comunitaria, 2008.
  19. Agencía Española de Medicamentos y Productos Sanitarios: Daclastavir. Boletín de junio 2014
  20. Asociación Española de Enfermos de Hepatitis C

Fuentes[editar]

Enlaces externos[editar]