Hain

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Ceremonia hain.png

Una ceremonia hain era un rito de iniciación llevada a cabo por los selk’nam u "onas", extintos nativos del norte y centro de Tierra del Fuego en Argentina y Chile.[1] En la literatura a menudo es denominado kloketen por el nombre en selknam de los jóvenes que lo efectuaban y entre los últimos selknam se usaba la palabra colegio[1] al hablar de él en castellano.

La ceremonia o rito del hain se llevaba a cabo con el motivo de instruir a los jóvenes varones que se encontraban al final de la adolescencia sobre "las verdades de la vida"; después de un determinado periodo de prueba eran admitidos en el círculo de los hombres.
La parte fundamental del hain se realizaba una choza grande ubicada generalmente a medio kilómetro del campamento, por lo general cerca de un grupo de árboles hacia donde estaba la entrada y detrás un gran espacio que lo separaba del campamento. Este siempre estaba al este dándole la espalda al poblado para evitar que las mujeres curiosas espiaran su interior, ya que la puerta siempre estaba abierta. Otra de las razones era para protegerse contra las fuertes corrientes del viento que habitualmente, en la zona, sopla desde el oeste.

Mito[editar]

El mito del origen del hain señala que hace mucho tiempo, antes de que la humanidad actual existiera, había hombres y mujeres que luego de los sucesos del mito cambiaron de forma y se convirtieron en astros, fuerzas naturales o animales. En aquella sociedad las mujeres gobernaban a los hombres porque ellas tenían grandes poderes y decían ser aliadas de Xalpen, una ballena de gran voracidad y apetito sexual que ordenaba que los hombres le suministraran carne o serían devorados. Las mujeres eran portavoces de Xalpen y de otros espíritus que surgían de la tierra o bajaban del cielo durante el rito del hain, que ellas realizaban en una choza de troncos para iniciar a sus hijas en los secretos de la magia, mientras los hombres no podían ni acercarse a este lugar. Ellos vivían en un clima de temor y sometimiento y debían trabajar de de sol a sol, no solo para cazar y proveer lo necesario para la vida del grupo, sino que también debían ocuparse de los niños y desempeñar las tareas domésticas. Los hombres jamás se animarían a intentar una rebelión sabiendo que los poderes rectores del universo habían ordenado que las mujeres los dominaran para siempre.

Pero todos espíritus no existían, eran mujeres que se pintaban el cuerpo y se ponían máscaras para engañar a los hombres. Luna (Krrah) era la mujer más poderosa y dirigía el ritual, asignando los papeles de cada una de las demás mujeres debía representar. Una de las cosas que más aterrorizaba a los hombres era Xalpen, que rara vez les era mostrada, pero se les hacía creer que los devoraría si no le llevaban abundante carne para saciar su apetito. Las mujeres hacían ruidos y movían objetos dentro de la choza para simular que ellas mismas corrían peligro si Xalpen no era saciada, entre tanto cocinaban la carne para festejar su dominio y la estupidez de los hombres.

Así había ocurrido desde tiempos remotos, hasta que un día el engaño fue descubierto. Según una versión de la historia, tres hombres divisaron a una mujer disfrazándose y según otra, Sol (Krren) oyó voces cerca del sitio del hain y se acercó cautelosamente a escuchar. Las muchachas estaban ensayando los papeles de espíritus que representarían, riéndose y comentando lo cómico que sería burlar a los hombres haciéndoles creer con disfraces ellas mismas eran espíritus. Sol estaba estupefacto por lo que había visto y oído. Cuando comprendió que toda su vida habían sido engañados, fue al campamento y reveló la verdad a los demás hombres. Tramaron un plan para vengarse de las mujeres e irrumpieron en el hain a pesar de las protestas de las mujeres. Una vez adentro comenzaron a golpearlas con sus garrotes y atravesarlas con sus flechas, hasta que las mataron a todas, excepto Luna (Krrah), la esposa de Sol. Sol empezó a golpear a Luna, empuñó un leño largo agarrado del fuego humeante y la golpeó tres veces en la cara (según otra versión, Viento también la golpeó). En ese momento los cielos temblaron con tal violencia que él se detuvo. Con la cara desfigurada por las quemaduras y los golpes, Luna huyó al firmamento perseguida por Sol. El la perseguirá por siempre sin alcanzarla jamás. Y Luna desde el lejano cielo mirará a la tierra -su cara tiznada y surcada por las cicatrices de las heridas que sufrió durante la gran rebelión- y jamás perdonará a los hombres, y por toda la eternidad se esforzará por vengarse de ellos.[2]

Las únicas mujeres supervivientes eran las niñas que todavía no habían sido iniciadas en el secreto. Los hombres se marcharon y guardaron luto por sus madres, esposas e hijas, pero decidieron adoptar el hain para sí mismos y engañar y dominar a las mujeres del mismo modo que antes habían sido engañados y dominados ellos. A toda mujer se le prohibió acercarse al hain bajo pena de muerte, la misma que sufriría cualquier hombre que divulgara el secreto. Los espíritus que personificaban eran los mismos que antes habían usado las mujeres, pero ahora fueron presentados como seres que apoyaban la supremacía masculina, solo Xalpen siguió siendo presentada del mismo modo que antes.

Con el tiempo llegó un hombre que llevó la muerte y los demás se alejaron de él pues eran inmortales y no podían estar juntos. Así surgieron muchos de los astros, los fenómenos meteorológicos, los animales, los accidentes geográficos y el más poderoso de todos se convirtió en la palabra. En esa época aparecieron los primeros humanos actuales, que adoptaron el patriarcado a semejanza de los hombres anteriores que se habían marchado.

Los seres mitológicos del hain[editar]

Los seres mitológicos y sobrehumanos eran: Hachai o Halahachisa, el hombre con cuernos. La hermana blanca era Hjalpen, procedía de las nubes blancas y su hermana Tanu originaria de la arcilla roja, gozaban de una temible reputación de crueldad. Shoort era otro ente que participaba más frecuentemente en las actividades de la logia. Lo mismo que Hachai (Halahachash) procedía de las rocas grises a diferencia de Hachai, Alpen y Tanu se lo encontraba a él lejos del hain.

Ritual de la ceremonia[editar]

Se reunían todos los hombres en el hain. El novicio era instruido por dos guías que le enseñaban las reglas.
Los hombres se golpeaban y hacían ruidos, se cortaban con piedras afiladas y se metían varas afiladas dentro de la nariz para hacerse sangrar y así simular que los espíritus de las hermanas Halpen y Tanu la de las nubes blancas y la de la arcilla roja los habrían atacado y que las heridas habían sido causadas por las largas garras de sus dedos del corazón.
La primera lección se llevaba a cabo en el centro del hain, donde estaba el fuego, se abría un abismo mágico de enorme profundidad con el fuego infernal en el fondo, que traspasaba el umbral y se prolongaba muy lejos por el este. También dividía la logia en dos grupos, los hombres del norte se sentaban al sur y los del sur se sentaban al norte.
Como primera etapa de su educación, el novicio debía hacer solo o en pareja una expedición de un día en el bosque. Se mataba a un guanaco a varias leguas del campamento, se colgaba la carne de una rama fuera del alcance de los zorros, o se sumergía en un lago o río con poca corriente. Antes de dejarlos a los novicios se les decía por donde tenían que ir, donde se encontraba la carne y que trozos debían traer. Debían de hacer el camino tal cual lo habían señalado a los demás y para asegurarse que fuese así uno de los hombres estaba encargado de vigilarlos sin que lo vea. La verdadera finalidad de esta prueba era probar el coraje del novicio. Algunos de los adultos iniciadores se disfrazaban de Shoort para asustar a los novicios durante la expedición. Antes de la despedida, se les adviertía a los novicios de que Shoort se les podía aparecer y se les decía que era inútil que se quisieran defender con las flechas porque Shoort era invulnerable y que en lugar de esto se trepasen a los árboles, que solo así se iban a salvar (obviamente el evitar asaetar a "Shoort" evitaba que fuera muerto el iniciador disfrazado).
Por último, y prminar con esta parte de la ceremonia, se reunían todos en el hain y el novicio debía soportar los ataques de Shoort, quien era muy fuerte y solía apretarle los testículos para ocasionarle mucho dolor, luego se le decía que debía luchar contra él y la segunda vez Shoort se dejaba vencer. En ese momento los hombres le ordenaban al novicio que le tocara el rostro, que constatara que era un hombre disfrazado y le contaban la "verdad" del rito.

Mediante el periodo de la ceremonia el novicio se regía por una dieta de carne magra: el tuétano, los sesos, los ojos, los intestinos, de guanaco. Tampoco debían buscar ni aceptar la compañía de otros cazadores y si estos aparecían debían alejarse sin ser vistos.

A lo largo de la ceremonia, que podía durar meses, los varones que eran iniciados recibían toda clase de enseñanzas acerca de las tradiciones de su pueblo y del modo de comportarse con los demás. Los selknam que participaron en esta ceremonia y se la explicaron a Anne Chapman, usaban la palabra "colegio" cuando se referían a ella en castellano.

Máscaras[editar]

Un tipo de máscaras utilizadas en los rituales

Las máscaras que eran utilizadas por los que representaban los espíritus, las hacían con piel de guanaco y corteza de árbol, las adornaban, con pinturas de dibujos simbólicos; a algunas las rellenaban con pasto y hojas para darle más cuerpo. Habían de dos clases: una cónica llamada tolon, medía 70 centímetros de alto y debía sostenerse con ambas manos, tenía largas hendiduras para los ojos. La otra mascara se llamaba así y era como una capucha de cuero rellenada con hojas y pasto para darle una forma redonda ya que estaba muy pegada a la cara. Cubría toda la cabeza y se sostenía por atrás. Tenía tres pequeños orificios para ver y respirar. El espíritu Short y Ayilan llevaba esta mascara los demás llevaban la cónica "tolon".

Las pinturas[editar]

Selknam con sus cuerpos pintados

Las mujeres eran las que proveían la pintura a los hombres y a los emisarios de los espíritus mientras duraba la ceremonia. Las pinturas en su mayoría se hacían con arcillas, y los colores eran negros, blancos, grises, rojo oscuro y amarillos.

Se pintaban el cuerpo de uno, dos y hasta tres colores. El motivo de los dibujos variaba. El color rojo indicaba que el espíritu pertenecía al cielo oeste. El blanco al del sur y el negro al del norte. Un efecto de nubes se hacía aplicando un polvo parecido al de la tiza, denotaba relación con el cielo del oeste. No había color que se asociara con el cielo este, aunque es posible que la referencia estuviera dada por los dibujos. La máscara y el cuerpo de los espíritus eran decorados por uno o más motivos uniformes.

Las mujeres y los hombres que no se representaban espíritus se pintaban la cara con un dibujo y el resto del cuerpo con otro color. Cuando el diseño no eran líneas, la pintura era aplicada con los dedos y las palmas de las manos y retocando con las uñas. Las mujeres se pintaban completamente el cuerpo con diseños (tari), símbolo de sus cielos y sus tierras (haruwen). Las pinturas corporales de los selk'nam en el hain han sido consideradas por la crítica de arte como genuinos ejemplos de body art.

Significado religioso[editar]

El investigador Martín Gusinde participó de uno de los últimos hain, celebrado por sugerencia suya, y afirmó que los espíritus de la ceremonia solamente estaban hechos para las creencias de las mujeres, mientras que los hombres eran monoteístas que no creían en otro ser supremo que Temáukel. Al intentar fotografiar a un hombre disfrazándose, este lo agredió por temor a que la fotografía fuera vista por una mujer.

Lola Kiepja fue una de las últimas mujeres selknam que conocía las tradiciones de su pueblo y muchos años después de la desaparición de su gente le contó a la antropóloga Anne Chapman que las mujeres sabían que los espíritus del hain eran hombres disfrazados y que ellas seguían el juego, pero que realmente sentían un temor reverente por la personificación de Shoort. Un hombre selknam presente durante esa conversación le reprochó que hablara de ese modo, porque seguía siendo una selknam aunque su cultura hubiera desaparecido. Por su parte, Ángela Loij dijo una vez que no se podía imaginar que los espíritus fueran hombres.

Referencias[editar]

  1. a b Chapman, Anne. Fin de un mundo. Los selknam de Tierra de Fuego. Pehuén. ISBN 9789561605657. 
  2. Gusinde, Martín (1982). «El mundo espiritual de los selk'nam». Los indios de Tierra del Fuego. Buenos Aires: Centro Argentino de Etnología Americana. p. 576. 

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]