Hacienda de San Antonio del Muerto

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Hacienda de San Antonio de Arista
Tipo Hacienda
Ubicación Mina, Nuevo León
Coordenadas 25°57′57″N 100°38′47″O / 25.96583, -100.64639
Autor construida por Antonio De la Garza Elizondo
Inauguración 18 de septiembre de 1851

La hacienda de San Antonio del Muerto, también conocida como San Antonio de Arista ó simplemente como Hacienda del Muerto. Es una histórica hacienda ubicada en el municipio de Mina en el estado norestense mexicano de Nuevo León. Por su configuración patronal y por sus objetivos de erección. La hacienda es representativa del modelo decimonónico, de una finca agrícola fundada bajo los parámetros de la explotación capitalista. Es también considerada como uno de los mejores ejemplos representativos de la arquitectura de Nuevo León del siglo XIX. Su pasado herméticamente poco difundido durante muchos años, además de misteriosas historias y leyendas relacionadas al lugar, han atraído el interés de restaurarla, ya que al permanecer tanto tiempo en el olvido sin apoyo ni difusión turística, han provocado la decadencia de sus ruinas que además han sido afectadas por actos de vandalismo debido a no tener en el pasado una protección de monumentos históricos como sucede paradójicamente en otros lugares de México. Sin embargo, en años recientes se están haciendo esfuerzos por renovarla y reconstruirla para hacerla uno de los principales destinos turísticos del estado de Nuevo León.


Orígenes[editar]

La llegada del capitán Bernabé de las Casas al Valle de las Salinas, y la fundación de San Francisco de Cañas (hoy cabecera municipal de Mina) en 1611, fueron hechos que facilitaron el surgimiento de asentamientos mineros y de haciendas en el Valle de las Salinas, estos asentamientos serían parte de la herencia herencia repartidas entre los cinco hijos de Bernabé de las Casas. En sus remotos orígenes, la zona correspondiente a la Hacienda del Muerto, no tenía un asentamiento durante este período, ya era una región poca explorada. Estas grandes extensiones de tierra le fueron otorgadas a la mayor de las hijas de Bernabé, al igual que las tierras de San Francisco de Cañas, y las haciendas de El Barrial, Capirota, y Poterillo Tomás dentro del Valle de las Salinas, como dote para su matrimonio con el capitán andaluz Don Juan Alonso Fernández de Córdoba, recibiendo dichas propiedades las cuales a su vez fueron heredadas por varias generaciones. Sin embargo, no sería hasta la mitad del siglo XIX, cuando Antonio de la Garza Elizondo descendiente directo de Bernabé de las Casas por parte de María de las Casas, decide establecer en una de sus propiedades de tierra heredadas, la Hacienda de San Antonio de Arista como un centro productivo y de defensa en contra de los ataques de indios comanches provenientes de Texas. Iniciando la construcción de lo que sería de la Hacienda de San Antonio de Arista o Hacienda del muerto, de la que en la actualidad solo queda la capilla y una parte de lo que realmente abarcaba territorialmente. Su nombre se debe a que su fundador Antonio de la Garza Elizondo, decidió bautizarla de tal manera en honor a San Antonio de Padua debido a que Antonio, nació el día de la conmemoración de dicho santo patrón.

La hacienda es también conocida como Hacienda del Muerto, con el tiempo pasarían a surgir leyendas y debates cuestionables sobre el origen de su segundo nombre, la realidad es que su nombre se debe fundamentalmente a que un arroyo que pasa por la zona lleva el mismo nombre, por lo tanto era conocida coloquialmente como la Hacienda del Muerto, durante una parte del siglo XIX y principios del siglo XX.[1]

Primera etapa como espacio productivo[editar]

Desde tiempos coloniales, los nativos hostiles habían penetrado a territorio nuevoleonés ocasionando muchas devastaciones entre los pobladores criollos neoleoneses.[2] Precisamente, estas correrías se habían llevado a cabo en tres etapas: la primeras es contra las tribus locales, en el caso del esta región del valle de las salinas, eran los cuanaales y los aiguales, sin embargo debido a su gran hostilidad y batallas en contra de los pobladores criollos y constante guerra con otras tribus, estas dos tribus habían desparecido para finales del siglo XVIII, la segunda etapa sería en contra de los comanches provenientes de Texas quienes se adentraban en el territorio para robar ganado, y atacar a los pobladores de la región estas constantes escaramusas se daban desde época colonial hasta el siglo XIX, y en tanto la tercera etapa, estaría marcada por los ataques de apaches, quienes no aparecerían por estas regiones hasta la segunda mitad del siglo XVIII. En la última fase que llega a ser verdaderamente grave hacia el año de 1839, hay incursiones en Nuevo León, tanto de apaches como de comanches, pero la de estos últimos parecen haber sucedido en menor escala que los primeros. El período de 1840 a 1841, es considerado como uno de las épocas donde se efectuaron mayor cantidad de ataques. Los cuales se hacían presentes en todo el noreste del país, y es precisamente en el noroeste de Nuevo León, donde suceden gran parte de estos asaltos perpetrados por los apaches y los comanches, en pueblos que hoy conforman los municipios de Mina, Lampazos, Sabinas Hidalgo, y Agualeguas, siendo el Valle de las Salinas, una de las regiones más afectadas. En lo concerniente a la Hacienda del muerto, que para entonces ya jurisdicción del municipio de Mina, el cual se había conformado el 31 de marzo de 1851, tras la separación de San Francisco de Cañas y otras haciendas y tierras que hoy conforman el municipio de Mina, al separarse los municipios de la jurisdicción del Valle de las Salinas. Tal era el espacio donde nacería la hacienda de San Antonio del Muerto, un lugar asolado por las invasiones de los indios bárbaros, con mucha distancia respecto a la cabecera municipal, con un estado y país en constante guerra civil y con la promulgación de unas reformas gubernamentales que afectarían el régimen de propiedad rural.

Trascendencia y decadencia[editar]

Para 1856, De la Garza Elizondo se convirtió en dueño absoluto de la hacienda de San Antonio del Muerto, al comprarle la parte correspondiente a José María García Calderón.

Sin embargo esta fue vendida a Juan José Villarreal Elizondo, quien ordenó la construcción de su capilla, las casas para los sirvientes, las galeras, acueductos y otras construcciones de fortificación. En 1857 la producción disminuyó a causa de la guerra entre liberales y convervadores. El estado y el municipio fueron constantemente escenarios de la guerra. Sin embargo, con Juan José Villarreal y Elizondo (1856) la producción fue más próspera y favorable, además de que los ataques de los apaches y comanches disminuyeron.

Por otro lado, en febrero de 1876, Juan José Villarreal y Elizondo fue requerido por las autoridades locales para que apoyara a la causa del Gobierno del Estado contra los pronunciados por el Plan de Tuxtepec, que estaban encabezados por el dictador Porfirio Díaz. Sin embargo, el hacendado no quiso participar en el apoyo monetario argumentando que ya lo había hecho mediante la disposición de la finca al ejército. La hacienda del Muerto fue un lugar que fue testigo de una importante batalla de la revolución mexicana, la batalla de Icamole. El 20 de mayo de 1857, las fuerzas comandadas por Díaz y Jerónimo Treviño fueron derrotadas en Icamole por el comandante militar Carlos Fuero y el comandante neoleonés Mariano Escobedo.[3] Porfirio Díaz, y sus tropas se vieron obligados a retirarse, tras sufrir grandes pérdidas en su ejercito, al ser significativamente vencido en esta batalla se cuenta que Díaz irrumpió en el llanto, desde entonces el lugar reibió el mote del llorón de Icamole, existiendo un ejido con ese mismo nombre, que se cree haya sido el lugar donde sucedieron los hechos.

Hacienda del Muerto hoy en día

La hacienda del muerto aportó los insumos para la contienda, según el mismo Villarreal y Elizondo, para ese entonces la finca estaba en bancarrota, por lo tanto, no era rentable a consecuencia de los constantes enfrentamientos. En 1878 murió Juan José Villarreal Elizondo, el mayor impulsor de crecimiento de la hacienda. A pesar de que las constantes guerras civiles mermaron la producción de la finca, esta se mantubo en constante crecimiento. Tras su muerte, la hacienda entró en una etapa de retroceso. Melitón Villarreal, su heredero, no invertiría mucho tiempo y dinero a esa posesión.

La llegada del siglo XX, traería consigo una nueva serie de problemas para la hacienda, su decadencia se había acrecentado, en 1904, Melitón Villarreal decide finalmente venderla debido a que no representaba una fuente de ingresos, y la crisis política que se vivía en ese entonces debido a la revolución mexicana le afectarían profundamente. Su último propietario antes de que esta pasara a propiedad ejidal en 1934, no le dio las atenciones necesarias, iniciando una progresiva etapa de abandono. En 1997 finalmente pasaría a formar parte del patrimonio del municipio de Mina, sin embargo, no sería hasta el año 2004, cuando se iniciaría el interés por devolverle su antigua arquitectura y hacerla un lugar turístico, ya que representa un patrimonio histórico del estado de Nuevo León.

Referencias[editar]

  1. San Antonio del Muerto, una hacienda decimonónica en el noreste de México, Monterrey, Nuevo León: Universidad Autónoma de Nuevo León, ISBN 9706940898 
  2. El Nuevo Reino de León en voz de sus contemporaneos, Monterrey, Nuevo León: Fondo Editorial de Nuevo León, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ISBN 9709715186 
  3. David Alberto Cossío. Obras completas. Historia de Nuevo León, Evolución política y social. Monterrey Tomo VII, congreso del estado de Nuevo León, 2000 pp.245-246