Hölderlin y la esencia de la poesía

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Hölderlin y la esencia de la poesía es un escrito de Martin Heidegger de 1936 en el que busca hablar acerca de la poesía y el ser de la misma, partiendo de la obra del poeta Hölderlin. La obra está dedicada a la memoria de Norber Von Hellingrath caído el 14 de diciembre de 1916.

Tema principal[editar]

Dado que Hölderlin en su obra se dedica, frecuentemente, a poetizar sobre la poesía, Heidegger se propone en el texto Hölderlin y la Esencia de la Poesía determinar, a partir de cinco sentencias de aquel autor, cuál es, en sus palabras, la esencia esencial de la poesía; entendiendo por esencia no aquello que es general y común a toda obra considerada poética, sino lo que realmente permita tomarse en serio la poesía y meterse de lleno en sus dominios.

Las cinco sentencias[editar]

Primera sentencia[editar]

La primera sentencia de Hölderlin, a partir de la cual Heidegger intenta lograr su propósito, versa sobre el hacer poesía diciendo que “esta tarea [es], de entre todas, la más inocente”, a lo que Heidegger le da sentido interpretando la poesía como un juego, en el que todo se realiza en el marco de un imaginario creado por las palabras, liberando al poeta de la responsabilidad o culpa que implicaría la acción. Este primer paso aún no supone una idea clara sobre la esencia de la poesía, pero el autor considera que señala el camino enfocándolo hacia el dominio de la palabra.

Segunda sentencia[editar]

Para darle continuidad a su tarea, Heidegger se refiere, entonces, al siguiente fragmento: “…se le dio al hombre el más peligroso de los bienes, la Palabra, para que creando y destruyendo, haciendo perecer y devolviendo las cosas a la sempiterna viviente… dé testimonio de lo que él es”. Dicha sentencia parece contradecirse con la anterior, pues ¿cómo puede ser que el más peligroso de los bienes sea, al mismo tiempo, el material de la más inocente de las tareas? Heidegger deja de lado esta cuestión, por un momento, para preguntarse sólo por la palabra.

“El hombre es un ser que ha de dar testimonio de lo que es”, es lo que interpreta Heidegger del pasaje citado; es, entonces, el testimonio de su realidad lo que hace al hombre ser lo que es, pero dicho testimonio sólo puede hacerse a través de la palabra, sobre la cual tiene su advenimiento la historia misma; por eso es la palabra un bien del hombre, porque sólo a través de ella puede realizarse como tal. Pero ¿por qué considera Hölderlin a la palabra como el más peligroso de los bienes? Heidegger afirma que dicha calificación está basada en la consideración de que a través de ella, de la palabra, se cae fácilmente en el error y la desilusión, pues el producto de su poder creador, al verse contrastado con la realidad, puede, muchas veces, no encontrar correspondencia y, así, el hombre quedar sumido en una irrealidad. Por otra parte, el peligro de la palabra también consiste en que por la apariencia de lo dicho se puede confundir lo esencial con lo no esencial, difuminándose así el genuino decir y poniéndose en peligro la función esencial de la palabra. A pesar de estos peligros la palabra es para el hombre un bien, no sólo porque a través de ella pueda comunicar sus pensamientos y vivencias, sino porque gracias a ella el hombre obtiene y ratifica su lugar en el mundo. “Únicamente donde haya palabra habrá mundo, esto es: un ámbito, con radio variable, de decisiones y realizaciones, de actos y responsabilidades, alborotos, caídas y extravíos. Solamente donde haya mundo habrá historia”.

Tercera sentencia[editar]

Ahora bien, dado lo anterior, Heidegger continúa preguntándose ¿cómo viene al ser la palabra? Y pretende sustentar la respuesta a partir del siguiente fragmento:

Muchas cosas ha experimentado el Hombre;
A muchas celestiales ha dado ya nombre
Desde que somos Palabra-en-diálogo
Y podemos los unos oír a los otros.

La palabra viene al ser, entonces, en forma de diálogo; el hombre es hombre en el diálogo, esto es, en el decir y el oír, que son equioriginarios. Pero no siempre el hombre ha sido diálogo, el diálogo sólo puede darse a partir de la permanencia del referente de las palabras, esto es, a partir de que el hombre logra detener el tiempo y fundar los conceptos de pasado, presente y futuro, sólo en ese momento la palabra logra referirse a algo que es permanente y dar paso a la historia. Es, entonces, cuando el hombre se hace histórico que nace el diálogo y que el mundo se hace palabra. Cuando la palabra logra referirse a algo consistente y permanente, es decir, cuando nace el lenguaje como tal, nace también el mundo.

Cuarta sentencia[editar]

Pero ¿quién es el que realiza esa tarea de detener el tiempo y dar inicio a la historia? La respuesta es explícita en la sentencia de Hölderlin “Los poetas echan los fundamentos de lo permanente”. Con dicha sentencia se vuelve de nuevo a la cuestión inicial sobre la esencia de la poesía. La poesía, dice Heidegger, es fundación del ser por la palabra de nuestra boca; esto es, el poeta es el encargado de dotar al ente de ser y esencia a través del nombramiento inicial, del vocablo esencial, llamándolo para lo que es y reconociéndolo como ente, sacándolo de la arrebatada corriente del devenir e instalándolo en la realidad histórica del hombre.

Quinta sentencia[editar]

Lo anterior es la antesala para encontrar, al fin, la esencia de la poesía. Con la sentencia final, “Lleno está de méritos el Hombre; mas no por ellos; por la Poesía ha hecho de esta Tierra su morada”, se ratifica lo que ya se intuía, dice Heidegger: “La realidad de verdad (Dasein) del hombre es, en su fondo, poética” . Con ello quiere decir que al ser la poesía el fundamento de lo permanente se hace, entonces, fundamento y soporte de la historia y del mundo que el hombre habita; esa es su esencia, ser creadora de la verdad del hombre. Pero todavía queda un punto por aclarar, la supuesta contradicción que se había encontrado al comienzo del texto, acerca de cómo podía ser la poesía la tarea más inocente y, al mismo tiempo, la más peligrosa. Heidegger explica, finalmente, que la peligrosidad de la poesía radica en que el exceso de claridad que tiene el poeta lo sumerge en las tinieblas y que la única forma de preservar, entonces, dicha tarea, es “eximir” al poeta de las responsabilidades de la cotidianidad por la apariencia inofensiva de su tarea.

Enlaces externos[editar]

El texto original, única fuente del presente artículo, puede leerse en la siguiente dirección, correspondiente a Heidegger en castellano: