Guerras civiles venezolanas

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Las llamadas guerras civiles de Venezuela fueron una larga serie de conflictos que asolaron dicho país durante la mayor parte del siglo XIX.

Tras la independencia y la posterior disolución de la Gran Colombia[1] en Venezuela no existía un gobierno fuerte con la autoridad y poder suficiente para garantizar el orden ni una idea de nación ni experiencia cívica lo que llevó a un fenómeno de caudillismo y militarismo[2] en que jefes político-militares locales fueron capaces de enfrentar y derrotar al gobierno central siguiendo sus intereses particulares e ideológicos junto a masas populares que los apoyaban al sentirse identificados con ellos, procesos similares se dieron en toda la América hispana tras el fin del dominio colonial español.[3] Esto se debió en parte al debilitamiento que sufrió la clase gobernante, los mantuanos que ya gobernaban el país desde la época colonial.[4] Durante la primera mitad del siglo el único personaje que logró convertirse en factor de relativa estabilidad fue José Antonio Páez gracias a su poder militar, solo su derrota en los campos de batalla terminó con su carrera política.[5]

Entre 1830 y 1903 hubo un total de 166 revueltas armadas y casi cincuenta años de guerra.[6] El historiador Robert L. Sheina en su libro Latin America's Wars: The Age of the Caudillo, 1791-1899, publicado en 2003, estima en un millón de muertos en total, un 70% de ellos no-combatientes caídos por las pestes, hambrunas, anarquía y represión política que trajeron las guerras.[7] Otras fuentes rebajan la cifra a 260.000 muertos en combates, más 62.000 por terremotos y pestilencias, sin contar los caídos en la Guerra Federal.[8]

El período de inestabilidad terminó con la dictadura de Juan Vicente Gómez quien gobernó Venezuela entre 1908 hasta su muerte en 1935, asegurando así una base fuerte para el poder estatal y acabando con los caudillos regionales pasando el poder al alto mando central de las Fuerzas Armadas de Venezuela.[9] Debido a estas guerras el país se empobreció y sufrió un relativo estancamiento demográfico.[10]

Estas guerras civiles eran sobre todo combates entre milicias armadas, cada una organizada por su localidad de origen, así se reflejaban las alianzas de los grupos de poder regionales con el gobierno o los rebeldes en cada momento.[11] Se daban casos en que los habitantes de pueblos vecinos o hasta de un mismo pueblo se enfrentaban a pequeña escala durante estas guerras civiles.[12] Cada partido buscaba el apoyo de los caudillos regionales, quienes tenían el verdadero poder en aquella época.[13]

Inicialmente, los conservadores y liberales, que marcaron todo el siglo XIX con sus guerras por el poder en los Andes,[11] buscaron identificarse con los colores de la bandera venezolana -amarrillo, azul y rojo desde arriba hacia abajo-.[14] Los primeros, partidarios de Páez, usaron el rojo para diferenciarse de los segundos, apoyados por los intelectuales de Caracas, veteranos frustrados por no haber recibido tierras y llaneros, que usaban el amarillo.[14] [13] Sin embargo, en 1867 se formó una alianza entre conservadores y sectores liberales para apoyar la revolución de José Tadeo Monagas,[14] quien había utilizado el poder para beneficio personal junto a su hermano, José Gregorio, durante los años previos en que gobernaron.[13] Para encarnar esta nueva unión, amarillos y rojos eligieron el color central de la bandera: el azul.[14] A partir de la segunda mitad del siglo XIX, los conservadores se identificaran con el color azul[14] y los liberales, empezando con los partidarios del gobierno de Juan Crisóstomo Falcón,[14] seguirán con utilizando el amarillo.[11] Otro punto de diferencia era que los liberales apoyaban un sistema federal, mientras que los conservadores uno centralizado. Aunque eso era sólo teórico, pues en el poder muchos liberales ejercieron un mandato autoritario, centrado en su persona, como Antonio Guzmán Blanco, quien también fue un anticlerical, partidario del liberalismo económico y benefactor de los poderosos que lo auparon al poder.[15]

Destacan principalmente:[16]

Hubo otros enfrentamientos menores como:

Referencias[editar]

  1. Esteves, 2006: 5, 9
  2. Esteves, 2006: 6. Cada caudillo local al alzarse por costumbre tendía a autonombrarse general.
  3. Historia de la Humanidad. Los inicios del siglo XIX. Santiago de Chile: Editorial Larousse, 2005, pp. 36. ISBN 956-8402-39-X.
  4. Esteves, 2006: 7
  5. Esteves, 2006: 10-11
  6. Francisco Armando Castillo Linares (abril de 2005). "Los Andes silo XIX. Crónicas de guerra y caudillos". Tierra Firme. Táchira: Universidad de Los Andes.
  7. a b c Nineteenth Century Death Tolls
  8. Spence, James Mudie (1966). La tierra de Bolívar: o, guerra, paz y aventura en la republica de Venezuela. Caracas: Banco Central de Venezuela, pp. 46.
  9. Resdal - Relaciones civiles-militares en el siglo XX venezolano - Capítulo I - Finales del siglo XIX e inicios del XX: Desde la desaparición de las huestes caudillistas hasta el predominio de los pretorianos.
  10. Esteves, 2006: 6
  11. a b c Martínez Becerra, Carlos (2004). Integración regional, fronteras y globalización en el continente americano. Universidad Nacional de Colombia, pp. 327. ISBN 9789587014556.
  12. Martínez Becerra, 2003: 327-328
  13. a b c Del Alcázar, Joan; Nuria Tabanera; Josep M. Santacreu & Antoni Marimon (2003). Historia contemporánea de América. Universitat de València, pp. 91. ISBN 9788437056708.
  14. a b c d e f Esteves González, Edgar (2006). Las guerras de los caudillos. El Nacional, pp. 91. ISBN 9789803882471.
  15. De Alcázar, 2003: 91-92.
  16. Esteves, 2006: 5
  17. De re Militari: muertos en Guerras, Dictaduras y Genocidios. Capítulo V.

Bibliografía[editar]