Guerra grancolombo-peruana

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «Guerra Gran Colombo Peruana»)
Saltar a: navegación, búsqueda
Guerra grancolombo-peruana
Gran Colombia 1824 showing disputed territory by Peru.PNG
Zona disputada por la Gran Colombia y el Perú
Fecha 3 de junio de 1828 - 28 de febrero de 1829
Lugar Distrito militar del sur (conformado por los departamentos de Ecuador, Azuay y Guayaquil) de la Gran Colombia y norte del Perú.
Causas Invasión peruana de Bolivia.
Disputa territorial sobre los territorios de Tumbes, Jaén, Maynas y Guayaquil.
Resultado

Indeciso

  • Victoria naval del Perú, pero victoria terrestre Grancolombiana
  • Firma del Tratado Larrea-Gual
Cambios territoriales Statu quo ante bellum
Beligerantes
Flag of the Gran Colombia.svg
República de Colombia
Flag of Peru (1825 - 1950).svg
República Peruana
Comandantes
Flag of the Gran Colombia.svg Simón Bolívar
Flag of the Gran Colombia.svg Antonio José de Sucre
Flag of the Gran Colombia.svg Juan José Flores
Flag of Peru (1825 - 1950).svg José de La Mar
Flag of Peru (1825 - 1950).svg Agustín Gamarra
Flag of Peru (1825 - 1950).svg Martín Jorge Guisse
Fuerzas en combate
Flag of the Gran Colombia.svg Ejército de la Gran Colombia
Flag of the Gran Colombia.svg Armada de la Gran Colombia
Flag of Peru (1825 - 1950).svg Ejército del Perú
Flag of Peru (1825 - 1950).svg Marina de Guerra del Perú

La Guerra grancolombo-peruana (1828-1829) fue un conflicto armado que enfrentó a la Gran Colombia, conformada por los actuales países de Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador, contra la República del Perú. El origen de esta disputa hay que buscarla en la tensión surgida entre los gobiernos de ambos países, no bien consolidadas sus respectivas independencias: el gobierno de tendencia liberal del Perú y el gobierno conservador colombiano, representado por el Libertador Bolívar. El Perú, tras liberarse del régimen bolivariano o vitalicio, ayudó a Bolivia a liberarse del mismo régimen, invadiendo territorio boliviano, lo que enfureció a Bolívar. A ello se sumó una controversia limítrofe: la Gran Colombia reclamaba el dominio de las provincias de Tumbes, Jaén y Maynas (estas dos últimas teóricamente por Ley de División Territorial de la República de Colombia), provincias todas que el Perú consideraba como parte de su territorio, siguiendo el principio de la libre determinación de los pueblos, fundamentalmente. El Perú reclamaba a la vez a la Gran Colombia la provincia de Guayaquil. La guerra se dividió en dos campañas, la marítima y la terrestre. La campaña marítima resultó favorable al Perú, que ocupó el puerto de Guayaquil, mientras que la campaña terrestre fue favorable a los grancolombianos siendo el encuentro más relevante la Batalla del Portete de Tarqui. Culminó la guerra con la firma del Tratado Larrea-Gual o Tratado de Guayaquil, por el que se mantuvo la situación territorial previa al estallido de la guerra, quedando como base de referencia para un posterior trazado de límites más preciso.

Antecedentes[editar]

Consumada la independencia del Perú en 1824, el Libertador Simón Bolívar se mantuvo como Dictador del Perú y decretó algunas medidas que contrariaron indistintamente a diversos sectores de la sociedad peruana. Mencionamos las principales de dichas medidas:

  • Restauró la esclavitud negra.
  • Reinstaló el impuesto a los indios, bajo el nombre de “contribución de indígenas”.
  • Frustró la instalación del Congreso del Perú.
  • Impuso la Constitución Vitalicia.
  • Desterró y apresó a los opositores liberales.
  • Permitió el fusilamiento de Juan de Berindoaga, aristócrata limeño, acusado injustamente de traidor.
  • Reconoció la independencia del Alto Perú, bautizada como "República de Bolívar", y finalmente, "República de Bolivia".

Debido a ello, los elementos nacionalistas y liberales de Lima se alzaron, hasta acabar con el régimen bolivariano o vitalicio a inicios de 1827, lo que a la postre enrarecería las relaciones entre las dos nacientes repúblicas, la Gran Colombia y el Perú. El nuevo gobierno peruano también fomentó el fin del régimen bolivariano en Bolivia, que presidía el mariscal Antonio José de Sucre (1828), y Bolívar, enfurecido con las élites peruanas, alentó entre sus conciudadanos la animadversión hacia el Perú. La ira de Bolívar se comprende, pues veía desmoronarse su proyecto federativo de los Andes, sumado al hecho de que se hallaba acosado por rebeliones y disidencias dentro de la misma Gran Colombia, que anunciaban la inminente disolución de esta entidad geopolítica.[1]

Localización del territorio en disputa.

Existían también desacuerdos concretos en cuanto a cuestiones fronterizas entre los dos países. La Gran Colombia reclamaba los territorios de Tumbes, Jaén (actualmente en Cajamarca) y Maynas (entendiéndose por Maynas el territorio conformado por los actuales departamentos peruanos de Loreto y Amazonas), todos ellos pertenecientes al Perú, de acuerdo al principio de la libre determinación de los pueblos y al uti possidetis de 1810, fórmula jurídica que implicaba tomar como punto de partida el territorio tradicionalmente ocupado por cada país al año 1810 (en el caso específico de Maynas). Por su parte, el Perú reclamaba Guayaquil, territorio que consideraba injustamente arrebatado por Bolívar en 1822.

Habían además otros asuntos entre ambos países, no menos importantes. La Gran Colombia reclamaba al Perú al pago la deuda de la campaña emancipadora, ya que la intervención del ejército gran colombiano para liquidar la guerra independentista en suelo peruano fue pactado a cambio de un sustancioso pago que se comprometió a saldar el gobierno del Perú. Otro asunto muy espinoso era el de los "reemplazos", es decir, la compensación que debía hacer el Perú a las tropas colombianas por las bajas sufridas por estas durante la guerra independentista peruana, lo que implicaba desarraigar a ciudadanos peruanos y expatriarlos a la Gran Colombia, exigencia desorbitada e inhumana, habida cuenta que ya había finalizado dicha guerra.[2]

Las tensiones entre el Perú y la Gran Colombia se vieron alimentadas por la prensa de Lima y Bogotá, que, haciendo uso de un lenguaje agresivo, estimularon la discordia entre ambos países. Se llegó a la expulsión del Cónsul colombiano Cristóbal Armero, acusado por el Perú de intervenir en asuntos políticos internos, y en todo el país se organizaron actos indignantes contra Bolívar y Sucre.[3] Mientras que en Bogotá, el gobierno colombiano no quiso recibir al diplomático peruano, José Villa, a quien se le extendieron sus pasaportes, enviándolo de vuelta al Perú.[4] En respuesta, el 17 de mayo de 1828, el Congreso de la República del Perú autorizó al presidente José de La Mar a tomar las medidas militares del caso.[5]

Inicio[editar]

El 3 de julio de 1828, la Gran Colombia, por intermedio del mismo Libertador Simón Bolívar, declaró la guerra al Perú, alegando que éste país había fomentado en Bolivia la rebelión en contra de las fuerzas colombianas y contra Sucre. Además, exigía el pago de 7´595,747 pesos, como deuda por la guerra de la emancipación, y la entrega de los territorios peruanos de Tumbes, Jaén y Maynas a la Gran Colombia.[6]

El presidente La Mar movilizó el ejército y marina peruanas contra la Gran Colombia. La marina peruana bloqueó la costa pacífica grancolombiana y asedió el puerto de Guayaquil[7] ; por su parte el ejército peruano ocupó la provincia de Loja, departamento del Azuay, en el sur grancolombiano (actual Ecuador).[8] Otra división del ejército peruano a órdenes del mariscal Agustín Gamarra (proveniente del sur del Perú) marchó al teatro de operaciones con el propósito de auxiliar a La Mar.

Tras ocupar Saraguro y Oña, los peruanos planearon tomar la ciudad de Cuenca, que era el lugar de nacimiento de La Mar, para acabar así con el cuestionamiento a la nacionalidad del presidente peruano. Las fuerzas peruanas sumaban en total 4.500 soldados.

Campaña naval[editar]

La escuadra peruana al mando del vicealmirante Martin Jorge Guise inició la campaña marítima dominando el mar, su flota compuesta por dos fragatas, una corbeta, un bergantín y dos goletas a las que se sumaban además ocho lanchas cañoneras resultó victoriosa en los combates de Malpelo y Las Cruces para luego atacar el puerto artillado de Guayaquil, defendido por dos goletas, varias lanchas cañoneras y las baterías de tierra, el ingreso al puerto había sido cerrado por una línea de cadenas.

El 23 de noviembre la flota peruana cañoneó las defensas gran colombianas, silenciando las baterías y destrozando las lanchas. Finalizado el combate a las 9 de la noche, Guise ordenó el retiro de la flota peruana a su fondeadero en Cruces pues la rendición de Guayaquil era solo cuestión de tiempo. Pero por desgracia para los peruanos la fragata Presidente donde se encontraba Guisse encalló en uno de los bajos de la ría, permaneciendo en esa situación durante diez horas esperando que la corriente la pusiera a flote, sin embargo este lapso de tiempo no fue desaprovechado por los defensores de tierra que montaron un cañón en el puerto y dispararon contra la fragata que, por su posición, no podía contestar el fuego, cuando la corriente subió y la nave peruana se retiraba a su fondeadero uno de los último disparos hirió mortalmente a Guisse, su muerte fue muy sentida en la flota peruana ante esta inesperada situación asumió temporalmente el mando de la escuadra, el segundo jefe José Boterín, quien llevó adelante el ataque y apagó completamente los fuegos de tierra.

Una vez eliminadas las defensas costeras de Guayaquil el bloqueo continuó, la guarnición gran colombiana se retiro a unirse con el ejército de Sucre y se iniciaron negociaciones para la capitulación de la plaza la misma que se firmó a bordo de la goleta Arequipeña el 19 de enero de 1829.

Las tropas peruanas ocuparon Guayaquil el 1 de febrero de 1829 al mando del capitán Casimiro Negrón.

En los días siguientes el nuevo jefe la escuadra peruana Hipólito Bouchard despachó a Panamá dos barcos, la goleta Arequipeña y el bergantín Congreso al mando del teniente primero José Boterín con la finalidad de capturar a la goleta de guerra colombiana Tipuani, en el viaje fue apresada la goleta Francisca el 7 de abril de 1829, los buques peruanos arribaron a Panamá, donde sin encontrar resistencia capturaron a la goleta Jhon Cato que arribó presa al Callao el 7 de julio del mismo año la Tipuani sin embargo no fue encontrada. El 18 de mayo, durante un accidente, se incendió la fragata Presidente, que fue la única perdida material de la escuadra peruana durante la guerra.

Campaña terrestre[editar]

Pese a las victorias iniciales conseguidas, la campaña militar peruana por tierra se convirtió en un fracaso, debido a errores de estrategia cometidos por los mandos. La historiografía peruana atribuye éstas a:

  • Las tropas del general La Mar, cuando se encontraron en el territorio del actual Ecuador, se dispersaron en diversas poblaciones.
  • La demora de Gamarra de llegar al teatro de operaciones para prestar el apoyo respectivo, salió de Puno en septiembre de 1828, y llegó a Loja en enero de 1829. Para algunos analistas, detrás de los reveses peruanos estuvo la mano oculta y traicionera de Gamarra, quien buscaba, no la derrota de los grancolombianos, sino la caída de La Mar, para reemplazarlo en el poder, sobreponiendo sus intereses subalternos a los de su patria. Gamarra contaba con dos aliados: el general Antonio Gutiérrez de la Fuente, que estaba en Arequipa con un ejército y con orden de marchar a la frontera grancolombiana, pero que jamás llegó al teatro de operaciones; y el general Andrés de Santa Cruz, que se hallaba entonces como Embajador en Chile y poco después pasó a ocupar la Presidencia en Bolivia.[9]
  • La excesiva confianza de los oficiales peruanos en derrotar a las tropas de la Gran Colombia, lo que motivó que el Mariscal Sucre, que mandaba el ejército colombiano, lograra sorprender por retaguardia al ejército peruano de La Mar en Saraguro el 13 de febrero de 1829, logrando apoderarse de casi todas las municiones de la artillería peruana. Días después, el ejército peruano volvió a sufrir otro revés en el lugar denominado Portete de Tarqui (27 de febrero), donde la división de vanguardia peruana al mando del general José Manuel Plaza, carente de municiones y aislada del grueso del ejército peruano, fue completamente derrotada por el ejército gran colombiano.

Es de remarcar que en la Batalla del Portete de Tarqui fue solamente derrotada la avanzada de las tropas peruanas, que constaba de unos 1.000 efectivos, al verse cercada por la totalidad del ejército grancolombiano, de más de 4.500 hombres. El grueso de las fuerzas peruanas se mantuvo intacto y se puso a la defensiva.[10] Un escuadrón grancolombiano, el Cedeño, seguido por otros cuerpos, intentó cargar contra las posiciones peruanas, pero fue rechazado por los Húsares del Perú, uno de cuyos comandantes era el coronel Domingo Nieto. En este contexto se produjo el célebre combate singular entre el colombiano Camacaro (jefe del Cedeño) y el peruano Nieto, en el que éste último resultó triunfante. Los grancolombianos se vieron también obligados a aferrarse a sus posiciones. Cada ejército quedó pues dueño de su terreno y esperaban que al día siguiente se reiniciara la lucha y se librara la batalla definitiva.[11]

La batalla final no se libró, pues La Mar, viendo que su situación era insostenible (se le agotaban sus municiones así como no podía maniobrar en ese territorio, muy accidentado), aceptó negociar con el adversario. Fue así como al día siguiente de la batalla de Tarqui, el 28 de febrero, se firmó el Convenio de Girón, algunos de cuyos puntos fueron los siguientes:

  • Retroceso de los ejércitos de ambos países en la zona limitada como frontera.
  • La salida inmediata del ejército peruano de territorio de la Gran Colombia, es decir, de Guayaquil y Loja. Este punto es de resaltar, pues los grancolombianos reconocían implícitamente como peruanas a las provincias de Tumbes, Jaén y Maynas, al no reclamarlas como territorio colombiano.
  • El nombramiento de comisiones que estudiarían y evaluarían los problemas de límites y deudas entre los dos países.

Pero sucedió entonces que Sucre, al redactar el parte de guerra y el decreto de premios expedido para los vencedores de Tarqui, tuvo expresiones que fueron consideradas falsas y ofensivas por los peruanos. Mandó, por ejemplo, que en el campo de combate se erigiera una columna en la que se leería en letras de oro lo siguiente:

“El ejército peruano de ocho mil soldados que invadió la tierra de sus libertadores fue vencido por cuatro mil bravos de Colombia el veinte y siete de febrero de mil ochocientos veinte y nueve”.[12]

La Mar protestó en carta que dirigió a Sucre. Aclaró que el ejército peruano sólo sumaba cuatro mil quinientos hombres y no ocho mil (cifra notoriamente abultada); que en Tarqui fue derrotada nada más que la vanguardia peruana, la cual no ascendía o llegaba apenas a mil hombres; que en vano el ejército peruano esperó el ataque final del ejército grancolombiano, luego que los Húsares del Perú rechazaran la carga del prestigioso batallón colombiano Cedeño. También señaló la valiosa y decisiva contribución peruana en las batallas de Junín y Ayacucho, como respuesta al reproche de que el Perú se mostraba desagradecido ante sus “libertadores”.[13] De otro lado, los oficiales grancolombianos actuaron con salvajismo, fusilando a un buen número de los prisioneros peruanos, y enrolando a la fuerza a otro grupo de cautivos. Por todo ello, La Mar decidió suspender el Convenio de Girón hasta que se retiraran los agravios y se corrigieran los excesos. Aunque Bolívar calificó burlonamente de “quejas de vieja” a las observaciones de La Mar, para cualquier testigo neutral sería innegable que le asistía toda la razón al presidente del Perú.

La Mar se retiró con sus fuerzas a Piura para reorganizar su ejército, dispuesto a continuar la guerra. Pero en dicha ciudad fue depuesto del mando supremo por el general Agustín Gamarra, en la noche del 7 de junio de 1829; luego siendo deportado a Costa Rica, donde falleció tiempo después.[14]

Gamarra, deseoso de acabar con la guerra, firmó con los gran colombianos el Armisticio de Piura, el 10 de julio de 1829, por el cual se acordó un armisticio de 60 días (que fue prorrogado al finalizar dicho plazo), además de la devolución de Guayaquil a la Gran Colombia y la suspensión del bloqueo peruano a la costa sur grancolombiana.[15] Posteriormente se reunieron en Guayaquil los delegados peruano y gran colombiano, señores José de Larrea y Loredo y Pedro Gual, quienes suscribieron un tratado de paz el 22 de septiembre de 1829 (Tratado Larrea-Gual), por el cual el Perú conservaba Tumbes, Jaén y Maynas y la Gran Colombia conservaba Guayaquil. Es decir, se mantuvo el statu previo al estallido de la guerra.[16]

Consecuencias[editar]

Pese a la insistencia de los más militaristas sectores de la historiografía peruana, los académicos colombianos, ecuatorianos y venezolanos no consideran que esta guerra haya tenido algo que ver con la posterior disolución de la Gran Colombia.[cita requerida]

La posterior separación de la Unión Colombiana dejó pendiente la suscripción de un tratado de límites que formalizara la frontera heredada de la colonia, lo que durante los años venideros desembocaría en el Conflicto de La Pedrera, en la Guerra colombo-peruana (1932-1934) y en el largo Conflicto entre Ecuador y Perú (siglos XIX y XX).

Referencias[editar]

  1. Varios autores: Gran Historia del Perú, pp. 252-254. Lima, Edición Libris, 2000. Publicada por fascículos por la Empresa Editora El Comercio S.A.
  2. Basadre 2005, tomo 1, p. 270.
  3. Basadre 2005, tomo 1, p. 271.
  4. Basadre 2005, tomo 1, p. 278.
  5. Basadre 2005, tomo 1, p. 280.
  6. Basadre 2005, tomo 1, p. 281.
  7. Basadre 2005, tomo 1, p. 286.
  8. Basadre 2005, tomo 1, p. 287.
  9. Sobre las intrigas de estos tres personajes (Gamarra, Santa Cruz y La Fuente) en pro de la caída de La Mar, ha dado pruebas el historiador Nemesio Vargas (Historia del Perú Independiente, 9 vols. Lima, 1903-1942) y su hijo Rubén Vargas Ugarte (Historia General del Perú, 12 vols. Lima, 1971-1984), quien opina que si se hubiera ayudado eficazmente al Presidente La Mar y no se le hubieran sembrado tantos obstáculos, el Perú hubiera ganado la guerra contra la Gran Colombia.
  10. Basadre 2005, tomo 1, p. 290. El historiador peruano, para sustentar la afirmación de que solo la vanguardia peruana actuó en Tarqui, cita el Diario político y militar (21 de marzo de 1829) de José Manuel Restrepo.
  11. Basadre 2005, tomo 1, p. 289.
  12. Vargas Ugarte, tomo VII, pág. 192.
  13. Basadre 2005, tomo 1, p. 292. Efectivamente, la empresa de la Emancipación hispanoamericana fue una obra mancomunada y cada nación hispanoamericana dio su aporte decisivo para consumarla.
  14. Basadre 2005, tomo 1, pp. 295-297.
  15. Basadre 2005, tomo 2, p. 12.
  16. Basadre 2005, tomo 2, pp. 13-12.
Bibliografía
  • Basadre Grohmann, Jorge (2005). Historia de la República del Perú (1822-1933), Tomos 1 y 2. Lima: Empresa Editora El Comercio S.A. Novena edición ISBN 9972-205-62-2. 
  • Moya Espinoza, Reynaldo. Formación de la República. 
  • Vargas Ugarte, Rubén (1971). Historia General del Perú, Tomo VII. Lima: Carlos Milla Batres. Primera edición. 

Véase también[editar]