Guías de Navarra

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Guias de Navarra-album.jpg

El Álbum de las tropas carlistas del Norte dice sobre los Guías de Navarra:

  • Constaba el batallón de 800 hombres sacados voluntarios de los demás cuerpos hasta 1836.
  • Uniforme: Casaquilla gris con ojaladura (sic) amarilla en el pecho; pantalón grans (sic), boina encarnada; morral y alpargata.
  • Desde el año 1836 usó el mismo uniforme que el resto del ejército.
  • Armamento: Fusil, bayoneta y canana.

Según Alexis Sabatier, la ojalatura de la casaquilla la denominaban humorísticamente "sardinas" los soldados de los demás batallones, ya que carecían de este adorno.

En la primavera de 1834, durante la Primera Guerra Carlista, Zumalacárregui creó el batallón de Guías de Navarra, que ni eran navarros ni eran guías, sino soldados de las tropas liberales: manchegos, valencianos, andaluces, etc. que apenas conocían el territorio vasco-navarro. Al ser hechos prisioneros en la acción de Alsasua, habían aceptado alistarse con Zumalacárregui para salvar la vida. El general les dio las boinas rojas que meses antes había mandado comprar en Francia para que sus oficiales fuesen así diferenciados de los soldados que llevaban boinas negras, ya que la tropa carlista carecía de uniforme, siendo la boina vasca la única prenda que usaban en común. Los oficiales aceptaron las elegantes boinas rojas con alborozo, pero pronto las rechazaron cuando se dieron cuenta de que los tiradores liberales apuntaban con preferencia a las cabezas que se cubrían con boina roja. Fueron retiradas y escondidas en una casa de Eulate. Al crear el batallón de Guías de Navarra, Zumalacárregui mandó traer estas boinas y se las dio al recién creado batallón.

Zumalacárregui destinó al nuevo batallón como oficiales a los numerosos jóvenes extranjeros que atravesaban los Pirineos y se le ofrecían para luchar por la causa carlista. El batallón de Guías de Navarra fue empleado en las operaciones más desesperadas. Los hombres españoles mandados por oficiales extranjeros formaron un cuerpo excelente, obteniendo el favor de Zumalacárregui, que lo consideró por su disciplina y arrojo como su batallón preferido. Llegó el día en el que el haber pertenecido como oficial al batallón de Guías de Navarra era el galardón más valorado entre la oficialidad carlista.

Tras la muerte de Zumalacárregui, la envidia hizo que el batallón formado por extranjeros y españoles de todas las regiones, excepto de Navarra y provincias vascas, dejase de ser empleado preferentemente en las acciones más arriesgadas. En el año 1836 dejó de ser considerado como batallón para misiones especiales y fue integrado como un batallón más en el ejército carlista.

Bibliografía[editar]