Grisalla
La grisalla es una técnica pictórica basada en una pintura monocroma que produce la sensación de ser un relieve escultórico. Fue puesta de moda por diversos escultores en el siglo XIV, empleándola en bocetos y dibujos preparatorios, ya que con esta técnica conseguían dar un efecto de relieve mediante un claroscuro muy matizado, haciendo diversas gradaciones de un solo color, generalmente gris o amarillo oscuro, buscando un color lo más cercano posible al color de la piedra.
Aunque el uso de la grisalla arranca en la Alta Edad Media, su generalización comenzó en Francia, en el taller del pintor y escultor André Beauneveu. Se usaba principalmente en manuscritos (como en Heures de Jeanne d’Évreux, de Jean Pucelle, Cloisters, Nueva York), y sobre todo en marcos, en sustitutución de esculturas o elementos arquitectónicos (Salterio del duque de Berry, 1380-1385, Bibliothèque Nationale, París). Durante el reinado de Carlos V, su uso tuvo un notable auge, sobre todo en la miniatura, la vidriera y la pintura (Frontal de Narbona, Louvre). Su utilización será una de las características de la pintura nórdica: en el dorso de los retablos era característica la representación de una Anunciación en grisalla (El cordero místico, Jan Van Eyck, catedral de San Bavón, Gante).
Durante un tiempo, la grisalla recibió una función religiosa, ya que fue asociada por la liturgia católica al tiempo de cuaresma, pero pronto perdió esta función: en tiempos de Bruegel y El Bosco (El hijo pródigo, Museo Boymans Van Beuningen, Rotterdam), se convirtió en un procedimiento pictórico que, a través de una falsa perspectiva, evidenciaba la habilidad del pintor. De esta forma fue utilizada por numerosos artistas: Andrea del Sarto, Correggio, Beccafumi, Rubens, Van Dyck, etc.
A mediados del siglo XVI, la grisalla tuvo un gran desarrollo en el esmalte, con Pierre Reymond y los hermanos Pénicaud. En el XVIII, fue empleada como técnica para bocetos por el arte rococó, con pintores como Boucher o Pittoni. P.J. Sauvage se especializó en falsos bajorrelieves pintados en grisalla. Desde entonces ha seguido siendo una técnica utilizada por muchos artistas.
La grisalla fue también muy empleada en vidriería, sobre todo en la Edad Media. Por lo general se empleaba el marrón o el negro (a veces el verde, especialmente en Austria), compuestos de una mezcla de vidrios pulverizados y óxidos metálicos diluida en vino o resina. Esta mezcla servía para matizar las tonalidades del vidrio, o bien para contrastar los colores. También se usaba para remarcar los trazos del dibujo o para dar volumen a las figuras. Una vez aplicada la grisalla al vidrio este se cocía de nuevo para quedar adherida al mismo, gracias al vidrio pulverizado con que contaba entre sus componentes.
Bibliografía [editar]
- Maltese, Corrado (2001). Las técnicas artísticas. Madrid: Cátedra. ISBN 84-376-0228-9.
Enlaces externos [editar]
Ejemplo de grisalla aplicada en vidrio
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