Gregorio Fernández

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Retrato de Gregorio Fernández, Diego Valentín Díaz, Museo Nacional de Escultura.

Gregorio Fernández (1576, Sarria, provincia de Lugo - 22 de enero de 1636, Valladolid), fue un escultor español del Barroco, máximo exponente de la escuela castellana de escultura.

Heredero de la expresividad de Alonso Berruguete y Juan de Juni, supo reunir a estas influencias el clasicismo de Pompeyo Leoni y Juan de Arfe, de manera que su arte se liberó progresivamente del Manierismo imperante en su época hasta convertirse en uno de los paradigmas del Barroco español.

La colección más importante de su obra se encuentra en el Museo Nacional de Escultura, en Valladolid. Fernández trabajó para las cofradías vallisoletanas, y el museo cede, como un hecho museístico singular, importantes piezas de sus fondos a las cofradías durante la celebración de la Semana Santa.

Actividad artística[editar]

De origen gallego, se instaló en Valladolid, que era entonces la Corte de los reyes de España, entre 1601 y 1606. Tuvo un gran taller con muchos aprendices y colaboradores. Era muy conocido por todo el norte de España, incluso en regiones más alejadas como Extremadura, Galicia, Asturias y el País Vasco.

Su realismo, un tanto recio, pero no vulgar ni morboso, se aprecia en la honda expresión de los rostros, en la forma de destacar las partes más significativas y en los elementos que añade (postizos) para aumentar la sensación de autenticidad. Utiliza en ocasiones ojos de cristal, uñas y dientes de marfil, coágulos de sangre simulados con corcho, o gotas de sudor y lágrimas de resina. Sin embargo, se muestra refinado en el tratamiento anatómico, en la sencillez de sus composiciones y en la contención de los gestos. Es muy característica su forma esquemática de tratar el drapeado de las vestiduras, con pliegues rígidos, puntiagudos y acartonados («plegado metálico»).

Fue el creador de modelos fundamentales de la imaginería barroca española, como los Cristos yacentes, las piedades o los crucificados.[1]

También fue decisiva su aportación al campo del retablo, creando excelentes conjuntos escultóricos que se alejan de la estética escurialense para acercarse al Barroco pleno.

Escultura procesional para Valladolid[editar]

Gregorio Fernández trabajó estrechamente con las cofradías vallisoletanas desde su instalación en Valladolid como capital de la Corte hasta su muerte, siguiendo los trabajos de Francisco del Rincón, al que muchos consideran su maestro.[2]

  • Crucificados: Cristo del Consuelo (1610, Cofradía del Santo Sepulcro), Cristo de la Luz (h. 1630, Hermandad Universitaria del Santo Cristo de la Luz).
  • Vírgenes: La Sexta Angustia (1619, Cofradía de las Angustias), Nuestra Señora de la Vera Cruz (1623, Cofradía de la Santa Vera Cruz), La Quinta Angustia (1625, Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad).
  • Ecce-Homo: Ecce-Homo (1620, Cofradía de la Santa Vera Cruz), Ecce-Homo (1613, museo de la Catedral de Valladolid).
  • Conjuntos escultóricos: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen (1610, Cofradía de las Siete Palabras), Sed tengo (1612-1616, Cofradía de las Siete Palabras), Camino del Calvario (1614, Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo Despojado, Cristo Camino del Calvario y Nuestra Señora de la Amargura), Madre, ahí tienes a tu hijo (1615, Cofradía de las Siete Palabras), San Juan y Santa María Magdalena al pie de la cruz (1619, Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias), El Descendimiento (1623, Cofradía de la Santa Vera Cruz), El entierro (1645, obra de taller realizada por Antonio de Ribera y Francisco Fermín, no se conserva completa, Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad).

Cristos yacentes[editar]

Cristo yacente de Gregorio Fernández (1634). Iglesia de San Miguel y San Julián, Valladolid.
Cristo yacente (1627) conservado en el Museo Nacional de Escultura, Valladolid.

Fernández recogió un tema iconográfico ya presente en la escultura medieval y renacentista (con ejemplos sobresalientes como los de Gaspar Becerra) y le dio un nuevo tratamiento, más verista y patético, que alcanzó gran difusión y fama, convirtiéndose en uno de sus temas favoritos y uno de los paradigmas de la plástica barroca en España. Entre las muchas versiones que realizó, y que fueron repetidas por discípulos y seguidores, destacan:

  • El de la Iglesia de San Miguel y San Julián (Valladolid), obra fechada en torno a 1634, de bulto redondo, de gran detalle y patetismo, tallada íntegramente (incluidos los genitales, que se cubren con una tela). Desde un ángulo determinado es posible ver, a través de la boca entreabierta, el velo del paladar. Se dispone sobre un diván en una de las capillas de la iglesia, a cuyos pies descansan la corona de espinas, trenzada en espino, y los tres clavos, sobre sendos cojines. En Semana Santa desfila alumbrado por la Cofradía del Descendimiento.
  • El conservado en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, que data de 1627. Fue un encargo para la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Madrid, pasando a ser propiedad del Estado con la expulsión de los jesuitas en 1767. Destaca por una policromía clara y un gran refinamiento en la sábana y el almohadón que lo sostienen, tallados también en madera policromada. El almohadón cuenta con una policromía que imita a la perfección los bordados.
  • El que el Duque de Lerma encargó para la vallisoletana iglesia de san Pablo, que data de 1615. Se dispone dentro de una urna dorada que se apoya sobre un pedestal. La figura de Cristo es de grandes proporciones, de talla esbelta y noble. La cabeza se apoya en dos almohadones tallados y policromados en dorado.

Valladolid además cuenta con otros tres yacentes considerados generalmente de autoría de Fernández: el del convento de Santa Catalina (poco conocido debido a que abre sus puertas únicamente en Jueves Santo); el del convento de Santa Isabel de Hungría (que asimismo sólo se exhibe al público en la iglesia en Jueves Santo) y otro, de tamaño algo inferior al natural, fechado hacia 1627 y que fue encargado para un altar de una de las capillas laterales de la iglesia de san Pablo.

Otros yacentes, que repiten con algunas variantes estos modelos, son el de la Catedral de Segovia, el del convento de Santa Clara de Lerma y el de la misma Orden en Medina de Pomar (Burgos), el del convento de los Capuchinos de El Pardo (Madrid), el del convento de las Franciscanas Descalzas de Monforte de Lemos (Lugo) o el de la Catedral de Astorga (León). La repetición del motivo para lugares tan dispares demuestra la enorme fama que adquirió esta iconografía; la demanda obligó a que algunas de estas tallas fueran ultimadas por su taller o repetidas posteriormente por seguidores y discípulos de Fernández.

La Piedad[editar]

Otra de las iconografías que Gregorio Fernández cultivó con gran éxito fue el tema de la Piedad, es decir, Cristo bajado de la cruz en el regazo de su madre. Con antecedentes en la escutura castellana manierista, como las realizadas por Francisco del Rincón o el mismo Juni, Fernández humaniza a la vez que vuelve más monumental el conjunto, insistiendo en la gestualidad un poco teatral de María, los ricos plegados de los mantos, y la correcta anatomía de Cristo. Entre las diferentes versiones, destacan:

La Piedad o La quinta angustia, iglesia de san Martín, Valladolid, en procesión.
  • La Sexta Angustia (1619). Museo Nacional de Escultura (Valladolid). Jesús reposa sobre la Virgen recién bajado de la cruz, colocado su cuerpo en diagonal, mientras su madre implora auxilio alzando la mano y la mirada a los cielos. A sus lados, San Juan y María Magdalena contemplan la escena: ella, llorando y mirando la figura de Cristo, portando en una mano un cáliz y en la otra un pañuelo con el que se seca las lágrimas; él, mirando al cielo, porta en una mano la corona de espinas. Los dos ladrones, crucificados, flanquean la escena principal. Al colocar a Jesús en sentido perpendicular con respecto a su madre, Fernández supo romper la típica composición triangular renacentista que anteriormente y según modelo genial de Miguel Ángel había caracterizado el tratamiento de este tipo de obras. La obra fue encargada por la Cofradía de las Angustias, siendo cedida al Museo a mediados del siglo XIX (en aquél momento, Museo Provincial de Bellas Artes). Procesionó hasta los años treinta, dejando de hacerlo por su deterioro. En 1991, restaurado el conjunto a fondo, volvieron a salir en procesión las imágenes de San Juan y María Magdalena, denegando el Arzobispado la salida procesional de la Virgen por ya sacar la Cofradía de la Piedad una talla representando la misma escena. Desde 2007 sale también en el paso las figuras de los dos ladrones junto con una cruz desnuda.
  • La Quinta Angustia (1625). iglesia de san Martín de Valladolid. Más sobria que la versión anterior, prescinde de la escenografía centrándose en las figuras. Es patente su similitud con modelos de Francisco del Rincón, como la Piedad que éste talló para el retablo mayor de la iglesia vallisoletana de Las Angustias. En la realizada por Fernández, la Virgen gesticula alzando ambos brazos, mientras el cuerpo de Jesús se sostiene sobre la rodilla de su madre de forma inestable. Destaca el cuidado trabajo de los ropajes de la Virgen así como la delicadeza e idealismo de las facciones. Realizada para el desaparecido convento de San Francisco, pasó a la iglesia de san Martín. Es la imagen principal de la Cofradía de la Piedad.

Otras obras[editar]

Otras obras destacadas de Gregorio Fernández son las siguientes:

Inmaculada Concepción, La Redonda, Logroño.

Retablos[editar]

La aportación de Gregorio Fernández al desarrollo de la retablística barroca en España fue esencial. Contó para la realización de estas grandes y complejas obras con la colaboración de otros artistas, como Juan y Cristóbal Velázquez, entalladores vallisoletanos, y una numerosa pléyade de pintores y doradores de gran valía que trabajaban estrechamente con el maestro.[3]

Sus retablos siguen una ordenación clara, de reminiscencias escurialenses, pero ganando protagonismo los relieves y figuras exentas en detrimento del diseño arquitectónico. Las figuras destacan poderosamentes del marco, por medio de sus gestos, sus dimensiones o por romper ese mismo marco en ocasiones. Las ricas policromías y los dorados aumentan la sensación de verdad idealizada que transmiten las esculturas de Fernández. Algunos de los ejemplares más destacados en este campo son:

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]

Notas[editar]

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