Armada Invencible

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Armada Invencible
Guerra anglo-española (1585-1604)
Routes of the Spanish Armada-es.svg
Travesía de la armada española
Fecha 8 de agosto de 1588
Lugar Canal de la Mancha, cerca de Gravelinas, Francia (anteriormente posesión de las Provincias Unidas)
Coordenadas 50°10′00″N 4°15′42″O / 50.16666667, -4.26166667


Coordenadas: 50°10′00″N 4°15′42″O / 50.16666667, -4.26166667
Resultado Incierto .[1]
Consecuencias Operación frustrada.[2] Se frustra la operación anfibia para transportar a Inglaterra desde Flandes los tercios españoles y derrocar a Isabel I de Inglaterra.
Beligerantes
Bandera de Inglaterra Inglaterra
Bandera de los Países Bajos Provincias Unidas
Bandera de España Imperio de Felipe II de Habsburgo
Comandantes
Flag of England.svg Isabel I de Inglaterra
Flag of England.svg Charles Howard
Flag of England.svg Francis Drake
Flag of England.svg Walter Raleigh
Flag of England.svg John Hawkins
Flag of England.svg Martin Frobisher
Flag of England.svg Lord Henry Seymour
Flag of England.svg William Winter
Flag of Cross of Burgundy.svg Felipe II de España
Flag of Cross of Burgundy.svg Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Zúñiga (VII duque de Medina-Sidonia)
Flag of Cross of Burgundy.svg Alejandro Farnesio (III duque de Parma)
Flag of Cross of Burgundy.svg Juan Martínez de Recalde
Flag of Cross of Burgundy.svg Miguel de Oquendo
Flag of Cross of Burgundy.svg Martín de Bertendona
Fuerzas en combate
34 navíos de guerra
163 navíos mercantes
30 navíos de las Provincias Unidas (bloqueo de puertos)
2.000 cañones
20 000 hombres
20 galeones
4 galeras
4 galeazas
25 urcas
35 naos
10 carabelas
11 zabras y pinazas
20 pataches
2431 cañones
30 000 hombres
Bajas
10 000 muertos en combates, epidemias y naufragios
400 heridos
37 barcos perdidos. Fuentes inglesas elevan la cifra a 63 barcos.[3] [4]
10.000 muertos en combates, epidemias y naufragios. Fuentes inglesas elevan la cifra a 20 mil.[5]
800 heridos
397 prisioneros

Armada Invencible es un término de origen inglés,[6] para referirse a la Empresa de Inglaterra de 1588 proyectada por el monarca español Felipe II para destronar a Isabel I e invadir Inglaterra. El ataque tuvo lugar en el contexto de la Guerra anglo-española de 1585-1604.[7] El ataque fracasó pero la guerra se extendió 16 años más y terminó con el Tratado de Londres de 1604, favorable a España.

Felipe II decidió articular el ataque conjuntamente, y de manera compleja, desde Portugal y desde las posesiones españolas en los actuales Países Bajos. Se armó una gran flota en puertos españoles que recibió el nombre de Grande y Felicísima Armada. Las naves enviadas desde Portugal (pues Felipe también gobernaba allí) participarían en el combate, mientras que las fuerzas españolas que salieran simultáneamente desde Países Bajos, con los Tercios de Flandes, se encontrarían entre el Canal de la Mancha y el Mar del Norte con las que habían salido de la península, con el objetivo de desembarcar en Inglaterra.[8] Esta invasión no pretendía la anexión de las islas británicas al Imperio español, sino la expulsión de Isabel I del trono inglés, y respondía a la ejecución de María Estuardo, la política anti-española de piratería y a la Guerra de Flandes.[9] Debía mandarla el almirante de Castilla Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, pero murió poco antes de la partida de la flota, siendo sustituido a toda prisa por Alonso Pérez de Guzmán (VII duque de Medina-Sidonia), Grande de España. Estaba compuesta de 127 barcos que partieron de Lisboa, y de ellos, 122 barcos penetraron en el Canal de la Mancha.[10]

Las turbulentas condiciones meteorológicas en el mar llevaron al naufragios a muchas naves, sin embargo 87 barcos, unas tres cuartas partes, regresaron a España.[11] sin haber cumplido su misión de derrotar las fuerzas inglesas y favorecer el ataque desde Flandes.[12] [13] Al año siguiente Inglaterra intentó aprovechar la ventaja obtenida tras este fracaso de ataque español y realizó su propia flota, la Contraarmada o Invencible inglesa (con una flota aún mayor que la española), resultando en otro absoluto fracaso y devolviendo el statu quo al conflicto.

Término Armada Invencible y Leyenda Negra[editar]

La denominación «Armada Invencible» es acuñada en Inglaterra, y fue aprovechada por la propaganda anti-española para emplearla en la Leyenda Negra.[14] [15] Si bien este término ha sido utilizado en la actualidad también en la historiografía española, que ha empleado el término Invencible Inglesa al fallido contraataque británico que tuvo lugar en 1589.

Antecedentes[editar]

En 1558 el Imperio Español se extendía por América y Filipinas, además de haberse anexionado los territorios del Imperio Portugués, por derechos sucesorios. El interés de España por Inglaterra era geopolítico, al ser un reino de importancia que podría ser un perfecto paraguas para sus posesiones Países Bajos frente a ataques franceses o rebeliones protestantes.

Felipe II contrajo matrimonio con la reina católica de Inglaterra María I, de modo que el hijo que tuvieran pudiera reinar en España y en Inglaterra. María I, a instancias de su consorte, Felipe II, comienza a construir una armada inglesa moderna, bautizando el primer barco como Felipe y María en conmemoración de su casamiento. María I fallece sin darle a Felipe II un hijo y la hermanastra de María, Isabel I de Inglaterra accede al trono en 1558. Isabel I comienza a reinstaurar el régimen protestante en Inglaterra y Felipe II intentará detener el proceso y asegurarse la alianza con Inglaterra y propondrá matrimonio a Isabel I, proposición que es rechazada por Isabel.[16]

Felipe II de España Isabel I de Inglaterra conviven de manera pacífica durante su primera década de reinado. A la postre, España había sufrido constantes ataques en sus colonias de Ultramar y de sus barcos mercantes por parte del pirata John Hawkins y de su primo Sir Francis Drake, que actuaban con expediciones financiadas por Isabel I pero sin perder su condición de piratas y tratantes de esclavos africanos. En 1568 Hawkins y Drake, en una tormenta, buscará refugio en un puerto de México, Nueva España, lo que España ve como una ocasión para atacarles, teniendo lugar la Batalla de San Juan de Ulúa, que se salda con una victoria española. Isabel responde a este ataque a naves inglesas atacando 5 galeones españoles cargados de oro. En 1570 el Papa Pío V promulga una bula que excomulga a Isabel I y autoriza a cualquier católico para asesinarla y a cualquier monarca católico para destronarla.[17] Felipe II no se muestra interesado, pero el agente papal italiano Roberto di Ridolfi se presenta ante la Corte de España y propone al Rey una conspiración para asesinar a Isabel I y sustituirla por la Reina de Escocia, María Estuardo, de religión católica.[18] El Rey de España mandará agentes a Inglaterra para iniciar la rebelión pero esta jamás llega a estallar porque los espías de Isabel descubren el complot. Isabel decide iniciar un plan para dar dinero y tropas a los rebeldes protestantes de Países Bajos. A partir de 1572 Isabel comienza a financiar expediciones corsarias de Hawkins y Drake en las costas del Caribe capturando botines de ciudades españolas. En 1585 Drake ataca puertos de Galicia atentando contra iglesias y matando a curas y a monjas,[18] por lo que Felipe II decide atacar por fin Inglaterra.

La estrategia[editar]

Alejandro Farnesio, Duque de Parma

Felipe II contacta con el duque de Parma, Alejandro Farnesio, al mando de los Países Bajos, y con el marqués de Santa Cruz, Álvaro de Bazán, almirante de la flota de Lisboa, para pedirles un plan de invasión de Inglaterra. El plan de Álvaro de Bazán es mandar una gran flota que desembarque en Gran Bretaña y proceda a la invasión. La estrategia de Alejandro Farnesio era una ofensiva relámpago a Londres por parte de los Tercios de Flandes. Felipe, en lugar de decidirse por uno, ordena que se combinen ambos planes. El marqués de Santa Cruz debía salir de Lisboa a cargo de una Gran Armada, se reuniría con Alejandro Farnesio y 30 000 hombres desembarcarían en el Condado de Kent y sitiarían Londres. Esa zona era propicia ya que no había fortificaciones entre la costa de Kent y Londres.[18]

Los planes de Isabel[editar]

Isabel I es informada por sus espías de los planes de invasión de Felipe II. Desde 1583 Inglaterra había fundado una Comisión Real para la Armada, que continuó la labor de modernización de la armada inglesa iniciada por María I. Todos los buques antiguos se re-acondicionan para mejorar su velocidad y todos los nuevos buques se diseñaban para ser más rápidos, presentando una proa más baja, castillos de popa, líneas más pulidas y cubiertas de cañones más largas. En este contexto, un galeón inglés era un buen rival para un simple barco de transporte español.

A fin de ganar tiempo para disponer sus defensas, Isabel ordena a Sir Francis Drake atacar la bahía de Cádiz, donde se estaban construyendo barcos de la Gran Armada española. El ataque de Francis Drake, conocido como la Expedición de Drake de 1587, destruye o captura 100 buques españoles, lo que interrumpe los preparativos españoles y retrasa los trabajos cerca de un año.

Cambio de mando de la Armada y la partida[editar]

Almirante Álvaro de Bazán
Alonso Pérez de Guzmán, Duque de Medina Sidonia

Felipe II ve que la Armada se ha convertido en un enorme gasto financiero y apresura a Álvaro de Bazán para que ataque Inglaterra. Sin embargo, el 9 de febrero de 1588 Álvaro de Bazán muere de tifus, dejando a la Armada sin almirante. En Lisboa no se encuentra a nadie que disponga del prestigio social para liderar una empresa de esa envergadura, de modo que Felipe II recurre al Duque de Medina Sidonia, Alonso Pérez de Guzmán. El 19 de febrero de 1588, recibe el anuncio de la muerte del Marqués de Santa Cruz y la orden de partir a Lisboa.[19]

El Duque de Medina Sidonia carecía de experiencia naval y no se consideraba el hombre indicado para el proyecto. En cartas enviadas al rey podemos leer en concreto:

V.M. me mandó viniese a Lisboa a aparejar esta armada y traerla a mi cargo. Y en aceptar la jornada propuse a V.M. muchas causas propias de su servicio, por do no convenía el que yo la hiciese, no por rehusar el trabajo, si no por ver que se iba a la empresa de un reino tan grande y tan ayudado de los vecinos y que para ello era menester mucha más fuerza de la que V.M. tenía junta en Lisboa. Y así rehusé este servicio por esta causa. Y por entender que se facilitaba más a V.M. el negocio de lo que algunos entendían, que sólo miraran a su real servicio, sin más fines.[20]

Así, lo fácil de comprender en este caso eran sus preocupaciones en relación a la premura que exigía el rey y el mal estado de aquella armada. Una armada mal pertrechada, sin el personal necesario ni el apropiado. Una armada diseñada apresuradamente que él tenía que disponer en un demasiado corto espacio de tiempo y sin apenas hombres (9.000):

...aunque hayan escrito a V.M. de aquí, que esta armada estaba tan a punto y en orden que podría partir dentro de pocos días, después que yo he llegado la he hallado tan diferente de esto, que fuera imposible poderse hacer, pues todo lo que yo he hecho después que llegué y lo que se va haciendo es tan necesario, que si no se hiciera dentro del puerto, fuera la armada a mucho riesgo, porque toda la artillería se ha mudado, por ser ymposible poder servirse della de la manera que estaba puesta, y otras muchas cosas de esta calidad que han sido menester de mudarse.[21] [22]

Felipe II no recibió las cartas del Duque declinando el cargo que le ofrecían, ya que los consejeros del Rey las interceptaron y le respondieron que negarse a semejante misión le desacreditaría para siempre. Recibida esta respuesta, el Duque se dirige a Lisboa a cumplir con lo encomendado. Al cabo de seis semanas de haber ejercido el mando la Armada se hace a la mar. La armada incluye 19.000 infantes, 7.000 marineros, 1.000 caballeros de fortuna, 180 clérigos y 130 barcos.

El 25 de mayo de 1588 el Duque de Medina Sidonia manda un correo al Duque de Parma, en los Países Bajos, para informarle de que la Armada invencible se hace a la mar. Recomienda en su correo que se disponga a preparar las tropas terrestres para la invasión de Inglaterra.

El 24 de junio las galernas dispersaron la flota frente a La Coruña, empujando a algunos barcos hasta el sureste de Inglaterra, y a otros hacia el golfo de Vizcaya. Llevó más de un mes volver a reunir la flota. Por su parte, el duque de Medina-Sidonia volvió a aconsejar una vez más al rey que desistiese de la empresa o que le relevase del mando, a lo que el Rey respondió airado que se dedicase a lo que le tocaba hacer.[18]

Al mismo tiempo, los ingleses enviaron a la desesperada una flota de guerra destinada a enfrentarse a la Gran Armada mientras ésta se hallaba amarrada en La Coruña, pero las condiciones meteorológicas eran tan malas que los ingleses ni siquiera consiguieron llegar a España y hubieron de regresar a sus puertos.

La Armada se acerca a Inglaterra[editar]

La batalla entre la Armada española y la flota inglesa.

A partir del 22 de julio, cuando alcanzaron el golfo de Vizcaya, las fuertes tormentas y el estado de la mar provocaron que para el 28 del mismo mes una parte de la flota (40 barcos) se hubiera perdido y separado del resto. Tuvieron que pasar otros dos días más para que los barcos perdidos regresaran al grueso de la flota. Desafortunadamente para ellos ya habían sido avistados por el barco inglés Golden Hind, comandado esta vez por Thomas Fleming, quien tuvo tiempo de dar la voz de alarma mientras la «Grande» aún se recomponía. Cuando la Armada alcanzaba la altura de Fowey, el 29 de julio de 1588, los faros costeros ingleses ya anunciaban su presencia.

Del aviso de Fleming a Drake sobre la llegada española, nace una de las muchas, aunque poco probable, leyendas o mitos acerca del comentario de Drake cuando jugando a los bolos en Plymouth Hoe le llegó la noticia del avistamiento de la «Grande»:

Tenemos tiempo de acabar la partida. Luego venceremos a los españoles.

Sir Francis Drake[23]

Sin embargo, la flota inglesa fondeada en Plymouth no tenía posibilidades de zarpar, ya que ni el tiempo ni la mar se lo permitían en ese momento. Con la brisa en contra y la subida de la marea, la flota inglesa se encontraba atrapada en el puerto. Además, en esos mismos instantes la Armada Invencible navegaba viento a favor, a barlovento.

El almirante Juan Martínez de Recalde, segundo comandante de la Armada, repara en que la flota inglesa se encuentra atrapada en su propio puerto sin posibilidades de zarpar y avisa al Duque de Medina Sidonia para que realice un ataque a gran escala al Puerto de Plymouth.[18] Sin embargo, Medina Sidonia debía dirigirse a Países Bajos a reunirse con el Duque de Parma y juntarse con las tropas de Flandes, y había recibido órdenes estrictas de no atacar a los ingleses a no ser que se viera obligado a ello. Esto puede interpretarse como que siempre actuó eligiendo la mejor y más coherente de las opciones para la flota.[24]

Así, en definitiva, no parece haber constancia de la advertencia del segundo sobre atacar a la flota inglesa en puerto y las afirmaciones, quizás exageradamente humildes dado su carácter modesto y obediente, de Alonso Pérez de Guzmán sobre sí mismo pudieron contribuir a esta idea de incompetencia sobre su liderazgo de la flota en materia militar.

El Canal de La Mancha[editar]

Los ingleses logran sacar los barcos, 70 naves, del Puerto de Plymouth ayudados con botes de remos y, amparada por la oscuridad, la noche del 30 de julio rodea a la armada española y goza de la ventaja de situarse a barlovento. El 31 de julio, la flota inglesa comienza a avasallar tímidamente a la Armada Invencible y, al margen de los primeros contactos y estimación del poderío adversario, se realizan por parte inglesa los primeros ataques con tímidos cañoneos a larga distancia.[25] La Armada española adopta una formación de media luna, con los barcos más robustos en la vanguardia y los más frágiles protegidos en el interior.

En primer lugar, los ingleses atacarán a uno de los buques de los extremos como blanco de un cañoneo desde la lejanía, el San Juan de Portugal, buque insignia del almirante Juan Martínez de Recalde, que recibirá más de 300 cañonazos.

En una de estas refriegas ocurren dos accidentes no tan importantes para la «Grande» como el botín conseguido por los ingleses: se pierden dos galeones españoles, el San Salvador, navío insignia de Pedro de Valdés al mando de la flota andaluza (11 navíos), y el Nuestra Señora del Rosario.

En el primero parece ser que explota la santabárbara del buque, el pánico y desconcierto del personal a bordo hacen que éste se entregue y quede a merced de Drake. De nuevo, algunas leyendas afirman que fue la consecuencia de un acto de sabotaje inglés, pero tampoco hay constancia de nada que se parezca a este hecho.

El otro galeón, el Nuestra Señora del Rosario, en una maniobra de abordaje sobre un navío inglés, choca con otro barco español, quedando inutilizado su palo mayor y, por lo tanto, sin posibilidad de hacer frente a ningún ataque. Corre la misma suerte que el San Salvador, queda a merced de los ingleses junto con su tripulación y ambos acaban en los puertos de Weymouth y Dartmouth, respectivamente.

La pérdida de dos navíos importantes como los mencionados, así como las pequeñas refriegas, no fueron tan graves para los españoles como el botín conseguido por los ingleses, ya que, al menos uno de ellos, iba repleto de víveres, munición (aunque poco quedaría del San Salvador) y demás material para el aprovisionamiento de la «Grande». Dadas las circunstancias posteriores y las dificultades de la Armada para fondear en Flandes, ambos navíos quizás hubieran sido de una importancia cualitativa.

Aun así, parece evidente que dos galeones de los 137 navíos españoles no era, en aquel momento, una gran pérdida cuantitativa. Sin embargo, cuando los problemas empezaron a superar a la «Felicísima», cualquier navío, por poco importante que pareciera, se convirtió en vital para su objetivo.

La Isla de Wight[editar]

Derrota de la armada invencible, pintura de Philippe-Jacques de Loutherbourg (1796).

El Duque de Medina sidonia cuenta con un constante avance de su flota y escribe casi diariamente al Duque de Parma, mandando mensajeros a los Países Bajos, para tener noticias de las tropas Flandes, pero este no le ha respondido ni una vez. Medina Sidonia convoca un Consejo de Guerra que recomienda fondear la Armada en el puerto de la Isla de Wight hasta que se reciba una respuesta del Duque de Parma que indique que los Tercios de Flandes están listos para zarpar y dirigirse al encuentro de la Armada. El 4 de agosto, el Duque de Medina Sidonia ordena poner rumbo al puerto, pero el escuadrón costero comandado por Martin Frobisher les presenta combate y los conducen a unos bajíos peligrosos cerca de la costa. En ese momento Drake, Charles Howard, John Hawkins conducen sus escuadrones hasta situarse en medio de la armada, tiene lugar una batalla de varias horas y la Armada abandona la Isla de Wight, dirigiéndose al Paso de Calais, a la altura de las Gravelinas, confiando en que el Duque de Parma este listo para el encuentro.[18]

El Paso de Calais[editar]

Al día siguiente el Duque de Medina Sidonia recibe al fin una carta del Duque de Parma donde le avisa de que aún no ha embarcado a los soldados. Esto se debió a que el Duque de Parma no recibió el primer mensaje, en el que se informaba de que la Armada había partido de Lisboa,[18] pero aún así dispone sus tropas para embarcarlas. Medina Sidonia ancla su armada en el Puerto de Calais y allí aguarda la llegada de las tropas del Duque de Parma a bordo de sus gabarras. John Hawkins decide prender fuego a 8 brulotes y lanzarlos contra las naves españolas, lo que hace cundir el pánico entre los españoles, que cortan los cables de las anclas, dispersándolos el viento hacia el Mar del Norte. A la mañana siguiente solamente 5 botes permanecen anclados, rodeados por la flota inglesa.[18]

El Mar del Norte[editar]

Estando los barcos españoles en el Mar del Norte y dispersos, los ingleses fueron a atacarlos. El Duque de Medina Sidonia maniobra para hacer frente al asalto y su galeón, el San Martín, recibe 107 impactos directos en su casco, mástiles y velamen. Los ingleses atacan los barcos españoles desde tan cerca que incluso se intercambian insultos.[18] La agresión finaliza cuando los barcos ingleses agotan su munición. El Duque ordena que los barcos se reagrupen y, ante la negativa de algunos navíos, manda ahorcar in situ a uno de los capitanes insubordinados, dejando su cuerpo colgando del penol como advertencia. Sin embargo, la respuesta de su segundo comandante, Juan Martínez de Recalde, que también se niega a reagruparse, obliga al Duque a reconocer su derrota.[18]

El regreso rodeando las Islas Británicas[editar]

A estos hechos siguieron las grandes dificultades de la Gran Armada para recalar en los puertos flamencos y un empeoramiento repentino de las condiciones meteorológicas en la zona, lo que llevó a la flota inglesa a recalar en sus puertos esperando que mejorara el tiempo. La flota española en el Mar del Norte, por causa de los vientos, tiene que rodear las islas Británicas por Escocia y descender luego bordeando Irlanda para dirigirse a los puertos españoles, con los subsiguientes desastres y hundimientos en las abruptas y tormentosas costas británicas, que causaron un gran número de bajas entre los españoles.

Sin embargo, un estudio del historiador español José Luis Casado Soto, de 1988,[26] demostró, con un seguimiento de cada navío según la contabilidad de la Gran Armada y la administración de armadas posteriores que en total las pérdidas no superaron los 35 buques siendo estos casi todos navíos de transporte y de navegación mediterránea ya que en el viaje de vuelta no naufragó un sólo galeón.[27]

Se cuenta que a la vuelta de la Armada a España, Felipe II dijo: «Yo envié a mis naves a pelear contra los hombres, no contra los elementos».[24] En el margen de una de las cartas enviadas al duque de Parma, autores como Carlos Gómez-Centurión sí dan por escrita por el propio rey la frase: «En lo que Dios hace no hay que perder ni ganar reputación, sino no hablar de ello».[24]

La patata llega a Irlanda[editar]

Los soldados españoles se alimentaban con patatas, un tubérculo muy nutritivo que habían traído los viajes españoles de América. Una leyenda irlandesa cuenta que los naufragios de estos galeones españoles en Irlanda llevaron a las costas las patatas, que fueron recogidas por los campesinos.[28] El suelo de Irlanda es enormemente rocoso y el clima muy lluvioso, lo que dificultaba enormemente muchos cultivos. Los irlandeses comenzaron a cultivar las patatas y vieron que crecían bien en su suelo rocoso y que eran muy nutritivas, por lo que convirtieron el país en un monocultivo de esa patata. En 1845 una plaga asoló los cultivos de patatas y provocó una crisis nacional, obligando a millones de Irlandeses a emigrar.

Hallazgos arqueológicos[editar]

En 1967 los arqueólogos descubren el primer pecio de los ocho hallados frente a la costa irlandesa, el del Santa María de la Rosa. Este barco naufragado carecía de artillería pero poseía una gran pila de proyectiles.[18] Algunas teorías dicen que la armada fue derrotada porque se le acabó la munición.[18] El Doctor Colin Martin descubriría en otros pecios cañones intactos.[18] Al haber mezcolanza de cañones cada uno tiene calibres distintos, por lo que los españoles tuvieron problemas para distribuir la munición adecuada en los barcos adecuados.[18] Además, se descubrió que muchos de los cañones iban montados sobre enormes cureñas de dos ruedas, lo que era poco manejable.[18]

Tergiversaciones históricas[editar]

Almirante Sir Francis Drake.

Quizá la primera y la más extendida de las tergiversaciones que sucedieron al desastre de la Armada, es precisamente la de traducir dicho desastre en una victoria militar decisiva inglesa.[1]

El abandono de la pretensión de invadir Inglaterra por parte de la Grande y Felicísima Armada se debe atribuir principalmente[cita requerida] a la muerte en febrero de 1588 por fiebres tifoideas del genial almirante que había diseñado la Armada y que estaba destinado a mandarla, don Álvaro de Bazán, y a la imposibilidad de utilizar libremente los puertos de Flandes debido al levantamiento contra el dominio español que se daba en aquella zona.

La afirmación, carente de base y comúnmente aceptada incluso en España hasta fechas recientes, de que la Gran Armada estaba formada por «navíos muy pesados, que habían sido derrotados por los navíos ingleses mucho más ligeros y con cañones de más alcance» ha sido calificada recientemente como un absurdo, ya que la flota fue diseñada por uno de los más notables marinos que hubiese dado España, vencedor de la batalla de Lepanto, la batalla de la Isla Terceira y experto en el combate naval oceánico. Diversos historiadores navales militares -como David Goodman, José Luis Casado y Agustín Ramón Rodríguez González- afirman que, en principio, la Grande y Felicísima Armada estaba perfectamente concebida y diseñada para el propósito que se le había encomendado.

Lisboa, protegida de forma natural por el estrecho acceso de la boca del Tajo y capaz de recibir los mayores barcos, se convirtió muy pronto en centro estratégico para las operaciones navales de la monarquía. De Lisboa partió la expedición naval que, bajo el mando del primer marqués de Santa Cruz, Álvaro de Bazán, conquistó las Azores, donde derrotó a la flota del pretendiente portugués, don António, formada sobre todo por barcos franceses. El núcleo de la flota de guerra española estuvo formado por los once galeones portugueses con armamento pesado tomados tras la anexión; Castilla no poseía todavía barcos de guerra de tanto tonelaje. Los mismos galeones portugueses serían poco después el núcleo de la Armada Invencible de 1588. Pero ya en los años ochenta el éxito de la acción de las Azores demostró que España era una potencia naval atlántica en alza.

David Goodman. El poderío naval español. 1997 (pág. 24)

La Gran Armada tuvo precediéndola en todo momento una flota inglesa de barcos más ligeros, cuya misión era informar a la Corona Inglesa de las evoluciones de aquella enorme fuerza de invasión. Fueron precisamente las tripulaciones de esta pequeña y audaz flota inglesa las que añadieron el apelativo de «Invencible» a la Gran Armada.[cita requerida] Así pues, en sus inicios, el adjetivo de «Invencible» no tenía las connotaciones irónicas que la leyenda negra española le ha añadido con posterioridad.

Parece ser que, en efecto, los barcos españoles eran de gran porte y peso, precisamente para obtener una mayor estabilidad de navegación y, por consiguiente, mayor precisión en el tiro, cualidades muy adecuadas para el combate naval en las turbulentas aguas del Canal de la Mancha. Asimismo, los barcos estaban dotados de una artillería especial de gran calibre, potencia y alcance, servida por los mejores artilleros que pudieron reunirse. En efecto, la flota inglesa de seguimiento no pudo en ningún momento acercarse a la Gran Armada para hostigarla o retrasar su avance. Parece lógico pensar que el invento inglés del tiro rápido no llegaba para contrarrestar la potencia y precisión de tiro de la flota española.

Los barcos ingleses se mostraron más ágiles y maniobreros que los españoles, y su artillería, de mejor calidad, pero los galeones de la Armada Invencible fueron sólidos e imbatibles, estuvieron muy bien defendidos y nadie se atrevió a desafiarles a corta distancia salvo breves periodos de tiempo. Con el escaso porcentaje de acierto de la primitiva artillería de la época, la conclusión de los españoles fue que merecía la pena perseverar en la construcción de sólidos galeones, sobre todo, teniendo en cuenta que eran mucho mejores al abordaje, técnica que no hubo lugar a poner en práctica dadas las elusivas tácticas inglesas.

Víctor San Juan. La batalla naval de las Dunas. 2007 (pág. 36)

Gran parte de esta flota estaba compuesta con buques destinados al comercio con las Américas. Estos navíos solían ser naos grandes, pesadas y lentas, que se vieron difíciles de manejar en el canal de la Mancha. Esto no se debía a la ineficacia de los marineros ni a su poca experiencia, sino al hecho de que estas naves estaban diseñadas para navegar aprovechando los vientos alisios. Éstos se dan en el océano atlántico y se caracterizan por su constancia. En el canal no son raras las tormentas y allí se dan unos de los vientos más traicioneros y cambiantes del mundo, con lo que los aparejos no eran los más adecuados para las aguas en la que se adentraba la flota española.[cita requerida]

Desarrollo de la guerra[editar]

Otra idea que subsiste erróneamente es que el fracaso de la Grande y Felicísima Armada supuso un desastre decisivo para España, a raíz del cual Inglaterra se consolidó como primera potencia naval, se dedicó con total éxito e impunidad al saqueo de las flotas de Indias españolas y sometió a todo tipo de humillaciones a la desastrada marina española.[cita requerida]

Como se ha mencionado previamente, el combate que la flota enviada por Felipe II sostuvo con la Royal Navy fue tan sólo una de las primeras escaramuzas de una guerra intermitente que comenzó en 1585, y en la que España terminaría por imponerse a Inglaterra en 1604. España se recuperó muy rápidamente del desastre, y Felipe II mandó construir una nueva flota tomando nota de las innovaciones introducidas por los ingleses en la batalla de Gravelinas (1588) y aunándolas con la mayor experiencia española en la construcción de barcos.

A partir de estos hechos y hasta el final de la guerra, España e Inglaterra consiguieron victorias a la par en los combates navales librados por ambos reinos, tanto en la mar como en tierra, con lo que la guerra se mantuvo en un empate de pérdidas de recursos para los países hasta el final. Mientras los ingleses saqueaban las posesiones españolas y no conseguían el objetivo de capturar una flota de Indias, la Armada española se preparó sin mucho éxito para invadir Inglaterra, repelió algún ataque inglés y los corsarios españoles capturaban toneladas de mercancías de barcos ingleses. En 1595 los ingleses (al mando de Drake y Hawkins) atacan infructuosamente San Juan de Puerto Rico y Panamá, encontrando sus comandantes la muerte durante las operaciones.

Felipe II refuerza urgentemente su escuadra, encarga doce nuevos galeones y para 1591, la reconstituida columna vertebral de su armada ya dispone de diecinueve de estos buques, entre los que encontramos tres nuevos, dos capturados a los ingleses, y cuatro veteranos supervivientes de Portugal [...] Alonso de Bazán, hermano del fallecido Álvaro de Bazán, procede contra Thomas Howard con una flota de 55 velas, logrando atrapar a los ingleses entre Punta Delgada y Punta Negra [...] Los ingleses huyen, pero el galeón Revenge [...] es abordado y apresado. [...] En 1595 (los ingleses) preparan la definitiva toma e instalación de una base en Panamá [...] con una flota de 28 barcos. Pero las cosas no fueron bien para los piratas [...] Al mando de Drake, marchan a Panamá, y es allí donde concluye su existencia sir Francis [...] Después de diversas vicisitudes, tan sólo ocho barcos de la expedición lograron regresar a la patria. Tras la contraofensiva inglesa Carlos de Amézquita desembarca en las costas de Cornwall [...] Siembra el Pánico en Penzance y otras localidades cercanas y se retira. [...]

Víctor San Juan. La batalla naval de las Dunas. 2007 (págs. 66 y 67)

En 1596 los ingleses saquean Cádiz. Al año siguiente intentan destruir en Ferrol una flota española, pero no lo consiguen por culpa de un fuerte temporal, y se marcan el objetivo de capturar la Flota de Indias en las Azores. El almirante Juan Gutiérrez de Garibay engaña a los ingleses y se escapa.

En 1597 los españoles fletan el tercer intento de invasión de Inglaterra con 136 barcos, aprovechando que la flota inglesa está en las Azores, pero una gran tormenta les obliga a volver de nuevo a puerto. En 1600 Newport ataca Jamaica y al año siguiente Parker saquea Portobelo. A partir de ese año las operaciones navales no revisten importancia, hasta que se firma la paz en 1604.

Inglaterra permaneció a raíz de su enfrentamiento con España como una potencia marítima relativamente débil hasta mediados del siglo XVIII, cuando logró arrebatar el rango de segunda potencia naval a la marina francesa.

Por otra parte, es cierto que los nuevos barcos españoles eran más ligeros que los empleados para formar la Grande y Felicísima Armada, y esto les proporcionó una agilidad que, unida a la mejora del sistema de escolta de las flotas de Indias, permitió repeler la mayoría de los ataques de los corsarios y piratas ingleses, holandeses y franceses con un éxito rotundo y sin precedentes. La constatación de las grandes mejoras introducidas se deriva del hecho de que España fue capaz de transportar con total éxito durante la década de 1590 tres veces más cantidad de oro y plata de América que durante las décadas anteriores. De hecho, una flota pirata inglesa al mando de John Hawkins, enviada con el objeto de capturar la flota del tesoro española en 1590, fue totalmente derrotada por los buques de escolta.

La reflexión del historiador y diplomático estadounidense Garret Mattingly es esclarecedora:

[...] el ataque inglés a Portugal en 1589 terminó con el más rotundo de los fracasos, la guerra continuó todavía durante 14 años más, es decir, de hecho continuó mientras vivió la reina Isabel, para terminar en algo así como una retirada. Según algunos historiadores, la derrota de la Armada Invencible «marca el ocaso del imperio colonial español y el comienzo del británico». Resulta difícil comprender el por qué del razonamiento. En 1603 España no había abandonado a Inglaterra ni uno sólo de sus dominios de ultramar, mientras que la colonización inglesa en Virginia tuvo que ser aplazada de momento. La campaña de la Invencible tampoco «transfirió el dominio de los mares de España a Inglaterra»... La derrota de la Invencible no significó el fin de la marina española, sino su comienzo. Los ingleses podían invadir la costa española, pero no bloquearla. Drake y Hawkins soñaban con someter a Felipe impidiendo la llegada de las riquezas del Nuevo Mundo, pero el caso es que llegaron más tesoros de América a España desde el 1588 al 1603 que en ningún otro período de quince años de la historia española.

Garret Mattingly. La Armada Invencible. 1961. Grijalbo (pág. 465)

Por su parte, el doctor Rodríguez González, experto en Historia naval española también aborda la cuestión:

[...] creemos que basta conocer con algún detalle el tratado de paz firmado por entonces en Londres y Madrid para comprobar hasta qué punto la pretendida victoria inglesa brilla totalmente por su ausencia y es más una reelaboración de la historiografía victoriana del siglo XIX, que quiso adelantar nada menos que al siglo XVI la evidente hegemonía británica en los mares conseguida a finales del XVIII y comienzos del XIX [...] es cierto que los ingleses pudieron sentirse orgullosos de que ellos, una potencia hasta entonces considerada mediana, pudieran hacer frente y hasta ocasionar graves contratiempos a una potencia mundial como era la monarquía de Felipe II. Pero una cosa es haber sobrevivido, que no era poco, ciertamente, y otra, muy diferente, el haber ganado la guerra y con ella, el «Tridente de Neptuno».

Agustín Ramón Rodríguez González. Victorias por mar de los españoles. Biblioteca de Historia, Grafite Ediciones, 2006 (pp. 89–90)

Tamaño de las flotas[editar]

Otra tergiversación bastante común relativa a este episodio histórico es la idea de que la flota inglesa era muy inferior en número de barcos y de cañones a la española y que, a pesar de ello, los ingleses consiguieron con su pericia y astucia derrotar a la flota española.[cita requerida] Esto es absolutamente falso, ya que en realidad, los barcos ingleses superaban en número a los españoles, a pesar de que la flota española superaba en tonelaje a la inglesa, y la flota española era, a priori, más poderosa. De hecho, la flota movilizada por la Royal Navy constaba de 226 barcos aunque 163 de esos barcos eran mercantes, entonces la flota inglesa solamente consistía en 63 barcos armados, frente a los 137 que componían la Grande y Felicísima Armada. En cuanto al número de cañones, la flota española contaba con 2 431 cañones mientas la flota inglesa tenía aproximadamente 2 000 cañones (individualmente, los barcos españoles estaban mucho más artillados que los ingleses).

Bajas inglesas[editar]

Siguiendo con otra de las tergiversaciones más extendidas, hoy en día es bien conocido el hecho de que los ingleses sufrieron menos bajas que los españoles en la batalla de las Gravelinas, y que los españoles, a su vez, sufrieron cerca de 10.000 bajas debido a un feroz temporal que los sorprendió bordeando la costa occidental irlandesa. Un hecho muy importante, y que al mismo tiempo es poco conocido, es que los marinos ingleses fueron a su vez diezmados por causas ajenas al combate, ya que unos 9.000 marineros ingleses fueron víctimas de sendas epidemias de tifus y disentería que estallaron a bordo de los barcos ingleses inmediatamente después del enfrentamiento con la flota española. Además, el ambiente en Inglaterra tras la batalla distó mucho de ser la algarabía de fervor patriótico y festejos por el fracaso de la invasión española que la mitología popular pretende. La realidad es que a la batalla siguieron todo tipo de disturbios y enfrentamientos políticos provocados por las penalidades pasadas por los combatientes ingleses, que murieron por millares en un total abandono, y que tardaron meses en cobrar sus sueldos debido a que la guerra llevó al borde de la bancarrota tanto a la corona española como a la inglesa.

El historiador británico Fuller se refiere a ello del siguiente modo:

[...] Felipe II no permaneció inconsciente a las calamidades de los bravos soldados y marinos que tanto habían arriesgado y soportado en el transcurso de aquella desastrosa cruzada. Hizo cuanto estuvo en su mano para aliviar sus sufrimientos y en vez de recriminar la derrota de Medina Sidonia, le ordenó que regresara a Cádiz y reanudara allí su gobierno. Muy diferente fue la conducta de la reina Isabel, cuya preocupación constante era la de reducir gastos. Al contrario de Felipe, no había nada de caballeroso ni de generoso en su carácter, y aunque el profesor Laughton exagera mucho al intentar disimular su tacañería, no existe duda alguna de que, de haber sido mujer de corazón como lo era de cerebro, hubiera resultado imposible que dejara morir de hambre y de enfermedad a tan alto número de valerosos marinos luego de conseguir aquella victoria para ella [...] tres días después de haber regresado de la persecución, escribe Burghley: «Las enfermedades y la muerte están causando estragos entre nosotros; resulta doloroso ver cómo aquí en Margate no hay lugar para estos hombres y muchos de ellos fallecen en las calles». Una vez más, el 30 de agosto insistió: «Es lastimoso presenciar cómo los hombres padecen después de haber prestado tal servicio... Valdría más que Su Majestad la reina hiciera algo en su favor, aun a riesgo de gastar unas monedas, y no los dejara llegar a semejante extremo, porque en adelante quizá tengamos que volver a necesitar de sus servicios; y si no se cuida más de esos hombres, y se les deja morir de hambre y de miseria será muy difícil volver a conseguir su ayuda»

J.F.C. Fuller. Batallas decisivas del mundo occidental. 2009. RBA Colecciones (pp. 381–382)

Ataques españoles a las costas inglesas[editar]

La más incomprensible de las tergiversaciones, que implican el desastre de la Armada española de 1588, es que este episodio con frecuencia es referido por historiadores anglosajones[¿quién?] como un brillante ejemplo de la gran tradición defensiva inglesa que ha impedido, desde la invasión normanda del siglo XI, el desembarco en suelo inglés de cualquier fuerza hostil por poderosa que fuera.[cita requerida] En realidad, tropas españolas atacaron y saquearon localidades inglesas en diversas ocasiones, tanto antes como después del episodio de la Armada Invencible, si bien estos hechos suelen ser omitidos en la historiografía inglesa.

Ya durante la Guerra de los Cien Años, el almirante castellano Fernando Sánchez de Tovar asoló las costas inglesas durante 6 años (entre 1374 y 1380), saqueando múltiples localidades como Southampton, Plymouth, Portsmouth, Dartmouth, o Poole, entre otras, y llegando a incendiar, tras remontar el Támesis la localidad de Gravesend, a la vista de Londres. Años después, y durante el mismo conflicto, el corsario español Pero Niño, volvió a atacar en 1405 la península de Cornualles, asolando la Isla de Pórtland y saqueando Poole.

Obviando los fugaces desembarcos que marinos españoles llevaron a cabo en las costas inglesas por motivos de aprovisionamiento de urgencia, en julio de 1595 se produjo la Batalla de Cornualles. Una flota compuesta por cuatro galeras españolas al mando de Carlos de Amésquita, que patrullaba en aguas inglesas, desembarcó unos 400 soldados de los tercios en la bahía de Mount, en la península de Cornualles, al suroeste de Inglaterra para aprovisionarse.[29] Las milicias inglesas, encargadas de la defensa inglesa en caso de invasión de tropas españolas, huyeron, y los españoles tomaron todo lo que necesitaban y quemaron las localidades de Mousehole, Paul, Newlyn y todos los pueblos de los alrededores.[30] Al final del día, celebraron una tradicional misa católica en suelo inglés, embarcaron de nuevo y lograron esquivar una flota de guerra al mando de Francis Drake y John Hawkins que había sido enviada para expulsarlos.[31]

Dos años después del ataque de Amésquita, en 1597, Felipe II volvió a enviar una nueva flota de invasión contra Inglaterra, más poderosa que su precursora de 1588. Tras avanzar hacia las costas inglesas sin encontrar oposición, un fuerte temporal dispersó la flota, si bien en esta ocasión no se produjeron los catastróficos resultados de 1588. Aun así, siete barcos llegaron a tierra en las proximidades de Falmouth, desembarcando a 400 soldados de élite que se atrincheraron esperando refuerzos para marchar sobre Londres. Tras dos días de espera en los que las milicias inglesas no se atrevieron a hostigarlos, recibieron la orden de embarcar, pues la flota se había dispersado irremediablemente, regresando a España.

Panorama[editar]

La «Invencible» navegando frente a Cornualles. Hay al menos dos banderas propias de España izadas en dos barcos de la Armada, una en el centro del cuadro.[32]  (No se han confundir con la de Isabel I observando desde tierra).
La «Invencible» navegando frente a Cornualles. Hay al menos dos banderas propias de España izadas en dos barcos de la Armada, una en el centro del cuadro.[32] (No se han confundir con la de Isabel I observando desde tierra)
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Barcos de las flotas[editar]

Imperio español[editar]

Escuadra portuguesa[editar]

Escuadra castellana[editar]

Escuadra de Vizcaya[editar]

Escuadra de Guipúzcoa[editar]

Mandada por Miguel de Oquendo, compuesta por trece naves.

Escuadra andaluza[editar]

Mandada por Pedro Valdés, compuesta por diez naves.

Escuadra levantina o italiana[editar]

Mandada por Martín de Bertendona, compuesta por nueve naves.

Escuadra de urcas[editar]

Mandada por Juan López de Medina, compuesta de 23 unidades.Martínez Velarde, Carlos (enero). «Consideraciones sobre la jornada de Inglaterra 1588». Revista General de Marina (Madrid):  p. 26. http://www.portalcultura.mde.es/Galerias/revistas/ficheros/RGM_196.pdf. 

Galeras napolitanas[editar]

Inglaterra y Provincias Unidas[editar]

Los Brulotes perdidos del 7/8 de agosto:

Referencias[editar]

  1. a b Richard Holmes 2001, p. 858: "The 1588 campaign was a major English propaganda victory, but in strategic terms it was essentially indecisive"
  2. José N. Alcalá-Zamora (2004). Real Academia de la Historia, ed. La empresa de Inglaterra:(la "Armada invencible" : fabulación y realidad). p. 56. 
  3. José N. Alcalá-Zamora (2004). Real Academia de la Historia, ed. La empresa de Inglaterra:(la "Armada invencible" : fabulación y realidad). p. 57. 
  4. Enrique García Hernán, David Maffi (2006). Política, estrategia, organización y guerra en el mar. p. 861. «37 barcos perdidos, como mucho. Únicamente siete se perdieron en el Canal de la Mancha» . Sin referir su porte, ni si se trata de naufragados o en batalla.
  5. José N. Alcalá-Zamora (2004). Real Academia de la Historia, ed. La empresa de Inglaterra:(la "Armada invencible" : fabulación y realidad). p. 57. 
  6. Miguel Zorita Bayón,Juan Ignacio Cuesta (2010). Breve Historia del Siglo de Oro. p. 111. 
  7. José N. Alcalá-Zamora (2004). Real Academia de la Historia, ed. La empresa de Inglaterra:(la "Armada invencible" : fabulación y realidad). p. 15. 
  8. Al contrario de lo que comúnmente se piensa, esta expedición no tenía como objetivo invadir Inglaterra sino la de transportar soldados, munición y vituallas para apoyar a las tropas de Flandes, que serían los encargados de esa misión, y escoltarles en el paso del Canal. Véase Rodríguez González, Agustín Ramón (2006). Victorias por mar de los españoles (1ª edición). Madrid: Grafite. p. 337. ISBN 978-84-96281-38-7. 
  9. Miguel Zorita Bayón,Juan Ignacio Cuesta (2010). Breve Historia del Siglo de Oro. p. 111. 
  10. José N. Alcalá-Zamora (2004). Real Academia de la Historia, ed. La empresa de Inglaterra:(la "Armada invencible" : fabulación y realidad). p. 57. 
  11. José N. Alcalá-Zamora (2004). Real Academia de la Historia, ed. La empresa de Inglaterra:(la "Armada invencible" : fabulación y realidad). p. 57. 
  12. Enrique García Hernán, David Maffi (2006). Política, estrategia, organización y guerra en el mar. p. 861. 
  13. El Diario Montañés (2009). «La Gran Armada, o lo difícil que es destruir con la verdad siglos de tópicos y falsedades» (en español). Consultado el 12 de octubre de 2009.
  14. Enrique García Hernán, David Maffi (2006). Política, estrategia, organización y guerra en el mar. p. 861. 
  15. web tudorplace
  16. Web Biografías y Vidas. «Isabel I de Inglaterra».
  17. Alberto de Frutos. Web Historia de Iberia la Vieja. (26 de marzo de 2013). «Así era la Armada Invencible».
  18. a b c d e f g h i j k l m n ñ History Channel (25 de abril de 2006). «Historie's Misteries: The Spanish Armada».
  19. http://web.archive.org/web/http://amerilis.iespana.es/alonsoperez/6parte/2documentos/muertestacruz3.jpg
  20. 26 de marzo de 1588 — Fragmentos del primer informe del Duque desde Lisboa: [1]
  21. 26 de marzo de 1588 — Fragmentos del primer informe del Duque desde Lisboa: [2]
  22. http://web.archive.org/web/http://amerilis.iespana.es/alonsoperez/6parte/2documentos/263882.jpg
  23. Josep Maria Albaigès i Olivart, Leyendas en torno a la Invencible — Grijalvo.com
  24. a b c Carlos Gómez-Centurión, La Armada Invencible, Biblioteca Básica de Historia (Monografías), Anaya, Madrid, 1987, ISBN 84-7525-435-5
  25. La Royal Navy era más partidaria del combate a larga distancia, la denominada guerra galana, a diferencia de los españoles que preferían la más contundente guerra a la española, que consistía en aproximarse lo más posible para lanzarse posteriormente al abordaje. Rodríguez González, Agustín Ramón (2006). Victorias por mar de los españoles (1ª edición). Madrid: Grafite. p. 337. ISBN 978-84-96281-38-7. 
  26. Los barcos españoles del siglo XVI y La Gran Armada de 1588. Casado Soto (José Luis). Madrid 1988.
  27. Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra. Gorrochategui Santos (Luis). Ministerio de Defensa. Madrid. 2011
  28. HistoriayArqueología.com Red Española de Historia y Arqueólogos (2 de junio de 2012). «Leyendas, patatas y arrendatarios.».
  29. [3]
  30. [4]
  31. John Barratt. «The Spanish Raid on Mount's Bay. July 1595» (en inglés).
  32. Aled Jones (5 de mayo de 2005). Transactions of the Royal Historical Society: Sixth Series. Cambridge University Press. pp. 129–. ISBN 978-0-521-84995-1. Consultado el 8 de octubre de 2011. 
  33. Navío San Marcos

Nota importante: los manuscritos sobre Alonso Pérez de Guzmán deben ser accedidos directamente para poder ser vistos.

Bibliografía[editar]

  • Cesáreo Fernández Duro, Biblioteca Cervantes Virtual:
    • La Escuadra Invencible, Madrid 1884.
    • Historia de la Armada española, 1895–1902.
  • Carlos Gómez Centurión, La Armada Invencible, Anaya, Madrid 1987
  • David Howarth, La Armada Invencible, Argos-Vergara, Barcelona 92. ISBN 84-7178-433-5
  • Geoffrey Parker, Si la Invencible hubiese desembarcado…, Número 140, Madrid, diciembre de 1987, páginas 37–48. ISSN 0210-6353
  • Felipe II y su tiempo, Manuel Fernández Álvarez
  • Una rivalidad en ascenso, Joseph Tomás Cabot
  • Riesgo y desventura de la Armada Invencible, José Mª Martínez Hidalgo
  • La invasión fallida, Juan Carlos Losada
  • Archivo de la Fundación Casa de Medina Sidonia
  • Cabrera de Córdoba (Luis) Ed. Madrid 1876
  • Goodman, David. El poderío naval español. Historia de la armada española del siglo XVII, 1997. ISBN 978-84-8307-403-9
  • San Juan, Víctor. La batalla naval de las Dunas. La Holanda comercial contra la España del siglo de Oro, 2007. ISBN 978-84-7737-184-7
  • Ley de censura de Felipe II promulgada en 1558
  • Aforismos de las Cartas Españolas y Latinas de Antonio Pérez. Madrid 1787
  • Tratado de los Venenos. Orfila
  • Ulloa (Antonio). Raleigh. Paris 1780
  • Felipe II, rey de España
  • Catálogo Real y Genealógico de España. Méndez Silva (Rodrigo). Madrid 1656
  • Vida de Antonio Pérez. Marañón (Gregorio)
  • Historia de España Ilustrada. Castillo (Rafael). Barcelona 1875
  • Historia de Sanlúcar de Barrameda. Guillamas y Galiano (Fernando). Sanlúcar 1990
  • Descripción del Globo Terráqueo. Hurtado de Mendoza (Pedro). 2.ª P. Madrid 1699
  • Política Indiana. Solórzano Pereyra (Juan). Amberes 1705
  • Viajes y descubrimientos. América
  • Breve Descipción del Mundo Conocido. Medrano. Bruselas 1688
  • Viajes al Estrecho de Magallanes. Sarmiento Gamboa (Pedro). Alianza 1988
  • Hispania Victrix. Historia General de Indias. López de Gómara (Francisco). Ribadeneyra 1862
  • Elegía de Varones Ilustres de Indias. Castellanos (Juan). Madrid 1850
  • Los barcos españoles del siglo XVI y La Gran Armada de 1588. Casado Soto (José Luis). Madrid 1988.
  • Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la Historia de Inglaterra. Gorrochategui Santos (Luis). Ministerio de Defensa, Madrid 2011.

Enlaces externos[editar]