Gran riada de Valencia

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Se conoce como la Gran riada de Valencia a la inundación que tuvo lugar el 14 de octubre de 1957, en la cuenca del río Turia, a su paso por la ciudad de Valencia, España y que causó más de 80 muertos (aunque sumando las cifras desconocidas de los centenares de pobres que vivian a orillas y dentro del rio en cabañas, se estima que pudieron morir alrededor de 450 personas), además de cuantiosos daños materiales.

El día 13 se dieron precipitaciones de más de 300 mm en buena parte de la cuenca (361 mm en Bejís, aunque esta población está ubicada en la cuenca del río Palancia, es decir, fuera del área drenada por el Turia), que continuaron el 14 con más de 100 mm. Se originaron dos ondas de crecida sobre Valencia, la primera de 2.700 m³/s y una velocidad media de 3,25 m/s; la segunda, más violenta, de 3.700 m³/s y 4,16 m/s, inundando la mayor parte de la capital valenciana.

Como dato curioso, la zona próxima a la Catedral quedó libre de las aguas, lo que demuestra lo acertado del emplazamiento original. Es posible que esta zona algo más elevada sea el motivo por el que el cauce del Turia formó una amplia curva a manera de semicírculo en torno a la ciudad, a la cual rodea hacia el norte, quedando esta zona de la Catedral en el centro. En cambio, la zona de la calle de las Barcas, cuyo nombre obedece a que constituyó un atracadero para las embarcaciones que remontaban el Turia en la antigüedad, no sólo se inundó sino que los colectores de drenaje actuaban como surtidores al quedar el nivel de las aguas del río por encima de la calle, agravando así los enormes daños ocasionados por la inundación.

Este es el testimonio de uno de los millares de testigos de la Gran Riada de Valencia, Humildad Martinez, con más de 70 años nos cuenta como vivió la horrible noche del 14 de Octubre de 1957 desde la Avenida de Aragón:

“Tenía 21 años. Recuerdo que volvía de una fiesta por la Virgen del Pilar y al volver a casa a las nueve y media, al cruzar el puente de Aragón con el tranvía, vimos que el agua subía por encima del puente.

Llegué sobre las diez a casa, y me puse a estudiar para las oposiciones, sobre las once y media me acosté, dejando los libros en la mesita de noche. Unos golpes muy fuertes en la puerta me despertaron, cuando fui a abrir, al bajarme de la cama, noté que estaba todo encharcado. Era el sereno, decía que nos subiésemos a los últimos pisos de las casas, el Túria se estaba desbordando. Eran las dos y media de la madrugada. Cogí los libros y los dejé en el último estante de la librería para que no se mojasen. Subimos arriba y los más jóvenes pudimos dormir, los padres y más mayores estaban muy asustados.

A la mañana siguiente, nos enteramos de la gravedad de la riada. Miles de sillas, troncos, bicicletas, coches y animales muertos pasaban por debajo de nuestra casa arrastrados por la fuerza del agua.

Por la tarde, cuando bajo el agua, sobre las seis y media, salimos a revisar nuestras plantas bajas y a quitar barro de las calles y casas. Pero sobre las siete y media, pasó la policía advirtiendo de que otra riada se avecinaba. Cogimos todo lo que habíamos sacado, cerramos las puertas y nos subimos al ultimo piso, y en cuestión de minutos una masa enorme de agua se acercaba desde el río invadiendo las calles, arrastrando todo lo que encontraba a su paso, incluso gente, reventando las puertas de las casas y dejando que todos los muebles se saliesen, derribando los puentes, algunas casas, sacando los tranvías de sus raíles... Esta segunda riada fue mucho más fuerte que la anterior. Mi padre, se quedó en la planta baja del edificio de enfrente, donde teníamos los cerdos y las gallinas, pero el agua reventó la puerta y tuvimos que sacarlo con una cuerda, luchando contra la fuerza del agua. Durante toda la noche, el cerdo que teníamos en el corral no dejó de chillar. A la mañana siguiente, cuando el nivel del agua bajó, salimos todos a ver las casas y todo lo que habíamos perdido. Las sillas se salieron de la casa, todas las gallinas y conejos murieron, pero sobrevivió el cerdo, aunque tuviésemos que matarlo al día siguiente para poder comer y dar comida. Estuvimos quitando barro durante más de diez días seguidos, sin teléfono y con la casa destrozada. Algunos vecinos murieron la noche de la riada, porque la casa estaba al final de la avenida de Aragón, junto al río. La normalidad volvió más o menos en tres semanas, pero el desorden duró más de cuatro meses, mucha gente tuvo disputas con los seguros, el gobierno… Y después de lo vivido, cada vez que llovía bastante estábamos todos muy asustados, hasta que se hizo el plan sur.”

Tras esta riada se desvió el cauce del Turia al sur de Valencia, por el llamado Plan Sur, dotándolo de una capacidad que se calcula en 5.000 m³/s, además de otras obras menores de regulación del río.

Las alturas alcanzadas durante la riada en algunos lugares de la ciudad fueron muy variadas. Desde los 40 centímetros en la Avenida Reino de Valencia, pasando por los 80 centímetros en los Jardines del Real (Viveros), 2,25 metros en la Plaza de Tetuán, 2,70 metros en la Calle Pintor Sorolla, 3,20 metros en los Jardines del Parterre, 4 metros en la Calle de Las Rocas, hasta los 5,20 metros en la Calle Doctor Oloriz.

Las fuertes lluvias afectaron también a otras zonas de la provincia de Valencia. El barranco del Carraixet, con un cauce muy amplio cuando baja de la Sierra de Calderona y alcanza las tierras de llanura (casi 200 m de ancho entre Bétera y Moncada) también se desbordó y sus aguas se juntaron con las del Turia antes de llegar al mar, cerca de Alboraya.

Otro foco importante de precipitaciones fue la cuenca del Palancia, que alcanzó el récord histórico de 900 m³/s y se desbordó en Sagunto.

Tras la riada, ante la tardanza de las ayudas por parte del gobierno, el alcalde de Valencia, Tomás Trenor Azcárraga, se enfrentó a Francisco Franco el cual le destituyó, pero el alcalde logró su objetivo ya que a partir de sus críticas se agilizó la ayuda a la ciudad y el proyecto del Plan Sur.

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